Y Segunda Parte
Si conociéramos bien su obra, ¿podría alguien acusar al nacionalismo andaluz de exclusivista o excluyente, o de defensor de intereses dominantes o mezquinos? Claro que me estoy refiriendo al nacionalismo andaluz que construyó teóricamente y defendió Blas Infante, el cual, para desgracia nuestra, apenas si ha existido nunca vertebrado políticamente ni lo está ahora, aunque esta afirmación, que creo totalmente justa y necesaria de hacer, a pesar de su gravedad, pueda molestar 0 no ser bien entendida por algunos.
Basta con leer con cierto detenimiento a nuestro notario nacido en Casares, estudiante en Archidona y Granada, y profesional en Cantillana, Isla Cristina y Coria del Río, para convencernos de la increíble modernidad -debo insistir en ello- de la parte fundamental de su pensamiento y para comprobar su apuesta total, que pagó con la vida, contra el imperialismo -que ya anunciaba se disfrazaría, como ocurre hoy, de falso universalismo-,
43 contra el asimilismo y la homogeneización cultural forzada, contra el esencialismo, contra el determinismo geográfico e histórico, contra los estatalismos disfrazados de nacionalismo, contra la intolerancia y la xenofobia, y por la libertad de los pueblos y las personas sin distinción de raza, sexo, religión y costumbres.
44 Por eso hoy sigue estando vigente su apuesta de futuro: un futuro utópico pero no por ello menos necesario, en el cual la cultura, es decir, la forma de la existencia material y espiritual propia e cada pueblo, y o la política, entenderla, tal como lo era en su tiempo y lo sigue siendo hoy, como escenario de lucha por el poder, sea el principio director en la vida de los pueblos y las personas.
Desde estos planteamientos de Blas Infante, considero -aquí congregados por su recuerdo- que debe ser nuestro compromiso no sólo reivindicar su memoria sino también acometer la tarea de dar a conocer a los andaluces su pensamiento, silenciado, menospreciado e incluso manipulado, de hecho, y desarrollarlo aplicándolo al análisis ya la acción política en la Andalucía de hoy. Que es una Andalucía desvertebrada socialmente, la cual, si bien ya no responde a la terrible polarización dualista de clases que la caracterizaba en las primeras décadas del siglo y hasta no hace mucho tiempo, se está acercando a pasos agigantados al tipo de triste sociedad moderna de los "tres tercios", poco percibida y apenas analizada todavía, pero ya real. Compuesta por un primer tercio, el de los instalados, aquellos que participan, de forma holgada o más estrecha pero permanente y directa, en el sistema productivo, político y cultural, aunque pertenezcan a clases diferentes y en conflicto -un conflicto cada vez más virtual que real salvo si peligra la permanencia en este bloque-;
45 un segundo, el de los marginados del sistema, crecientes en número, excluidos, imposibilitados o incapaces, en la práctica, para acceder a los bienes y servicios de todo tipo, desde el empleo a la salud o la formación, y por ello crecientemente desintegrados de todos los ámbitos de nuestra sociedad;
46 y un tercero, intermedio, el de los precarios, cambiante en su composición y tamaño, sin fronteras claras hacia arriba y algo más nítida hacia abajo, compuesto por quienes viven en permanente situación de precariedad más o menos inestable, en gran medida subsidiados, subempleados o sobre explotados en la economía sumergida, siempre temiendo caer al tercer tercio y aspirando ascender al primero, a veces por cualquier medio.
47 Es en esta estructura social, y no en la de otros tiempos, en la que ya actualmente vivimos, aunque ello sea ignorado, o apenas percibido, por los partidos políticos y aún menos por los sindicatos y otras instituciones y organizaciones. Es en este contexto en el que deberíamos actualizar y aplicar, desarrollándolos y complementándolos, los planteamientos del nacionalismo liberador de Blas Infante.
Andalucía es, también, hoy una sociedad que retrocede en la mayoría de los aspectos de su vertebración territorial; en algunas de cuyas comarcas se han concentrado, incluso excesivamente, la población y los recursos, mientras muchas otras se desertizan de personas y posibilidades; un país donde hay que arrancar viñas y reducir producciones por mandato de Bruselas y donde pasan sed los olivos, no se puede sembrar el arroz y hay fuertes restricciones de agua para millones de personas, mientras el AVE corre a 250 km. por hora o se gastaron cientos de miles de millones estériles frente a Sevilla, en la "Expo 92", por intereses de imagen del nacionalismo de estado ya mayor gloria y vanidad del partido gobernante.
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Andalucía es, asimismo, en gran medida, una sociedad acéfala, con tremenda escasez de dirigentes sociales y políticos, porque, salvo unas pocas y, por ello, meritorias excepciones, la mayor parte de quienes encabezan sus instituciones y organizaciones -desde muchas de las instancias y organizaciones políticas a los clubs de fútbol más históricos y populares, pasando por las empresas y organizaciones empresariales, los sindicatos y muchas asociaciones de todo tipo- no pasan de ser mediocridades de escasa formación y más escasa aún creatividad y dotes de análisis y dirección. Incluso, en no pocos casos, parecería que la principal cualidad pedida para ocupar cargos de cualquier tipo sea la de saber encaramarse a la cucaña del poder dentro de cada organización y mantenerse luego en él, creyéndose napoleones en su loseta y sin aceptar posibilidades de errar ni críticas ante las equivocaciones.
Situación esta ala que no escapan los sectores profesionales e intelectuales, porque sus componentes, en su gran mayoría, o viven inmersos de forma casi exclusiva en sus propios asuntos, buscando agónicamente el éxito social y/o económico, o tienen la mirada puesta en Madrid, o en Bruselas, o en cualquier parte salvo en las realidades de Andalucía, muchas veces con la burda coartada de autodefinirse "ciudadanos del mundo".
Así, desvertebrada social y territorialmente Andalucía, casi carentes de pensadores yode dirigentes de la acción política y social, vivimos hoy la inmensa mayoría de los andaluces agachando dócilmente la cabeza, o, cuando más, expresando sólo en algún gesto individual o pasajero nuestra incomodidad, ante las decisiones foráneas que se toman sobre nosotros. y aceptamos, cada día con más naturalidad, entre otras muchas cosas, el papel que se está adjudicando a Andalucía de frontera bunkerizada de la ahora llamada Unión Europea, y nuestra función de patio trasero para las vacaciones baratas de los europeos o de barrio lúdico de la Corte: el mejor lugar para celebraciones y fastos en los que están garantizados, además gratis, los palmeros.
Es esta una Andalucía donde una política perversa ha llegado a prostituir, y casi a destruir, la cultura del trabajo de nuestros jornaleros -los fellah mengu, los campesinos ocultos, los "más andaluces entre los andaluces" de Infante-, mientras se desmantela o sume en profunda crisis su industria -de Santana a Gillette, de Puleva o Cervezas Alhambra a Interhorce, Hytasa o Astilleros-, se va a pique su sector pesquero y se pone su agricultura a los pies de los intereses de los grandes monopolios comerciales que controlan el mercado europeo.
Es esta una Andalucía donde, desgraciadamente, no es cierto que nadie sea tratado como extranjero, porque aumentan la xenofobia contra los magrebíes y otros inmigrantes y los brotes racistas contra la comunidad gitana, y en la que parece, además, haberse condenado al olvido a ese millón y medio de andaluces que tuvieron que dejar nuestra tierra, y siguen viviendo fuera de ella, porque se les negaba aquí el pan y la justicia, los cuales, aun teniendo reconocido expresamente en el propio Estatuto de Autonomía su derecho a que les sea reconocida su identidad andaluza, están siendo cada vez más marginados y desatendidos.
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Uno de ellos, carne de la carne de Blas Infante, y de nombre como su nombre, acaba de morir hace pocas semanas a miles de kilómetros del sol de nuestra tierra. Descanse en paz, como tantos otros... (¿No sería justo, me pregunto, que en el proyectado monumento al Padre de la Patria Andaluza, junto al símbolo de cada una de las ocho provincias, figurase el de la "novena", la de los andaluces emigrantes?).
En una Andalucía que tiene ya Parlamento, Consejo de Gobierno y Tribunal Superior de Justicia, yen cuyo Estatuto se reconoce, en el artículo primero, su identidad histórica y su carácter de nacionalidad, es mucho más lacerante y amarga -para utilizar palabras repetidamente usadas por Blas Infante- una situación como la presente. Pero, ¿qué podemos esperar de un gobierno autónomo que incluso rehúsa a defender que el Guadalquivir es un río andaluz, a efectos de decidir la política hidráulica? ¿y qué de unos partidos parlamentarios que son incapaces de aprobar siquiera el presupuesto de la Comunidad Autónoma, sacrificando los intereses generales, por importante que estos sean, a la consecución de ventajas políticas y titulares de prensa y al incremento de las expectativas de voto en su particular pulso electorero para conseguir mayores cotas de poder, sobre todo en Madrid?
Al igual que hacía Blas Infante con los políticos profesionales de su época, haremos bien en desconfiar de ellos, sobre todo de sus palabras, y deberíamos trabajar, como aquel, preferentemente en otra dirección: en hacer al pueblo andaluz consciente de cual es su identidad, de cuáles son sus derechos y de cual es su fuerza. Una fuerza que casi todos temen, porque, cuando se pone en acción, desborda a organizaciones y pseudodirigentes, como ocurrió el 4 de Diciembre de 1977, el 28 de Febrero de 1980 o con ocasión de algunas decisiones externas, no necesariamente en el ámbito de la política, percibidas como injustas y discriminatorias contra signos de identificación con nuestra tierra. Una fuerza que fructificaría mucho más si las obras claves de Blas Infante, en especial las dos que considero fundamentales, La verdad sobre el complot de Tablada y el Estado Libre de Andalucía y Fundamentos de Andalucía tuvieran una reedición popular y barata y una adecuada distribución para que se pudiese fácilmente acceder a ellas.
El trabajo de concienciación cultural y política de los andaluces y el ejercicio de la crítica radical -es decir, dirigida a las raíces de los problemas y las actitudes, y no basada en estridencias demagógicas o en poses sólo cara a la galería- sobre los contextos e intereses que mantienen en su triste situación actual a Andalucía, es la labor central, la estrategia orientadora, para cuantos nos sintamos andaluces. y no digamos para los grupos y organizaciones que se reclamen de andalucistas e incluso de nacionalistas. ¿Pero, qué han tenido que ver, al menos hasta ahora, con los planteamientos teóricos y con la práctica política de Blas Infante -deberíamos preguntamos esas organizaciones, que son casi solamente electoreras, en el exacto sentido que aquel daba al término, más allá del vacío ritualismo de invocar algunas veces su nombre en vano?.
El cuerpo teórico del pensamiento de Blas Infante, y su propia figura, en lugar de ser hoy el gran e impetuoso río que fertiliza las conciencias y a una la acción de los andaluces y andaluzas de bien cuya aspiración sea regenerar nuestra tierra, ha sido convertido en una laguna escondida, mansa y hasta con verdina, casi privatizada y desnaturalizada, para provecho del coro de las ranas que se tumban al sol junto a sus aguas y gastan en su orilla el tiempo en pequeñas disputas que a casi nadie interesan.. Pero yo estoy seguro que, si no nosotros, las generaciones futuras volverán a descubrir al Padre de la Patria Andaluza ya hacer que el manantial de sus ideas vuelva a correr por nuestros campos e impregne el corazón y la inteligencia de los andaluces. Esto será, sin duda, así, porque, como dicen los versos de una soleá, que quienes me conocen saben me gusta especialmente repetir -¡ ay, quién supiera cantarla!-
¡Cómo se pué compará
un charco con tina fuente:
sale el sol, se seca el charco,
y la fuente permanece!.
En el recuerdo vivo y en la reivindicación de Blas Infante, de su pensamiento aplicado a nuestro hoy,'
¡Viva Andalucía libre!
Sevilla, 9 de Agosto de 1995.
Notas:
42. Con respecto a esto último, resultan, sin embargo, desgraciadamente vigentes, en gran medida, las palabras contenidas en el Manifiesto de Córdoba cuando Infante hace su llamamiento a todos los andaluces para "unirse por el ideal de una Andalucía grande y redimida". Tras advertir a las "clases acomodadas": "Si no os apresuráis a hacer justicia, llegará el día luctuoso en que se liberarán rencores en ineluctables venganzas, añade, invocamos a todas las clases, principalmente a las obreras, que tienen la fuerza reformadora del poder a la orden de su voluntad; a todas menos a una pseudointelectualidad andaluza y española de espíritu castrado y de alma cobarde que abdicó el rango de clase dirigente y sólo sirve para entorpecer la ideación generosa y la valiente acción". En Cuatro Textos..., pp. 91-92. (El subrayado es nuestro).
43. En Fundamentos... (o.c.), p. 177.
44. Esta afirmación no se neutraliza por el hecho de que en la obra de Blas Infante se deslicen -menos en los escritos más políticos y en mayor grado en sus ensayos algunas ideas y palabras de tinte esencialista o porque la crítica histórica y el conocimiento científico haya dejado obsoletos ciertos datos e interpretaciones. Todo pensador y todo científico refleja. necesariamente los condicionamientos y limitaciones de su sociedad. además de los suyos propios. pero lo importante es si, pese al transcurrir del tiempo y el avance de las ciencias el núcleo fundamental de los planteamientos teóricos sigue en pie y continúa siendo aplicable con los adecuados desarrollos. al análisis de nuestro hoy; aunque hayan quedado superados aspectos no centrales de aquellos.
45. En este primer tercio se incluyen los sectores de la clase obrera tradicional, con puestos de trabajo estables (o percibidos como tales) y acceso real a los bienes y servicios conquistados. como derechos. al Estado durante más de un siglo de luchas. La situación obtenida y su capacidad actual de consumo han hecho a una gran parte de los trabajadores pertenecientes a estos sectores, en buena medida, conservadores políticamente. sobre todo si pueden autojustificarse votando a partidos de la izquierda tradicional (que también se hicieron conservadores y que, al igual que aquellos, continúan reverenciando y repitiendo ritualmente algunas palabras y símbolos vaciados de contenido). La quiebra del "Estado del bienestar" -que entre nosotros no ha pasado de ser. realmente, más que del "regularestar"-. junto con el desmantelamiento de grandes empresas y el hundimiento de muchas pequeñas. ha desestabilizado en los últimos años a una parte de estos sectores arrojándolos al segundo tercio.
46. Este tercio "de abajo". es un heterogéneo mosaico formado por diversas .minorías" que, en conjunto, suponen una parte cada vez más importante de nuestra sociedad: parados permanentes enfermos crónicos, discapacitados, drogadictos, delincuentes habituales, prostitutas de calle, travestidos, chabolistas y vecinos de barrios-ghettos, jóvenes sin empleo ni en instituciones escolares (o en estas sólo nominalmente). un creciente número de personas de la eufemísticamente denominada "tercera edad", miembros de minorías étnicas o nacionales a los que se les ilegaliza u obstaculiza la integración social y de los que se menosprecia su identidad cultural. y un número también creciente de mujeres. Dentro de este abigarrado conjunto es evidente que sufrirán de mayor marginación quienes participen a la vez, de las características de varios de estos grupos.
47. Este tercio intermedio se está también ensanchando. ya que. debido a la crisis, caen a él familias y personas que antes se encontraban. aunque no sin problemas, instalados en el primero. Tradicionalmente, ha pertenecido a él una gran parte de la masa de jornaleros andaluces. con trabajo sólo eventual. bajos salarios y condiciones muy duras de existencia. precariamente corregidas hoy por la política de subsidios. Además de ellos. Se incluyen ex-obreros tradicionales. ahora contratados en precario o en condiciones claramente ilegales. "auto empleados" en trabajos negros. muchos pensionistas y viudas con subsidios bajos, estudiantes sin expectativas...
48. Véanse mis trabajos "La identidad andaluza y el 92", en J. A. Lacomba (ed.): Andalucía y los andaluces. Propuestas para un debate, pp. 37-44. Publicaciones Universidad de Málaga, 1992. y "América y el nacionalismo de estado español del IV al V Centenarios". Revista de Estudios Regionales. n.O 34, pp. 53-78. Universidades de Andalucía. Málaga, 1992.
49. En el Estatuto de Autonomía de Andalucía, artículo 8.3 puede leerse: las comunidades andaluzas asentadas fuera de Andalucía podrán solicitar; como tales. El reconocimiento de la identidad andaluza entendida como el derecho a colaborar y compartir la vida social y cultural del pueblo andaluz..." y en el artículo 12.3.4° señala como uno de los "objetivos básicos "hacia los que "la Comunidad Autónoma ejercerá sus poderes" el de "la superación de las condiciones económicas, sociales y culturales que determinan la emigración de los andaluces y. mientras esta subsista, la asistencia a los emigrados para mantener su vinculaci6n con Andalucía. En todo caso se crearán las condiciones indispensables para hacer posible el retorno de los emigrantes y que estos contribuyan con su trabajo al bienestar colectivo del pueblo andaluz". Un buen estudio sobre los andaluces en la emigración lo constituye el libro de Emma Martín Díaz: La emigración andaluza a Cataluña. Identidad cultural y papel político.
Fundación Blas Infante, Sevilla, 1992.Tags: Blas Infante, Andalucía, Moriscos