UN REY PARA LOS MORISCOS:
«EL INFANTE DON JUAN DE GRANADA»
Valeriano Sánchez Ramos
Grupo de Investigación "Repobladores y Moriscos".
Universidad de Granada.
Y Segunda Parte
PARTE III.
LA TRAMA
LOS PREPARATIVOS PARA LA HUIDA A ESPAÑA
A finales de julio de 1569 D. Juan de Granada tiene decidido marcharse a España, y aprovechando la ida de Antonio Sánchez a Asti para cobrar su paga, le rogó que hablase con su hermano. De la entrevista entre ambos amigos, D. Hernando reconoce que
[...] él me dixo de parte de my hermano como se quería yr en Spaña, y esto me lo dixo a boca, trattando conmigo algunas cosas particulares (
57). No sabemos más, aunque conocemos el interés de D. Juan de Granada por charlar personalmente con su hermano. Está decidido a marchase a España, sea como sea.
En la misma fecha y con idéntico motivo que Sánchez, viajaba a Asti Salcedo, criado de D. Juan, quien entregó a su hermano una carta. Como reconoce D. Hernando de Granada,
[...] lo que contenia la dicha letra es que, vista aquella, partiesse para Milán, porque estava determinado yrse a Spaña y pedir a su excelencia me diesse su plaça o me entreteniesse conforme a la calidad de my persona. Y en deffetto que su excelencia no tuviese quenta dehazerme merced, me fuesse con él (
58).
Para evitar problemas, la misiva la mostró el infante a su alférez Ruy Gómez y a D. Rodrigo de Castro [...] lo uno por darles parte de mis negocios, lo otro por venir en la carta encomendadas para ellos (
59).
¿Querían ambos hermanos de alguna manera evitar sospechas de su encuentro en Milán? ¿Tal vez hicieron ver otra cosa?
A principios de agosto D. Hernando de Granada se desplaza a Milán para encontrarse con su hermano, advirtiendo la negativa de D. Beltrán a permitirle marchar y concederle la sustitución de la plaza. D. Juan debe explicarle sus planes para irse a España y le insta a que le acompañe. D. Hernando de Granada comprende a su hermano pero no se marchará de Italia. Luego dirá a las autoridades españolas que
[...] es verdad que él me escribió que quería yr luego en Spaña y con toda brevedad, pero no dezia secretamente. Y dezía que era para effetto de disponer y tratar de los negoçios de su hazienda (
60).
¿Era esto verdad o, por el contrario, es lo que D. Hernando debía o pretendía decir? Para D. Hernando, la celeridad en la marcha de su hermano era disponer sus asuntos económicos, pues según las declaraciones de varios testigos se advierte que D. Juan de Granada no se encontraba muy boyante. A esta apreciación se suma las de sus criados: Antonio Sánchez advierte que los problemas de liquidez de D. Juan obligaban al secretismo,
[...] por temor de sus acreedores no le impidiessen la yda, porque entendiendo que él se querría partir, como yalo havia publicado, venieran muchos a demandarle sus créditos (
61).
Simón de Mucis, responde lo mismo:
[...] yo le havia oydo dezir otras muchas vezes que quería hazer aquel viaje a effetto de casarse, [aunque] antes me suspeché que [....] me ymaginé que huviesse venido a my casa porque sus acreedores no se fatigasse 62) .
¿Quiénes eran estos banqueros que tanto angustiaban a D. Juan? Según su criado,
[...] los mercaderes que le davan dineros eran los Negrones, los quales solían estar en la calle de San Pedro Lorto, y que agora están junto al Cavallero Aretin, y que assimesmo le dava Peligro Doria, el qual está a San Lorenço, la vía por donde era de Spaña (
63).
Si el infante no tenía dinero, ¿cómo podía partir a España? En principio D. Juan pensó en viajar junto al conde de Cifuentes, quien preparaba su marcha a España. Al fin y al cabo el aristócrata entraba dentro de la parentela familiar del infante (
64), además de ser amigos desde que ambos residieron en Alcalá de Henares. De aquel ruego del infante,
[...] el Conde le respondió que haviendo buen passaje yría luego. Y de otra suerte que no pensava yr hasta tanto que escriviesse el señor Ruy Gómez le enbiasse una galera, o dos, para su passaje.
Por lo que quiera que fuese -tal vez la lentitud de Cifuentes-hace que D. Juan cambie de parecer, pues
[...] dixo que determinava yrse y passar en lo que hallasse. Y en defetto de no hallar passaje yr en una fregata, o en la primera cosa que hallase (
65).
En la búsqueda de un nuevo transporte, nuestro personaje parece que se decide por una fragata tierra a tierra, argumentando la negativa a partir con Cifuentes
[...] porque no dixesse que se yva en compañía del conde porque le hiziesse el gasto (
66).
El medio ya estaba solucionado, ahora quedaba costear el pasaje. La falta de liquidez la resolvió el infante contactando a últimos de julio con el banquero Antonio María Vivaldo. El interlocutor elegido ante Vivaldus fue un oficial del duque de Alburquerque, Martín de Alvelda, quien
[...] con larga arenga me rogó y importunó que yo le acomodasse de dozientos escudos a cambio para Spaña, que allende me quedaría en grandíssima obligación y me daría por seguridad algunos gentiles hombres españoles en quien yo me contentasse (
67).
El dinero se entregaría cuando lo pidiese D. Juan. Resuelto el último problema a principios del mes siguiente, la partida a España se fija para la madrugada del domingo 15 de agosto. El día antes D. Juan recibe del banquero Vivaldi 200 escudos
[...] a cambio de otros tantos que le ha de dar en Madrid a Lorenzo de Spinola, con más el cambio. Y estos dineros le dio el sabado de mañana, el día antes que se partiesse (
68). Es curioso que en la trama financiera para sufragar el viaje de D. Juan se encuentre Peligro Doria, banquero genovés que -como hemos visto en el apartado anterior- tiempo después acompañaba a D. Juan de Austria en su campaña contra los moriscos. El mismo que presionaba al infante por deudas. Con el dinero en el bolsillo desde la mañana, D. Juan de Granada tiene vía libre para su proyecto. Por la noche charla con su hermano, quien se había trasladado de Asti a Milán a su solicitud, momento en el que ambos charlaron a solas. De aquella conversación todo parece indicar que el gobernador de Milán desconocía la marcha, razón por la cual no quiso pedirle su sustitución en la plaza. Según dijo después D. Hernando de Granada, su hermano le rogó que al día siguiente se entrevistase con el duque de Alburquerque y le comunicase su partida a España. Tras despedirse de su hermano, D. Juan huye del palaçio del gobernador.
EL INTENTO FRACASADO DE HUIDA
La noche entre el sábado 14 y el domingo 15 de agosto es intensa; mientras que D. Juan de Granada habla con su hermano, su equipaje está siendo trasladado a otro sitio:
[...] hizo enbalisar la ropa que tenía en palacio de su excelencia en dos baules, los guales hizo llevar fuera (
69).
Se trataba de la casa de su criado Simón de Mucis, quien describe perfectamente el desarrollo de las horas siguientes:
[...] don Juan havia ydo a su casa de tres horas de noche, con un paje y dos faquines que llevavan dos caxas y que avia dormido ally (
70).
Amaneció, pues, el palacio del gobernador de Milán sin el infante de Granada.
Tras dormir unas horas, el domingo 15 de agosto es bastante movido en casa de Simón de Mucis. Por la mañana D. Juan le entrega dinero al criado para que compre comida y busque caballos para su partida, quedando solo en la vivienda. Entre tanto llega a la misma su amigo Chaves, aquél que residió en Constantinopla. A solas conversan, nada se sabe de lo que hablaron. De vuelta, Simón de Mucis anuncia al infante los problemas que hay para encontrar caballos, es domingo y víspera de la virgen:
[...] despues de haver comido el dicho don Juan en compañía de Chaves, mandó a este confesante que fuesse a llamar a Antón Sánchez y assí mermo a buscar cavallos o coche para su partida (
71).
Nuevamente quedan solos en la casa D. Juan de Granada y Chaves. Se desconoce la conversación mantenida. A las seis o siete de la tarde llega Antonio Sánchez a la casa -ya no está Chaves- y
[...] después de haver hablado con él de cosas, como se suele entre los amigos, se partió (
72).
Eran las 8 de la tarde y acompañaban al infante, además de Simón de Mucis, "dos faquines que le llevaban la ropa hasta la primera hostería fuera de Milán que va a Binasco, en compañía de Antón Sánchez y Salçedo y Jerónimo, sus criados que acompañaban" (
73).
Llegados "antes del Ave María" a la Hostería La Briosca, a las afueras de Milán y en el camino a Binasco, surge el primer percance del proyectado viaje. Al demandar el infante caballos, el dueño de la hostería, Pedro Ferrari, "le respondió que no tenía cavallos y después de haverle dado de bever a él y a los demás que venían en su compañía, siendo venidos a caso çiertos molineros con dos mulos, se concertó con ellos que le llevassen las valisas y ropa hasta la hostería del Molino Nuevo" (
74). No pudo conseguir más el infante, por lo que "se fue a pie el dicho don Juan hazia Binasco, haciendo llevar su ropa en dos mulos de un molinero" (
75). Aquí se despiden Antonio Sánchez y Simón de Mucis, siguiendo solo D. Juan y sus dos criados.
De todas formas, en la ruta entre la hostería La Briosca y el Molino Nuevo, D. Juan cambia de idea y se vuelve a Milán. Quedan en camino el molinero, llevando el equipaje, siguiéndole los criados del infante a pie. ¿Era premeditada esta vuelta? ¿Fueron sólo las circunstancias las que obligan a cambiar de planes?
EL ENCARCELAMIENTO DE D. HERNANDO DE GRANADA
Mientras D. Juan huía durante el domingo 14 de agosto, su hermano no hacía nada por comunicar con el gobernador, según él decía que habían acordado. Muy al contrario, [...] aquel día estava en casa del médico, curándome y pensando que venía presto para poder hallar a su excelencia, (si bien) no huvo lugar por ser tarde. Y ansy hablé al señor don Beltrán de la Cueva y le dy un recado de parte de my hermano y dexava para el lunes el hablar a su excelencia (
76).
Llegada la nota al gobernador, el duque de Alburquerque -en previsión de posibles consecuencias- ordena encarcelar a D. Hernando de Granada. El infante se encontraba cenando en casa del maestro Viçenço. A las 11 de la noche entró en casa del médico el capitán de caballos ligeros Ulibarre, informando a D. Hernando que debía acompañarlo al palacio del gobernador.
En las habitaciones del duque le espera el capitán Carvajal, el cual lo traslada a las 6 de la mañana del día 16 de agosto al castillo de Bragassa, donde fue entregado al castellano para su prisión.
El mismo 16 de agosto comenzó el interrogatorio a D. Hernando de Granada. Curiosamente en todo momento negó haber recibido cartas de España en las que se anunciase la rebelión de los moriscos, algo imposible de creer por las declaraciones públicas que hacían su madre y amigos. Igualmente daba a entender que nunca tuvo conocimiento de morisco alguno en Asti, pese a estar destinado en aquella guarnición. De igual modo no pensó que la marcha de su hermano fuera una huida. En fin, todo eran sospechas de primer orden, máxime cuando el servicio secreto español conocía la actividad turca a favor de los moriscos y su proyectado avance por el Mediterráneo a costa de la rebelión granadina (
77).
IV PARTE.
LA HUIDA DEL INFANTE: DE MILÁN A LIMEDO
Casi a la vez que D. Hernando de Granada era encarcelado, su hermano volvía sobre sus pasos desde el camino de Binasco a Milán. En la ciudad, sobre las 11 de la noche, envía a buscar a Lázaro de Olvia, criado del palacio del gobernador, el cual acude con el criado a Puerta Tosa, donde dentro de la puerta hallamos asentado sólo al dicho don Juan de Granada. Allí le pide que le guíe a casa de algún amigo donde esconderse la noche del domingo. Lázaro declara que lo llevé a casa de un amigo mío hortelado, el qual esta fuera de la muralla vieja de Milán, junto San Marcos, cabe El Navillo, en una casa blanca. Donde entrando llamé al patrón de la casa, llamado Juan Angelo, el qual estava en el lecho y le rogué que por hazerme plazer quisiesse tener ally en casa por aquel día aquel gentil hombre que yba conmigo, diziendo que era don Juan de Granada y a un criado (
78).
¿Sería este criado Chaves? ¿Pudo entrevistarse con él en Puerta Tosa, momento en el que quedó solo el infante?
Según el hortelano, Angelo de Vayanis, eran las doce y media de la noche y allí estuvo el infante con su criado,
del qual no se partió en todo el día hasta tres o quatro horas, de noche, que le traxeron dos cavallos, el uno blanco y el otro no me acuerdo de qué pelo, y cavalgandoen uno dellos el dicho gentil hombre se partió en compañía de aquel que havía traydo los cavallos, siguiéndole a pie su criado (
79).
¿Quién trajo los caballos a D. Juan? ¿no sería Chaves?
Poco después, don Juan -ya sin el caballista desconocido- se dirige con Lázaro de Olvia a casa del conde de Cifuentes, aquél con el que no quiso irse a España, entrevistándose con éstea deshoras. La conversación que mantienen ambos hace que a las 5 de la mañana el conde se dirija al palacio del conde de Brocardo, quedando D. Juan en la puerta. Los condes tienen una conversación a solas en los aposentos particulares del noble italiano, tras la cual éste ordena a su criado, Vicente de la Cabaletta, que acompañe a Bergamo a un caballero español,
el cual estava aguardando a la puerta vestido de ropas de villano o molinero, y hablado el dicho conde (Cifuentes) se partió. Y a que el otro (D. Juan de Granada) que ya he dicho, ordenándome que cavalgase en un cavallo de aquellos y le siguiesse, subiendo él en el otro, yendo con él a pie otro criado (Simón de Muciis), se encaminó la buelta del Navillo que va a Gorgonhola. Y entrando en una casa grande y nueva que está junto al Navillo se apeó y desnudó los vestidos de molinero y se vistió otros (
80).
En el trayecto, el criado del conde de Brocardo observó que D. Juan y Lázaro de Olvia
hablavan en secreto. Tan sólo sabe que el
gentil hombre me dixo que havía dexado otros criados y ropa fuera de Milán, quatro millas hazia Binasco (
81) y a tal destino se encaminaron. Entre tanto, volvieron a parar, concretamente en la casa donde habían estado horas antes. Allí se mudaría D. Juan y pasaría el día de la Asunción. Comenta el criado del conde de Brocardo que en esta casa les esperaba una persona
que estava en ella aquella noche, era hombre viejo y no creo que la casa sea suya (
82). Se trataba de Angelo de Vayanis, el hortelano amigo de Lázaro de Olvia que había permitido que pasasen la noche allí.
Durante la mañana de la Asunción, y antes de volverse a Milán, Lázaro de Olvia tiene que resolver el problema del equipaje. La persona que encontró era un familiar del hortelano de Casa Magna, Baltasar de Barretis “
cuñado, molinero, el qual es vezino del señor de la casa, donde el dicho don Juan estuvo a rogarle (
83). Entre tanto marcha el molinero con la ropa, ambos viajeros esperan la noche. A las tres y media de la madrugada Vicente de la Cabaletta vuelve con caballos, en los que
[...] en uno dellos el dicho gentil hombre se partió en compañía de aquel que havia traydo (Vicente de la Cabaletta) los cavallos, siguiéndole su criado (Lázaro de Olvia) (
84).
Continuando el camino, amanece el día de San Roque y los viajeros acuerdan detenerse para no ser vistos, decidiendo hospedarse en el mesón Val de Ambrosia. No obstante, un nuevo infortunio descubre parte de su huida: El dueño de la hospedería, Angelo de Penutis, se encontraba de viaje, razón por la cual su mujer no quería hospedar a los viajeros. El escándalo que sigue permite generar nuevos testigos, pues, como describe Penutis,
se pusieron a querer entrar por fuerça y, acudiendo los vezinos, que con buenas palabras persuadieron a my mujer que los dexasse por aquella noche alojar (
85).
Según la versión del dueño de la hostería
[...] assi estuvieron en my casa çinco personas con dos valisas, las quales havian traydo ciertos molineros, y después de haver çenado los dos dellos se partieron, restando tres otros en casa, diziendo que aquellos dos que se partieron dixeron a su mujer que el dia siguiente pagarian el gasto (
86).
Con ropas distintas D. Juan de Granada decide continuar su camino hacia Bérgamo. Tras despedirse de Lázaro de Olvia, marcha sólo con Vicente de la Cabaletta, siguiéndoles a distancia los criados Salcedo y Jerónimo. El servidor del conde de Brocardo describe perfectamente el trayecto realizado:
[...] y assy despues de averse despedido el dicho gentilhombre de su criado nos partimos para Gorgonçola y sin detenernos passamos adelante, siguiendo nuestro viaje hasta Vergamo. Y assi llegamos a Adda y allí, entrando en la barca, passamos de la otra parte, sin dar çevada a los cavallos ny parar porque el dicho gentil hombre llevaba grande miedo, o que fuesse preso o muerto, porque muchas vezes se tapava la cara y los ojos por no ser conosçido quando se encontraba con alguna persona (
87).
Llegados a Bérgamo, los viajeros se hospedan en el burgo, en Ganassa. Después de descansar, Cabaletta decide volver a Milán, ha cumplido su cometido. D. Juan le ruega
que no dixesse a nadie nada de cómo le havia acompañado, ny dexado en Vergamo, diziendome que menos lo huviese de dezir al conde Brocardo, pero que diesse una letra que él escrivió al conde de Cifuentes. Mandándome assi mesmo que abisasse a çiertos sus criados, que yo encontraría en el camino, cómo quedava en Bergamo en la dicha hostería (
88).
En este punto del viaje se pierde la pista de D. Juan. Sólo sabemos que llegó a las dos de la mañana a la hostería de La Ripa, donde descansó -como queda dicho- hasta la mañana. Por las declaraciones de Cabaletta, el huido le dio a entender que su ruta era ir a Génova:
[...] y él me dixo que se quería yr a Bressa, y hoy que él demandó al mesonero de Bressa en quanto tiempo se podía yr a Génova y quantas millas se passavan por el Estado de Milán (
89) . No obstante, según el dueño de la hostería, Francisco Monte, tras despedirse del
caballante (Vicente Cabaletta), D. Juan y sus dos criados
...se partieron, yendo hazia un lugar llamado Limedo, por donde se va a los confines de Veneçianos (
90). Por tanto, quería que se entendiese la ruta contraria. ¿Qué contenía la carta de Cifuentes? ¿no podría ser una nueva argucia del infante por distraer la atención?.
El viaje que realiza D. Juan se asemeja al itinerario recomendado por un texto aljamiado del siglo XVI para que los moriscos abandonasen España y pasasen a los dominios turcos. Entre los consejos para huir, el documento aconsejaba lo siguiente:
[...] demandares el kamino de Milán. -D’allí adelante dires ke is a besitar el señor Sa’Marko de Beneçia. Embarkaros- es en Padua i en un rrio para Beneçia [...] alli los ke bereys kon tokas blankas son Turkos, los ke bereys kon amarillas son Judios merkaderes del gran Turko. Ad akellos demandareys kuanto kerreys, k’ellos os enkaminaran [...](
91). ¿Acaso conocía D. Juan este camino?, ¿era éste el que seguía?...
V PARTE.
EL DESENLACE:
LA CAPTURA Y PRISIÓN DE D. JUAN DE GRANADA
Mientras D. Juan huía, el Gobierno de Milán se ponía en guardia. Encarcelado D. Hernando de Granada la noche del 15 de agosto, inició el interrogatorio de cuantos habían tenido relación con el infante. La madrugada y el día fueron largos para el auditor general del Ejército, Alfonso Lopecio, y el fiscal general, Jerónimo Marescateo, aunque a últimas horas del 16 de agosto comenzaba a vislumbrarse la trama de la fuga. Con datos en la mano, Alburquerque remitía al rey una carta que no podía ser más alarmante: D. Juan había tomado la ruta hacia Génova, que era como decir el camino a Granada.
Lo que puede colegirse de lo siguiente, en plena guerra de los moriscos, es imaginable. Las medidas adoptadas por Alburquerque eran enérgicas: orden de captura del fugado.
Al mismo tiempo desplegaba el formidable dispositivo diplomático español en todo el norte de Italia. En efecto, el 14 de agosto Alburquerque escribía al embajador español en Génova estas palabras:
[...] don Juan de Granada partió de aquí ayer a 3 horas de noche y a lo que se entiende va a la buelta de esta ciudad. Y porque al serviçio de Su Magestad conviene que sea preso el dicho don Juan. Y si no se alcanzara en este estado, le sigan, como así lo he ordenado al teniente Alzola y Antonio Carmona. Y ello se proçede con todo secreto, y con el cuydado y diligencia que vuesa señoría suele poner en todos las cosas que tocan al serviçio de Su Magestad (
92). Sobre los perseguidores de D. Juan llama la atención que uno de ellos sea Martín de Alzola, el amigo que días antes había convencido al banquero Vivaldi para que le financiase su viaje.
De las medidas tomadas en Génova para capturar a D. Juan de Granada se da cumplida cuenta al rey el 18 de agosto. Entre ellas, se decía que la Signoria participaba activamente colaborando con el servicio español. Todos estaban ojo avizor en los puertos de la república, especialmente en Sona, La Spezia y la propia Génova, aunque no daban aviso de nada. Así, a finales de mes la embajada ya sospechaba que D. Juan de Granada había tomado la vía de Bérgamo hacia Venecia (
93). De ser cierta la sospecha sobre la ruta hacia la ciudad de los canales, era reconocer la posibilidad de que el infante contactase con la Sublime Puerta. Una probabilidad nada desdeñable, puesto que, desde la misma toma de Granada, el imperio otomano utilizaba esta ciudad como punto de ayuda a los moriscos (
94).
Entre tanto, el gobernador de Milán no dejaba de interrogar testigos. Una pieza clave de su información fue Vicente de la Cabaletta, quien pese al ruego de infante de no decir nada- pensamos que no dudó en contar a su señor, el conde de Brocardo, la ruta seguida por D. Juan. A su vez, Brocardo debió trasladar sus conocimientos a Alburquerque, pues no en balde era un fiel colaborador con la Corona española, al menos desde que en marzo de 1562 se le encargara negociar en Roma para Felipe II el subsidio para 20 galeras (
95).
El 12 de septiembre -sobre la base de las nuevas declaraciones- el duque de Alburquerque llegaba a la misma conclusión que Génova: D. Juan de Granada perdía su pista en Limedo. Su destino, por tanto, era la tierra veneciana (
96). Dos días después, el rey escribía al embajador de Génova alabando la discreción y diligencia de Alburquerque, toda vez que expresaba su preocupación por que el nieto del príncipe Nars ya estuviera en Granada (
97). La preocupación era, pues, Asunto de Estado.
No obstante, la angustiosa preocupación española llegó a su fin una quincena más tarde, descansando el servicio diplomático español en Italia. Como se desprende de las palabras del embajador en Génova, en contestación a una carta del 3 de octubre al rey, ya se conocía la secreta vía que había seguido el infante para eludir la celosa cerca española, la cual
no será mas nesçessario husarla, pues, por lo que entiendo por carta del secretario Antonio Pérez, havía llegado en Barçelona y el duque de Francavila havia usado la mesma diligencia en mandalle poner en prission. De donde yo tenía siempre por çierto que no podia scapar, por hazer yo tenido aviso que se havia embarcado en esta ribera de levante en un lugar que se llama Setre y muy secretamente, a donde havia venido por vias extraordinarias. Y pues él está allá, y a tan buen recaudo, Vuestra Magestad mandará hazer de él lo que más fuere a su real servicio (
98).
¿Qué pasó con aquel Chaves que acompañaba al infante y ahora no aparecía en Barcelona? ¿Qué hizo y con quién trató D. Juan de Granada en el tiempo que estuvo en la ruta hacia tierra de venecianos? ¿Por qué volvió a Génova?, y ¿cómo? Tal vez haya que recordar cómo en Génova también había turcos, manifestándose públicamente como tales, sin miedo a nada (
99). ¿Puede que el infante viniera con ellos a través de alguna vía? Al final D. Juan de Granada fue capturado en los primeros días de octubre de 1569 en Barcelona, quedando encarcelado por orden de D. Diego Hurtado de Mendoza, duque de Francavilla y príncipe de Mélito, según expresaba el rey personalmente al duque de Alburquerque (
100). Durante octubre y noviembre se interrogó en Barcelona a D. Juan, y de sus respuestas parece desprenderse que todo fue una imprudencia por ir a reunirse con su esposa. Al menos eso hizo ver D. Juan a todo el servicio diplomático español y al mismísimo rey de España, el cual manifestaba tal convencimiento a D. Beltrán de la Cueva:
[...] don Juan acudió a Barcelona, donde por mi orden se le detuvo el duque de Francavillla, con determinación de pasar a Valladolid a casarse, que el exceso que en su salida ha avido ha sido venirse sin vuestra lisensia, y así he mandado escrebir al dicho duque que se le dé licencia para que se vaya a Valladolid a casarse (
101). La carta regia al gobernador de Milán no podía tener mejor fecha, pues dos días después -el 26 de noviembre- Felipe II ordenaba a D. Juan de Austria levantar un ejército que saliese de la ciudad de La Alhambra para acabar con el problema morisco (
102).
Pese a todo, D. Juan de Granada no dejó de recibir un fuerte susto de Felipe II, como lo comunicaba el rey el 30 de noviembre al comendador Mayor de Castilla, al notificarle la feliz solución de su huida:
[...] y assi he mandado scrivir al de Francavilla que le dé alguna reprehensión por ello, y liçençia y libertad para que se vaya a Valladolid a casarse (
103).
EPÍLOGO:
EL FIN DE LA MONARQUÍA MORISCA
Como si los tiempos no hubiesen pasado, y al igual que ocurriera con los reyes católicos, mientras que el descendiente de la línea real nasrí contraria, D. Alonso de Granada-Venegas, se desvivía por colaborar activamente con D. Juan de Austria en la pacificación de los moriscos (
104), D. Juan de Granada apuntaba a suceder en la corona de sus ancestros. Felipe II, el infante D. Juan de Granada y D. Alonso Granada-Venegas, los tres nombres que la historia ponía frente a frente, eran los biznietos de aquellos que intervinieron en la toma de Granada. Como entonces, la situación del reino granadino a sólo admitía la colaboración con el poder, principio y fin del desenlace de la fuga del infante. Cuando todo pasó, como muy agudamente señaló Mármol Carvajal, las posiciones de las dos ramas reales -al igual que en tantos momentos de la historia estamental castellana- serían marcadas diferencialmente con las señas de la heráldica:
los descendientes de los infantes don Juan y don Hernando tienen por apellido de Granada, y traen por armas dos granadas en campo azul, y un letrero atravesado que dice Lagaleblila, que quiere decir:
no hay vencedor sino Dios, y los que vienen de don Pedro y don Alonso tomaron apellido de Venegas y tambien de Granada. Traen cinco granadas en campo azul. Primero traian una sola, y por un desafío que vencieron padre e hijo en la vega de Granada, en que mataron cinco moros, pusieron cinco granadas y el mesmo letrero (
105).
Al final, la colaboración de la casa contrincante dio mayores honras y honores en los blasones que la mera sumisión pasiva. Cinco granadas frente a dos es símbolo inequívoco del resultado. No hay duda que los Granada-Venegas acabaron presentándose como interlocutores perfectos entre la Monarquía y la comunidad mudéjar, consiguiendo poseer señoríos en el propio reino de Granada.
Para la Navidad de 1569 -un año después del levantamiento morisco- el infante D. Juan de Granada descansaba en Valladolid junto a su esposa, Dª Juana de Castilla y Acuña, un matrimonio del que no hubo progenie. A su muerte, su hermano D. Hernando de Granada heredó todos sus derechos dinásticos. Casado con D.ª Ana del Hierro (
Dª Ana de Austria), tampoco dejó descendencia, extinguiéndose con él la dinastía. La desaparición de la última línea directa de la casa real nasrí en España venía a tener un paralelismo con el destierro de los moriscos.
Durante el tiempo que vivieron los infantes en Valladolid, tuvieron que ver cómo los moriscos granadinos se asentaban en la ciudad, formando una numerosa comunidad marginada que acabó igualmente maltratada y vejada hasta su expulsión definitiva con Felipe III (
106). ¿Qué relación -si la hubo- mantuvieron D. Juan y D. Hernando con los deportados?. Preguntas como ésta obligan a estudiar a esta curiosa familia más allá del trabajo que presentamos.
No queremos cerrar este episodio sin citar a los Valoríes, personajes que fueron elevados por los moriscos a la categoría de familia real en sustitución de D. Juan, y cuyo destino final tiene mucho de paralelismo con todo lo descrito. Asesinado
el rey Aben Humeya, el resto de su parentela también se disolvió en la sombra de la historia: primero murieron o desaparecieron y, segundo, -los más allegados- acabaron en prisión. En efecto, su padre, D. Antonio de Válor, y su hermano, D. Francisco de Válor, desde 1569 eran prisioneros del rey. Al igual que había ocurrido con los príncipes Sa’id y Nasr en su momento, padre e hijo quedaron desterrados en 1572 en Galicia, reino ya marcado por la historia. De las tierras gallegas ambos escaparon a Portugal, donde en Oporto fueron capturados en enero de 1576, internándolos en dos monasterios de los que no volvieron a salir: D. Antonio en Montederramo (Orense) y D. Francisco en Santos (Lugo). En 1579 D. Francisco de Válor pasó al monasterio benedictino de San Vicente, tomando entre 1583-1584 el hábito y dejando de inquietar al abad (
107).
Aún así, el 15 de mayo de 1583 el propio Felipe II todavía se preocupaba por este peculiar fraile, preguntando al abad de Sahagún la posibilidad de trasladarlo allí. Respondiendo fray Antonio Predo al rey que
...teme que resçibiendo al dicho D. Francisco en dicha casa por religioso podría suçeder quererse volver al Reino de Granada y causar alguna inquietud en los moriscos del reino (
108). ¿Conocía el infante de Granada el último destino de esta familia?. ¿Por qué se eligió Galicia para el destierro?, ¿tal vez la tierra gallega era un ejemplificador recordatorio de la posición que debía mantener el infante?. De no ser así, el destino y la historia ofrecen un paralelismo sorprendente. Con el celibato forzado de los últimos Valoríes en España, y la falta de descendencia de los infantes, terminaba de extinguirse cualquier pretendida reclamación al trono de Granada. Sólo la familia real nasrí contraria quedó en pie, la de Cidi Yahya, aquélla que desde antes de la toma del reino optó por colaborar con Castilla, la única que se consolidó en el reino granadino y alcanzó la gracia de un título nobiliario (
109). El clan que suplantó a la familia nasrí, pues, fue el modelo de dinastía regia que necesitaba Granada, y la única que querían los Reyes de España.
Notas
56.Blanchard Demouge con estudio preliminar de J. Gil Sanjuán, Granada, 1998, p. 249. Este mismo hecho lo recoge M. Gómez Moreno en los apéndices, sobre un manuscrito de la Academia de la, Madrid, 1949, tomo XLIX, p. 221. Igualmente lo refiere L. del MÁRMOL CARVAJAL, Historia.., p. 218.
57. Respuesta de D. Hernando de Granada, fol. 15r.
58. Ibídem, fol. 15v.
59. Ibídem, fol. 16r.
60. Ibídem, fol. 15v.
61. Respuesta de Antonio Sánchez, fol. 2r.
62. Respuesta de Simón de Mucis, fol. 19v.
63. Ibídem, fol. 20r.
64. El hermano de Cifuentes era el conde de Portalegre, marido de la prima del infante, D.ª Beatriz.
65. Respuesta de D. Hernando de Granada, fol. 13v.
66. Respuesta de Antonio Sánchez, fol. 3r.
67. Respuesta de Antonio María Vivaldus, fol. 27r. Reproducimos en el apéndice documental.
68. Respuesta de D. Hernando de Granada, fol. 17v.
69. Respuesta de Antonio Sánchez, fol. 1 rv.
70. Respuesta de Simón de Mucis, fol. 18v.
71. Ibídem, fol. 19r.
72. Respuesta de Antonio Sánchez, fol. 1v.
73. Respuesta de Simón de Mucis, fol. 19r.
74. Respuesta de Pedro Ferrarius, fol. 21r.
75. Respuesta de Antonio Sánchez, fol. 1 v.
76. Respuesta de D. Hernando de Granada, fol. l8r.
77. Sobre ello, vid. Abdeljelil TEMIMI, «Le Gouvernement Ottoman face au problème morisque», Les Morisques et leur temps, Montpellier Paris,
1983, pp. 299311, y L. CARDAILLAC «Le turc, supreme espoir
78. Respuesta de Lázaro de Olvia, fol. 25v.
79. Respuesta de Angelo de Vayanis, fol. 24v.
80. Respuesta de Vicente de la Cabaletta, fol. 7r.
81. Ibídem, fol. 8v.
82. Ibídem, fol. 10v.
83. Respuesta de Lázaro de Olvia, fol. 26r.
84. Respuesta de Angelo de Vayanis, fol. 24v.
85. Respuesta de Angelus de Penutis, fol. 22r.
86. Ibídem, fol. 22r.
87. Respuesta de Vicente de la Cabaletta, fol. 7v.
88. Ibídem, fols. 7v.8r.
89. Ibídem, fol. 9r.
90. Respuesta de Francisco de Monte, fol. 28v.
91. El manuscrito se encuentra en la Biblioteca Nacional de París, en los "Fondos árabes" .
92. A.G.S., Estado, leg. 1398, p. 56. Carta del duque de Alburquerque al embajador Figueroa. Milán.
93. A.G.S., Estado. Leg. 1398, p. 55. Carta del embajador Figueroa a Antonio Pérez.Génova, 28 de agosto
94. Míkel de EPALZA, Los moriscos antes y después de la expulsión, Madrid, 1992, pp. 279283.
95. J. GOÑI GAZTAMBIDE, Historia de la Bula de Cruzada en España, Vitoria, 1958, pp. 552553.
96. A.G.S., Estado, leg. 1224, p. 75. El duque de Alburquerque a Felipe II. Milán, 12 de septiembre de 1569.
97. A.G.S., Estado, leg. 1398, p. 225. Felipe II al embajador Figueroa. Madrid, 14 deseptiembre de 1569.
98. A.G.S., Estado, leg. 1398, p. 67. Carta del embajador Figueroa a Felipe II.
Génova, 6 de octubre de 1569.
99. B. BENNASSAR, «El choque cultural entre cristianos y musulmanes en España, Italia y Francia.
100. A.G.S., Estado, leg. 1225, p. 87. Felipe II al duque de Alburquerque. Madrid, 22 de noviembre de 1569.
101. A.G.S., Estado, leg. 1224, p. 122. Felipe II al duque de Alburquerque. Madrid, 24 de noviembre de 1569.
102. V. SÁNCHEZ RAMOS, «El mejor cronista de la guerra...», p. 238.
103. A.G.S., Estado, leg. 910. Carta de Felipe II a D. Luis de Requesens. Madrid, 30 de noviembre de 1569.
104. Vid. E. SORIA MESA, «Don Alonso de Granada Venegas y la rebelión de los moriscos. Correspondencia SPIVAKOVSKY, «Some notes on the relations between D. Diego Hurtado de Mendoza and D. Alonso deGranada Venegas», Archivum, XIV, 1964, pp. 212232.
105. L. del MÁRMOL CARVAJAL, Historia del Rebelión..., p. 50.
106. Sobre la comunidad morisca de Valladolid, número de asentados, tiempos de llegadas, lugares.
107. A. DOMÍNGUEZ ORTIZ y B. VINCENT, Historia de los moriscos, Madrid, 1989, p. 46 y p. 67 y nota 35.
108. A.G.S., Cámara de Castilla, leg. 2187.
109. R.F. PEINADO SANTAELLA, «Los orígenes del marquesado de Campotéjar (15141632). Una contribución.
Tags: Nasri, Moriscos, conversos, Andalucía, Valoríes