Manifiesto 25 de noviembre:
por una Granada plural
Ciudadanos y andaluces, granadinos por afinidad, nación o vecindad, considerando como presentes a las generaciones futuras y a nuestros antepasados de cualquier siglo, raza, lengua, condición, religión o creencia, manifestamos:
1. El 25 de noviembre de 1491 fue asentado un tratado internacional entre, de una parte, el rey de Granada Abú ‘Abd Allah Muhammad (Boabdil) y, de otra, el rey y la reina de Castilla, de León, de Aragón, de Sicilia, etcétera.
Vistas desde el presente, estas "Capitulaciones para la entrega de Granada" no expresan una rendición incondicional de Granada, sino que, por el contrario, deben ser leídas como un tratado internacional, un contrato político, sinalagmático y conmutativo, en virtud del cual una parte la dinastía nasrí entregaba la soberanía del reino de Granada
fundado cinco siglos antes por Zawi ben Zirí y la otra parte "los reyes de Castilla y Aragón" se comprometía a cambio a garantizar una serie de situaciones y derechos. En un lenguaje actual podríamos decir que una unidad política (
el reino de Granada) se integró en una unitas multiplex (
las Españas) cuya dinastía reinante se comprometió a garantizar,
entre otros, los derechos a la vida y a la integridad física de la población, a la libertad religiosa y de culto, a la intimidad y a la propia imagen, a la conservación de la propiedad y las rentas, y al mantenimiento de la tradicional organización administrativa y judicial, y del propio ordenamiento jurídico.
2. Pocos años después de la entrega de la ciudad y de la Alhambra, de la corona y del título de Rey de Granada, comenzó el incumplimiento de las Capitulaciones por parte del nuevo Estado absoluto.
Boabdil cruzó el Estrecho y con él miles de granadinos cuyos descendientes aún conservan los nombres, la cultura y las tradiciones de la antigua Granada. Otros granadinos, con toda la legitimidad que les daba el incumplimiento del tratado, intentaron recuperar lo entregado y restaurar la corona de Granada. Y esta vez, a la deslealtad del fuerte se sumó el exterminio del débil: en la mal llamada guerra
sólo había un ejército, no dos de los moriscos
los sublevados eran andalusíes granadinos y, por lo tanto, andaluces, las tropas del naciente Estado absoluto practicaron la limpieza étnica, la segregación racial e innumerables crímenes de lesa humanidad.
3. Ahogada la voz de los que podrían reclamar el cumplimiento íntegro del tratado internacional de 1491, el nuevo estado modificó también la ideología y la memoria de los que optaron por permanecer aquí y de los que llegaron como repobladores . Así, en lugar de conmemorar la entrega del reino (25 de noviembre de 1491) se decidió conmemorar la toma fáctica de la ciudad (2 de enero de 1492), olvidando que ésta era sólo la ejecución de aquélla y que estaba sometida a condiciones que se incumplieron. En lugar de conmemorar la integración de Granada en las Españas, se decidió conmemorar la unidad de España en singular, que se hizo coincidir arbitrariamente con esta fecha, olvidando no sólo la posterior incorporación de otros reinos, sino sobre todo que el concepto de la España única, absoluta y estatal, "martillo de herejes y luz de Trento", estaba todavía lejos del ánimo de aquellos reyes que
suscribieron las Capitulaciones "por siempre jamás" expresión que se repite hasta quince veces en los artículos del tratado y en el nombre del "señor Santiago, luz y espejo de las Españas".
4. Durante siglos este "cambiazo" ideológico ha pervivido. En el siglo XX, fue especialmente cultivado por el militarismo africanista y, en seguida, por el nacional-catolicismo. Perdidas las últimas colonias, las fuerzas totalitarias necesitaban contemplar a Granada como el punto de no retorno, como el límite donde se frenaría la por ellos denominada "tendencia centrífuga de España". Restaurada la democracia municipal en 1979, la corporación cometió el inmenso error de mantener la celebración del 2 de enero, fecha que supone la consagración de un punto de vista (el de los que tomaron) y la anulación de otro (el de los que entregaron). Constituida ya como Comunidad Autónoma, Andalucía tampoco supo corregir este atentado simbólico contra el principio de autogobierno de las nacionalidades que había consagrado la Constitución española de 1978.
5. Los que suscribimos este manifiesto estamos convencidos además de que hay una relación entre este complejo de imposturas y olvidos históricos que asignan a Granada un papel pasivo en la historia (
Granada es el objeto que se tomó y no el sujeto político que suscribió un tratado condicionado de entrega) y los terribles problemas de marginalidad y discriminación que hoy sufre (la desde 1833 llamada provincia de) Granada, problemas acentuados por si fuera poco en el contexto andaluz. La pérdida de conciencia histórica de los granadinos y su sumisión excesiva a todo proyecto centralista ayuda a los organismos del estado a marginarla desde el punto de vista de las infraestructuras, de las comunicaciones y de las inversiones públicas. Año tras año, vamos sufriendo esta marginación que en los últimos años se ha agravado aún más si cabe con el proyecto del gobierno del Partido Popular de desmontar el estado autonómico, nacido del consenso constitucional de 1978, recentralizando en Madrid competencias y poderes, y adornando todo el proceso con la peor estética de un neoespañolismo decrépito.
6. Todos los pueblos tienen derecho a conmemorar su pasado, pero toda conmemoración es una selección interesada e ideológica de ese pasado demasiado complejo para celebrarlo entero. Debemos por ello conmemorar - y ya conmemoramos de hecho cada 6 de diciembre - la constitución del Estado como democrático, social, de derecho y como el estado plural de las Españas, integrado en la Unión europea después de un largo paréntesis autocrático y absoluto; conmemoramos también la primera constitución histórica de la milenaria Andalucía como unidad política diferenciada desde el 28 de febrero de 1981;
pero no conmemoramos todavía el hecho cierto de que los actuales granadinos somos tan herederos de los granadinos andalusíes de antes, como de los que vinieron a partir de 1492 y de que Granada lejos de ser el "broche que cierra la unidad nacional" es el mejor ejemplo de que otra "España" era posible.
Es por todo ello por lo que al mismo tiempo que exigimos la corrección de las deficitarias infraestructuras y la remoción de los obstáculos que impiden la integración efectiva de Granada en los mapas de Andalucía, España y Europa, exigimos a los poderes que asuman la compleja identidad granadina, que incluyan sin excluir y que distingan entre historia y tradiciones inventadas.
Conmemoremos, en consecuencia, el 25 de noviembre como la fecha reivindicativa de nuestra identidad plural.
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