viernes, 30 de noviembre de 2007
Martín F. Ríos Saloma. (Segunda Parte)
Departamento de Historia Medieval.
Universidad Complutense de Madrid
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3.UN MITO EN PROCESO DE AFIRMACIÓN. LA "RESTAURACIÓN DE ESPAÑA" EN LA HISTORIOGRAFÍA BARROCA (SIGLO XVII)

La historiografía del siglo XVII pocas noticias nuevas aportó al relato que hemos analizado, aunque si fue testigo de la aparición de un par obras consagradas específicamente al asunto que nos ocupa [24]. La sociedad de la época, con suficientes problemas en el presente pero marcada por una tradición y una percepción del pasado sancionada por la Iglesia y la Monarquía, no pedía "según el atinado comentario de Fernando Wulff" "una nueva visión del pasado" [25]. En efecto, la satisfacción que daban las obras de Morales y Mariana "en especial la del segundo" a las inquietudes históricas de los españoles es muy significativa y su trascendencia se demuestra en el hecho de que no hubo nuevos intentos de hacer una historia general hasta el siglo XVIII y que los relatos que se publicaron, insertos en su mayor parte en historias generales [26], de forma general complementaron o rectificaron en mínima medida lo dicho por Juan de Mariana. Lo verdaderamente trascendental, sin embargo, es que estas historias se encargaron de reforzar una y otra vez una tradición y una versión de los acontecimientos que, a fuerza de considerarse con vehemencia como historias verdaderas, acabaron constituyendo un mito fundacional cuyo núcleo fue muy difícil romper, o al menos criticar, pues aquellos que lo hicieron fueron tenidos por "inventores de fábulas" y "amigos de las novedades".

Es interesante señalar que las preocupaciones de los autores estudiados se centraron sobre cuestiones en apariencia sin importancia pero que, analizadas desde un punto de vista simbólico, era cruciales. La primer cuestión que inquietó a los autores y que hizo correr ríos de tinta fue la identidad de la hija del conde don Julián, pues no se conocía su nombre y era imperativo desvelar la identidad de la mujer que sufrió los agravios del rey, quien según los conceptos de la época, debía guiar a su pueblo por el buen camino, dar un ejemplo de buenas costumbres y ser un cúmulo de virtudes. La "Cava" y "Florinda" fueron los nombres que se acabaron imponiendo.

La segunda cuestión que agitó los espíritus de los escritores fue establecer una cronología precisa de los acontecimientos, ya que las noticias que daban las fuentes medievales eran contradictorias y las que ofrecían los autores modernos también.

Así, era vital conocer el año concreto en el que se había iniciado la incursión árabe y dilucidar si fueron uno, dos o tres desembarcos. También interesaba establecer el momento exacto, la duración y el lugar en el que habían sido derrotados los visigodos y, por último, señalar con precisión el año en que Pelayo venció a los musulmanes en Covadonga; en cualquier caso las fechas más comúnmente aceptadas fueron la de 714 y 718 respectivamente, establecidas ya por Morales y Mariana. Los esfuerzos invertidos a lo largo de dos siglos en datar lo más exactamente posible los acontecimientos no revelan sino una cosa: la falta total de certezas en un asunto tan crucial. El interés es, pues, insertar dentro de la corriente de la historia universal el momento fundacional de la nación española.

La tercera cuestión que quita el sueño a los escritores es averiguar si Pelayo fue coronado rey antes o después de la batalla de Covadonga. En el debate se juega más que una fecha concreta, pues lo que se juega es no sólo la legitimidad y la primacía de la monarquía astur y sus herederas "las monarquías leonesa y castellana" sobre el conjunto de reinos peninsulares, sino la posición de la monarquía española en el siglo XVII en el ámbito internacional [27]. Lo que no queda claro, sin embargo, es a cual de los dos momentos se le da mayor peso, pues los autores que esgrimieron una elección de Pelayo como soberano antes de la batalla y su aclamación sobre el escudo, justifican con ello tanto la innegable herencia goda reflejada en el mismo hecho de ser una monarquía electiva y de realizarse la proclamación al igual que en tiempos visigodos, como la antigüedad de los órganos representativos españoles: los concejos y las cortes. Los que apostaron por la coronación tras la batalla, hicieron de la actividad militar el elemento sustentador y legitimador de la monarquía, aunque tampoco dejaron de reconocer el carácter electivo de ésta, pues Pelayo fue elegido por el pueblo gracias a sus dotes personales y al hecho de ser descendiente de la familia real visigoda.

La última cuestión es la propia batalla de Covadonga. Los autores se muestran muy preocupados por conocer dos cosas: el número más fiable de contendientes de ambos ejércitos y el grado de participación divina. En cuanto a la primera, el interés no es meramente erudito, sino que se juega tanto la verosimilitud de los relatos -y por lo tanto la verosimilitud del mito- como el propio valor intrínseco de los primeros resistentes, pues si bien se quiere llevar el número de soldados a cantidades razonables, tampoco se quiere dejar de exaltar la osadía de los cristianos que siendo pocos vencieron a muchos. En cuanto a la segunda, lo que estuvo en juego fueron dos elementos: por un lado, la posición y la carrera de los propios autores, pues la participación divina en la batalla estaba sancionada desde tiempos remotos por los poderes establecidos; por el otro, una concepción del mundo y de la historia marcada por el providencialismo y en el que los españoles "los castellanos" se presentaban como el pueblo elegido por Dios poco menos que para redimir a la humanidad de sus pecados y extender la fe de Cristo por el mundo. Lo más interesante es ver como hasta bien entrado el siglo XIX los autores intentaron explicar fenómenos como el derrumbamiento del monte Auseva y el que las flechas lanzadas por los musulmanes se volvieran contra ellos mismos de distintas formas, pero siempre intentando acomodar la explicación al modelo conformado en la etapa anterior.

Un hecho sobre el cual no podemos dejar de llamar la atención es que los aportes de Navarra, Aragón y Cataluña a la empresa de Restauración fueron menospreciados por la historiografía ya que los autores o bien no les dedicaron un solo capítulo o, si lo hicieron, éste fue demasiado breve y sirvió para asentar que los alzamientos en Aragón se habían realizado con posterioridad al alzamiento de Pelayo y a imitación del mismo. El mensaje no podía ser más claro: el único movimiento legítimo de Restauración fue el encabezado por el reino de Asturias y sus sucesores, León y Castilla. Por otra parte y en este mismo sentido, los diversos autores menospreciaron en todo momento las incursiones carolingias y, por supuesto, no les consideraron como parte de un movimiento restaurador.

Con base en la revisión que hemos podido hacer, y que por falta de espacio no podemos desarrollar aquí, queremos dejar constancia de que los autores continuaron utilizando el término "restauración" para referirse al proceso que nos ocupa y que para referirse a la conquista militar emplearon términos como "conquistar, ganar y tomar", pero nunca "reconquistar" [28].

4.LA HISTORIOGRAFÍA ILUSTRADA Y EL NACIMIENTO DE UNA NUEVA INTERPRETACIÓN HISTÓRICA (SIGLO XVIII)

Como es sabido, el proceso de racionalización y secularización iniciado en el siglo XVIII abarcó los más diversos ámbitos de la cultura occidental y la historiografía no podía dejar de participar del mismo. En España, las aspiraciones del movimiento ilustrado cristalizaron en el perfeccionamiento de la metodología histórica, en el desarrollo de un método crítico cada vez más riguroso, en la búsqueda, ordenación, traducción y publicación de fuentes documentales, en la depuración de crónicas, en la trascripción de inscripciones pétreas, en la formación de enormes bibliotecas particulares, en la elaboración de cronologías precisas y, en fin, en la creación de la Real Academia de la Historia en 1738. Bajo estos nuevos presupuestos, la cuestión de la invasión musulmana y el inicio de la Restauración fue objeto de una revisión que tuvo como objetivo ceñir el relato a la verdad histórica y situarlo en sus correctas coordenadas cronológicas, dando pie a una nueva interpretación.

Los antecedentes de esta transformación se remontan a finales del siglo XVIII con la publicación del Examen chronologico del año en que entraron los moros en España y la redacción de unas Advertencias a la historia del padre Mariana, producto ambas de la pluma de don Gaspar Ibáñez, marqués de Mondéjar [29]. La obra de Mondéjar es uno de los primeros intentos de historia crítica en España y uno de los ejemplos más tempranos de un pensamiento ilustrado. Su principal objetivo fue escribir una historia ajustada a la verdad con base en documentos fidedignos, por lo que consagró parte de sus esfuerzos a depurar las fuentes históricas conocidas y a distinguir las verídicas de las apócrifas. El conocimiento de diversas lenguas, el acopio de una gran cantidad de materiales y la lectura crítica de las mismas le permitieron redactar dos textos con los que conmovió los mismos cimientos sobre los que hasta entonces descansaba el mito de la Restauración.

En su Examen cronológico, Mondéjar pretendió establecer una cronología veraz de la invasión musulmana [30], la cual, según los distintos autores, había ocurrido en el año 714. Tras una erudita disertación en la que cotejó las distintas fechas señaladas por las fuentes coetáneas "tanto cristianas como musulmanas" [31], Mondéjar llegó a la conclusión de que aquella había ocurrido en el año 711 y que había estado precedida por dos desembarcos menores –ocurridos en 709 y 710 respectivamente. Esta propuesta no sólo supuso el trastocar la cronología hasta entonces aceptada "haciendo coincidir el primer desembarco con el reinado de Witiza", sino que implicó introducir un nuevo elemento explicativo: la codicia de los musulmanes que aspiraban a las riquezas de España [32]. Ya Mariana había hecho de la feracidad de España uno de los argumentos que explicaban las sucesivas oleadas de invasores, pero en el caso de Mondéjar la novedad radica en que la caída del imperio godo no se debía exclusivamente a sus pecados, sino también a la conquista realizada por un pueblo en pleno proceso de expansión. A pesar su metodología y su revolucionaria aportación cronológica, Mondéjar, sin embargo, no dejó de ser un hombre de su tiempo y para justificar la derrota visigoda, recurrió a la explicación providencialista aceptando que dicho pueblo "...irritó [con] sus vicios la ira de Dios, para que los castigase con el rígido y severo azote del furor sarraceno".[33]

De mayor trascendencia fueron sus Advertencias a la historia del padre Mariana, en las que Mondéjar fue recogiendo, capítulo por capítulo, las noticias que, a su juicio, eran falsas o al menos debían corregirse y matizarse, aportando para ello pruebas documentales y citas textuales de otros autores. Este método lo llevó a concluir que tanto las noticias sobre el conde don Julián y la violación de su hija por Rodrigo, como el matrimonio de Munuza con la hermana de Pelayo, eran falsas e invenciones de los moros, derruyendo con ello, de un plumazo, los tres argumentos sobre los que se había sustentado hasta entonces el mito de la pérdida y restauración de España [34] y negando contundentemente que hechos de tal naturaleza, en particular el matrimonio, fueran la causa primera del inicio de la restauración [35].

No conforme con haber hecho estas dos advertencias, Mondéjar aseveró también -basándose en el hecho de que el cronicón de Isidoro Pacense, finalizado hacia el año 753 o 754, no menciona en ningún momento ni a Pelayo ni su levantamiento que el "...Rey Don Pelayo, no pudo llegar a la corona hasta después de 746 en que empezó el gobierno de Jucef..." [36] y que, por lo tanto, la fecha de la batalla de Covadonga debía retrasarse varios años. La posición de Mondéjar da fe de la coherencia de un pensamiento y un esquema de trabajo que buscaba poner "con base en una crítica documental y un criterio racional" por primera vez en su verdadera dimensión un hecho histórico trascendental para la historia de España. Esta racionalidad, sin embargo, no le impidió ver en el movimiento de Pelayo definido como una lucha por sacudirse el yugo musulmán y "restaurar la monarquía visigoda" claras muestras del favor divino [37].

La labor de Mondéjar fue continuada por Juan de Ferreras, quien en su Synopsis histórico cronológica de España [38], organizó cronológicamente todo los acontecimientos relevantes de la historia española, evitando reproducir lo que consideraba fábulas. Como las Advertencias de Mondéjar no se publicaron hasta 1746, Ferras no incorporó los aportes de éste a su obra y más bien aceptó de forma general el relato tradicional de los acontecimientos. Así, dio por buena las noticias sobre la Cava, la traición de su padre y la fecha de 718 como año en el que tuvo lugar la batalla de Covadonga, pero puso en duda las noticias sobre el castillo encantado de Toledo que abrió Rodrigo, la traición de los witizanos en Guadalete y la aparición de la Virgen a Pelayo antes de la batalla.

Mas interesante que estos datos puntuales es, sin embargo, la identificación del autor con España, con los cristianos del siglo VIII y con su empresa restauradora en términos "nacionales". El tomo III, que contiene los sucesos que nos ocupan, se abre con una dedicatoria al príncipe de Asturias Luis I de Borbón, en cuyo primer párrafo expresa:Los primeros reyes, que después de inundada nuestra España y dominada casi del todo de las armas de los califas de Damasco, empezaron a liberarla del pesado yugo Mahometano, más armados de la fe que de el valor; más de la confianza que de la multitud; más de la justicia de la causa que de el arnés y el escudo, no tuvieron otro título que el de Asturias; porque el dominio de el primer restaurador de las ruinas del Imperio Gótico don Pelayo, sólo se ciñó a las asperezas de las Asturias y montañas que confinan con el océano septentrional de nuestra provincia, dando principio el cielo a este reinado, con la protección de María Santísima, peleando por los cristianos la tierra, el aire y el agua, para que por todos se reconociese cuan estable había de ser la monarquía, cuyos cimientos eran tan soberbios prodigios.

Añadió al título de Asturias el de Galicia Don Alonso el Católico, que no sólo restauró la mayor parte de esta Provincia, sino que bajando con sus tropas las faldas de las montañas, echó de ellas a los Mahometanos que las habían ocupado y sólo con estos dos títulos se honraron sus sucesores hasta don Ordoño I, que dejando los títulos de Asturias y Galicia, tomó el de León, poniendo en esta ciudad su corte.

[En esta historia] V.A. [verá] la religión, la justicia, el valor y grandeza de ánimo de sus reales progenitores, como lo dicen tantas fundaciones de iglesias y monasterios, tantas batallas ganadas de los mahometanos y tantas ciudades y territorios recobrados de ellos, cuyas heroicas acciones pueden formar un perfecto modelo de el más religioso, justo y valeroso príncipe... [39]

Ferreras menciona en este párrafo dos conceptos fundamentales para la génesis del concepto de Reconquista: el primero es el de "nuestra España"; el segundo el de "recobrar territorios". Hasta entonces, los diversos autores se habían referido a los cristianos que habitaban en Asturias como "los nuestros", fundando el vínculo más en la identidad religiosa que en la política. Ahora el autor habla claramente de España como una entidad política, considerando al reino visigodo y a "su España" como una y la misma cosa que pertenece, por supuesto, a los españoles [40] y que, en consecuencia, debe “recobrarse” y no sólo "restaurarse". Por otra parte, en el contexto de la época "marcada por el cambio dinástico" no deja de ser significativo que la legitimación de la monarquía hispana no se construya ya "o no sólo" sobre la herencia teórica de la monarquía visigoda, sino casi exclusivamente sobre la lucha contra el Islam y la recuperación del territorio.

Prueba también del inicio de la acuñación de un nuevo concepto es el hecho de que Ferreras utiliza de forma ambigua el término restauración, pues ya no lo emplea sólo para referirse al proyecto político de restaurar el otrora poderoso reino visigodo, ni lo utiliza sólo para referirse a la lucha por recuperar la libertad, sino que también lo utiliza para mencionar la restauración de una diócesis episcopal [41] "a partir de la cual se organizaría un territorio" o para referirse a la conquista de una ciudad o paraje [42].

Todas estas ideas vinieron a concretarse en un opúsculo publicado en 1780: la Historia verdadera de la pérdida y restauración de España por don Pelayo y don García Jiménez de Aragón, escrito por Jospeh Manuel Martín [43]. Más importante que la mención de las ideas de Mondéjar sobre la falsedad de algunas noticias, es el hecho de que el texto refleja, a nuestro modo de ver, el surgimiento de una conciencia "nacional" en la que ya no hay ni visigodos, ni astures, ni cántabros, sino españoles [44].

Tras haber dejado constancia de todas la vejaciones sufridas por los cristianos durante la invasión musulmana y de cómo Pelayo "a quien hace nieto de Chindasvinto" había levantado bandera contra los musulmanes tras el rapto de su hermana, Martín asegura que el recién proclamado rey convocó a toda la gente que pudo, de tal suerte que ...llegáronse muchos cristianos que todos deseaban lo mismo, a los cuales con santas amonestaciones les puso en los ánimos nuevo esfuerzo y deseo de libertad, como también de tomar venganza de los agravios hechos a la Nación Española, Religión Cristiana, su cruz y a Dios [45].

Martín, como lo refiere el título, escribe con cierta extensión sobre lo que pasó en los Pirineos, dando por primera vez la misma importancia a la participación de los cristianos occidentales en la restauración. Sin embargo, va más allá en la construcción de la idea de recuperación territorial y dice que la noticia de los triunfos de Pelayo y García llegó al pontífice Gregorio III, quien ... envió una bula aprobando la elección que los Asturianos hicieron en Don Pelayo y los navarros en Don García. Merecido blasón para estos cristianísimos reyes puesto que abrieron el camino a sus sucesores para recuperar todo lo perdido por los Godos.[...] No se recobró palmo de tierra que no costase una hazaña, no se podía adelantar un paso, sin que las manos abriesen camino a los pies [...] en el empeño de la guerra de España, común a la triunfante milicia del Empireo, porque juntándose en los españoles los dos motivos del amor y la libertad, y el cielo de la religión, cuanto para si ganaban de terreno, tanto aumentaban al cielo de culto [46].

Así pues, en una pequeña obra, aparecía una nueva idea: la de que la lucha contra los musulmanes había sido una lucha a favor de la libertad y la religión "como hasta entonces se planteaba" pero también una lucha por recobrar y recuperar el territorio perdido.

El siguiente paso importante en la construcción de una nueva interpretación lo dio el jesuita Juan Francisco Masdeu con su célebre Historia crítica de España y de la cultura española (47). En los volúmenes consagrados al fin del reino visigodo y al inicio de la dominación musulmana, el docto historiador arremetió de nuevo contra aquellos elementos del mito de la pérdida de España sobre los que Mondéjar había hecho ya algunas advertencias: las malas acciones de Witiza y la violación de la Cava. Sobre el primer personaje le interesa resaltar que sólo la noticia de su lujuria podía ser tenida por cierta, en tanto que todas las demás eran fábulas inventadas con posterioridad; sobre la hija de Julián opina que no es sino "...una novela ridícula, formada en los tiempos de los romances" [48].

En su exilio italiano Masdeu había entrado en contacto con una pléyade de pensadores y escritores ilustrados que veían con escepticismo las interpretaciones de la historia de España que circulaban hasta el momento. Por lo tanto, su objetivo no era denostar la historia española tachando de falsedades lo que hasta entonces se tenía por cierto sino, justo lo contrario, exaltarla a partir de la eliminación de las fábulas que fueron reelaboradas en el siglo XVI situándola, al mismo tiempo, en una dimensión racional. Así, al eliminar la explicación moral y providencialista de la invasión musulmana, nuestro autor –que pedía no "...ir a buscar razones fabulosas y vanas de la pérdida de España..." ponía el énfasis en la ambición musulmana que aspiraba a apoderarse de las riquezas de la Península y que aprovechaba en su beneficio las luchas políticas en el seno de la oligarquía visigoda [49]. Por estas mismas razones, la justa de los españoles "que ya no cristianos" se convertía en una lucha digna de toda exaltación, pues combatían por recuperar algo de lo que habían sido injustamente despojados [50].

La construcción historiográfica del inicio de la lucha de la Restauración es plenamente coherente con este esquema interpretativo y así Masdeu nos dice que por ausencia de Athanaildo, a quien considera el legítimo rey tras la muerte de Rodrigo, los cristianos reunidos en Asturias eligieron a Pelayo por monarca. Cuando las autoridades musulmanas tuvieron noticia de la proclamación enviaron a Asturias un ejército encabezado por Alcama "...para echar de allí a los Españoles que no querían reconocer el dominio mahometano" [51]. Pelayo, al conocer esta expedición se refugió en Covadonga con sus tropas y les arengó con un discurso en el cual quedó perfectamente establecido que los que resistían en Asturias ya no eran dos o tres pueblos distintos "godos, astures y cántabros" ni solamente cristianos, sino los españoles [52]. La batalla de Covadonga fue, por supuesto, favorable a los españoles, pero Masdeu se cuida de afirmar que muchas noticias eran dudosas. Al finalizar el relato sobre Pelayo con su muerte, Masdeu no duda en darle el título de "Restaurador de la libertad de los españoles", prueba fehaciente de que una nueva corriente de interpretación estaba en vías de consolidación. Masdeu, pues renovó el discurso y la interpretación sobre la invasión musulmana, la batalla de Covadonga y el inicio de la restauración, imprimiéndole un carácter "nacional" variando el fondo del discurso elaborado por Morales y Mariana: para éstos, la restauración era una lucha de los visigodos y asturianos por recuperar la libertad y el honor; para Masdeu la restauración era la lucha de los españoles por reestablecer el orden [53] y recuperar la nación de la que habían sido despojados por unos invasores codiciosos.

De este punto a la aparición de la idea de "reconquista" sólo había un paso. El paso lo dio el valenciano José Ortiz y Sanz (1739-1822) en su Compendio cronológico de la historia de España [54]. La obra de Ortiz fue un nuevo intento por recomponer los cimientos de la historia española y por escribir la verdad eliminando las fábulas que circulaban en la historia. Así pues, su objetivo, al igual que el de Masdeu, era exaltar la historia de España pero ciñéndose a la verdad. Su interpretación, sin embargo, se alejó poco de la visión tradicional y al hablar en su prólogo de las sucesivas invasiones que sufrió España, dice que ésta pasó de los romanos a los godos; y por último, de éstos a los árabes; de cuyo poder la recobraron poco a poco sus legítimos dueños a costa de millones de vidas. Obra por cierto prodigiosa que completaron nuestros abuelos, acaudillados por los Reyes Católicos... [55]

Al lector no se le escapará, empero, el matiz que encierra el párrafo con respecto a la postura hasta entonces asumida: la lucha contra los musulmanes ya no es una "restauración", ahora es, de nuevo, una "recuperación".

La novedad del texto de Ortiz para nuestro estudio radica en que en el último capítulo (XIV) del tomo segundo (editado en 1796), consagrado a los tiempos visigodos, el autor glosa una vez más el lamento por España de Isidoro Pacense y cuenta como se completó la conquista de la Península. En la última línea del último folio, aparece, por primera vez, la palabra que ha motivado esta investigación: Muerto Abdalazis[...], vino Gobernador en propiedad por el Califa solimán, un tal Alhor o Alahor. No quedando en España cosa de importancia por conquistar, y deseando Alahor señalase en facciones como Tarik y Muza, llevó sus armas a la Galia Gótia. Apoderóse de ella con poca dificultad, no habiendo quien acaudillase a los Godos que había. Huyeron por varias veredas a las Asturias, estimando más la religión y la libertad, que los pechados bienes que les podrían quedar en sus tierras, poco menos que cautivas. Estas y otras muchas gentes que por la misma causa se iban refugiando en las asperezas de Asturias, llegaron a dar aliento para ponerse en defensa del enemigo común por si ventura quería buscarlos aún en aquél ángulo de España.

Los males, cuando son extremos, suelen hacer valerosos aún a los más avilitados. Así sucedió entonces; pues la desesperación, la pena de ver la patria perdida, y sobre todo, la Religión y los favores del cielo, los animó a pensar no sólo en defenderse, sino también en reconquistar la patria de mano del enemigo, como veremos en el tomo siguiente [56].

El problema que se nos plantea es cómo interpretar este término. Con base en todo lo expuesto hasta aquí, creemos que existen dos opciones posibles: la primera, que se trate simplemente de la utilización de un sinónimo del término "restauración" utilizado desde la Edad Media; la segunda, que se trate de una nueva concepción en la que se hace explícita no sólo la noción de patria, sino la noción de que la identidad española se construye a partir de una recuperación ya no sólo de la libertad y el honor perdidos, sino también y fundamentalmente del territorio.

Creemos que la primera hipótesis puede ser descartada por el hecho de que el término restauración, lo hemos visto, hace referencia al reestablecimiento de la monarquía, de la libertad, de la religión, de la administración civil y religiosa y, en una palabra, del orden gótico. Según hemos visto, en esta concepción la conquista militar queda relegada a un segundo plano como condición previa sin la cual no puede realizarse lo verdaderamente trascendental la restauración del reino visigodo. De seguir esta concepción, Ortiz hubiera utilizado, creemos, sin ningún problema un término ya sancionado por los siglos y perfectamente entendido por todos.

Ahora bien, según hemos visto en las obras de Ferreras, Martín y Masdeu, el concepto de nación y patria ha ido ganando espacio, lo mismo que la idea de identificar plenamente a los soldados que participan en Covadonga como españoles.

También hemos visto como se utiliza con mayor frecuencia el término "recuperar". Por todo ello nos inclinamos a pensar que la utilización de este término, que pudo ser más o menos consciente, está relacionada con una nueva forma de interpretar la lucha contra el Islam basada, a su vez, en las nuevas circunstancias históricas, políticas y culturales del momento en el que Ortiz escribe.

Ello no significa, sin embargo, que de un día para otro esta concepción cambiara, ni que de entrada se desplazaran los componentes religiosos y honoríficos a un segundo plano sino que, durante mucho tiempo perviviría la utilización del término "restauración" para referirse a la lucha contra los musulmanes y la reconstrucción de la España cristiana, por lo que el uso del término reconquista se reservó, en principio, a la conquista militar de una ciudad.

La prueba más evidente de las anteriores observaciones las ofrece el propio Ortiz en las páginas que consagra a la batalla de Covadonga, las cuales conforman los primeros capítulos del tomo tercero de su Compendio (57). Tras invitar Oppas a Pelayo a que se rindiese, éste contestó:Jamás (o perdido y mal Obispo Don Oppas) haré yo paz con los sarracenos, ni me sujetaré a su imperio. Parece que tú no conoces que la Iglesia del Señor es comparada a la Luna, la cual aunque padece menguantes, presto vuelve a recobrar su lleno de luz y plenitud primitiva. Quantos aquí ves estamos bien confiados en la misericordia del Señor, que de este montecillo que miras ha de salir la reparación de España y reyno de los godos. Cumplirase en nosotros la sentencia del Profeta que dice: Visitaré con trabajos sus culpas, y sus pecados con el azote: pero no los apartaré de mis piedades y misericordia. Así, aceptando humildemente por nuestros pecados la rigurosa sentencia y castigo, esperamos de su misericordia la restauración de la Iglesia y reyno Godo, animados de la qual, despreciamos y nada tememos esa muchedumbre de paganos [58].

Tras alcanzar la victoria en Covadonga con alguna participación divina, Pelayo derrotó a Munuza en el valle e Olalles, librando a Cantabria y Asturias de los mahometanos.

Así, según Ortiz, concurrió de nuevo tanto número de Cristianos, que comenzaron a fundar lugares, y poblar los que se hallaban desiertos en todos aquellos montes de Cantabria, Asturias, Lugo, León, etc. restaurando las Iglesias y el culto divino, en los que se emplearon los años siguientes [59].

El relato histórico de Ortiz -interrumpido por una larga disquisición en contra de las ideas de Mondéjar y Masdeu- prosigue con el reinado de Favila y de Alfonso I.

Es aquí donde se hace más evidente el juego entre la utilización de los términos "restaurar, conquistar, ganar y tomar", más como sinónimos que como conceptos diferentes. La única diferencia clara parece ser el término "restablecer", pues sin lugar a dudas hace alusión a la reimplantación del cristianismo. Así pues, hablando de las conquistas de Alfonso I, dice Ortiz:La primera ciudad que ganaron fue Lugo. Dirigiéronse luego a Tui, a Braga y Porto, ganándolas con maravillosa presteza, como igualmente los pueblos menores que mediaban. Siguieron sus victorias en la Lusitania tomando a Viseo, Flavia (hoy Chaves o Aguas Flavias) y otras plazas importantes. Apoderéronse también de Astorga como más cerca de las Asturias. Los años delante continuó Don Alonso sus conquistas [el subrayado es nuestro] contra los Moros con igual felicidad que la primera jornada. Quitoles en ellas las ciudades de Salamanca, Ledesma, Zamora, Ávila, Segovia, León, Saldaña, Amaya, Simancas, Auca, Revenga, Miranda, Ceniceros, Trasmiera, Carbonera, Osma, Clunia, Sepúlveda y otras muchas, además de castillos y lugares menores. Tomó también los Campos Góticos, que es lo que llamamos tierra de Campos, que incluyen el Pisuerga, el Carrión y el Duero. Tan rápidas y dilatas conquistas hacen ver la poca guarnición que los Moros tenían en aquellas plazas, ocupados en revoluciones Africanas, y que los Españoles pecheros que había en las ciudades a donde llegaba el ejército Cristiano, tomaban las armas contra sus opresores, y recobrando la libertad perdida, se iban con el Rey a las plazas fuertes, ya que no podían por falta de gente poblar ni mantener las que distaban mucho de Asturias.

Con esto fue el rey poblando todo el territorio de Liébana, Trasmiera, Suporta, Primorias, Vardulia, las marinas de Galicia, Álava, Vizcaya, Orduña, Pamplona y otras. En todas iba restableciendo el culto divino, construyendo y dotando Iglesias y poniendo obispos en las principales [60].

Veamos ahora las variaciones que hay en el mismo párrafo en la edición de 1841. ...la primera [ciudad]que tomaron fue Lugo de Augusto, que es la que hoy persevera[...] Desde Lugo marcharon a Tuy por la via de Orense, a Braga y Porto, atravesada toda Galicia, y con una prontitud admirable se apoderaron de ellas y pueblos del camino. Siguieron sus armas victoriosamente en Lusitania, donde tomaron a Viseo, Flavia y otras plazas importantes, y al regreso también Astorga. En años adelante continuó don Alonso sus reconquistas [el subrayado es nuestro] con felicidad en sus jornadas como la primera. Quitó a los moros las ciudades de Salamanca, Ledesma, Zamora, Avila, Segovia, León, Saldaña, Simancas, Amaya, Oca, Revenga, Miranda, Ceniceros, Trasmiera, Carbonera, Clunia, Osma, Sepúlveda y otras muchas además de los castillos y pueblos menores[...] Ganóles por fin los campos godos, que es lo que hoy llamamos Tierra de Campos, inclusa entre el Pisuerga, Carrión y Duero. Tan rápidas y dilatadas adquisiciones indican la poca guarnición que los moros tenían en sus plazas, ocupados sus ánimos en las revoluciones del África que ya notamos. No menos podemos inferir que los cristianos pecheros que en ellas habían tomado las armas contra sus opresores, y recobrando sus derechos se iban con el rey a las plazas fuertes, no pudiendo repoblarlas todas por la falta de gente, mayormente las muy apartadas de las Asturias. [Así, con los cristianos liberados] fue don Alonso poblando el territorio de Liébana, Trasmiera, Suporta, Primorias, lo litoral de Galicia y las provincias Vascongadas; reestableciendo en todos el culto divino, construyendo templos y poniendo obispos donde convenía [61].

No varía el fondo pero si la forma. El lector habrá notado la sustitución de la palabra "conquista" por "reconquista". Entre la primera y la segunda edición median poco más de cuarenta años que vieron el surgimiento de unas Cortes liberales, la invasión napoleónica, la restauración del absolutismo, la independencia de casi todas las colonias americanas y varios golpes de estado. No podemos saber si la sustitución la hizo el propio Ortiz o, por el contrario, fue obra de los editores. Y lo que es peor, por el contexto en el que están insertas no podemos hacer un juicio sobre el sentido que encierra la sustitución, pues no queda claro si sólo se utiliza como sinónimo o para evidenciar un significado distinto que se da a la conquista militar. En cualquier caso, lo importante es que a finales del siglo XVIII el término "reconquista" hizo su aparición en la historiografía hispánica.

Sería labor de los escritores románticos y nacionalistas del siglo XIX dotarlo de un nuevo sentido.

BIBLIOGRAFÍA

24) MESA, Cristóbal de: La restauración de España, Madrid, Casa de Juan de la Cuesta, 1607, 186 p.; VILLASEÑOR, Fray Juan de: Historia general de la restauración de España por el santo rey Pelayo, apariciones de cruces bajadas del cielo, varias noticias históricas de imágenes en diferentes reinos, sus orígenes y descubrimientos, aparecimiento de nuestras Señora de Atocha, con los singulares favores que ha hecho a todos los reyes de España hasta el católico monarca Carlos Segundo que Dios Guarde, Madrid, Roque Rico, 1684, 491 p. A pesar de lo sugerente del título lo cierto es que el autor, dominico, se consagra a estudiar la relación de la Virgen y la Cruz con la orden de Santo Domingo. Dentro de este marco, el autor dedica unas cuarenta páginas a contar los milagros hechos por la Virgen y la Cruz para lograr la restauración de España a lo largo de los siglos, en especial a las apariciones de ambas en la batalla de Covadonga, fs. 115-140. Lo trascendental del asunto es el hacer de Pelayo un santo, sacralizando su imagen y, por tanto, la gesta que encabeza.

25) WULFF, op. cit., p. 62.

26) SANDOVAL, Prudencio de: Historia de los reyes de Castilla y León: Don Fernando el Magno, primero de este nombre, infante de Navarra, Don Sancho, que murió sobre Zamora, Don Alonso Sexto de este nombre, Doña Urraca, hija de Alonso Sexto y Don Alonso Séptimo, emperador de las Españas, sacadas de los privilegios, libros antiguos, memorias, diarios, piedras y otras antiguallas, con las diligencias y cuidado que en esto pudo poner D. Fr. Prudencio de Sandoval, Obispo de Pamplona, dirigida al rey Don Felipe Nuestro Señor, Pamplona, Carlos Labayen, 1615 [Trabajamos con la edición de B. Cano publicada en Madrid en 1792]; SAAVEDRA, Diego: Corona gótica, castellana y austriaca, Amberes, Casa de Jerónimo y Juan Bap, 1658 17 + 513 p. y NÚÑEZ DE CASTRO, Alonso: Corona gótica, castellana y austriaca políticamente ilustrada y continuada por don Alonso Núñez de Castro, 3 vols., Madrid, Andrés García de la Iglesia, 1658-1677 [Edición realizada con base en los manuscritos póstumos de Saavedra y las propias notas de Núñez de Castro. En 1789 Benito Cano publicó en Madrid una nueva edición de la obra en un solo volumen].

27) En este sentido, la Corona gótica, castellana y austriaca del diplomático Diego Saavedra Fajardo, plenipotenciario de Felipe IV en el congreso de Münster que pretendía sellar la paz entre las naciones europeas, es un claro alegato histórico-político que pretendía mostrar ...claramente los derechos legítimos en que se fundó el Reino y Monarquía de España y los que tiene a diversas provincias, los cuales consisten más en la verdad de la historia que en la sutileza de las leyes op. cit., p. 3. Muchas páginas más adelante, logró cristalizar estás ideas de forma insuperable en un párrafo contundente: Grandes fueron los trabajos y calamidades con que Dios apuró la constancia de la nación Española, primero en el yugo de los Romanos, después en el de los bárbaros y últimamente en el de los africanos. Pero quien con atención cargare el juicio sobre aquellos sucesos, hallará que en la misma servidumbre ganó España mayor fama que las demás naciones en la dominación, por que los fragmentos de Numancia, y las cenizas de Sagunto le dieron más gloria que a Roma sus triunfos y obeliscos. Vencida fue España de los alanos, vándalos, suevos y godos que la acometieron juntos, pero vencida venció sus ánimos feroces y los sujetó al yugo suave de la Iglesia. Pisaron los Africanos la cerviz de España por la flojedad de los godos, extinguidos ya en el ocio sus espíritus marciales, pero después pocos españoles retirados en los montes bajaron a las llanuras, y siempre desnuda la espada por el espacio de ocho siglos pelearon constantes en defensa de la libertad y de la religión, hasta que retiraron a África a los moros y ocuparon las costas de ella fundando la mayor Monarquía que se ha visto en el mundo. Ibid., p. 546.

28) Como más representativo reproducimos dos párrafos de la obra de Prudencio de Sandoval referidas a Fernando el Magno: En 1077 volvió el rey, hechas las conquistas de Portugal, por Tuy a Santiago, donde con devoción visitó al Apóstol, y porque los Moros no tuviesen descanso, ni atrevimiento de inquietar las tierras de Portugal, envió contra ellos parte de la gente de su ejército; y pasando a Duero, corrieron talando y robando las tierras de aquella comarca, que las historias antiguas llaman Extremadura[...] Ganaron y saquearon muchos lugares entre Duero y Tajo, dícelo así una memoria, aunque breve y confusamente[...] Vuelto el Rey Don Fernando victorioso y rico de la jornada de Portugal, quiso vengarse de la entrada que los Moros de Toledo y otras tierras de aquella comarca habían hecho en Extremadura, llamó a sus gentes, y juntó los más que pudo de sus reinos de Castilla, de León y otras provincias, y enderezó contra la villa de Gormaz, que era la parte por donde Castilla ordinariamente recibió mayores daños de enemigos. El rey combatió a Gormaz, y la entró y saqueó, y puso guarnición en ella; pasó adelante y ganó a Vado del Rey, Aguilera, Berlanga y otros pueblos de aquella comarca en la ribera de San Iuste y Santa María y Guarmeces. Derribó muchas atalayas que los moros tenían por allí para descubrir a los cristianos, si les corrían las tierras. Tomó otras fortalezas en el valle de Bargataras y Caracena hacia la parte de Medina-Coeli, que se habían hecho para recoger y guardar los ganados y labradores cuando sentían enemigos, y desmanteló los muros, echándolos por el suelo hasta los cimientos. Y no paró hasta llegar y correr los campos de Tarazona, poniendo gran espanto con su gente victoriosa a los Moros, en los cuales no había fuerzas para resistirle, porque su poder en estos días ya estaba flaco y dividido por los muchos bando y caudillos que en cada reyno y ciudad de toda la Morisma de España se habían levantado. Sandoval, op. cit., p.

29) Ambas citadas, vid.supra.

30) Mondéjar consideraba que ...así como la historia es maestra de la vida, es la Chronología, u conocimiento y orden de los tiempos, luz de la historia, sin cuyo esplendor, ni se percibe, ni persuade lo que enseña, y con ella se han hecho creíbles muchos sucesos, que desordenados por no convenir a la edad que referían, peligraban de inciertos, y con su apoyo permanecían seguros. Examen chronológico... Op. cit., p. 1.

31) Para su estudio, Mondéjar confrontó las cuentas de la Encarnación, de la Natividad, de la Era, la del reinado de Heráclio y la Hégira.

32) Ibid., p. 134.

33) Ibid., p. 4.

34) MONDÉJAR, Advertencias a la historia del padre Mariana, op. cit., Advertencia II, pp. 14-15: “El segundo reparo que se debe hacer a este capítulo -afirma-, se reduce a suponer que en ninguno de los Chronicones antiguos de Isidoro y de Dulcidio, ni en el Emilianense o de Albelda; así tampoco, como ni en el del rey Don Alonso el Magno, tercero de este nombre, que tantas veces cita Mariana, y son sólo los materiales seguros que permanecen de los sucesos de la pérdida de España, y de los tres siglos primeros subsiguientes a ella, hay memoria, ni del Conde Don Julián, ni de la Cava su hija; [...]Y tengo por sin duda esta fábula fingida y fraguada de los mismos Moros, de quienes recibieron sin reparo su noticia los nuestros, repitiéndola como verdadero suceso en sus cantares; de donde la copió como tal el Monge de Santo Domingo de Silos, que escribía en el siglo o­nceno, cuya copia tengo, así como el arzobispo don Rodrigo, Don Lucas de Tuy, la Crónica General y cuantos han escrito después.”

35) “Este cuento de Munuza, y su casamiento con la hermana de Don Pelayo, le tengo por fabuloso, aunque le refiera el Arzobispo don Rodrigo; porque, si fuera cierto, y único motivo del restablecimiento del nuevo Reyno que por él se originó en Pelayo, y del principio de la restauración y libertad de España, como habían de omitir su memoria el rey Don Alonso el Magno en el Chronicón que escribió , y de que tuvo copia el Padre Mariana, pues varias veces lo cita, ni Sampiro según asegura Morales, ni los tres cronicones, y el que con el nombre de Dulcidio publicó Pellicer, copiado de un códice antiguo que yo le di...”Ibid., pp. 42-43.

36) Ibid., p. 46.

37) Apoderados los Árabes enteramente casi de toda España –apunta Mondéjar–, y retiradas las Reliquias de los Católicos, naturales suyos, a la aspereza de sus montañas, luego que perdieron aquel horror que esparcía la fama de la violenta crueldad de los Infieles, se aplicaron a procurar los medios de sacudir aquél injusto e intolerable yugo, que temían padecer, antes que con el tiempo, radicado enteramente el Imperio de sus enemigos, quedasen sujetos a él, como se hallaban los que no se había acogido al refugio mismo; y resueltos a elegir cabeza a quien fiasen su defensa, pusieron los ojos en Don Pelayo, nieto de la Casa Real de los Godos, a quien con el título primero de príncipe suyo, y después de Rey, reconocieron como tal quantos fugitivos se hallaban esparcidos, y asegurados pro todas las asperezas, y dilatados espacios de las cumbres de nuestras sierras, el qual con maravillosos y patentes auxilios Divinos, empezó a restablecer aquella Monarquía, extinta de los Godos, que poco a poco llegó con no menos favores celestiales al supremo auge de su grande y poderosa Monarquía. Ibid., p. 247.

38) FERRERAS, Juan de: Synópsis cronológica de España o historia de España reducida a compendio y a debida cronología, 16 vols., Madrid, Impresor Francisco Villadiego, 1700-1727. Trabajamos con el volumen tercero, publicado en 1726.

39) Ibid., tomo III, pp. I-IV.

40) En algún momento de su relato, Ferreras, refiriéndose a Asturias, señala: Ninguna provincia de España nos puede competir en la gloria de haber sido los primeros, que con la ayuda de Dios, nos opusimos a las formidables armas de los sarracenos y dimos principio a restaurar la monarquía de nuestra nación[...] Dios, que castigó a España por sus pecados, quiso por su piedad y su clemencia reservar aquellos españoles en aquellas montañas para su reparación, y así no permitió a los mahometanos entrar en ellas con las armas. Ibid., p. 33.

41) Por este tiempo el rey Don Sancho y el infante don García de Navarra, restauradas Nájera, Viguera y toda aquella comarca que perteneció al obispado de Calahorra[...] trataron de erigir y restaurar aquella diócesis, eligiendo obispo para ella, que quisieron residiese en Nájera y fue consagrado por entonces por prelado Teudomiro[...]. Ibid., p. 307.

42) Al invadir España las fuerzas de Carlomagno –dice Ferreras– [...]se hallaron los mahometanos embarazados con tan poderosos enemigos[...], con que pudieron los reyes de Asturias sostenerse y empezar a quebrantar el orgullo de sus monarcas [musulmanes], restaurando los reyes cristianos lo que dominaban los mahometanos en lo que ahora llamamos Castilla la Vieja, reino de León, toda Galicia y parte de Portugal hasta Coimbra, continuándose después la Divina Providencia en la restauración de lo perdido. Ibid., p. 386.

43) MARTIN, Joseph Manuel: Historia verdadera de la pérdida y restauración de España por don Pelayo y don García Jiménez de Aragón, sacada de don Rodrigo, Morales, Pisa, Juliano y varios manuscritos antiguos, Madrid, Impresor Manuel Martín, 1780, 24 f.

44) Fernando Wulff dice, a propósito del surgimiento de los conceptos de “nación” y “colectividad” en la historiografía hispana del siglo XVIII, que son las nuevas formas “...en que en este mundo se articulan y redefinen los arcanos sentimientos-relaciones de pertenencia e identidad colectiva”. op. cit., p. 78.

45) MARTÍN, op. cit., p. 15.

46) Ibid., p. 23.

47) MASEDU, Juan Francisco: Historia crítica de España y de la cultura española..., op.cit. Vid supra nota 7. Debemos señalar aquí el aporte fundamental que para la historiografía significó la labor del padre Flórez y los continuadores de su España Sagrada, especialmente en la depuración y edición de las viejas crónicas. Con base en este material, el padre Fray Manuel Risco pudo componer unas Antigüedades concernientes a la región de los astures trasmontanos desde los tiempos más remotos hasta el siglo X.Establecimiento del reyno de Asturias y memoria de sus reyes. Fundación de la ciudad e iglesia de Oviedo, noticias de sus primeros obispos y examen crítico de los concilios ovetenses, Madrid, Oficina de Blas Román, 1789, 367 p. (España Sagrada, t. XXXVII) A pesar del título, la visión de Risco se apega a la interpretación tradicional de los acontecimientos –pecados visigodos, castigo divino, lucha por la libertad– por lo que no nos detenemos en él.

48) MASDEU, Historia de España y de la cultura española, op. cit., tomo X, p. 223.

49) A los Árabes, que ya tenían puesta la mira sobre España, y alguna que otra vez habían tentado la suerte [–piensa que hubo tres incursiones–], no podía presentarse mejor ocasión, y mucho más si los parientes y partidarios de Vitiza los llamaron en su ayuda. Añade, sin embargo, que esta noticia debe tomarse por dudosa por no aparecer en las fuentes contemporáneas; al hacer esta indicación, Masdeu eliminaba el argumento de la traición de Julián. Masdeu, Historia de España..., op. cit., tomo XII, p. 9.

50) La Historia de la España Árabe que empieza desde el reinado de Vitiza, –decía Masdeu en el prólogo al volumen XII– en cuyo tiempo formaron los Árabes el proyecto de conquistar nuestra Península,pudiera continuarse bajo el mismo título hasta la edad de oro de los esclarecidos Reyes Católicos, por cuyo valor y piedad, después de largo dominio de setecientos y ochenta años y medio, quedó enteramente aniquilado el señorío de los Infieles. Ibid., p. 1.

51) Ibid., p. 5.

52) Españoles esforzados –exclama Pelayo en su arenga, según Masdeu–, hijos de padres invencibles, la gloria de España, y aún la de Dios está toda en vuestras manos. Los enemigos del Salvador nos degollaron a hijos y padres, y nos robaron las mugeres, nos destruyeron las ciudades, nos quitaron las haciendas, nos echaron de nuestras casas: derribaron templos y altares, hollaron las imágenes santas, blasfemaron el nombre de Jesuchristo [...] ¿Qué teméis, Españoles, siendo amigos del Cielo y de la Justicia. Nuestras maldades ya se lavaron en la sangre de los que murieron. Claman ahora los mártires del cielo por la venganza de sus martirios; [...] Ibid., p. 55.

53) Al hablar de las conquistas de Alfonso I, Masdeu apunta que el rey se dedicó a renovar las ciudades, disponiendo poblaciones nuevas donde ya no las había, renovando ciudades y fortalezas, reestableciendo los templos y altares que el furor de los infieles había destruido y poniendo obispos y pastores donde se necesitaban. En otras palabras, el rey ocupó sus fuerzas en “restaurar” la organización del reino. Ibid., p. 62.

54) ORTIZ, José: Compendio cronológico de la historia de España, 7 vols., Madrid, Imprenta Real de Mateo Repullés, 1795-1803. Una segunda edición fue realizada en Madrid bajo el título Compendio cronológico de la historia de España, desde los tiempos más antiguos hasta nuestros días, 2.a ed., Madrid, 1841; en ella se incluyeron varios documentos y grabados así como un volumen consagrado a los reinados de Carlos IV y Fernando VII. Sin lugar a dudas, la obra de Ortiz satisfizo ampliamente al público de la época, por lo que en 1846 se realizó una tercera edición.

55) Ibid., vol. I, p. III.

56) Ibid., p. 192.

57) Publicado en 1797. Por otra parte, ya en su introducción afirma que España en la antigüedad estaba conformada por ...los reynos de Asturias, León y Castilla, hoy reynos de España, a quienes finalmente quedaron unidos el de Aragón, Granada y Navarra...., además de Portugal, dando clara muestra de que –como casi todos los letrados– concebía a España como una unidad territorial que se identificaba con la totalidad de la península Ibérica. Ortiz, Compendio..., t. III, p. 5.

58) Ibid., p. 5 Compárese con la edición de 1841: Jamás haré yo paz con los sarracenos, ni me sujetaré a su dominio. Parece que tu no sabes que la iglesia del Señor es comparada a la luna, la cual, aunque padece menguante, presto recobra el lleno de su luz primitiva. Cuantos aquí miras estamos bien confiados en la misericordia de Dios que de este montecillo que ves ha de salir la reparación de España y reino godo, cumpliéndose en nosotros la palabra del profeta: Visitaré con trabajos sus pecados, y sus culpas con el azote; pero no los privaré de mi piedad y misericordia. Por lo cual, aceptando humildemente por nuestro pecado la divina sentencia y castigo, esperamos de su misericordia la restauración del reino, con la cual animados despreciamos y en nada tememos a esa muchedumbre de paganos. t. III, p. 9.

59) Ibid, p. 9.

60) Ibid, pp 17-19.

61) Ortíz, Compendio... edición de 1841, op. cit, vol. III, pp. 74-76

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Publicado por foroabenhumeya @ 19:02  | Colaboradores
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