viernes, 30 de noviembre de 2007
Martín F. Ríos Saloma. (Tercera Parte)Departamento de Historia Medieval.
Universidad Complutense de Madrid
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5."RESTAURACIÓN Y RECONQUISTA": DOS PILARES PARA CONSTRUIR UNA HISTORIOGRAFÍA ROMÁNTICA Y NACIONALISTA (1810-1850)

La serie de transformaciones políticas, económicas y sociales que experimentó España durante la primera mitad del siglo XIX, sumadas al trauma provocado por la invasión napoleónica y el surgimiento de los estados nacionales en toda Europa, reclamaron la construcción de una identidad colectiva basada en nuevas pilares como los conceptos de "patria, nación y Estado-nación". La burguesía que se hizo con el poder político buscó en la historia el vehículo para construir estas nuevas identidades, las cuales se basaron en la identificación y exaltación de los rasgos o procesos que diferenciaban a unos grupos de otros [62].

De esta forma, Pelayo, la batalla de Covadonga y la lucha contra los musulmanes se convirtieron, una vez más, en los elementos sobre los que se sustentó la creación de la moderna identidad colectiva española. Por encima de sus diferencias locales o regionales, todas las provincias españolas fueron incorporadas bajo una sola nación y fueron dotadas de un pasado común que las que las diferenciaba de las otras naciones europeas y cuyo aspecto más significativo había sido la lucha por reconquistar la patria de los invasores musulmanes. Sin embargo, en la construcción de esta identidad colectiva no sólo participaron historiadores "que en muy pocos casos fueron sólo historiadores" sino también literatos de mayor o menor renombre que a través del relato de los episodios nacionales recrearon el pasado, dotándolo de vivos colores y de fervores patrios.

Las tres primeras décadas del siglo XIX están marcadas por la ausencia de trabajos consagrados a estudiar la restauración de España, por lo menos hasta 1841 en que se publicó la segunda edición del Compendio cronológico de la historia de España de José Ortiz y Sanz con las modificaciones que ya hemos mencionado.

Este silencio se explica fácilmente por las circunstancias políticas del momento ya que la producción historiográfica durante estos años estuvo marcada por las circunstancias y los intereses de la época.

La única voz que ha atraído nuestra atención se alza desde el otro lado del mar. En 1810 se publicó en la ciudad de México un opúsculo que había aparecido el año anterior en Santiago de Compostela titulado Patriotismo y gloriosas empresas del Excelentísimo Marqués de la Romana en la reconquista del reino de Galicia (63). El texto recoge las notas publicadas el 9 de agosto de 1809 en un periódico llamado El patriota compostelano y un suplemento de los días 7 y 9 de agosto de 1809 acerca de las acciones del Marqués de la Romana durante la invasión napoleónica.

Según las notas, de la Romana apoyó a las tropas francesas en la conquista de Dinamarca, equivocándose quizá al apoyar a Napoleón. Estando en Dinamarca recibió la noticia de que los franceses querían conquistar España y se embarcó junto con sus tropas a Galicia, combatió a los invasores franceses y liberó Santiago de Compostela de sus opresores.

La intención del autor, o del editor, al sacar a la luz este pequeño texto era dar a conocer las acciones de un valeroso general español. En el prólogo de la obra se establece claramente el juego entre el viejo término de restauración y los nuevos significados que comienza a adquirir la palabra reconquista, si bien ésta no se menciona:Aunque el nombre del Exmo. Sr. Marqués de la Romana nos había dado la idea de uno de los restauradores más ilustres del decoro y de la libertad española, y de un personaje que había llenado la Europa de un acontecimiento de los más heroicos que presenta la historia del patriotismo, y de la sensibilidad nacional; a pesar de esto, de sus últimos esfuerzos, y la gloria de sus últimas empresas, estaban envueltos en la oscuridad para un público siempre reconocido a los grandes sacrificios y a las prendas sublimes [64].

A lo largo de las doce páginas no se emplea tampoco el término reconquista, pero su utilización en el título sobra y basta para ponderar la aceptación que el término había experimentado y el sentido que se le asignó: los franceses habían conquistado un territorio que no les pertenecía y los españoles lo habían recuperado, es decir, lo habían reconquistado. Así queda claro que el término "restauración" se refiere a la restauración de la libertad, mientras que el término "reconquista" hace referencia, en este caso, a la apropiación militar de un territorio que estuvo en manos del invasor y, por lo tanto y prolongando la reflexión, la reconquista es una liberación de España. En este sentido, es muy interesante y revelador que uno de los artículos traiga a colación el recuerdo de las invasiones vándala y musulmana sobre Galicia, asociando a los franceses con estos antiguos invasores:Gloria pues al Marqués de la Romana; gloria a sus valerosos generales; su nombre sea grato y eterno en Galicia, en España, en toda la Europa, mientras dure la memoria de la irrupción de los vándalos y árabes de la Galicia [65].Además, al final de la nota, el autor exalta la figura del marqués como un ejemplo a seguir por toda España recurriendo al repertorio de ideas, conceptos y metáforas acuñadas alrededor de la invasión musulmana y la restauración de España en los siglos anteriores [66].

Hubo que esperar hasta el advenimiento de Isabel II (1843-1868) y la estabilidad que su reinado que otorgó para que la elite política y económica pudiera aprovechar sus ratos de ocio en leer y escribir historia. Sin duda, la obra que marcó un hito fue la Historia de España desde los tiempos más remotos hasta nuestros días de Modesto Lafuente (1806-1866), cuyo primer volumen apareció en Madrid en 1850 [67]. Ésta se nos presenta como el resultado de importante esfuerzo personal por comprender la totalidad del proceso histórico español desde un punto de vista humano, crítico, secular y libre de explicaciones providencialistas.

La obra está precedida por un interesante prólogo y por un largo "Discurso preliminar" el que plantea los motivos que le llevaron a escribir esta nueva historia de España, la filosofía que rige su obra y el método que siguió. A pesar del interés que tiene este discurso para la historia de la historiografía española, por falta de espacio, debemos ceñirnos al asunto que venimos tratando [68]. Tras hacer un balance sobre el mundo antiguo y afirmar que es una historia que se conoce poco y mal, Lafuente pasa al "estado de la cuestión" sobre la historia medieval y en particular sobre los orígenes de la reconquista, ponderando y valorando tanto a los autores medievales como a los modernos. En este balance vemos aparecer por primera vez la concepción de la reconquista como una empresa nacional, es decir, como un proceso histórico:Otro tanto tenía que acontecer cuando la irrupción sarracena volvió a reducir lo poco que pudo salvarse de la España cristiana al estado de infancia de las sociedades.

En los primeros siglos de ese esfuerzo gigantesco a que damos el nombre de reconquista, otros obispos y otros monjes, los que tenían la fortuna de vivir en algún rincón un tanto apartado del estruendo de la pelea, anotaban en breves y descarnadas crónicas los sucesos de más bulto con la rapidez y el desaliño que la rudeza y la inseguridad de los tiempos permitía. [...] La posteridad sin embargo ha tenido mucho que agradecer a aquellos anotadores de hechos, y serán siempre de un precio inestimable los trabajos de Isidoro de Berja, testigo de la gran catástrofe, de Sebastián de Salamanca, de Sampiro de Astorga, de Pelayo de Oviedo, de Lucas de Tuy, y del arzobispo don Rodrigo [69].

La reconquista, un esfuerzo gigantesco. ¿Cómo llegó Lafuente a concebir de esta forma a la Reconquista? ¿Se puede trazar una línea directa a partir de la tímida insinuación que hizo José Ortiz en 1796? ¿Es posible que sólo la lectura de la segunda edición de Ortiz, que ya conocemos, permita a nuestro autor hablar de la Reconquista de esta forma? O, por el contrario, ¿es esta una concepción ya generalizada y utilizada por otros autores?

Todas estas son cuestiones difíciles de resolver. Es muy probable que haya sido el propio Lafuente, al plantear una nueva visión de la historia, quien dotara de mayor contenido a un término que ya se venía utilizando con anterioridad, pues por la forma en que está redactado el párrafo podría entenderse como una nueva propuesta de conceptualización. Sin embargo, no olvidemos que la segunda edición del Compendio cronológico tuvo tanto éxito que en 1846 apareció una tercera, cuatro años antes que fuera editada la historia de Lafuente, por lo que el mérito de la difusión tanto del concepto como de su significado primero "conquista militar" correspondería a los editores decimonónicos de Ortiz. Por otra parte, tanto la introducción como el "Discurso preliminar" están redactados en primera persona y no tendría sentido cambiar esta primera persona por la utilización de un plural "al que llamamos", de tal suerte que lo más probable es que para entonces el término "reconquista" haya sido utilizado de forma regular por un colectivo. Sólo una investigación más profunda que pretendemos desarrollar al respecto puede darnos la clave al mostrarnos qué tan extendido estaba el término reconquista en la cuarta década del siglo XIX [70].Los problemas que nos plantea la obra de Lafuente no terminan aquí, sino que continúan con el uso ambiguo que hace del término "reconquista". En el propio Discurso preliminar, al plantear sus ideas sobre el devenir histórico, expone el problema que existía para establecer y definir lo que hoy llamamos Edad Media y los problemas de incomprensión histórica que ello generaba "y genera" en su época:La historia de España "apunta" ofrece sin embargo periodos naturales en las invasiones que cuenta. Pero hay uno entre ellos, el de la dominación sarracena, que pienso nadie ha clasificado con exactitud y propiedad, ni es tan poco fácil hacerlo.

Desígnase comúnmente con el nombre de España árabe, y no lo es desde que remplazó al imperio de los árabes el de la raza africana y mora. Tampoco es la España musulmana, ni la España bajo la dominación de los sarracenos, desde que las armas cristianas se hicieron dueñas de la mayor parte del territorio español para no volverle a perder. Ni puede decirse la España cristiana desde la época en que se declaró la victoria y la superioridad en favor de los defensores de la cruz, porque cristiana ha sido la España antes y después de la reconquista. En la dificultad de comprender bajo una misma denominación ese largo y complicado periodo, he hecho de él tres divisiones, sirviéndome de pauta aquellos acontecimientos notables que alteraron sustancial y ostensiblemente la situación de los reinos, y de base las vicisitudes esenciales de la corona de Castilla en que vinieron a fundirse las demás [71].

¿A qué se refiere Lafuente con un "antes y después de la reconquista"? ¿Acaso a ese "esfuerzo gigantesco" que fue la lucha contra los musulmanes? ¿O acaso sólo a un momento concreto? ¿O, más bien, a un periodo?

Las claves pueden encontrarse en los volúmenes que dedicó a la caída del reino visigodo y al inicio de la Restauración. En el primer caso [72], la aportación principal de nuestro autor no es tanto la novedad de su interpretación, que continúa sobre la línea trazada por Mondéjar y Masdeu aunque con matices, sino el tono con el que explica la caída de los visigodos y el comienzo de la lucha pues es un tono mucho más nacionalista, en el que se conjugan los sentimientos de independencia y patriotismo.

Así, la Restauración-Reconquista, ya no es una lucha por el "amor a la libertad", ni para librarse de un "pesado yugo", ni para terminar con esa condición de semi-esclavitud de la que hablaban los autores de los siglos XVI y XVII, sino que "en una clara relación con el trauma provocado por la invasión napoleónica" la guerra contra los musulmanes se entiende como una guerra de independencia, tal como lo había sido la lucha iniciada en 1808. La relación entre ambas independencias nunca llega a expresarse de forma clara, pero los elementos del relato de Lafuente permiten ver una evolución en esta línea de interpretación que vimos aparecer en el panfleto sobre el marqués de la Romana.Volviendo al relato de la invasión musulmana, Lafuente parte del principio de que "...es un error atribuir la caída del reino godo a los vicios y demasías de Witiza y a los excesos y debilidad de Rodrigo" [73], pero no por ello deja de hacer de los vicios y de la debilidad una de las causas por las que un pueblo, otrora fuerte, resiste tan poco "...al empuje de un pueblo vigoroso y fuerte..." [74] Por otra parte, después de leer todos los argumentos a favor y en contra de la violación de Florinda,

Lafuente señala que para la explicación histórica de la invasión la violación de la hija de Julián carece de importancia porque ...con él y sin él nos sobran causas para explicar el suceso de la invasión de los árabes, y creemos de todos modos, por las razones que vamos a exponer, se hubiera verificado [75].

Cuatro serían estas razones:
a) La ambición personal de Muza de expandir sus conquistas personales y franquear el mar
b) lo fértil, cálido y rico de las ciudades peninsulares
c) el odio los judíos emigrados a África contra los visigodos que por venganza se confabularon con los invasores y conspiraron contra España
d) la instigación hecha a Muza por los partidarios de Witiza para que invadiera España y les ayudara a restituir a su bando en el gobierno.

Lafuente recreó la batalla de Guadalete [76], con vivos colores y arengas fervientes según el modelo conocido y llora a su modo el que "... el monarca y la monarquía goda [hayan] quedado a un tiempo ahogados en las ensangrentadas aguas del Guadalete" [77] y apunta que "...ya no se vuelve a hablar de reino godo; ya no hay godo-hispanos, ni hispano-romanos; la conquista ha borrado estas distinciones, que una fusión nunca completa había conservado por más de dos siglos" [78]. Finalmente nuestro autor recurre a la vieja metáfora de la inundación señalando con amargura que "árabes y moros" se expandieron por toda la Península inundándola como río sin cauce.

Por su parte, el relato del inicio de la reconquista sigue el curso tradicional pero es aquí donde la interpretación varía más claramente y donde Lafuente busca una explicación más racional. También es aquí donde se muestra la ambigüedad en el uso de los términos "restauración y reconquista", pues el segundo término sólo se emplea al final de la primera parte al hacer un balance de la situación de los pueblos del norte tras la batalla de Covadonga, balance que lleva el revelador título de La España cristiana en el primer siglo de la Reconquista 718-742 [79]. El término reconquista no volvería a aparecer sino hasta los capítulos correspondientes a la época de Alfonso VI.

Los aportes interpretativos de Lafuente sobre la batalla de Covadonga son numerosos. Uno de los más importantes y que está estrechamente relacionado con la emergencia de una nueva interpretación es que en su Historia Asturias se convierte en la cuna de una nueva nación. La premisa consiste en que los astures se habían mantenido siempre independientes de los romanos y de los godos y mantuvieron su independencia con respecto a los nuevos invasores. A este pueblo original y resistente, se sumaron "...los que de otras provincias acudieron a refugiarse al abrigo de sus riscos.." y se mantuvieron allí el tiempo suficiente ...para recobrarse del primer aturdimiento, y concebir el temerario plan de resistir a las huestes agarenas[...] y de fundar allí una nacionalidad. Ofrécese a guiarlos "continúa" [...] un hombre de acción y consejo, gefe atrevido y prudente, que nunca desesperó de la causa de su religión y su patria [80].

Frente al debate sobre la personalidad de Pelayo que suscitaron las crónicas musulmanas, las cuales le llamaron "romano", atentando por supuesto contra uno de los postulados fundamentales del mito de la restauración, Lafuente logró esquivar dicho debate y construir a partir del mismo una nueva interpretación, a saber, que godos e hispano romanos eran todos españoles:Poco importa que Pelayo fuese un noble godo, hijo de un duque de Cantabria y deudo de los monarcas destronados, como lo afirman las crónicas cristianas, o que fuese Pelayo el Romano, Belay el Rumi, como le apellidan las historias árabes; puesto que ya no había diferencia entre godos y romano-hispanos, y todos eran cristianos y españoles, y porque la patria y la fe los habían congregado allí [81].

Así pues, el hecho es que, según Lafuente, hubo una huida general de la población (82) que se congregó en Asturias y ...en el corazón de aquellos riscos y entre un puñado de españoles y godos, restos de la monarquía hispano-goda confundidos ya en el infortunio bajo la sola denominación de españoles y cristianos, nació el pensamiento grande, glorioso, salvador, temerario entonces, de recobrar la nacionalidad perdida, de enarbolar el pendón de la fe, y a la santa voz de religión y de patria sacudir el yugo de las armas sarracenas [83] [...]

¿Quién podría creer que aquella cueva encerrara una religión, un sacerdocio, un rey, un pueblo y una monarquía? [...] ¿Ni que aquella monarquía que se albergaba tan humilde con Pelayo en Covadonga se había de levantar tan soberbia con Isabel en Granada? [84].

Terminada la batalla "cuya celebridad"según nuestro autor "durará tanto como dure la memoria de los hombres", Lafuente resume en una larga nota las polémicas y debates que existen a propósito del año y día de la batalla (acepta la datación del año 718) , del número de los combatientes, de la presencia o no del obispo Oppas, de la aparición o no de la cruz y la Virgen a Pelayo antes de la batalla, de la existencia o no del rapto de la hermana de Pelayo, del momento en que se verificó la coronación de éste y, en fin, del número de años que reinó [85]. Sin embargo y a pesar de que ofrece su propia respuesta a cada una de las cuestiones, nuestro autor también piensa que ...importa poco que a Pelayo le dieran o no el título de Rey antes o después de su famosa victoria. La posteridad se le ha adjudicado, y el mundo se le ha reconocido, puesto que ya no se interrumpió la sucesión de los que después de él fueron considerados reyes de Asturias, de León, de Castilla, de España y de los dos mundos [86]

Pelayo, pues "... godo y español, es el caudillo que une la antigua monarquía goda que acabó en Guadalete con la nueva monarquía española que comienza en Covadonga" [87].

Como consecuencia de la derrota musulmana, se sucedió un largo periodo de paz, en el que Lafuente imagina "a falta de noticias cronísticas" que muchas personas emigraron a "aquél primer asilo de libertad" [88] y que con el tiempo, el aumento de población y otras circunstancias propicias, cultivarían las comarcas, construirían casas y templos fundarían pueblos y villas, como la de Cangas de o­nís. Pelayo, por su parte, se encargaría de ejercitar a sus soldados en el manejo de las armas y a dar a su pueblo una organización a la vez militar y civil, como lo es siempre la de los pueblos nacientes que conquistan su existencia por la guerra y tienen que sostenerla con la espada.... [89]

Por otra parte, nos dice que Pelayo se cuidó de no arriesgarse en excursiones peligrosas ...y contento con haber formado el núcleo de la nueva monarquía, dedicado a consolidarla y robustecerla, reinó diez y nueve años, al cabo de los cuales murió pacíficamente en Cangas (737 de J.C.) Los restos mortales del ilustre restaurador de la independencia española fueron sepultados en Santa Eulalia de Abamia, a una legua de Covadonga, junto a su mujer Guadiosa [90].

Lafuente cuenta también que la rebelión bereber fue aprovechada sin demora por los demás cristianos del norte "a imitación de lo que había pasado en Asturias" y como la lucha contra el Islam se convirtió en un factor de unidad de los distintos pueblos hispanos: ...gallegos, cántabros, vascones y euskaros, mal sujetos a la dominación sarracena, apoyados los unos en sus vecinos de Aquitania, alentados los otros con el ejemplo de los asturianos, y animados todos con las discordias en que se destrozaban las razas y bandos del pueblo muslímico, hacían esfuerzos o por defender o por rescatar su independencia, y aunque sin concierto todavía ni combinación, comenzaban a entenderse, porque los impulsaba un mismo pensamiento, los unía un mismo peligro, un mismo odio al extranjero, una misma fe [91].

Tras relatar los acontecimientos pirenaicos y detenerse en la conquista de Barcelona, Lafuente vuelve sobre Asturias y relata las campañas de Alfonso I, pero sin emplear en ningún momento el término reconquista utiliza en cambio "tomar" y haciendo hincapié en el hecho de que era una guerra libertaria, en la que los cristianos de las ciudades conquistadas por los cristianos recibían "... con júbilo las bandas libertadoras de la fe" [92]. Finalmente concluye afirmando que:En las poblaciones que conservaba, iba Alfonso restableciendo el culto católico, reponiendo obispos, restaurando o erigiendo templos y dotando iglesias, lo cual le valió el dictado de Católico que siglos adelante había de aplicarse a otro rey de España para seguir siendo apelativo de honor de los monarcas españoles [93].

El uso exclusivo del término "restauración" se prolonga a lo largo de tres capítulos más lamentándose, por ejemplo, de que a la muerte de Alfonso I las discordias intestinas en los reinos cristianos hayan detenido ...los primeros pasos hacia la grande obra de la restauración, cuando era común el infortunio, idéntico el sentimiento religioso, las creencias las mismas, igual el amor a la independencia, la necesidad de la unión urgente y reconocida, el interés de uno solo, y no distintos los deseos... [94].

Es en el tomo IV de la Historia, donde se utilizan por primera vez de forma conjunta los términos "restauración y reconquista". En el capítulo XVIII del libro I el autor realiza de nuevo un balance sobre los progresos de los reinos cristianos en la obra de restauración y en él equipara "restauración y reconquista": En la obra laboriosa y lenta de la restauración española, cada periodo que recorremos, cada respiro que tomamos para descansar de la fatigosa narración de los lances, alternativas y vicisitudes de una lucha viva y perenne, nos proporciona la satisfacción de regocijarnos con la aparición de algún nuevo estado cristiano, fruto del valor y constancia de los guerreros españoles y testimonio de la marcha progresiva de España hacia su regeneración. En el primero vimos el origen y crecimiento, la infancia y juventud de la monarquía Asturiana: en el segundo anunciamos el doble nacimiento del reino de Navarra y del condado de Barcelona: ahora hemos visto irse formando otro estado cristiano independiente, la soberanía de Castilla, con el modesto título de condado también. La reconquista avanza de los extremos al centro [95].

Esta asimilación vuelve a ser evidente algunos capítulos más adelante, cuando al referirse a la entrada de Alfonso VI en Toledo el 25 de mayo de 1085, Lafuente señala que ...así volvió la gran ciudad de Toledo a poder de los reyes cristianos después de trescientos setenta y cuatro años cumplidos que estaba bajo el dominio sarraceno, desde que se apoderó de ella el berberisco Tarik ben Zeyad hasta su reconquista por Alfonso VI [96].

Y agrega que el monarca castellano, "...bien seguro del favor popular...ocupó el alcázar con toda su corte y desde entonces volvió a ser Toledo la capital del imperio cristiano como en tiempos de los godos" [97].

Un nuevo ejemplo lo tenemos en el XXV en el que el autor indica que a pesar de las divisiones entre los reinos cristianos la reconquista marchaba con buen ritmo y claramente se refiere a ésta como, un "ensanchamiento de fronteras", como la conquista y toma de ciudades por los cristianos:Por qué iba adelantando la reconquista en medio de tanta contrariedades. [Subtítulo] A vista de tan aflictivo cuadro de miserias y de crímenes, que hacían interminable la obra gloriosa de la restauración española... A pesar de tantas rivalidades y malquerencias de familia, a pesar de tantas discordias interiores y tantas alianzas con los mahometanos, conservabase siempre vivo el sentimiento de la independencia y el principio religioso como el instinto de la propia conservación. Y a la manera que en otro tiempo aunque se aliaran los españoles alternativamente con cartagineses y romanos, se mantenía un fondo de espíritu nacional y un deseo innato de arrojar a romanos y cartagineses del suelo español, del mismo modo ahora subsistía, a vueltas de las flaquezas y aberraciones que hemos lamentado, el espíritu religioso y nacional que puesto en acción por algunos grandes príncipes como Sancho el Mayor de Navarra, Fernando el Magno de castilla, Sancho Ramírez de Aragón, Ramón Berenguer el viejo de Barcelona, hacía que fuese marchando siempre la obra de la reconquista. Debiose a esta causa el que aquellas contrariedades no impidieran el acrecimiento y ensanche que recibieron las fronteras cristianas en León y Castilla, en Navarra, Aragón y Cataluña, desde la recuperación de León hasta la conquista de Toledo, el acaecimiento más importante y glorioso de la España cristiana desde el levantamiento y triunfo de Pelayo [98].

Después de este largo recorrido por la obra de Modesto Lafuente me parece que estamos en posición de dar respuesta a las interrogantes que planteamos más arriba. Lo primero que salta a la vista es la utilización ambigua del término reconquista. Ya hemos visto que en el capítulo dedicado a Covadonga la palabra no aparece por ninguna parte y se habla siempre de restauración de la monarquía, de la independencia y de la libertad. Por lo tanto, la "restauración" no es sólo un proceso militar, sino que conserva sus viejos significados y se entiende como un proceso político no exento de providencialismo por medio del cual se recupera la libertad y la independencia de los españoles frente al dominio de un invasor extranjero.

Es sintomático, sin embargo, que una parte del volumen tercero se titule precisamente La España cristiana en el primer siglo de la Reconquista, dando a entender que la Reconquista, o bien es un marco temporal o bien es un largo proceso histórico que dura más de un siglo. Por otra parte, hay que resaltar el hecho de que para Lafuente existe un "antes y un después de la Reconquista", por lo que el término podría hacer referencia a un momento preciso que marca la recuperación de la independencia y la libertad y el paso de una ciudad a manos cristianas o, mejor aún, la conquista de una ciudad musulmana y como consecuencia de ello la recuperación de la libertad y la independencia para los españoles.

También es significativo el hecho de que en el prólogo general de la Historia hable de la guerra contra el Islam como "ese esfuerzo gigantesco a que damos el nombre de reconquista". Ello nos induce a pensar que el término tenía ya una amplia aceptación dentro de la historiografía pero Lafuente parece estar consciente de que es un término artificial, pues de no ser así, no utilizaría el matiz "a que damos" y aceptaría el término como se acepta lo establecido. Prueba de que el término "reconquista" no ha ganado aún la batalla al de "Restauración" es que Lafuente no deja de utilizar este último término que tan caro fue a la historiografía de los siglos anteriores [99].


6.CONCLUSIONES

El análisis que hemos realizado de las obras generales más significativas así como de los trabajos particulares -desde la Crónica general de España de Ambrosio de Morales (1572) hasta la Historia general de España de Modesto Lafuente (1850)- nos ha permitido mostrar la forma en que los acontecimientos del siglo VIII fueron recreados en el siglo XVI como un mito fundacional y la manera en que a lo largo del siglo XVIII los diversos autores estudiados, inmersos dentro del ambiente de la Ilustración, intentaron ceñir el relato a una explicación racional y en ese proceso generaron una nueva interpretación de la secular lucha entre musulmanes y cristianos.

Por otra parte, en el apartado dedicado a las obras de la primera mitad del siglo XIX, analizamos la manera en que los conceptos de patria, nación e independencia se articulan con el relato de los acontecimientos militares del siglo VIII, de tal suerte que la lucha desarrollada a lo largo de la Edad Media ya no se presentó como una lucha entre comunidades religiosas (cristianos contra musulmanes), sino como un conflicto entre españoles e invasores extranjeros.

Paralelamente, este estudio nos ha permitido establecer que la primera vez que se utilizó el término "reconquista" para hacer referencia a la lucha contra los musulmanes fue en la obra de José Ortíz y Sanz titulada Compendio cronológico de la historia de España, publicada a partir de 1795.

La utilización del término, empero, no se difundió sino hasta los años cuarenta del siglo XIX gracias a dos nuevas ediciones de la obra de Ortiz y a la publicación de la Historia general de Modesto Lafuente. En este primer momento, el término "reconquista" sólo hizo referencia al aspecto militar, pues el término "restauración" continuó en uso por lo menos hasta la primera mitad del siglo XIX para hacer referencia al proceso de expansión sobre las tierras de al-Andalus, dando a entender que lo importante no era la lucha miliar, sino el reestablecimiento de la monarquía española y las instituciones que le eran inherentes, así como de la libertad y la independencia.

Esta afirmación debe matizarse por el empleo ambiguo que Lafuente hizo del término, refiriéndose a él en ocasiones como un proceso histórico, como una empresa nacional y como un momento preciso en la historia. De esta suerte, podemos afirmar que el término "reconquista" nació como un término polisémico y adquirió tres significados distintos:
a) hizo referencia a un proceso histórico de lucha entre cristianos y musulmanes.
b) designó a un periodo histórico en particular que muchas veces se asimiló a la Edad Media y comprendía desde la batalla de Covadonga en 718 hasta la conquista de Granada por los Reyes Católicos en 1492.
c) designó a un momento preciso en la historia marcado por la conquista de una fortaleza, villa o ciudad por los cristianos y su posterior reorganización política, administrativa y religiosa.

Los factores que a nuestro modo de ver permitieron la paulatina consolidación del término "reconquista" en la historiografía están estrechamente relacionados con el momento histórico en el que se realizó la segunda edición de la obra de Ortiz (1841) y en el que Lafuente escribe (1850), es decir, la cuarta década del siglo XIX: consolidación de la burguesía liberal, construcción de la identidad del Estadonación con base en la historia nacional, necesidad de distinguir históricamente a los españoles de las naciones extranjeras -esta distinción se hace a través de la victoria sobre los musulmanes, patrimonio exclusivo de los españoles- y pervivencia del trauma provocado por la invasión napoleónica, sin olvidar las corrientes romántica y nacionalista que impregnaron la historiografía de mediados del siglo XIX.


BIBLIOGRAFÍA

62) Vid supra, nota 3.

63) ARIZPE, Juan Bautista de: Patriotismo y gloriosas empresas del Excelentísimo Marqués de laRomana en la reconquista del reino de Galicia, reimpreso en México, Casa de Arizpe, 1810, 12 p.

64) Ibid., p. 1.

65) Ibid., p. 4.

66) Marcha pues, Marqués invicto... a purgar la tierra de esa canalla asquerosa y criminal, ve a derrocar esas robadas, profanadas y mal sentadas coronas ducales e imperiales: que el ejemplo de Galicia inflame a toda la España; así como el de esta ha despertado a la Europa de su mortal letargo: que no quede más memoria de franceses, que la de las inundaciones, pestes y terremotos con un odio eterno e irreconciliable. Ibid., p. 12.

67) LAFUENTE, Modesto: Historia general de España desde los tiempos más remotos hasta nuestros días, Madrid, Imprenta de F. P. Mellado, 1850. Utilizamos la segunda edición aparecida en Madrid, Imprenta de Dionisio Chaulie, 1869 y compuesta de 30 volúmenes.

68) En este discurso se dice que escribe la historia porque dice que no hay nada digno de este nombre, como no sea la de Mariana y por que se hacía necesaria una historia que contemplara todos los aspectos de la civilización, es decir, una historia que contemplara ...la influencia social que cada acontecimiento ejerció en la suerte del país, las modificaciones que produjo en el estado como cuerpo político, cómo y porqué medios se fue formando la nación española, las causas y antecedentes que prepararon cada invasión, lo quequedó o desapareció de los diversos pueblos que la dominaron, lo que ocasionó sus periodos de engrandecimiento y de decadencia, las mudanzas y alteraciones que ha sufrido en su religión, en sus costumbres, ensu legislación, en su literatura, en su administración, en su industria y en su comercio: su historia en fin moral y filosófica. Hay hacinados materiales infinitos, pero el edificio está por construir. Ibid., vol. I, p. VII. La utilización creciente del término reconquista debe entenderse en función de la construcción de esta historia nacional.

69) Ibid., p. IX.

70) Manuel Moreno ha podido consignar, al menos, cuatro diversas historias generales de España entre 1840 y 1850 que no hemos podido consultar por haber tenido noticias de ellas en un estado muy avanzado de esta investigación y sobre las cuales debe basarse nuestra futura investigación. Cronológicamente son: TAPIA, Eugenio: Historia de la civilización española desde la invasión de los árabes hasta la época presente, 2 vols., Madrid, Imprenta Yenes, 1840; Juan Cortada, Historia de España, desde los tiempos más remotos hasta 1839, 3 vols., Barcelona, Brusi, 1841-1842; CHAO, Eduardo: Historia general de España, compuesta enmendada y añadida por el P. Mariana, con la continuación de Miñana, continuada con la historia del levantamiento, guerra y revolución y la historia de nuestros días, 5 vols., Madrid, Gaspar y Roig, 1841- 1851 y finalmente, ALCALÁ GALINDO, Antonio: Historia de España, desde los tiempos primitivos hasta la mayoría de la Reina doña Isabel II, redactada y anotada con arreglo a la que escribió en inglés el Dr. Dunham, con una reseña de los historiadores españoles de más nota por Don Juan Donoso Cortés y un Discurso sobre la historia de nuestra Nación por Don Francisco Martínez de la Rosa, 5 vols., Madrid, Imprenta de la Sociedad Literaria y Tipográfica, 1844-1846. A estas obras habría que sumar las realizadas por autores extranjeros: DUNHAM Astley: The history of Spain and Portugal, 5 vols., Philadelphia, 1832; ROMEY. Louis , Histoire d’Espagne depuis les premiers temps jusqu’à nos jours, 9 vols., Paris, 1839-1850; SAINT HILAIRE, Eugène: Histoire d’Espagne depuis les premiers temps historiques jusqu’à la mort de Ferndinand VII, Paris, 1844-1873 y DU-HAMEL, Victor: Histoire constitutionelle de la monarchie espagnole depuis l’invasion des hommes du Nord jusqu’au la mort de Ferdinand VII, París, 1845, 2 vols., Moreno, op., cit., p. 316-318.

71) Lafuente, op. cit., p. XXVI.

72) Lafuente, op. cit., vol. I, pp. 457 y siguientes.

73) Ibid., p. 457.

74) Ibid., p. 469.

75) Ibid., p. 473.

76) Ibid., p, 483. Según nuestro autor se verificó el 31 de julio de 711.

77) Ibid., vol. I, p. 60.

78) Ibid., vol. I, p. 61.

79) Ibid., vol. III, p. 223.

80) Ibid., vol. I, p. 62.

81) Ibid., vol. I, p. 62.

82) Obispos, sacerdotes, monjes, labradores, artesanos y guerreros, hombres, mujeres y niños. Ibid., vol. III, p. 58.

83) Ibid., p. 59.

84) Ibid., vol. I, p. 63.

85) Ibid., vol. III, pp. 63-66.

86) Ibid., vol. I, p. 65.

87) Ibid., vol. III, p. 68.

88) Ibid., p. 69.

89) Ibid., p. 70.

90) Ibid., p. 70.

91) Ibid., p. 79.

92) Ibid., p. 80.

93) Ibid., p. 81.

94) Más adelante, al estudiar el reinado de Alfonso III, nuestro autor apunta que el noble godo Ataulfo fue el primer arzobispo de la recién erigida iglesia de San Salvador de Oviedo y que fue “... puesto por el piadoso monarca para regir la primera catedral de la restauración, a la cual dotó el magnánimo rey con nuevas rentas...” (p. 119) Además, asegura que Alfonso III ...restableció el orden gótico en su palacio, que organizó bajo el pie en que estaba el de Toledo antes de la conquista: promovió el estudio de los libros góticos, restauró y puso en observancia muchas de sus leyes, y llevó a la iglesia su antigua disciplina canónica, que fue un gran paso hacia la reorganización social del reino y del pueblo cristiano.(p. 119) Todas estas acciones contribuyeron a que su memoria perdurara en Asturias ...como la de uno de los más celosos restauradores de su nacionalidad (p. 221).

95) Ibid., vol. IV, p. 5.

96) Ibid., p. 238.

97) Ibid., p. 239.

98) Ibid., vol. IV p. 301.

99) Es menester señalar que tan sólo dos años después de la aparición de la obra de Lafuente, se publicó en Barcelona el primer libro del que tenemos noticia en cuyo título aparece la palabra “Reconquista”: M.A.B, ¡En nombre de Dios! Dramas de la Reconquista española en tiempos de los árabes, Barcelona, Imprenta Pons y Cia, 1852, 197 p. (Madrid. Biblioteca Nacional).

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Publicado por foroabenhumeya @ 19:33  | Colaboradores
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