Emilio González Ferrín
Publica en la Editorial andaluza Almuzara
Historia General de Al-Andalus.
Por Por Francisco Correal
Artículo publicado en los medios del Grupo Joly el
21 de Octubre de 2006
Andalusíes, levantaos
GANÓ el premio Jovellanos con su obra
La palabra descendida; es habitual en los jurados de los premios Príncipe de Asturias; acude cada año a la celebración del Bloom's day; durante la Expo, su dominio del árabe le permitió trabajar en el pabellón de Arabia Saudí, cuyo comisario le pidió nada más llegar un fax y una cabra. Habrá interpretado como un bello gesto sucesorio que en el mismo año hayan coincidido la muerte de
Naguib Mafouz y la consagración de
Orhan Pamuk, un egipcio y un turco con el Nobel de Literatura.
Son rasgos superficiales de la profunda personalidad de
Emilio González Ferrín, que acaba de publicar su
Historia General de Al-Ándalus.
Lo que más me une con Emilio es que los dos somos culipardos, gentilicio con reminiscencias de cruzada de los nacidos en Ciudad Real.
El libro de González Ferrín debería ser de lectura obligada si no fueran leer y obligar verbos tan antagónicos.
En sus páginas hay alfanjes y cimitarras para seccionar tópicos y lugares comunes. Por ejemplo: "
El mito de la pertenencia andalusí a califatos orientales ya no se sostiene". Cuando se marchó a estudiar a El Cairo, Emilio sabía que el mundo, con ser ancho, no le iba a resultar ajeno. Geoffrey Barraclough, sucesor de Arnold Toynbee en su cátedra de Historia Universal, hablaba en su Introducción a la historia contemporánea de "
la creencia equivocada de que lo único que tenía valor hasta el mismo año 1939 era lo que ocurría en Europa". Un error que indujo a los políticos ingleses de los años 30 a obsesionarse con Hitler y Mussolini y subestimar el protagonismo japonés en la Segunda Guerra Mundial.
El libro de Emilio lleva Europa en el subtítulo. Ahora todos queremos ser europeos, incluso aquellos que lo enfatizan para refutar su condición de españoles. Desde mi visión culiparda de las cosas, he dibujado estampas sugeridas por el libro de Emilio. Cada año visitan españa millones de personas, unos de turismo, otros de trabajo, otros huyendo de la hambruna. De todos ellos, los que más merecen el epíteto de españoles son precisamente los que más obstáculos legales encuentran para lograrlo: se juegan la vida para llegar a un país en el que pretenden encontrar un trabajo con el que ayudar a la paupérrima economía familiar. En este tiempo light, son los únicos que literalmente mueren por españa.
Con ese falso orientalismo, se olvida que aquellos habitantes de
Al-Ándalus a los que reivindica el fundamentalismo alentado por los políticamente correctos se sentirían más próximos a nosotros que a quienes los consideran sus precursores.
Aznar metió la pata cuando dijo que los árabes debían pedir perdón por invadirnos en 711. Como la metió la progresía que en la fanfarria de la Expo se puso la sotana de Fray Bartolomé de las Casas para exigir a los españoles que pidiéramos perdón por el descubrimiento de América.
La historia es como el amor: sin invasión no hay liberación.
Tags: Andalucía, Al-Andalus, Historia andaluza, Olagüe