domingo, 16 de diciembre de 2007
EN BUSCA DE LA CULTURA "FUNDAMENTO DE ANDALUCÍA"

Frente al "Principio de las Nacionalidades" (germánico, cartesiano, racionalista), Infante indaga cuál puede ser el "Principio de las Culturas", "fundamento de la autarquía andaluza". Cultura, en un sentido dinamizador, revolucionario, incitante, "enriquecimiento de motivos para la voluntad de ser" (Manusc. AE, 37). La va a encontrar en Al-Andalus, una Andalucía islámica vista con ojos absolutamente nuevos y núcleo de una síntesis histórico-socio-económica de singular operatividad política: “Trabajemos con suma cautela en estos momentos, para que Andalucía vuelva a ser inspirada por su propio genio, para que su Libro vuelva a ser AL-KORAN, leído como dice el Ayat "Aquellos que leen el Libro como deben leerlo"” (Blas Infante en los Manuscritos inéditos
).



En 1920, escribió una obra teatral ampulosa sobre Motamid, último rey de Sevilla (Biblioteca Avante, Sev., 1920, agotada). En fecha aún no fijada produce un segundo drama de calidad y agilidad, hoy inédito (Manusc. AAZ, 234 págs.) y también de tema andalusí: Almanzor en el que manifiesta un conocimiento exhaustivo de la Historia del Califato, su arquitectura, arte del mueble y vestido. Entre sus escritos es continua la presencia de la lengua y etimología árabes. Sus intereses de escritor y estudiosos de Al-Andalus le movilizan hacia las dos únicas salidas al extranjero de su vida: en 1924 viaja como peregrino a Agmat, tumba de Motamid; en 1928 llega a Silves, Portugal, para un homenaje al mismo rey poeta, hijo de Al-Garbe.

La peregrinación a Agmat, en plena guerra de Abd-el-Krim, va a significar un importante hito. En varios manuscritos (AAK, AAL, AAM, AAN, AAS) recoge la influencia inmediata de este curioso viaje. Y en la totalidad de su interpretación de la cultura andaluza va a recibir un fuerte impacto iluminador. "Motamid fue –dice Dozy- el último rey indígena que representó digna y brillantemente una nacionalidad y una cultura intelectual que sucumbieron bajo la denominación de los bárbaros invasores. Se le echó de menos como a la última rosa de la Primavera" (AAK).

1). "Caminando hacia el Sur, en la desierta llanura mogrebina, se aparece la enorme ciudad de Merrakesch, como el centro de un oasis rodeado de palmeras, al pie del Alto Atlas (...) La Kutubia se adelanta en la visión brindándome una emoción de hogar (subrayado nuestro); anulando ante mi sensibilidad motivos o impresiones de extranjería... una asociación de ideas: la pregunta de la grácil torre acerca de sus dos únicas gemelas: la sevillana Giralda cubierta con el gorro del cautiverio, la pesada cúpula cristiana que sustituye al airón del minaret y la inconclusa, que parece mutilada, rabatí de Mulay Hassen. (...) Yo no soy forastero en Merrakesch. Los moros andaluces predominan en la constitución étnica de la medina musulmana. Presidiendo la soterrada construcción psíquica, que mi recuerdo excava ahora, los espíritus de los andaluces ilustres inspiradores de los califas más cultos del Mogreb que aquí tuvieron su centro imperial, la sombra acogedora de Tofail, el insuperado viviente hijo del vigilante, discierne aún a los peregrinos que vienen de su tierra andaluza (...) El pensamiento de Averroes... la silueta dulce de Abenarabí musita esta inquietante plegaria en la Puerta de la Ciudad..." (AAK, 4-5-6).

¡Todo el mundo ha despertado en la sensibilidad de Infante! Después de su peregrinación a Agmat, en la que recibió el regalo de un alfanje, de manos de un descendiente de Boabdil, llega a Rabat. "Mi guía es Abdeljamid Er Rondi. Es mi paisano", escribe en el manuscrito AAN. Infante ha iniciado una Historia de Casares, su pueblo malagueño, historia desparramada en varios manuscritos por ahora. Aquí los describe "mirando a Africa". Durante un té, los marroquíes reaccionan curiosamente interesados por este andaluz que ha incumplido la antigua tradición de peregrinar a el Kabbar o sepulcro del Rey Poeta, según le informa el guía Er Rondi. Infante reflexiona: "Los moros andaluces viven en el destierro desde hace cuatro siglos" (AAN-5). Conviene retener en la memoria esta observación de destierro que, pasado el tiempo, madurará en su síntesis cultural. Y sigue: "Viven en un país que les acogió con frialdad... recelándoles como herejes... su esperanza cada vez más tenue de volver a la Patria" (Id.). Tras una páginas, surge de pronto, el tema de la tierra, del campesino sin tierra y, con él, la primera relación en los escritos de Infante entre los moros andaluces y los jornaleros (AAN, 7-8) ¡Se vislumbra su interpretación futura de la Historia Andaluza...!.

Los moros andaluces son descritos escuchándole embobados; tres de ellos preguntan si en Andalucía quedan aún familiares suyos porque ellos se apellidan Crespo, Vargas y Torres.

Después, consideraciones sobre el tema religioso: "Los andaluces éramos mojazines, lo que valió a nuestros príncipes el ser combatidos y desposeídos" (atención, de nuevo aflora el concepto de persecución) "por las excomuniones de los imanes ortodoxos regentados por el fanático Jussuf ben Taschfin" (AAN-23-24). "Y aquella heterodoxia andaluza fue entonces, es y será en cuanto haya libertad en Andalucía, la virtud o el rango vital de la tolerancia" (Id.). Y la afirmación tajante: "Ya va siendo para nosotros un honor el insulto de que el Africa empezaba en los Pirineos!" (Id.). "Seremos también en este empeño –el nacionalista-, mojazines, ni africanos ni europeos; españoles" (Id.). Es en este sentido en el que se entiende la citadísima frase de Infante: "Andalucía es la esencia de España". Sí, al revés de como se entiende superficialmente esta página 61 del Tablada.
Pero la revelación le llega al peregrino cuando empieza a sonar una Nuba. Ha llegado el cenit de la experiencia magrebí de Infante. Transcurridos cinco años, en 1929, nacerá de su pluma Orígenes de lo flamenco y secreto del cante jondo. Tal secreto, empieza a azuzarle en este Septiembre del 24. Dice: "La Nuba sigue melodiando la saudade lírica de la Andalucía en el destierro" (Id., 26). Esta frase es la calve de futuros hallazgos que ahora ni sospecha. Y sigue reflexionando por el camino que tan lejos le llevará: "Este canto es coral" (Id., 26). "En su patria de origen, en la Andalucía peninsular, el mismo módulo musical viene a realizarse en canciones individuales" (Id., 27). Queda perplejo por muchos años ante la diferencia. Adelanta una pista: "La música andaluza, proscrita en la sociedad viene a refugiarse en el individuo: deja de ser coral, se torna secreta, inaccesible, pero al mismo tiempo se intensifica". "Es toda una intimidad trágica" (Id., 30). Insistencia en los conceptos de expulsión, persecución, etc. Se le ha despertado la gran pregunta "escuchando la Nuba" (AAN, 2ª serie, 1). Y se propone estudiar el "Origen histórico del cante hondo" (Id., 30). Pero confiesa no hallarse preparado en la materia pues la juzga aún "capricho menospreciable, de decadencia, de juerga, de histriones, de juguete" (Id., 30).

De esta primera impresión, después de cinco años de paciencia investigadora que rompe con todos los precedentes de los flamencólogos, nace Orígenes de lo flamenco y secreto del cante jondo, redactado de 1929 a 1931 y editado en su casi integridad por la Junta de Andalucía, recopilado por M. Barrios en 1980. En este libro, Infante deduce científicamente su conclusión: el excepcional ay flamenco es el cante del fellahmengu, "Los últimos descendientes de la cultura más bella del mundo, ahora labradores huídos, expulsados" (Orígenes de lo flamenco y secreto del cante jondo, ed. 1980, p. 166), "por las calles solitarias de los pueblos y por las ensombrecidas unidades" (p. 145) "atacados, menospreciados u oprimidos desde todas las cosas del mundo" (p. 149) que gritan el "retorcimiento de su propia entraña" (p. 150) al vivir "temerosos de un poder extraño, en prisión o próximos a ella, desesperados como lo demuestran las protestas líricas que arrebatan las coplas" (p. 157) "que se arrimaban a las vallas de los cotos cerrados" (p. 48) y que "no cantan para agradarse a sí mismos, sino para liberar su pena prisionera" (p. 150). Por eso, nuestro cante es "música democrática" (p. 150). Y, en su trance particularmente emotivo, Infante nos escribe desde entonces (1929 a 1933) un dato final que hoy sigue vigente: "Véanse los actuales jornaleros" (p. 164). Ya está dicho todo. Aquellos atisbos escuchando la Nuba marroquí son ya claridad y tesis.

Flamenco no es pájaro frágil y equilibrista imitado en el talle de los bailaores, no es absurda importación de gentes de Carlos V desde los Países Bajos (!). Flamenco es fellah-mengu, ¡fellah-ga! Argelino, luchador argelino contra el colonialismo de los pieds-noirs y su Salan. Desde este momento, Infante halla el núcleo de su síntesis cultural, de su "Principio de las culturas". El nacionalismo andaluz es específicamente diverso del norteño. La calse fellah-mengu, expulsada de su tierra, sin tierra, es su clase emergente. Estamos, dice, en "la edad flamenca de Andalucía" (La verdad sobre el complot de Tablada..., edic. 79, pp. 76-80).

LOS ÁRABES NO INVADIERON ESPAÑA

Recientemente, 1974, la Fundación March publicó en castellano una obra del historiador Ignacio Olagüe (Flammarión, París, 1969). La versión del título es sumamente libre: La Revolución Islámica en Occidente, que pretende traducir Les arabes, n,ont jamais envía l,Espagne. Los estudios de Olagüe se iniciaron en 1938. En 1974, Castalia publica por primera vez La velada de Benicarló que Manuel Azaña escribiera en 1937. En 1931 –cuarenta y tres años antes-, Infante había publicado su Tablada y en 1929 –cuarenta y cinco años antes-, estaba redactando su Orígenes. Olagüe y Azaña repiten las mismas tesis de Infante: "la pretendida invasión árabe no fue sino una conversión cultural de los ‘hispanorromanos’ andaluces de los siglos VII y VIII, civilizados y sabios, que se negaron a la influencia bárbara del Norte europeo y pidieron ayuda a los vecinos musulmanes".
La aversión de Infante a la conquista –que no Reconquista castellana- nace de tres hallazgos principales:
1º Los andaluces "hispanorromanos" llamaron a sus vecinos bereberes. "Legiones generosas corren el litoral africano predicando la unidad de Dios... Andalucía les llama. Ellos recelan. Vienen: reconocen la tierra y encuentran un pueblo culto atropellado, ansioso de liberación. Acude entonces Tarik (¡14.000 hombres solamente!). Pero Andalucía se levanta a su favor. Antes de un año, con el solo esfuerzo de Muza (20.000 hombres), puede llegar a operarse por esta causa la conquista de España. Concluye el régimen feudalista germano" (La verdad sobre el complot de Tablada..., edic. 79, pp. 74-75, passim), de "los bárbaros germanos y su jerarca, Rodrigo" (Manusc. AA2-8, Almanzor).

2º La etapa de Al-Andalus fue de libertad y brillo cultural. "Por entonces, Andalucía era libre: hoy es esclava" (Tablada, p. 60). Pero Infante, en su coherencia más allá de toda visceralidad proárabe se mantiene crítico, juzga "rigor inexorable" el "de los primitivos juristas musulmanes" (Manuscrito 16). Si bien al decirles "primitivos", habría que dudar de su localización. Porque él, al tratar del período andalusí, no duda: "Hay libertad cultural... ¡Andalucía libre y hegemónica del resto peninsular! ¡Lámpara única encendida en la noche del Medievo, al decir de la lejana poetisa sajona Howsrita! No hay manifestación cultural que, en Andalucía libre o musulmana, no alcanzase su expresión suprema. No puede llegar a existir una economía social que asegure mayor fuente de bienandanza ¡Y las artes! Andalucía, con nombre islámico es librepensadora" (Tablada, pp. 74-75, passim).

3º La conquista cristiana fue intolerante y uno de los orígenes del latifundio. "¡Las cruzadas! El robo, el asesinato... presididos por la Cruz (...) Empiezan a quitarnos la tierra... distribuida en grandes porciones entre los capitanes de las huestes conquistadoras... Y los andaluces, que tenían la tierra convertida en vergel, son condenados a esclavitud de los señores... Fueron y son las enormes falanges de esclavos jornaleros, de campesinos sin campos, campesinos expulsados" (Tablada, pp. 75-76, passim). "Pueblo conquistado, el pueblo andaluz (...) bastante tenía con plañir (...) aquellos lamentos que expresó con palabras de Abu-Beka, de Ronda, "llorando al ver sus vergeles,/y al ver sus vegas lozanas/ ya marchitas, / y que afean los infieles / con cruces y con campanas / sus mezquitas..." (Orígenes, p. 47), "...el pueblo recién convertido por la presión de la intolerancia iniciada por Isabel, sometido a una persecución que culmina después del triunfo de Don Juan de Austria y de las terribles depredaciones que hicieron decir a Mármol que los soldados del Rey eran tropas de delincuentes" (Orígenes, p. 163).
"Se encienden las hogueras de la Inquisición; millares de andaluces, moriscos y musulmanes, son quemados en las salvajes piras (...) Los Austrias continúan la obra de Isabel" (Tablada, p. 76). Así, "la tiranía eclesiástica destruyó la cultura de Andalucía", declaraba Infante a Francisco Lucientes en El Sol (M-11-VI-31, p. 80). El tenía razón: la identidad de Andalucía nace aquí: "El fundamento de nuestra característica voluntad de ser el fundamento más próximo de Andalucía está en la Andalucía medieval (...) que la conquista vino a interrumpir" (Manuscrito AAN-7).

Con todo esto, árabes, anarquistas, pacifistas, gitanos, jornaleros, emigrantes, clases populares, desposeídos acaban relacionados en una síntesis operativa.

INFANTE, ANTE LA REPUBLICA TOMA PARTIDO

Instaurada la II República, Infante, deja Isla Cristina y es notario en Coria del Río. Penetramos en los sesenta y cinco últimos meses de su vida que van a ser una carrera impresionante. Durante la interinidad forzosa de la Dictadura, se ha pertrechado de contactos con los anarquistas, de reflexiones históricas, políticas, etc.
Los Centros Andaluces se constituyen en una nueva estructura "de carácter más político, fundamentalmente, de izquierda" (O. Lanzagorta): "de liberación", (La Voz, Córdoba, 29-I-1933), y no liberales. "Liberadoras de injusticias económico-sociales", las llama Díaz del Moral... Se autotitulan "Órgano expresivo de los anhelos revolucionarios de Andalucía" (Pueblo Andaluz Nº 1, 13-VI-31). Buscan "excitar al Gobierno y a la opinión al aprovechamiento de unos instantes henchidos de fecundidades positivas" (Tablada, p. 13). Dirá Infante: "La Junta Liberalista de Andalucía tiene del obrerismo el concepto de que avanza para construir el espíritu renovador del mundo. Desengáñese la denominada clase media. Sólo dos términos existen en las modernas sociedades: trabajadores y explotadores" (Pueblo Andaluz, 13, V, 31). Eran "unos hombres modestos, profesionales, industriales, comerciantes, obreros y empleados... humildes. Ninguno rico. Los ricos no huían" (Tablada, pp. 67-69, passim). La acción de las Juntas se centró desde su fundación en campañas por el Estatuto Andaluz. En 1978, se integraron en el P.S.A. (Andalucía Libre, Junio, 1978).

Una precipitada opinión muy extendida pretende que "Blas Infante se negó siempre a ser (sic) un partido (Cuatro textos políticos andaluces (1883-1933), p. 101). Cierto que en 1917 afirmaba que "los partidos políticos actuales no responden a las exigencias del pueblo" (Andalucía, Nº 13) y en 1931, se manifestó contra "los partidos de uso" (Tablada, p.31). Llega la República y a sus cuarenta y ocho horas, ingresa en el Partido Republicano Federal. El dato está avalado por su carta a Justo Feria, presidente del P.R.F. en Sevilla, fechada el 17 y publicada el 21 de Abril de 1931 en la p. 9 de El Liberal. La noticia aparece también en La Voz, de Córdoba (21-V-31). J. Fernando Badía titula así un trabajo suyo: La masa federal: románticos, regionalistas y proletarios (Historia política-parlamentaria de la República de 1973, Edicusa, Madrid, 1973).

Según Jutglar, el Partido Republicano Federal es "la máxima manifestación del radicalismo democrático liberal". Según E. De Guzmán, "se mantuvo en la oposición propugnando un mayor radicalismo en el texto constitucional, los máximos avances sociales y defensa sistemática de la Confederación (C.N.T.)". Hennesy confirma que "en Andalucía era una reacción de la clase media y media inferior contra el predominio político y económico de los terratenientes en el gobierno nacional y reflejo de las firmas regionales". Imágenes coincidentes con el juicio que el Partido merece para Infante. La carta a Ju. Feria es muy razonada: "Pido plaza en el partido republicano federal", por su "vieja tradición de austeridad coincidente con la nueva del Centro andaluz" y por "su doctrina siempre idéntica a la nuestra para trabajar por la consolidación de la República, seguir laborando por la reconstrucción histórica de Andalucía y preparar en estas interesantísimas circunstancias interregionales, la intervención de nuestro pueblo como término federativo en la constitución del nuevo ser de España". Y sigue: "Debo declarar: mi adhesión es meramente personal aunque vería con gusto que los liberalistas (subr. nuestro) andaluces vinieran a congregarse en el partido republicano federal". "En este sentido rectifico el consejo de Marzo de 1930 en circular que rogaba a los andalucistas que se abstuvieran de complicar, con la formación de nuevos partidos, la preparación de la nueva vida española y que cada uno ingresara en los partidos de su predilección". Termina: "Ahora mi consejo es que, (si anhelan el cumplimiento del lema que hace veinticinco años nos congregó: "Andalucía, por sí, para España y la Humanidad"), deben sumarse al partido republicano federal". Con este documento, cae por la base la afirmación de "el repudio visceral de Infante a organizar su movimiento en partido" (Cuatro textos políticos andaluces, p. 124).

EL PROCESO DE INFANTE ANTE LA ORGANIZACIÓN POLÍTICA

Las opciones de nuestro mentor ante el tema de la organización política son sucesivamente las siguientes:
1ª Unidad de independientes y miembros de partidos en una plataforma interpartidista (1916 a 1931); Centros Andaluces, Juntas Liberalistas). Es preciso destacar que tan largo período se reduce en realidad a siete años (de 1916 a 1923) puesto que la Dictadura congeló toda posibilidad de partidos. Sin duda, Primo de Rivera entorpeció el proceso del andalucismo hacia su articulación en partido.
2ª Decisión: un partido andalucista (el P.R.F.): (1931 a 1936). Pero los liberalistas de las Juntas no siguen a Infante. Unos prosiguen sin definirse en las Juntas, otros, los cordobeses, principalmente, se integran en el partido Republicano Autónomo, en el Radical Demócrata, incluso (!) Díaz del Moral se presenta como independiente en las listas del P.S.O.E.

Después, al tratar de la lucha por nuestros Estatutos, veremos los funestos resultados de esta dispersión. Infante acusa el golpe. En el inédito Libro Nuevo, puntos 115 y 116 escribe:
"Dan ganas, como decía nuestro Mohidín Ben Arabí, el gran místico andaluz, maestro de San Juan, de Santa Teresa y de todos los místicos españoles, de ausentarse del mundo, de situarse frente a Dios, coordinación de todas las verdades". "Nos entran ganas de ... hacer en el alma la noche oscura (subraya él) y llegar a negar su espejo a la reflexión de todas esas lucecitas animales, exteriores e interiores, rojas, amarillas, verdes o moradas, para llegar a la unidad (subraya él) con Dios". Palabras llenas de alusiones-atención a las lucecitas animales y a sus concretos colores, banderas, al ser de los colores, que él dice en Tablada.
Hasta ahí le llega el impacto, hasta su fondo religiosos que luego veremos riquísimo y muy a su aire.

ANDALUCÍA Y LA II REPUBLICA

"Llegó la República y nos sentimos un poco defraudados. Hubiéramos deseado un sistema de hechos revolucionarios. Uno de estos hechos, la abolición del latifundismo. Si las Cortes no responden, Andalucía proclamaría su República, con el mismo vigor con que lo hace Cataluña". Así recibió Infante la República (La Voz, Córd., cit. Por Lanzagorta, 19-VI-31). Su partido, el Republicano Federal, durante el bienio 31-33, se mantuvo en la oposición propugnando un mayor radicalismo constitucional, máximos avances sociales y defensa sistemática de los trabajadores de la C.N.T." (E. De Guzmán), "militando en los sectores más radicales del republicanismo con Balbontín, R. Franco..." (Gonzalo Santonja).
"La República no fue otra cosa que el nombre dado al triunfo de los políticos desplazados pero no substituidos por la acción de Primo de Rivera. Volvieron los políticos exmonárquicos y advinieron los políticos republicanos a regir la cosa pública. ¡Los políticos republicanos, de igual animación, con idénticos métodos que los monárquicos...! (...) Quienes nos hubimos de alzar contra ellos, estuvimos a punto de ser fusilados... ¡¡Por traidores a la República!! (v.g. Tablada: vean mi folleto El Complot de Tablada...). Claro. Yo era republicano no al estilo de los políticos republicanos, monárquicos sin monarca (Tablada, p.32).
Con fecha 28-V-1934, Jesús Martín Jiménez escribe a Infante: "Parece que la República se nos va; por no decir se nos marcho, pues esto que queda, maldito lo que tenga de espíritu republicano. Quien lea ahora tu obra sobre el complot de Tablada, te considerará un profeta".
El calendario de Infante es veloz en este 1931. El 4 de Junio se convocan elecciones para las Constituyentes. En Sevilla se presentan cinco candidaturas: la gubernamental republicano-socialista (con Martínez Barrios), la radical-socialista (Albornoz, V. Kent, Rojo), Acción Nacional, comunistas (Bullejos, Adame, J. Mª Osuna) y la Republicana Revolucionaria Federal Andalucista. Esta candidatura era el hecho nuevo que iba a complicar considerablemente la situación (Tuñón). La encabezaban Ramón Franco (aviador), Blas Infante, A. Rexach (aviador), P. Rada (mecánico). P. Carrión (agrónomo), J. A. Balbontín (abogado), Ignacio Infante (juez) y E. Castell (médico). ¿En qué sentido era algo nuevo que complicaba? Por federal, por andalucista, y por el apoyo de los campesinos y anarcosindicalistas. Rompía el cuadro tradicional de una Andalucía, mercado colonial de votos y lo hacia desde la izquierda. "Fue organizada por Blas Infante, primera figura del andalucismo (Tuñón). El mismo escribió: "Mía fue la iniciativa, porque yo la elaboré y redacté el manifiesto electoral y las hojas andalucistas que, sobre los campesinos encorvados, lanzaba la avioneta de Rexach, yo busqué a Carrión y a J.A. Balbontín y hasta a mi propio hermano" (Tablada, p. 24 passim.). "Vallina, anarcosindicalista que gozaba de una inmensa popularidad en los medios campesinos, era por principio abstencionista, cambió y se puso a defender por los pueblos la candidatura revolucionaria, diciendo: "Estos hombres no son políticos de oficio sino hombres de vergüenza" (Tuñón).

La candidatura era de oposición al gobierno desde la izquierda, "anticentralista y anticaciquil" (Tuñón). Un gobierno Provisional que la revolución vivía" (Tablada, p. 23, ver pp. 25 y 41). "El programa electoral era, básicamente el de Ronda (1913) y Córdoba (1919): autonomía cantonal y municipal, cogestión de la empresa, abolición de los monopolios, Estado Federal Andaluz de la Confederación ibérica" (Ruiz Lagos).

El ministro de la Gobernación, Miguel Maura, escribió en 1916: "No era prudente dejar solas a las izquierdas en el campo republicano y mi propósito era defender, dentro de él, los principios conservadores legítimos" (Así cayó Alfonso XIII, p. 50, ed. 66). Según Amura, para las vísperas del 28 de Junio, día de las elecciones, se tramaba un complot de Franco-Infante-CNT-campesinos-comunistas y aviadores de la Base de Tablada para "la revolución social y el Estado Libre de Andalucía" (ver Maura, idem, pp.282-283). El tema alarmó de manera extraordinaria. Crisol lo daba a toda página (20-V-31). Esa era "la tesis oficial defendida por Maura" (Tuñón). Infante llamó a esa tesis, "tejido de pamplinas", "romanceado por el señor Maura el joven" (Tablada, 24 y 41; ver pp. 59, 61, 62, 92, 115), "fantasía" (Crisol, M., 1-VII-31, p. 12). ¡Un libro entero dedicó Infante al affaire! Escrito en caliente, en un poco más de un mes (21-VII, 29-VIII-31: Tablada, p. 119), es una maravilla de crónica, con excursiones por la Historia, cultura y antropología andaluzas, datos curiosos sobre el primer gobierno republicano y en estilo veloz, el mejor momento literario de Infante ¿Por qué este curioso invento de complot? Infante lo explica: "El Gobierno se ha sentido desenmascarado por primera vez mediante la candidatura (Tablada, p. 25). El Gobierno "calumniaba", porque es "la España tradicional, ahora representada por hombres republicanos" (Id., prólogo de la Junta Liberacionista, p. 14), para ellos no ha cambiado el régimen (Tablada, p. 20), son "monárquicos sin monarca" (Id., p. 30).

Ramón Franco, es verdad, había dejado caer frases equívocas (El Sol, 17-VI-31 pp. 1 y 3), pero eso hubiera justificado, simplemente una investigación sobre su persona. El entusiasmo que la candidatura levantaba en los pueblos era una amenaza para la habitual decantación del electorado andaluz hacia Madrid. "El complot fue la maña para quitarnos un Acta, robo de votos" (Tablada p. 118), "sirvió para que las fuerzas del Ejército y de la Guardia Civil patrullaran ostensiblemente por todas partes el día de las elecciones" (Tuñón).
"En vista del ‘complot’, dos días antes del señalado para las elecciones... sin perder un minuto, ordené al General Sanjurjo que, en avión y cuanto antes, saliera para Sevilla y procediese a la detención de Franco y sus amigos... Cuatro horas más tarde, me telefoneaba... misión cumplida perfectamente" (Maura). ¡Cuatro horas bastaron para hundir tan poderosa conspiración...! Los comentarios de Infante ironizan: "Sin aviones, sin municiones, sin soldados... No pudimos conseguir que nos fusilaran" (Tablada, pp. 116-119).
¿Los resultados? Victoria de la candidatura gubernamental que tan bien apoyaron Maura, el ministro, y Sanjurjo, el general. Barridas las otras tres. Segundo lugar, pese al complot, para los andalucistas. "La masa de los barrios populares –Macarena, El Fontanal, Camas, Triana... de indudable influencia anarcosindicalista, votaron la candidatura revolucionara de ‘Andalucía Libre’" (Tuñón). Esto así, pese al Manifiesto de la Federación Andaluza de la C.N.T. en la víspera electoral: "La C.N.T. no apoya ni directa ni indirectamente a ningún partido por muy extremista y revolucionario que sea".

Franco y Balbotín, ya diputados. Balbontín presenta querella contra Maura por "coacción al cuerpo electoral" (Crisol, 1-VIII-31, p. 12). Franco impugna las actas en las nuevas Cortes (Diario de Sesinnes, 8-VIII-31) cuya "atmósfera se caldea" (Crisol, 20-VII-31, p. 12). La historia continuó en un sumarísimo. El 26 de Abril de 1932, aún coleaba se conserva en los archivos de Coria una carta de uno de los encartados, firma ilegible, que llama "guía completa" al proceso y "maniobra del actual jefe de Aviación, Barrón para quitar el mando a Franco y a mí". Luego, el procedimiento anduvo de mesa en mesa y, logrando su objetivo, el affaire nos dejó la herencia del gran libro de Infante.

1931.HACIA EL ESTATUTO DE AUTONOMIA

La última gran operación de Infante y los suyos será la acción hacia el Estatuto de Autonomía Andaluz. La Confederación del 31 inventa la palabra mágica "integral" para desechar la Federación y mantener un Estado Centralista en el que, "los Estatutos quedarían supeditados a las específicas y bastante estrechas normas, que fijaba el Título I, art. 8-22" (Lacomba). "El debate del Estatuto Catalán, puso de manifiesto la dura oposición al hecho autonómico por parte de todos los grupos a excepción de los partidos regionalistas" (Lacomba).
Pero "son los que se lanzan con todo entusiasmo a la campaña pro Estatuto" (Lacomba). Infante escribe: "Nosotros aspirábamos a un Estatuto Libre en Andalucía" (Tablada, 60). Está refiriéndose a lejanos antecedentes. Había afirmado en 1919: "La Asamblea Regionalista de Ronda (1918) proclamó a Andalucía como una realidad nacional, como una patria","declarémonos separatistas de este Estado que nos descalifica" y "los verdaderos separatistas son ellos", "los Poderes Centralistas, depredadores, caciquistas, que deberán ser abolidos" (Manif. Córd., ed. 79, pp. 56-59 passim). "Sí, nosotros aspirábamos y aspiramos y seguiremos aspirando a un Estado Libre en Andalucía" (Tablada, p. 60).
"¿No proclamó su República Cataluña?. Pues, ¿cómo va a ser delito en el Sur, un hecho lícito en el Norte, acatado por el poder público?" (Tablada, p. 60), dice agudamente.

Planteado diáfanamente el tema, las Juntas Liberalistas, al mes de proclamada la República, piden a la Diputación de Sevilla una asamblea de las Diputaciones andaluzas para que elaboren un proyecto de Estatuto. El 6 de Julio de 1931, se celebra con urgencia para adelantarse a la acción constitucional restrictiva de las Constituyentes (Crisol, M., 18-VII-31). Las Bases para el Estatuto se acuerdan por fin en nueva reunión de las Diputaciones de Sevilla el 26 de Febrero de 1932. Del 29 al 31 de Enero de 1933, se celebra en Córdoba por iniciativa de los liberalistas La Asamblea de las ocho Diputaciones, diputados andaluces en Cortes, 507 Ayuntamientos y 78 entidades obreras y culturales de toda Andalucía. Comenzada ya, la controversia sobre su propia oportunidad está a punto de su disolución y aplazamiento. Infante reacciona hábilmente llevando el tema a otro plano: propone la inmediata erección de una Junta Regional para modificar la Ley Agraria y crear centros culturales en todo el País Andaluz. Sorpresa de los asambleístas. Unidad final: acuerdan el Anteproyecto de Bases para el Estatuto.

El 12 de Enero, una aldea andaluza –Casas Viejas- proclama el comunismo libertario. La represión es durísima. El 2 de Febrero, Eduardo Ortega y Gasset plantea en las Cortes el tema Casas Viejas. En Septiembre, cae el Gobierno Azaña. Las elecciones de Noviembre traen el triunfo de las derechas con Lerroux, que detiene todo el proceso autonómico.
¿Cómo era el documento aprobado en Córdoba? Lacomba lo llama "difuso, poco elaborado, falto de Mancomunidad que a un Estatuto". El texto arrastraba un mal de origen (la ponencia de la Diputación de Sevilla" (Tablada, p. 94). Y también: "Como dice la nota a nuestro delegado en Granada, nosotros, los liberalistas, no hemos tenido arte ni parte en la redacción de esa ponencia... La Junta no fue citada, no obstante que el que esto escribe había sido nombrado delegado por la Diputación de Jaén" (Tabalada, pp.94-95 passim).
Casés-Carbó escribiría "a Blas Infante i als seus deixebles abnegats: L,Estatut d,Autonomía de l’Andalusía està en marxa. Aquest Estatut no pot ser similar a l’Estatu Catalá. A Catalunya, totes les ciutats, viles i comarques senten como capital propia, Barcelona. A Andalusía, el cas és ben diferent, car dins la unitat geográfica, històrica i actual del país andaluz, hi ha modalitats distintes" (cita de O. Lanzagorta, p. 32, passim). No podía ser igual al Estatuto Catalán, "salvo en una soberanía igual en intensidad", (Manif. Órd., p. 60).

Resultó "muy alejado a las Bases de las Diputaciones y del esquema de Blas Infante y bastante próximo a la línea del de Cataluña de 1932" (Lacomba). Las prolijas determinaciones de Infante para el Estatuto aparecen en Tablada, pp. 94-98.

El documento era lo opuesto a la constante postura de Infante municipalista, social, descentralizadora en la misma Andalucía, etc. Porque "Andalucía no puede hacer un Estatuto al modo catalán" (declaraciones de Infante, El Liberal, 21-I-33, p. 6) "Andalucía no ha copiado ni copiará jamás a ningún otro pueblo. Sabe crear originalmente" (Tablada, p. 62). "Cataluña es más Europa que Andalucía" (Id., p. 63). "A Andalucía corresponde un Estatuto verdaderamente federalista, es decir, de abajo a arriba y no de arriba abajo, como el Catalán" (Tabada, p. 97).
"Pese a ello, Blas Infante y las Juntas Liberalistas, lo apoyarían decididamente" (Lacomba). La llamada Revolución de Octubre en Asturias y la declaración por Companys de la independencia catalana provocan nueva congelación del proceso estatutario.

EL NUEVO INTENTO, 1933

En Junio de 1933, "patrocinado por la Junta Liberalista" se crea "el organismo Acción Pro-Estatuto. Está formado por uno de los Consejos de la Junta Liberalista con la colaboración de elementos pertenecientes a sindicales obreras, partidos políticos de ideologías diferentes y entidades económicas y culturales". Observa Alvarez Osorio: "Toda la persecución difamatoria sobre el andalucismo se derivaba del firme propósito de la Junta Liberalista, de llevar a cabo la difusión del anteproyecto de Estatuto por sus propios medios" (cita Lanzagorta).

Infante, por mandato de Acción Pro Estatuto Andaluz, firma su Manifiesto a todos los andaluces. Lo fecha el 15 de Junio de 1936. "Es el último y dramático documento escrito por él" (O. Lanzagorta). Merece un detenido estudio.
Se trata de una llamada a "los andaluces de todas las ideologías". Insiste en la movilización unitaria del Manifiesto cordobés de 1919. En aquel, de su unitarismo, vimos que sólo excluía a la "pseudointelectualidad" mientras apelaba "principalmente a las clases obreras". En este Junio del 36, el carácter unitario aparece mucho más matizado:

"Por la convivencia común de la empresa autonomista", no excluye "programa religioso, político o societario alguno", pero la acción unitaria queda limitada a "unos días", "sin perjuicio de que, una vez conseguida la autarquía de nuestro pueblo, cada uno de los andaluces o cada grupo político u obrerista mantengan sus particulares puntos de vista". Con ello, quedan excluidos los amigos de una ingenua unidad permanente.

Se dirige también a "los nacidos en cualquier país y que viváis en Andalucía" porque "en Andalucía no hay extranjeros". Así, quedan fuera de la convocatoria los chovinistas.

"Este llamamiento es españolista" porque "Andalucía es esencia de España" y "tanto necesita España como Andalucía, el que esta última llegue a autarquía". Por eso, no cuenta con separatistas si los hubiere.

Pero no se invoca un españolismo irreal, que es en verdad "común esclavitud de todas las Regiones de España vencidas por la influencia extranjera, uniformante y centralista". "Caben en la Acción Pro-Estatuto" "los movimientos autonomistas más o menos vehementes". Y afirma audazmente: "Españolista fue el gesto, acaso violento, de Cataluña en 1931 cuando llegó a arrogarse o decretarse a sí misma un régimen autonómico". Al momento, califica de españolista "la aspiración aquel mismo año a establecer el Estaado Libre de Andalucía", "como españolista ha sido también el plebiscito vasco", "la preparación del gallego", "las inquietudes de Valencia", "la preocupación de castellanos y leoneses".

Acción unitaria, sí, pero limitada a los que "acaten ineludiblemente la Constitución de 1931. De entrada, quedan así fuera, todos los antirrepublicanos.

La interpretación de la Constitución cuyo texto es ambiguo sostenida por el Manifiesto es la de "España, República federable", "Estado Federativo por esa angustiosa necesidad de un Estado Federalista". "Es imposible restaurar el Estado centralista", "causa principal del fracaso de todos los gobiernos españoles en lo que va de siglo". Republicanos unitarios, centralistas de todo color, regionalistas falsos (que sólo pretenden descentralización administrativa), no entran en el unitarismo a que convoca.

"Todas las Regiones deben ser autónomas", "por evitar el privilegio" y defender la "igualdad de todos los pueblos", sin que ninguno "siga vergonzosamente como colonia". El llamamiento se limita a los defensores de generalización del proceso de federación. Tan dialectizado Manifiesto incluye una última urgencia: "Desdeñasteis el grito de la Asamblea Andalucista de Ronda el año 18. No desatendáis ahora nuestra voz", "vosotros, acostumbrados a servir de espectáculo ‘como aquel hijo robado a sus padres nobles’ por los titiriteros al que, mutilándole los labios con una cuchilla, condenaron a reir en el Circo eternamente, forzada, trágicamente, en grotesca caricatura. Concluyó el Circo".

OBRAS DE INFANTE

Entre editadas (14) e inéditas (3, más 3.000 manuscritos de variada temática), Infante escribió 17 obras. De las publicadas, 8 están agotadas en 1980. Aparecen aquí según la cronología de su redacción. No se incluyen los artículos en revistas o periódicos.
1914 Moción al Ayuntamiento de Sevilla, Tipografía Jirones, Sevilla, 27 págs.
1915 El Ideal Andaluz, Ed. Biblioteca Avante, Sev., 1915. Reeditado por Túcar, 1976, mutilado en 13 capítulos, con introducciones de E. Tierno Galván y Juan A. Lacomba. Agotado.
1916 La Obra de Costa, Ed. Biblioteca Avante, Sev., 16. Agotado.
1917 La Sociedad de Naciones, en colaboración con J. Andrés Vázquez, Ed. Biblioteca Avante, Sev., 17. Agotado.
1919 Manifiesto Andalucista de Córdoba 1919 – Ideario de la Nacionalidad, Ed. Centro Andaluz, Córd., 19. reeditado por P.S.A.-P.A., Sev., 79, con comentarios de J. Aumente, M. Ruiz Lagos y J. Mª de los Santos.
1920 Motamid, último rey de Sevilla, Ed. Biblioteca Avante, Sev., 20. Agotado.
1921 Cuentos de Animales, Ed. Biblioteca Avante, Sev., 21. Agotado.
Los Mandamientos de Dios a favor de los animales, Imprenta Vázquez, Sev., 21, Agotado.
La Dictadura pedagógica, Ed. Biblioteca Avante, Sev., 21. Agotado.
Reelección Fundamental –Primer Volumen- La Religión y la Moral, Ed. Biblioteca Avante, Sev. 21. Agotado. Abreviatura: Reelecc.
1929 Fundamentos de Andalucía- 1ª serie de Cartas Andalucistas. Inédito.
1929-31 Orígenes de lo flamenco y secreto del cante jondo, recopilado por M. Barrios. Ed. Junta de Andalucía, Sev., 80.
1931 La verdad sobre el complot de tablada y el Estado libre de Andalucía, Ed. Juntas Liberalistas, Sev., 31. Reeditado por Aljibe, Granada 79.
1935 Cartas Andalucistas de Septiembre de 1935, Ed. Juntas Liberalistas, Sev., 35. Agotado. Recogido por J.L.O. de Lanzagorta en B. Infante Vida y muerte de un hombre andaluz, Ed. Fernández Narbona, Sev., 79, pp. 237 y 245.
1936 Manifiesto a todos los andaluces, Imprenta Municipal, Sev., 36. Agotado. Recogido por O. De Lanzagorta en igual obra, pp. 251-254.
? El libro Nuevo, inédito.
? Almanzor, drama inédito.


EL ROSAL DE “SEISDEDOS

(de la obra del doctor Vallina Mis memorias)
A la memoria de Blas Infante

En aquel corralón de Seisdedos, en Casas Viejas, en donde fueron sacrificados muchos jornaleros andaluces en aras de una República macabra, fue arrancado de cuajo en la refriega un rosal anónimo, que rodaba por los suelos cubierto de lodo y sangre.
Mi gran amigo Blas Infante fue en peregrinación a Casas Viejas, contempló la casita en ruinas de Seisdedos, con sus ojos cegados por las lágrimas, y recogió condolido aquel rosal profanado por las bestias sanguinarias del Poder.
Lo llevó piadosamente a Sevilla y lo plantó en el más fértil suelo de su jardín, y lo regó con la más cristalina agua. El rosal se vistió pomposamente de verde y se cubrió de capullos prometedores de las más bellas rosas.
Y fueron objeto constante de especulación por parte de los visitantes del jardín las flores rojas que un día brotarían de aquel rosal cogido en la casita del crimen, rojas como el color de la sangre derramada por los campesinos mártires; rojas como el color de la bandera de la rebelión de los esclavos.
Pero una esplendorosa mañana de primavera, en que la naturaleza renacía en un ambiente de luz y pájaros, al toque del alba dado por las campañas de la torre morisca, cambió el rosal sus capullos por unas hermosas flores, no rojas, como se esperaba, sino bancas como el color de la nieve y el armiño.
¡Cómo se regocijaba Blas Infante de la ocurrencia del rosal, burlando nuestras esperanzas y ajeno al furioso batallar de los hombres! Para nosotros, el rosal, agradecido, reflejaba en aquellas rosas blancas y puras la conciencia inmaculada de Blas Infante, que lo había devuelto a la vida.
Otros bárbaros como los asesinos de Casas Viejas, esta vez no disfrazados con el gorro frigio, sino llevando por enseña la cruz gamada, aparecieron en Sevilla de improviso y dieron muerte al más ilustre de sus hijos: a Blas Infante.
El duelo tendió su manto sobre la viuda y huérfanos del caído, y el jardín, no regado más que con lágrimas de dolor, se convirtió en campo yermo. El rosal perdió su lozanía, dejó caer, como lágrimas, las hojas mustias de sus rosas; se despojó de su ropaje verde y se vistió con otro gris, de luto; y por último, la savia dejó de correr por sus venas. Y en una oscura noche sin luna y sin estrellas, exhaló su último suspiro el rosal de Seisdedos. Unico superviviente de las más inicua de las tragedias, digna de la pluma del gran Esquilo.

Ya en el jardín no hay amores, ni hay niños juguetones, ni pájaros cantores, ni flores blancas ni rojas, ni aguas cristalinas, ni por allí cruzan como otras veces visitantes soñadores. El desastre cobija aquélla tierra del crimen, en la que no crecen, como en el corralón de Seisdedos más que cardos y espinas.
Como no hay noche sin aurora, esperemos un alba roja, tan encendida que todo lo revestirá de color de fuego, como el que arde imperedecero en nuestros corazones de revolucionarios andaluces, españoles e internacionales.

¿POR QUÉ FRACASO EL ESTATUTO?

Una labor tan entusiasta por el Estatuto, fracasó ¿Cuál fue la causa? Infante (Manusc. C-17) escribe que "es algo difícil de expresar o que es causa en Historia". "Causa, en Filosofía, es un principio motor; en Física, una ley; en Historia, un organismo". "De mismo modo que la Música se constituye por sonidos de mutua evocación, que giran alrededor de un sonido principal, la tónica, causa histórica, es la fuerza de un complejo de hechos progenitores-condicionamientos que se organizan articulados en torno al núcleo de un suceso principal. Tal suceso, integrando todos esos hechos condicionantes y condensando su energía, tiende a perpetuarse".

¿Cuál fue ese suceso principal que núcleo cada uno de los hechos de 1931-36, hasta perpetuar la falta de un Estatuto Andaluz? Los conocemos ¿Cuál destaca entre ellos con fuerza de tónica dominante? Sin pretender un orden valorativo, aparecen los siguientes: , Ausencia de, al menos un fuerte partido autonomista; , Desinterés, más bien, oposición de los partidos de derecha e izquierda; , Absentismo de los partidos políticos andaluces; , Debilidad de la conciencia andalucista; , Levantamiento militar del 18 de Julio.

El intento de Infante por "agrupar en el Partido Republicano Federal" a los andalucistas históricos no tuvo éxito. "Empeñada la Junta Liberalista desde hace mucho tiempo, en una paciente y oscura labor integral andalucista" (A todos los andaluces, 15-VI-36), este unitario dio resultados contrarios al propuesto.
Los especialistas de más variadas tendencias coinciden en afirmar la ausencia de grupos andalucistas: "Juan Antonio Lacomba, en las III Jornadas de Estudios Andaluces en Granada, suscitó una gran polémica cuando afirmó, en el caso autonómico andaluz, que el retraso que sufrió Andalucía en la II República fue debido a falta de un partido de exclusiva obediencia andaluza. Algo que no sucede hoy" (Cambio 16, 28-X-1979). Faltó "un partido político regionalista que fuera soporte y vehículo del problema andalucista" (Lacomba, Cuatro textos políticos andaluces (1883-1933), Granada, 79, p. 124); "que asumiese el Estatuto como bandera" (Lacomba, Aproximación a la Historia de Andalucía, Laia 79, pp. 325-326). "En Cataluña, en el País Vasco, incluso en Galicia, fue un partido el que aglutinó en torno al Estatuto las demás fuerzas sociales" (Lacomba, La lucha por la autonomía andaluza, Jaén, 78, p. 21). "En el fondo, el problema del Estatuto durante la Segunda República, fue la ausencia de una organización política auténticamente andaluza" (A. Burgos, rev. Triunfo, 17-I-76). Porque "no bastan los programas, los manifiestos, las soluciones por perfectas que sean, si no se cuenta con la fuerza social y política imprescindible para llevarlos a la práctica (J. Aumente, Comentario al Manifiesto Andalucista de Córdoba de 1919, Sev. 79. p. 51).

El mismo Infante había profetizado inconscientemente esta situación cuando comentaba el caso de Joaquín Costa en 1916: "Ningún grupo organizado de hombres hay que, continuando la obra de Costa, renueve las siempre vivas en su tumba" (La obra de Costa, Sevilla, 1916, p. 8).

Según recoge Ideal (29-I-33), reunidas en la Diputación granadina "las fuerzas vivas de la ciudad", "el señor Carreño dice que la Agrupación Socialista de Granada acordó por unanimidad manifestarse contra el Estatuto". ABC de Sevilla (1-II-33, p. 12) refiriéndose a la Asamblea colaboradora del Proyecto de Estatuto, titula "Vivo incidente en Córdoba entre el diputado señor García Hidalgo y don Blas Infante" y recoge: "Escuchamos el singular diálogo (entre ambos): -El Sr. Infante: ¿Qué quiere Ud. que dijera, viva Andalucía esclavizada?, -El Sr. García Hidalgo: "Bastaba con haber dicho viva Andalucía, o viva Andalucía española; porque con este viva Andalucía libre, no veo posibilidad de Estatuto Andaluz".

De entre los Diputados del P.S.O.E., emerge Hermenegildo Casas, Presidente de la Agrupación Socialista de Sevilla, que presidió la Asamblea a título de Presidente de la Diputación de Sevilla porque "él tenía que hacer constar que su partido estaba ausente y su intervención sólo la hacía como presidente de la Diputación de Sevilla" (La Voz, Córdoba, 31-I-33). En el Noticiero Sevillano (2-II-33) dicen de él: "Ese regionalismo de laboratorio que andan predicando por ahí Blas Infante y sus amigos, ha sido ahora tomado en serio por Hermenegildo Casas, que se imagina ser el Maciá Andaluz". Casas batalló como gran andalucista. En la Asamblea de Córdoba dijo: "No tienen derecho algunos a hablar de broma del movimiento andalucista y no es bien nacido el que así lo interprete. Es una obra metódica, razonada y serena. Estamos a tiempo de la reorganización de Andalucía (ABC, Sevilla, I-II-33, p. 21). "El Señor Casas, concejal y diputado a Cortes en las Constituyentes y en las actuales, hoy separado del partido Socialista y afiliado al Radical Demócrata...", se lee en la revista Reforma Social, nº 4, Julio 1934. En la escribanía de Infante, en su villa de Coria, se conservan dos cartas de Casas desde el exilio mejicano interesándose por libros del mentor del andalucismo. "Las reservas del P.O.S.E. –dice Lacomba- (Revista de Estudios Regionales. Extra, Vol. II, 1980, pág. 82. nota, 28). Se comprueban leyendo El Socialista de los meses que duró el debate o en el libro de L. Jiménez de Asua, La Constitución de la democracia española y el problema regional, B. Aires, Losada, 1946". Véanse también los números de La Voz, Córdoba, correspondiente a los días 7, 16, 18 y 26 de Noviembre de 1932 y 27 de Enero de 1933.

La desunión entre las provincias.

Puede afirmarse, al menos, a nivel de buen número de los representantes en la Asamblea Estatutaria del 33. Allí se insistió por delegados pertenecientes a partidos y Administración en que sus prudencias autonomistas se debían a la falta de conciencia andalucista en parte de las provincias. Los demás asambleístas respondían dando la vuelta al argumento: en los casos en que tal conciencia no se manifestaba, se debía a la ausencia de "auténtica voluntad estatutaria" (Lacomba).

El Presidente de la Asamblea, Casas, afirmó: "A pesar de que se diga que en Andalucía no existe ambiente andalucista, el archivo de la Comisión organizadora, registra pruebas fehacientes de un hondo anhelo descentralizador" (La Voz, Córdoba, 31-I-33). "El Secretario, Andrés Vázquez, dio cuenta de las representaciones que asisten: Diputaciones, 68 de entidades y sociedades, 507 Ayuntamientos, 16 diputados en Cortes". Casas hace ver a la Prensa que, con el número de adhesiones, se llega a las 729 representaciones.
En el transcurso de la Asamblea hubo un total de 19 oradores; de ellos 10 decididos partidarios de una autonomía inmediata y 9 retardarios "hasta que aumente la conciencia regionalista del pueblo". Esta lucha, unida "al difícil trance del llamado ‘bienio negro’, preponderantemente derechista, generó el desencanto político en muchos que habían seguido al andalucismo" (Ruiz Lagos). Infante acusó también el golpe. Su tan citada carta Andalucista de Septiembre de 1935 es un texto dolorido, hasta despechado: Ortiz de Lanzagorta parece acertar mejor cuando escribe que este documento "no era más que un gesto de rabia producido por su crisis de reflexión y soledad", que al calificarlo "testimonio postrero de un pensamiento desengañado", "epílogo ideológico de su vida". No hay tal cuando asistamos aún, y a pesar de todo, a la frenética actuación de Infante en los once meses que le quedan de vida, cuando leamos el Manifiesto a todos los andaluces y escuchemos su gallardo grito muriendo.

Si es un texto "dolorido", hasta despechado ("Ese pueblo tiene ahora lo que se merece. Es quien elige ahora, pues bien: que sepa elegir". "Nada debo a ese pueblo. Ningún liberalista, tampoco. Nada nos dio él; nosotros todo se lo dimos. Allá ese pueblo con sus representantes"). El 29 de Agosto de 1931 había deseado decir lo que ahora ha dicho: "¡Quién pudiera decir a la muchedumbre: allá tú con tus policastros! Pero, dentro de ella y cercándola, está el caos" (Tablada, p. 119). Hay un formidable alegato sólo posible desde la ética política que sabe nadie capaz de negarle: "Esto es soberbia ¡ya lo creo!, pero soberbia de humildad sin destaque de cargos políticos, los cuales no ocupó jamás (...) en esta desventurada República de trabajadores parados".

La ocasión estatutaria del 33-36, con Alcalá Zamora, Fernando de los Ríos, etc. en la Administración Central, fue otra comprobación histórica con datos hasta pintorescos: en la reunión preparatoria para la Asamblea de Córdoba (en Ganada, el 28 de Enero de 1933, v. Ideal, 29-I-33), "el señor Leyva lee un acuerdo de la Cámara de Comercio: afirma que Andalucía no siente el impulso del regionalismo sino el de una España grande y única". "El Señor Carreño cree que debe llamarse por teléfono al Ministerio de Instrucción Pública que indique el criterio a seguir". (Ideal, 29-I-33).
Infante había dicho: "He visto esta tierra entregada a los aventureros de la política, advenedizos que vinieron de fuera que han convertido sus pueblos en granjas explotables por Madrid (ver Andalucía nº 3, Agosto, 1916). Y en Septiembre del 35: "A un político de los más destacados de esta desventurada política, humilde siervo de Robespierre y Saint Just, contesté que estaba impedido a colaborar con quienes han producido la perdición de mi país". (Cartas Andalucistas).
"Parece ser que, cesado Pascual Carrión el 6 de Junio de 1932, como Secretario de la Junta Central Agraria, ofrecieron a Infante la cartera de Agricultura" (Lacomba) ¿Se estaría refiriendo nuestro biógrafo en este texto a su negativa a tal cargo en Madrid?.

EL LEVANTAMIENTO MILITAR DEL 18 DE JULIO

El tiempo juega contra Andalucía. La actividad de Infante en los días 5, 12, 13 y 14 de ese mes, es tal que parece emplazado por lo que acabaría ocurriendo el 18. El 5, en la Diputación de Sevilla se celebra una gran Asamblea en la que es elegido "Presidente de honor de la Junta Regional Pro Estatuto, acordándose entre grandes aplausos" (El Liberal, lo recoge así, en la primera página, a todo ancho de plana, en cabecera y con fotografía a cuatro columnas, al día siguiente). El 12, Infante está en Cádiz dando una conferencia en su Conservatorio. El 13, reunión en la Diputación con los alcaldes de aquella Provincia. En los pueblos del itinerario, banderas andaluzas y vecinos que le vitorean. "Creía que lo vítores eran para otra persona" y comentaba: "Yo, libertador de Andalucía, que vengo con poco tabaco y menos dinero...". J. Alvarez Osorio testifica todos estos últimos acontecimientos. Se iza la bandera en todos los municipios gaditanos. Mientras flamea en el de Cádiz, Infante grita: "Tengamos cuidado no vaya a venir un huracán y se lleve, no sólo la bandera, sino a nosotros". Aquel mismo 13 de Julio, tras un mitin en el Círculo Radical en Jerez, su emisora trasmite un llamamiento a Infante. El 14 en Sevilla, izan nuestra bandera en el Ayuntamiento y celebran su confianza en la ratificación del Estatuto con un viaje por el Guadalquivir en el remolcador Pastor y Landero.

A las setenta y dos horas, el general Franco se alza en Africa. No fue Infante el único de las Juntas Liberalistas que cayó abatido por los disparos. En Jaén mataron a Pedro Pino. En Málaga, a Fernando Estrada. En Granada, a Enríquez de Salamanca. En Jerez, a Chacón Ferrant y a Adolfo Santibáñez. En Utrera, a Antonio Rufino y a Julio Tirado. En Algeciras a Enrique Suárez. En Ecija, a Manuel Lucero. En Sevilla, a Ariza, a Puelles y a Pérez Jirones. El resto de los andalucistas se escondieron o se exiliaron. Juan Alvarez Osorio, Emilio Lemos Ortega y José Rodríguez Escobar han llegado a nuestros días como testimonios de aquellas Juntas Liberalistas, desde el 21 de Mayo de 1978, integradas en el P.S.A.

El 11 de Agosto una bala segó su vida, "porque formó parte de una candidatura de tendencia revolucionaria en las elecciones de 1931 y en los años sucesivos hasta 1936 se significó como propagandista de un partido andalucista o regionalista andaluz". Así declara un documento trágico y pintoresco fechado el 4 de Mayo de 1940 en Sevilla y formado por el "Tribunal Regional de Responsabilidades Políticas" que le condenaba cuatro años después de muerto.

La "sentencia" del "Tribunal" que condena a muerte al patriota andaluz le impone una "sanción de 2.000 Pts." que recae sobre "una finca con 138 Pts. con 85 céntimos de líquido imponible, donde existe una casa con valor aproximado de 30.000 Pts.". Esta es la situación económica en que todo un notario deja a su viuda y cuatro hijos aún niños, después de veintiséis años de profesión.

La muerte ha llegado. La vida sigue.

Tags: Blas Infante, morisco, andaluz, Al-Andalus

Publicado por foroabenhumeya @ 12:53  | Blas Infante
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