Mwhammad Abû Yahyâ Ma’n ibn Smâdih Al-Tuchibî, es decir hijo de Ma’n, hijo de Sumâdih, de la tibu de Tuchib.
Rey-poeta de Almería. 1037-1091.
Al morir Abû-l-Ahwas ;a’n Sumâdih, en el año 1051-1052, sube al trono de Almería (primera sucesión por herencia de sangre), Al-Mu’tasim, el protegido de Allah, cuyo reinado llenará casi toda la segunda mitad de la centuria, pues cuando sucede a su padre contaba la edad de 14 años, según atestigua el zirí granadino ‘Abd Allâh. Muere en su palacio de la Alcazaba almeriense en 1091, cuando contaba 54 años de edad.
Al comenzar su reinado adoptó el título honorífico de Al-Mu’tasim bi-llâh, el protegido de Allah, pero cuando vio que los otros príncipes de los reinos taifas tomaban títulos califales, no quiso ser menos y adoptó los de Al-Wathik bi-fadhli-llâh, el que confía en la gracia de Allah; y el ya indicado de Al-Mu’tasim.
El rey se desposó con una dama cristiana y tuvo dos hijos y cuatro hijas, famosas éstas por su belleza y que casarían todas con príncipes musulmanes.
Según Dozy, durante la minoría de edad de Al-Mu’tasim, regentó el reino durante tres años su tío Abû ‘Utba ibn Sumâdih, período en el que se produjo el intento separatista del gobernador de Lorca. Ibn Sabib, que pudo sofocarse de forma inmediata gracias a la coalición de los ejércitos almeriense y granadino. Según Ibn Bassâm, en su Dhjîra, hubo un segundo intento de independizarse que si fructificó.
No era Al-Mu’tasim, según recoge Dozy de Ibn Bassâm, un gran capitán ni buen político, y los continuos fracasos que cosecho en sus empresas bélicas no deben interpretarse –como hace Varela-, como que Al-Mu’tasim fuera enemigo de la violencia y que renunciara a extender sus dominios. Lo cierto fue que careció de dotes de organización y mando, siendo de otro lado muy considerado por su afición y mecenazgo por las artes, las letras y las ciencias. Así dice textualmente Ibn Al-Attâr después de la muerte de (Man Ibn) Sumâdih, los príncipes vecinos de Abû Yahyâ le creen un soberano poco temible a causa de su juventud, apoderándose de aquellas partes de su país que estaban situadas a alguna distancia de Almería, de suerte que al final solamente le quedaría esta ciudad y el territorio que la rodea.
Una de las primeras medidas que tomaría en su reinado fue la de restablecer el vasallaje que el reino de Almería tenía respecto al de Granada, vasallaje que duraría hasta que apareció en escena el visir judío José, que llego a ser dueño de la voluntad del rey, consiguiendo que éste le nombrara además tesorero y le otorgara la administración del reino.
Al-Mu’tasim, instado por José, rompió las relaciones con Granada en 1066, ya que el judío –odiado por la población granadina- conspiraba para hacerse con el poder absoluto del reino. Sin embargo, el proyecto fracasó al conocerse en la ciudad la conspiración, iniciándose una matanza de más de dos mil judíos, rindiéndose las tropas almerienses que se encontraban en Guadix prestas a apoyar el golpe de Estado del visir José, a los ejércitos granadinos apoyados por el rey de la taifa de Toledo, Yahyâ Ismâ’il al Mamûn.
Lo que le ocurriría a Al-Mu’tasim y a su territorio ya lo predijo el rey granadino, cuando afirmaba lo que me sucede con Al-Mu’tasim me recuerda a la alondra, que vio cerca del suyo un nido de oca salvaje, le gustaron los huevos y se dijo: voy a empollarlos con sus dos pequeñas alas y cuando volvió a su nido, encontró que los suyos estaban estropeados. Al-Mu’tasin ha invadido mis Estados, pero no tardará en salir de ellos y perderá la mayor parte de los suyos, que poseía pacíficamente. No tardó en cumplirse la profecía del rey granadino, que prosiguió la campaña contra Almería apoderándose de buena parte de su territorio. Al-Mu’tasim le envió una embajada suplicándole que le perdonara, cosa que hizo el granadino no sin antes imponerle un pacto de vasallaje que le aseguró una fuente de tributos en un lugar tan rico como era entonces el puerto de Almería.
El historiador Al-Himyûn nos da cuenta de una guerra entre el reino ‘abbadí de Sevilla, gobernado por el también rey-poeta Al-Mu’tasim, y el reino almeriense; conflicto del que no se sabe con exactitud si fue cierto, o fue sólo una excusa de Al-Mu’tasim para romper en el año 1082 su vasallaje con Alfonso VI. De lo que sí se tiene certeza histórica es del encuentro de ambos reyes andalusíes en un lugar limítrofe de ambos reinos: en Sarbos.
Todavía sostendría Almería otra guerra contra el reino de Bâdîs, ‘Abd Allâh, pero que pronto se convertirían en relaciones amistosas cuando los almorávides de Yûsuf Ibn Tâshfîn fueron llamados por los príncipes andaluces para hacer frente a las tropas de Alfonso VI.
Hombre de letras, conocedor del Islam Al-Mu’tasim encajaba muy bien en el clima paradisíaco y el ambiente de la Almería del siglo XI. Estos años del largo reinado de Al-Mu’tasim, a juzgar por las obras realizadas durante el mismo, significaron definitivo despegue económico de Almería, hasta llegar a convertirse en el primer puerto comercial de Al-Andalus.
Con las riquezas que quedaban en sus tesoros, y después de pagar parias a Granada, pudo Al-Mu’tasim mejorar el abastecimiento de agua de la ciudad, construir dos palacios y acoger en ellos a cuantos sabios, poetas y literatos solicitaron su hospitalidad; con estos huéspedes ilustres y los almerienses distinguidos formó una célebre corte literaria, en cuyas tertulias se complacía.
La generosidad de Al-Mu’tasim para con los poetas fue extraordinaria; se cuenta que el poeta Ibn Saraf le regaló por un solo verso, la propiedad de las cincuenta casas que componían una aldea. Magnificencia que fue cantada por el poeta Al-Sahud en los siguientes versos:
Vuestros dedos reparten una lluvia de regalos
tan abundante que estoy tratando de creer
que son nubes del cielo.
No se puede vivir feliz nada más que aquí,
donde vos os encontráis,
y sin vos los días de nuestra existencia
se arrastran tristes.Tags: Al-Mutasim, Almeria, Rey Poeta, An-Andalus, Andalucía, Historia