Ibn Hayyán, “príncipe de los historiadores cordobeses”, cierra de modo espléndido la actividad de los cronistas cortesanos de los Omeyas andalusíes. En este marco y como broche de oro, junto con Ibn Hazm, debe ser considerado.
La historiografía cordobesa y los ideales omeyas.
Con las riendas del poder en sus manos, desde la proclamación de Abd al-Rahmán I en el año 138 H. a.d. 756 L.J.C. los Omeyas cordobeses impulsaron la actividad de un círculo de cronistas a su alrededor. Estos cronistas escribieron la historia de Al-Andalus desde el punto de vista del objetivo político omeya, configurado muy pronto, como todo Estado o dinastía configura los suyos. En el caso de los Omeyas cordobeses, tales objetivos giraban alrededor del centralismo, opuesto a las continuas tendencias centrífugas de los diversos localismos y de los heterogéneos elementos que constituían las poblaciones de al-Andalus. Los cronistas cordobeses, como hacen todas las historiografías oficiales, convirtieron las razones de Estado en ideales incontestables, exaltaron el derecho prioritario de los Omeyas para ejercer el poder supremo en todo al-Andalus y los justificaron a través de una presentación elogiosa de los soberanos de esta dinastía
Los cronistas de los siglos III y IV - IX y X.
Las noticias históricas sobre al-Andalus se trasmitieron de forma oral hasta el siglo III / IX, en que aisladamente empiezan a escribirse, sin propósito aún de componer una crónica con tales noticias, sino de engarzarlas con tradiciones en el Din, precisiones jurídicas y datos biográficos. De este tipo de obras sólo se ha conservado la del polifacético Ibn Habib (m. 238 / 852), viajero a Oriente, y por ello no comprometido en el elogio de la dinastía cordobesa.
Bien distinta fue la posición de Tammâm b. Alqama (m. 283 /896), visir de tres emires omeyas y autor de un poema histórico con referencias hasta finales del reinado de Abd al-Rahmán II. Seguramente en esta pieza, hoy perdida, las líneas de la historiografía cortesana brillarían entre versos ditirámbicos.
Ya del siglo IV / X sería una obra que sí nos ha llegado y que, de modo significativo, se titula Ajbár maymúcafi fath al-Andalus wa-dikr umarái-ha, rahimahum Alláh, wa l-hurúb al-wáqica bi-há bayna-hum ilá dujún Abd al-Rahmán b. Mucawiya wa tagallubi-hi alay-hà wa mulki-hi f´-há huwa wa wuldi-hi…, es decir, Colección de tradiciones sobre la conquista de al-Andalus, sobre sus emires, que Alláh se apiade de ellos, y las guerras que ocurrieron hasta de Abd al-Rahmán b. Mucawiya y cómo se impuso y logró reinar en ella, y después su descendientes…
En el siglo IV / X culmina el poder de esta dinastía, con los califatos de Abd al-Rahmán III y de su hijo al-Hakam II, gran mecenas cultural. La actividad literaria se hace más concreta. Ya se escriben crónicas históricas en cuanto tales. La mayoría de sus autores son clientes de los omeyas, apaniguados suyos, que ni fueron ni podían ser imparciales. Su centro de interés es el soberano, su corte y su actividad, año por año.
Así escribe Qásim b. Asbag, muerto en Córdoba el año 340 / 952, un Tratado sobre los insignes méritos de los omeyas. Hoy, este libro no se conserva, pero su título es bien claro y sabemos que Qásim descendía de un cliente del califa omeya al-Walíd.
Ahmad y su hijo Isá al-Râzí eran miembros de una familia afincada en Córdoba durante el siglo II / IX, y que prosperó gracias al favor de la dinastía. Sus crónicas históricas se han conservado en largos párrafos que citan otros autores posteriores, y que nos permiten ver su afán por la causa omeya.
También el cordobés fue el enciclopedista Ibn Abd Rabbihi, descendiente de un liberto del emir Hisám I. En sus versos cantó a varios soberanos omeyas, y en la introducción a un poema sobre las gestas bélicas de Abd al-Rahmán III, incluyó referencias elogiosas a toda la Casa reinante.
Implicado también con la dinastía estaba Ibn al-Qutiyya, muerto en Córdoba, el “hijo de la Goda” Sara, nieta de Witiza, casada con el cliente de uno de los califas omeyas de Damasco. Su historia, desde la conquista hasta la época de Abd al-Rahmán III, deja patente sus fervores políticos pro-omeyas.
En tiempos del erudito califa al-Hakam II, escribió una Crónica su secretario Aríb de Córdoba, que así se expresa sobre Abd al-Rahmán III: “Fue el más piadoso de todos los príncipes de los Creyentes, de todos aquellos que condujeron a sus súbditos por la Vía de la Verdad. Superó en excelencia a los más eminentes personajes del Oriente y del Occidente”.
El cambio del siglo V / XI
Hasta aquí hemos mencionado ocho obras, producto de la historiografía cortesana de los omeyas cordobeses. Todas ellas procuran ocultar las horas negras de aquella dinastía. Pero ésta entra en crisis a finales del siglo IV / X, para caer aparatosamente en el año 1031. El centralismo había saltado en pedazos, y más de una veintena de reinos fragmentados, las llamadas taifas, se repartieron el territorio de al-Andalus. Todavía en época del dictador Almanzor, (muerto en 1002), se escribe una historia controladísima, como es la significativamente titulada al-Ma´atir al-camiriyya (Gestas amiríes), obra de Ibn Asim, que sólo conocemos por referencias. Pero los historiadores del siglo V / XI, la caída del califato omeya y la fragmentación de las taifas, pudieron exponer con más claridad algunos episodios desfavorables, antes disimulados.
Entre estos historiadores del siglo V / XI sobresalen los cordobeses Ibn Hazm e Ibn Hayyán. Lo curioso es que ambos defienden sobre todo la causa omeya y que, por situación familiar y personal, se encuentran como los cronistas anteriores, implicados en los ideales “legitimistas”. Ambos descendían de clientes de los omeyas, pero su dolor por la desaparición de esta dinastía les lleva, en buena parte, a enfocarles con cierto verismo, como si intentaran explicarse su caída a través de sus defectos y errores. Hasta un límite, los soberanos de Córdoba recobran su dimensión real, porque Ibn Hazm e Ibn Hayyán al trazar sus retratos, ponen también algunas pinceladas de sombra. Algunas de sus intrigas y crímenes se expresan con claridad ahora. Por ejemplo, Ibn Hazm cuenta como el emir Abd Alláh fue responsable de la muerte de su hermano al-Mundir: los cronistas al-Razí, antes citados, lo habían ocultado. Ibn Hayyán fustiga a los ineptos pretendientes omeyas de su tiempo, mas son críticas que nacen de una frustración, no de un sentimiento antidinástico.
El balance a favor de los omeyas cordobeses protegidos por un círculo de cronistas que ellos mismo impulsaron es, a pesar de todo, muy positivo. No es de extrañar que, cuando aún queda un hábito de vida al Islam de al-Andalus entre moriscos granadinos del siglo XVI, éstos rememoren un pasado nostálgico y se alcen junto a un supuesto descendiente de los Omeyas, que se hacía llamar Aben Humeya.
Esa presentación positiva de los Omeyas de Córdoba fue obra, pues, de la historiografía cortesana, dentro de cuya actividad hay que encuadrar a Ibn Hayyán, aunque éste resulte la cima de toda aquella actividad cronista, por sus dotes como historiador, y aunque suponga una variación dentro de los esquemas de tal historiografía. Interesado en explicar la caída del Califato, indaga y presenta todos los actos realizados por aquella dinastía y no sólo los que convenían a su buena imagen.
Ibn Hayyán: vida y obra
Sin olvidar estudios anteriores, cuya validez permanece, como el de Emilio García Gómez, A propósito de Ibn Hayyán. Resumen del estado actual de los estudios hayyaníes con motivo de una publicación reciente, hay que señalar la reciente cosecha de trabajo sobre Ibn Hayyán. Entre ellos destacan: la excelente introducción de Mahmúd Alí Makkí a su edición del tomo 2º del Muqtabis; el estudio Ibn Hayyán al-andalusí, mu´arrij al-yamáa por Ihsán Abbás y otros en sus Dirasat fí l-adab al-andalusí; el preliminar de Pedro Chalmeta a la edición del tomo quinto del Muqtabis y su Historiografía medieval hispana: arábica; el estudio de Abd Alláh Yamál al-Dín: Abu Marwán Ibn Hayyán: amir mu´arrijí l-Andalus: manzilatu-hu wa-kutubu-hu, minhayu-hu l-ta´rijí wa-masádiru-hu. Todos estos trabajos contienen información muy detallada sobre la vida y obra del gran historiador cordobés y a ellos remitimos.
Muy recientemente ha vuelto a considerarse, de forma pormenorizada, cuándo redactó Ibn Hayyán el Muqtabis el Matín. Respecto a este último, ha podido comprobarse que, según todos los indicios, la redacción del Matín fue haciéndose por partes, según avanzaba la propia vida de Ibn Hayyán, el cual el cual ya no realizaría una versión orgánica de todas ellas, que recibieron títulos propios, lo que a veces ha llevado a interpretarlas como obras independientes: tal ocurrió con las noticias dedicadas por Ibn Hayyán a los cadíes de Córdoba, que aparecen aludidas como “libro” (kitáb) por Ibn al-Abbár en su Takmila, cita que no pasó inadvertida a M. Makki en su magnifico prólogo, antes mencionado, y que es más precisa que otra del mismo Ibn al-Abbár desde hace tiempo evidenciada por F. Pons Boigues, y por él utilizada para otorgar entidad a ese “libro” sobre los cadíes , que Makkí tan sólo considera una parte de Matín, en lo cual creo que lleva razón. Sin embargo, hubiera podido demostrarlo mejor aludiendo a las referencias de Ibn Said en el Mugrib al kitáb al-qudá de Ibn Hayyán, pues bien sabida es la frecuencia con que Ibn Said utiliza la palabra kitáb para designar un mero apartado o capítulo.
Con esta cita, quiero pasar a plantear algunas cuestiones sobre las biografías de cadíes en al-Andalus, entre ellas las trazadas por Ibn Hayyán, parte de las cuales, conservadas en el Mugrib de Ibn Said, traduciré luego en el apéndice final.
Las biografías de cadíes en al-Andalus
No sabemos con exactitud cuándo ni de que modo comenzaron a reunirse en al-Andalus las noticias sobre los cadíes, pero existen referencias a que unos apuntes sobre ellos circulaban en tiempos del califa al-Hakam II (350 / 961- 366/ 976), porque al ofrecer la biografía de Abu Muhammad Musab b. Imrán, cadí de Córdoba en tiempos de Hisám I (172 / 788 – 180 / 796) y de al-Hakam I (180 / 788 – 206 / 822), indica Ibn al-Faradí (351 / 962 – 403/ 1013) lo siguiente: “He leído un libro (kitáb) que me entregó Ahmad b. Abd Alláh b. Abd al-Rahím, y que llevaba una apostilla de puño y letra del Príncipe de los Creyentes al-Mustansir bi-lláh (al-Hakam II), tenga Alláh piedad de él, sobre los jueces de al-Andalus…”, observación que repite el mismo Ibn al-Faradí en la biografía de Yazíd b. Surayj, cadí de Córdoba en tiempos de Abd al-Rahmán I (138/756-172/788), cuando indicaba: “Hallé sobre esto en un libro (kitáb), que me procuró Ahmad b. Abd Alláh b. Abd al-Rahím, con noticias sobre los cadíes de los soberanos de al-Andalus, y donde había una apostilla de puño y letra de al-Hakam (II), el Príncipe de los Creyentes”. Debemos precisar ahora que estos apuntes deben ser otros que los reunidos por Ahmud b. Abd al-Barr, a quien Ibn al-Faradi cita siempre de modo explícito
El impulso por reunir noticias sobre los cadíes de al-Andalus, debió de partir del futuro califa al-Hakam II desde antes de su subida al trono, pues al-Jusaní refiere una anécdota sobre el cadí de Abd al-Rahmán II (206/822 – 238/852),Muda b. Utmán, cuyo “ autor –según al-Jusaní- la contó y aún escribió para mandársela al príncipe heredero (al-Hakam II), especificando que era fulano hijo de fulano el que la contaba, tal como la había oído referir a su padre”.
De tiempo de Al-Hakam II data, precisamente, la más antigua colección biográfica sobre los cadíes de Córdoba que haya llegado completa a nuestros días: el Kitáb al-qudá bi-Qurtuba, obra de Muhammad al-Jusaní, originario de Qayrawán, avecindado luego en Córdoba, donde murió en 361/971.
En este primer libro completo de que disponemos sobre los cadíes de Córdoba hasta el año 358/969, sabemos que al-Jusaní aparte de acta y documentos de los archivos cordobeses, y aparte también de informaciones orales, utilizó algunos escritos o apuntes biográficos sobre los cadíes de Córdoba, aunque curiosamente casi no dice nada de sus autores, título o caracteres de tales escritos, que en su mayoría dan la impresión de haber sido crónicas históricas. Es lástima que al-Jusaní no mencione de modo más explícito sus fuentes, porque ello podría iluminarnos sobre los orígenes en al-Andalus de las complicaciones biográficas de cadíes, entre otras categorías próximas de personajes, que empezaron a componer en al-Andalus desde finales del siglo III de la Hégira, IX de nuestra Era.
En concreto sobre biografías sobre al faquíes y cadíes, ya en los años centrales del siglo IV/X, se escribió en Córdoba una obra valiosa, que fue seguramente la primera sobre ese tema, ya con una indudable entidad, según podemos deducir a partir de los fragmentos reproducidos en otras fuentes y, especialmente, en el Muqtabis de Ibn Hayyán. El autor de tal obra valiosa fue Ahmad b. Abd al-Barr, de quien Ibn Faradí trae una biografía, en la cual alaba como alfaquí sobresaliente, versado en el hadiz y perito en versos saberes, que murió en Córdoba, en prisión en el año 338/950. Parece que la gravedad de los sucesos que le llevaron a la muerte, influyeron en la reiterada de la circulación de la obra de Ibn Abd al -Barr por algún tiempo, hasta después de la muerte de al-Hakam II, y sólo vemos reaparecer fragmentos entonces, como ocurre en el Muqtabis, donde Ibn Hayyán recoge, por extenso, citas textuales de la obra de Ibn Abd al-Barr sobre los cadíes de Abd al-Rahmán II. También Ibn al-Faradí, muerto en 403/1013, aprovecha muchos de sus datos, le cita unas ciento treinta veces y lo destaca en su introducción como antecedente de su obra. Por su parte Ibn Saíd (m 685/1286) en su Mugrib, toma sus noticias sobre los veinticuatro cadíes de Córdoba de que se ocupa, desde tiempos de Abd al-Rahmán I hasta Abd al-Rahmán III, directamente del kitáb al-qudá de Ibn Abd al-Barr. También conocemos pasajes de esta obra a través de al-Nubâhí
Los cadíes en Córdoba durante el siglo V / XI, según Ibn Hayyán.
Tras estos antecedentes de obras biográficas sobre cadíes, aparece el conjunto de datos sobre los cadíes “de la fitna” reunidos por Ibn Hayyán, y conservados por Ibn Saíd. Son datos sobre nueve jueces de Córdoba en el periodo. Comprendido entre los años 400/1010 y 456/1064. He traducido estos textos de Ibn Hayyán en el apéndice final de este trabajo. La cuestión que se plantea ante ellos es si formaron parte o no de una obra independiente del gran historiador cordobés sobre los cadíes de Córdoba, pues en algunas fuentes se cita ese Kitáb al-qudá de Ibn Hayyán. Ya Mahmúd Alí Makkí pensó que carecía de entidad aislada y que sus noticias sobre cadíes formarían parte del Matín. Esa misma opinión mantengo en un artículo reciente, argumentando además la costumbre de las fuentes de mencionar como libro (kitáb) un mero apartado o capítulo.
Para terminar esta introducción y antes de presentar las traducciones de los textos de Ibn Hayyán sobre los jueces de Córdoba a comienzos del siglo V / XI, aludiré brevemente al agudo sentido crítico del historiador cordobés, manifestado también en estos textos que presentamos. En ellos la información exacta de los datos va profundizada por un juicio directo de Ibn Hayyán sobre los dramáticos acontecimientos, la decadencia de la institución judicial en aquellos terribles años de la guerra civil y el contraste que ofrecen algunos cadíes, todavía dignos y sabios en aquellos tiempos, como Yahyáb b. Wáfid, al que Ibn Hayyán elogia porque “nunca se había visto a nadie más entero que él en su aflicción”. Es pues, esta categoría historiadora, entre la exactitud de sus referencias y la reflexión sobre los acontecimientos, lo que sitúa al gran cronista cordobés en una de las cimas de la historiografía no sólo andalusí, sino universal. Ya lo vio también con su perspicacia extraordinaria, ese otro grandísimo historiador que fue Ibn Jaldún, quien dijo así: “Los acontecimientos acaecidos al género humano han sido objeto de múltiples historias de pueblos y de Estados a lo largo de los siglos. Pero que gocen de reconocimiento y autoridad y contengan con exactitud lo transmitido por sus antecesores no abundan. Entre estos últimos se encuentra Ibn Hayyán, el historiador de al-Andalus y del Estado omeya…(Otros historiadores) se conforman con dar una sucesión de hechos, conservando relatos verdaderos y falsos y una lista de nombres de la familia dirigente, pero no mencionan cual fue su origen, ni las causas que motivaron su encumbramiento ni las que ocasionaron su decadencia”. En Ibn Hayyán una explicación profunda, en cambio, nos sitúa en las interioridades de los hechos.
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