Mi?rcoles, 16 de diciembre de 2015

Si hay un hecho cierto tras las elecciones generales del 20D, es que se abrirá un nuevo debate sobre la cuestión territorial en el Estado, y que a los andaluces nos coge en el peor momento, sin que nadie defienda nuestros históricos derechos, que es tanto como defender nuestro derecho a un futuro propio.

Director de Noticias de Almeria

La cuestión catalana, es decir, que haya en estos momentos una mayoría social y política nacionalista, y que de ella, casi todos sean independentistas, va a poner sobre la mesa de las nuevas Cortes Generales y del próximo gobierno central, la necesidad de abordar una reconfiguración de la estructura administrativa competencial, económica e identitaria. Y desgraciadamente, en ese debate, no estará Andalucía esta vez.

Domesticadas las ansias autonómicas por el régimen socialista por un lado, y desvertebrado el sentimiento por otro, la mala gestión ha propiciado un general desafecto hacia la “Junta” y con ello, somos terreno político abonado para que nos usen como convenga en cada momento al “interés nacional” que no es otro que el interés partidista, que a la postre no es otro que el interés por mantener o alcanzar el poder.

Vengo sosteniendo que catalanes y vascos (cómo no recordar las expresiones con las que Arzallus o Pujol nos calificaban, y como sus herederos lo siguen haciendo) no perdonaron nunca que el 4 de diciembre de 1977 los andaluces dobláramos el pulso de quienes confabulaban una Constitución que les reservaba a ellos un puesto distinto y privilegiado.

Nos lo pusieron casi imposible, pero les ganamos un 28 de febrero cuando la inmensa mayoría de los votantes andaluces optaron por el artículo 151 para la autonomía, y luego cuando otro 28 de febrero aprobamos un estatuto en el que nos definíamos como nacionalidad histórica, y lo hemos vuelto a hacer otro 28 de febrero cuando dijimos sí a otro texto en el que nos reconocemos como una realidad nacional, a lo que tanto el PP como el PSOE como IU dijeron que sí.

Estoy convencido de que ahora seremos los grandes sacrificados. La única manera de calmar las ansias independentistas de los catalanes es asegurarles el reconocimiento de su singularidad, y eso empieza por recuperar la asimetría que pretendía asumir la Constitución de 1978 y Andalucía quebró.

Los catalanes y vascos se habrían conformado con tener instituciones de autogobierno propias, tener la autonomía antes que nadie y ser reconocidos “nacionalidad histórica”, pero cuando eso se le acepta a Andalucía, pues necesitan un estatuto en el que se definan como “nación”, pero si nosotros lo colocamos en el nuestro, ellos… ellos… ellos tienen que salirse del mapa.

El problema que se nos presentará a los andaluces no es culpa de catalanes y vascos, aunque pueda deducirse eso de lo anterior, ya que hacen bien en reclamar lo que entienden que en justicia le corresponde, si no nuestro.

Ya vimos que cuando se quiso dar carta de naturaleza a la modificación del Estatuto de Cataluña, a Andalucía se nos metió en la reforma del nuestro -que ni tan siquiera había sido desarrollado en su integridad- con la intención de justificar lo inocuo del proceso puesto en marcha allí arriba. Recordemos que los únicos que se opusieron a todo aquello fueron los nacionalistas andaluces, lo que deja en evidencia que efectivamente, aquello no era para lograr más autogobierno, si no para convertirnos en campo de las batallas de otros.

Recuerdo que durante el debate para el nuevo Estatuto, el PA puso en marcha una campaña con el lema “A Andalucía, nación le interesa”, y pregunté a su promotor, Julián Álvarez, qué quería decir aquello, siendo su repuesta clave en lo que vamos a ver en los próximos tiempos. Decía que era más que posible que, amparándose en que el nuevo estatuto catalán definía ese territorio como nación, más adelante se utilizara ese elemento como un nuevo factor de diferenciación entre unas comunidades y en el tema competencial o en el de financiación. De este modo, ellos reclamaban el reconocimiento de Andalucía como nación, no sólo por que como nacionalistas entendieran que eso era lo correcto, si no que llamaban a ello a los nacionalistas con esa advertencia, que “A Andalucía, nación le interesa”.

Nos encaminamos, como dicen los partidos emergentes (bueno, Ciudadanos no lo es tanto, que lleva más de una década), hacia una nueva Transición, y en ella, Andalucía corre el riesgo cierto, de perder lo que ganó en 1977 porque no hay nadie que lo defienda.




Publicado por NASOINAN @ 22:12  | Elecciones
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