Mi?rcoles, 14 de noviembre de 2007
'Abd Allah Mwhammad ibn Sa'id ibn al-Jatib Lisan ad-Din as-Salmani.
Pol?tico, historiador y poeta. Naci? en Loja, en 1313. Muri? en 1374.

De una familia originaria de C?rdoba, recibir?a su primera educaci?n de su padre y otros eruditos de la ?poca, haciendo el tradicional aprendizaje primario, compuesto de la ense?anza de las ciencias del Islam, gram?tica, poes?a y ciencias naturales. Su padre, ?Abd Allah, se traslad? a Granada, para entrar al servicio del soberano pr?ncipe de los Banu Ahmar (nasr?es), llegando a ser nombrado superintendente o encargado de los almacenes de v?veres.


El mismo pas? sus primeros a?os en esta ciudad, e hizo sus estudios bajo la direcci?n de sus m?s importantes educadores, siendo disc?pulo predilecto del c?lebre m?dico Yahya ibn Hwdsail, cultivando las ciencias filos?ficas y adquiriendo importantes conocimientos en medicina.
Fue muy aficionado a las letras, siguiendo los cursos de los m?s destacados literatos y gram?ticos, y desarrollando una excelente poes?a y prosa, de acuerdo con el mejor estilo ?rabe. Fue desde muy joven cuando manifest? sus grandes dotes de poeta y epistol?grafo, no teniendo en esta ?ltima materia rivales en su momento.

Su padre, que como ya se?al?bamos, estuvo al serrvicio de los nasr?es, perder?a la vida a manos de invasores cristianos en el a?o 1340, invitando el gobernante nasr? a Ibn al-Jatib (que ten?a por entonces veintisiete a?os de edad), para que ocupara el puesto de secretario en el departamento de correspondencia ( diw?n al-insh?). Por este tiempo compuso unos versos en honor del soberano reinante. Abu al-Hashshash (Y?suf I), que circular?an por el reino andalus?. Para compensarle, el sult?n le tom? a su servicio y le incluy? en el n?mero de los escritores que trabajaban en palacio bajo la direcci?n de Ibn al-Shayab.

Vengo a Agm?t y reverente

Miro y beso tu sepulcro.

Sult?n magn?nimo, faro

Que dio clara luz al mundo,

En tus rayos, si vivieras,

Me ba?arla con j?bilo. y mis poes?as mejores

Fueran el encomio tuyo;

Ora postrado de hinojos

S?lo la tumba saludo.

Egregiamente descuella

Entre circunstantes t?mulos.

Cual t? de reyes y vates

Descollabas entre el vulgo.

Siglos ya sobre tu muerte

Pasaron y tu infortunio;

Pero guardas la corona,

No te la quita ninguno.

iOh, Rey de muertos y vivos!

Tu igual vanamente busco,

Que no ha nacido tu igual

Ni nacer? en lo futuro.

Ibn al-Shayab, que ser?a considerado como el primero de todos los poetas, prosista y fil?logos de Al-Andalus, fue el mejor preceptor de Ibn al-Jatib. En la ca?da de Mwhammad III y con el asesinato del poderoso visir Mwhammad ibn al-Hakam, ser?a escogido Ibn Jaldun para el puesto de secretario imperial, cargo que desempe?ar?a hasta el a?o 1348, fecha en que Abu al-Hashshash lo elegir?a para el cargo de visir con todos los t?tulos y privilegios. Con el ejercicio de estas funciones dar?a muestras de una gran habilidad, y sus relaciones epistolares y diplom?ticas, respecto a los pr?ncipes vecinos y soberanos de ?frica, le hacen merecedor de grandes elogios mostrando un talento admirable. El sult?n granadino le favorecer?a con toda clase de distinciones, autoriz?ndole incluso a designar los candidatos para los cargos p?blicos de la administraci?n, a los que nombraba buscando privilegios para s? mismo. Todo ello har?a que Ibn al-Jatib reuniera una fortuna considerable.

Por el a?o 1354 Abu al-Hashshash seria asesinado, mientras se encontraba en la mezquita, el d?a en que terminaba el ayuno legal, para asistir a la oraci?n, y en el momento en el que ?ste se inclinaba haciendo la reverencia, un hombre se precipit? sobre ?l y le asest? una fuerte pu?alada por la espalda, falleciendo instant?neamente. Pronto ser?a proclamado soberano el pr?ncipe Mwhammad V. Durante este per?odo ser?a el liberto Ridwan, que ejerc?a los cargos de general en jefe y tutor de los j?venes pr?ncipes de la familia real, quien realmente gobernara Al-Andalus. Tom? por lugarteniente a Ibn al-Jatib, d?ndole una total participaci?n en las tareas de gobierno, gozando la administraci?n de una gran prosperidad y estabilidad pol?tica. Una de las grandes virtudes como pol?tico ser?a la de poseer unas excelentes cualidades para la diplomacia: Ibn al-Jatib recibir?a la misi?n de trasladarse a la corte merinida de Abu Inan, para solicitar el apoyo de este pr?ncipe contra las armas extranjeras de los castellano-leoneses. Ibn al-Jat?b se present? en dicha audiencia regia, adelant?ndose a los visires y jurisconsultos que formaban parte de la embajada, y dirigi?ndose al propio Abu Inan solicitar?a permiso para recitar, de forma literaria, su misi?n, antes de entrar a parlamentar. El pr?ncipe accedi? a ello, y el embajador, puesto en pie, comenz? de esta forma:

!Califa de Dios! ojal? el destino aumente tu gloria todo el tiempo que brille la luna en la oscuridad!

Ojal? la mano de la Providencia aleje de ti los peligros que no podr?an ser rechazados
por la fuerza de los hombres.

En nuestras aflicciones tu aspecto es para nosotros la luna que disipa las tinieblas, y,
en las ?pocas de escasez, tu mano reemplaza a la lluvia y esparce la abundancia.

Sin tu auxilio, el pueblo andaluz no habr?a conservado ni habitaci?n ni territorio.

En una palabra, este pa?s no siente sino una necesidad: la protecci?n de tu majestad.

Aquellas que han experimentado tus favores, jam?s han sido ingratos;
nunca han desconocido tus beneficios.

Ahora, cuando temen por su existencia, me han enviado a ti y esperan.

El sult?n merin? encontr? muy hermosas estas palabras, respondi?ndole al embajador:
?No regresar?s a tu naci?n ya tus compatriotas sin que tus deseos sean satisfechos; te doy permiso para sentarte?. A continuaci?n colmar?a de mercedes e infinidad de regalos a los miembros de la embajada y, antes de despedirlos, les concedi? cuanto solicitaron. Uno de los antiguos profesores de Ibn Jaldun (narrador de la biograf?a de Ibn al-Jatib), el cadi kserife Abu al-Kasim, que form? parte de esta comisi?n, le se?al? a aqu?l, al hablar de tal audiencia, lo siguiente: Es la primera vez que se ha visto que un embajador consiga el objeto de su misi?n, antes de haber saludado al sult?n, a cuya corte hab?a sido enviado.

No tard? en ganar el t?tulo pol?tico de doble visir (Dz? al-wizdratayn), que tradicionalmente se conced?a a los visires con poderes ejecutivos. Su influencia en la corte y su riqueza provocar?an la envidia de los cortesanos, y uno de sus disc?pulos, el poeta Ibn Zamrak, de la escuela maliqu?, conspirar?a contra Ibn al-Jatib , acus?ndole de deslealtad al Islam, debido a los postulados sufistas que ?ste profesaba. Fue exiliado a Fez, de donde no tardar?a en volver a su puesto. Otro de los sucesos m?s destocados de su vida ser?a la experiencia que vivi? en ?frica, con motivo de acompa?ar a Ibn al-Ahmad o Mwhammad V, en su exilio a la corte del califa merinida Abu Salem, quien los recibi? con un magn?fico cortejo y con gran dignidad: hizo subir a un trono, colocado frente al suyo, al exiliado monarca nasrita, recitando a continuaci?n Ibn al-Jatib un poema en el cual suplicaba a este monarca que le prestase auxilio. El sult?n de Ifriquiyya prometi? sostener a su hu?sped y, mientras llegaba el momento de su restauraci?n en el trono andalus?, le colm? de honores, instal?ndolo en un espl?ndido palacio, proveyendo de igual forma las necesidades de todos cuantos formaban el s?quito del monarca andalus?.

El ex-visir Ibn al-Jatib llevar?a durante alg?n tiempo una vida muy agradable, gozando de los favores y la atenci?n que le otorgara el sult?n merinida. Solicit? asimismo recorrer las ciudades y comarcas de Ifriquiyya, para conocer y visitar los monumentos y recoger la historia de sus antiguas formaciones sociales. Obtuvo el permiso consiguiente, llevando consigo cartas recomendatorias en las que se invitaba a los administradores y gobernadores a facilitarle medios y obsequiarle con regalos, reuniendo Ibn al-Jatib una gran fortuna. Igualmente, y por recomendaci?n del sult?n merinida, le fueron devueltas las posesiones que ?ste ten?a en la campi?a de C?rdoba.

Mientras el monarca andaluz destronado permaneci? en Africa, Ibn al-Jatib estuvo separado de ?l, residiendo en la ciudad de Sale, hasta el a?o 1362, en que Mwhammad V recuperar?a nuevamente el trono. Envi? a buscar a su familia, que hab?a dejado en Fez, haci?ndole el encargo a 100 al-Jatib para que les acompa?ara y protegiera hasta Andaluc?a. A su llegada a Granada, fue muy bien acogido por el monarca y restablecido en el puesto que anteriormente hab?a ocupado.

El pr?ncipe merinida ?Utman ibn Yahya ibn 'Umar, al servicio de los reyes de Granada, fue uno de los personajes que m?s trabaj? por el regreso a Andaluc?a de Mwhammad V y, una vez conseguido, se vio beneficiado de la confianza del pr?ncipe, actuando como aut?ntico gobernador de esta parte de Andaluc?a. Pues bien, Ibn al-Jatib sinti? indignaci?n por la confianza que le otorgaba el pr?ncipe. Mostr?ndose temeroso de los peligros que a su juicio envolv?a la presencia de estos pr?ncipes merinidas, logr? que el sult?n andaluz participase tambi?n de estos temores, y resolviera tomar medidas de precauci?n. En el Ramad?n del 764 (a?os de 1363), 'Utman y su familia fueron encarcelados y poco despu?s expulsados del pa?s.

Ibn al-Jatib quedar?a como gobernante y administrador ?nico de aquel reino andaluz, obteniendo plena confianza del sult?n granadino para las tareas de gobierno. Todo ello provocar?a que los familiares del pr?ncipe y otros cortesanos comenzaran a levantar contra ?l too g?nero de intrigas y calumnias, fundamentalmente referidas a su concepci?n materialista de la vida, que confesaba en su ideolog?a suf?. En un principio, el sult?n andaluz no prest? o?dos a estas insinuaciones; no obstante, Ibn al-Jatib, advertido de estas conspiraciones que se urd?an contra ?l, llegar?a a concebir la idea de abandonar la corte andalus?, en busca de seguridad.

El sult?n merinida 'Abd al-'Aziz, que gobernaba por entonces en Ifriquiyya, le era deudor de un importante servicio: el haber encarcelado a uno de los pr?ncipes que hab?a iniciado una revuelta en el Magreb en contra de su gobierno. Como se?alamos, Ibn al-Jatib encarcel? a este pr?ncipe, con lo cual obtuvo toda clase de favores del sult?n merinida, ofreci?ndosele incluso un importante puesto en la corte de Fez.

Entre tanto, Ibn al-Jatib era presa de las mayores inquietudes, debido a las noticias que le llegaban sobre las malas artes de los cortesanos y sus continuas intrigas para indisponerle con el soberano andaluz. Le pareci? notar que el sult?n hab?a comenzado a darles un cierto cr?dito, e incluso not? una cierta indisposici?n con respecto a ?l, decidiendo resueltamente abandonar la cor- te granadina y pasar al ?frica. Hizo, pues, que se le diera la misi?n de inspeccionar las fortalezas que cubr?an la parte occidental del reino andaluz de Granada, y partiendo a la cabeza de un escuadr?n de caballer?a, que ten?a a su servicio, se encamin? a su destino acompa?ado de su hijo. ?Ali, que era afecto al sult?n. Cerca de Gibraltar envi? unos regalos al gobernador de la plaza para comunicarle su presencia. Este oficial, que hab?a recibido ya instrucciones del sult?n .Abd al-'Aziz, saldr?a al encuentro de tan ilustre visitante, facilit?ndole la marcha a Ceuta en una embarcaci?n alistada m el acto. Una vez llegado a Ceuta, Ibn al-Jatib recibir?a de los administradores de esta fortaleza todos los honores de rigor, vi?ndose colmado de atenciones. Acto seguido, tomar?a el camino de Tremec?n, para ir al encuentro del sult?n merinida en esta poblaci?n (1371/2). A su llegada, fue recibido a caballo por los principales oficiales y representantes de la corte; el mismo sult?n le acoger?a con la mayor celebridad, velando por su seguridad y bienestar v d?ndole el mismo trato que a los miembros de la familia real. Apenas se hubieron cruzado los primeros saludos, enviar?a el sult?n a uno de sus secretarios para que lograra del soberano andaluz la autorizaci?n para el traslado de la familia de Ibn al-Jatib, cosa que as? se hizo.

A partir de este momento. la corte de Granada comenz? a hervir en contra del antiguo visir, publicando en todos los tonos hasta los menores deslices en que hab?a incurrido durante el per?odo de su gobierno, siendo considerado a todos los efectos como fugitivo. Estas intrigas hicieron mella en el ?nimo del monarca andaluz, que dar?a cr?dito a las acusaciones que sobre algunos de sus discursos se hac?an, resaltando de ellos su car?cter materialista y sufista. El soberano de Granada encomend? a uno de los cad?es esta causa, llegando a declarar por un acto formal, jur?dico, que aquellos escritos eran propios de un no musulm?n. El sult?n granadino resolvi? sentencia contra su antiguo ministro y encarg? al propio cadi que se trasladara a la corte del sult?n .Abd al-'Aziz y exigiera el castigo para el refugiado. El monarca del Magreb, aunque partidario de la contrarreforma isl?mica, gozaba de gran amistad con Ibn al-Jatib y no pod?a desatender los derechos de hospitalidad que anteriormente le hab?a brindado, respondi?ndole al cadi con estas palabras: Puesto que conoc?ais esos cr?menes, ?por qu? no los castigasteis cuando se hallaba entre vosotros? En cuanto a m?, declaro que mientras est? bajo mi protecci?n, nadie le molestar? con motivo de este asunto.

No s?lo colm? a Ibn al-Jatib de mercedes y atenciones, sino a sus hijos y tambi?n a los andaluces que le hab?an acompa?ado en su viaje a Africa.

En el a?o 1372, muerto' Abd al-'Aziz, los merin?es dejar?an la ciudad de Tremec?n, regresando al Magreb. cosa que tambi?n har?a Ibn al-Jatib, enrolado en la corte de Ab? Bakr ibn Gazi, regente en la administraci?n. Cuando lleg? a Fez. compr? all? numerosas tierras y construy? excelentes casas, con hermosos jardines.

Ibn Jald?n, en otra parte de su obra, refiere de esta forma la muerte de nuestro importante pol?tico y literato: "A principios del a?o 776 ( J 374) el sult?n Abu-l-Abb?s lleg? a apoderarse de la Villa-Nueva, capital del imperio, y se dej? gobernar por su visir, Mwhammad ben 'Utm?n, que ten?a por lugarteniente a Sulaym?n b. Dawud. Proclamado sult?n en T?nger, se hab?a comprometido con Ibn al-Ahmad (Mwhammad V) a entregar a Ibn al-Jatib, ministro tr?nsfuga que hab?a excitado a 'Abd al-'Aziz a intentar la conquista de Andaluc?a".

Despu?s de haber abandonado la ciudad de T?nger, el sult?n Ab?-I-Abbas tuvo un encuentro con las tropas de Ab? Bakr ben Ghazi bajo los muros de la Villa-Nueva, tras de cuyas murallas se hab?an refugiado, vi?ndose obligadas a sostener un sitio. Ibn al-Jatib comprendi? entonces el peligro que le amenazaba y se encerr? en la ciudad con el visir. El sult?n, habi?ndose posesionado de la plaza, dej? tranquilo a Ibn al-Jatib por algunos d?as; mas luego mand? arrestarle por consejos de Sulayman ben Dawud. Este ministro profesaba a Ibn al-Jatib un odio mortal: cuando Ibn al-Ahmad (Mwhammad V) estuvo refugiado en ?frica, hab?a conseguido de ?l la promesa formal de que, una vez restablecido en el trono, nombrar?a a Sulayman comandante de ?los voluntarios del Islam?. Sentando nuevamente m su trono este Ibn al-Ahmad. Sulayman solicit? de ?l cumplimiento de lo ofrecido; pero Ibn al-Jatib se opuso a ello, raz?n por la cual Sulayman regres? a ?frica abrigando contra Ibn al- Jatib un odio secreto que suspiraba continuamente por la revancha.

Cuando el sult?n de Granada tuvo noticia de que hab?a sido arrestado Ibn al-Jatfb, envi? una comisi?n presidida por Abu 'Abd Alltih b. Zamrak, que le hab?a sucedido en el cargo, el sult?n de Marruecos mand? que Ibn al-Jarib compareciera ante una comisi?n compuesta de altos dignatarios y consejeros de Estado. Acusado de haber insertado en sus escritos algunas proposiciones malsonantes, fue encarcelado despu?s de haber sido sometido a la tortura. El Jurado deliber? luego si proced?a adem?s imponer la pena capital por las dichas proposiciones. Algunos jurisconsultos votaron por la muerte, dando as? ocasi?n a Sulayman de saciar su sed de venganza. Por ?rdenes secretas de ?ste, algunos miserables que ten?a a su servicio reunieron por la noche una gavilla de gente asalariada, a la cual se unieron los enviados andaluces, forzaron las puertas de la prisi?n y estrangularon a Ibn al-Jatfb. Al d?a siguiente se le enterr? en el cementerio de la Puerta de Mahruk, y al otro d?a se descubri? que el cad?ver hab?a sido sacado de su tumba para hacerle desaparecer por el fuego: ?hall?base extendido al borde de la fosa, con los cabellos consumidos y la cara ennegrecida por la acci?n del fuego?.

Se le enterr? nuevamente, y as? terminaron las desdichas de lbn al-Jatib. El pueblo se indign? por tal infamia, y no vacil? en atribuir esta escandalosa profanaci?n a Sulayman ben Daw?d, a sus criados y dem?s dependientes de su administraci?n.

Durante los d?as de su prisi?n, el desventurado lbn al-Jatib se preparaba a bien morir; a?n tuvo el valor suficiente para coordinar sus ideas y componer muchas eleg?as sobre el triste fin que le esperaba. En una de estas composiciones se expresa as?:

?Aunque estemos cerca de la parada terrestre, n
os hallamos ahora alejados de ella!
Habiendo llegado al lugar de la cita /sepulcro/,
guardamos silencio /para siempre/.

Nuestros suspiros se han detenido repentinamente,
bien as? como se detiene la recitaci?n de la oraci?n cuando se ha pronunciado el Konut.

Aunque ?ramos antes poderosos, ya no somos m?s que osamentas;
en otro tiempo d?bamos festines, hoy somos el fest?n /de los gusanos/ .

?ramos el sol de la gloria; pero ahora este sol ha desaparecido,
y todo el horizonte se conduele de nosotros.

iCu?ntas veces la lanza ha derribado al que lleva la espada!
!Cu?ntas veces la desgracia ha abatido al hombre feliz!

iCu?ntas veces se ha enterrado en un miserable harapo al hombre
cuyas vestiduras llenaban numerosos cofres!

Di a mis amigos: ?ibn al-Jatib ha partido! ?Ya no existe!
? y qui?n es el que no ha de morir?

Di a los que se regocijan de ellos:
?Alegraos si sois inmortales!

Tan tr?gico fin tuvo Ibn al-Jatib, cuya privilegiada naturaleza, y su incansable actividad se entrever? de forma solicitada por dos fuerzas distintas que tiraban de ?l a la par, los ideales pol?ticos y las luchas despiadadas y muchas veces cruentas de la ?poca, y los dulces goces en el cultivo de las letras. Tal era Ibn al-Jatib, cuya memoria debe conservar Granada y Andaluc?a con aut?ntica veneraci?n.

Las producciones hist?ricas de Ibn al-Jatib, as? como sus ensayos filos?ficos, poes?as y dem?s obras literarias son numerosas.

Entre todas ellas sobresale por su importancia la titulada El c?rculo, que versa sobre la historia de Granada. La obra fue escrita en el a?o 1369, de la cual Gallagos tiene un c?dice que debi? escribirse en el a?o 1489. Tambi?n se conserva un compendio de la Ihata, realizado en el a?o 1319 por el egipcio Mwhammad Badr al-Din Bistaki, muerto en el a?o 1429, y que la escribi? con el t?tulo Markaz al-ihata bi-udaba Garnata (El centro del c?rculo acerca de los literatos de Granada). Es una obra en ocho vol?menes, de la que existen redacciones muy breves -quiz?s realizadas por el mismo autor-. Se presenta como un diccionario de biograf?as de personajes de Granada, o que simplemente pasaron por dicha ciudad. Dispuesta siguiendo el orden alfab?tico de los nombres, y dentro de cada nombre aparecen los personajes citados por categor?as sociales: primero, los reyes y emires; a continuaci?n, los magnates; y finalmente, aquellas personas que descollaron en alg?n campo determinado: cad?es, jurisconsultos, tradicionistas, poetas, etc?tera, dano incluso muestras de sus poes?as. Todo ello est? compuesto con un estilo muy florido y ampuloso, propio del car?cter y profesi?n que ostentaba Ibn al-Jatib, alabando sobremanera a su patria andaluza, de la cual estaba muy orgulloso. En la redacci?n del diccionario puso a contribuci?n toda clase de fuentes, un n?mero muy elevado, entre las que, por se?alar alguna, citaremos la siguiente: Bay?n al-mugrib, Muktabis, Mugrib.

Otra de sus obras ser?a El libro del complemento que, como se?ala su t?tulo, sirve de complemento a la obra anterior, y que se encuentra en la biblioteca de El Escorial, con el n?mero 1.674.

Otro de sus escritos ser?a el conocido por Las vestiduras bordadas, que se trata de una obra que compila la historia de los califas de Oriente y otras noticias de la historia de AI-Andalus y de ?frica. Existen dos ejemplares de esta misma obra en El Escorial con los n?meros 1.771 y 1.772 (v. Casiri, tomo II, p. 177) .

Esplendor del plenilunio, trabajo hist?rico de Ibn al-Jatib que trata de la dinast?a nasr? (nazerita o nasrita), texto que tambi?n se encuentra en la biblioteca de El Escorial, con el n?mero 1.771 bis. La obra est? dividida en cinco partes: la primera contiene una descripci?n de la capital del reino granadino; la segunda trata de su provincia y principales comarcas; versa la tercera sobre los gobernadores v pr?ncipes que la rigieron; en la cuarta expone las cualidades y costumbres de sus habitantes; y la quinta estudia la sucesi?n de los reyes nasr?es y cuanto en ellos encuentra digno de menci?n.

Yerba olorosa de los c?tibes o secretarios y apacentamiento de las cosas que acontecieron, que se encuentra en El Escor?al, con el n?mero 304 bis. Estos escritos fueron realizados precisamente para ayudar a los funcionarios y, en especial a los secretarios (c?tibes), formando esta obra, que constituye un manual epistolar, un conjunto de modelo de cartas del que pueden valerse los secretarios a la hora de redactar escritos oficiales. En realidad, lo que hizo Ibn al-Jatib no fue sino reunir un conjunto de cartas que ?l mismo hab?a escrito por el a?o 1368, y distribuirlas con cierto orden y clasificaci?n en diez cap?tulos: primero, modelo de cartas ron elogios o exordios debidos; segundo, ep?stolas amistosas a reci?n casados o a pr?ncipes; tres, cartas para celebrar victorias o bien el feliz regreso de alg?n amo o se?or; cuarto, peticiones de auxilio contra enemigos; cinco y seis, para agradecer obsequios y fortalecer la amistad; siete, ocho y nueve, que se refieren a cartas de consuelo, de s?plica y de acci?n de gracia por favores recibidos; y, finalmente, el diez, que contiene modelos de ep?stolas para conseguir que las amistades sean m?s estables y duraderas. Todas las cartas gozan de un estilo ampuloso y r?tmico y muchas de ellas figuran en la segunda parte de las Analectas de Al-Makkari.

Evacuaci?n de la alforja sobre lo agradable del viaje o emigraci?n a pa?s extranjero, en cuatro tomos, refiri?ndose a numerosas ciudades de las que da noticias, mencionando igualmente a sus sabios, bibli?filos y bibliotecas. Esta obra se encuentra en EI Escorial con el n?mero 1.150.

Viaje a ?frica y su regreso a Andaluc?a. Es una disertaci?n hist?rica en la que el autor refiere las peripecias de sus viajes y las felicitaciones que recibi? por esta empresa. De igual forma se?ala la magnificencia de las ciudades andaluzas en relaci?n con lo conocido en ?frica, as? como del car?cter extraordinario de las instituciones nacionales andaluzas y de lo visto en el Magreb.

Excelencias de M?laga y Sal?. Con este parang?n Ibn al-Jatib quiere demostrar las excelencias de AI-Andalus, incluso desde el siglo XIV, marcado ya por la decadencia y por una persistente dominaci?n de los reinos extranjeros peninsulares, y de las corrientes ideol?gicas e invasoras africanas. Igualmente, se?ala la enemistad pertinaz que en aquel per?odo exist?a entre los andaluces y los ber?beres, mostrando nuestro autor un aut?ntico sentimiento antibereber.
Ello es explicable debido al car?cter contra-reformador que dominaba en Berber?a, a la actitud estrecha y dogm?tica de sus escuelas isl?micas, y al gusto por los proyectos imperiales que marcan este per?odo. Ibn al-Jatib aparece en esta obra marcado por un fuerte nacionalismo andaluz, juzgando de una forma cr?tica tanto a los l?deres musulmanes africanos como a los cristianos peninsulares. A su juicio, los mul?k al-taw?'if (reyes de taifas) andaluces fueron gatos haci?ndose pasar por leones, que llevar?an nuestra formaci?n nacional andaluza a la mayor de las ruinas; respecto a los l?deres cr?stianos dice, refiri?ndose al Cid, que fue enemigo de Dios, que no evit? la matanza de ni?os y mujeres tras la conquista de Valencia, y lo mismo fue el maldito tirano extranjero, Alfonso VI.

En este op?sculo, de gran valor por sus datos geogr?ficos e hist?ricos, Ibn al-Jatib enfrenta y compara dos ciudades: la andaluza M?laga y la magreb? Sal?, y aunque ?l mismo se?ala desde el principio que no existe punto de comparaci?n, ni posibilidades de parang?n entre ambas ciudades, como tampoco lo existe entre Andaluc?a y Berber?a, sin embargo establece varios puntos, a trav?s de los cuales poder constatar la magnificencia de M?laga y de la naci?n andaluza. Enaltece de M?laga la inexpugnabilidad de sus murallas, la industria que en ella florece, la fertilidad del suelo, la fama de que goza, la prosperidad de la ciudad; ensalza a la poblaci?n malague?a, su vida econ?mica, el esplendor que alcanz? su gente, as? como sus edificios m?s se?alados y sus hijos m?s ilustres; todo ello para acabar proclamando que M?laga lleva ventaja por su hermosura y perfecci?n, por la belleza de su aspecto y el acopio de riquezas, por sus tr?mulas umbr?as y sus hijos ilustres y, en definitiva, por la exquisitez de sus gentes, industrias y labores.

Tags: Al Jatib Andalusíes

Publicado por NASOINAN @ 11:37  | Biografias
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