Mi?rcoles, 14 de noviembre de 2007
Ab? Mwh?mmad ?Al? ibn Ahmad ibn Sa??d ibn Hazm al-Andalus? al-Zahir?.
Poeta, historiador, conocedor del DIn del Islam, jurisconsulto, pol?grafo.

Naci? en C?rdoba en el a?o 994. Muri? en Huelva en 1063.

La familia de Ibn Hazm era originaria de la k?ra de Lebla (actual provincia de Huelva). Su padre fue visir de Al-Mans?r y m?s tarde de Al-Mwzaffar.

Nacido en C?rdoba en el a?o 994, perteneci? a una familia aristocr?tica cliente de los Omeyas. Siendo muy joven vivi? la crueldad y la dureza de la fitna , y la posterior desintegraci?n pol?tica de Al-Andalus tras los sucesos del 1009. ?Al? Ahm?d, padre de Ibn Hazm, un hombre muy culto y tenido en gran estima por los ?Amir?es , con los que trabaj? en el gobierno; ocup? puestos de gran responsabilidad, y mantuvo de igual forma gran fidelidad hacia el califa Al-Haksam II. En efecto, parece haber sido un hombre distinguido en letras, recto y prudente, h?bil y que sab?a administrarse, mostrando una gran destreza en los medios pol?ticos. Su flexibilidad debi? de ser de gran finura, cuando, sin dejar de ser un fiel ministro de al-Mans?r, gozar?a al mismo tiempo del favor de Al-Haksam II. Entre estos avatares pol?ticos se desenvolvi? parte de la infancia de Ibn Hazm. Su ni?ez, seg?n ?l mismo refiere en algunos pasajes de su obra El Collar de la paloma, fue ?como en tant?simos otros casos- la ni?ez l?nguida e indolente de un hijo de ministro, que se cr?a naufragando en los rincones del harem, entre los besuqueos y las intrigas de las mujeres.
Ellas fueron sus primeras maestras, aprendiendo los primeros conocimientos del Cor?n, muchos versos y las primeras letras; pero tambi?n aprender?a otras cosas, no poco ?tiles e importantes, aunque para ?l resultaran dolorosas en su infancia: se le revelaron temprano la pr?ctica de la vida sexual y los tejemanejes obscenos y desordenados del serrallo. Era al parecer un ni?o f?cilmente impresionable, enfermizo, de anormal nerviosismo, con despierta inteligencia y sentido moral, siempre en guarda contra la sicolog?a femenina, que tan precozmente hab?a conocido.


Vivi? en el barrio de los altos funcionarios palatinos, contiguo al alc?zar de al-Z?hyra. Parece que incluso entraba con frecuencia a ver a Al-Mans?r, que al parecer era muy amigo de los ni?os. Todo ello lo atestigua su ?ntimo amigo Ab? ?Amir ibn Suhayd, hijo de otro empleado de palacio, en una deliciosa carta incluida en la Daj?ra de Ibn Bass?m (ed. Cairo, I-I, pp. 163-165):



Un d?a ?nos cuenta-, teniendo yo cinco a?os, me dio tu abuelo Al-Mans?r una enorme manzana, colocada delante de ?l, y que yo hab?a mirado con infantil codicia. Como ni mi boca ni mi mano pod?an abarcarla, ?l mismo me la parti? con sus dientes. Luego llam? a tu padre (es decir, a Sanchuelo) y a un paje llamado Ab? S?kir y les dijo que me llevaran a ver a la Sayyida (la se?ora, es decir, ?Abda, madre de Sanchuelo e hija de Sancho Garc?s II, rey de Navarra). Como llov?a, los dos me llevaron a cuestas. La Sayyida y las dem?s damas del harem jugaron conmigo y me dieron mucho dinero; pero, al llegar a casa, mi padre me lo quit?. Enterado tu abuelo, me mand? para m? solo quinientos dinares, que, en parte, distribu? entre criados y amigos, y con los que me compr? caballos de ca?a y adargas de madera para jugar a los soldados. Del d?a aqu?l ha quedado fama en Munyat al-Mugira.



Probablemente el ni?o Ibn Hazm tendr?a alguna vez fortuna parecida y disfrutar?a de la intimidad de aquel complejo ser que era Al-Mans?r, m?s humano y accesible, por tantas razones, que el hier?tico y exag?e Califa a quien hab?a suplantado.



Emilio Garc?a G?mez hace una extraordinaria presentaci?n de Ibn Hazm de C?rdoba, en su versi?n en castellano de El Collar de la Paloma. Nos parece la opini?n m?s autorizada en el conocimiento de nuestro autor, tanto a nivel biogr?fico como literario, bosquejando con gran precisi?n y maestr?a la personalidad de tan importante genio.



A temprana edad, como se sol?a hacer cuando al-Andalus cre?a vivir todav?a una luna de miel con el segundo y brillante valido ??mir? ?Abd al-M?lik al-Muzaffar (cuyo padre Al-Mans?r hab?a sido enterrado en Medinaceli el a?o 392-1002, teniendo nuestro autor ocho a?os) se asomar?a Ibn Hazm, con musulmana precocidad, al mundo, es decir, a los primeros amor?os con las esclavas de su casa y de su familia, a leer todo lo divino y lo humano, a frecuentar los cursos de los m?s c?lebres profesores de la capital del Califato, andalus?, desde los m?s pacatos y asc?ticos a los de m?s osadas ideas, y a trabar, en fin, con todos los j?venes de su edad relaciones, afectos y amistades, algunas de ?stas ?a la moda ?rabe-andaluza y sin que queramos dar a entender m?s de lo que decimos- harto estrechas y ambiguas.



Aunque se nos dice que hasta los veintis?is a?os, y por el mal papel que hizo en los funerales de un hombre principal, no acometi? seriamente los estudios jur?dicos, no hemos de darle entero cr?dito. Esta afirmaci?n es tal vez una coqueter?a o un modo pintoresco de subrayar la mudanza que, como veremos, hizo de vida; pero es seguro que desde un principio se asomar?a curioso a las clases de Islam y de derecho, si bien lo hiciera de un modo superficial y puramente te?rico, con una fuerte dosis de dilectantismo.



En efecto, el grupo al que se afili? y a cuyo lado batall?, escogi?ndolo de entre el resto de sus relaciones cordobesas, era una minor?a de mancebos de la alta sociedad, elegantes, no poco estetas, tocados de esnobismo y de dilectant?smo, que se ocupaban con preferencia de la literatura y que en ella enarbolaban un programa revolucionario. Eran esos mozos a los que en otro lugar he imaginado vestidos de blanco, conversando entre los p?rticos blancos de C?rdoba, aficionados a los cisnes (Correo Erudito), y enamorados de mujeres rubias.



?Cu?l era su ideal? En primer lugar, podemos suponerlo rabiosamente aristocr?tico y filo?rabe. Despu?s de descubiertas las jarchas romances de las moaxajas y de sorprendidas ciertas intimidades literarias de la ?poca, hoy empezamos a entrever con claridad la importancia que ten?a el biling?ismo en al-Andalus y la esfera reducida a la que, dentro del pa?s, se hallaba confinado el ?rabe puro. Pues bien: este n?cleo selecto aborrec?a tal estado de cosas y propugnaba, como tantas otras minor?as musulmanas contempor?neas, una defensa y expansi?n del arabismo, a costa de las particularidades populares y locales. Parad?jicamente en apariencia, esta pol?tica literaria no entra?aba una sumisi?n al Oriente. Los otros puntos del programa del juvenil grupo aristocr?tico eran cabalmente estar muy al tanto de las modas literarias bagdad?es para poder darlas por sabidas, desentenderse de ellas y rivalizar con ellas; en suma, leer mucho para, una vez asimilados los modelos, zafarse de andadores y de libros y ... crear. Era un plan cultural, entre los dos escollos del popularismo y de la paral?tica rutina imitadora, que casaba a la perfecci?n con las ideas b?sicas de independencia y de selecci?n en que se asentaba el Califato; era la nueva literatura ?que al Califato correspond?a y que como siempre, ven?a rezagada con respecto al esplendor pol?tico; con tanto rezago que, al morir s?bitamente la instituci?n califal, la arrastr? en su ruina, cuando a?n no hab?a podido dar sino escasos frutos, tempranos m?s que agraces, pero de primer orden y sabros?simos.



La ense?anzas que Ibn Hazm curs? y los maestros que tuvo, est?n admirablemente rese?ados en el libro de As?n Palacios, cuyo tenor literal no hay por qu? repetir; pero como las afirmaciones anteriores son de Garc?a G?mez, parece que debe justificarlas. M?s que con pasajes de nuestro autor lo har? otra vez con los de su amigo Ibn Suhayd, que iba a morir estoicamente, afectado de hemiplej?a, en 426-1035, a quien podemos acaso considerar jefe del grupo, y cuya atractiva figura, finamente delineada por P?rez en su libro La po?sie andalouse en arabe classique, est? pidiendo a voces un estudio largo y penetrante.



Ibn Suhayd es, en efecto, el autor de la Ris?lah al-taw?bi? wa-l-zaw?bi?, en la que, seguramente por primera vez en la historia del mundo, se imagina, en un esbozo de la Divina Comedia, un viaje profano a las regiones de ultratumba, donde el poeta conversa con los dobles o genios inspiradores de los m?s grandes poetas, cuyas siluetas el?seas recorta con incisiva exactitud. Ibn Bass?m, en su inestimable Daj?ra (ed. Cairo, I-I), nos ha conservado trozos de esta obra, as? como escritos literarios y poes?as que comprueban sobradamente nuestros asertos. As?, se lamenta de la jerga b?rbara (likna ?achamiyya) que se hablaba en C?rdoba; se queja de los malos maestros que hab?a en la capital; publica los versos que ha compuesto para competir con los poetas orientales; afirma que la buena literatura consiste en el temperamento del escritor y no en la erudici?n ni en la correcci?n gramatical; sienta que el mejor instrumento del escritor es la inteligencia, que faltaba a tantos sabios y prosistas rutinarios de su tiempo; cree que es Allah quien ense?a la ret?rica, y no los libros ni los maestros, o sea ?y se basa en un texto cor?nico ?que el poeta nace y no se hace, doctrina audaz en literatura ?rabe y establece el principio, igualmente osado entonces, de la renovaci?n literaria, es decir, que toda ?poca y momento hist?rico deben tener su literatura propia. Sus bi?grafos insisten en sus dotes de improvisador, y el gran Ibn Hayy?n nos informa de que apenas usaba libros y de que cuando muri? no se le encontraron libros de que se ayudase para su labor.



?Extraordinaria figura! Herido ya de muerte ?iba a ser enterrado en un parque de C?rdoba, bajo las flores-, formula en verso sus ?ltimos deseos



Al ver que la vida me vuelve el rostro



y que la muerte me ha de atrapar sin remedio,



s?lo anhelo vivir escondido



en la cima de un monte, donde el viento sopla;



solitario, comiendo lo que reste de vida



las semillas del campo y bebiendo en los



hoyos de las pe?as.



El poema est? dedicado a Ibn Hazm, al que ruega que no olvide hacer su elogio f?nebre (Maqqa?, Analectes, II, 246):



Emociona con ?l, por Allah, cuando me enterr?is



a todos nuestros colegas, ardientes y hermosos.



Era, pues, el jefe del concili?bulo, e Ibn Hazm su heredero, que siempre le fue leal y que, como veremos, acat? las consignas de la escuela.



Antes de que esta vida literaria ?remont?monos de nuevo al comienzo del grupo- pudiese dar sus frutos sazonados, o sea antes de que Ibn Hazm publicase ninguna obra importante, que no fueran poemas o cortas composiciones en prosa, y antes de que lograse ning?n empleo pol?tico acomodado a su formaci?n y a su posici?n social, la revoluci?n cordobesa y el desencadenamiento de la guerra civil vinieron a turbar radicalmente y casi a helar en flor la refinada y tranquila existencia de los j?venes estetas cordobeses. S?lo en cuanto se relacionan con la familia de nuestro autor o con ?l, vamos a eludir a las complicadas y relampagueantes mutaciones de la crisis del Califato, que el lector podr? seguir m?s c?modamente en las historias de Dozy y de L?vi-Provenzal, y en las obras de As?n Palacios y de otros bi?grafos de Ibn Hazm.



El gobierno de Sanchuelo, desde la muerte de su malogrado hermano Muzarfar en 16 safar 399 (=20 octubre 1008), apenas dur? unos meses: v?ctima de su necedad y de sus desaciertos, ten?a en 3 rachab 399 (=3 marzo 1009) un tr?gico fin, que el Duque de Maura ha calificado gr?ficamente de premussoliniano. El destronamiento de Haksam II y la ascensi?n al trono de Mwhammad al-Mahd? (que hab?a de jugar al rat?n y al gato con su competidor Sulaym?n al-Must??n) iba a poner t?rmino a la formula oficial de Ahm?d ibn Hazm, que fue destituido, y hubo de dejar el asolado barrio de al-Z?hyra para retornar a los abandonados lares de Bal?t Mug?t. Debi?, sin embargo, de vivir tramquilo y a?n de conservar cierto prestigio, pues en el mismo a?o de 399, el 27 sa?b?n (=26 de abril 1009), lo vemos asistir como testigo a la estupenda farsa del entierro de un falso Haksam II. Cuando en 8 d?-l-hichcha 400 (=23 julio 1010) fue asesinado al-Mahd?, tras su segundo reinado, y entronizado de nuevo Haksam II, parec?a que la familia de los Ban? Hazm habr?a de volver a su antiguo predicamento. No fue as?, sin embargo, sino al rev?s: el complejo juego de la pol?tica y la cauta conducta seguida hasta entonces indispusieron a Ahmad con el nuevo valido, el general eslavo W?dih, que lo persigui?, encarcel? y confisc? sus bienes. La familia entonces, rotas ya las pocas amarras ??mar?es subsistentes, se hizo legitimista rabiosa y particip? en un complot antieslavo que fracas? y produjo a Ahmad nuevos sinsabores.



Seguramente v?ctima de ellos muri? Ahm?d en 28 d?-l-qa?da 402 (=22 junio 1012), cuando nuestro ?Al? contaba dieciocho a?os, todav?a no cumplidos, en plena desgracia de su familia. Pero a?n quedaban las peores cat?strofes. A fines de sawwal 403 (mayo 1013) la capital del Califato se rend?a a los bereberes; Sulay-m?n al-Musta?n entraba de nuevo en ella como Califa, y comenzaba, para durar dos meses, el feroz saco de C?rdoba, con incendios, matanzas, asesinatos y destrucciones sin venir a cuento. La casa de Ibn Hazm en Bal?t Mug?t qued? del todo arruinada, como nos cuenta en una c?lebre p?gina del Collar, y nuestro autor hubo de emigrar a Almer?a el 1? muharram 404 (=13 julio 1013).



Gobernaba Almer?a, todav?a bajo la soberan?a nominal de Haksam II, en medio de aquella anarqu?a y de aquel fraccionamiento sin ejemplo, un eslavo odioso, turbio y redomado traidor, que se llamaba Jayr?n. Al principio, el retiro de Ibn Hazm, que viajaba con su amigo y correligionario Mwhammad ibn Ish?k, fue tranquilo; pero cuando Jayr?n abandon? la causa omeya para abrazar la de idr?s? ?Al? ibn Hamm?d, que hab?a de entrar solemnemente en C?rdoba el 22 muharram 407 (=10 juliio 1016), ya no vio con buenos ojos a la pareja de j?venes legitimistas omeyas, irreductibles en sus convicciones, los cuales, reos de conspiraci?n o no ?pues Ibn Hazm lo niega, pero es muy probable-, se vieron detenidos y luego desterrados.



Tampoco les dur? mucho e nuevo y agradable asilo que supieron hallar en el pueblecito de Aznalc?zar (que tal vez no es, como se ha querido, el actual de ese nombre, cerca de Sanl?car, sino otro por tierras de M?laga o Murcia) y es que, habiendo o?do hablar de que en tierras valencianas hab?a surgido un nuevo pretendiente omeya que formaba un ej?rcito dispuesto a avanzar contra los hamm?d?es y decidido a restaurar la unidad del Califato, ambos conspiradores mozos, es decir, Ibn Hazm y su compa?ero, no duraron un momento tomar pasaje en una nave que los condujera al Levante.



El pretendiente en cuesti?n era un bisnieto de ?Abd al-Rahm?n III, llamado ?Abd al-Rahm?n ibn Muhammad ibn ?Abd al-M?lik, y su descubridor, instigador y empresario, cambiada otra vez la casaca, era el eslavo Jayr?n de Almer?a, que se puso de acuerdo con el tuch?b? Mundir de Zaragoza, el cual, a su vez, obtuvo unos refuerzos catalanes de su aliado el Conde de Barcelona. Reunido el ej?rcito en J?tiva, jur? en 10 d?-l-hichcha 408 (=29 abril 1018) al nuevo y futuro Califa omeya, que tom? el t?tulo de Murtad?. C?rdoba, que esperaba desde hacia tiempo al pretendiente, no hab?a podido sufrir m?s y d?-l-qa?da 403 (22 marzo 1018) hab?a asesinado a ?Al? ibn Hamm?d, al que sucedi? su hermano al-K?sim. El Ej?rcito de Murtad?, al que muy probablemente se hab?a incorporado Ibn Hazm, se puso por fin en marcha para entrar en Andaluc?a por Ja?n; pero como los desvergonzados Jayr?n y Mundir vieron que el que supon?an monigote manejado por ellos ten?a la suficiente personalidad para decidir por s? mismos, no dudaron en traicionarlo. La mala jugada que le hicieron fue aconsejarle que, antes de dirigirse contra la capital, ser?a bueno acabar con los ber?beres Sinh?ch?es, de la rama z?r?, a quienes Sulaym?n al-Musta??n hab?a concedido en feudo la k?ra de Elvira, y que hab?an llegado a un acuerdo con los pac?ficos habitantes de esta k?ra para instalarse entre ellos y defenderlos, tras de fijar su capitalidad en Granada. Mandaba por entonces a estos z?r?es el anciano e invicto jefe africano Z?w? ibn Z?r?, que muy poco despu?s, y en plena gloria hab?a de abdicar su reino, con ?nfulas de un Carlos V ber?ber. La batalla no es bien conocida por varias fuentes; pero desgraciadamente sin la fecha exacta. Como se sabe, los ber?beres atacaron fieramente al ej?rcito asaltante, del que ya hab?an desertado Jayr?n y Mundir, y Murtad? tuvo que huir hacia Guadix, donde le asesinaron unos sicarios del almeriense. Sus soldados quedaron fugitivos, exterminados o prisioneros. Entre este ?ltimo grupo debi? de figurar Ibn Hazm, que, seg?n nos informa en el Collar, hab?a ido previamente ?seguro que a hurtadillas y para gestiones pol?ticas- a C?rdoba en saww?l 409 (febrero-marzo 1019).



Tras el cautiverio ber?ber, Ibn Hazm se retir? a J?tiva, el mismo sitio del que en mala hora hab?a partido el desgraciado ej?rcito de Murtad?. Y en J?tiva fue donde, probablemente hacia los a?os 412 y 413 (=1022), a instancias de un amigo, que primero le escribi? y luego fue a verlo en persona desde Almer?a, escribi? el Collar de la paloma, contando unos veintiocho a?os.



Como es notorio, el relativamente largo par?ntesis del Califato hamm?d? (siete a?os, de 1016 a 1023) termin? cuando al-K?sim, sustituido a?o y medio por su sobrino Yahy?, huy? definitivamente de la capital, sublevada contra ?l, en 21 chum?da II 413 (9 septiembre 1023). C?rdoba iba a realizar algo nada ordinario y sumamente edificante: la elecci?n de un califa en la mezquita mayor.



Por primera vez desde los or?genes de la dinast?a omeya, el pueblo, de acuerdo con el m?s puro derecho constitucional isl?mico, iba a darse un soberano, y no a recibirlo designado por el antecesor ni impuesto por las armas. Bien es verdad que la jurisdicci?n efectiva del Califato apenas rebasaba ya el alfoz de la ciudad; pero ?no hab?a ocurrido otro tanto en tiempos del emir ?Abd All?h, en v?speras de los d?as gloriosos de al-N?sir? La esperanza es lo ?ltimo que se pierde.



El 16 ramad?n 414 (2 diciembre 1023) la elecci?n recay?, de los tres omeyas candidatos, en uno en quien al principio nadie pensaba: ?Abd al-Rahm?n (hermano del difunto y siniestro Mwhammad al-M?lik), que para nosotros es el quinto de su nombre y que tom? el t?tulo de Mustazhir. El nuevo Califa, hombre joven y cult?simo, eligi? como equipo gobernante al grupo mismo de nuestros estetas: Ibn Hazm, que hab?a ya regresado a C?rdoba; as? mismo Ibn Suhayd y ?Abd al-Wahh?b ibn Hazm, primo de ?Al?, obtuvieron la dignidad y el empleo de visires. ?Con cu?nta ilusi?n no pondr?an manos a la obra! No podemos siquiera hablar de un gobierno s?lido puesto que no logr? mantenerse en el poder m?s que hasta el 3 d?-l-qa?da 414 (17 de enero 1024), es decir, exactamente mes y medio, al cabo del cual Mustazhir fue ejecutado e Ibn Hazm par? de nuevo en la c?rcel.



Honra de la inteligencia de Ibn Hazm es, sin embargo, el haberse persuadido en este mismo momento de que el mundo pol?tico a que hab?a pertenecido y por cuya so?ada restauraci?n tanto hab?a peleado, estaba definitivamente difunto (C?rdoba iba a tardar todav?a siete a?os m?s en convencerse). Al salir de prisi?n, el desenga?ado ministro renunci? de modo definitivo a la ciencia jur?dica-teol?gica, por la que siempre se hab?a interesado, a?n en medio de los innumerables azares de su carrera. Pero lo ?nico a que no pudo renunciar, porque lo llevaba en la sangre, es al esp?ritu de inconformismo, de originalidad y de audacia revolucionaria que siempre presidio su vida. Su pensamiento no pudo anclar en el m?lik?smo angosto y rutinario que, aliado tantas veces con el poder p?blico y con las prebendas oficiales, reinaba como se?or casi absoluto en las escuelas de C?rdoba, y tras de revolotear por la escuela jur?dica suf?, m?s conciliadora y equilibrada, que hab?a tenido adeptos en ?Andaluc?a- y que a la saz?n se hallaba medio muerta, acab? aferr?ndose al z?hirismo literalista, con el que, como veremos, ten?a desde antiguo relaci?n, al menos literaria.



Disc?pulo del maestro z?hir? Ab?-l-Jiy?r de Santar?n, explicaba junto con ?l cursos de dicha doctrina en la mezquita mayor de C?rdoba. Eran los ?ltimos d?as del Califato, all? por los a?os 418 a 420 (1027 a 1029). Los m?lik?es y el vulgo denunciaron a ambos z?hir?es como corruptores del pueblo fiel y peligrosos para la fe. El zalmedina, consultado el ?ltimo Calfa Haksam III al-Mu?tadd, que acaso a?n no hab?a entrado en la capital, les prohibi? la ense?anza. Bien ?debi? de decirse Ibn Hazm-; puesto que as? lo quieren, ser? un sabio perseguido. Y todav?a se consagra con m?s fervor a la ciencia. Desde entonces empezamos a saber mucho menos de ?l, porque ya la historia de su vida se ha convertido en la historia de sus libros.



A?n teniendo en cuenta la avanzada edad que alcanz?, verdaderamente asombra la labor que en todos los terrenos de la especulaci?n intelectual musulmana realiz? Ibn Hazm, con esfuerzo tan solitario e insolidario como gigantesco. Marr?kush? ?que en el ambiente antim?lak? almohade, lo pondera (Mu?chib, 32 y ss.)- nos da la aterradora cifra de 80.000 folios escritos de su mano, formando 400 vol?menes. Aunque pensemos que no se trata siempre de vol?menes propiamente dichos, sino a veces de simples op?sculos, no por ello disminuye nuestro estupor, y naturalmente es imposible entrar, no ya en el an?lisis, pero ni siquiera en la enumeraci?n de sus escritos, que el lector podr? hallar consignados en la bibliograf?a extensa de As?n Palacios o en los repertorios bibliogr?ficos. Hacer otra cosa estar?a aqu? fuera de lugar, ya que no nos proponemos m?s que asomarnos a la psicolog?a del extraordinario escritor.



Bastar? decir que entre esas obras ?y sin contar el juvenil Collar de la paloma- figuran algunas de primer?sima importancia en la ciencia musulmana de todas las ?pocas, y alguna de tal aliento y ambici?n que s?lo en la Europa del siglo XIX ha podido encontrar paralelo. Nos referimos con esta ?ltima alusi?n al Fiscal, la maravillosa Historia cr?tica de las ideas religiosas, (tr. As?n Palacios: Abenhazam de C?rdoba y su Historia cr?tica de las ideas religiosas, cinco vols., Madrid, 1927-1932). Los dem?s escritos son filos?ficos, jur?dicos, teol?gicos, hist?ricos o puramente literarios. Entre los hist?ricos citaremos tan s?lo la Yamh?ra, el mejor repertorio de genealog?a ?rabe del Occidente musulm?n (editada por L?vi-Provenzal en 1948); el Naqt, original y descarnado op?sculo hist?rico, que tambi?n es accesible en castellano, y la Ep?stola apolog?tica de Al-Andalus y sus sabios (en refutaci?n de otra de un literato de Kairw?n), que es tal vez la primera, aunque breve, historia literaria de Al-Andalus y el primer intento reinvidicador de las glorias andaluzas.



Ibn Hazm es conocido sobre todo por su obra El Collar de la paloma (Tawq al-ham?na), siendo su nombre completo El collar de la paloma. Tratado sobre el amor y los amantes. Es una obra que brilla por su ligereza, dentro de su producci?n cient?fica ?sobre todo teol?gica y jur?dica-, y en la que se discurre ampliamente sobre la naturaleza y las formas del amor. Fue escrita hacia el a?o 1022 en J?tiva, cuando la capital del califato hab?a sido saqueada y destruida por los bereberes, y es una nost?lgica resurrecci?n en el recuerdo de la gran metr?poli del Mediod?a en la que el autor hab?a nacido, bajo el fausto de Al-Mans?r y en la que hab?a transcurrido su adolescencia dichosa y elegante. En esta obra el amor es concebido como atracci?n sentida por almas afines; el mismo autor en su obra nos dice: Difieren entre s? las gentes..., y con ello se nos demuestra que las influencias plat?nicas que llegan a ?l son indudables. Nos habla adem?s de los grados del amor, siendo el supremo de ?stos el amor como fusi?n. Describe su diferente intensidad y sus diversas causas y se detiene en la que para ?l es la principal, casi la ?nica: la belleza, de la que ofrece as? mismo diferentes formas y grados: Tocante al hecho de que nazca el amor...



En lo que concierne al esquema que comprende los 30 cap?tulos, se refiere en ellos los temas habituales de los tratados medievales sobre el amor: naturaleza y fenomenolog?a del amor; relaciones entre los amantes, con sus penas y alegr?as, y obst?culos que han de ser superados.



Lo que m?s val?a tenga quiz?s para nosotros es la colecci?n de ejemplos, referentes en su mayor parte a recuerdos biogr?ficos del propio autor y que nos ofrece un cuadro verdaderamente atrayente de la vida sentimental y sensual de la Andaluc?a musulmana. Con gran sinceridad y pasi?n evoca Ibn Hazm sus m?s variadas experiencias de amor, y nos introduce en el mundo m?gico de las cantantes, esclavas y cortesanas de la C?rdoba en la que se desarroll? su vida.



Son preciosas las reconstrucciones ambientales y la apasionada desnudez psicol?gica de su alma. La intriga amorosa alterna pormenores realistas con efusiones de sentimentalidad penetrante y sutil. Se insin?an los m?s ?ntimos movimientos del alma y brillan a veces con entristecido llanto los rostros de humildes esclavas, junto a los de princesas, aunadas unas y otras en la humana y triste realidad del amor.



Se halla el tratado enriquecido con citas de versos, casi todos del mismo Ibn Hazm. E incluso la fraseolog?a y la tem?tica amorosa en ?l expuestas han avivado las discusiones de que es precisamente en nuestra naci?n andaluza donde se han de buscar los precedentes de la teor?a y la poes?a del amor cort?s trovadoresco.



Como ya hemos indicado, El Collar de la Paloma es una obra en prosa que contiene un gran n?mero de poemas; consta de treinta cap?tulos: diez que tratan del origen del amor y la manera de producirlo; doce sobre sus azares y cualidades loables y censurables; seis acerca de sus calamidades; y los dos ?ltimos sobre las pr?cticas il?citas y la virtud de la continencia. Veamos algunas muestras de nuestro autor:



El verdadero amor no nace en una hora,



ni da fuego a su pedernal siempre que quieres,



sino que nace y se propaga despacio,



tras larga compenetraci?n, que lo afianza,



entonces no pueden acercarse a ?l abandonos ni menguas,



no pueden alejarse de ?l firmezas y aumentos.



Confirma esto el que vemos que todo



lo que se forma presto tambi?n perece en breve.



En esta otra composici?n nos habla de la imposibilidad de que un amante, que ha llegado a gozar de los placeres del amor a trav?s de un largo trato y convivencia, ame a dos personas a la vez:



Miente de juro quien pretende amar a dos,



como minti? Manes en sus principios.



No hay sitio en el coraz?n para dos amados,



ni lo que sigue a lo primero es siempre lo segundo.



Igual que la raz?n es una, y no conoce



otro Creador que el Unico, el Clemente,



uno tambi?n es el coraz?n y no ama



m?s que a uno, est? lejos o cerca...



O esta obra, en la que Ibn Hazm nos habla de que el amor es causa de enfermedad, e incluso conduce a la locura:



De curar este mal toda esperanza



ha perdido ya el m?dico, y sin duda



morir? en este campo de batalla:



de mi amor ser la v?ctima consiento



como quien, con veneno, bebe el vino mezclado.



Am?rico Castro, que hace un minucioso estudio comparativo de la obra de Ibn Hazm. El Collar de la paloma, y el El libro de Buen Amor, del Arcipreste de Hita, llega a destacar el car?cter personal de la idea del amor de Ibn Hazm: Ibn Hazm habla de unas vidas, la suya y las de otros, inmersas en el amor. Seg?n ?l no nos debe sorprender la originalidad en el tratamiento del amor por parte de nuestro autor, ya uqe su obra es, en cierto modo, su autobiograf?a, la autobiograf?a de un hombre que participa en una espiritualidad impregnada por la escuela suf? y que llegar?a hasta los poetas m?sticos como San Juan de la Cruz o Santa Teresa de Jes?s.



Otra de sus obras ser?a un famoso tratado en el que exalta y llama la atenci?n sobre la creatividad andaluza y el talento andaluz, mostr?ndose como un nacionalista radical. Leemos en un verso descabalado en el cap?tulo XX lo que sigue:



?Vete en mal hora, perla de la China!



Me basta a m? con mi rub? de Andaluc?a.





Se lament? de que al talento andaluz no se le diera la importancia que ten?a, mencionando algunos eruditos nativos que igualaban o aventajaban a cualquier talento proveniente del Oriente. Esta misma queja fue expresada en distinto grado por un gran n?mero de autores andaluces, entre los que se encontraban Ibn J?k?n, Ibn Bass?m, al-Sh?kundi e Ibn Sa??d, que llamaron la atenci?n sobre la clasificaci?n de los eruditos andaluces, como iguales o superiores a sus equivalentes en el Oriente.



Sea como fuere, C?rdoba nunca dej? de fascinar a los escritores posteriores, ni tampoco Al-Andalus como conjunto. Si sus ciudades estaban llenas de maravillas, tambi?n lo estaban sus gentes, de las cuales se dec?a que ten?an grandes cualidades. Al-Maqqari escribe: Sabes que el m?rito (fadl ) de las gentes es tan evidentemente justo como la belleza de su pa?s es deslumbrante. Se refiere a Ibn G?lib , el autor de Farhat al-anfus que mantiene, citando a Ptolomeo, que los andaluces tienen buen gusto en cuanto a ropas, comida, limpieza, integridad y el canto y la composici?n de canciones en virtud de la influencia de Venus. Y, por influencia de Mercurio, son buenos administradores, investigadores y amantes de la sabidur?a, filosof?a, justicia y juego limpio. Y, citando a Ibn G?lib, a?ade:



La gente de Al-Andalus son ?rabes en genealog?a, honor ( ?izza ), orgullo, altivez, elocuencia, jovialidad, evitaci?n de la iniquidad, impaciencia para sufrir humillaciones, generosidad, libertad y supresi?n de la infamia.



Son indios por su gran afici?n, amor y conservaci?n de las ciencias, son bagdad?es en virtud de su limpieza, galanura, modales refinados, nobleza, inteligencia, buena apariencia, la excelencia de su car?cter, el refinamiento de su intelecto, la agudeza de pensamiento, y la eficacia de sus ideas.



Son griegos en el descubrimiento de l?quidos, en los cultivos, selecci?n de las diferentes variedades de fruta, administraci?n de arboledas, embellecimiento de jardines con toda clase de hortalizas y flores.



Y seg?n Ibn Hazm:



Los andaluces son chinos en el domino de artes y representaciones pict?ricas, turcos en las formas de la guerra y el manejo de sus resortes... Adem?s, viajaron al norte de ?frica y se convirtieron en introductores de agricultura, industria, administraci?n, construcci?n y jardiner?a...



Un bereber puso una vez en duda que Al-Andalus tuviese hombres de talento, y si as? era, por qu? no exist?a una relaci?n de ellos, y el h?bil te?logo Ibn Hazm se encarg? de darle la respuesta en su famoso tratado. En primer lugar, dec?a Ibn Hazm. Ahm?d ibn Mwhammad al-R?z? escribi? una voluminosa historia de Al-Andalus se?alando sus carreteras, ciudades principales y asentamientos militares. Adem?s, el Profeta ya se hab?a referido a nuestros pendencieros antepasados, y esto es en si suficiente honor. Nuestro clima suave y posici?n geogr?fica hacen tender a la sagacidad y la inteligencia. La experiencia muestra que las gentes de Al-Andalus han sido capaces de comprender las m?ltiples ciencias ?lecturas cor?nicas, jurisprudencia, gram?tica, poes?a, lexicograf?a, historia, medicina, matem?tica y astronom?a- de manera no igualada en otros lugares, incluyendo la ciudad de Kairw?n. Los andaluces no son los ?nicos que no perpet?an la memoria de los grandes hombres, y esto confirma el dicho: La gente no valora a sus propios eruditos, o las palabras de Jes?s: S?lo en su patria y en su casa es menospreciado el profeta. A pesar de todo, hemos tenido, dice Ibn Hazm, una gran cantidad de obras excelentes que pueden compararse con las mejores que hayan sido escritas en cualquier sitio. Contin?a con la enumeraci?n de los principales autores y de sus obras sobre la escuela de ley m?lak?, incluyendo: Al-Hid?yah de ?Is? ibn Din?r y comentarios cor?nicos como el de Ab? ?Abd al-Rahm?n Baq? ibn Majlad que aventaja incluso al de Al-Tabar?. En el mejor de los casos, el tratado de Ibn Hazm es una compacta antolog?a que comprende lo que ?l crey? ser una buena selecci?n de hombres de letras que pod?an compararse con las grandes lumbreras de Oriente.



Resumiendo: ?Este pa?s nuestro! A pesar de estar distante de las fuentes del saber (se refiere a los n?cleos orientales), y a pesar de estar separado del ingenio de los otros eruditos, podemos hacer menci?n de grandes obras de sus gentes, lo cual hubiese sido dif?cil de conseguir si uno las hubiese buscado en Persia, Al-Ahw?z, Mudar, Rab?ah, Yemen o Siria, a pesar de su proximidad al ?Ir?k que es la morada de la emigraci?n ( hichrah ) del saber y el hogar de las ciencias y sus promotores.



Al-Andalus fue un crisol de gentes y de ideas que atraves? varias etapas de desarrollo cultural. Al principio dependi? del Este para su gu?a e inspiraci?n religiosa, ling??stica y cultural, para despu?s adquirir consciencia de s? misma y de sus m?ritos cara al resto del mundo musulm?n. Esto, sin embargo, no provoc? una ruptura con el coraz?n del Islam, a?n cuando Al-Andalus se convirti? en contribuyente a la cultura isl?mica en general. Aproximadamente a partir del siglo XI se encuentran los ingenieros andaluces en cualquier lugar del norte de Africa y a?n m?s al Este, donde compet?an f?cilmente con las mentes m?s ilustres de la ?poca. Una de las principales razones de esta estrecha integraci?n es que la arabizaci?n e islamizaci?n echaron ra?ces profundas en el pa?s y concluyeron haciendo de Al-Andalus una extensi?n del mundo isl?mico, parte y porci?n de la cultura ar?biga. Esto puede demostrarse ampliamente no s?lo en lo concerniente a los abundantes viajes a y desde Al-Andalus, sino en cuanto a los pr?stamos conscientes en gram?tica, lexicograf?a, textos religiosos y legales, poes?a y otras materias. En general , Al-Andalus desarroll? los temas y formas del sincretismo ?rabe e isl?mico en nuestra cultura ind?gena andaluza tal como se manifiesta en las artes y literatura, revelando una personalidad propia, que se descubre en las formas populares de la poes?a, en la simplicidad y claridad de su prosa y en la lucidez de los comentarios a menudo empleados en la ense?anza. En conjunto, Al-Andalus debe ser estudiado en el contexto del Islam, del mundo civilizador ?rabe, la lengua y la cultura ar?biga, y no en el del estrecho provincianismo de la pen?nsula Ib?rica. Esto se ve claramente en la gran cantidad de literatura producida en Al-Andalus, ?rabe de forma y contenido.



El enfoque m?s completo y articulado del tema del saber y las ciencias se encuentra en las obras de Ibn Hazm, sobre todo en Mar?tib al-?ul?m ( Categor?as de las Ciencias ) y en Kit?b al-ajl?q ( Libro de la Conducta ), consistentes en sus consejos y reflexiones sobre la vida honesta y virtuosa. En el segundo, Ibn Hazm dedica un cap?tulo a las ciencias que empieza as?: A?n cuando el saber no tuviese otro prop?sito que hacer, que el ignorante os respete, y que el erudito os estime y honre, ser?a lo bastante para ir en pos de ?l. Y contin?a preguntando: ?C?mo es posible no buscar la sabidur?a a la vista de sus muchas ventajas en esta vida y en la futura?. El anatema de la ignorancia es causa de males en esta vida y en la futura. Ibn Hazm conceb?a el saber como de gran utilidad para la pr?ctica de la virtud, ya que capacita al individuo para ver la fealdad de los vicios y la manera de evitarlos. Manifest? su deleite con los eruditos cuando ?l a?n no lo era y ellos le ense?aban; y luego cuando lleg? a serlo y conversaba con ellos. Adem?s, en riqueza, posici?n social, y salud, debe uno compararse con aquellos que tienen menos; pero en religiosidad, ciencias y virtud con los que tienen m?s. El saber debe ser propagado, pero su propagaci?n entre gentes ineptas y sin talento es, no s?lo una p?rdida de tiempo, sino tambi?n perjudicial, ya que los intrusos e ineptos que pretenden hacerse pasar por eruditos siendo ignorantes causan da?o a las ciencias. Los que persiguen la adquisici?n de honores, riquezas y placeres, buscan la compa??a de gentes que, por sus cualidades, parecen perros enfurecidos y lobos astutos. Sin embargo, el que es avaro con su sabidur?a, es peor que el que es avaro con sus bienes materiales. En general, el saber va unido a la virtud, y la ignorancia a los vicios ?aunque suaviza esta opini?n a?adiendo que ?l conoci? gente inculta cuya conducta era irreprochable, mientras que la de algunos eruditos era tal como para convertirlos en las personas m?s viles y corrompidas del mundo-.



Estos pensamientos est?n en su mayor?a repetidos en Mar?tib al-?ul?m, en el que examina las ciencias, su valor y el modo de dedicarse a ellas. Este tratado es de gran importancia, ya que es la primera obra de su tipo conocida en al-Andalus, y presenta las ciencias tal como las conceb?a un pensador que intentaba clasificarlas seg?n su valor, y distinguir las falsas de las verdaderas. Consta de dos partes: la primera trata de la educaci?n del individuo, y, la segunda, de la divisi?n de las ciencias seg?n una estructuraci?n isl?mica.



Para Ibn Hazm, el saber beneficia al que lo busca, en este mundo y en el futuro. Sin embargo, el que busca el saber para jactarse de ?l, o para ser alabado, o para adquirir riqueza y fama, est? lejos del ?xito, pues su objetivo es alcanzar algo que no es el saber. La adquisici?n del saber es una virtud, y tambi?n lo es su transmisi?n, de lo que se deduce la importancia del profesor y de los libros, a los que considera el mejor instrumento para lograrla. En contra de la opini?n que la abundancia de libros es da?ina, mantiene que mientras m?s libros haya, mejor.



Biografias del Foro Aben Humeya

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Publicado por NASOINAN @ 11:45  | Biografias
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