Mi?rcoles, 14 de noviembre de 2007
La letra de la Revelaci?n

Unos siete siglos aproximadamente separan las trayectorias vitales de dos grandes maestros de la espiritualidad musulmana, el andalus? Ibn ?Arabi (1165-1240) y el argelino Shayj al-?Alawi (1869-1934); sin embargo, entre ambos extremos se extiende un hilo conductor sostenido sobre una tradici?n firmemente enraizada en el mundo musulm?n que permite una continuidad que actualiza sus ense?anzas, tenidas a la vez por complejas y fundamentales. El primero, Ibn ?Arabi, dada la monumentalidad de su obra, la fascinaci?n que produce su personalidad y su pertenencia a una ?poca dorada de la historia del Islam, ha gozado de un inter?s creciente entre los estudiosos y se le reconoce como uno de los genios de la humanidad en lo que se refiere al pensamiento y la experiencia m?stica.

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Por su parte, el Shayj al-?Alawi se preocup? m?s por revitalizar un Islam en franca decadencia y crear una escuela que perpetuara su labor dentro del esp?ritu de la tradici?n suf? norteafricana, sin dejar de lado tampoco una labor intelectual de gran calado. Son todav?a pocos los estudios que se le han consagrado, si bien va siendo rescatado del olvido acad?mico, gracias, sobre todo, a la monograf?a que le ha dedicado Martin Lings[1], que ha llamado poderosamente la atenci?n sobre esta figura del sufismo contempor?neo, considerado por sus seguidores el m?ximo representante de la espiritualidad de su tiempo, por no decir la materializaci?n de una predicci?n del Profeta, seg?n la cual, cada cien a?os, debe surgir en el Islam una personalidad poderosa y singular capaz de insuflar nueva vida a la Revelaci?n fundada por ?l: el Mu?addid o Renovador que reconstruye lo que el inexorable paso del tiempo arroja al olvido. Esta funci?n, que llega a tener -entre los suf?es- una dimensi?n "c?smica", es atribuida a todos los maestros que se han destacado a lo largo de la historia del Islam.

A parte del inter?s acad?mico que suscitan, es necesario se?alar que ambas figuras han tenido y, en buena parte siguen teniendo, un gran renombre popular y una influencia en el Islam cotidiano, tanto por s? mismos como por el efecto de su labor. Sus mausoleos son objeto de visitas y el pueblo llano busca la bendici?n de su sostenida energ?a espiritual que supera la muerte f?sica para convertirse en una presencia que es capaz a?n de fecundar la vida y guiar hacia la realizaci?n de la plenitud. Existe una lectura popular del sufismo que lo ingresa en la vida positiva de las personas y las comunidades, con rasgos compartidos con la valoraci?n universal de los ?ntimos de Allah.

A pesar de la distancia en el tiempo y en las circunstancias hist?ricas, estos dos grandes nombres de la espiritualidad musulmana coinciden en su enraizamiento en una de las expresiones m?s genuinas del Islam, el sufismo, que no debemos confundir con un c?mulo de simples experiencias personales, pues su formidable irradiaci?n sobre el entorno en el que el suf? vive le concede al fen?meno una dimensi?n social y cultural innegable. En los dos casos, la penetraci?n en el mundo de los significados m?s profundos de la Revelaci?n isl?mica fue un hecho consumado cuyo fruto fue una producci?n literaria sorprendente tanto en su extensi?n como en su calidad as? como la instauraci?n de l?neas de transmisi?n de un saber que siguen teniendo vigencia, configurando muchos aspectos del Islam, visibiliz?ndose en las relaciones sociales, en el arte, en el pensamiento, en el folclore, en las opciones personales.

Al-Gazali y al-Yilani, y depu?s Ibn ?Arabi de Murcia, supusieron algunos de los momentos m?s interesantes de la toma de cuerpo del sufismo. Al-Gazali le da carta de naturaleza y lo respalda con el enorme cr?dito de su privilegiada situaci?n en el desarrollo de las ciencias isl?micas; al-Yilani, por su lado, con la estricta fama de su ortodoxia, lo populariza y crea una escuela, la m?s difundida en el Islam, contando con millones de seguidores. Por su parte, Ibn ?Arabi representa el fruto m?s notable de la concreci?n de esos pasos previos. Su obra, tremendamente compleja, es compilaci?n y s?ntesis, pero de una originalidad y personalidad tales que sit?an a su autor muy por encima de cualquier otro, convirti?ndolo en una referencia inevitable que hace de ?l el Maestro Mayor, el ash-Shayj al-Akbar, Sello de la realidad muhammadiana, del que han de beber necesariamente quienes desean seguir la senda de la perfecci?n interior en conformidad con el Islam. Un sin fin de maestros, a lo largo de los siglos, "participaron" en el sufismo tal como fue perfilado por esos hitos en el proceso de su instituci?n, quienes a su vez remontan su cadena inici?tica hasta llegar al Profeta.

En los medios tradicionales, el sufismo es inseparable del Islam; es m?s, es su esencia, tal como se expresa en una gran cantidad de definiciones del t?rmino. A principios ya del siglo XX, el Shayj al-?Alawi fue receptor y heredero de buena parte de esa tradici?n, y puso su grano de arena al fundar un m?todo para la realizaci?n espiritual, la Tariqa ?Alawiyya, en la conciencia de que supon?a un momento m?s, un renacer de esas ense?anzas espirituales que acompa?an al Islam desde sus inicios.

Queremos hablar aqu?, de forma necesariamente esquem?tica, de uno de los aspectos m?s interesantes de la obra de Ibn ?Arabi, muchas veces, sin embargo, considerado marginal en el conjunto de su obra y que hizo de ?l realmente la culminaci?n de los pasos anteriores dados por los maestros que le precedieron en coincidencia tambi?n con la conclusi?n de otros procesos m?s generales en diferentes campos del pensamiento musulm?n. Estos ajustes y encajes tendr?n un ?xito que acaban por definir al Islam tal como lo conocemos, y que volvemos a encontrar en la obra y en el horizonte espiritual del Shayj al-?Alawi.

Efectivamente, tras haber ya madurado lo esencial de su experiencia intelectual y espiritual, hay un momento en la vida de Ibn ?Arabi en el que se interesa especialmente por el estudio del Hadiz[2]. Consideramos este episodio de enorme importancia, pues su inclinaci?n hacia esos estudios lo va a mover de un lado para otro del mundo musulm?n, al modo de los talaba, los buscadores del saber, que tiene su origen en la inquietud suscitada por el legado del Profeta. Esta preocupaci?n lo pondr? en contacto con los grandes maestros en la materia de su momento, e Ibn ?Arabi, a pesar de su rango, no duda en presentarse como disc?pulo para memorizar Hadices que le sean trasmitidos por fuentes fiables as? como para consagrarse al estudio de sus genealog?as y profundizar en las complicadas ciencias que acompa?an a la cr?tica del Hadiz. Queremos llamar la atenci?n sobre este inter?s de Ibn ?Arabi por el Hadiz porque pensamos que va a ser decisivo a la hora de entender el tono ?ltimo de su propia obra. La preocupaci?n por el Hadiz, especialmente en su ?poca, lo situaba dentro de una corriente concreta del pensamiento musulm?n, que tiene su origen en el terreno de los estudios jur?dicos pero que va a tener grandes y graves implicaciones.

Ya en los comienzos del Islam, la necesidad de responder a las situaciones nuevas, ante todo de orden jur?dico, creadas en buena medida por su r?pida difusi?n, oblig? a reflexionar seriamente sobre los criterios a seguir. La primac?a del Cor?n como referencia para dar soluci?n a los temas en discusi?n era aceptada un?nimemente, pero cuando el Cor?n no era tajante sobre un tema o tan siquiera lo trataba, pon?a a los musulmanes en un aprieto. Se confi? en la opini?n de los ulemas, los expertos en materia cor?nica capacitados para establecer analog?as y deducir soluciones basadas en fuentes que pudieran ser aceptables para la comunidad, por ejemplo las pr?cticas consuetudinarias en Medina, que hab?an servido al Profeta. Ab? Hanifa y Malik son ejemplos de esos primeros balbuceos del derecho musulm?n, momentos en los que a?n no se hab?an recogido ni criticado plenamente los Hadices. Ello daba margen a la opini?n personal de los eruditos, que no contaban a?n con ese material, y que s?lo m?s tarde se convertir?a definitivamente en la segunda fuente de derecho musulm?n, ocupando el siguiente puesto inmediatamente despu?s del Cor?n.

Hasta entonces, la Sunna era un t?rmino vago que alud?a de modo general a las costumbres del Profeta, m?s bien a su "estilo", pero pocas veces estaba respaldada por textos concretos, sino por costumbres consideradas las seguidas por el fundador del Islam. Con el Imam ash-Sh?fi?i ya encontramos un inter?s creciente por los Hadices, considerados textos claros que empezaban a narrar actuaciones concretas del Profeta, pero a?n no hab?a una cr?tica suficiente que despejara ese material de dudas sobre su autenticidad. Ash-Sh?fi?i ser? el primero en subrayar la importancia de ese material y comenz? a definir una ciencia para su cr?tica que no tard? en desarrollarse y ampliarse. Pero ya con Ahmad ibn Hanbal llegamos al final de los procesos de recensi?n, an?lisis y maduraci?n, coincidiendo pr?cticamente en el tiempo los grandes muhaddizin como al-Bujari, Muslim, y las dem?s autoridades en la materia. Ahmad mismo ser?a el autor de una recopilaci?n de Hadices debidamente autentificados que servir?a de material para la elaboraci?n de su derecho. Este progresivo paso al primer plano de los hadices implicaba el retroceso de las deducciones basadas en la analog?a y la opini?n personal de las autoridades como criterios a la hora de convencer a los musulmanes de la legitimidad de las pr?cticas, ya fueran de car?cter espiritual o social.

Pero adem?s, tambi?n con Ahmad y como refuerzo de la tendencia, se ir?a imponiendo la necesidad de la interpretaci?n literal, dejando cada vez menor margen para las especulaciones y los desarrollos personales, todo ello en la consideraci?n de que lo ?nico que verdaderamente obliga a un musulm?n es lo que hayan dicho Dios o Su Profeta, quienes, por otra parte, han hablado claro. La claridad del mensaje revelado ser? un argumento constante contra las interpretaciones aleg?ricas y los alejamientos del sentido inmediato. Estos planteamientos alcanzan su extremo en el zahirismo de Ibn Hazm de C?rdoba, que lo expres? en obras de car?cter jur?dico y en su teor?a del lenguaje[3]. El zahirismo -t?rmino frecuentemente traducido por literalismo- fue la escuela de derecho a la que se adhiri? Ibn ?Arabi, y bajo su influencia empez? a interesarse por la ciencia del Hadiz; es m?s, llev? al ?mbito de la espiritualidad suf? esos principios y los aplic? con una regularidad y eficacia que dan el tono definitivo al sufismo.

El literalismo, aplicado a textos revelados, rescata su dimensi?n atemporal. Es un intento de depuraci?n que quiere alcanzar el sentido sin m?s, sin el auxilio de interpretaciones y dejando al margen las opiniones personales. Si el que realiza tal an?lisis adem?s cuenta con sensibilidad espiritual, descubre que su esfuerzo acaba por mostrarle la presencia de Allah en todo lo que existe, que no es m?s que la letra de Su Discurso universal, la forma de Su Voluntad y el signo de Su Sabidur?a, sin necesidad de forzar las cosas, sin tener que separar el esp?ritu de la materia ni acudir a la fantas?a; en definitiva, sin intermediaciones de ning?n tipo. El literalismo, aplicado primero a los textos revelados en el Islam, acaba por ser un modo de entender la existencia y de interpretarla, forzando a encontrar toda la verdad en sus manifestaciones concretas, lo que da a cada realidad una profundidad inmediata sin desviaciones ni divagaciones. Estos ser?n los pasos que dar?n lo suf?es, por lo que ser?n acusados de pante?smo cuando lo que hac?an eran agudizar sus sentidos hasta el extremo que habilitarlos para detectar la significaci?n profunda de cada realidad, rindi?ndose por completo al car?cter envolvente de la presencia de Allah, fuera de lo cual no hay nada consistente.

Los Ahl al-Hadiz, los partidarios del Hadiz, son toda una categor?a que se ha caracterizado por su oposici?n ac?rrima a cuanto consideran ajeno a lo esencial del Islam. La escuela de Ahmad ibn Hanbal (y la de Ibn Hazm de C?rdoba, aunque reducida, por su aparici?n tard?a, a un car?cter minoritario con influencia intelectual pero no popular) estar? a la vanguardia de esa defensa a ultranza del Hadiz y del Islam de la ?poca de los primeros musulmanes (el Salaf, de donde el nombre de salaf?es para los "puristas" dentro del Islam). Pero, al contrario de lo que podr?a hacernos suponer la traducci?n de zahirismo por literalismo, no hay en los sistemas creados por este modo de interpretar el Islam nada de superficialidad ni pereza intelectual, ni fanatismo cerrado y opuesto a la creatividad. Aunque proyecciones sobre el pasado de situaciones actuales hacen pensar que la actitud del hanbalismo o de los Ahl al-Hadiz, era diametralmente opuesta al sufismo, en las escuelas literalistas se desarrollar? una poderosa actitud cr?tica que encarna en un rigor intelectual y espiritual que dar? frutos magn?ficos. Por ejemplo, ese literalismo, que no podemos calificar de estrecho, tendr? exponentes de la envergadura de al-Yilani en el dominio hanbali y a Ibn ?Arabi en el zahirismo de Ibn Hazm. Y no podemos considerar como casuales estas adscripciones, sobre todo si recordamos la importancia de la pr?ctica jur?dica en el seno del Islam, que siempre est? en el centro de las discusiones sobre el Islam. Por supuesto, al lado de autores geniales, podemos encontrar a otros de miras estrechas que utilizan el literalismo para frenar toda iniciativa original, pero normalmente esto sucede con independencia del nombre de los criterios que oficialmente se sigan a la hora de forjar m?todos de an?lisis e interpretaci?n.

Con lo anterior queremos se?alar que con tal t?rmino significamos una corriente dentro del Islam de importancia capital que se expresar? de modos diferentes e incluso opuestos, yendo de un Ibn Taymiyya a un Ibn ?Arabi, pero que busca en la Revelaci?n una gu?a inequ?voca para el musulm?n, alej?ndolo de fantas?as e interpretaciones arbitrarias, o soluciones que escamoteen la verdad. La Revelaci?n es, para los literalistas, un dato que debe ser estudiado objetivamente, descartando las adherencias de origen exterior. El posicionamiento de Ibn ?Arabi dentro de estas coordenadas es de especial importancia pues establece la conexi?n entre su funci?n restauradora de lo esencial del Islam, convirti?ndose en heredero de la verdad prof?tica, y su obra que es, tan solo en apariencia, un desbordado ejercicio de heterodoxia.

Podemos resumir los grandes rasgos de esta corriente analizando los modos de ex?gesis empleados a la hora de interpretar los datos de la Revelaci?n (el Cor?n y la Sunna, entendida esta en su concreci?n a trav?s de los Hadices autentificados), y que sirven para fundamentar el saber musulm?n y la pr?ctica del Islam. Por un lado, tenemos el Tafs?r, que consiste en un an?lisis que busca fuentes en los tiempos del Profeta a la hora de explicar lo que el Cor?n o ?l mismo quisieron decir. Con ello empezaban a desecharse las interpretaciones posterioresa su tiempo y el comentarista se atiene a datos presumiblemente objetivos. Junto a esas informaciones, pasar? a tener importancia el estudio de la lengua ?rabe como auxiliar para entender leg?timamente lo que significa cada palabra y cada frase de la Revelaci?n. Los estudios ling??sticos crecer?n en importancia para servir a tal objetivo y descubrir?n a los estudiosos nuevas posibilidades.

Otro sistema, que ser? el seguido por Ibn ?Arabi, ser? el Tawil, que se traduce como interpretaci?n espiritual cuando en realidad es la "restituci?n de cada palabra a su sentido original en una lengua ?rabe primordial". Para los exegetas m?s rigurosos del Cor?n, entender el Libro Revelado en esa clave, es esencial[4]. Ayudan a ello las caracter?sticas singulares de la lengua ?rabe que, con su sistema de derivaciones, permite indagar por los sentidos originales de cada palabra. As?, lo que se busca con el Tawil no es contextualizar la informaci?n, sino todo lo contrario, descontextualizarla definitivamente para que emerja la significaci?n m?s pura. Una vez obtenida esta, todas las derivaciones son iluminadas por la verdad inicial que da forma a un mensaje dirigido a la humanidad; es m?s, a la humanidad en su esencia. La significaci?n fundamental pasa a ser el criterio para entender lo que las posteriores circunstancias implican en realidad[5].

Esa significaci?n primera tiene siempre una profundidad insospechada. En efecto, en esas honduras se pierde casi del todo la inteligibilidad, y s?lo la inspiraci?n ayuda a explicar lo que el entendimiento intuye ah?[6]. Por eso, no debe extra?arnos que la aparente heterodoxia de Ibn ?Arabi es el resultado de su agudeza, pues los dem?s autores literalistas no consegu?an despojar el Islam de adherencias de diversa ?ndole. Ibn ?Arabi, siguiendo un proceso suf?, en el que se capacita al aspirante para hacerle acceder a la intimidad de las cosas, consegu?a despojar cada palabra y cada expresi?n cor?nica de toda circunstancialidad para rescatar su significaci?n m?s pura e ?ntima, su sentido en un universo espiritual previo a toda materializaci?n. Muchos de los literalistas no lo pod?an entender precisamente porque ?l hab?a llevado hasta su ?ltimo extremo lo que ellos buscaban, el sentido m?s profundo de cada t?rmino en el Islam. Con Ibn ?Arabi, el verdadero desciframiento de la Revelaci?n exige un desnudamiento previo en el que se trasforma en "esencia" el sujeto mismo que emprende el desciframiento.

Algo muy parecido encontramos en la obra del Shayj al-?Alawi. ?l llamar? Fahm, entendimiento, al mismo m?todo. El entendimiento es la capacidad para llegar a los significados m?s originales, a su coraz?n, donde est? Allah mismo, despejando esos significados en el mismo proceso de desnudamiento al que se somete el suf?. Seg?n avanza en el auto conocimiento, que consiste en desechar las convenciones en las que define su personalidad, la realidad del mundo -su secreto interior y b?sico- se le va mostrado, en coincidencia con las grandes verdades de una cosmovisi?n estrictamente ortodoxa. Esa peregrinaci?n culmina en una estrecha vinculaci?n con la realidad de Allah. En su libro m?s importante, al-Minah al-Qudd?siyya, al-?Alawi anota las claves de un m?todo de purificaci?n del entendimiento basado en la literalidad de las ense?anzas del Islam al cabo del cual el aspirante queda habilitado para entender la implicaci?n profunda de todos los pasos que se han dado:

"Has de saber que los suf?es no comprenden lo que la creaci?n les dice m?s que a partir de Allah mismo. Eso lo exige el rango en el que est?n asentados: no son ellos quienes interpretan. No te extra?e, hermano, que entiendan otro significado en el caso de una palabra empleada para algo restringido, pues la capacidad para ir a sus or?genes es para ellos haber alcanzado un grado noble en el entendimiento. Es m?s, es el m?s elevado de los grados, porque significa que entienden desde Allah... Eso es lo que les ha hecho o?r algo m?s en todo aquello que se oye. Sacan su ciencia hasta de lo que es m?s insignificante a los ojos del com?n. No desprecian nada, porque para ellos todo lo que hay en la existencia se?ala hacia la Unicidad de Allah, y as? es como lo que se considera vil es, a sus o?dos, una alabanza? Si los suf?es son capaces de extraer significados serios a partir de expresiones jocosas, ?c?mo no entresacar?an lo grave de entre lo severo? Al contrario, pueden hacerlo porque no se detienen en la significaci?n com?n de los t?rminos, sino que miran al significado profundo que determina el sentido. No prestan atenci?n a la melod?a ni a la sintaxis sino que recogen el sentido ah? donde se les muestra: sus miradas est?n fijas en aquello a lo que aluden las latencias sin volverse hacia lo que la lengua pronuncia. Los ves junto a Allah en cada circunstancia y cuesti?n, a pesar de que ?l est? cada momento en un asunto distinto. A causa de esa victoria, viven ausentes a los adornos, pues est?n ahogados en los oc?anos de la realizaci?n. Su dedicaci?n est? enteramente consagrada al Coraz?n, que es el espacio de Allah. Sus corazones se han hecho v?lidos para contemplar directamente a su Se?or, y Allah se ha hecho cargo de ellos purific?ndolos"[7].

Al-?Alawi lleva este sistema al estudio del Islam en sus aspectos m?s importantes, y revela la significaci?n de cada gesto del musulm?n en el plano de la primordialidad en la que tiene origen. No se trata de disquisiciones, sino del resultado de un m?todo aceptado tradicionalmente, en el que no se trata de una simple descripci?n, al modo de los juristas, sino del rescate de las significaciones primeras, revitalizando lo que el tiempo hace olvidar y lo sustituye por el ritualismo.

Estas "lecturas" comienzan con el Cor?n y la Sunna, para proyectarse despu?s sobre todo lo que existe, el Cor?n Mayor, que es la creaci?n entera. La b?squeda del sentido original de cada cosa, conduce al suf? al descubrimiento de la Verdad Una y ?nica que lo conjuga todo bajo el imperio de Su realidad infinita. En ese oc?ano de Unidad queda sumergido el coraz?n del peregrino, que ha encontrado la clave de la belleza eterna presente en cada hecho concreto. Lo evidente, la letra de cada realidad, su zahir, es la materializaci?n de esa infinitud.

Un ejemplo de ello lo tenemos en sus explicaciones sobre el significado de la Basmala, el primer vers?culo del Cor?n, la frase Con el Nombre de Allah, que todo musulm?n enuncia antes de realizar cualquier acto. Seg?n al-?Alawi, la Basmala resume lo esencial de la doctrina del Islam, seg?n la cual "todo es hecho por Allah". Todo es creado y recreado por el Uno, cuya presencia es imprescindible para que cualquier cosa tenga contundencia y constancia, es decir, realidad. Al pronunciar la Basmala, cada musulm?n reconoce al verdadero Autor de todo acontecimiento, y abre ante s? la posibilidad de distinguirlo en todo lo que sucede. Y, as?, al cabo de esa experiencia est? la contemplaci?n a la que todos los objetos y acontecimientos sirven de soporte. Todas las formas le hablan de lo que no tiene forma, toda realidad concreta y limitada es recept?culo para lo eterno e infinito. Quien ha trasformado su visi?n hasta hacerla capaz de recoger la inmensidad presente en cada hecho ha agigantado su propia realidad.

El poder de la presencia de lo infinito en cada hecho concreto, empezando por "su Revelaci?n" como catalizador que atrae la atenci?n y la veneraci?n del ser humano, est? perfectamente constatado en el arte musulm?n. La salmodia del Cor?n, y la caligraf?a son manifestaciones de esa sensibilidad. La modulaci?n respetuosa con la que el lector del Libro convierte su lectura en un acto de adoraci?n lo sumerge en la belleza de los sonidos originales, donde el tono es significante precisamente en su calidad m?s material. Igualmente, la escritura, convertida en arte, hace de cada palabra del Libro un objeto precioso comunicada por la materialidad de su letra al ojo que es capaz de penetrar hasta alcanzar la belleza que hay en toda forma. Ambas artes, la de la voz y la del c?lamo, son constantes que han puesto el acento en el valor del sonido y de la letra como veh?culos no de s?mbolos dados a las lucubraciones, sino para la contemplaci?n directa, haciendo visibles los secretos infinitos que subyacen en la realidad, que dan forma y cuerpo a toda realidad.



[1] Lings, Martin, Un santo suf? del siglo XX, Taurus, Madrid, 1982.

[2] Ibn ?Arabi fue autor de varias recensiones de Hadiz que, al parecer, est?n perdidas, debido sin duda a que sus obras directamente suf?es coparon la atenci?n. V?ase en la Encyclopedie del l?Islam la entrada dedicada a Ibn al-?Arab?, vol. III.

[3] V?ase Arnaldez, Roger, Grammaire et th?ologie chez Ibn Hazm de Cordoue, Vrin, Par?s, 1956.

[4] V?ase la defensa de este criterio en al-Al?s?, R?h al-Ma??n?, Ihy? at-Turat al-?Arab?, 4? ed. 1985, vol. I.

[5] De aqu? la complementariedad del Tawil y el Tafsir. A los suf?es se les reprochar? una supuesta preferencia por el Tawil que algunos interpretaron como negaci?n de los sentidos entendidos como inmediatos en favor de interpretaciones espirituales subjetivas. La respuesta a tal objeci?n fue siempre la misma: el Tawil no desautoriza el Tafsir, sino que es su esencia, y lo que "entiende" cualquier musulm?n est? validado en las profundidades de los significados interiores.

[6] Tanto Ibn ?Arabi como al-?Alawi describen el acto de la escritura como una liberaci?n ante el ?mpetu de la inspiraci?n, que satura de ideas sus mentes, consiguiendo alivio s?lo con su ordenaci?n por escrito.

[7] Al-?Alawi, al-Minah al-Qudd?siyya, al-Matba?a al-?Alawiyya, Mostagenem, 2? ed., 1989.

Tags: Arabí, andalusíes

Publicado por NASOINAN @ 19:21  | Biografias
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