Mi?rcoles, 14 de noviembre de 2007
Ab? Zayd ?Abd al-Rahm?n ibn Mwhammad ibn Jald?n Wal? al-D?n al-T?nis? al-Hadram?.


Historiador andalus?.
De origen sevillano, nace en T?nez en Mayo de 1332. Muere el 16 de Marzo de 1406 en El Cairo
.


Andalus? descendiente de una importante familia de Ishbyl?yya (Sevilla), muy pr?xima a los sectores culturales m?s destacados de Al-Andalus. Con motivo de la ca?da de la ciudad sevillana a manos del rey castellano Fernando III, se trasladar?an a Africa, asent?ndose en la ciudad de T?nez, uno de los n?cleos m?s importantes de los movimientos politicos religioso bereber. Se sabe que el padre de Ibn Jald?n muri? en esta ciudad a causa de la peste, a mediados del siglo XIV. As? pues, Ibn Jald?n ser?a hijo de una familia de exiliados andalus?es ante la ca?da de Ishbyl?yya, en el a?o 1248, en poder de los cristianos trinitarios.

Debido a las inclinaciones culturales de sus antepasados sevillanos, es l?gico que el asentamiento se llevara a cabo en la ciudad de T?nez, centro cultural de primer orden, muy influido por la di?spora andalus?. ?Abd al-Rahm?n ibn Jald?n sinti? desde muy temprana edad aut?ntica pasi?n por el estudio, recibiendo una esmerada educaci?n, y aprendiendo la interpretaci?n y lectura de los textos sagrados, de acuerdo con la escuela m?lak?ta, adem?s de sentencias, m?ximas y narraciones que compon?an un n?cleo inicial de cultura en la tradici?n ?rabe.

Cuando contaba 17 a?os de edad, inmerso en los acontecimientos de la contrarreforma bereber, una nueva sacudida de los benimerines o merinidas que tomaron la ciudad de T?nez, posibilitar?a que los nuevos sabios llegados con los conquistadores enriquecieran su ancestro cultural. Pas? al servicio de la corte, donde se dedicar?a fundamentalmente al estudio y la investigaci?n. Posey? desde muy joven importantes conocimientos de jurisprudencia, de la historia del Profeta y las principales obras literarias de la cultura ?rabe. Fue tal su afici?n a las letras, que pr?cticamente toda su vida la dedicar?a al estudio y a la investigaci?n. Habiendo perdido por este tiempo a su padre, hallar?a en el estudio el consuelo por esta desventura.


Evacuado T?nez por los merin?es y restaurada la dinast?a hafsida, ser?a proclamado sult?n el pr?ncipe Ibn Inh?k, de corta edad y al que fue destinado Ibn Jald?n para su formaci?n intelectual, empezando de este modo su carrera pol?tica. Ibn Jald?n es presentado por algunos de sus historiadores como un personaje ambicioso en la pol?tica, y con una actitud ecl?ctica respecto a los diferentes soberanos a los cuales prestar?a servicio. Parece ser que tuvo una importante participaci?n en los distintos sucesos y cambios que se estaban produciendo y que inicialmente participar?a de las ideas de la escuela isl?mica m?lak?ta, present?ndole estos mismos historiadores como un hombre estricto y riguroso.

A los 20 a?os de edad abandona T?nez traslad?ndose a la ciudad de Fez, para continuar en contacto con los sabios benimerines a quienes hab?a conocido en su ciudad natal, y a cuyos proyectos ideol?gicos se sent?a vinculado. Por el a?o 1352 sali? de esta poblaci?n siguiendo al sult?n Ab? Ish?k. Debido al descalabro del ej?rcito tunecino, vencido por el de Constantina al mando del pr?ncipe Hafsida Ab? Zayd, huir?a de Mermachena a Tebessa; de all? a Biskra, dirigi?ndose de nuevo a la ciudad de Fez. En esta ciudad encontr? a un importante sabio merinida, que pensaba trasladarse a la ciudad de Buj?a, consintiendo en acompa?arle, residiendo durante algunos meses en esta plaza fuerte. Con ocasi?n de que una diputaci?n de Buj?a se encamin? a la corte del sult?n merinida Ab? In?n, decidi? incorporarse a ella, regresando de nuevo a la ciudad de Fez, donde encontr? una grata acogida de parte de este pr?ncipe. Causaron en m? gran sorpresa ?dice el propio Ibn Jald?n-, las mercedes y los honores que me prodig? aquel pr?ncipe siendo yo joven imberbe todav?a. Vuelto de nuevo a Buj?a por el a?o 1354, recibir?a ?rdenes de regresar de nuevo a la corte: Cuando Ab? In?n estuvo de regreso en la capital y los sabios merinidas empezaron sus reuniones en la corte, seg?n costumbre, se habl? de m? en una de estas asambleas; y como el pr?ncipe ten?a intenci?n de admitir en ellas algunos j?venes literatos para discutir cuestiones cient?ficas, los doctores que yo hab?a conocido en T?nez me designaron como muy digno de semejante honor. Al punto el sult?n h?zome llamar a la corte, y habi?ndome inscrito en el n?mero de las personas que tomaban parte en sus tertulias literarias, me autoriz? a asistir con ?l a la oraci?n. Poco despu?s me emple? como secretario de ?rdenes, encargado de apostillar los memoriales que se le presentaban. Sin embargo, yo continu? dedicado al estudio, recibiendo las lecciones de varios sabios magrebinos y de muchos doctores andalus?es que ven?an de vez en cuando en cumplimiento de misiones diplom?ticas. De este modo pude alcanzar un grado de instrucci?n que correspond?a a mis deseos.

Vemos por este testimonio la importancia que, en los sultanatos de Ifrikiyya, tuvieron los doctores andalus?es exiliados por la conquista castellana.

Presentado a la corte en el a?o 1355, gozar?a de los favores del soberano, lo que no impedir?a que nuestro hombre participara en insidias de poder e incluso se manifestara partidario del pr?ncipe hafs? y ex gobernador de la fortaleza de Buj?a, siendo todo ello motivo de prisi?n. Tras dos a?os de c?rcel y con la muerte del soberano, el regente de la corona pondr?a en libertad a Ibn Jald?n, si?ndole restituidos dignidades y honores. Tras estos sucesos quiso volver a T?nez, no logrando del regente autorizaci?n para ello. Particip? en la revuelta de los merinidas contra el regente, proclamando como sucesor en el gobierno a uno de los hijos del difunto sult?n, de cinco a?os de edad, y en cuyo nombre pensaba detentar la regencia. Otro pr?ncipe, Ibn Salem, hermano del difunto Ibn In?n, disputar?a los derechos al trono del joven sult?n. Ibn Salem se encontraba exiliado en Al-Andalus, y habiendo regresado a Africa dispuesto a trabajar por sus derechos al gobierno, busc? atraerse partidarios entre las facciones merinidas de las comarcas pr?ximas a la fortaleza de Ceuta, en tanto que uno de sus agentes llamado Ibn Marzuk, laboraba en Fez con id?ntico objeto. Ibn Marzuk, contin?a diciendo Ibn Jald?n, conoc?a la amistad que mediaba entre m? y los pr?ncipes merinidas, y por esto recurri? a mis servicios con la esperanza de ganar a aquellos jefes. Y en efecto, yo convenc? a la mayor parte de ellos para que ofrecieran su apoyo a Ibn Salem...

...En el 760 (1359) ?contin?a diciendo Ibn Jald?n-, hizo su entrada este pr?ncipe en la capital del reino. Hac?a s?lo quince d?as que me hab?a adherido a su partido, y ya formaba parte de su cortejo... Habi?ndome nombrado su secretario particular, me encarg? de redactar y escribir toda su correspondencia. Muy pronto, despu?s de mi nombramiento, me entregu? al cultivo de la poes?a, y compuse muchas piezas de versos, unos buenos, otros medianos, que yo mismo recitaba en presencia del sult?n los d?as festivos. Hab?a transcurrido alg?n tiempo, cuando Ibn Marzuk, habiendo sido admitido a la familiaridad del soberano, lleg? a apoderarse de su esp?ritu con exclusi?n de cualquier otro concurrente. Desde entonces ya no me ocup? sino de mis deberes oficiales. Al fin de su reinado, el sult?n me confi? las funciones de juez supremo, encargado de administrar justicia a los infelices que, habiendo sido vejados por los poderosos, no pod?an ser juzgados por los tribunales ordinarios. Entonces hice justicia a mucha gente: Allah me lo recompensar?, seg?n espero. Entre tanto vine expuesto a las calumnias de Ibn Marzuk, que, incitado por la envidia, trataba de perderme en el ?nimo del sult?n; y no s?lo a m?, sino tambi?n a los dem?s altos funcionarios del Estado; pero, por fin, su imprudente conducta trajo consigo la ca?da y muerte de su se?or y amo. La enemistad que surgi? luego entre Ibn Jald?n y el visir ?Um?r b. Abd All?h, decidi? a nuestro autor a pedir licencia para regresar a T?nez; mas como le fue negada esta autorizaci?n, la consigui? luego para venir a Al-Andalus. He aqu? el motivo que le indujo a emprender este viaje.

En el a?o 1359, Mwhammad V de la taifa de Granada, fue depuesto por su hermano Ism??l. Buscando refugio en la corte del soberano merinida, se present? juntamente con el famoso Ibn al-Jat?b, visir del monarca granadino. Apoyado eficazmente por Ibn Jald?n obtendr?an de este sult?n de Ifrikiyya recursos suficientes para volver de nuevo Al-Andalus y recuperar un a?o m?s tarde la corona granadina. Es a partir de este momento cuando este monarca tiene para Ibn Jald?n un sentimiento de gratitud que jam?s olvidar?a.

Tres a?os m?s tarde nuestro historiador llegar?a a Ceuta, cruz? el Estrecho, y apenas hubo desembarcado en Gibraltar hizo llegar ante el sult?n granadino y su visir Ibn al-Jat?b la noticia de su pr?xima visita. Obtuvo en la capital granadina una cari?os?sima acogida, poni?ndosele a su disposici?n un hermoso y confortable alojamiento en la corte y siendo admitido a la sociedad ?ntima del sult?n, llegando a ser en poco tiempo su mejor compa?ero y asesor inseparable. Dice textualmente: El a?o siguiente este monarca me envi? en embajada cerca de Pedro (D. Pedro el Cruel), hijo de Alfonso XI y rey de Castilla. Era yo el encargado de ratificar el tratado de paz que este pr?ncipe hab?a concluido con los soberanos de la costa africana, y con tal objeto hab?a de ofrecerle yo un regalo, compuesto de hermosas telas de seda y de muchos caballos de raza con sillas de oro. As? que llegu? a Sevilla, donde pude observar muchos monumentos que atestiguaban el poder?o de mis antepasados, fui presentado al rey cristiano. Este me recibi? con grandes muestras de honor, y me asegur? que experimentaba al verme una viva satisfacci?n. Su m?dico jud?o, Ibr?h?m ibn Zerzer, le hab?a hecho ya mi elogio y le hab?a dado noticias sobre la alta ilustraci?n de mis antepasados. Quiso entonces el rey retenerme a su lado, prometi?ndome que me ser?an devueltos los bienes que mis mayores hab?an pose?do en Sevilla, y que se encontraban entonces en poder de uno de los magnates de su reino. Agradeci?ndole como se merec?a un ofrecimiento de esta especie, le supliqu? que me excusase de aceptarlo, continuando yo conservando sus buenas gracias. Al tiempo de partir me provey? de bestias de cargas y provisiones de viaje, as? como tambi?n de una bell?sima mula, equipada con silla y brida guarnecidas de oro, que deb?a yo presentar al sult?n de Granada.

Decidi?, pues, establecerse en Al-Andalus, para lo cual llam? tambi?n a su familia, permaneciendo en una hermosa alquer?a de Elvira, que le hab?a sido regalada por el sult?n granadino. Debido a ciertas disputas respecto a temas ideol?gicos y de gobierno con Ibn al-Jat?b, visir granadino, resolver?a abandonar Al-Andalus para marchar de nuevo a Ifrikiyya, e instalarse en la ciudad de Buj?a en el a?o 1365. En esta ciudad hab?a sido restituido en el gobierno el emir Muhammad, gran amigo y anterior compa?ero de prisi?n, quien le invit? a trasladarse a su corte para confiarle las funciones de chambel?n, desempe?ado de igual forma el cargo de Imam en la gran mezquita, y todas las ma?anas, tras el despacho de los negocios p?blicos, se trasladaba a la mezquita de la alcazaba para ense?ar all? la jurisprudencia e instrucci?n m?lak?ta. Estas responsabilidades en el poder p?blico e ideol?gico que desempe?? Ibn Jald?n, ponen en relieve la importancia y el destacado papel que tuvo en todo el proceso de cambios y reformas isl?mica iniciada por los almor?vides, almohades y merinidas, y que jug? un importante papel en la desmembraci?n de la escuela andalus? sufita, la cual con anterioridad hab?a provocado, junto a otros elementos, la desmembraci?n y desaparici?n de la solidaridad nacional en Al-Andalus. De igual forma, en Ifrikiyya ocurrir?a algo semejante: podemos observar a lo largo de toda la narraci?n expuesta c?mo los avatares y sucesiones en el poder estaban al orden del d?a. La inseguridad pol?tica provocaba de igual forma la desaparici?n de los fen?menos nacionalitarios en Ifrikiyya y la formaci?n de los grandes naciones norte-Africanas musulmanas. Si viv?an graves momentos de identidad, agudizados por el dogmatismo de las corrientes ideol?gicas de algunos movimientos pol?ticos isl?micos, que el propio Ibn Jald?n referir? en su vasta obra, a la que posteriormente le dedicaremos una especial atenci?n.

En este per?odo, el sult?n de Ifrikiyya se vio inmerso en importantes acontecimientos b?licos, siendo acompa?ado por Ibn Jald?n. En el a?o 1366, el sult?n sali? para rechazar a su primo Ibn Al-Abb?s, gobernador de Constantina, que acababa de invadir el territorio de Buj?a, perdiendo la vida en dicha empresa. Entonces ?dice Ibn Jald?n- muchos habitantes de Buj?a vinieron a buscarme al palacio en que resid?a, rog?ndome me encargase de la alta direcci?n de los negocios y de proclamar a uno de los hijos del sult?n muerto. En vez de dar o?dos a esta proposici?n, sal? de la ciudad y me traslad? cerca de Ibn al-Abb?s, de quien obtuve excelente acogida. Y entonces le puse en posesi?n de Buj?a. A pesar de este servicio, no logr? la confianza de Ibn al-Abb?s, antes bien, le trat? con crueldad, por lo cual se traslad? a Biskra, cerca de Ahm?d ibn Muzni, se?or de esta poblaci?n. Las diferentes naciones musulmanas de Ifrikiyya, se debat?an en parcialidades y guerras intestinas, donde importaba muy poco qui?n saliera triunfador del momento, dado que, o bien la presi?n de las gentilidades o las clientelas de las poblaciones, daban con frecuencia al traste con los pr?ncipes gobernantes, busc?ndole r?pidamente una alternativa partidaria o un sucesor de intereses; algo parecido a lo que anteriormente se hab?a observado en las taiw?if (taifas) de Al-Andalus.

De nuevo Ibn Jald?n se entregaba a los avatares de una nueva bander?a. El pr?ncipe de Tremec?n proyectaba una expedici?n a Constantina, y enterado del fracaso sufrido por el historiador en aquella corte, le invit? a pasar a Tremec?n, ofreci?ndole el cargo de chambel?n. Ibn Jald?n har?a un extraordinario trabajo para proporcionarle adeptos a su bander?a, pero tampoco obtendr?a de todo ello resultados positivos, ya que, al poco tiempo, el sult?n merinida de Fez se apoder? de Tremec?n, retir?ndose Ibn Jald?n a una residencia fuera de la ciudad para consagrarse al estudio de la historia.

En el a?o 1374 lleg? de nuevo a Al-Andalus y, aunque en un principio fue recibido con toda suerte de atenciones por el sult?n granadino, posteriormente caer?a en desgracia debido a los informes que sobre su actividad pol?tica recibi? el emir de su amigo el sult?n de Fez, siendo expulsado de Granada y desterrado a Hunayn, ciudad mar?tima pr?xima a Tremec?n, cuyo sult?n ver?a con malos ojos la llegada de su antiguo servidor y enemigo. Uno de los amigos de Ibn Jald?n logr? convencer a este sult?n para que se congraciara con Ibn Jald?n, con lo cual ?ste pudo asentarse en esta ciudad. No tardar?a mucho tiempo en que el se?or Tremec?n le confiara una de aquellas misiones diplom?ticas en que era perito: Como hab?a renunciado a sus , para vivir retirado, experiment? la mayor repugnancia al encargarme esta misi?n... En esta ?ltima fecha se retir? a Kalat Ibn Salama (actual Taughzut, en Argelia), residiendo en un edificio que todav?a conserva. All?, dice, permanec? por espacio de cuatro a?os, completamente libre de las molestias de los negocios, y all? tambi?n comenc? la composici?n de mi gran trabajo hist?rico. En este retiro es donde acab? mis , tratado cuyo plan era enteramente original, y para cuya ejecuci?n hab?a tomado la sustancia de una inmensa mole de documentos... Cuando hube terminado los , quise consultar algunos tratados y colecciones de poes?as que s?lo en las ciudades se encuentran. Mi objeto era retocar y corregir mi trabajo, que hab?a yo dictado casi enteramente de memoria; pero por este tiempo tuve una enfermedad tan grave que, sin un favor especial de Allah, no hubiese curado de ella.

En el a?o 1378 sali? Ibn Jald?n para su ciudad natal, T?nez, llegando a ella despu?s de haber sido muy bien recibido y agasajado por el sult?n Ab?-Abb?s que se hallaba en el campamento. Instalado con su familia en T?nez y habiendo regresado a ella el sult?n, fue presentado a la corte. Desde entonces, dice, el sult?n me manifest? la mayor consideraci?n y simpat?a, admiti?ndose no s?lo a sus recepciones p?blicas, sino tambi?n a algunas de sus conversaciones secretas. Los cortesanos vieron con malos ojos la confianza con que me honraba, y trabajaron para malquistarme con ?l. El sult?n, sin embargo, no hizo caso de sus delaciones.

Como este pr?ncipe, prosigue Ibn Jald?n, deseaba adquirir nuevos conocimientos de las ciencias y en la historia, diome el encargo de trabajar para llevar a t?rmino mi obra sobre los bereberes y los zenetas; as? que, cuando la hube terminado y puesto en orden todas las noticias que hab?a sido posible reunir acerca de los ?rabes y berberiscos, como tambi?n sobre los tiempos anteisl?micos, saqu? una copia para su biblioteca.

Sus estudios acerca de la obra sistem?tica de los ?rabes y los bereberes han decepcionado con frecuencia a los estudiosos en cuanto no aparecen aplicadas, como ser?a de esperar, las ideas audaces y brillantes de sus Proleg?menos; en el primer libro, por el contrario, ofrece m?s que nada una especie de cr?nica que sigue la falsilla de las historiograf?a ar?bigo-isl?mica corriente. Ello debe explicarse por la causa religiosa imperante en todos los lugares: la efervescencia y mara?as de rivalidades din?sticas entre las diversas naciones grandes y peque?as del Africa septentrional islamizante, las pasiones religiosas de las diferentes escuelas y contrarreformadores, y la pasi?n personal que ha trastocado todos estos documentos que, de haber tenido otra lectura m?s real ?la se?alada anteriormente en el Muq?ddimah-, podr?a haber perjudicado los ideales religiosos de la contrarreforma, defendidos en terribles guerras civiles.

En Octubre del a?o 1382 se embarc? en direcci?n a La Meca, entrando en el puerto de Alejandr?a, tras cuarenta d?as de navegaci?n. Un mes m?s tarde lleg? a El Cairo, donde le hab?a precedido su reputaci?n. Apenas hubo llegado a esta capital, cuando recibi? la visita de una porci?n de estudiantes, deseosos de o?r sus ense?anzas y, accediendo a sus deseos, dio un curso de jurisprudencia en una de las mezquitas. Presentando luego al sult?n, ?ste le se?al? una pensi?n. Quiso hacer venir a su familia; pero el sult?n de T?nez neg? su consentimiento, con el objeto de hacer volver a su corte a aquel hombre de verdadero m?rito. Alg?n tiempo despu?s Ibn Jald?n fue nombrado profesor en la escuela fundada por el c?lebre Salad?n (Sal?h al-Din) y en el 1384 fue nombrado, muy a pesar suyo, gran c?d? m?lak?ta de El Cairo. Ibn Jald?n, en su autobiograf?a, da varios pormenores sobre el mal estado en que se hallaba a la saz?n la administraci?n de justicia en aquel pa?s, y se refiere los esfuerzos sobrehumanos que tuvo que hacer para enderezar y corregir tanta corrupci?n y tanto abuso, de acuerdo con el car?cter estricto de su perseverancia isl?mica. Por estas fechas se registra un importante acontecimiento en su vida personal., ?ste ser?a la p?rdida en un naufragio de toda su familia cuando iban a juntarse con ?l. As?, exclama, un solo golpe me arrebat? para siempre mis bienes de fortuna, mi felicidad y mis hijos. Loco de dolor, busc? en la devoci?n alg?n lenitivo a tan fieros males, y supo luego con satisfacci?n que se le revelaba del cargo de gran c?d?, que tantas amarguras le produc?a. Libre ya de tan pesada carga, se oper? en la opini?n p?blica una reacci?n muy favorable a su persona, y en los tres a?os que siguieron a su relevo fue objeto de la consideraci?n general, limit?ndose su actividad a ense?ar, estudiar y avanzar en la redacci?n de su obra magna.

En el a?o 1401 acompa?? al sult?n de Egipto en la compa??a de Siria contra Tamerl?n, con el cual entabl? negociaciones y convers? acerca de Damasco. De nuevo El Cairo, y reintegrando a su elevado puesto de gran c?d? m?lak?ta, ejercer?a con gran severidad, siendo reemplazado a los quince meses por otro c?d?. Varias veces m?s ser?a nombrado gran c?d? m?lak?ta de El Cairo, hasta que el 25 de Ramad?n del a?o 808 (6 de marzo de 1406), se extinguir?a aquella preciosa existencia que ha sido una de las m?s fecundas de la ciencia hist?rica.

Ibn Jald?n escribi? una afamada obra que se titula El int?rprete de las lecciones de la experiencia y colecci?n de los or?genes y noticias acerca de los d?as de los ?rabes y berberiscos y de aquellos de sus contempor?neos que tuvieron grandes imperios. El tomo I contiene los Proleg?menos: texto ?rabe publi? par Quatrem?ere (Par?s, 1858), en las Notices et extr. Des mss., tomos XVI-XVIII: De esta parte se public? una traducci?n francesa en tres gruesos vol?menes, tomos XIX-XXI, por M.G. de Slane: Par?s, 1868.

Los tomos II-VI comprenden la historia de los ?rabes, nabateos, sirios, persas, israelitas, coptos, turcos y francos, advirtiendo que el tomo II se dedica en gran parte a referir la historia del profeta Muhammad (s.a.s.) y de los primeros califas. El tomo VII trata de la historia de los bereberes y ha sido publicado y traducido por el Bar?n de Slane: . El texto ?rabe, en dos tomos, se public? en argel en 1847-51. La traducci?n en cuatro vol?menes: Argel, 1852.

Se han publicado sobre la obra de B. Jald?n los siguientes trabajos:
- edici?n C.J. Torneberg: Upsal, 1840. En las Actas de la Real Sociedad de Upsal, tomo XII.
. Texte ar. D?Ebn Khaldoun et trad. Par A. Noel des Vergers; Par?s, 1841.

Adem?s de su famosa Historia, Ibn Jald?n public? algunos trabajos de menos importancia. Citaremos entre ellos:

Un itinerario. Hachi, 5881.
Un tratado de l?gica para uso del pr?ncipe, hijo del rey granadino.
Un tratado de Aritm?tica, y otras muchas obras filos?ficas.
En el a?o 1858 aparece la obra (Los Proleg?menos).

Con este nombre ?rabe se designa la primera parte, la m?s famosa y de mayor importancia ideol?gica y doctrinal de su obra . Los Proleg?menos se abren con un pre?mbulo decisivo. En ?l Ibn Jald?n, busca por vez primera en la cultura isl?mica una definici?n para la historia como concepto y realidad. Hay que seleccionar lo que nos ha llegado del pasado ?viene a decir el autor-, atendiendo sobre todo a la calidad de quien los narra, aplicando la observaci?n y la analog?a hasta donde sea l?cito. Ibn Jald?n plantea al historiador la necesidad de reflexionar por s? mismo con un profundo sentido cr?tico, acerca de los hechos y sus diferentes versiones: El pasado se parece m?s al presente que una gota a otra, escribe, y esto con incitaci?n a zambullirse y observar. Ibn Jald?n utiliza el concepto umran (que vendr?a a significar civilizaci?n en un sentido m?s amplio y sugerente), refiri?ndose a las formas m?s complejas de las estructuras sociales, objeto fundamental de cualquier estudio hist?rico. Su investigaci?n se remonta al primer sentido del grupo humano (cohesi?n de grupo) en la formaci?n de las sociedades tribales primitivas hasta el nacimiento del poder del estado. En este ?ltimo punto analiza la importancia de la organizaci?n militar, la burocracia o administraci?n civil, religiosa, legislativa, del ejercicio de las artes, de las ciencias, la vida en el medio urbano, la decadencia del anterior modo de existencia que el nuevo impone poco a poco; de esa decadencia, ps?quicamente se generar?a otro proceso de crecimiento, auge y descenso. La observaci?n de la dinast?a bereber impregna toda la obra. ?Podemos acusar a Ibn Jald?n de determinismo? Acaso, pero hist?rico, nacido del m?todo positivo, es decir, del an?lisis de los hechos dentro de un medio social e hist?rico preciso.

Otra de las aportaciones interesantes y novedosas de las reflexiones hist?ricas de Ibn Jald?n, ser?a la especial importancia que concede a las estructuras econ?micas, de producci?n y mercantiles en general, que ser? uno de los ejes b?sicos del pensamiento de nuestro historiador. Hay incluso quien ve en todo ello una premonici?n de lo que posteriormente ser?a la dial?ctica marxista, e incluso el conocido juego de palabras que tanto ha gustado a la ortodoxia del marxismo: infraestructura, superestructura, etc... Pero todo ello entendemos que no se corresponde en absoluto con la estructura de pensamiento a la que se refiere Ibn Jald?n. Este nunca establece leyes basadas en depuraciones abstractas, ni en metodolog?a racionalista y de concepciones absolutas. Se limita a moverse dentro de un lenguaje positivista, de hechos, y exclusivamente pretende demostrar que, a partir de ello, se podr?a hablar con un cierto rigor de metodolog?a hist?rica.

Ibn Jald?n se aproxima con su m?todo a una definici?n aproximada de la historia de la humanidad como historia de la sociedad. En sentido estricto, la obra de Ibn Jald?n ser?a el resultado fecundo de unas ra?ces muy profundas dentro de un sentimiento nacionalista ?rabe, isl?mico a partir de su ancestro andalus?, del que le viene su origen; un inimitable e inmejorable testimonio de su panor?mica hist?rica, acerca de lo que supuso el movimiento pol?tico y religioso de cambio bereber, y las pugnas entre los poderes tribales ascendentes originarios del interior y el poder aglutinador centralista, que se va marcando en las distintas formaciones imperiales en el Africa isl?mica y que afectar?a a Al-Andalus. La dial?ctica, pues, estar?a definida por la pugna entre la estructura tribal y el poder de la administraci?n, dial?ctica que ser?a el nudo gordiano de la evoluci?n de aquellos acontecimientos para aquellas sociedades arabizantes e islamizantes, e incluso para las actuales sociedades norteafricanas. La sociolog?a jalduniana conserva, por analog?a, un extraordinario valor, al estudiar de forma sistem?tica el conflicto existente entre el elemento beduino y el sedentario, a lo largo y en el desarrollo de la civilizaci?n de la contrarreforma, y en el tr?nsito de lo anterior a lo posterior. Dentro de tales l?mites, la agudeza hist?rica y la certera y precisa reflexi?n que hace nuestro historiador de origen andalus?, constituyen un fen?meno quiz?s ?nico en la historia del pensamiento ?rabe musulm?n, en la historia de la metodolog?a social. Dice Ibn Jald?n:
"Las creadoras de la historia son las fuerzas v?rgenes de los n?madas, donde la misma energ?a del esp?ritu de cuerpo o de tribu (asabiyya), que las impulsa en su estado elemental a consumirse en luchas an?rquicas, una vez sublimadas y ampliadas, act?a como valor decisivo para la creaci?n de hegemon?as cada vez m?s amplias, que desembocan en capacidad de imperio. Pero imperio significa civilizaci?n y sedentarismo, y he aqu? que de la misma plenitud del ?xito nacen los g?rmenes de decadencia y muerte, que conducir?n a una hegemon?a madura a deshacerse por proceso interno y a someterse al choque de nuevas fuerzas".

Ibn Jald?n, como buen musulm?n, era partidario de que el estado perfecto como forma pol?tica de organizaci?n, vendr?a a ser el estado teocr?tico, cuyo fundamento natural, su estructura f?sica, estar?a asentada en la realeza, que s?lo tiene estabilidad y continuidad si se apoya en una etnia firmemente unida a ella para bien o para mal. Esta etnia sociol?gica, a la que se refiere Ibn Jald?n, adquiere en su pensamiento un marcado car?cter tribal, geneal?gico, y en definitiva nacional. Esta etnia social participar?a en el poder del soberano encarne la ley teocr?tica y posea las virtudes guerreras sin las cuales no puede cumplir su deber. Sin embargo, y de acuerdo con la teor?a jalduniana, el disfrute del poder deber?a con el tiempo corromper a los que lo ostentan, lo cual nos hace recordar la famosa frase de el poder corrompe; poco a poco esta etnia pasar?a a convertirse en nobleza de funcionarios, a partir de una expansi?n imperial o imperialista; el ego?smo y la comodidad suplementar?an a las virtudes guerreras de la tribu, es decir, el mecanismo no ego?sta ni de dominaci?n de la autodefensa humana tanto social como colectiva. Entonces ?dice Ibn Jald?n-, se hace necesario que la clase que se convierte en dominadora sea relevada por otra etnia social que no esclavice. Dicho relevo estar?a asegurado, al menos dentro de las concepciones ideol?gicas jaldunianas, por el antagonismo siempre en ebullici?n, entre sedentarios y n?madas. Cada civilizaci?n (umran) culminar?a en una formaci?n social urbana y dominadora, en la que ella misma se agota, ya que este tipo de vida urbana conduce a la p?rdida de todas las virtudes originales, que el n?mada posee en grado m?ximo: valor, energ?a, sentido de la solidaridad, y la defensa del colectivo social, van profundamente implicados en la esencia del nomadismo. Una de las caracter?sticas de los n?madas consiste en un irresistible impulso de abandonar las zonas des?rticas hacia las regiones f?rtiles, convirti?ndose una y otra vez en conquistadores de poblaciones y ciudades, pasando despu?s a la formaci?n de una nobleza guerrera, que se sobreponen a las poblaciones sedentarias y que sirven de apoyo para que sus jefes formen imperios, hasta que una vez hechos sedentarios y pierden sus facultades originales y se inicia la desmembraci?n del poder. Una de las caracter?sticas de la interpretaci?n hist?rica de Ibn Jald?n ?y en ello se distingue, tanto de sus precursores griegos y romanos, como de los fil?sofos de la modernidad europeo-renacentista- consiste en no enaltecer de forma unilateral ni al n?mada del desierto, ni al ciudadano sedentario: el n?mada sigue, a pesar de todas sus virtudes naturales (sin las cuales ser?a imposible sobrevivir la dureza de las zonas des?rticas), manteniendo una estructura de barbarie que, impulsada por la cegaz?n ideol?gica, le lleva en numerosas ocasiones a destruir ciegamente valiosos bienes culturales y civilizadores; el sedentario, a pesar de su car?cter civilizador y de hacedor leg?timo de las ciencias y las artes, tiene para Ibn Jald?n el inconveniente de la corruptela ideol?gica y ?tica. Por ello, la forma ideal de convivencia no consistir?a ?para Ibn Jald?n- en el establecimiento definitivo de las formas n?madas y las disoluciones de las ciudades; lo primero, conducir?a a un especie de endurecimiento de la cultura y su progresiva desaparici?n; lo segundo, equivaldr?a a la interrupci?n del ciclo hist?rico y de la evoluci?n cultural. De esta forma, la meta deseable vendr?a a consistir en una especie de compensaci?n mutua ?evidentemente dentro de un mismo marco cultural occidentalizante u orientalizante-, lo que dar?a en funci?n de esta tensi?n polar un equilibrio h?bil y necesario.

La debilidad pol?tica de los n?madas consistir?a fundamentalmente en su fraccionamiento y desmembraci?n tribal, que provoca entre ellos no pocas luchas intestinas. Pero si una forma cultural sincretistas, consiguen unificar estas tribus bajo dichos estandartes revolucionarios con un mensaje com?n, pueden llegar a revolucionar y unificar de forma solidaria las vastas tierras de una cultura semejante. Ese fue el logro del Islam y de la cultura ?rabe: una revoluci?n para las culturas orientalizantes con formas sincretistas en cuanto a lo cultural e ideol?gico.

Est? dividido en seis secciones:

1.- Sobre la civilizaci?n en general, sus diferentes tipos, y la parte de la tierra que est? dividida.
2.- Sobre la civilizaci?n del desierto, incluyendo un informe acerca de las tribus y naciones salvajes.
3.- Sobre las dinast?as, el califato y la autoridad real, incluyendo un debate sobre gobiernos y rangos.
4.- Sobre la civilizaci?n sedentaria, pa?ses y ciudades.
5.- Sobre los oficios, maneras de ganarse la vida, ocupaciones provechosas y sus diferentes aspectos.
6.- Sobre las ciencias, su adquisici?n y su estudio.

Son tambi?n importantes sus ideas y puntos de vista sobre que constituye la historia, el m?todo de la investigaci?n y la cr?tica hist?rica. Haci?ndose eco de Ibn Hazm, dice Ibn Jald?n que todas las naciones y razas cultivan la historia, y la estudian lo mismo los reyes que las gentes vulgares, ya que es sumamente instructiva y ?til. No se trata de una mera informaci?n acerca de acontecimientos pol?ticos y dinast?as conservada elegantemente y sazonada de proverbios, o un medio de divertir y poder entender los asuntos humanos y los cambios de circunstancias, sino que tiene un sentido m?s profundo:

El sentido ?ntimo de la historia... incluye la especulaci?n y el intento de descubrir la verdad, explicaciones sutiles de las causas y or?genes de las cosas existentes, y un profundo conocimiento del c?mo y porqu? de los acontecimientos. (La historia) est?, por tanto, firmemente basada en la filosof?a. Merece que se le considere como una rama (de la historia).

Seg?n Ibn Jald?n, el historiador debe tener un claro conocimiento de las costumbres, hechos de la pol?tica, la naturaleza de la civilizaci?n, y las condiciones que rigen la organizaci?n social, y, adem?s debe emplear su juicio cr?tico al tratar del pasado, teniendo debidamente en cuenta los cambios que se operan con el transcurso del tiempo; y debe ser consciente de los relatos que no han sido verificados apropiadamente, partidistas, o desconocedores de la verdadera naturaleza de las diversas circunstancias que surgen en una civilizaci?n (Bibliograf?a completa de Ibn Jald?n, Fisches W. Al-Muq?ddimah, trad. Rosenthal, vol.3, p?ginas 485-512.-

Biografias Foro Aben Humeya

Tags: Jaldún, andalusíes

Publicado por NASOINAN @ 19:46  | Biografias
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