Mi?rcoles, 14 de noviembre de 2007
Nace en Belalc?zar (C?rdoba) en 1495 y muere en Cartagena de Indias en 1551

A fines del siglo XV y primera mitad del XVI, la inmensa mayor?a de la poblaci?n del condado de Belalc?zar (Gaf?k es su denominaci?n andalus?), estaba constituida por personas pertenecientes al estado llano, junto a algunos esclavos que eran propiedad del se?or feudal. Esta poblaci?n la forman casi en su totalidad los ind?genas andaluces v?ctimas de la invasi?n y las represiones que impusieron los se?ores feudales castellanos. Apenas eran doce los privilegiados conquistadores, que junto a la familia condal de los Sotomayor, disfrutaban de las riquezas de Belalc?zar, adem?s de los 83 hidalgos, cuarenta y cuatro cl?rigos y setenta religiosos, que disfrutaban igualmente de los bienes de esta comarca de Andaluc?a.


Emilio Cabrera Mu?oz, refiere en su obra El Condado de Belalc?zar, que en el a?o 1486 se documenta una confiscaci?n de bienes a m?s de ochenta mud?jares de esta k?ra (ciudad-provincia). Los mud?jares eran andaluces islamizantes obligados a convertirse al trinitarismo cristiano, y que si en alg?n caso se les encontraba de nuevo practicando alguna actividad o formalidad diferente a las de la cultura occidental, eran acusados de apostas?a, denomin?ndoles marranos o renegados. La confiscaci?n de bienes reuni? un valor de 330.000 maraved?es que los denominados Reyes Cat?licos donan a la condesa Teresa Enr?quez. Existe tambi?n una noticia documentada, que se refiere a trece andaluces de Gaf?k que permanec?an como esclavos de la familia condal de los Sotomayor.


Son numerosas las referencias o?nom?sticas que dan fe de la continuidad ind?gena andaluza de la casi totalidad de la poblaci?n de esta k?ra de Gaf?k. Apellidos como Morillo y Medina son dos ejemplos documentados de esta continuidad; adem?s de los ochenta mud?jares relacionados en dicha enajenaci?n de bienes, y que hab?an cambiado sus nombres y apellidos andaluces por otros castellanos; queriendo evitar con ello la represi?n que sobre los andaluces se ven?a ejerciendo.

Otros indicios son las numeros?simas inscripciones andalus?es en caracteres ar?bigos que a?n pueden verse en la yeser?a de la al-Kasabar o castillo de Belalc?zar, que son obra de alarifes ind?genas andaluces.

Encontramos andaluces judaizantes obligados a convertirse al trinitarismo cristiano en las principales ciudades de esta regi?n de Andaluc?a. Entre los llamados andaluces "conversos" aparecen personajes muy relevantes en la sociedad civil de la conquista, como es el caso de Luis Garc?a, escribano p?blico de Belalc?zar, secretario de los condes invasores y a trav?s del cual nos ha llegado una gran parte de la informaci?n que poseemos sobre este nuevo condado. Los bienes confiscados, que son inmuebles en todos los casos, alcanzan precios considerables; como las casas que el mudejar Rodrigo Foronda pose?a en Herrera, valoradas en treinta y dos mil maraved?es; las de otro andaluz "converso" Rodrigo de la Pe?a, en veinte mil, o las del mudejar Luis Garc?a en quince mil maraved?es; y as? las del resto de "conversos" represaliados y que constan en documentaci?n.

En el proceso de repartimiento, acumulaci?n y concentraci?n de la propiedad de la tierra, tras la conquista de la k?ra y su capital Gaf?k, se se?ala en dos fases; la primera, en que los bienes son adquiridos por los prelados y grandes magnates del s?quito del rey castellano. Ello supuso que debido a que la explotaci?n de estas tierras les resultaba a estos beneficiarios muy dif?cil, o que por residir lejos de ellas, no las pudieron atender; terminaron en la mayor parte de los casos vendi?ndolas. Como es l?gico suponer, los compradores ser?an, por una parte los adinerados mun?cipes feudales, que tras la conquista de la ciudad de C?rdoba se la apropian con su territorio; por otro lado, los grandes se?ores que ten?an donad?os en territorios pr?ximos a esta k?ra y que adquirieron parte de estas tierras.

Con posterioridad a esta primera fase de conquista e invasi?n de esos territorios, hay una segunda parte en la que se provoca una paulatina adquisici?n de tierras enajenadas a los campesinos; concentr?ndose de nuevo la propiedad de ?stas en muy pocas manos. La totalidad de los casos que conocemos documentalmente de bienes enajenados en esta fase posterior, se trata de tierras pertenecientes al concejo de C?rdoba. En la totalidad de los casos de ?stos documentos, tambi?n los beneficiarios de la compra-venta son miembros del cabildo municipal, que administran estos territorios conquistados y quienes debido a su autoridad y posici?n adquieren impunemente estos bienes. Las usurpaciones de tierra por los conquistadores, va a ser una constante en esta comarca del Valle de los Pedroches (Fash al-Bitrawsh):

La proliferaci?n de terratenientes absentistas en el ?rea de esta k?ra ?Valle de los Pedroches, Valle de Alcudia y La Serena- es una constante a lo largo de los siglos XIV, XV, y XVI, principalmente en los t?rminos de Gaf?k e Hinojosa, donde la calidad de la tierra era y es superior a la del resto de la comarca. Todo este tipo de arbitrariedades y usurpaciones, adem?s de las propias de los llamados se?ores y condes de Belalc?zar, agravan la situaci?n de esta poblaci?n andaluza, que se encontraba absolutamente indefensa ante ellas.

Sebasti?n de Belalc?zar o mejor, Sebasti?n Moyano que era su verdadero nombre, es uno de esos pobres labriegos andaluces, de esos muchos oscuros personajes que se ven obligados por la miseria a pasar a las Indias en la b?squeda de mejor fortuna. Sabemos por Castellanos que era hijo de padres pertenecientes al estado llano, y que se dedicaban al cultivo del campo en las inmediaciones de la ciudad de Belalc?zar. Al parecer toma como apellido el nombre de esta poblaci?n para ser m?s conocido.

Castellano nos relata en unos curiosos versos, que es el temor a la reprimenda de su hermano mayor (ya que al parecer hab?a dado muerte a un asno), lo que provoca la huida por el camino de Am?rica:

Dejad le?a, sogas y albarda
y el vivir en pobreza y angostura
con imaginaciones que le aguarda
en otras tierras pr?spera ventura
y selle muy mejor ir a la guerra
que cultivar los campos de su tierra.

No es el ?nico ejemplo, ya que ?ste era el mejor camino a seguir por miedo a represalias y a la pobreza en que estaba sumida la inmensa mayor?a de la poblaci?n ind?gena andaluza. En 1507 abandona el campo de Gaf?k y se embarca hacia las Indias. En este mismo a?o lo encontramos ya en la isla de Santo Domingo interviniendo en su pacificaci?n, probablemente a las ?rdenes de Juan de Esquivel.

Seguramente parte a las tierras del Dari?n con la armada de Diego de Nicuelsa, asistiendo a la fundaci?n de la ciudad de Nombre de Dios. All? permanece hasta el a?o 1511, fecha en que Don Diego Col?n nombra como lugarteniente en aquellas tierras a Vasco N??ez de Balboa. Al parecer debieron ser a?os de grandes penalidades para este andaluz que junto con muchos otros, escaparon a la represi?n tras el descubrimiento de este nuevo mundo.

Por entonces, Panam? se convierte en el foco m?s importante del continente americano, y es muy probable que Sebasti?n de Belalc?zar militase a las ?rdenes de Balboa en su conocida expedici?n al mar del Sur, inici?ndose de esta manera una relaci?n de amistad con los Pizarros y los Almagros. No obstante, su vida sigui? siendo por esta ?poca la de un simple soldado y por tanto, oscura y envuelta en las aventuras propias de esta nueva invasi?n del Estado espa?ol.

Bibiano Torres Ram?rez, nos cuenta en su obra Los Conquistadores andaluces, que en este periodo las ?nicas notas de certeza sobre su biograf?a son de que form? parte en la expedici?n al Poniente junto a otro de nuestros personajes: Francisco Hern?ndez de C?rdoba, que asisti? a la fundaci?n de Le?n, y que fue escogido por su jefe para dar cuentas a Pedrarias de los nuevos hallazgos. De esa ciudad leonesa se le ha venido considerando por sus bi?grafos como primer alcalde. No debe ser cierto, cuando ?l mismo a?os m?s tarde, como testigo de una informaci?n hecha en Le?n y para hacer resaltar c?mo conoce la tierra, dice: "He sido muchas veces regidor de Le?n y de otros pueblos de Castilla del Oro". No haciendo menci?n alguna de la alcald?a.

A Nicaragua parece que vuelve con Pedrarias y asiste a la ejecuci?n de Hern?ndez de C?rdoba. Todav?a lleva a cabo otra expedici?n m?s en nombre del gobernador de Panam? por el a?o 1527. En Honduras es apresado junto con sus compa?eros, que pasan a prisi?n por orden de L?pez de Salcedo y son enviados posteriormente a la Audiencia de Santo Domingo; de donde regresa en libertad a Le?n gracias al oidor Gaspar de Espinosa.

La conquista del Per? se encontraba en su primera fase, y son las noticias que llegan a cerca de las enormes riquezas de estas nuevas tierras las que atraen de nuevo a Sebasti?n de Belalc?zar junto a otros aventureros. El mismo Belalc?zar nos refiere c?mo durante su estancia en Le?n, Hernando de Soto y Ponce de Le?n le incita a que vaya hacia el sur. Pizarro, su antiguo amigo, tambi?n le convoca por la necesidad de refuerzos que tiene. Sus campa?as en Nicaragua debieron proporcionar a Sebasti?n de Belalc?zar algunos bienes, y propiedades, que tras venderlas las aporta a la empresa incaica, acudiendo con dos nav?os totalmente abastecidos con caballos y una importante tripulaci?n.

Es en Puerto Viejo donde se incorpora a la hueste de Pizarro, marchando hacia el sur. En Cajamarca, la intervenci?n de Sebasti?n de Belalc?zar es ya muy destacada. El marqu?s le encomienda el mando de uno de los tres escuadrones en que se organiz? la caballer?a, y los otros fueron mandados por Hernando Pizarro y Hernando de Soto. A la hora del famoso rescate, obtuvo la recompensa de cuatrocientos siete marcos, dos castellanos de plata y nueve mil novecientos nueve pesos de oro.

Cuando Pizarro marcha al Cuzco, le env?a a la ciudad de San Miguel de Piura, de reciente fundaci?n y para su sostenimiento. Es a partir de aqu? cuando su figura comienza a tener una resonancia independiente. Las noticias que a esta ciudad llegaban del reino de Quito le impresionan cada d?a m?s, y en su af?n de aventuras y sin contar con el permiso adecuado, abandona con tropas de refuerzo recibidas de Panam? y Nicaragua, la ciudad que le hab?a sido encomendada iniciando la campa?a de Quito, de cuya ciudad ser?a fundador.

Con un n?mero alrededor de doscientos hombres se lanza a principios de 1534 a la ascendencia de la cordillera de los Andes hasta alcanzar el altiplano de Riobamba. No debi? ser f?cil el paso, ya que los ind?genas dirigidos por el jefe militar de Atahualpa, organizaron el ej?rcito del norte sali?ndole al encuentro. Parece ser que debido al moderno armamento, a la vacilaci?n de los ind?genas y a la pericia de estos invasores en otras expediciones de la conquista americana, logran crear el estupor entre aquellos valientes guerreros, provocando una grave derrota; apoder?ndose de las poblaciones de Riobamba y Quito, donde tras una fuerte carnicer?a encuentran en vez de ciudades un mont?n de ruinas y cenizas, y no el oro que buscaban.

Otro aventurero de la conquista del Estado espa?ol sobre las Indias llegaba a las costas del Per? atra?do por las noticias sobre la riqueza en metales de estos territorios. Pedro Alvarado dir?a que los vientos contra?dos le hab?an apartado hacia el sur y hecho llegar a Puerto Viejo, pero lo que no dice, como bien refleja Torres Ram?rez, que parecer ser tambi?n que fueron estos mismos vientos los que le empujan cordillera arriba hacia el interior del territorio de Quito. Las mismas noticias le llegan a Pizarro, que ambiciona igualmente el territorio. De la misma forma Almagro se siente atra?do por la empresa y marcha hacia Quito. Los aventureros y mercenarios conquistadores se agrupan en dos bandos que van a enfrentarse entre s?, llegando a una guerra abierta en las llanuras de Riobamba. Tras este enfrentamiento se acuerda una entrevista entre los tres jefes de las tropas y se llega a un acuerdo amistoso, por el que Alvarado regresar? a Guatemala con los soldados mercenarios que no quieren quedarse, recibiendo a cambio de sus bastimentos y embarcaciones una indemnizaci?n de cien mil pesos de oro.

Con la fundaci?n de la ciudad de Santiago de Quito, Sebasti?n de Balalz?zar abandona este territorio sin no pocos enfrentamientos con los restos del ej?rcito de Atahualpa. Se dirige a San Francisco de Quito iniciando la construcci?n de la nueva ciudad y la distribuci?n de sus solares, de las tierras y de la formaci?n del nuevo cabildo.

Tras obtener nuevas noticias acerca de territorios pr?speros en Cauca, inicia una nueva aventura militar con trescientos hombres, que fue presa de grandes dificultades por la dureza del terreno y la falta de bastimentos, ya que, al contrario de otras expediciones, estuvo falta de indios sometidos a esclavitud y utilizados como porteadores.

Tras encontrar un lugar adecuado que les sirviera de base entre la costa y el interior, funda el 25 de Julio de 1536 la ciudad de Santiago de Cali ?entendemos que la preferencia por este nombre junto al de San Francisco, la motiva los nombres de Santiago que toma la parroquia de Gaf?k (Belalc?zar), y los conventos franciscanos ubicados en estas tierras-. Desde aqu?, Sebasti?n de Belalc?zar ordena una expedici?n hacia la costa, al mando de un capit?n que el nombra llamado Juan Ladrillero.

Probablemente otro mud?jar andaluz que corre la misma suerte que nuestro personaje. Marcha a Lima al encuentro de Pizarro, encontr?ndose con la sorpresa de que este, disgustado por su marcha a Quito, le desposee de la tenencia nombrando en su lugar al capit?n Pedro Puelles. No s?lo qued? destituido del t?tulo y del mando, tambi?n fue despose?do de las tierras y encomiendas que le hab?an servido de base econ?mica para sus empresas. No obstante, nos consta que a trav?s de la influencia en muchos de estos personajes, logra que Pizarro le devuelva todos sus cargos y bienes, y a mediados de 1537 lo encontramos presidiendo de nuevo el cabildo de la ciudad de Quito.

Otro de los acontecimientos a rese?ar en la biograf?a de este conquistador, es su llegada al puerto de Sevilla y su estancia en la corte de los reyes del nuevo Estado moderno. Parece que se dirigi? a ?sta con la bolsa bien llena, sabiendo hacer un buen uso de estas riquezas. Este oro debi? darle un buen resultado, ya que de la corte sali? convertido en gobernador y capit?n general de la nueva provincia de Popay?n. Junto a este nombramiento se le da facultad para nombrar sus tenientes, se?al?ndose de salario dos mil ducados anuales. Tambi?n se le autoriz? a la tenencia de dos fortalezas que deb?a construir en lugares estrat?gicos de la nueva provincia conquistada.

Pero a?n consigui? m?s. Logr? la facultad para fundar un puerto en el lugar que ?l quisiera, bien en las tierras de Pizarro, bien en las de Andagoya. Igualmente consigui? que se le enviase a estos dos gobernadores una misiva que les informara sobre esta nueva situaci?n para que no penetraran en su gobernaci?n.

"Y todo ello sin moverse de la corte. Para que seguir una marcha tras el emperador, que se hallaba en Flandes. Bastaba con escribirle. El no sabe, pero dicta excus?ndose de no ir a buscarle porque conven?a m?s a su servicio que continuase en sus tierras, procurando la conversi?n de sus naturales y acrecent?ndole el reino. Y a sus intereses tambi?n conven?a, aunque esto, l?gicamente no lo escrib?a; por algo le han llamado ?tenaz en perseguir las conveniencias personales? e ?hip?crita para cubrir con fingido manto la meta de sus acciones?. Los cronistas son muy amigos de estas frases. Pero el 31 de Mayo de 1540 est? firmada en Lovaina la capitulaci?n por la que se le conced?a permiso para continuar sus conquistas en otras provincias al lado de Popay?n que a?n no est?n descubiertas".

No debi? ser est?ril el tiempo que permaneci? en la corte ni el oro que repartiera, ya que a los muchos honores y mercedes que logr?, hemos de a?adir las cartas de legitimaci?n para sus hijos bastardos Francisco, Sebasti?n y Catalina, que probablemente los tuvo con ind?genas de aquellos pueblos americanos. Esto era propio entre los conquistadores que acudieron en nombre del rey del Estado espa?ol, a la conquista de los nuevos territorios descubiertos. No siente la atracci?n de crear una familia y sus relaciones amorosas se muestran como su propia vida, son una aut?ntica aventura.

Vi?ndole due?o de un vasto imperio, siente la necesidad de perpetuar su nombre y transmitir herencia, y solicita que le sean reconocidos dichos hijos, "tenidos de naborias de Nicaragua o de Castilla del Oro", probablemente. Era la misma regla de tres, tras las conquistas de Andaluc?a y casi con las mismas normas de juego se inicia la conquista de los territorios americanos.

Tras su nuevo regreso a Am?rica y despu?s de no pocos sucesos, muere en Cartagena en el a?o 1551, y su antiguo amigo Heredia, nuevo gobernador de la ciudad, presencia el entierro. Era el fin de otro andaluz que se pierde en la escena americana, abocado a todo tipo de aventura por la represi?n y penuria en que viven los mud?jares y moriscos de Al-Andalus conquistada.


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Tags: Andalucia, andaluces

Publicado por NASOINAN @ 20:06  | Biografias
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