Mi?rcoles, 14 de noviembre de 2007
Abu al-Hajjaj Yusuf de Baeza


Desgraciadamente, la informaci?n que tenemos sobre Bayyāsa - بياسة (nombre ?rabe de Baeza) es demasiado escasa, fragmentaria y poco adecuada como para conocer en profundidad las claves de una ?poca tan extensa e importante. La mayor?a de las referencias que incluso hoy d?a se hacen sobre ese largo periodo hist?rico son exclusivamente en torno a hechos pol?ticos o de armas y, en muchos casos, se inscriben m?s en el terreno de la reinterpretaci?n de f?bulas y leyendas y en la repetici?n de t?picos pseudohist?ricos que en el an?lisis y la elaboraci?n contrastadas de la documentaci?n y la arqueolog?a.


Sabemos que entre los siglos IX-X, con la propagaci?n de la rebeli?n mulad? (los convertidos al islam) dirigida por el famoso Umar ibn Hafsun, estas tierras fueron lugar de actuaci?n de varios de estos rebeldes opuestos al proceso de consolidaci?n del poder omeya, centralizaci?n del Estado y arabizaci?n de al-Andalus. Tambi?n existen algunas referencias de las ?pocas de dominio de las dinast?as norteafricanas; pero ser? entre los siglos XII y XIII cuando el nombre de Baeza aparecer? con mayor profusi?n ya que el proceso de conquista de al-Andalus por parte de la corona castellana tiene en esta ciudad una de las puertas fundamentales para acceder al valle del Guadalquivir desde los pasos naturales de Despe?aperros. Algo se ha podido vislumbrar de lo que tuvo que ser la vida de una de las m?s importantes ciudades andalus?es del alto Guadalquivir. Sabemos que Bayyāsa fue cabecera de un iqlīm (distrito o comarca) de t?rmino bastante rico, diverso y extenso en el que, adem?s de los t?picos productos mediterr?neos, sobresal?an las huertas de su ruedo, las actividades agr?colas e industriales relacionadas con la seda, o el cultivo de su famoso azafr?n que se exportaba al Magreb y a Oriente en grandes cantidades y ponderado por autores como Yaqūt para quien ?es el mejor y el m?s apreciado y conocido de los pa?ses del occidente musulm?n?. Su zoco reun?a gran n?mero de artesanos y comerciantes de todo tipo, como recuerda la torre de los Aliatares que nos habla de la presencia de un mercado de drogueros y perfumistas (sūq al-‛attārīn). Sabemos que, junto a la ciudad, exist?an un buen n?mero de huertas regadas por las aguas de la Azacaya (al-siqāya: reguero, cauce, canal) junto a la que se levantaba, seg?n Ibn al-Abbār, la arboleda de al-Baqī, donde parece que estuvo su cementerio (maqbara).

La mayor?a de la poblaci?n baezana estaba formada por personas de origen aut?ctono que progresivamente y casi en su totalidad se convirtieron al islam (los mulad?es), por una minor?a cristiana (moz?rabes) que mantuvo sus creencias y que seguramente constituy? la poblaci?n rural del distrito baezano, por individuos pertenecientes a algunos linajes ?rabes adnan?es y yemen?es que se establecieron en Bayyāsa y, en menor n?mero, por grupos de origen bereber. De la presencia de poblaci?n jud?a en Bayyāsa no existen noticias, aunque la importancia de esta comunidad en ?poca visig?tica y las referencias a la juder?a baezana tras la conquista castellana nos pueden hacer pensar que se mantuvo en la etapa andalus?.

Entre esa poblaci?n y a lo largo de periodo hist?rico tan extenso tuvieron que sobresalir numerosos baezanos conocidos por el desempe?o de distintas actividades, aunque hasta nosotros no han llegado m?s que unas escas?simas referencias.

El dinamismo cultural que empieza a extenderse a partir de la etapa de las taifas en el siglo XI, dej? su huella en la presencia de intelectuales, tanto baezanos como provenientes de otras zonas de al-Andalus, que desarrollaron sus actividades en la localidad, haciendo de ella una verdadera ciudad en el aspecto cultural. Hay que resaltar que esa actividad intelectual estaba, en la ?poca, casi reservada al ?mbito de la ense?anza desplegada en las mezquitas y sol?a reunir en la misma persona conocimientos sobre distintas materias como las ciencias jur?dicas, la historia, las matem?ticas, la medicina y la poes?a. Tambi?n era com?n que estos intelectuales viajaran por al-Andalus y por diversos pa?ses del mundo isl?mico para ense?ar y para recibir ense?anzas de otros conocidos maestros. As?, en Baeza residi? durante un tiempo el famoso al-?aqundī.

De entre ellos, el m?s sobresaliente quiz? fue Abū l-Haŷŷāŷ Yūsuf (Abu al-Hajjaj Yusuf ibn Muhammad al-Ansari al-Bayyasi أبو الحجاج يوسف بن محمد البياسي الأنصاري ). Este baezano, conocido por su patron?mico al-bayyāsī (el baezano) aunque tambi?n recibi? el sobrenombre de Ŷamāl al-Dīn (belleza de la religi?n), dedic? su vida a la literatura, la filosof?a y la historia, alcanzando un notable prestigio tanto en al-Andalus como en el norte de ?frica. Su biograf?a y las caracter?sticas de sus trabajos nos son conocidas fundamentalmente a trav?s de Ibn Jalliqān.



Naci? en Bayyāsa en septiembre de 1177 y muri? en T?nez a principios de diciembre de 1255. Tuvo como maestro al cordob?s Abū Bakr ?Atīq al-Gāfiqī, coincidi? varias veces con Ibn Sa?īd al-Magribī y tuvo como disc?pulo suyo a Abū ?Abd Allāh Muhammad al-Ansārī que llegar?a a alcanzar el puesto de secretario del califa al-Ma?mūn, del dirigente andalus? Ibn Hūd y del creador de la dinast?a nazar? Ibn Nasr b. al-Ahmar. Gran parte de la vida de Abū l-Haŷŷāŷ Yūsuf transcurri? en Bayyāsa dedicado al estudio, a su formaci?n intelectual y a impartir ense?anzas. Como era normal entre los intelectuales del mundo ?rabe en esa ?poca realiz? distintos viajes para completar sus conocimientos, hasta que la presencia del enemigo castellano a las puertas de Sierra Morena le oblig? a abandonar definitivamente estas tierras. Primero fij? su residencia en Sevilla, donde continu? dedicado al estudio y a la ense?anza durante los primeros a?os de la d?cada de los 30 del siglo XIII; posteriormente se establecer? en Algeciras, donde vivir? un periodo tranquilo vitalmente y enriquecedor intelectualmente.

En el a?o 1241 ya se encuentra en la, para tantos andalus?es, acogedora T?nez, en su caso bajo la protecci?n del emir Abū Zakariyyā? Yahy?, que conoc?a y admiraba los valores intelectuales del baezano. All? desarroll? una amplia actividad intelectual que le permiti? componer sus obras m?s conocidas y demostrar su erudici?n en lo relativo a la historia y la poes?a ?rabes.




Entre sus obras m?s sobresalientes destacan dos trabajos de car?cter hist?rico: el titulado ?Noticias de las guerras ocurridas en los primeros tiempos del Islam? y el llamado ?Recordatorio al inteligente y advertencia al negligente?; adem?s de la antolog?a de poemas sobre el valor en el combate denominada al-Hamāsa (el fervor).

Su vida estuvo, en gran parte, influenciada por la desesperanza producida por la triste percepci?n del declive de al-Andalus y por el doloroso exilio de su querida tierra, paulatinamente arrebatada por los castellanos, y a la que no regres? jam?s. Es un ejemplo de las dif?ciles circunstancias que tuvieron que sufrir millares de andalus?es, abocados al abandono de la tierra de sus antepasados, la que les vio nacer, la de sus antepasados, a la p?rdida de sus casas, sus bienes y trabajos, y, sobre todo, al profundo desarraigo que no pod?an llkenar en otros lugares de al-Andalus o en el norte de ?frica. Y aunque Ifrīqiyya sirvi? como lugar de acogida de muchos andalus?es, la tristeza, la a?oranza y la amargura acompa?aron a muchos hasta el final de sus vidas.

Abū l-Haŷŷāŷ Yūsuf, el baezano, muri? en T?nez el 4 de du l-q?ada de 635 (5 de diciembre de 1255)

Antonio Ortega Ruiz
Universidad Internacional de Andaluc?a

Tags: Al-Andalus, andalusíes

Publicado por NASOINAN @ 20:33  | Biografias
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