S?bado, 17 de noviembre de 2007
Europa, a partir del Renacimiento, no se concibe otra forma de administraci?n social que la de Naci?n-Estado. Todas las corrientes de pensamiento han sido, y son desviadas por este nacionalismo de Estado, que e el siglo XIX adquiere el grado del mayor rid?culo de chauvinismo intelectual.

El primer ?modelo? en el cual se inspiraron muchos intelectuales y principalmente europeo fue el ?espa?olismo?, doctrina racista fundada en el mito de la pureza de sangre, de tipos humanos irreconciliables: El moro, el jud?o y el cristiano, que servir?a de inspiraci?n a Maquiavelo para redactar y dar forma a su obra ?El Principe?.


Como todos los nacionalistas europeos que hacen del estado su proyecto social, fundamenta su ideolog?a en una m?tica de la raza y de la tierra. Pretende organizar una supernaci?n-estado que por su car?cter racial sea m?s capaz que cualquier otra naci?n o pueblo, m?s propensa a acometer una ense?anza y un estilo de vida impuesto a todos los dem?s, acompa?ado todo ello de una exaltaci?n del militarismo y de la violencia, orquestado desde una religi?n de Estado a la que predispone la ideolog?a de la cristiandad y el sionismo jud?o.

Como todos los nacionalismos estatalistas, el espa?ol se funda en una mitolog?a de historias legendarias. inexistentes, sin fundamento alguno: se trata siempre de inventar unas ?fuentes?, un origen com?n, una raza o comunidad de sangre, una epopeya hist?rica a base de milagros y el v?nculo carnal con una tierra que se desea conquistar.

El mito de la raza es una invenci?n espa?olista que en el siglo XIX se generalizar?a en toda Europa, para justificar los Estados occidentales y su hegemon?a colonial. Se pasa de la distinci?n de diversos grupos ling??sticos a la idea de diferencia biol?gica, y sobre todo, de jerarqu?a entre la grandes ?tnias humanas. La edad Media cristiana reconoc?a en Cam al antepasado de los siervos (negros y amarillos) , en Jafet a los se?ores (blancos); y en Sem a la de los sacerdotes (herencia judeo-cristiana).

Gobineau, vali?ndose de esta concepci?n est?pida y arcaica de la jerarqu?a de las razas, escribe una aut?ntica epopeya rom?ntica de los arios: la m?s noble de las razas, surgidas del Asia central, y perdi?ndose, en el curso de sus migraciones, en las oleadas impuras de los negros y de los amarillos, conden?ndose as? a la decadencia por el determinismo de la sangre.

La humanidad, seg?n Gobineau, est? dividida por tanto en tres razas. En el punto mas bajo de la escala, la raza negra, predestinada a la servidumbre, despu?s la raza amarilla, apenas superior y, en la cumbre, la raza superior, la raza blanca, dotada de las m?s altas virtudes humanas: la acci?n pensada, el sentido del orden, y la inteligencia.

En consecuencia, seg?n Gobineau. ?toda civilizaci?n es el producto de la raza blanca, ninguna civilizaci?n podr?a existir sin la ayuda de esta raza...? (Conde A. de Gobineau, Introducci?n al ensayo sobre la desigualdad de las razas humanas, Par?s, 1963, p. 376). Al proclamar la superioridad fundamental y eterna de la raza blanca sobre las otras, y al pretender que las razas de color no tienen capacidad de evolucionar, da un ?fundamento? al antagonismo racial y a la dominaci?n racial. Marx calific? a Gobineau de ?caballero de la barbarie?. Marx subrayaba tambi?n que, a trav?s de sus invenciones racistas, Gobineau se esforzaba por demostrar que ?los representantes? de ?la raza blanca? son semejantes a dioses entre los pueblos, y que naturalmente las familias ?nobles? en el seno de la ?raza blanca? son a su vez la aut?ntica crema de los elegidos? (Carlos Marx, Obras Completas, Vol. XXXII, p. 546).

Este mito tr?gico, especialmente a trav?s de las interpretaciones delirantes de Gobineau, no tiene nada que ver con la concepci?n tribal de la comunidad de la sangre, propia de todas las civilizaciones, por la proyecci?n m?tica de un antepasado com?n, h?roe ?ep?nimo? de la tribu, y de genealog?as legendarias que se da tanto en los pieles rojas americanos, o en la Eneida, como en el Antiguo Testamento o en Tartessos . M?s no se trata de ?raza?, en el sentido adquirido por esta palabra en el Estado espa?ol del siglo XVI o en la europea del siglo XIX, es decir, de algunos grandes grupos humanos, sino de descendientes de un mismo linaje en comunidades tribales, o en ciertas capas sociales.

Ser?a solamente en el siglo XVIII, con Buf?n, - por ejemplo - cuando se plante? un modelo original para la humanidad, el de la ?raza blanca?, que ?degeneraba? a medida que se alejaba de la zona templada. Despu?s, en nombre de un ?evolucionismo? muy etnoc?ntrico, cuyo pivote es, como siempre, EUROPA, se considera primitivos a los no occidentales, coartada fundamental, para ?justificar? las conquistas coloniales mediante la misi?n del hombre blanco de aportar el ?progreso?. La noci?n actual de ?subdesarrollo? perpet?a esta visi?n jer?rquica seg?n la cual la trayectoria ejemplar de la humanidad es la de Occidente: Un pueblo est? m?s o menos ?desarrollado? seg?n se aproxime m?s o menos a este ideal... Levy-Strauss, en ?Raza y Religi?n?, ha denunciado en?rgicamente este etnocentrismo, demostrando hasta que extremo era empobrecedor, porque exclu?a el dialogo entre culturas :?" ...La ?nica tara que puede afligir a un grupo humano e impedirle realizar plenamente su naturaleza, es la de estar solo." (pag.37)

La pseudo teor?a de la raza, siempre ha servido de justificaci?n para denominaciones y las violencias.

El racismo carece de todo fundamento cient?fico. Desde el punto de vista biol?gico, la vieja teor?a del ?indicador craneano? para distinguir a los ?dolicoc?falos? de los ?braquic?falos? , se ha revelado impracticable. La gen?tica moderna, seg?n la cual ciertos genes ordenan las propiedades serol?gicas de la sangre; as? como el m?s reciente descubrimiento del mapa gen?tico humano, ha demostrado lo absurdo del concepto biol?gico de las razas.

El especialista m?s eminente en la materia, el profesor Jean Bernard, destruyendo el ?mito de la sangre?, que postula la desigualdad de las sangres y el valor desigual de las sangres de hombres diferentes, escribe: ? ... Es admitida, postulada, una relaci?n entre el valor de la sangre de una parte , y de otra parte el valor del hombre, su inteligencia, su fuerza, su valor, sus virtudes f?sicas y morales?. Este tema es muy antiguo. Goz? de gran favor en el siglo XIX, favor que se extender?a hasta el siglo XX, desde Galt?n, cercano Darwin, a Hitler, pasando por Vacher de Lepouge y Gobineau. Recientemente a?n inspira ciertas tendencias de nuevas sociobiolog?as. A lo largo de esta peligrosa historia, caracter?sticas de la sangre y cualidades de la inteligencia no cesan de entrelazarse, acentuando tan pronto, las unas como las otras.

Estas falaces y peligrosas afirmaciones no se basan en nada. (Jean Bernard, La sangre y la Historia, Ed. Buchet-Castel, Par?s 1983, p.17).

Las leyes hitlerianas de Nuremberg ten?an como objetivo ?proteger? la sangre alemana? acosando la sangre jud?a. Su aplicaci?n tropieza con el mismo falso problema que es, hoy d?a, el del Estado de Israel con su ?Ley del retorno?: ?Qui?n es jud?o?. Porque no existe m?s ?raza jud?a? que ?raza aria?.

En el nacionalismo espa?ol, la m?stica de la tierra, est? unida al mito de la raza. Tambi?n ello ser? una herencia para el romanticismo europeo del siglo XIX.

Cuando tantos defensores de la hispanidad y de la raza, desarrollan una concepci?n metaf?sica de la naci?n-estado, como entidad eterna, anterior a la conciencia y a la voluntad de los hombres, e indisociable para siempre jam?s, est?n justificando de antemano las mayores atrocidades.

La Naci?n-Estado espa?ola se organiza por la ideolog?a de la cristiandad y el expansionismo mercenario del sistema feudal como reflejo de una voluntad divina que le ha asignado la misi?n de "Reserva espiritual de Occidente", ?Expresi?n ?nica de virtudes?, o esta otra de ?Estado defensor de la catolicidad?, el ?Ser? aut?ntico de toda la historian humana (?)...

Este mito de pueblo elegido, de ?misi?n espiritual?, ?cruzados? y libertadores Universales por derecho divino, ser? el alma de la doctrina de la ?hispanidad?. Pues ello justifica de antemano toda la conquista, la colonizaci?n, el genocidio, e incluso una historia, como es la del Estado-espa?ol, de amplio aventurerismo, represi?n, oscurantismo y terror colectivo.

Al igual, que ha sucedido con el Imperio espa?ol, - que pr?cticamente ha desparecido y que afortunadamente solo ha quedado como pesadilla en la historia de la Humanidad - ocurrir? otro tanto con el Estado espa?ol, m?s tarde o m?s temprano, pero cuanto antes sea posible, mejor, pues el nacionalismo del Estado espa?ol solo vive por su exclusivismo, y el odio que despierta en todos los dem?s. De triste y pr?ximo recuerdo el del golpista general Franco con su mesianismo y ?falso? patriotismo espa?olista, anegando en sangre los diferentes pueblos de la Pen?nsula con sus m?ximas de ?cruzada, por el Imperio hacia Dios?.

Por el contrario, Al-Andalus fue, y debe restablecer uno de los centros de irradiaci?n de tolerancia y convivencia tan importante y necesario para la Humanidad, a pesar de los errores y carencias de toda obra humana.

Personajes importantes de la comunidad jud?a fueron all?, entre otros, Hasdai Ibn Saprout, ministro del Califa de C?rdoba, o Samuel Hannaguid, ministro del sult?n de Granada. Fil?sofos, te?logos y poetas, como Salom?n Ibn Gabirol (1020-1050) Judah Halevy (1085-1141), y sobre todo Mois?s Maim?nides (1135-1204); florecieron en lo que And? Chouraqui llama ? las horas de oro? del juda?smo en Al-Andalus, donde la simbiosis historia-tolerancia logr? sus m?s bellos frutos.

Mesa nacional de Liberaci?n Andaluza

Tags: Andalucia, Nación, Al-Andalus

Publicado por NASOINAN @ 18:43  | Liberaci?n Andaluza
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