Domingo, 18 de noviembre de 2007
SEMBLANZA EN EL 95 ANIVERSARIO DE SU MUERTE

Primera Parte

* ISIDORO MORENO
Catedr?tico de Antropolog?a Social
De la Universidad de Sevilla


*Texto de la conferencia pronunciada en el Acto-Homenaje a Blas Infante, el 9 de Agosto de 1995, en el Patio de las Doncellas del Alc?zar de Sevilla, organizado por el Excmo. Ayuntamiento de Sevilla con la colaboraci?n de la Fundaci?n Blas Infante. El texto ha sido complementado por el autor con las imprescindibles citas bibliogr?ficas y algunas peque?as aclaraciones para facilitar su lectura.


Prologo


Excmas. Autoridades: Alcaldesa de Sevilla, Presidente del Parlamento de Andaluc?a, Presidente de la Diputaci?n Provincial, Diputados, Concejales de la Corporaci?n Municipal, Sra. Presidenta de la Fundaci?n Blas Infante, y andaluzas y andaluces aqu? congregados para realizar el necesario ejercicio de la memoria hist?rica:

Es para m? un honor haber sido designado para renovar el recuerdo de Blas Infante, en la v?spera del 59 aniversario de su dram?tica muerte, a instancias de las dos instituciones que dan vida a este Acto, el Ayuntamiento de Sevilla y la Fundaci?n Blas Infante, las cuales, significativamente y, al menos desde mi ?ptica, tambi?n felizmente -porque ello expresa el cambio de los tiempos y el avance hacia la igualdad entre los g?neros- presiden hoy dos mujeres, muy diferentes en muchas cosas pero ambas inequ?vocamente dem?cratas, a?n en tiempos en que ello no era precisamente f?cil ni constitu?a un aval positivo ante los poderes oficiales.

Acept? al instante el encargo, desde luego por venir de las instituciones de donde ven?a, pero, sobre todo, porque pocas cosas estimo m?s importantes para un pueblo que renovar su memoria hist?rica y reafirmar su identidad. y para Andaluc?a esto es a?n m?s fundamental, ya que uno de los principales males causantes de su triste situaci?n presente es, precisamente, que se la ha despojado de la memoria, lo que equivale a decir que se la ha despojado de la propia conciencia de su existencia.

En mis a?os de estudiante de bachillerato, y tambi?n de Universidad, me fue totalmente ocultada en las aulas, entre otras muchas verdades, la existencia de Blas Infante. Mi descubrimiento de ?l lo fui haciendo no desde el ?mbito de mi inter?s por las ideolog?as pol?ticas democr?ticas y progresistas, a trav?s de la lectura clandestina de textos tra?dos de Par?s o M?xico, sino desde mi inter?s y mi investigaci?n personal en el ?mbito de la Antropolog?a Cultural -una disciplina en aquellos tiempos pr?cticamente inexistente y casi clandestina-, sobre los intelectuales andaluces que se hab?an esforzado, a partir de los a?os sesenta del pasado siglo y hasta la guerra civil, por conocer, entender y tratar de explicar las realidades socioculturales, pasadas y presentes de nuestro pueblo.1

El oscurantismo franquista, pero tambi?n el marxismo al uso, cargado de escolasticismo, fueron para m?, como para la inmensa mayor?a de los hombres y mujeres de mi generaci?n, barreras al conocimiento, primero, de la propia existencia de Blas Infante y del movimiento ideol?gico-pol?tico que ?l encabez?, y luego, de su exacta significaci?n. Bajo la Dictadura, durante cuarenta a?os tras su fusilamiento sin juicio, es decir, tras su asesinato, el Padre de la Patria Andaluza segu?a siendo diariamente asesinado con las balas del silenciamiento.2 Pero hay algo, en mi opini?n, m?s grave a?n que esto: ya en democracia pol?tica y en una Andaluc?a en cuyo Estatuto de Autonom?a se define como uno de los objetivos b?sicos de nuestra Comunidad Aut?noma el afianzar la conciencia de identidad andaluza, a trav?s de la investigaci?n, difusi?n y conocimiento de los valores hist?ricos, culturales y ling??sticos del pueblo andaluz, en toda su riqueza y variedad",3 la obra de Blas Infante, sus propuestas pol?ticas y su ideario real siguen siendo, en grand?sima medida, desconocidos para la inmensa mayor?a de los andaluces, a pesar de que hayan sido hist?ricamente, y yo considero que siguen siendo hoy, en t?rminos no s?lo estrictamente pol?ticos sino tambi?n en cuanto a su consistencia te?rica, la aportaci?n m?s valiosa alguna vez realizada para promover dicha conciencia de identidad.4

Confieso que, cuando comenc? a encontrarme con la obra de Infante, percib?, primero, la de un hombre bueno, honesto a carta cabal, so?ador y enamorado fiel de Andaluc?a. Luego, percib? al pol?tico, al activista a la vez apasionado y fr?o, convencido de sus ideas y organizador con plena conciencia de la t?ctica concreta, para cada momento, de c?mo llevar esas ideas hacia adelante. S?lo m?s tarde fui capaz de percibir, al poder analizar ya m?s en conjunto su obra, la solidez intelectual de su ?poca de madurez, en los ?ltimos a?os 20 y durante la Rep?blica, sus conocimientos de Historia, Antropolog?a y otras ciencias y, sobre todo, la modernidad, en t?rminos incluso actuales, de sus planteamientos te?ricos claves, que, por ello mismo, fueron incomprendidos en su tiempo y apenas si son adecuadamente comprendidos incluso hoy.

Ni por la propia significaci?n de Blas Infante, ni por la situaci?n que atraviesa Andaluc?a, un Acto de Homenaje como este podr?a , ser una especie de Juegos Florales o de conmemoraci?n meramente ritual. Estoy seguro que el Padre de la Patria Andaluza ser?a el primero en condenar la ret?rica hueca que supondr?a un homenaje formal a su persona pero un vaciamiento real de su obra, de su pensamiento pol?tico. Ello significar?a, realmente, una nueva forma de fusilamiento, esta vez por sacralizaci?n hip?crita de su figura y ocultamiento real de su mensaje y de sus an?lisis. Dar a conocer estos a todos lo andaluces, en especial a los j?venes; sacarlos ala p?blica discusi?n, cr?tica y abierta, por parte de intelectuales y pol?ticos; tratar de aplicarlos -con la actualizaci?n y desarrollo creativo necesarios- a nuestros problemas de hoy, es la mejor, y yo dir?a que la ?nica, manera honrada de recordar -es decir, de volver a pasar por el coraz?n- a Blas Infante y de homenajearlo en el 59 aniversario de su desaparici?n f?sica. Un aniversario que coincide con el 50 de uno de los mayores y m?s fr?amente perpetrados genocidios de la Historia, realizado, como no pod?a ser menos, en nombre de los grandes conceptos de la Democracia y de la Libertad y con la justificaci?n siniestra de "ahorrar vidas": el bombardeo nuclear de Hiroshima y Nagasaki, con sus centenares de miles de v?ctimas. Un aniversario que se produce, tambi?n, mientras contin?an los genocidios y etnocidios de pueblos en los Balcanes, en el Kurdistan, en la selva de Chiapas, en muchos lugares de ?frica realizados por Estados que se auto titulan nacionales.

"Mientras exista un ni?o

sin pan y sin sonrisa,

yo renuncio a la luna
"



Estos versos del poeta Leopoldo de Luis podr?an expresar perfectamente mi actitud en estos momentos: mientras en Andaluc?a existan los tremendos ?ndices actuales de paro; mientras contin?e desmantel?ndose nuestro d?bil tejido industrial; mientras est? en v?as de liquidaci?n nuestro sector pesquero y con muy graves problemas nuestra agricultura; mientras que no se den las condiciones para que la cultura andaluza se desarrolle y podamos recuperar plenamente nuestra identidad hist?rica como pueblo; mientras que a nuestros emigrantes no les sean reconocidos todos los derechos que implica se pertenencia a este pueblo, incluidos los pol?ticos; mientras los Derechos Humanos no sean una realidad diaria entre nosotros; mientras, en fin, no exista esa Andaluc?a Libre con la que no s?lo so?? sino por la que luch? y muri? Blas Infante, cualquier homenaje a este que sea s?lo un ritual protocolario vac?o de contenido pol?tico reivindicativo ser?a una burla a su recuerdo. y nada m?s lejos de mi voluntad, y estoy seguro que de la intenci?n de las instituciones que hoy aqu? nos convocan.

En esta l?nea, la mejor Semblanza que yo podr?a hacer ahora de Blas Infante es expresar algunas pautas de su ejemplo y subrayar algunos de los puntos centrales de su pensamiento pol?tico; un pensamiento que, como ya he se?alado, era hace 59 a?os, y lo sigue siendo en la actualidad, no s?lo profundamente coherente y de una ?tica limpia, sino en grand?sima medida vigente: por ello mismo fue y es peligroso, y hasta subversivo, para muchos intereses pol?ticos, de antes y de ahora, tanto de quienes despreciaron o han silenciado su significaci?n como para muchos de los que han querido secuestrar en su propio provecho su figura sin seguir realmente, y a veces hasta sin interesarse siquiera en conocer, su ideario.

Estimo que en lo primero que hay que reivindicar su actualidad es en su honestidad democr?tica, en su regeneracionismo ?tico, en su pasi?n por la utop?a necesaria. Conviene subrayar que, bajo su car?cter apacible, sus gafas redondas y su figura de "hombre de orden", pensaba, sent?a y actuaba un rebelde. ?C?mo hubiera podido ser de otra manera si, en diversos momentos de su vida, repet?a que "la rebeld?a ante lo injusto es la m?s alta de las virtudes"! Por responder a esta convicci?n fue tantas veces ignorado, despreciado, calumniado y perseguido. Fue perseguido por los fascistas que lo asesinaron en la noche del 10 al 11 de Agosto de 1936 en una cuneta de la carretera de Carmona, tras una semana de triste estancia en esa antesala de la muerte en que fue convertido el sevillano cine Jauregui. Lo asesinaron los mismos contra quienes se hab?a negado a firmar, semanas antes, una petici?n para que sus organizaciones fueran declaradas ilegales: tal era la profundidad de su "talante antiautoritario y sus convicciones democr?ticas en defensa : de la libertad de expresi?n y de asociaci?n pac?fica para todos, incluidos sus enemigos pol?ticos.

Pero fue tambi?n perseguido por los pol?ticos seudo dem?cratas -por esos a quienes ?l llamaba "histriones de la pol?tica, que piensan con los labios Cuando piensan por los dem?s y con el est?mago o la vanidad cuando piensan en s? mismos"-5 los cuales, en su tiempo como hoy, tratan de desprestigiar a todo aquel que se muestre cr?tico con ellos y pretenda desenmasc?ralos, motejandolos de desestabilizadores. As?, fue acusado por el Gobierno Provisional de la Rep?blica de encabezar un complot, una conspiraci?n contra esta, en los d?as de la campa?a electoral para Corres Constituyentes; fue calumniado y difamado, desde las m?s altas instancias pol?ticas, como medio para impedir que triunfase su Candidatura Republicana Revolucionaria Federal Andalucista: no s?lo fue acusado, falsamente, de conspirar, junto con Ram?n Franco, Pascual Carri?n, Balbont?n y otros andalucistas, para sublevar el Aer?dromo de Tablada y bombardear Sevilla, abriendo la ciudad ala invasi?n de un ejercito de campesinos para proclamar la Rep?blica de Andaluc?a, sino que lleg? a afirmarse, en las mismas Cortes, que los supuestos conjurados pretend?an no s?lo repartir las tierras entre los jornaleros sino tambi?n a las mujeres entre los hombres. 6

Como tampoco hay que olvidar que tras el 18 de Julio, y antes de ser detenido el 2 de Agosto, su casa de Coria fue registrada, ilegalmente, por milicianos anarcosindicalistas, como si en ella pudiese haber cosa alguna que fuese una amenaza para el pueblo o para la legalidad republicana.

Se demuestra claramente que para ninguna organizaci?n, fuera de la ideolog?a que fuese, cuyo objetivo central era la toma del poder " pol?tico, Blas Infante era una persona de fiar: porque pensaba por s? mismo, porque se opon?a a todo sectarismo y porque no aceptaba otra disciplina que la de su conciencia y la de los resultados de sus an?lisis. Sin esconderse nunca, en modo alguno, tras c?modos eclecticismos ni en posturas indecisas.7

Adem?s de dem?crata incorruptible y de luchador constante con el objetivo central de "la restauraci?n de Andaluc?a", Blas Infante fue, por ello mismo, un cr?tico radical. Su republicanismo sincero no fue obst?culo, sino todo lo contrario, para utilizar el l?tigo de su palabra y de su pluma contra las lacras del naciente r?gimen republicano y de sus pol?ticos, sin dejarse nunca chantajear por las amenazas ni por las mezquinas acusaciones de antirrepublicanismo. En esto tambi?n deber?amos tomar ejemplo hoy, cuando a veces caemos en la tentaci?n de no ser suficientemente cr?ticos con las lacras de nuestra democracia por temor o ante el chantaje de quienes nos amenazan con acusarnos por ello de desestabilizadores y antidem?cratas. Don Blas jam?s se pleg? a lo que, con palabras de hoy, llamar?amos "la definici?n respetable, o supuestamente progresista, de lo pol?ticamente correcto".

En uno de sus libros fundamentales, escrito en 1931 , La verdad sobre el complot de Tablada y el Estado Libre de Andaluc?a, donde contestaba a las delirantes acusaciones anteriores, a la vez que acusaba a los pol?ticos republicanos de haber traicionado las esperanzas populares, defin?a las causas y planteaba las l?neas de soluci?n de los problemas sociales y pol?ticos -de los" dolores"- que aquejaban a la sociedad andaluza y espa?ola de su tiempo.

Ocho eran estos " dolores" o problemas que desgranaba Infante con su prosa directa y sin tapujos: el dolor de los pueblos de Espa?a esclavizados por el centralismo pol?tico, "uncidos en piara por el inter?s patrimonial de los reyes"; el dolor de la servidumbre caciquil imperan te en partidos pol?ticos y elecciones; el dolor de la esclavitud del pensamiento; el dolor de la esclavitud econ?mica de los obreros, sobre todo de los jornaleros agr?colas; el dolor de la ausencia de justicia para el pueblo; el dolor de la servidumbre cultural; el dolor de la esclavitud familiar; y el dolor de la esclavitud de conciencia.

Para cada uno de estos dolores o problemas planteaba Infante unos criterios o v?as de soluci?n que pon?a en contraste con la pol?tica, del gobierno de la Rep?blica: estructura federalista (m?s a?n.. pr?cticamente confederal del Estado Espa?ol; trasformaci?n a fondo de los partidos (a los que llama "organizaciones electoreras que atentan contra la soberan?a del pueblo"); libertades p?blicas sin, recortes; abolici?n de la consideraci?n del trabajo como mercanc?a con intervenci?n de las organizaciones obreras en los Consejos de Administraci?n y Reforma Agraria -"la tierra de Andaluc?a para los jornaleros andaluces" -; justicia civil gratuita y arbitral, con magistrados de distrito y rectificaci?n urgente del sistema penitencia- ) ri?; ense?anza gratuita y antiburocr?tica en todos los niveles; plena igualdad de derechos de las mujeres y libre constituci?n y disoluci?n del contrato matrimonial, con reconocimiento de todas las uniones de hecho; y fin del "monopolio pseudo religioso alcanzado por la acci?n pol?tica de la Iglesia de Roma", mediante medidas que garantizasen el respeto absoluto para todas las religiones y la defensa y preservaci?n por el Estado de los valores art?sticos y culturales de los bienes de todas ellas.9

No es demasiado sorprendente que, con un programa de estas caracter?sticas, defendido en actos multitudinarios por los pueblos sevillanos, que siempre conclu?an con el grito un?nime de ?Viva Andaluc?a Libre!, el Padre de la Patria Andaluza, a pesar de su pacifismo radical y de su hombr?a de bien, fuera definido y tratado como un peligro no s?lo por los defensores de los intereses m?s conservadores sino tambi?n por aquellos que ten?an en las masas desheredadas y de escaso formaci?n su granero de votos.

Blas Infante repet?a que "el hambre es m?s amarga siendo republicana que mon?rquica, porque adem?s de ser hambre de pan es hambre de esperanzas defraudadas por la Rep?blica".lo ?No podr?a decirse algo equivalente, salvando las diferencias, indudable y afortunadamente existentes, entre los a?os 30 y nuestra d?cada final de siglo, en el sentido que el paro y el subdesarrollo andaluz, la sed de agua de nuestros campos y grifos, las limitaciones e incapacidad pr?ctica de nuestras instituciones, la nader?a en que desembocan tantas veces las pol?micas pol?ticas, la corrupci?n y tr?fico de influencias, el engorde creciente de un estado controlador y policiaco que recorta de hecho los derechos de los ciudadanos, llegando incluso a utilizar m?todos terroristas subvencionados con dinero p?blico, y tantas otras lacras de nuestra actual sociedad, realmente no nuevas de ahora sino existentes todas, o la inmensa mayor?a de ellas, durante la Dictadura franquista, son ahora mucho m?s graves y frustrantes precisamente porque se dan en una situaci?n no ya de carencia de libertades sino de democracia pol?tica y de autonom?a para Andaluc?a?

Blas Infante, carente de cualquier tipo de ambici?n personal, fue" no s?lo un te?rico y un ide?logo sino tambi?n un cr?tico radical e insobornable. Por eso es hoy una de las muy pocas banderas que! podemos desplegar para reivindicar la honradez y la ?tica de que' tan faltas est? nuestra sociedad actual, tanto nuestra sociedad pol?tica como nuestra sociedad civil Por eso, como ?l, deber?amos ser." honesta y pac?ficamente radicales, es decir, deber?amos buscar las ra?ces, las causas profundas de loS problemas, sin miedo a los resultados de la b?squeda ni a quienes puedan sentirse molestos por' estos. "

Infante se?alaba, en su tiempo, que el "hecho nuevo" del paso de la Monarqu?a a la Rep?blica no hab?a significado un verdadero "cambio de R?gimen", es decir "un desplazamiento de conceptos con respecto a todas las realidades fundamentales de la Sociedad y del Estado". y a?ad?a que, cuando el pa?s, pol?ticamente, "estaba pre?ado de una nueva vida. en vez de parteros lo que hubo fue modistos", ya que asumieron las funciones pol?ticas "los m?s de votos y disciplinados, por consiguiente los m?s ineficaces, s?bditos de los jefes de las organizaciones partidistas". Si analiz?ramos bajo estas premisas y conceptos la tan casi un?nime como acr?ticamente aplaudida transici?n pol?tica entre el Franquismo y la Democracia, ?seguir?amos aplaudiendo con igual grado de entusiasmo con que solemos hacerlo?.

Para Infante, lo que ?l llama "la electorer?a" -los partidos pol?ticos con casi exclusivos fines electorales y sus clientelismos internos y externos- es la clave para la interpretaci?n de la historia pol?tica del "R?gimen pseudo-democr?tico" vigente en. Espa?a durante el siglo XIX y hasta la Dictadura de Primo de Rivera. y la electorer?a, denunciaba, segu?a reinando cuando ya en Espa?a no hab?a rey. En el a?o 31, escrib?a sin titubeos que-su finalidad principal era desenmascarar al Gobierno Provisional, constituido en base a la conjunci?n republicano-socialista. y dar un grito ante la opini?n para que esta no confiase en los hombres del Gobierno", ya que el cambio de r?gimen "no hab?a supuesto renovaci6n ni cambios reales en las desigualdades", sino s?lo cambio de banderas, himnos y nombres de calles, adem?s del acceso a "los goces del poder" de los pol?ticos que hab?an rechazado las cosas que el poder conlleva mientras no ten?an posibilidad de acceder a ?l, pero las tomaban con fruici?n en cuanto ello les fue posible.12 Este cuadro, pintado por Infante sobre la situaci?n al comienzo de la Rep?blica, ?no podr?a tambi?n ser referido, en gran medida, a la situaci?n hoy existente en la que suele denominarse nuestra joven democracia y en .la que podr?amos denominar nuestra m?s joven a?n autonom?a?.

Es claro que Infante se muestra especialmente duro con los pol?ticos de profesi?n y desconf?a de ellos. Ya en una intervenci?n del a?o 18 hab?a denunciado con pasi?n: "He visto entregada esta tierra a aventureros de la pol?tica, a advenedizos que hacen de ella asiento de su cretina vanidad y base de su mezquino inter?s". 13 A?os m?s tarde sentenciaba: "los que hacen de la pol?tica una profesi6n exclusiva y excluyente {como una propiedad) suelen hablar de conflictos entre ideas y realidades. La diferencia entre ellos y nosotros es esta: para ellos, las realidades de un pa?s son los intereses creados; para nosotros, las realidades de un pa?s son los dolores creados por esos intereses". 14

Notas:

1. Sobre este tema he publicado. a lo largo de los a?os. varios trabajos. entre ellos "la Antropolog?a en Andaluc?a: desarrollo hist?rico y estado .actual de las investigaciones". Etnica, n.?m 1. pp.107-144. Barcelona. 1971; El primer descubrimiento consciente de la etnicidad andaluza (1868-1890)" y "la nueva b?squeda de la identidad (1910-1936)". en Historia de Andaluc?a (dirigida por A. Dom?nguez Ortiz). vol. VIII. pp. 233-251 y 253-273. Ed. CUPSA-Planeta. Madrid-Barcelona. 1981 (reed. en 1983); "la identidad andaluza: pasado y presente (Una aproximaci?n antropol?gica)", en W.AA.: Andaluc?a, pp. 253-285. Editoriales Andaluzas Unidas, Granada, 1986; y "Don Antonio Machado y ?lvarez y la Antropolog?a andaluza", en W.AA.: La Andaluc?a dt Dem?filo, pp. 20-29. Ed. Electa-Consejer?a de Cultura, Sevilla, 1993. Asimismo, he sido director de las Tesis Doctorales, luego publicadas, sobre aspectos del tema, de Encarnaci?n Aguilar: Cultura popular y Folklore de Andaluc?a (Los or?genes de la Antropolog?a). Ed. Diputaci?n Provincial, Sevilla, 1990, y de Rosal?a Mart?nez: " Hambre de pan, hambre de tierra" .(Expresiones culturales del problema de la tierra en Andaluc?a a principios del siglo XX). Ed. Fundaci?n Blas Infante, Sevilla, 1993.

2. Blas Infante fue fusilado, "a Consecuencia de la aplicaci?n del Bando de Guerra; en la madrugada del 10 al 11 de Agosto de 1936, en las afueras de Sevilla, kil?metro 4 de la antigua Carretera de Carmona, junto a la huerta conocida como de las Clarisas. Casi cuatro a?os m?s tarde, el 4 de Mayo de 1940, un denominado Tribunal de Responsabilidades Pol?ticas dict? condena contra ?l porque form? parte de una candidatura de tendencia revolucionaria en las elecciones de 1931 y en los a?os sucesivos hasta 1936 Se signific? como propagandista de un partido andalucista o regionalista andaluz".

Para conocer la biograf?a, principales etapas de su obra y condiciones que rodearon su muerte, pueden verse, entre otros, los trabajos de Juan Antonio LACOMBA: Blas Infante. La forja de un ideal andaluz. Fundaci?n Blas Infante, Sevilla, 1983 (2a ed.) y La represi?n en Andaluc?a durante la guerra civil El asesinato de Blas Infante. Fundaci?n Blas Infante, Sevilla, 1987; J.A. LACOMBA, J.L. OR11Z DE LANZAGORTA y J. ACOSTA SANCHEZ: Blas Infante. Perfiles de un andaluz. Ed. Diputaci?n Provincial, M?laga, 1985; Jos? Luis OR11Z DE LANZAGORTA: Blas Infante. Vida y muerte de un hombre andaluz. Sevilla, 1979; Enrique INIESTA: "Infante P?rez, Blas", en Gran Enciclopedia de Andaluc?a, vol. Y, pp. 2.045-2.071. Sevilla, 1979 y "Blas Infante: historia de un andaluz", en E. Iniesta y otros: El siglo de Blas Infante, 1883-1981. Alegato frente a una ocultaci?n, pp. 21-70. BEA. Sevilla, 1981; y Manuel RUIZ LAGOS: Pa?s Andaluz, CSIC, Jerez de la Frontera, 1978.

3. Estatuto Auton?mico de Andaluc?a, art?culo 12. 3. 2? (Aprobado en refer?ndum en octubre de 1981). Para un interesante an?lisis jur?dico de los contenidos del Estatuto puede consultarse la obra colectiva de Alfonso PEREZ MORENO y otros: Comentarios al Estatuto de Andaluc?a. Instituto Garc?a Oviedo, Universidad de Sevilla, 1981.

4. Adem?s de continuaci?n del ocultamiento ha habido tambi?n manipulaci?n. Como afirma Enrique Iniesta, 'todo el platillo y bombo con que ha sido coreado un Infante inventado, han sido sordina y precauci?n frente al verdadero': Este autor, quiz? quien m?s haya investigado sobre la obra de Infante, se?ala que no es casual que para /os intelectuales de la derecha" el m?s destacado libro de este sea El Ideal Andaluz. a pesar de que se reconozca en sus p?ginas, estar "hecho de prisa", como Memoria presentada al Ateneo sevillano en 1914 (E. Iniesta: o.c., 1981, pp. 24-25). En realidad, considero que Ideal Andaluz. aunque contiene ya algunas de las ideas que ser?n recurrentes en Infante, refleja s?lo una etapa inicial, pronto superada, de su pensamiento, muy influido todav?a por las corrientes culturalistas imperantes en Sevilla a comienzos de siglo y por los planteamientos fisi?cratas del Georgismo. Por ello, considerar este su primer libro como el m?s representativo de toda su obra supone s?lo una supina ignorancia o un intento sectario de ocultar sus planteamientos posteriores, que fueron, a la vez, causa y resultado de su acci?n pol?tica.

En cualquier modo, Ideal Andaluz contiene una serie de afirmaciones, fundamentales en el libro, que constituyen el inicio de un andalucismo claramente pol?tico, muy distanciado del exclusivamente culturalista de otros de sus contempor?neos. Afirmaciones que parece no han le?do algunos, como la siguiente: "El m?s inmediato y central de los ideales pr?ximos: 'la tierra para el jornalero andaluz'... Este ideal en el centro; sin ?l, de nada servir?a trabajar por el cumplimiento de los dem?s ideales... Sin tierra, in?til es pensar en la cultura del pueblo" (pp. 198-9 de la edici?n, incompleta, de 1976 con Pr?logos de Tierno Galv?n y de Lacomba). A?os m?s tarde, en su libro de 1931 La verdad sobre el complot de Tablada y el Estado Libre de Andaluc?a (pp. 84-85), el propio Infante explic? el contexto e intencionalidad al que respondi? Ideal,

5. Blas Infante: Ideal Andaluz. p. 169.

6. Para desenmascarar las razones verdaderas de estas acusaciones -que define como "leyendas para llegar a fundar en ellas resoluciones policiales"-, Infante escribi? en poco m?s de un mes, en el mismo verano del 31, un vibrante alegato pol?tico, con un lenguaje m?s directo del que suele utilizar habitualmente, que ser?a el libro La verdad sobre d complot de Tablada y el Estado Libre de Andaluc?a, publicado al a?o siguiente en Sevilla y reeditado, en 1979, por la Editorial Aljibe, en Granada. En ?l plantea de forma muy abierta y valiente su pensamiento pol?tico. Por ello, su lectura es indispensable para quien quiera conocer al verdadero Blas Infante.

Su candidatura en las elecciones generales de Junio del 31 (que qued? segunda en votos entre las 5 que se presentaron) fue apoyada por un sector del campesinado anarcosindicalista, a pesar del llamamiento a la abstenci?n por parte de la CNT. Ello se debi? a la proximidad que, en varios aspectos, existi? entre Blas Infante y el anarquismo, y, sobre todo, por la acci?n de Pedro Vallina. el m?dico anarquista continuamente perseguido y odiado por las "gentes de orden" y sobrenombrado por estas como "el Tigre", y casi venerado y con gran influencia sobre los jornaleros. Amigo de Infante -el cual lo califica de "ap?stol de pureza inmaculada" e "hijo puro de la eterna Promesa" (pp. 105 y \ 112 del libro citado)-, Vallina pidi? el voto para la Candidatura en los siguientes t?rminos: "Yo predico para que vot?is a estos hombres. porque estos hombres no son pol?ticos de oficio, sino hombres de verg?enza" (o.c., p.105).

7. Como lo demuestran muchos ejemplos, entre ellos el Manifiesto de la Asamblea de C?rdoba, de 1919, del que fue autor y donde puede leerse: "Sentimos llegar la hora suprema en que habr? de consumarse definitivamente el acabamiento de la vieja Espa?a..."; "Declar?monos separatistas de este Estado que, con relaci6n a individuos y pueblos, conculca sin freno los fueros de la justicia y del inter?s y, sobre todo, los sagrados fueros de la libertad; de este Estado que nos descalifica ante nuestra propia conciencia y ante la conciencia de los pueblos extranjeros. Avergonc?monos de haberlo sufrido y conden?moslo al desprecio o el perecimiento... Ya no le vale resguardar sus miserables intereses con el santo escudo de la solidaridad o la unidad. que dicen nacional..."; "Mienten quienes digan que Andaluc?a r?e. La risa de Andaluc?a es la mueca del genio que tuvo y tiene por fondo un optimismo creador, una santa alegr?a de vivir, caricaturizado hoy por una larga tragedia de miseria y sufrimiento..."; "arriba los corazones! No emigr?is. Combatid! La tierra de Andaluc?a es vuestra... Vuestra redenci6n es la de la patria nuestra. Organizaos al requerimiento de nuestra voz. No os constituy?is en banda desordenada. sino en ej?rcito regular". (En Cuatro Textos Pol?ticos (1883-1933). pp. 77; 80-81; 93 y 94-95. Instituto de Desarrollo Regional, Universidad de Granada, 1979).

8. B. I.: La verdad..., pp.43-54.

9. S. I.: Id.

10. B. I.: Id, p. 33.

11. B. I.: Id, pp.19-22.

12:g:I.:ld., p. 34. Infante califica al Gobierno Provisional de "antirrevolucionario? (p; 17) y llama a sus miembros "mon?rquicos sin monarca" (p. 32), criticando durisimamente la actuaci?n de estos y de otras personalidades de sus partidos.

Los m?s afectados son Maura "el joven", Alcal? Zamora -que no le merece simpat?a alguna-, Besteiro, Lerroux, Mat?nez Barrio, Prieto y Largo Caballero -este por su Ley de T?rminos, que imped?a a los jornaleros de un pueblo trabajar libremente en las explotaciones agr?colas situadas en otros t?rminos municipales distinto al suyo; lo que Infante analizaba como generador de insolidaridades y potencial hostilidad entre los obreros de pueblos vecinos--. S?lo salva expl?citamente al ministro de la Guerra, Manuel Aza?a.

Su mayor cr?tica al conjunto del Gobierno es la de confundir interesadamente prudencia con indecisi?n y legalidad formal con Derecho y Justicia. El resultado de ello fue la pronta frustraci?n de las esperanzas populares depositadas en la Rep?blica; por eso Infante acusa directamente al Gobierno de estar "elaborando los elementos de una guerra civil" (pp. 1O1 y ss.). Desgraciadamente. la premonici?n se mostr? verdadera cinco a?os m?s tarde.

13. Palabras en el mitin de Gauc?n, en 1918. (Recogidas en el libro de Antonio MU?OZ GONZALEZ: La casa de la alegr?a Ed. Alfar, Sevilla, 1986.

14. B. I.: La verdad..., p. 43 y Manuscritos in?ditos (en A Mu?oz: o.c.). .

Y en una Carta Andalucista, de 1935, a?ad?a: "Por esto dicen -que yo no sirvo para pol?tico; no obstante que pol?tico verdadero es aquel quien, sin ?nimo profesional, interviene en la cosa p?blica, procurando con su esfuerzo desinteresado una lucha por su conservaci?n o mejoramiento".15 Si no estuvieran fechadas las frases y desconoci?ramos su autor, ?estar?amos muy descaminados si pens?ramos que podr?an referirse a nuestro hoy, a nuestra situaci?n actual de quiebra m?ltiple del sistema de representaci?n pol?tica?

Descarnadamente, utiliza Infante los conceptos antropol?gicos, muy vigentes en su ?poca, de "mana",
"mentalidad prel?gica", o "magia homeop?tica", para zaherir a los pol?ticos profesionales que sacralizan o satanizan palabras -en su tiempo, pero no s?lo en ?l, Revoluci?n, Justicia, Democracia, Clase Obrera, Nacionalismo, Libertad, Rep?blica. ..-, o mandan fusilar casas a ca?onazos, como hab?a ocurrido con la famosa taberna Casa Cornelio, centro de anarcosindicalistas en el sevillano barrio de la Macarena, con la misma mentalidad "prel?gica", nos dice, por la que nuestros ancestros del Paleol?tico dibujaban bisontes asaetados en las cuevas o formulaban conjuros: con la consideraci?n de que la representaci?n o el nombre de un animal, o de una persona, o de una idea, equivalen efectivamente al animal, la persona o la idea y que, por ello, lo que se haga sobre aquellos va a surtir efectos en la propia realidad. Seg?n este "realismo primitivista prel?gico -a?ade- basta pronunciar nombres y f?rmulas para transformar las cosas y las conciencias".'16 Si en pol?ticos con esa mentalidad estaba la toma de decisiones en su tiempo, ?han cambiado respecto a este mucho las cosas en el nuestro? ?O no es verdad que hoy, en el interior de los partidos, en los slogans de campa?as electoreras, frente a los medios de comunicaci?n, o ante la clientela pol?tica que se considera propia, con hablar, o afirmarse, "socialista", "unitario", "andalucistas? "de progreso, socialdem?cratas, liberal motores del cambio, amantes de la ciudad, ?revolucionario?, o cualquIer otra cosa, ya se da por supuesto la realidad que enuncia la palabra, como si fuese esta la que creara la realidad misma?

Me interesa sobremanera subrayar una caracter?stica, ya aludida, de la parte fundamental de la obra de Blas Infante, que surge con claridad si logramos separar, en sus textos, lo nuclear de 10 accesorio y 10 sustantivo de lo m?s directamente deudor de los condicionamientos de su ?poca y contexto y de las formas del lenguaje y el estilo de su momento hist?rico: su modernidad y, por ello, la vigencia de sus m?s importantes planteamientos te?ricos. Si esto es as? -y estoy tan convencido de ello como de que muchos de quienes invocan, tambi?n con mentalidad "prel?gica", el nombre del Padre de la Patria Andaluza desconocen lo fundamental de su pensamiento-, su figura no s?lo deber?a ser un s?mbolo compartido por todos los andaluces sino tambi?n una gu?a pol?tica para conseguir esa liberaci?n o restauraci?n de Andaluc?a por la que ?l muri? hace ya casi sesenta a?os.

Muchos ejemplos podr?a aportar para respaldar esta afirmaci?n, pero no es ahora la ocasi?n, ni tengo hoy el tiempo suficiente para hacerlo. Me concretar?, por ello, a uno solo, que entiendo fundamental, por significativo, tanto a nivel te?rico como en sus implicaciones pol?ticas pr?cticas, y porque se viene prestando a mal interpretaciones cuando no a burda manipulaci?n. Me refiero a su concepto de "nacionalismo internacionalista", que a veces incluso domina con la expresi?n -aparentemente un total contrasentido- de "nacionalismo antinacionalista" , aplicado al tipo de nacionalismo que ?l considera ?nico adecuado para Andaluc?a y que deja bien claro que en nada se parece a los dem?s nacionalismos existentes en la pen?nsula.

En su obra inconclusa Fundamentos de Andaluc?a, escrita entre finales de los a?os 20 y 1936, pero que desgraciadamente no lleg? a publicarse hasta 1984, 17 Infante contrapuso, o mejor ser?a decir sobrepuso, lo que ?l llam? Principio de las Culturas al denominado Principio de las Nacionalidades, que era el ?nico vigente y aceptado en el Derecho Pol?tico tanto en su ?poca como aun hoy, El Principio de las Nacionalidades parte de la premisa, acu?ada durante el siglo XIX, de que " a cada Naci?n corresponde un Estado"" O, con otras palabras, que toda Naci?n posee, sin que ninguna instancia pueda neg?rselo, pleno Derecho a la Autodeterminaci?n. Infante reconoce este principio y este Derecho, pero a?ade que afirmarlo en abstracto no resuelve el problema de cuales sean los sujetos de derecho concretables, ni sustrae de muy graves riesgos,: En la pr?ctica, se?ala, su utilizaci?n tras la Gran Guerra (la que hoy llamamos Primera Guerra Mundial) hab?a servido, parad?jicamente, para legitimar las conquistas b?licas y consolidar o destruir; estados seg?n la conveniencia de los vencedores, sin atender a la realidad de los pueblos-naciones, En palabras del propio Infante:? "La naci?n se define, ante todo, seg?n el Principio de las Nacionalidades, por la existencia hist?rica de un Estado, y la naci?n es" ante todo, un ente pol?tico. Por consiguiente el Estado propio es su due?o absoluto. Los dem?s estados respetan a todo trance este principio, en el cual aperciben el fundamento de su propia absoluta consagraci?n. Fingen creer que cada naci?n elige su propio estado y siguen la ley de abstenci?n absoluta, de no intervenci?n: en los asuntos internos de cada pa?s. Yesos asuntos interiores suelen provenir nada menos que de la existencia en un Estado de, pueblos diferentes que aspiran a un estado propio ya los cuales se) esclaviza, apoy?ndose en aquella moral del laissez faire a cada Estado dentro de su propio territorio, que rige las relaciones diplom?ticas, esto es la Sociedad no de las naciones sino de los estados entre s?",18. Lo que constata Blas Infante, con gran perspicacia, es que, en contraste con el derecho que en abstracto se pretende garantizar, que es que cada naci?n tenga la posibilidad de ser libre y de crear su propio estado, el Principio de las Nacionalidades, en su materializaci?n pr?ctica, ha llevado a que cada Estado existente se considere con el derecho a definirse como naci?n, lo sea o no realmente, vetando, incluso por la violencia, a los verdaderos pueblos-naciones que existen en su interior el reconocimiento i como tales y los derechos que esto conlleva, con la aquiescencia y la ? no intervenci?n exterior de los dem?s Estados, interesados en apuntalarse mutuamente para garantizar el status quo que favorece a todos ellos. El resultado, pues, es el contrar?o al pretendido, porque, realmente, en la pr?ctica, con cada Estado el Principio de las Nacionalidades crea una naci6n".19

Como puede f?cilmente comprobarse hoy, aunque ello no sea lo que acepten la mayor?a de los pol?ticos y de los medios de informaci?n de masas, es la autoafirmaci?n de los Estados como nacionales lo que est? en la base de los m?ltiples etnocidios y genocidio que siguen siendo perpetrados, en todos los continentes en no nombre de la supuesta?unidad nacional" de los Estados. Y es que, en la pr?ctica, el principio de las Nacionalidades funciona como ?principio de las Estatalidades", y ello incluso cuando lo enarbolan los movimientos de liberaci?n nacional que tienen como objetivo la creaci?n de un nuevo Estado como los otros. 20

Es el radical antiestatalismo y anticentralismo de Blas Infante, la evidencia de la utilizaci?n perversa del principio de las Nacionalidades, y en modo alguno un supuesto antinacionalismo te?rico o que el no defendiese que Andaluc?a sea una naci?n, lo que est? en la base d: su resistencia, e incluso de lo que llega en alguna ocasi?n a denominar "repugnancia invencible", a la utilizaci?n del t?rmino naci?n y del calificativo nacionalista" Ello adem?s resultar?a premonitorio, ya que fueron precisamente los que se autodenominaron as? en la guerra civil quienes habr?an de asesinarle. Esta resistencia ha venido siendo la base de una mixtificaci?n manipuladora de su teor?a pol?tica por parte, sobre todo, de sectores conservadores pero tambi?n desde la izquierda estatalista. Unos y otros act?an, adem?s, como si la ?nica obra del Padre de la Patria Andaluza fuera Ideal Andaluz, su libro de juventud, y este no hubiese vivido, escrito y actuado durante m?s de veinte a?os. Conviene recordad que, muy pocos a?os despu?s de escribir la obra citada. Infante, Infante, en el Manifiesto de creaci?n de los Centros Andaluces (1917), en la Asamblea de Ronda (1918) y en la Asamblea de C?rdoba (1919) , realiza repetidamente afirmaciones como las siguientes: "La personalidad de Andaluc?a se destaca hoy m?s poderosamente que ninguna otra nacionalidad hisp?nica..."; "Andaluc?a es una nacionalidad porque la Naturaleza y la Historia hicieron de ella una distinci?n en el territorio hispano..., y porque una com?n necesidad invita a todos sus hijos a luchar juntos por una com?n redenci?n"; "Andaluc?a es una realidad nacional, una patria viva en nuestras conciencias".21 y que declara su voluntad de hacer efectiva la prescripci?n del art?culo primero de la llamada Constituci?n Andaluza de Antequera, de 1883, de hacer de Andaluc?a "una Democracia Soberana y Aut?noma", a partir de cuya consecuci?n es como habr?a que plantearse pactar una "federaci?n espa?ola" o incluso una "Federaci?n de las nacionalidades de Iberia", donde se incluir?a Portugal.22

S?lo como una "federaci?n de nacionalidades" (realmente, es una estructura confederal que reflejar?a sus planteamientos) Blas Infante se plantea la "futura creaci?n" de una entidad "Espa?a" o "Iberia"; que en ning?n modo ser?a la continuidad del Estado Espa?ol existente, "forma unitaria engendrada por medios tan artificiosos como las combinaciones din?sticas, representada por un estado centralista, el cual s?lo en el apoyo de tradiciones ya desautorizadas funda su autoridad y tiene su asiento".23 Es esta Espa?a, "la Espa?a del "Tanto-Monta", la avaricia y la fals?a -Fernando-, o la intolerancia y la crueldad -Isabel-; la Espa?a austriaca, continuada por los borbones y apuntalada por la restauraci?n, la que agoniza ya pr?xima al acabamiento".24 La posici?n rotunda de Infante a este respecto, junto con su no menos rotunda postura sobre el problema agrario -resultado tanto de su sensibilidad personal ante el problema jornalero como, sobre todo, de su colaboraci?n de casi veinte a?os con Pascual Carri?n, que fue mucho m?s importante, en definitiva, que su acercamiento primero al Georgismo fisi?crata- provocaron el total y pronto distanciamiento de los regionalistas conservadores, consumada ya antes de terminar la segunda d?cada del siglo.

En cualquier caso, Infante nos aclarar?a perfectamente, en algunos de sus escritos de madurez, el por qu? de su desconfianza ante los t?rminos naci?n y nacionalista: el uso de la palabra naci?n, nos dice, es casi siempre "un mero pretexto o justificaci?n del Estado", una "justificaci?n para la rapacidad de este", una excusa para realizar ?salvajes exclusiones". De aqu? que subraye que su nacionalismo andaluz es "un nacionalismo internacionalista, universalista, lo contrario de todos aquellos nacionalismos inspirados por el Principio Europeo de las Nacionalidades. M?s claro, se trata de una paradoja: los nacionalistas andaluces venimos a defender un nacionalismo antinacionalista. .., no exclusivista. .., no proteccionista en lo econ?mico... basado en el libre cambio... y en cuyo Estatuto habr?a de leerse " en Andaluc?a no hay extranjeros. .."25 ?No apreciamos aqu? muchas ideas y planteamientos no s?lo justos para su tiempo sino plenamente vigentes para ser defendidos y desarrollados hoy?.

El supuesto antinacionalismo, formal, de Infante es, en realidad, antiestatalismo, duro y rotundo, que le conecta con los planteamientos marxistas y libertarios -m?s a?n con estos que con aqueIlos - al ser, para ?l, siempre el Estado, por naturaleza, un "instrumento de opresi?n" por parte de los intereses, grupos e individuos " que personifica el Estado.26 Para tratar de superar las consecuencias del modelo de los supuestos Estados "nacionales" existentes Infante aporta el que llama Principio de las Culturas, el cual tiene como premisa: "a cada cultura, un pueblo". Un concepto de base antropol?gica, el de cultura de un pueblo -hoy hablar?amos tambi?n de identidad cultural y de etnicidad- es antepuesto por como elemento clave para resolver el problema de la determinaci?n de la existencia de pueblos-naciones. En sus propias palabras: "Dos hechos, conjuntos o separados entre s?, entra?an la virtualidad determinante de la existencia de un pueblo. 1? La voluntad actual de un grupo humano, sea o no continuaci?n de una expresa voluntad pret?rita, que quiere erigir a ese grupo en pueblo libre, para poder dirigir, particular o independientemente, su distinto desarrollo cultural. 2? La existencia de un grupo humano, asentado en un territorio, que haya sido, o sea, foco originario de un distinto desarrollo cultural" 27 Confieso que cuando le? hace diez a?os estos planteamientos -antes nos fue imposible a todos, salvo a los que integraron con ?l las Juntas Liberalistas-, comprob?, confieso que con emoci?n, que coincid?an casi exactamente con los conceptos de "naci?n pol?tica", el primero de los postulados, y con los de "etnicidad objetiva' "naci?n cultural", el segundo; conceptos estos que ven?amos utilizando, con referencia a Andaluc?a, junto con un peque?o equipo de antrop?logos, desde finales (de los a?os 70, y que ahora ve?a expresados en su contenido fundamental, aunque l?gicamente sin esas denominaciones, que son m?s espec?ficas del vocabulario de la Antropolog?a, nada menos que 50 a?os antes por Blas Infante, en una casi incre?ble anticipaci?n a su tiempo.28 Pocas cosas similares, en cuanto a no escol?stico, no esencialista y m?s l?cido conozco en el conjunto de la bibliograf?a pol?tica o antropol?gica hasta muy recientemente.

Blas Infante nos subraya que es en la especificidad cultural, hist?ricamente desarrollada -en lo que llamar?amos hoy etnicidad-, "que no se mata tan f?cilmente" aunque los individuos que vivan esa cultura diferenciada puedan incluso ser conscientes, en determinados momentos, de la existencia de esta, y/o en la voluntad "de vivir por si", en "la voluntad de ser, cuya existencia no es incompatible con una d?bil expresi?n actual?,29 donde est?n las bases verdaderas para la consideraci?n de una colectividad humana como pueblo y para la afirmaci?n del derecho de este a la libertad mediante la autodeterminaci?n ?l usa una expresi?n de la ?poca, "autarqu?a nacional"-, incluido el derecho a dotarse de un estado pol?tico propio; del cual se?ala, sin embargo los peligros que entra?a.30 Para que este estado no sea, como afirma siempre Infante lo son todos los estados pol?ticos actuales, opresor y falsamente representante de la sociedad, el estado de un "pueblo cultural" tendr?a que ser un estado de nuevo tipo, un "Estado Cultural?, que fuera un "instrumento de pr?ctica interior" de aquel y no su mandatario.31

Infante es consciente de que este nuevo tipo de Estado no existe como posibilidad inmediata y afirma, adem?s, que tampoco responder?a a ese modelo ning?n superestado pol?tico. Por esta raz?n, y durante el tr?nsito, Infante se erige en partidario de impulsar "sociedades humanistas e interculturales, independientes de los estados? -hoy dir?amos "organizaciones no gubernamentales"-, se?al?ndonos que no era precisamente un ejemplo de ellas la mal llamada Sociedad de Naciones (realmente de Estados, cuya sucesora ser?a la actual ONU) sino organizaciones como la Liga Internacional de los Derechos del Hombre.32

Y nos afirma, en una muestra de saber antropol?gico y de utilizaci?n adecuada del relativismo cultural que hoy nos resulta sorprendente, que si una cultura determina a un pueblo y este expresa una cultura, no existen culturas superiores o inferiores, ni pueblos mayores ni menores de edad, ni naciones progenitoras ni filiales, madres o hijas. "Todo eso estar? muy bien -nos dice ir?nica y contundentemente- para ditirambos que hagan dulce la digesti?n de los banquetes pol?ticos, pero no es verdad: es mentira".33 Al insistir en que los pueblos no son entes primordialmente pol?ticos sino que la base de su existencia es cultural, nos subraya c?mo las relaciones entre los diferentes pueblos ser?an pac?ficas, de convivencia y tolerancia, si pudieran darse plenamente al margen de las estructuras estatales. Como los Estados "son instrumento de la dictadura m?s o menos encubierta de una clase o de una casta",34 son estos "los que siembran la semilla de rencores de la que los pueblos recogen la cosecha. .., emborrach?ndose de historia guerrera no elaborada por ellos sino por los Estados".35 Como antrop?logo, mis conclusiones son muy coincidentes: en contra del t?pico mil veces repetido, no son las diferencias culturales -las diferencias en historia, lengua, religi?n, instituciones y costumbres-, ni la existencia de etnicidades diversas, ni la afirmaci?n de la identidad propia de cada pueblo-naci?n y de los Derechos que esta conlleva, lo que est? en la base de la violencia y el genocidio que muchos llaman, inadecuadamente, ?tnico. Dicha base est? en la naturaleza de los estados, en los intereses que cada Estado defiende por la coacci?n y la violencia, directa o indirecta, f?sica, legal o ideol?gica. y esto es v?lido tanto para el caso de los estados existentes, en cuyo origen se encuentra casi indefectiblemente la violencia, como de los que se pretende crear tambi?n violentamente.36.

Como nos dice Infante, Andaluc?a puede fundamentarse perfectamente tanto desde las bases del Principio de las Nacionalidades como desde las del Principio de las Culturas. Si tuvi?ramos que atenernos al primero -escribe- "O Andaluc?a era Naci?n o Regi?n ..., o nada era. El dilema que plantea el malhadado Principio es terminante: o naci6n o elemento integrante de una naci?n. El ser referido a los pueblos, es la naci6n. Si acaso, deja margen para un sub-ser a una entidad secundarla que se denomina regi?n".37 Ante este dilema, la afirmaci?n de Infante es rotunda: "seg?n el Principio de las Nacionalidades, Andaluc?a es una Naci?n.38 Y ello, en base a los criterios antropol?gico-f?sico, etnogr?fico ( o antropol?gico-cultural), psicol?gico, filol?gico y otros. Como escribe expl?citamente, "tuvimos que invertir alg?n tiempo en demostrar a los andaluces lo que hasta los extranjeros sab?an y saben de un modo evidente, esto es, que Andaluc?a no es Castilla".39 pero como el Principio de las Nacionalidades, al ser "pol?tico, particular, excluyente" tiende a engendrar "nacionalismos est?pidos, patrioteros y chauvinistas", nacionalismos -es decir, estatalismos agresivos, "nosotros elaboramos otro criterio m?s seguro,'principalmente humano: "a cada pueblo su cultura", universalista, convergente, de mayor suficiencia cient?fica para el discernimiento de las nacionalidades populares y, por consiguiente, de las autarqu?as, el cual vinimos a usar para fundamentar te6ricamente a Andaluc?a...: el Principio de las Culturas".40 "Andaluc?a es -afirma Infante- un pueblo cultural" y su fundamentaci?n sobre este Principio "es tan s?lido que acaso ning?n pueblo del mundo pueda llegar a asentarse sobre ?l con m?s firmeza y con m?s derecho".41 Afirmaci?n rotunda que respalda con razones y argumentos que, sin duda, es preciso actualizar para utilizar los conocimientos acumulaos en los sesenta a?os tras su muerte, pero que todos nuestros ni?os deber?an aprender en las escuelas y nuestros intelectuales desarrollar cr?tica y creativamente o, cuando menos, aceptar discutirlas con seriedad.42

Notas:

15. Carta Andalucista de Septiembre de 1935 (en M. Ruiz Lagos: o.c., p. 176). &tas palabras y su propio testimonio personal, incluso present?ndose por diversos motivos a varias Elecciones, refleja que Infante no era en modo alguno remiso a la participaci?n pol?tica en la vida p?blica. Lo que ocurre es que, en las condiciones en que se daba esta, se muestra l?cidamente esc?ptico en cuanto a los logros posibles, al estar pr?cticamente monopolizada por "los pol?ticos al USO", quienes "no sirven m?s que para atender y satisfacer intereses partidistas coincidentes o muy pr?ximos con los intereses de la despensa o de la propia vanidad. A esto dicen ellos pr?ctica pol?tica o pol?tica pr?ctica" .Por esto, cree necesario "abrir camino a una transformaci?n del concepto de pol?tica" (pp. 176-7). estimo que estas consideraciones de Infante son plenamente aplicables a nuestro hoy.

16. B. I.: La verdad..., pp. 29-31.

17. B. I.: Fundamentos de Andaluc?a. Trascripci?n del manuscrito in?dito, edici?n y estudio de Manuel Ruiz Lagos. Fundaci?n Blas Infante, Sevilla, 1984. r:

18. B.I.: Id., p.189. ,

19.
20. En diversos trabajos hemos analizado la relaci?n entre los conceptos de Naci?n y Estado, yel tema de la llamada violencia ?tnica, consider?ndola realmente como violencia estatalista. V?anse mis trabajos m?s recientes: "La falacia de los estados nacionales: etnias, clases, naciones y estados en Am?rica Latina y Espa?a. Una consideraci?n desde la Antropolog?a Pol?tica con ocasi?n del V Centenario de 1492", en R. Sanmart?n (Coord.): Antropolog?a sin fronteras. Ensayos en honor a Cannelo Lis?n, pp. 185-199. C.I.S., Madrid, 1994; "?Violencia ?tnica o violencia de estado? Nacionalismos estatalistas, etnonacionalismos y minor?a ?tnicas", en J . A. Fern?ndez de Rota (Ed.), Etnicidad y Violencia, pp. 137-156. Universidade da Coru?a, 1994, y "Ernicidades, Estados, Migraciones y Violencia: el car?cter obsoleto del modelo de Estado-Naci?n", en Martha Judith S?nchez (Ed.): Diversidad ?tnica y conflicto en Am?rica Latina, vol. III. M?xico, 1995.

21. En Cuatro Textos... (o.c.), p.83.

22. En Id.: p. 86. Tambi?n en Fundamentos. ..(o.c.), p. 44, entre otros lugares.

23. En Fundamentos... (o.c.), p. 104.

24. Id.: p. 135.

25; En La Verdad... (o.c.), p. 69.

26. El alineamiento de Infante con las teor?as que consideran que todo estado es, por naturaleza, opresor, y no un ?rbitro neutral ni la representaci?n de un supuesto bien com?n, lo alejan totalmente del pensamiento liberal e hicieron apartarse de su entorno a cuantos ten?an una ideolog?a conservadora. En Fundamentos...(o.c.), p. 173, podemos leer: "Militares, banqueros, diplom?ticos, reyes, colonialistas, antisocialistas, industriales, visiones y celos de estadistas, ?son estos el pueblo? Estos son los individuos que personifican el Estado".

27. En Fundamentos...(o.c.), p. 150.

28. Entre otros trabajos, pueden verse I. Moreno: "Rechazo de la dependencia y afirmaci?n de la identidad: las bases del nacionalismo andaluz", en VV.AA.: Sociocultura y Educaci?n. Primeras Jornadas de Estudios Socioecon?micos de las Comunidades Aut?nomas, pp. 87-106. Junta de Andaluc?a-Umvers1dad de Sevilla, " 1981; "Ernicidad y nacionalismo en Andaluc?a" , en 11 Congreso de Antropologia, i Madrid, 1981; "Reforma Agraria e identidad andaluza" , en Naci?n Andaluza, n?m 2-3, pp. 91-96. Granada, 1984; "Etnicidad, conciencia de etnicidad y movimientos nacionalistas: aproximaci?n al caso andaluz", en Revista de Estudios Andaluces, n.a5, pp. 13-38. Universidad de Sevilla, 1985; "La identidad andaluza: pasado y presente", en VV.AA.: Andaluc?a, 253-285. Editoriales Andaluzas Unidas, Sevilla, 1985; "Los intereses de estado (espa?ol) y la desactivaci?n de la toma de conciencia nacional andaluza. Del primer postfranquismo al psocialismo institucional", en Naci?n Andaluza, n?m. 6-7, pp. 101-121. Sevilla, 1986; "Etnicidad", en R. Reyes (ed.): Terminolog?a cient?fico-social. Aproximaci?n critica, pp. 385-388. Ed. Anthropos, Barcelona, 1988; "Identidades y Rituales. Estudio Introductorio", en Prat, Mart?nez, Contreras y Moreno: Antropolog?a de los Pueblos de Espa?a, pp. 601-636. Taurus, Madrid, 1991; "La identidad andaluza y el Estado Espa?ol", en R. Avila yT. Calvo (Comp.): Identidades, Nacionalismos y Regiones, pp. 73-109. Universidades de Guadalara y Complutense, M?xico, 1993, y Andaluc?a: Identidad y Cultura. {Estudios de Antropolog?a Andaluza). Ed. Librer?a Agora, M?laga, 1993.

29. En Fundamentos...(o.c.), pp. 157 y 194ss.

30. Id., p. 187.

31. Id., pp. 182ss

32. Id., pp. 186-7.

33. Id., pp. 152-4.

34. Carta Andalucista de 1 de Enero de 1936, en]. A Lacomba, o.c. 1985, p. 118.

35. En Fundamentos...(o.c.), p. 190.

36. V?anse los trabajos del autor citados en la nota 20

37. En Fundamentos...(o.c.), p. 132.

38. Id., p. 133.

39. Id., p. 146.

40. Id., p. 149.

41. Id., p. 191.

42. Con respecto a esto ?ltimo, resultan, sin embargo, desgraciadamente vigentes, en gran medida, las palabras contenidas en el Manifiesto de C?rdoba cuando Infante hace su llamamiento a todos los andaluces para "unirse por el ideal de una Andaluc?a grande y redimida". Tras advertir a las "clases acomodadas": "Si no os apresur?is a hacer justicia, llegar? el d?a luctuoso en que se liberar?n.

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Publicado por NASOINAN @ 17:02  | Biblioteca
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