Domingo, 18 de noviembre de 2007
Y Segunda Parte

Si conoci?ramos bien su obra, ?podr?a alguien acusar al nacionalismo andaluz de exclusivista o excluyente, o de defensor de intereses dominantes o mezquinos? Claro que me estoy refiriendo al nacionalismo andaluz que construy? te?ricamente y defendi? Blas Infante, el cual, para desgracia nuestra, apenas si ha existido nunca vertebrado pol?ticamente ni lo est? ahora, aunque esta afirmaci?n, que creo totalmente justa y necesaria de hacer, a pesar de su gravedad, pueda molestar 0 no ser bien entendida por algunos.



Basta con leer con cierto detenimiento a nuestro notario nacido en Casares, estudiante en Archidona y Granada, y profesional en Cantillana, Isla Cristina y Coria del R?o, para convencernos de la incre?ble modernidad -debo insistir en ello- de la parte fundamental de su pensamiento y para comprobar su apuesta total, que pag? con la vida, contra el imperialismo -que ya anunciaba se disfrazar?a, como ocurre hoy, de falso universalismo-,43 contra el asimilismo y la homogeneizaci?n cultural forzada, contra el esencialismo, contra el determinismo geogr?fico e hist?rico, contra los estatalismos disfrazados de nacionalismo, contra la intolerancia y la xenofobia, y por la libertad de los pueblos y las personas sin distinci?n de raza, sexo, religi?n y costumbres.44 Por eso hoy sigue estando vigente su apuesta de futuro: un futuro ut?pico pero no por ello menos necesario, en el cual la cultura, es decir, la forma de la existencia material y espiritual propia e cada pueblo, y o la pol?tica, entenderla, tal como lo era en su tiempo y lo sigue siendo hoy, como escenario de lucha por el poder, sea el principio director en la vida de los pueblos y las personas.

Desde estos planteamientos de Blas Infante, considero -aqu? congregados por su recuerdo- que debe ser nuestro compromiso no s?lo reivindicar su memoria sino tambi?n acometer la tarea de dar a conocer a los andaluces su pensamiento, silenciado, menospreciado e incluso manipulado, de hecho, y desarrollarlo aplic?ndolo al an?lisis ya la acci?n pol?tica en la Andaluc?a de hoy. Que es una Andaluc?a desvertebrada socialmente, la cual, si bien ya no responde a la terrible polarizaci?n dualista de clases que la caracterizaba en las primeras d?cadas del siglo y hasta no hace mucho tiempo, se est? acercando a pasos agigantados al tipo de triste sociedad moderna de los "tres tercios", poco percibida y apenas analizada todav?a, pero ya real. Compuesta por un primer tercio, el de los instalados, aquellos que participan, de forma holgada o m?s estrecha pero permanente y directa, en el sistema productivo, pol?tico y cultural, aunque pertenezcan a clases diferentes y en conflicto -un conflicto cada vez m?s virtual que real salvo si peligra la permanencia en este bloque-;45 un segundo, el de los marginados del sistema, crecientes en n?mero, excluidos, imposibilitados o incapaces, en la pr?ctica, para acceder a los bienes y servicios de todo tipo, desde el empleo a la salud o la formaci?n, y por ello crecientemente desintegrados de todos los ?mbitos de nuestra sociedad;46 y un tercero, intermedio, el de los precarios, cambiante en su composici?n y tama?o, sin fronteras claras hacia arriba y algo m?s n?tida hacia abajo, compuesto por quienes viven en permanente situaci?n de precariedad m?s o menos inestable, en gran medida subsidiados, subempleados o sobre explotados en la econom?a sumergida, siempre temiendo caer al tercer tercio y aspirando ascender al primero, a veces por cualquier medio.47 Es en esta estructura social, y no en la de otros tiempos, en la que ya actualmente vivimos, aunque ello sea ignorado, o apenas percibido, por los partidos pol?ticos y a?n menos por los sindicatos y otras instituciones y organizaciones. Es en este contexto en el que deber?amos actualizar y aplicar, desarroll?ndolos y complement?ndolos, los planteamientos del nacionalismo liberador de Blas Infante.

Andaluc?a es, tambi?n, hoy una sociedad que retrocede en la mayor?a de los aspectos de su vertebraci?n territorial; en algunas de cuyas comarcas se han concentrado, incluso excesivamente, la poblaci?n y los recursos, mientras muchas otras se desertizan de personas y posibilidades; un pa?s donde hay que arrancar vi?as y reducir producciones por mandato de Bruselas y donde pasan sed los olivos, no se puede sembrar el arroz y hay fuertes restricciones de agua para millones de personas, mientras el AVE corre a 250 km. por hora o se gastaron cientos de miles de millones est?riles frente a Sevilla, en la "Expo 92", por intereses de imagen del nacionalismo de estado ya mayor gloria y vanidad del partido gobernante.48



Andaluc?a es, asimismo, en gran medida, una sociedad ac?fala, con tremenda escasez de dirigentes sociales y pol?ticos, porque, salvo unas pocas y, por ello, meritorias excepciones, la mayor parte de quienes encabezan sus instituciones y organizaciones -desde muchas de las instancias y organizaciones pol?ticas a los clubs de f?tbol m?s hist?ricos y populares, pasando por las empresas y organizaciones empresariales, los sindicatos y muchas asociaciones de todo tipo- no pasan de ser mediocridades de escasa formaci?n y m?s escasa a?n creatividad y dotes de an?lisis y direcci?n. Incluso, en no pocos casos, parecer?a que la principal cualidad pedida para ocupar cargos de cualquier tipo sea la de saber encaramarse a la cuca?a del poder dentro de cada organizaci?n y mantenerse luego en ?l, crey?ndose napoleones en su loseta y sin aceptar posibilidades de errar ni cr?ticas ante las equivocaciones.

Situaci?n esta ala que no escapan los sectores profesionales e intelectuales, porque sus componentes, en su gran mayor?a, o viven inmersos de forma casi exclusiva en sus propios asuntos, buscando ag?nicamente el ?xito social y/o econ?mico, o tienen la mirada puesta en Madrid, o en Bruselas, o en cualquier parte salvo en las realidades de Andaluc?a, muchas veces con la burda coartada de autodefinirse "ciudadanos del mundo".

As?, desvertebrada social y territorialmente Andaluc?a, casi carentes de pensadores yode dirigentes de la acci?n pol?tica y social, vivimos hoy la inmensa mayor?a de los andaluces agachando d?cilmente la cabeza, o, cuando m?s, expresando s?lo en alg?n gesto individual o pasajero nuestra incomodidad, ante las decisiones for?neas que se toman sobre nosotros. y aceptamos, cada d?a con m?s naturalidad, entre otras muchas cosas, el papel que se est? adjudicando a Andaluc?a de frontera bunkerizada de la ahora llamada Uni?n Europea, y nuestra funci?n de patio trasero para las vacaciones baratas de los europeos o de barrio l?dico de la Corte: el mejor lugar para celebraciones y fastos en los que est?n garantizados, adem?s gratis, los palmeros.

Es esta una Andaluc?a donde una pol?tica perversa ha llegado a prostituir, y casi a destruir, la cultura del trabajo de nuestros jornaleros -los fellah mengu, los campesinos ocultos, los "m?s andaluces entre los andaluces" de Infante-, mientras se desmantela o sume en profunda crisis su industria -de Santana a Gillette, de Puleva o Cervezas Alhambra a Interhorce, Hytasa o Astilleros-, se va a pique su sector pesquero y se pone su agricultura a los pies de los intereses de los grandes monopolios comerciales que controlan el mercado europeo.

Es esta una Andaluc?a donde, desgraciadamente, no es cierto que nadie sea tratado como extranjero, porque aumentan la xenofobia contra los magreb?es y otros inmigrantes y los brotes racistas contra la comunidad gitana, y en la que parece, adem?s, haberse condenado al olvido a ese mill?n y medio de andaluces que tuvieron que dejar nuestra tierra, y siguen viviendo fuera de ella, porque se les negaba aqu? el pan y la justicia, los cuales, aun teniendo reconocido expresamente en el propio Estatuto de Autonom?a su derecho a que les sea reconocida su identidad andaluza, est?n siendo cada vez m?s marginados y desatendidos.49
Uno de ellos, carne de la carne de Blas Infante, y de nombre como su nombre, acaba de morir hace pocas semanas a miles de kil?metros del sol de nuestra tierra. Descanse en paz, como tantos otros... (?No ser?a justo, me pregunto, que en el proyectado monumento al Padre de la Patria Andaluza, junto al s?mbolo de cada una de las ocho provincias, figurase el de la "novena", la de los andaluces emigrantes?).

En una Andaluc?a que tiene ya Parlamento, Consejo de Gobierno y Tribunal Superior de Justicia, yen cuyo Estatuto se reconoce, en el art?culo primero, su identidad hist?rica y su car?cter de nacionalidad, es mucho m?s lacerante y amarga -para utilizar palabras repetidamente usadas por Blas Infante- una situaci?n como la presente. Pero, ?qu? podemos esperar de un gobierno aut?nomo que incluso reh?sa a defender que el Guadalquivir es un r?o andaluz, a efectos de decidir la pol?tica hidr?ulica? ?y qu? de unos partidos parlamentarios que son incapaces de aprobar siquiera el presupuesto de la Comunidad Aut?noma, sacrificando los intereses generales, por importante que estos sean, a la consecuci?n de ventajas pol?ticas y titulares de prensa y al incremento de las expectativas de voto en su particular pulso electorero para conseguir mayores cotas de poder, sobre todo en Madrid?

Al igual que hac?a Blas Infante con los pol?ticos profesionales de su ?poca, haremos bien en desconfiar de ellos, sobre todo de sus palabras, y deber?amos trabajar, como aquel, preferentemente en otra direcci?n: en hacer al pueblo andaluz consciente de cual es su identidad, de cu?les son sus derechos y de cual es su fuerza. Una fuerza que casi todos temen, porque, cuando se pone en acci?n, desborda a organizaciones y pseudodirigentes, como ocurri? el 4 de Diciembre de 1977, el 28 de Febrero de 1980 o con ocasi?n de algunas decisiones externas, no necesariamente en el ?mbito de la pol?tica, percibidas como injustas y discriminatorias contra signos de identificaci?n con nuestra tierra. Una fuerza que fructificar?a mucho m?s si las obras claves de Blas Infante, en especial las dos que considero fundamentales, La verdad sobre el complot de Tablada y el Estado Libre de Andaluc?a y Fundamentos de Andaluc?a tuvieran una reedici?n popular y barata y una adecuada distribuci?n para que se pudiese f?cilmente acceder a ellas.

El trabajo de concienciaci?n cultural y pol?tica de los andaluces y el ejercicio de la cr?tica radical -es decir, dirigida a las ra?ces de los problemas y las actitudes, y no basada en estridencias demag?gicas o en poses s?lo cara a la galer?a- sobre los contextos e intereses que mantienen en su triste situaci?n actual a Andaluc?a, es la labor central, la estrategia orientadora, para cuantos nos sintamos andaluces. y no digamos para los grupos y organizaciones que se reclamen de andalucistas e incluso de nacionalistas. ?Pero, qu? han tenido que ver, al menos hasta ahora, con los planteamientos te?ricos y con la pr?ctica pol?tica de Blas Infante -deber?amos preguntamos esas organizaciones, que son casi solamente electoreras, en el exacto sentido que aquel daba al t?rmino, m?s all? del vac?o ritualismo de invocar algunas veces su nombre en vano?.

El cuerpo te?rico del pensamiento de Blas Infante, y su propia figura, en lugar de ser hoy el gran e impetuoso r?o que fertiliza las conciencias y a una la acci?n de los andaluces y andaluzas de bien cuya aspiraci?n sea regenerar nuestra tierra, ha sido convertido en una laguna escondida, mansa y hasta con verdina, casi privatizada y desnaturalizada, para provecho del coro de las ranas que se tumban al sol junto a sus aguas y gastan en su orilla el tiempo en peque?as disputas que a casi nadie interesan.. Pero yo estoy seguro que, si no nosotros, las generaciones futuras volver?n a descubrir al Padre de la Patria Andaluza ya hacer que el manantial de sus ideas vuelva a correr por nuestros campos e impregne el coraz?n y la inteligencia de los andaluces. Esto ser?, sin duda, as?, porque, como dicen los versos de una sole?, que quienes me conocen saben me gusta especialmente repetir -? ay, qui?n supiera cantarla!-

?C?mo se pu? compar?
un charco con tina fuente:
sale el sol, se seca el charco,
y la fuente permanece!.


En el recuerdo vivo y en la reivindicaci?n de Blas Infante, de su pensamiento aplicado a nuestro hoy,' ?Viva Andaluc?a libre!
Sevilla, 9 de Agosto de 1995.


Notas:

42. Con respecto a esto ?ltimo, resultan, sin embargo, desgraciadamente vigentes, en gran medida, las palabras contenidas en el Manifiesto de C?rdoba cuando Infante hace su llamamiento a todos los andaluces para "unirse por el ideal de una Andaluc?a grande y redimida". Tras advertir a las "clases acomodadas": "Si no os apresur?is a hacer justicia, llegar? el d?a luctuoso en que se liberar?n rencores en ineluctables venganzas, a?ade, invocamos a todas las clases, principalmente a las obreras, que tienen la fuerza reformadora del poder a la orden de su voluntad; a todas menos a una pseudointelectualidad andaluza y espa?ola de esp?ritu castrado y de alma cobarde que abdic? el rango de clase dirigente y s?lo sirve para entorpecer la ideaci?n generosa y la valiente acci?n". En Cuatro Textos..., pp. 91-92. (El subrayado es nuestro).

43. En Fundamentos... (o.c.), p. 177.

44. Esta afirmaci?n no se neutraliza por el hecho de que en la obra de Blas Infante se deslicen -menos en los escritos m?s pol?ticos y en mayor grado en sus ensayos algunas ideas y palabras de tinte esencialista o porque la cr?tica hist?rica y el conocimiento cient?fico haya dejado obsoletos ciertos datos e interpretaciones. Todo pensador y todo cient?fico refleja. necesariamente los condicionamientos y limitaciones de su sociedad. adem?s de los suyos propios. pero lo importante es si, pese al transcurrir del tiempo y el avance de las ciencias el n?cleo fundamental de los planteamientos te?ricos sigue en pie y contin?a siendo aplicable con los adecuados desarrollos. al an?lisis de nuestro hoy; aunque hayan quedado superados aspectos no centrales de aquellos.

45. En este primer tercio se incluyen los sectores de la clase obrera tradicional, con puestos de trabajo estables (o percibidos como tales) y acceso real a los bienes y servicios conquistados. como derechos. al Estado durante m?s de un siglo de luchas. La situaci?n obtenida y su capacidad actual de consumo han hecho a una gran parte de los trabajadores pertenecientes a estos sectores, en buena medida, conservadores pol?ticamente. sobre todo si pueden autojustificarse votando a partidos de la izquierda tradicional (que tambi?n se hicieron conservadores y que, al igual que aquellos, contin?an reverenciando y repitiendo ritualmente algunas palabras y s?mbolos vaciados de contenido). La quiebra del "Estado del bienestar" -que entre nosotros no ha pasado de ser. realmente, m?s que del "regularestar"-. junto con el desmantelamiento de grandes empresas y el hundimiento de muchas peque?as. ha desestabilizado en los ?ltimos a?os a una parte de estos sectores arroj?ndolos al segundo tercio.

46. Este tercio "de abajo". es un heterog?neo mosaico formado por diversas .minor?as" que, en conjunto, suponen una parte cada vez m?s importante de nuestra sociedad: parados permanentes enfermos cr?nicos, discapacitados, drogadictos, delincuentes habituales, prostitutas de calle, travestidos, chabolistas y vecinos de barrios-ghettos, j?venes sin empleo ni en instituciones escolares (o en estas s?lo nominalmente). un creciente n?mero de personas de la eufem?sticamente denominada "tercera edad", miembros de minor?as ?tnicas o nacionales a los que se les ilegaliza u obstaculiza la integraci?n social y de los que se menosprecia su identidad cultural. y un n?mero tambi?n creciente de mujeres. Dentro de este abigarrado conjunto es evidente que sufrir?n de mayor marginaci?n quienes participen a la vez, de las caracter?sticas de varios de estos grupos.

47. Este tercio intermedio se est? tambi?n ensanchando. ya que. debido a la crisis, caen a ?l familias y personas que antes se encontraban. aunque no sin problemas, instalados en el primero. Tradicionalmente, ha pertenecido a ?l una gran parte de la masa de jornaleros andaluces. con trabajo s?lo eventual. bajos salarios y condiciones muy duras de existencia. precariamente corregidas hoy por la pol?tica de subsidios. Adem?s de ellos. Se incluyen ex-obreros tradicionales. ahora contratados en precario o en condiciones claramente ilegales. "auto empleados" en trabajos negros. muchos pensionistas y viudas con subsidios bajos, estudiantes sin expectativas...

48. V?anse mis trabajos "La identidad andaluza y el 92", en J. A. Lacomba (ed.): Andaluc?a y los andaluces. Propuestas para un debate, pp. 37-44. Publicaciones Universidad de M?laga, 1992. y "Am?rica y el nacionalismo de estado espa?ol del IV al V Centenarios". Revista de Estudios Regionales. n.O 34, pp. 53-78. Universidades de Andaluc?a. M?laga, 1992.

49. En el Estatuto de Autonom?a de Andaluc?a, art?culo 8.3 puede leerse: las comunidades andaluzas asentadas fuera de Andaluc?a podr?n solicitar; como tales. El reconocimiento de la identidad andaluza entendida como el derecho a colaborar y compartir la vida social y cultural del pueblo andaluz..." y en el art?culo 12.3.4? se?ala como uno de los "objetivos b?sicos "hacia los que "la Comunidad Aut?noma ejercer? sus poderes" el de "la superaci?n de las condiciones econ?micas, sociales y culturales que determinan la emigraci?n de los andaluces y. mientras esta subsista, la asistencia a los emigrados para mantener su vinculaci6n con Andaluc?a. En todo caso se crear?n las condiciones indispensables para hacer posible el retorno de los emigrantes y que estos contribuyan con su trabajo al bienestar colectivo del pueblo andaluz". Un buen estudio sobre los andaluces en la emigraci?n lo constituye el libro de Emma Mart?n D?az: La emigraci?n andaluza a Catalu?a. Identidad cultural y papel pol?tico.

Fundaci?n Blas Infante, Sevilla, 1992.

Tags: Blas Infante, Andalucía, Moriscos

Publicado por NASOINAN @ 19:08  | Biblioteca
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