Jueves, 22 de noviembre de 2007
UN REY PARA LOS MORISCOS:
?EL INFANTE DON JUAN DE GRANADA?
Valeriano S?nchez Ramos

Grupo de Investigaci?n "Repobladores y Moriscos".
Universidad de Granada
.


Primera Parte

Los descendientes de los infantes don Juan y don
Hernando tienen por apellido de Granada, y traen por
armas dos granadas en campo azul, y un letrero
atravesado que dice Lagaleblila, que quiere decir:
No hay vencedor sino Dios

(Luis del M?rmol Carvajal)

Los acontecimientos vividos en el reino de Granada bajo los Reyes Cat?licos -la conquista y su posterior etapa mud?jar-, pese a los vac?os que de hecho existen, est?n perfectamente desvelados en sus l?neas b?sicas (1).


En cambio, al d?a de la fecha quedan todav?a lagunas important?simas sobre la ?poca morisca, desenlace final de muchos de los entramados elaborados en la etapa precedente. Dentro del periodo, el alzamiento de 1568 es, sin ninguna duda, el punto culminante, por cuanto fue el desenlace final de muchos puntos marcados desde la toma de Granada.

La rebeli?n del reino reinici? algunos de los engranajes creados por aquellos protagonistas de finales del siglo XV, los cuales volv?an a desempolvar viejos m?todos de colaboraci?n y colaboracionismo (2) . Aunque -tambi?n al igual que entonces- las diferencias que envolv?an el complej?simo equilibrio morisco salpicaban por doquier.

Uno de aquellos nudos gordianos afecta a la propia familia real granadina, concretamente a los descendientes de los hijos del rey Muley Hacen habidos con la esclava Zoraya o Turayya, pues la sublevaci?n de 1568 los convirti? en protagonistas esenciales de un episodio nada conocido. La azarosa historia de estos infantes de Granada est? perfectamente desvelada en sus l?neas maestras a trav?s del admirable estudio de L?pez de Coca. Gracias a este trabajo reconstructivo podemos comprender el complejo entramado de prop?sitos y desprop?sitos que envolvieron a los nasr?es en sus ?ltimos a?os (3).

El seguimiento posterior de los pr?ncipes Sa?d y Nasr, al igual que el de su descendencia, pr?cticamente es desconocido, aun cuando -como queda dicho- la guerra de los moriscos los puso en el candelero. Puede que el conflicto granadino les quedara lejos, pero, quiz?s sin saberlo y tal vez sin quererlo, eran quienes eran y la guerra -como cualquier otra guerra- no entend?a de medias tintas.
Los sucesos que vamos a relatar, al igual que en su d?a hiciera el maestro L?pez de Coca, se basan en la reconstrucci?n minuciosa de un interrogatorio realizado en Mil?n en plena guerra de los moriscos sobre los infantes de Granada (4), as? como la correspondencia que distintos oficiales regios en Italia realizaron en torno a ellos. Los documentos hist?ricos descritos no trascendieron m?s all? de los despachos filipinos, convirti?ndose en una informaci?n reservada que fue tratada como un "asunto de Estado", pr?cticamente mantenido en secreto hasta la actualidad. Mucho, pues, de lo que se expone en este trabajo tiene que ver con el complejo servicio de espionaje de Felipe II y su organizada trama por mantener su equilibrado sistema internacional. Un mundo casi desconocido, pero que rigi? el enmara?ado imperio y formidable ?Mundo Mediterr?neo? del que nos hablara Braudel. Los esp?as del rey, con sus aciertos y desaciertos, observaciones y previsiones, pueden abrir sorpresas como la que relatamos (5).

I PARTE
LOS ANTECEDENTES

UNOS S?BDITOS MUY ESPECIALES: LA FAMILIA REAL NASR?


A partir de 1492 en el reino de Granada s?lo cab?a una posici?n de poder: colaborar en los proyectos de los Reyes Cat?licos. Por ello, la salida de Boabdil en 1493 fue un asunto de Estado que culmin? con ?xito la carrera de su art?fice, el secretario real Hernando de Zafra (6). La marcha del Rey Chico vino acompa?ada de un cierto reconocimiento de la realeza de sus hermanos, los infantes de Granada. En efecto, los pr?ncipes S?ad y Nasr eran los eternos rivales de su hermano Boabdil desde que Muley Hacen en 1478 se encaprichara de su madre, a quien le entreg? gran parte de las herencias de sus t?as, las princesas ?etti o?nfalfata y ?etti Haxa (7). De hecho, en 1490 los hermanos de Boabdil se presentaron como recambio regio, inquietante noticia que inclin? a los Reyes Cat?licos por secuestrarlos y enviarlos a Sevilla (8). Tuvo mucho que ver en aquel asunto ?idi Yahya al Nayar -miembro de una rama real nasr? contraria-, personaje clave a partir de entonces en el reino de Granada, puesto que se erigi? en el representante de la colaboraci?n con los Reyes Cat?licos (9).
Bautizados en fechas muy cercanas a la toma de la ciudad, ambos pr?ncipes recibieron el sacramento -seg?n una cr?nica granadina del siglo XVII- bajo el signo regio:
[....] Pusi?ronle ?ad, el mayor, don Fernando de Granada, por el Rey Cat?lico que fue su padrino, y al menor le pusieron don Juan de Granada, respeto del pr?ncipe don Juan que lo apadrin?. Di?ronle palabra de que se les dar?a el estado de Mondexar, que era suyo en Las Alpuxarras, abi?ndose conquistado, y ellos desto se les hi?o otras muchas mer?edes? (10).

Puede decirse que en 1492 la descendencia de Muley Hac?n quedaba eternamente dividida: mientras que su primog?nito, el rey Boabdil, se manten?a musulm?n y alejado del reino de Granada, sus hijos menores eran cristianos y cercanos a la corte de los Reyes Cat?licos. La madre de estos ?ltimos tambi?n se bautiz? poco tiempo despu?s con el nombre de D? Isabel de Granada, seguramente por influencia de la reina Cat?lica, a quien acompa?? en la corte hasta su muerte.
El feliz desenlace s?lo se rompi? con la vuelta a Granada de un miembro real, el destronado sult?n merin? Abu Zayyan, casado con la t?a de los infantes. Este inconveniente, empero, se solucion? positivamente, pues el noble musulm?n y su esposa terminaron por bautizarse con el nombre de D. Fernando y D? Isabel -seguramente por el padrinazgo de los Reyes Cat?licos- e igualmente acabaron desempe?ando importantes labores de colaboraci?n. El estatuto real de D. Fernando de Fez le permitir? colocarse en una posici?n de preeminencia moral y protocolaria entre la comunidad morisca, al mismo nivel que la rama real contraria (11).
Con la salida de la familia real nasr? allende, los infantes disfrutaron de algunas rentas sueltas, s?mbolo que identificaba su realeza (12), si bien los Reyes Cat?licos las cambiaron por un juro de un cuento y cuatrocientos mil maraved?es y la tenencia del castillo de Monle?n, en Galicia (13). La intenci?n era clara: primero, tenerlos alejados de Granada y evitar su contacto con la poblaci?n mud?jar. Segundo, preservarlos como elemento de recambio -o cuando menos de discordia- en caso de que en tiempos futuros la familia real nasr? reclamase nuevamente el trono.

A partir de 1495, en el reino de Granada s?lo se admit?a la sumisi?n de la casa real o la colaboraci?n. Los infantes de Granada representaban el primer papel, mientras que la l?nea real contrincante de ?idi Yahya y su hijo, bautizados como D. Pedro y D. Alonso de Granada-Venegas, participaban de la segunda v?a. En ambas posturas los nasr?s eran literalmente s?bditos de Castilla, nobles y de esclarecido linaje, pero al fin y al cabo s?bditos. El nuevo estatus generar? en ellos un ansia integradora que acabar? justificando incre?bles ?rboles geneal?gicos en los que se hacen ver ambas familias como descendientes de los godos que recuperaban su antigua fe. Incluso los tratadistas identificaron a la sultana Soraya como cristiana, una tal D? Isabel de Sol?s, y a su hermana a?n la presentaban como esposa del cabeza de la l?nea real contraria (14).
En conclusi?n, y en palabras de L?pez de Coca, con el Zagal y Boabdil en Berber?a y Granada-Venegas (a los que por nuestra parte a?adir?amos los Fez-Muley), cuyos derechos sucesorios basados en la l?nea femenina carec?an de respaldo, una posible restauraci?n nasr? era pr?cticamente imposible (15). Los ?nicos verdaderamente con legitimidad para reclamar el trono de La Alhambra eran los infantes de Granada y, convertidos en s?bditos leales de Castilla, pasaba por impensable.

LOS INFANTES DE GRANADA AL SERVICIO DE LA MONARQU?A

Los infantes de Granada y su madre continuaron en todo momento la ruta de los Reyes Cat?licos: entre 1504 y 1505 residen en Segovia, Salamanca y Valladolid. Como cualquier otro noble del momento, aparecen asegurando sus posesiones en Granada a trav?s de copias de escrituras ar?bigas que D. Fernando de Mendoza solicitaba en 1506 ante las autoridades de la ciudad (16). Totalmente mimetizados en la sociedad del momento, en los albores del siglo XVI, ambos infantes se encontraban casados con importantes linajes castellanos, tan destacados como los del condestable de Castilla: D. Hernando de Granada hab?a enlazado con D.? Menc?a Sandoval y de la Vega, se?ora de Tordehumos, Castrillo, Guardo y Castej?n (partido de Medina de R?o Seco), nieta del Adelantado de Castilla D. G?mez de Sandoval; mientras que D. Juan de Granada era esposo de D.? Beatriz de Sandoval, hija de D. Juan de Sandoval y nieta de D. Diego de Sandoval, conde de Castrogeriz. Este ?ltimo enlace le emparent? con la familia real nasr? contrincante, pues Cidi Yayha hab?a casado en segundas nupcias con D.? Elvira de Sandoval, tambi?n nieta del conde de Castro (17).

D. Hernando de Granada no dej? descendencia y muri? tempranamente, en 1512, en Burgos; enterr?ndose en el monasterio vallisoletano de Ntra. Sra. de Prado, del que era protector. D. Juan de Granada hered? las tierras y se?or?os de su hermano y tuvo una vida m?s larga, convirti?ndose en un colaborador nato de la monarqu?a. En efecto, con motivo de la guerra de las Comunidades este personaje presidi? la "comunidad de Valladolid", logrando controlar a los sectores m?s exaltados. El episodio no escap? con los a?os a las defensas que diversos personajes har?n de los moriscos sobre su adhesi?n a la monarqu?a, tales como N??ez-Muley y el cronista M?rmol Carvajal (18). Pese a que este tema se escapa a nuestro trabajo, la participaci?n o no de los moriscos en las Comunidades ser?a necesario analizarla, pues -al igual que hac?a el infante en Castilla- en un punto m?s delicado como el reino de Granada hab?a moriscos que se alineaban en el mismo bando regio, tal es el caso de Diego L?pez Abenajara, quien capitane? un cuerpo de 1.000 hombres para aplastar las comunidades de Baza y Hu?scar (19).

Sea como fuere, la labor del infante en Valladolid le vali? el reconocimiento regio, materializado en dos cosas: en primer lugar el matrimonio de su hija D? Magdalena de Granada con el nieto del rey de Portugal, D. Luis de Alencastre, Gran Maestre de la Orden de Avis, hijo del duque de Aveiro, noble filohispano (20). En segundo lugar, su designaci?n como gobernador del reino de Galicia, tierra en la que ten?a algunas rentas. Durante su gobernaci?n goz? de la total confianza del emperador, desarrollando importantes reformas en la audiencia gallega, todas ellas tendentes a insertar definitivamente el poder central contra la reacia nobleza, alineada con las comunidades (21).

D. Juan de Granada tuvo larga descendencia, pues, a la muerte de su esposa, cas? en segundas nupcias con D.? Mar?a de Toledo y Monz?n, dejando de ambos enlaces larga progenie (22). El hijo mayor fue D. Juan de Granada, Caballero de Santiago que enlaz? con D.? Beatriz de Velasco y Mendoza, hija del virrey de M?jico y de D.? Juana de Castilla (23). Por esta ?ltima, su esposa era nieta de D. Sancho de Castilla, noble cuyos se?or?os estaban en el reino de Granada, concretamente la villa de Gor y la taha de Alboloduy (24). El primog?nito de D. Juan no dej? descendencia, por lo que todos sus derechos din?sticos pasaron a su hermano.

D.JUAN Y D.HERNANDO DE GRANADA Y MENDOZA EN ITALIA

Al morir su hermano sin descendencia, D. Ger?nimo Bernardino de Granada y Sandoval se convirti? en la cabeza familiar. Estaba casado con D? Cecilia de Mendoza, hija del conde de Castro, D. Carlos de Mendoza, hermano del Adelantado de Galicia, D. Diego Hurtado de Mendoza. Este enlace lo adscrib?a a la nobleza gallega representada por la casa de Ribadavia e, igualmente, lo conectaba nuevamente con la nobleza granadina, puesto que un t?o de su esposa era D. Enrique Enr?quez el de Baza, por matrimonio con D.? Francisca de Sarmiento (25). D. Bernardino s?lo dej? dos varones: D. Juan y D. Hernando de Granada Mendoza, nacidos a finales de la d?cada de los a?os treinta o primeros de la siguiente. Muerto casi al nacer sus hijos, todos los derechos din?sticos de D. Bernardino recalaron en el mayor de la casa, D. Juan de Granada. Ambos infantes se educaron en Alcal? de Henares y anduvieron por la corte en Toledo, mientras que su madre -ya viuda- permanec?a en Valladolid (26) . Ser? en la ciudad imperial del Tajo donde ambos hermanos -especialmente D. Juan- entablen amistad con un soldado, Antonio S?nchez. Como ?l mismo dice:
[...] en Toledo le comen?e a conos?er, porque ally le dy leccion de la scrima? (27) . Esta relaci?n se mantendr? muy estrecha con el paso de los a?os, como m?s adelante veremos.

A mediados de los a?os sesenta, coincidiendo con el nombramiento del duque de Alburquerque como gobernador de Mil?n, D. Juan marcha a su lado, quedando entretenido como asistente con un sueldo de 20 escudos. Tiempo despu?s -en pretensi?n de hacer igual carrera- le sigue su hermano D. Fernando, quien, alrededor del mes de noviembre o diciembre de 1568, embarca en C?diz en un gale?n de Benito Rodr?guez y desembarca en Liorna (28) , entrando a servir en la guarnici?n de Asti bajo el mando del capit?n Gonzalo de Salinas. En tierras italianas ambos hermanos disfrutan de las amistades de los mejores generales del momento, entre ellas la de su paisano D. Luis Quijada, se?or de Villagarc?a, persona de total confianza de la casa real como tutor de D. Juan de Austria (29) .

Junto con la m?s alta nobleza, los infantes gustan de otras amistades menores. Por ejemplo, en este tiempo los hermanos vuelven a coincidir con su profesor de esgrima, Antonio S?nchez, quien se encuentra destacado en Mil?n. La antigua amistad se refuerza much?simo, especialmente con D. Juan, como comenta el propio soldado
[...] despues viviendo yo en Mil?n le hall? en ?l aqu?, donde he estado en su compa??a dende que vine habr? un a?o, y por ser mi amigo me dava una cama en la estan?ia donde estava (30).

Corre el a?o 1567 y otra amistad, esta vez m?s peregrina, es fundamental en la vida del infante: la relaci?n que en Plasencia comienza a tener con un soldado llamado Chaves, tambi?n destacado como ?l en esta plaza italiana. La caracter?stica que destaca al soldado es que
[...] ?l estuvo en Constantinopla esclavo mucho tiempo, y que se escap? de all? ?l y otros en una fregata, y estando don Juan en Plasencia le hall? ally en el castillo, que serv?a de soldado (31) .
La amistad del biznieto de Muley Hac?n con una persona que hab?a estado "mucho tiempo" en la capital del imperio turco -enemigo mortal de Espa?a- s? era motivo de alerta. Entre otras razones porque la experiencia dec?a que gran parte de los cristianos que cayeron en manos turcas perdieron de su fe y se convirtieron en musulmanes, ingresando as? en el grueso n?mero de "renegados". Unos renegados -dicho sea de paso- que en muchos casos volvieron a sus tierras de origen y sirvieron de esp?as para la Sublime Puerta (32) . ?Acaso es descabellado pensar esta posibilidad? Desde luego para el gobernador de Mil?n no pasaba desapercibida.
Pese a la distancia, la comunicaci?n de los hermanos con Espa?a es fluida, no s?lo por sus propias idas a la Pen?nsula sino por la constante correspondencia con su madre, cartas en [...] las quales conten?an cosas entre padres e hijos y que nos embiavan nuestros ter?ios acostumbrados (33).
Junto a estos dos medios, algunos compa?eros de armas que vuelven a la Pen?nsula tambi?n ayudan a transmitir informaci?n fresca. Una de aquellas noticias era la inquietud que en 1568 ten?a D. Juan por volver a Espa?a, aludiendo para ello diferentes causas. La m?s expresada ante D. Beltr?n de la Cueva era visitar a su esposa, pues, como advierte su propio hermano, [...] ten?a entendido gustar a su excelencia y holgarse que se fuesse, por yr como yva a su casa a casarse y hazer vida con su mujer, que no lo contrario. Ymagin?ndome yo ?sto, entend? que para obra tan buena y sancta, que su excelencia le diera ayuda y favor (para partir a Espa?a) y se lo aconsejara y mandara por fuer?a, por ser su excelencia tan cristian?ssimo como es, por haver estado tanto tiempo sin juntarse con su mujer (34).

Corr?a el ?ltimo trimestre del a?o 1568, fecha clave para el reino de Granada y aun para esta peculiar familia, como ahora veremos.

II PARTE
LOS HECHOS:LA REBELI?N MORISCA DEL REINO DE GRANADA

EL ALZAMIENTO DE LAS ALPUJARRAS Y EL BIZNIETO DEL REY MULEY HAZEN


El hijo mayor de la dinast?a, D. Juan de Granada, a la altura de 1569 era descrito por los italianos como un [...] mo?o de edad de 25 a?os, con poca barba, grande de cuerpo [...](35).

Todos coincid?an en que [...] ?ste era -a my parezer- cavallero y la cara lo denotava modo de venticuatro a?os, barba roxa, hombre delicado, de buena estatura?36 . Aunque alguno lo hac?a de m?s edad: [...] era man?evo blanco con poca barba, roxa, de ?erca de treinta a?os (37).
.
En suma, hombre joven, entre 25 y 30 a?os, de buena estatura, tez blanca y pelirrojo. Desde muy joven hab?a casado con D.? Juana de Castilla y Acu?a, hija de D. Alonso de Castilla y D.? In?s de Acu?a. Durante sus servicios en Italia, la esposa queda en Valladolid, aunque es visitada con cierta regularidad por D. Juan. No obstante, a finales de 1568 el matrimonio se ver? afectado por la sublevaci?n de los moriscos del reino de Granada, pues tal evento era evidente que les ata??a grandemente.

No sabemos si los moriscos granadinos pensaron en el nieto mayor del pr?ncipe Nazar? como su rey, pero las circunstancias lo rodearon para que fuera el punto esencial de una incre?ble historia. Las disensiones entre los sublevados por encontrar una cabeza que los uniese no escapaban al an?lisis de la monarqu?a hispana y, desde luego, a?n menos las observaciones sobre la legitimidad potencial del infante de Granada. En la mente de los granadinos todav?a estaba impresionado el primer momento de la pascua de 1568, cuando El Albaic?n se neg? a abrir las puertas a Farax ben Farax, quien les demandaba su apoyo para coronarse. A?n en el mes de enero de 1569 la ciudad de la Alhambra recib?a noticias desconcertantes sobre las enormes disputas que en Beznar protagoniz? este morisco tintorero con los Valor?es alpujarre?os, por coronar como rey al hijo de D. Antonio de C?rdoba y V?lor (38). La raz?n era descender de los califas de C?rdoba (de ah? el apellido de la ciudad de la mezquita), quien acab? coron?ndose con el nombre de Muley Mahamete aben Humeya (Omeya) (39).

No sabemos cu?ndo pudo llegar la noticia del alzamiento a Italia, pero da la coincidencia que D. Juan de Granada expresa al duque de Alburquerque su inter?s por ver a su mujer en la fecha de la sublevaci?n. D. Beltr?n de la Cueva se niega a algo que antes le agradaba. En los primeros meses del a?o 1569 D. Juan vuelve a intentarlo, aduciendo esta vez la necesidad que tiene de curarse en su tierra de una enfermedad. El gobernador de Mil?n reitera su negativa.

Desde Espa?a, D?. Cecilia de Mendoza -siempre atenta a los sucesos granadinos- no dud? en los primeros meses de 1569 en enviar cartas a sus hijos para informarles de la sublevaci?n y rogarles que no se moviesen de Italia. El consejo materno especialmente se acentuaba con su hijo mayor, pues si bien ?l estaba enfermo y deseaba volver a la casa familiar
[...] ella le havia escrito que estando muy malo, como ?l le dezia, se pod?a partir por amor de la salud, aunque de otra manera se holgava m?s que estuviesse fuera de Spa?a mientras durava lo de Granada (40).

Entre tanto, el alzamiento morisco continuaba conform?ndose, siendo la organizaci?n de sus cuadros de mando la que interesaba en aquel momento. Mientras que en el sector occidental alpujarre?o la figura de Aben Humeya adquir?a predicamento, en otras regiones del reino a?n se dudaba de ?l. En efecto, hab?a grandes sectores moriscos que segu?an desconfiando de la familia Umeya y prefer?an decantarse por la familia real nasr?. Bien es cierto que los ?nicos miembros que pod?an tener a la mano era la l?nea destronada del infante ?idi Yahya al Nayar, a quien en la figura de D. Alonso Avis Granada-Venegas los moriscos de la zona oriental de Almer?a le ofrecieron la corona de sus antepasados; toda vez que a un pariente suyo, D. Alonso de Baz?n Haz?n, tambi?n se le ofert? el cargo de general (41). En suma, la falta de un l?der nato para la rebeli?n morisca era vox populi.
El escaso consenso para entronizar a un rey de los moriscos segu?a inquietando a la viuda de D. Bernardino de Granada. Por ello, a finales del primer trimestre de 1569 volv?a a reiterar su convicci?n de advertir a sus hijos que se mantuvieran en Italia. Su comunicante esta vez fue un compa?ero de ambos hermanos, el capit?n D. Alfonso de Villarroel, quien de paso para su tierra visit? en Valladolid a D.? Cecilia de Mendoza. En aquel encuentro esta dama expres? al militar el enorme riesgo que rodeaba la vuelta de su primog?nito:
[...] porque le dezian que los moriscos de Granada buscavan a otros que eran menos parientes de sus hijos para hazerlos cabe?a, lo qual me dixo la dicha se?ora el mes de mar?o passado quando yo bolvia en Italia, dizi?ndome, sy bien me acuerdo, que yo lo dixesse assy a don Juan, su hijo, pares?iendole que hasta que lo de Granada fuesse acabado estar?an bien por ac? en Italia, y assy yo luego que llegu? a Mil?n lo dixe al dicho don Juan, y ?l me dixo enton?es que holgava de hallarse por ac?, y que quando se hallara en Espa?a fuera para servir a su magestad (42).

Pese a que Villaroel comunic? con D. Juan, ?ste segu?a empe?ado en volver a Espa?a. En estos delicados momentos aparece de nuevo la figura del soldado Chaves, quien se desplaza de Plasencia a Mil?n al lado del infante. Como comenta D. Hernando de Granada, pese a tener una curiosa biograf?a, la estancia con su hermano nada ten?a de particular, pues
[...] Chaves era soldado en el dicho castillo de Plasen?ia, y de ally le truxo my hermano por ruegos que le hizo que le llevasse en Spa?a. Y particularmente lo que oy dezir es que ?l fue esclavo en Constantinopla muchos d?as, y despu?s ?l y otros cristianos levantaron una fregata o bergant?n en que se salvaron, habr? como quatro o ?inco a?os, de lo qual llevava sus fees y recaudos. Y por ser hombre pobre y no tener con que yr a Spa?a para dar quenta a Su Magestad de este servi?io rog? a my hermano le llevasse consigo (43).

UN DESEO IMPOSIBLE: LA MARCHA DEL INFANTE A ESPA?A.

Durante el primer trimestre de 1569 -y pese a los ruegos contrarios de su madre- D. Juan de Granada no deja de pedir a D. Beltr?n de la Cueva el permiso para marchar a Espa?a, recibiendo siempre la misma y taxativa negativa. A finales de la primavera de 1569, un nuevo hecho pone sobre aviso a las autoridades espa?olas del Milanesado. As? declaraba en agosto el Auditor General de Guerra: [...] en el presidio de Aste fue preso pocos meses ha un turco por la sopecha que se tuvo de que ven?a con alg?n tratado,
[...] que el dicho turco est? todavia preso y que por lo que contra ?l resulta se le han dado diversos tormentos, y que entre otras cosas que ha confessado ha dicho que haya ?iertas comissiones de algunos moros de Spa?a
(44).

En realidad era un renegado cristiano de Palermo que fue capturado el 24 de mayo de 1569 y de su confesi?n se supo que se llamaba Francisco Mariano y era hijo de Francisco de Calabria y Magdalena de T?nez. Su interrogatorio lo manten?a en secreto el gobernador de Mil?n (45). Mucha coincidencia era que en torno a los infantes recalasen personajes vinculados a los otomanos: primero, la amistad de D. Juan con el soldado Chaves. Segundo, un renegado al servicio del Gran Turco aparece en el presidio que sirve D. Hernando. Para Alburquerque todo ello era algo m?s que suerte...
?Acaso los moriscos granadinos quer?an contactar con D. Juan de Granada a trav?s de los turcos? Las fechas desde luego son coincidentes con la reactivaci?n de la guerra que Aben Humeya planteaba a trav?s de los otomanos. Desde marzo su hermano Luis de V?lor, conocido como Abdall? Humeya, era embajador en Argel y m?s tarde en Constantinopla, si bien sus tratos no son del todo conocidos (46). Las relaciones entre turcos y moriscos a lo largo de la primavera se materializaron en el verano con un importante pacto a trav?s del gobernador de T?nez (47). Entre los acuerdos alcanzados se encontraba la ayuda militar otomana en armamento y asesores militares (48). ?Habr?a que conectar el apresamiento del renegado en el presidio de Asti con una nueva estrategia morisca?.

Como reconoc?a Felipe II a finales de noviembre al duque de Alburquerque, el renegado capturado en Asti advert?a la relaci?n entre los cristianos nuevos de los reinos de Granada y Valencia, peligrosa bolsa de moriscos que -caso de sublevarse- pon?a en serio aprieto a las tropas reales (49). La informaci?n del prisionero permiti? comunicar a los capitanes generales de ambos reinos que tomasen medidas extraordinarias, as? como a D. Luis de Requesens, pues
[...] se ha analizado lo que dijo el moro en Haste y, aunque tiene tan bariable que se puede tomar poco fundamente dello, todav?a por lo que dize del trato que tuvo con aquel morisco veynticuatro de Xativa y con otros de Granada, me ha parecido avisar de ello al ilustr?simo D. Juan de Austria, mi hermano, y al Conde de Benavente, para que lo tengan entendido y hagan la diligencia necesaria, y tambi?n al Comendador Mayor, para que sepa del moro que es de la galeras de Guillem de Rocafull (50) .
Con el renegado preso en Asti y sus preocupantes declaraciones, las ansias de D. Juan por marchar a Espa?a aumentaban. Con ellas Alburquerque extremaba su vigilancia y, por supuesto, su negativa a la partida. Las conversaciones entre D. Beltr?n de la Cueva y D. Juan de Granada quedan resumidas perfectamente as?:
[...] su excelencia le dixo que no le conbenia yr a Spa?a estando las cosas de Granada en los t?rminos que est?n, sin dar quenta al se?or Luis Quixada. Y que respondiendo el dicho don Juan que Luis Quixada estava lexos del rey. Que el duque le dixo que escriviese a alg?n amigo suyo en la corte. Y que don Juan respondi? que no ten?a amigo. Y replic?ndole el duque que los de su casa hazian este offi?io y assi mesmo su excelencia escrivir?a por ?l a quien don Juan quisiesse y que lo pensasse y otro dia dixesse a su excelencia lo que en esto quer?a hazer, para que lo favores?iere y ayudasse con ello (51).
Era evidente que el infante sab?a que su amigo y paisano, D. Luis Quijada, estaba al lado de D. Juan de Austria en Granada, pues -como comenta el cronista Luis del M?rmol.
[...] a 6 d?as del mes de abril parti? don Juan de Austria de los jardines de Aranjuez, donde hab?a ido a besar las manos a su magestad y a despedirse para proseguir su camino, llevando consigo a Luis Quijada; y tomando postas por jornadas moderadas, lleg? en seis d?as a la villa de Hiznaleuz (Iznalloz), que est? cinco leguas de Granada (52).

Por las mismas fechas que entraba su paisano Quijada en Granada, el infante ten?a conocimiento -como el resto de la poblaci?n italiana- de la movilizaci?n de los tercios para la guerra de los moriscos. El aludido cronista debi? venir con el primer contingente, concretamente en las compa??as de Piamonte, N?poles y Lombard?a, las cuales desembarcaron con D. Luis de Requesens en tierra peninsular a ?ltimos de mayo 53 . Pese a la m?s rotunda realidad, el gobernador de Mil?n segu?a negando lo evidente. ?Qu? pod?a pensar D. Juan de Granada ante lo innegable? ?C?mo se atrev?a a decir al gobernador de Mil?n que no conoc?a a nadie para escribir, cuando en su genealog?a aparec?an apellidos de rancio abolengo como Sandoval, Velasco o Mendoza?.
Italia entera sab?a de la guerra de los Moriscos, pero los virreyes, gobernadores y embajadores espa?oles destacados en la pen?nsula apenina respond?an al mismo patr?n estrat?gico: la rebeli?n era peque?a e insignificante, estaba a punto de concluirse y no merec?a la pena desplazarse a Espa?a. Un ejemplo meridiano es Fernando Gonzaga, marqu?s de Castiglione, quien, enterado en esta poblaci?n cercana a Mil?n del alzamiento morisco, pretend?a servir al rey. El propio gobernador de Mil?n con una admirable diplomacia volvi? a negar lo evidente, resumiendo perfectamente en fechas posteriores al rey la pol?tica seguida en los estados italianos con respecto al tema granadino:
[...] convendr?a mucho, m?s si fuesse possible, que ning?n hombre Bella (Italia), en esta occasi?n ni en otras, pasasse a Spa?a, pues, bolviendo por ac?, son ?stos los que m?s da?o hazen con su na?ion, que toda es de la calidad que por otra he dicho a Vuestra Magestad (54).

Era l?gico que admitir la debilidad espa?ola en su propio territorio s?lo pod?a traer, cuando menos, problemas. M?xime cuando desde la primavera de 1569 Felipe II hab?a ordenado a su embajador ante P?o V que restableciese con Roma la organizaci?n de una coalici?n antiotomana (55). ?Era consciente D. Juan de la alta pol?tica regia? ?Qu? estaba pasando en el reino de Granada para tanta negativa del gobernador de Mil?n? ?D. Juan no pod?a haber hecho sus propias c?balas sobre la situaci?n granadina? ?Qu? sab?a el infante sobre toda la situaci?n mediterr?nea?.

S?lo escapaban a la cerrada salida espa?ola algunos nobles italianos de indudable fidelidad. Un caso era el genov?s Pelegr?n Doria, quien acompa?aba a D. Juan de Austria en su campa?a granadina y que en la toma de Galera se hizo famoso por el disparo que sufri?, siendo merecedor de citas de los cronistas de la guerra: [...] a Pag?n de Oria, hermano del pr?ncipe Juan Andrea de Oria, de otro (disparo) que le pas? los dos muslos (56).

PARTE III.
LA TRAMA

LOS PREPARATIVOS PARA LA HUIDA A ESPA?A


A finales de julio de 1569 D. Juan de Granada tiene decidido marcharse a Espa?a, y aprovechando la ida de Antonio S?nchez a Asti para cobrar su paga, le rog? que hablase con su hermano. De la entrevista entre ambos amigos, D. Hernando reconoce que [...] ?l me dixo de parte de my hermano como se quer?a yr en Spa?a, y esto me lo dixo a boca, trattando conmigo algunas cosas particulares (57). No sabemos m?s, aunque conocemos el inter?s de D. Juan de Granada por charlar personalmente con su hermano. Est? decidido a marchase a Espa?a, sea como sea.

En la misma fecha y con id?ntico motivo que S?nchez, viajaba a Asti Salcedo, criado de D. Juan, quien entreg? a su hermano una carta. Como reconoce D. Hernando de Granada,
[...] lo que contenia la dicha letra es que, vista aquella, partiesse para Mil?n, porque estava determinado yrse a Spa?a y pedir a su excelencia me diesse su pla?a o me entreteniesse conforme a la calidad de my persona. Y en deffetto que su excelencia no tuviese quenta dehazerme merced, me fuesse con ?l (58).

Para evitar problemas, la misiva la mostr? el infante a su alf?rez Ruy G?mez y a D. Rodrigo de Castro [...] lo uno por darles parte de mis negocios, lo otro por venir en la carta encomendadas para ellos (59).
?Quer?an ambos hermanos de alguna manera evitar sospechas de su encuentro en Mil?n? ?Tal vez hicieron ver otra cosa?
A principios de agosto D. Hernando de Granada se desplaza a Mil?n para encontrarse con su hermano, advirtiendo la negativa de D. Beltr?n a permitirle marchar y concederle la sustituci?n de la plaza. D. Juan debe explicarle sus planes para irse a Espa?a y le insta a que le acompa?e. D. Hernando de Granada comprende a su hermano pero no se marchar? de Italia. Luego dir? a las autoridades espa?olas que [...] es verdad que ?l me escribi? que quer?a yr luego en Spa?a y con toda brevedad, pero no dezia secretamente. Y dez?a que era para effetto de disponer y tratar de los nego?ios de su hazienda (60).
?Era esto verdad o, por el contrario, es lo que D. Hernando deb?a o pretend?a decir? Para D. Hernando, la celeridad en la marcha de su hermano era disponer sus asuntos econ?micos, pues seg?n las declaraciones de varios testigos se advierte que D. Juan de Granada no se encontraba muy boyante. A esta apreciaci?n se suma las de sus criados: Antonio S?nchez advierte que los problemas de liquidez de D. Juan obligaban al secretismo, [...] por temor de sus acreedores no le impidiessen la yda, porque entendiendo que ?l se querr?a partir, como yalo havia publicado, venieran muchos a demandarle sus cr?ditos (61).

Sim?n de Mucis, responde lo mismo:
[...] yo le havia oydo dezir otras muchas vezes que quer?a hazer aquel viaje a effetto de casarse, [aunque] antes me suspech? que [....] me ymagin? que huviesse venido a my casa porque sus acreedores no se fatigasse 62) .
?Qui?nes eran estos banqueros que tanto angustiaban a D. Juan? Seg?n su criado,
[...] los mercaderes que le davan dineros eran los Negrones, los quales sol?an estar en la calle de San Pedro Lorto, y que agora est?n junto al Cavallero Aretin, y que assimesmo le dava Peligro Doria, el qual est? a San Loren?o, la v?a por donde era de Spa?a (63).

Si el infante no ten?a dinero, ?c?mo pod?a partir a Espa?a? En principio D. Juan pens? en viajar junto al conde de Cifuentes, quien preparaba su marcha a Espa?a. Al fin y al cabo el arist?crata entraba dentro de la parentela familiar del infante (64) , adem?s de ser amigos desde que ambos residieron en Alcal? de Henares. De aquel ruego del infante, [...] el Conde le respondi? que haviendo buen passaje yr?a luego. Y de otra suerte que no pensava yr hasta tanto que escriviesse el se?or Ruy G?mez le enbiasse una galera, o dos, para su passaje?.
Por lo que quiera que fuese -tal vez la lentitud de Cifuentes- hace que D. Juan cambie de parecer, pues [...] dixo que determinava yrse y passar en lo que hallasse. Y en defetto de no hallar passaje yr en una fregata, o en la primera cosa que hallase
(65).

En la b?squeda de un nuevo transporte, nuestro personaje parece que se decide por una fragata tierra a tierra, argumentando la negativa a partir con Cifuentes
[...] porque no dixesse que se yva en compa??a del conde porque le hiziesse el gasto (66).
El medio ya estaba solucionado, ahora quedaba costear el pasaje. La falta de liquidez la resolvi? el infante contactando a ?ltimos de julio con el banquero Antonio Mar?a Vivaldo. El interlocutor elegido ante Vivaldus fue un oficial del duque de Alburquerque, Mart?n de Alvelda, quien [...] con larga arenga me rog? y importun? que yo le acomodasse de dozientos escudos a cambio para Spa?a, que allende me quedar?a en grand?ssima obligaci?n y me dar?a por seguridad algunos gentiles hombres espa?oles en quien yo me contentasse (67).

El dinero se entregar?a cuando lo pidiese D. Juan. Resuelto el ?ltimo problema a principios del mes siguiente, la partida a Espa?a se fija para la madrugada del domingo 15 de agosto. El d?a antes D. Juan recibe del banquero Vivaldi 200 escudos
[...] a cambio de otros tantos que le ha de dar en Madrid a Lorenzo de Spinola, con m?s el cambio. Y estos dineros le dio el sabado de ma?ana, el d?a antes que se partiesse (68). Es curioso que en la trama financiera para sufragar el viaje de D. Juan se encuentre Peligro Doria, banquero genov?s que -como hemos visto en el apartado anterior- tiempo despu?s acompa?aba a D. Juan de Austria en su campa?a contra los moriscos. El mismo que presionaba al infante por deudas. Con el dinero en el bolsillo desde la ma?ana, D. Juan de Granada tiene v?a libre para su proyecto. Por la noche charla con su hermano, quien se hab?a trasladado de Asti a Mil?n a su solicitud, momento en el que ambos charlaron a solas. De aquella conversaci?n todo parece indicar que el gobernador de Mil?n desconoc?a la marcha, raz?n por la cual no quiso pedirle su sustituci?n en la plaza. Seg?n dijo despu?s D. Hernando de Granada, su hermano le rog? que al d?a siguiente se entrevistase con el duque de Alburquerque y le comunicase su partida a Espa?a. Tras despedirse de su hermano, D. Juan huye del pala?io del gobernador.

EL INTENTO FRACASADO DE HUIDA

La noche entre el s?bado 14 y el domingo 15 de agosto es intensa; mientras que D. Juan de Granada habla con su hermano, su equipaje est? siendo trasladado a otro sitio: [...] hizo enbalisar la ropa que ten?a en palacio de su excelencia en dos baules, los guales hizo llevar fuera (69).
Se trataba de la casa de su criado Sim?n de Mucis, quien describe perfectamente el desarrollo de las horas siguientes: [...] don Juan havia ydo a su casa de tres horas de noche, con un paje y dos faquines que llevavan dos caxas y que avia dormido ally (70).
Amaneci?, pues, el palacio del gobernador de Mil?n sin el infante de Granada.

Tras dormir unas horas, el domingo 15 de agosto es bastante movido en casa de Sim?n de Mucis. Por la ma?ana D. Juan le entrega dinero al criado para que compre comida y busque caballos para su partida, quedando solo en la vivienda. Entre tanto llega a la misma su amigo Chaves, aqu?l que residi? en Constantinopla. A solas conversan, nada se sabe de lo que hablaron. De vuelta, Sim?n de Mucis anuncia al infante los problemas que hay para encontrar caballos, es domingo y v?spera de la virgen: [...] despues de haver comido el dicho don Juan en compa??a de Chaves, mand? a este confesante que fuesse a llamar a Ant?n S?nchez y ass? mermo a buscar cavallos o coche para su partida (71).

Nuevamente quedan solos en la casa D. Juan de Granada y Chaves. Se desconoce la conversaci?n mantenida. A las seis o siete de la tarde llega Antonio S?nchez a la casa -ya no est? Chaves- y [...] despu?s de haver hablado con ?l de cosas, como se suele entre los amigos, se parti? (72).
Eran las 8 de la tarde y acompa?aban al infante, adem?s de Sim?n de Mucis, "dos faquines que le llevaban la ropa hasta la primera hoster?a fuera de Mil?n que va a Binasco, en compa??a de Ant?n S?nchez y Sal?edo y Jer?nimo, sus criados que acompa?aban" (73).

Llegados "antes del Ave Mar?a" a la Hoster?a La Briosca, a las afueras de Mil?n y en el camino a Binasco, surge el primer percance del proyectado viaje. Al demandar el infante caballos, el due?o de la hoster?a, Pedro Ferrari, "le respondi? que no ten?a cavallos y despu?s de haverle dado de bever a ?l y a los dem?s que ven?an en su compa??a, siendo venidos a caso ?iertos molineros con dos mulos, se concert? con ellos que le llevassen las valisas y ropa hasta la hoster?a del Molino Nuevo" (74). No pudo conseguir m?s el infante, por lo que "se fue a pie el dicho don Juan hazia Binasco, haciendo llevar su ropa en dos mulos de un molinero" (75). Aqu? se despiden Antonio S?nchez y Sim?n de Mucis, siguiendo solo D. Juan y sus dos criados.

De todas formas, en la ruta entre la hoster?a La Briosca y el Molino Nuevo, D. Juan cambia de idea y se vuelve a Mil?n. Quedan en camino el molinero, llevando el equipaje, sigui?ndole los criados del infante a pie. ?Era premeditada esta vuelta? ?Fueron s?lo las circunstancias las que obligan a cambiar de planes?

EL ENCARCELAMIENTO DE D. HERNANDO DE GRANADA

Mientras D. Juan hu?a durante el domingo 14 de agosto, su hermano no hac?a nada por comunicar con el gobernador, seg?n ?l dec?a que hab?an acordado. Muy al contrario, [...] aquel d?a estava en casa del m?dico, cur?ndome y pensando que ven?a presto para poder hallar a su excelencia, (si bien) no huvo lugar por ser tarde. Y ansy habl? al se?or don Beltr?n de la Cueva y le dy un recado de parte de my hermano y dexava para el lunes el hablar a su excelencia (76).
Llegada la nota al gobernador, el duque de Alburquerque -en previsi?n de posibles consecuencias- ordena encarcelar a D. Hernando de Granada. El infante se encontraba cenando en casa del maestro Vi?en?o. A las 11 de la noche entr? en casa del m?dico el capit?n de caballos ligeros Ulibarre, informando a D. Hernando que deb?a acompa?arlo al palacio del gobernador.
En las habitaciones del duque le espera el capit?n Carvajal, el cual lo traslada a las 6 de la ma?ana del d?a 16 de agosto al castillo de Bragassa, donde fue entregado al castellano para su prisi?n.
El mismo 16 de agosto comenz? el interrogatorio a D. Hernando de Granada. Curiosamente en todo momento neg? haber recibido cartas de Espa?a en las que se anunciase la rebeli?n de los moriscos, algo imposible de creer por las declaraciones p?blicas que hac?an su madre y amigos. Igualmente daba a entender que nunca tuvo conocimiento de morisco alguno en Asti, pese a estar destinado en aquella guarnici?n. De igual modo no pens? que la marcha de su hermano fuera una huida. En fin, todo eran sospechas de primer orden, m?xime cuando el servicio secreto espa?ol conoc?a la actividad turca a favor de los moriscos y su proyectado avance por el Mediterr?neo a costa de la rebeli?n granadina (77).


AP?NDICE DOCUMENTAL

1) 1569, septiembre, 12, Mil?n Carta del duque de Alburquerque al rey Felipe II, advirtiendo de las medidas tomas tras la salida repentina del infante D. Juan de Granada. (A.G.S., Estado, leg. 1224, p. 75)
Su Catholica. Real. Magestad.
D. Juan de Granada, nieto del Infante de Granada, ha estado aqu? entretenido muchos meses ha con una pla?a de gentil hombre y haviendo, seg?n me han infformado, embiadole a dezir do?a Sicilia de Mendo?a, su madre, despues del l evantamiento de los moros de Granada, que holgava en estremo que en esta sazon y coyuntura ?l y un su hermano se hallassen en estas partes, por quitar las sospechas y occasiones que podria haver si los dichos moros quissieran ynquirir y saber donde estavan. No obstante lo que su madre le embi? a dezir, me pidi? licencia havr? un mes para yrse en Spa?a, y conssiderando que en esta resolu?i?n imprevista pod?a haver alg?n inconveniente, siendo materia de tanta importanci a y conssideraci?n la que es o puede ser en alguna manera dependiente del dicho levantamiento, le dixe que me pares?ia que en ninguna manera le conven?a yr a Spa?a sin tener orden de Vuestra Magestad.
Para el lo avis? a Luis Quixada, de quien ?l dez?a que era muy amigo, pues le
aconsexar?a muy bien lo que en esto dev?a hazer, y que ansi lo conssiderasse y mirase, y me tornase a hablar en ello. Y haviendome respondido que lo har?a acord? de salirse de mi casa una noche sin hablarme palabra, de donde result? confirmarse mas la sospecha de que en su yda pod?a haver alg?n misterio y inconveniente. Y porque, en caso que le huviesse, no quedasse Vuestra Majestad desservido, d? orden para que lo detuviessen y, haviendo ?l entendido esto, dex? de seguir el camino de Genova, a donde yva encaminado, y yo le hav?a embiado a prender, y tom? el de Tierra de Vene?ianos. Y visto ?sto orden? al Auditor General del Exercito y a un Fiscal que res?ibiessen informa?i?n de su fuga y que detuviessen a Don Hernando de Granada,
su hermano, que tiene playa de soldado en el presidio de Asti, cuyo examen y de los dem?s testigos que han tenido alguna noticia desta fuga, va con esta carta, juntamente con un sumario que se ha sacado de un pro?esso que aqui se ha hecho contra un moro que fue presso en el dicho presidio de Asti, de cuya deposici?n aunque tan variable como por el dicho sumario se ver?, consta el trato y comisssi?n que ha tenido de algunos moriscos de essos reynos, que tanbien ha sido causa para hazerme pensar mas en la fuga del dicho don Juan, aunque no ha dicho ninguna cosa contra ?l . Si Don Juan huviere pares?ido en essa corte, cessaran estas sospechas y se podr? colegir que su partida fue mas fundada en liviandad que en desservi?io de Vuesta Magestad, y hasta tener aviso de lo que Vuestra Magestad manda que en esto se haga estar? preso el moro y detenido Don Hernando de Granada, porque no haga otra fuga como Don Juan, su hermano.
Y Guarde Nuestro Se?or la Salud Catholica y Real Persona de Vuestra Magestad con acres?entamiento de mas reynos y se?orios. De Milan a XII de septiembre de 1569. S.L.T.R.

2) Mgt. Basallo y cryado de Buestra Magestad que las reales manos de bien besa. El duque de Alburquerque 1569, septiembre, 15, Mil?n

Declaraci?n del banquero Antonio Mar?a Vivaldo, dando cuenta de c?mo se financi? la huida del infante D. Juan de Granada. (A.G.S., Estado, leg. 1224, fol. 27r.v.)
Yo ten?a conos?imiento y ynteligen?ia con el dicho don Juan de Granada y con su hermano, a causa que me presentaron ?iertas ?edulas de cambio de ?iento y ochenta escudos, los quales no me acuerdo de que parte me viniesse la corresponden?ia sy no lo viesse primero en el libro. Y esto fue a prin?ipio de la venida del dicho don Juan aqu? a Milan, con el qual ny su hermano he tenido que hazer otra cosa, salvo que los d?as passados, quando estava aqu? don Diego de Benavides, el dicho don Juan me rog? le diesse quinze escudos, los quales yo le dy por ver que ten?a amistad con el dicho don Diego de Benavides, a quien yo conos??a mucho y desseava servir. Y ahora ?ltimamente, que puede haver quinze o diez y ocho dias, poco mas o menos, hall?ndome yo en corte con algunos gentiles hombres , vino el dicho don Juan en compa??a de Mart?n de Alvelda, criado de su excelencia, y con larga arenga me rog? y importun? que yo le acomodarse de dozientos escudos a cambio para Spa?a, que
allende me quedar?a en grand?ssima obliga?ion, y me dar?a por seguridad algunos gentiles hombres espa?oles, de quien yo me contentarse. Y por complazerle, atenta su grande instan?ia, me resolv? de darle los dichos dozientos escudos. Y assy, el d?a siguiente a buena hora vino a mi casa el dicho don Juan, al qual orden? que se le diessen los dichos dozientos escudos, por un conos?imiento y letra de cambio de otros tantos que ?l me dex? para pagar en Spa?a. Y despu?s que el dicho don Juan se parti?, me vinieron letras de G?nova, de Filipe Espinola, con una ?edula de cambio que ven?a a Paulo y Peligro Doria, para pagar al dicho don Juan en nombre de su madre ?ient y ochenta escudos, por letras de Meli? Duce Spinola, dada en Medina del Campo.
La qual letra de cambio todav?a tengo en my poder, porque havi?ndo hablado a Pelegro Doria desta letra de cambio, me respondi? que no quer?a hazer cosa al guna antes de comunicarla con su excelencia.

3) 1569, 28 de agosto
Fragmento de una carta del embajador de Espa?a en G?nova al secretario real Antonio P?rez, inform?ndole de las medidas tomadas por la embajada y la propia Signor?a para apresar al infante de Granada.
(A.G.S., Estado. Leg. 1398, p. 55)
[...] A los 18 del presente escriv? a vuesa merced con el ordinario de Roma y d? avisso de lo que por ac? se ofres?ia. Despues ac? no me allo con carta de vuesa merced a que deva hazer respuesta, a cuya caussa en ?sta no ser? muy largo y servir? solamente para dar avisso a vuesa merced como el duque de Alburquerque ha tornado a embiar aqu? a Antonio Calmona para que resida en esta ?iudad hasta ver si acude a ella don Juan de Granada, por haver tenido aviso que hera ydo la buelta de Vergamo y que podria ser vaxasse a esta ?iudad para embarcarse, en la qual ussara de toda diligen?ia, assi por parte desta Se?or?a como de la mia, para que viniendo a ella sea presso y llevado a Mil?n, y tanbien se ha dado orden en La Spe?ia y en Sona, por parte
de esta Se?or?a, que si acudiere a lli se haga lo mesmo. De lo que su?ediere dare avisso a vuesa mer?ed.
1570, febrero, 28, Mil?n
Carta del duque de Alburquerque al rey, inform?ndole de lo conveniente que resultar?a que la nobleza italiana no participase en la guerra de los moriscos.
(A.G.S., Estado, leg. 1226, p. 31)
Fernando Gonzaga, marques de Castelionne, me dixo que quer?a yr a Spa?a, y yo le dixe que si ?l entend?a que le conven?a yr a alg?n nego?io particular suyo, hiziesse lo que le pareciesse. Y porque me dixo que quer?a yr a servir a Vuestra Magestad en la Guerra de Granada, le respond? que para ?sto no hera menester que ?l fuese, d?ndole a entender con buenas palabras la poca ne?essidad que hav?a de que de Italia fuesse ninguno a hazel lo en esta ocasi?n, que no hera sino un levantamiento de algunos moriscos, que con los vassallos de las comarcas lo pod?a Vuestra Magestad mandar castigar, como ya lo comen?ava a hazer.
Y porque por haver havido algunas difficultades para no hazel lo podido hazer hasta ahora, era necesario hazel lo con alguna mas demostra?ion, que es lo mi smo que he dicho a todos, porque me pares?e que conviene mucho que se entienda assi en Italia.
Y convendr?a mucho m?s si fuesse possible que ning?n hombre della, en esta ocasi?n ni en otras, pasasse a Spa?a, pues bolviendo por ac? son ?stos los que m?s da?o hazen con su na?ion, que toda es de la calidad que por otra he dicho a Vuestra Magestad. Y todav?a el dicho Fernando Gonzaga me dixo se resolvia de yr, mostrando voluntad de servir a Vuestra Magestad, cuya su cat?lica y real persona guarde nuestro se?or, con acres?entamiento de m?s reynos y se?or?os. De Mil?n a 28 de hebrero de MDLXX.

RESUMEN

En la Navidad de 1568 los moriscos granadinos se sublevan y proclaman el reino musulm?n. Uno de los posibles candidatos a rey era el descendiente directo por l?nea de var?n del sult?n Muley Hac?n, el infante D. Juan de Granada. Destinado en Mil?n, la cabeza del linaje nasr? fue vigilado por parte de los oficiales de Felipe II, quienes tem?an que dirigiera las riendas del nuevo estado isl?mico. La huida inesperada de D. Juan, la persecuci?n posterior; los cruces de informaci?n y espionaje, as? como las posibilidades dentro del conflicto granadino, convirtieron a este personaje en un asunto de estado. De todo lo sucedido en el interesante a?o de 1569 y sus repercusiones internacionales, as? como la coronaci?n final de un Valor?, da cuenta este trabajo.

1. Baste citar dos nombres: M.A. LADERO QUESADA, con dos obras esenciales:
Castilla y la conquista del Reino de Granada, 1987, y Granada despu?s de la conquista.
Repobladores y Mud?jares, Granada, 1988;y A. GAL?N S?NCHEZ, Los mud?jares del Reino de Granada, Granada, 1991.

2. Para comprender algunas de l as l?neas del entramado morisco en el Reino, antes y durante l a conti enda, vid. V. S?NCHEZ RAMOS, ?Los moriscos que ganaron la guerra?, Melanges Louis Cardaillac, Zaghougan (T?nez), 1995, tomo II, pp. 613627 y B. VINCENT, ?Et quelques voix de plus: de Francisco N??ez Muley ? Fatima Ratal?, Sharq alAndalus, 12, 1995, pp. 131145.

3. J.E. de COCA CASTA?ER, ?Granada en el siglo XV: Las postrimer?as nazar?es a la luz de la probanza de los infantes Don Fernando y D. Juan?, Actas del V Coloquio Internacional de Historia Medieval de Andaluc?a, C?rdoba, 1988, pp. 599641.

4. A.G.S., Estado, leg. 1224, p. 75. El documento lleva por t?tulo exacto: ?Informaci?n que se hizo en Mil?n sobre la fuga de don Juan de Granada?. En adelante, siempre que citemos este documento, s?lo aludiremos a las respuestas emi ti das por los interrogados y los folios donde se encuentran. En el original est? sin foliar, la foliaci?n es nuestra.

5. Los m?s interesantes estudios sobre el espionaje son todav?a pocos, remiti?ndonos a los siguientes:
1) Con respecto a la etapa cronol?gica que trabajamos, vid. C.J. CARNICER
GARC?A y J. MARCOS RIVAS, Sebasti?n de Arbizu, esp?a de Felipe II. La
diplomacia secreta espa?ola y la intervenci?n en Francia.
2) Sobre el tema concreto de espionaje, vid. E. SOLA y J.F. de la PE?A,
Cervantes y la Berber?a (Cervantes, mundo turcoberberisco y servicios
secretos en la ?poca de Felipe II), Madrid, 1996.
3) Aunque alejado cronol?gicamente, no queremos dejar de citar por
lo que tiene de inter?s metodol?gico y sugerentes l?neas de trabajo la obra de D. SALINAS, Espionaje y gastos en la diplomacia espa?ola (16631683),
Valladolid, 1994.

6. M. GASPAR y REMIRO, ?Partida de Boabdil allende con su familia y principales servidores?, Revista del Centro de Estudios Hist?ricos de Granada y su Reino, 2, 1912, reedici?n facs?mil en la misma revista, n?m. 18 (2? ?poca, 1990), pp. 5859.

7. J.E. L?PEZ de COCA CASTA?ER, ?Granada en el siglo XV...?, p. 601.

8. Ib?dem, p. 635.

9. Hijo del infante Ibn ?elim, era nieto del rey Yusuf IV Vid. M. ESPINAR MORENO y J. GRIMA CERVANTES, ?Un personaje almeriense en las cr?nicas musulmanas y cristianas. El infante Cidi Yahya Alnayar (1435?1505), Bolet?n del Instituto de Estudios Almerienses, 7, 1987, pp. 5783 y, de los mismos autores, el ?Testamento y muerte de D. Pedro de Granada?, Mayurqa, 22, 1989, pp. 239254.

10. F. HENR?QUEZ de JORQUERA, Anales de Granada, Edici?n facs?mil con estudio preliminar de Pedro Gan Gim?nez, Granada, 1987, tomo I, p. 434.

11. M.? J. RUBIERA MATA, ?La familia morisca de los Muley Fez, pr?ncipes merin?es e infantes de Granada?, Sharq alAndalus, 13, 1996, p. 163.

12. M.A. LADERO QUESADA, ?La repoblaci?n del reino de Granada anterior a 1500?, Hispania, 110, 1968, p. 535.

13. L. del M?RMOL CARVAJAL, Hi storia del Rebeli?n y Castigo de los moriscos del Reino de Granada, M?laga, 1599, ed. facs?mil de la publicada por la B.A.E., con estudio preliminar de A. Gal?n S?nchez, M?laga, 1991, p. 50.

14. E. SORIA MESA, ?Una versi?n geneal?gica del ansia integradora de la elite
morisca: el Origen de la Casa de Granada?, Sharq alAndalus, 12, 1995, pp. 213221.

15. J.E. L?PEZ de COCA CASTA?ER, ?Granada en el siglo XV..?, p. 635.

16. El c?lculo de los bienes dejados por el rey Muley Hac?n se estima en algo m?s de 816.000 pesantes. Vid. A. MALPICA CUELLO y C. TRILLO SAN JOS?, ?Los infantes de Granada. Documentos ?rabes Romanceados?, Revista del Centro de Estudios Hist?ricos de Granada y su reino, 6, 1992, pp. 361421,
en especial 371374.

17. A. L?PEZ de HARO, Nobiliario geneal?gico de los reyes y t?tulos de
Espa?a, Madrid, 1622, tomo II, p. 107 y ss.

18. J.E. L?PEZ de COCA CASTA?ER, ?Granada en el siglo XV...?, p. 604.

19. V. S?NCHEZ RAMOS, ?Los moriscos que ganaron...?, p. 619.

20. Joao de Alencastro, duque de Aveiro, es uno de los miembros del s?quito
portugu?s que acompa?? al pr?ncipe D. Juan (futuro D. Juan III) a Espa?a con motivo de su matrimonio con la infanta D.? Catalina, hermana del emperador. Vid. J. MART?NEZ MILL?N, ?La familia real y los grupos pol?ticos: la princesa BOUZA ?LVAREZ, ?Corte es decepci?n. Don Juan de Silva, Conde de
Portalegre?, La Corte de Felipe II..., p. 471, nota 82.

21. L. FERN?NDEZ VEGA, La Real Audiencia de Galicia, ?rgano en el Antiguo
R?gimen (14801808), La Coru?a, 1982, tomo I, p. 138.

22. Del primer matrimonio nacieron, entre otros, D. Juan, Ger?nimo Bernardino, Isabel y Magdalena de Granada y Sandoval, esta ?ltima casada con D. Luis Alencastre, nieto del rey de Portugal y Gran maestre de la Orden de Avis. Del segundo matrimonio nacieron Diego, Pedro, Mar?a y Felipa Granada y Toledo.

23. Apuntes biogr?ficos de la familia en M.J. SARABIA VIEJO, Don Luis de Velasco, virrey de Nueva Espa?a (15501564), Sevilla, 1978. 290

24. Este linaje era descendiente de la Casa real de Castilla, una reconstrucci?n del mismo y sus posesiones, Granada, 1997, p. 281 y M. G?MEZ LORENTE, ?Los se?or?os en el Reino de Granada: el se?or?o de Gor?, Cuaderno de Estudios Medievales, 1415, 19851987, pp. 6174.

25. Ambos eran hijos de D. Juan Hurtado de Mendoza y D.? Mar?a Sarmiento, hija del Adelantado Mayor.

26. Por estas fechas vemos a D.? Cecilia de Mendoza dejando una esclava llamada Beatriz a cargo de su hijo.

27. Respuesta de Antonio S?nchez, fols. 4v.5r.

28. Respuesta de D. Hernando de Granada, fol. 16r.

29. Una breve biograf?a del mismo, en C. P?REZ PIC?N, ?Don Luis M?ndez Quixada, Presidente del Real

30. Respuesta de Antonio S?nchez, fols. 4v.5r.

31. Respuesta de Antonio S?nchez, fol. 3v.

32. Un acercamiento al tema en Bartolom? y Lucile BENNASAR, Los cristianos de Al?. La fascinante aventura, Madrid, 1989.

33. Respuesta de D. Hernando de Granada, fol. 16v.

34. Respuesta de D. Hernando de Granada, fol. 12r.

35. Respuesta de Angelus de Penutis, fol. 22v.

36. Respuesta de Vicente de la Cabaletta, fol. 10r.

37. Respuesta de Baltasar de Barretis, fol. 23r.

38. V. S?NCHEZ RAMOS, ?La guerra dentro de la guerra: los bandos moriscos en el alzamiento de Las Alpujarras.

39. L. del M?RMOL CARVAJAL, Historia del Rebeli?n..., p. 94.

40. Respuesta del capit?n D. Alfonso de Villarroel, fol. 30r.

41. V. S?NCHEZ RAMOS, ?Los moriscos que ganaron...?, pp. 622623.

42. Respuesta del capit?n D. Alfonso de Villarroel, fol. 30r.v.

43. Respuesta de D. Hernando de Granada, fol. l4r.

44. Pregunta del interrogatorio a Antonio S?nchez, fol. 5r.

45. A.G.S., Estado, leg. 1224, p. 46.

46. Luis CABRERA DE C?RDOBA, Historia de Filipe II. Rey de Espa?a, Madrid, 1876, tomo II, p. 562.

47. Son fundamentales los contactos entre el general morisco Hernando el Habaqu? y el bey Aluch Al?.

48. A. GAL?N S?NCHEZ, ?Turcos y moriscos en la rebeli?n de Las Alpujarras: algunas notas sobre la guerra.

49. Pese a sus a?os, sigue estando en plena vigencia el trabajo de S. GARC?A
MART?NEZ, ?Bandolerismo?.

50. A.G.S., Estado, leg. 1224, p. 122. Carta de Felipe II al duque de Alburquerque. Madrid, 26 de noviembre

51. Pregunta expuesta a Antonio S?nchez y al infante D. Hernando de Granada, fols. 2r.v. y 12v.,

52. L. del M?RMOL CARVAJAL, Historia del rebeli?n..., p. 163.

53. V. S?NCHEZ RAMOS, ?El mejor cronista de la guerra de los moriscos: Luis del M?rmol Carvajal?, Sharq, 13, 1996, pp. 236237, peque?o cap?tulo que dedicamos a ?Luis del M?rmol y los tercios.

54. A.G.S., Estado, leg. 1226, p. 31. Carta del duque de Alburquerque a Felipe II. Mil?n, 28 de febrero

55. M. RIVERO RODR?GUEZ, ?El servicio a dos cortes: Marco Antonio Colonna, almirante pontificio y vasallo.

56. Blanchard Demouge con estudio preliminar de J. Gil Sanju?n, Granada, 1998, p. 249. Este m

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Publicado por NASOINAN @ 16:29  | Aben Humeya y Moriscos
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