Jueves, 22 de noviembre de 2007
UN REY PARA LOS MORISCOS:
?EL INFANTE DON JUAN DE GRANADA?
Valeriano S?nchez Ramos

Grupo de Investigaci?n "Repobladores y Moriscos".
Universidad de Granada.


Y Segunda Parte


PARTE III.
LA TRAMA


LOS PREPARATIVOS PARA LA HUIDA A ESPA?A

A finales de julio de 1569 D. Juan de Granada tiene decidido marcharse a Espa?a, y aprovechando la ida de Antonio S?nchez a Asti para cobrar su paga, le rog? que hablase con su hermano. De la entrevista entre ambos amigos, D. Hernando reconoce que [...] ?l me dixo de parte de my hermano como se quer?a yr en Spa?a, y esto me lo dixo a boca, trattando conmigo algunas cosas particulares (57). No sabemos m?s, aunque conocemos el inter?s de D. Juan de Granada por charlar personalmente con su hermano. Est? decidido a marchase a Espa?a, sea como sea.

En la misma fecha y con id?ntico motivo que S?nchez, viajaba a Asti Salcedo, criado de D. Juan, quien entreg? a su hermano una carta. Como reconoce D. Hernando de Granada,
[...] lo que contenia la dicha letra es que, vista aquella, partiesse para Mil?n, porque estava determinado yrse a Spa?a y pedir a su excelencia me diesse su pla?a o me entreteniesse conforme a la calidad de my persona. Y en deffetto que su excelencia no tuviese quenta dehazerme merced, me fuesse con ?l (58).

Para evitar problemas, la misiva la mostr? el infante a su alf?rez Ruy G?mez y a D. Rodrigo de Castro [...] lo uno por darles parte de mis negocios, lo otro por venir en la carta encomendadas para ellos (59).
?Quer?an ambos hermanos de alguna manera evitar sospechas de su encuentro en Mil?n? ?Tal vez hicieron ver otra cosa?
A principios de agosto D. Hernando de Granada se desplaza a Mil?n para encontrarse con su hermano, advirtiendo la negativa de D. Beltr?n a permitirle marchar y concederle la sustituci?n de la plaza. D. Juan debe explicarle sus planes para irse a Espa?a y le insta a que le acompa?e. D. Hernando de Granada comprende a su hermano pero no se marchar? de Italia. Luego dir? a las autoridades espa?olas que [...] es verdad que ?l me escribi? que quer?a yr luego en Spa?a y con toda brevedad, pero no dezia secretamente. Y dez?a que era para effetto de disponer y tratar de los nego?ios de su hazienda (60).
?Era esto verdad o, por el contrario, es lo que D. Hernando deb?a o pretend?a decir? Para D. Hernando, la celeridad en la marcha de su hermano era disponer sus asuntos econ?micos, pues seg?n las declaraciones de varios testigos se advierte que D. Juan de Granada no se encontraba muy boyante. A esta apreciaci?n se suma las de sus criados: Antonio S?nchez advierte que los problemas de liquidez de D. Juan obligaban al secretismo, [...] por temor de sus acreedores no le impidiessen la yda, porque entendiendo que ?l se querr?a partir, como yalo havia publicado, venieran muchos a demandarle sus cr?ditos (61).

Sim?n de Mucis, responde lo mismo:
[...] yo le havia oydo dezir otras muchas vezes que quer?a hazer aquel viaje a effetto de casarse, [aunque] antes me suspech? que [....] me ymagin? que huviesse venido a my casa porque sus acreedores no se fatigasse 62) .
?Qui?nes eran estos banqueros que tanto angustiaban a D. Juan? Seg?n su criado,
[...] los mercaderes que le davan dineros eran los Negrones, los quales sol?an estar en la calle de San Pedro Lorto, y que agora est?n junto al Cavallero Aretin, y que assimesmo le dava Peligro Doria, el qual est? a San Loren?o, la v?a por donde era de Spa?a (63).

Si el infante no ten?a dinero, ?c?mo pod?a partir a Espa?a? En principio D. Juan pens? en viajar junto al conde de Cifuentes, quien preparaba su marcha a Espa?a. Al fin y al cabo el arist?crata entraba dentro de la parentela familiar del infante (64), adem?s de ser amigos desde que ambos residieron en Alcal? de Henares. De aquel ruego del infante, [...] el Conde le respondi? que haviendo buen passaje yr?a luego. Y de otra suerte que no pensava yr hasta tanto que escriviesse el se?or Ruy G?mez le enbiasse una galera, o dos, para su passaje.
Por lo que quiera que fuese -tal vez la lentitud de Cifuentes-hace que D. Juan cambie de parecer, pues [...] dixo que determinava yrse y passar en lo que hallasse. Y en defetto de no hallar passaje yr en una fregata, o en la primera cosa que hallase (65).

En la b?squeda de un nuevo transporte, nuestro personaje parece que se decide por una fragata tierra a tierra, argumentando la negativa a partir con Cifuentes
[...] porque no dixesse que se yva en compa??a del conde porque le hiziesse el gasto (66).
El medio ya estaba solucionado, ahora quedaba costear el pasaje. La falta de liquidez la resolvi? el infante contactando a ?ltimos de julio con el banquero Antonio Mar?a Vivaldo. El interlocutor elegido ante Vivaldus fue un oficial del duque de Alburquerque, Mart?n de Alvelda, quien [...] con larga arenga me rog? y importun? que yo le acomodasse de dozientos escudos a cambio para Spa?a, que allende me quedar?a en grand?ssima obligaci?n y me dar?a por seguridad algunos gentiles hombres espa?oles en quien yo me contentasse (67).

El dinero se entregar?a cuando lo pidiese D. Juan. Resuelto el ?ltimo problema a principios del mes siguiente, la partida a Espa?a se fija para la madrugada del domingo 15 de agosto. El d?a antes D. Juan recibe del banquero Vivaldi 200 escudos
[...] a cambio de otros tantos que le ha de dar en Madrid a Lorenzo de Spinola, con m?s el cambio. Y estos dineros le dio el sabado de ma?ana, el d?a antes que se partiesse (68). Es curioso que en la trama financiera para sufragar el viaje de D. Juan se encuentre Peligro Doria, banquero genov?s que -como hemos visto en el apartado anterior- tiempo despu?s acompa?aba a D. Juan de Austria en su campa?a contra los moriscos. El mismo que presionaba al infante por deudas. Con el dinero en el bolsillo desde la ma?ana, D. Juan de Granada tiene v?a libre para su proyecto. Por la noche charla con su hermano, quien se hab?a trasladado de Asti a Mil?n a su solicitud, momento en el que ambos charlaron a solas. De aquella conversaci?n todo parece indicar que el gobernador de Mil?n desconoc?a la marcha, raz?n por la cual no quiso pedirle su sustituci?n en la plaza. Seg?n dijo despu?s D. Hernando de Granada, su hermano le rog? que al d?a siguiente se entrevistase con el duque de Alburquerque y le comunicase su partida a Espa?a. Tras despedirse de su hermano, D. Juan huye del pala?io del gobernador.

EL INTENTO FRACASADO DE HUIDA

La noche entre el s?bado 14 y el domingo 15 de agosto es intensa; mientras que D. Juan de Granada habla con su hermano, su equipaje est? siendo trasladado a otro sitio: [...] hizo enbalisar la ropa que ten?a en palacio de su excelencia en dos baules, los guales hizo llevar fuera (69).
Se trataba de la casa de su criado Sim?n de Mucis, quien describe perfectamente el desarrollo de las horas siguientes: [...] don Juan havia ydo a su casa de tres horas de noche, con un paje y dos faquines que llevavan dos caxas y que avia dormido ally (70).
Amaneci?, pues, el palacio del gobernador de Mil?n sin el infante de Granada.

Tras dormir unas horas, el domingo 15 de agosto es bastante movido en casa de Sim?n de Mucis. Por la ma?ana D. Juan le entrega dinero al criado para que compre comida y busque caballos para su partida, quedando solo en la vivienda. Entre tanto llega a la misma su amigo Chaves, aqu?l que residi? en Constantinopla. A solas conversan, nada se sabe de lo que hablaron. De vuelta, Sim?n de Mucis anuncia al infante los problemas que hay para encontrar caballos, es domingo y v?spera de la virgen: [...] despues de haver comido el dicho don Juan en compa??a de Chaves, mand? a este confesante que fuesse a llamar a Ant?n S?nchez y ass? mermo a buscar cavallos o coche para su partida (71).

Nuevamente quedan solos en la casa D. Juan de Granada y Chaves. Se desconoce la conversaci?n mantenida. A las seis o siete de la tarde llega Antonio S?nchez a la casa -ya no est? Chaves- y [...] despu?s de haver hablado con ?l de cosas, como se suele entre los amigos, se parti? (72).
Eran las 8 de la tarde y acompa?aban al infante, adem?s de Sim?n de Mucis, "dos faquines que le llevaban la ropa hasta la primera hoster?a fuera de Mil?n que va a Binasco, en compa??a de Ant?n S?nchez y Sal?edo y Jer?nimo, sus criados que acompa?aban" (73).

Llegados "antes del Ave Mar?a" a la Hoster?a La Briosca, a las afueras de Mil?n y en el camino a Binasco, surge el primer percance del proyectado viaje. Al demandar el infante caballos, el due?o de la hoster?a, Pedro Ferrari, "le respondi? que no ten?a cavallos y despu?s de haverle dado de bever a ?l y a los dem?s que ven?an en su compa??a, siendo venidos a caso ?iertos molineros con dos mulos, se concert? con ellos que le llevassen las valisas y ropa hasta la hoster?a del Molino Nuevo" (74). No pudo conseguir m?s el infante, por lo que "se fue a pie el dicho don Juan hazia Binasco, haciendo llevar su ropa en dos mulos de un molinero" (75). Aqu? se despiden Antonio S?nchez y Sim?n de Mucis, siguiendo solo D. Juan y sus dos criados.

De todas formas, en la ruta entre la hoster?a La Briosca y el Molino Nuevo, D. Juan cambia de idea y se vuelve a Mil?n. Quedan en camino el molinero, llevando el equipaje, sigui?ndole los criados del infante a pie. ?Era premeditada esta vuelta? ?Fueron s?lo las circunstancias las que obligan a cambiar de planes?

EL ENCARCELAMIENTO DE D. HERNANDO DE GRANADA

Mientras D. Juan hu?a durante el domingo 14 de agosto, su hermano no hac?a nada por comunicar con el gobernador, seg?n ?l dec?a que hab?an acordado. Muy al contrario, [...] aquel d?a estava en casa del m?dico, cur?ndome y pensando que ven?a presto para poder hallar a su excelencia, (si bien) no huvo lugar por ser tarde. Y ansy habl? al se?or don Beltr?n de la Cueva y le dy un recado de parte de my hermano y dexava para el lunes el hablar a su excelencia (76).

Llegada la nota al gobernador, el duque de Alburquerque -en previsi?n de posibles consecuencias- ordena encarcelar a D. Hernando de Granada. El infante se encontraba cenando en casa del maestro Vi?en?o. A las 11 de la noche entr? en casa del m?dico el capit?n de caballos ligeros Ulibarre, informando a D. Hernando que deb?a acompa?arlo al palacio del gobernador.
En las habitaciones del duque le espera el capit?n Carvajal, el cual lo traslada a las 6 de la ma?ana del d?a 16 de agosto al castillo de Bragassa, donde fue entregado al castellano para su prisi?n.
El mismo 16 de agosto comenz? el interrogatorio a D. Hernando de Granada. Curiosamente en todo momento neg? haber recibido cartas de Espa?a en las que se anunciase la rebeli?n de los moriscos, algo imposible de creer por las declaraciones p?blicas que hac?an su madre y amigos. Igualmente daba a entender que nunca tuvo conocimiento de morisco alguno en Asti, pese a estar destinado en aquella guarnici?n. De igual modo no pens? que la marcha de su hermano fuera una huida. En fin, todo eran sospechas de primer orden, m?xime cuando el servicio secreto espa?ol conoc?a la actividad turca a favor de los moriscos y su proyectado avance por el Mediterr?neo a costa de la rebeli?n granadina (77).


IV PARTE.
LA HUIDA DEL INFANTE: DE MIL?N A LIMEDO


Casi a la vez que D. Hernando de Granada era encarcelado, su hermano volv?a sobre sus pasos desde el camino de Binasco a Mil?n. En la ciudad, sobre las 11 de la noche, env?a a buscar a L?zaro de Olvia, criado del palacio del gobernador, el cual acude con el criado a Puerta Tosa, donde dentro de la puerta hallamos asentado s?lo al dicho don Juan de Granada. All? le pide que le gu?e a casa de alg?n amigo donde esconderse la noche del domingo. L?zaro declara que lo llev? a casa de un amigo m?o hortelado, el qual esta fuera de la muralla vieja de Mil?n, junto San Marcos, cabe El Navillo, en una casa blanca. Donde entrando llam? al patr?n de la casa, llamado Juan Angelo, el qual estava en el lecho y le rogu? que por hazerme plazer quisiesse tener ally en casa por aquel d?a aquel gentil hombre que yba conmigo, diziendo que era don Juan de Granada y a un criado (78).
?Ser?a este criado Chaves? ?Pudo entrevistarse con ?l en Puerta Tosa, momento en el que qued? solo el infante?
Seg?n el hortelano, Angelo de Vayanis, eran las doce y media de la noche y all? estuvo el infante con su criado, del qual no se parti? en todo el d?a hasta tres o quatro horas, de noche, que le traxeron dos cavallos, el uno blanco y el otro no me acuerdo de qu? pelo, y cavalgandoen uno dellos el dicho gentil hombre se parti? en compa??a de aquel que hav?a traydo los cavallos, sigui?ndole a pie su criado (79).
?Qui?n trajo los caballos a D. Juan? ?no ser?a Chaves?
Poco despu?s, don Juan -ya sin el caballista desconocido- se dirige con L?zaro de Olvia a casa del conde de Cifuentes, aqu?l con el que no quiso irse a Espa?a, entrevist?ndose con ?stea deshoras. La conversaci?n que mantienen ambos hace que a las 5 de la ma?ana el conde se dirija al palacio del conde de Brocardo, quedando D. Juan en la puerta. Los condes tienen una conversaci?n a solas en los aposentos particulares del noble italiano, tras la cual ?ste ordena a su criado, Vicente de la Cabaletta, que acompa?e a Bergamo a un caballero espa?ol,el cual estava aguardando a la puerta vestido de ropas de villano o molinero, y hablado el dicho conde (Cifuentes) se parti?. Y a que el otro (D. Juan de Granada) que ya he dicho, orden?ndome que cavalgase en un cavallo de aquellos y le siguiesse, subiendo ?l en el otro, yendo con ?l a pie otro criado (Sim?n de Muciis), se encamin? la buelta del Navillo que va a Gorgonhola. Y entrando en una casa grande y nueva que est? junto al Navillo se ape? y desnud? los vestidos de molinero y se visti? otros (80).
En el trayecto, el criado del conde de Brocardo observ? que D. Juan y L?zaro de Olvia hablavan en secreto. Tan s?lo sabe que el gentil hombre me dixo que hav?a dexado otros criados y ropa fuera de Mil?n, quatro millas hazia Binasco (81) y a tal destino se encaminaron. Entre tanto, volvieron a parar, concretamente en la casa donde hab?an estado horas antes. All? se mudar?a D. Juan y pasar?a el d?a de la Asunci?n. Comenta el criado del conde de Brocardo que en esta casa les esperaba una persona que estava en ella aquella noche, era hombre viejo y no creo que la casa sea suya (82). Se trataba de Angelo de Vayanis, el hortelano amigo de L?zaro de Olvia que hab?a permitido que pasasen la noche all?.
Durante la ma?ana de la Asunci?n, y antes de volverse a Mil?n, L?zaro de Olvia tiene que resolver el problema del equipaje. La persona que encontr? era un familiar del hortelano de Casa Magna, Baltasar de Barretis ?cu?ado, molinero, el qual es vezino del se?or de la casa, donde el dicho don Juan estuvo a rogarle (83). Entre tanto marcha el molinero con la ropa, ambos viajeros esperan la noche. A las tres y media de la madrugada Vicente de la Cabaletta vuelve con caballos, en los que [...] en uno dellos el dicho gentil hombre se parti? en compa??a de aquel que havia traydo (Vicente de la Cabaletta) los cavallos, sigui?ndole su criado (L?zaro de Olvia) (84).

Continuando el camino, amanece el d?a de San Roque y los viajeros acuerdan detenerse para no ser vistos, decidiendo hospedarse en el mes?n Val de Ambrosia. No obstante, un nuevo infortunio descubre parte de su huida: El due?o de la hospeder?a, Angelo de Penutis, se encontraba de viaje, raz?n por la cual su mujer no quer?a hospedar a los viajeros. El esc?ndalo que sigue permite generar nuevos testigos, pues, como describe Penutis, se pusieron a querer entrar por fuer?a y, acudiendo los vezinos, que con buenas palabras persuadieron a my mujer que los dexasse por aquella noche alojar (85).
Seg?n la versi?n del due?o de la hoster?a [...] assi estuvieron en my casa ?inco personas con dos valisas, las quales havian traydo ciertos molineros, y despu?s de haver ?enado los dos dellos se partieron, restando tres otros en casa, diziendo que aquellos dos que se partieron dixeron a su mujer que el dia siguiente pagarian el gasto (86).
Con ropas distintas D. Juan de Granada decide continuar su camino hacia B?rgamo. Tras despedirse de L?zaro de Olvia, marcha s?lo con Vicente de la Cabaletta, sigui?ndoles a distancia los criados Salcedo y Jer?nimo. El servidor del conde de Brocardo describe perfectamente el trayecto realizado: [...] y assy despues de averse despedido el dicho gentilhombre de su criado nos partimos para Gorgon?ola y sin detenernos passamos adelante, siguiendo nuestro viaje hasta Vergamo. Y assi llegamos a Adda y all?, entrando en la barca, passamos de la otra parte, sin dar ?evada a los cavallos ny parar porque el dicho gentil hombre llevaba grande miedo, o que fuesse preso o muerto, porque muchas vezes se tapava la cara y los ojos por no ser conos?ido quando se encontraba con alguna persona (87).
Llegados a B?rgamo, los viajeros se hospedan en el burgo, en Ganassa. Despu?s de descansar, Cabaletta decide volver a Mil?n, ha cumplido su cometido. D. Juan le ruega que no dixesse a nadie nada de c?mo le havia acompa?ado, ny dexado en Vergamo, diziendome que menos lo huviese de dezir al conde Brocardo, pero que diesse una letra que ?l escrivi? al conde de Cifuentes. Mand?ndome assi mesmo que abisasse a ?iertos sus criados, que yo encontrar?a en el camino, c?mo quedava en Bergamo en la dicha hoster?a (88).
En este punto del viaje se pierde la pista de D. Juan. S?lo sabemos que lleg? a las dos de la ma?ana a la hoster?a de La Ripa, donde descans? -como queda dicho- hasta la ma?ana. Por las declaraciones de Cabaletta, el huido le dio a entender que su ruta era ir a G?nova: [...] y ?l me dixo que se quer?a yr a Bressa, y hoy que ?l demand? al mesonero de Bressa en quanto tiempo se pod?a yr a G?nova y quantas millas se passavan por el Estado de Mil?n (89) . No obstante, seg?n el due?o de la hoster?a, Francisco Monte, tras despedirse del caballante (Vicente Cabaletta), D. Juan y sus dos criados ...se partieron, yendo hazia un lugar llamado Limedo, por donde se va a los confines de Vene?ianos (90). Por tanto, quer?a que se entendiese la ruta contraria. ?Qu? conten?a la carta de Cifuentes? ?no podr?a ser una nueva argucia del infante por distraer la atenci?n?.

El viaje que realiza D. Juan se asemeja al itinerario recomendado por un texto aljamiado del siglo XVI para que los moriscos abandonasen Espa?a y pasasen a los dominios turcos. Entre los consejos para huir, el documento aconsejaba lo siguiente: [...] demandares el kamino de Mil?n. -D?all? adelante dires ke is a besitar el se?or Sa?Marko de Bene?ia. Embarkaros- es en Padua i en un rrio para Bene?ia [...] alli los ke bereys kon tokas blankas son Turkos, los ke bereys kon amarillas son Judios merkaderes del gran Turko. Ad akellos demandareys kuanto kerreys, k?ellos os enkaminaran [...](91). ?Acaso conoc?a D. Juan este camino?, ?era ?ste el que segu?a?...

V PARTE.
EL DESENLACE:
LA CAPTURA Y PRISI?N DE D. JUAN DE GRANADA


Mientras D. Juan hu?a, el Gobierno de Mil?n se pon?a en guardia. Encarcelado D. Hernando de Granada la noche del 15 de agosto, inici? el interrogatorio de cuantos hab?an tenido relaci?n con el infante. La madrugada y el d?a fueron largos para el auditor general del Ej?rcito, Alfonso Lopecio, y el fiscal general, Jer?nimo Marescateo, aunque a ?ltimas horas del 16 de agosto comenzaba a vislumbrarse la trama de la fuga. Con datos en la mano, Alburquerque remit?a al rey una carta que no pod?a ser m?s alarmante: D. Juan hab?a tomado la ruta hacia G?nova, que era como decir el camino a Granada.
Lo que puede colegirse de lo siguiente, en plena guerra de los moriscos, es imaginable. Las medidas adoptadas por Alburquerque eran en?rgicas: orden de captura del fugado.
Al mismo tiempo desplegaba el formidable dispositivo diplom?tico espa?ol en todo el norte de Italia. En efecto, el 14 de agosto Alburquerque escrib?a al embajador espa?ol en G?nova estas palabras: [...] don Juan de Granada parti? de aqu? ayer a 3 horas de noche y a lo que se entiende va a la buelta de esta ciudad. Y porque al servi?io de Su Magestad conviene que sea preso el dicho don Juan. Y si no se alcanzara en este estado, le sigan, como as? lo he ordenado al teniente Alzola y Antonio Carmona. Y ello se pro?ede con todo secreto, y con el cuydado y diligencia que vuesa se?or?a suele poner en todos las cosas que tocan al servi?io de Su Magestad (92). Sobre los perseguidores de D. Juan llama la atenci?n que uno de ellos sea Mart?n de Alzola, el amigo que d?as antes hab?a convencido al banquero Vivaldi para que le financiase su viaje.

De las medidas tomadas en G?nova para capturar a D. Juan de Granada se da cumplida cuenta al rey el 18 de agosto. Entre ellas, se dec?a que la Signoria participaba activamente colaborando con el servicio espa?ol. Todos estaban ojo avizor en los puertos de la rep?blica, especialmente en Sona, La Spezia y la propia G?nova, aunque no daban aviso de nada. As?, a finales de mes la embajada ya sospechaba que D. Juan de Granada hab?a tomado la v?a de B?rgamo hacia Venecia (93). De ser cierta la sospecha sobre la ruta hacia la ciudad de los canales, era reconocer la posibilidad de que el infante contactase con la Sublime Puerta. Una probabilidad nada desde?able, puesto que, desde la misma toma de Granada, el imperio otomano utilizaba esta ciudad como punto de ayuda a los moriscos (94).

Entre tanto, el gobernador de Mil?n no dejaba de interrogar testigos. Una pieza clave de su informaci?n fue Vicente de la Cabaletta, quien pese al ruego de infante de no decir nada- pensamos que no dud? en contar a su se?or, el conde de Brocardo, la ruta seguida por D. Juan. A su vez, Brocardo debi? trasladar sus conocimientos a Alburquerque, pues no en balde era un fiel colaborador con la Corona espa?ola, al menos desde que en marzo de 1562 se le encargara negociar en Roma para Felipe II el subsidio para 20 galeras (95).

El 12 de septiembre -sobre la base de las nuevas declaraciones- el duque de Alburquerque llegaba a la misma conclusi?n que G?nova: D. Juan de Granada perd?a su pista en Limedo. Su destino, por tanto, era la tierra veneciana (96). Dos d?as despu?s, el rey escrib?a al embajador de G?nova alabando la discreci?n y diligencia de Alburquerque, toda vez que expresaba su preocupaci?n por que el nieto del pr?ncipe Nars ya estuviera en Granada (97). La preocupaci?n era, pues, Asunto de Estado.
No obstante, la angustiosa preocupaci?n espa?ola lleg? a su fin una quincena m?s tarde, descansando el servicio diplom?tico espa?ol en Italia. Como se desprende de las palabras del embajador en G?nova, en contestaci?n a una carta del 3 de octubre al rey, ya se conoc?a la secreta v?a que hab?a seguido el infante para eludir la celosa cerca espa?ola, la cual no ser? mas nes?essario husarla, pues, por lo que entiendo por carta del secretario Antonio P?rez, hav?a llegado en Bar?elona y el duque de Francavila havia usado la mesma diligencia en mandalle poner en prission. De donde yo ten?a siempre por ?ierto que no podia scapar, por hazer yo tenido aviso que se havia embarcado en esta ribera de levante en un lugar que se llama Setre y muy secretamente, a donde havia venido por vias extraordinarias. Y pues ?l est? all?, y a tan buen recaudo, Vuestra Magestad mandar? hazer de ?l lo que m?s fuere a su real servicio (98).

?Qu? pas? con aquel Chaves que acompa?aba al infante y ahora no aparec?a en Barcelona? ?Qu? hizo y con qui?n trat? D. Juan de Granada en el tiempo que estuvo en la ruta hacia tierra de venecianos? ?Por qu? volvi? a G?nova?, y ?c?mo? Tal vez haya que recordar c?mo en G?nova tambi?n hab?a turcos, manifest?ndose p?blicamente como tales, sin miedo a nada (99). ?Puede que el infante viniera con ellos a trav?s de alguna v?a? Al final D. Juan de Granada fue capturado en los primeros d?as de octubre de 1569 en Barcelona, quedando encarcelado por orden de D. Diego Hurtado de Mendoza, duque de Francavilla y pr?ncipe de M?lito, seg?n expresaba el rey personalmente al duque de Alburquerque (100). Durante octubre y noviembre se interrog? en Barcelona a D. Juan, y de sus respuestas parece desprenderse que todo fue una imprudencia por ir a reunirse con su esposa. Al menos eso hizo ver D. Juan a todo el servicio diplom?tico espa?ol y al mism?simo rey de Espa?a, el cual manifestaba tal convencimiento a D. Beltr?n de la Cueva: [...] don Juan acudi? a Barcelona, donde por mi orden se le detuvo el duque de Francavillla, con determinaci?n de pasar a Valladolid a casarse, que el exceso que en su salida ha avido ha sido venirse sin vuestra lisensia, y as? he mandado escrebir al dicho duque que se le d? licencia para que se vaya a Valladolid a casarse (101). La carta regia al gobernador de Mil?n no pod?a tener mejor fecha, pues dos d?as despu?s -el 26 de noviembre- Felipe II ordenaba a D. Juan de Austria levantar un ej?rcito que saliese de la ciudad de La Alhambra para acabar con el problema morisco (102).

Pese a todo, D. Juan de Granada no dej? de recibir un fuerte susto de Felipe II, como lo comunicaba el rey el 30 de noviembre al comendador Mayor de Castilla, al notificarle la feliz soluci?n de su huida: [...] y assi he mandado scrivir al de Francavilla que le d? alguna reprehensi?n por ello, y li?en?ia y libertad para que se vaya a Valladolid a casarse (103).

EP?LOGO:
EL FIN DE LA MONARQU?A MORISCA

Como si los tiempos no hubiesen pasado, y al igual que ocurriera con los reyes cat?licos, mientras que el descendiente de la l?nea real nasr? contraria, D. Alonso de Granada-Venegas, se desviv?a por colaborar activamente con D. Juan de Austria en la pacificaci?n de los moriscos (104), D. Juan de Granada apuntaba a suceder en la corona de sus ancestros. Felipe II, el infante D. Juan de Granada y D. Alonso Granada-Venegas, los tres nombres que la historia pon?a frente a frente, eran los biznietos de aquellos que intervinieron en la toma de Granada. Como entonces, la situaci?n del reino granadino a s?lo admit?a la colaboraci?n con el poder, principio y fin del desenlace de la fuga del infante. Cuando todo pas?, como muy agudamente se?al? M?rmol Carvajal, las posiciones de las dos ramas reales -al igual que en tantos momentos de la historia estamental castellana- ser?an marcadas diferencialmente con las se?as de la her?ldica:
los descendientes de los infantes don Juan y don Hernando tienen por apellido de Granada, y traen por armas dos granadas en campo azul, y un letrero atravesado que dice Lagaleblila, que quiere decir: no hay vencedor sino Dios, y los que vienen de don Pedro y don Alonso tomaron apellido de Venegas y tambien de Granada. Traen cinco granadas en campo azul. Primero traian una sola, y por un desaf?o que vencieron padre e hijo en la vega de Granada, en que mataron cinco moros, pusieron cinco granadas y el mesmo letrero (105).

Al final, la colaboraci?n de la casa contrincante dio mayores honras y honores en los blasones que la mera sumisi?n pasiva. Cinco granadas frente a dos es s?mbolo inequ?voco del resultado. No hay duda que los Granada-Venegas acabaron present?ndose como interlocutores perfectos entre la Monarqu?a y la comunidad mud?jar, consiguiendo poseer se?or?os en el propio reino de Granada.

Para la Navidad de 1569 -un a?o despu?s del levantamiento morisco- el infante D. Juan de Granada descansaba en Valladolid junto a su esposa, D? Juana de Castilla y Acu?a, un matrimonio del que no hubo progenie. A su muerte, su hermano D. Hernando de Granada hered? todos sus derechos din?sticos. Casado con D.? Ana del Hierro (D? Ana de Austria), tampoco dej? descendencia, extingui?ndose con ?l la dinast?a. La desaparici?n de la ?ltima l?nea directa de la casa real nasr? en Espa?a ven?a a tener un paralelismo con el destierro de los moriscos.

Durante el tiempo que vivieron los infantes en Valladolid, tuvieron que ver c?mo los moriscos granadinos se asentaban en la ciudad, formando una numerosa comunidad marginada que acab? igualmente maltratada y vejada hasta su expulsi?n definitiva con Felipe III (106). ?Qu? relaci?n -si la hubo- mantuvieron D. Juan y D. Hernando con los deportados?. Preguntas como ?sta obligan a estudiar a esta curiosa familia m?s all? del trabajo que presentamos.
No queremos cerrar este episodio sin citar a los Valor?es, personajes que fueron elevados por los moriscos a la categor?a de familia real en sustituci?n de D. Juan, y cuyo destino final tiene mucho de paralelismo con todo lo descrito. Asesinado el rey Aben Humeya, el resto de su parentela tambi?n se disolvi? en la sombra de la historia: primero murieron o desaparecieron y, segundo, -los m?s allegados- acabaron en prisi?n. En efecto, su padre, D. Antonio de V?lor, y su hermano, D. Francisco de V?lor, desde 1569 eran prisioneros del rey. Al igual que hab?a ocurrido con los pr?ncipes Sa?id y Nasr en su momento, padre e hijo quedaron desterrados en 1572 en Galicia, reino ya marcado por la historia. De las tierras gallegas ambos escaparon a Portugal, donde en Oporto fueron capturados en enero de 1576, intern?ndolos en dos monasterios de los que no volvieron a salir: D. Antonio en Montederramo (Orense) y D. Francisco en Santos (Lugo). En 1579 D. Francisco de V?lor pas? al monasterio benedictino de San Vicente, tomando entre 1583-1584 el h?bito y dejando de inquietar al abad (107).
A?n as?, el 15 de mayo de 1583 el propio Felipe II todav?a se preocupaba por este peculiar fraile, preguntando al abad de Sahag?n la posibilidad de trasladarlo all?. Respondiendo fray Antonio Predo al rey que ...teme que res?ibiendo al dicho D. Francisco en dicha casa por religioso podr?a su?eder quererse volver al Reino de Granada y causar alguna inquietud en los moriscos del reino (108). ?Conoc?a el infante de Granada el ?ltimo destino de esta familia?. ?Por qu? se eligi? Galicia para el destierro?, ?tal vez la tierra gallega era un ejemplificador recordatorio de la posici?n que deb?a mantener el infante?. De no ser as?, el destino y la historia ofrecen un paralelismo sorprendente. Con el celibato forzado de los ?ltimos Valor?es en Espa?a, y la falta de descendencia de los infantes, terminaba de extinguirse cualquier pretendida reclamaci?n al trono de Granada. S?lo la familia real nasr? contraria qued? en pie, la de Cidi Yahya, aqu?lla que desde antes de la toma del reino opt? por colaborar con Castilla, la ?nica que se consolid? en el reino granadino y alcanz? la gracia de un t?tulo nobiliario (109). El clan que suplant? a la familia nasr?, pues, fue el modelo de dinast?a regia que necesitaba Granada, y la ?nica que quer?an los Reyes de Espa?a.

Notas

56.Blanchard Demouge con estudio preliminar de J. Gil Sanju?n, Granada, 1998, p. 249. Este mismo hecho lo recoge M. G?mez Moreno en los ap?ndices, sobre un manuscrito de la Academia de la, Madrid, 1949, tomo XLIX, p. 221. Igualmente lo refiere L. del M?RMOL CARVAJAL, Historia.., p. 218.

57. Respuesta de D. Hernando de Granada, fol. 15r.

58. Ib?dem, fol. 15v.

59. Ib?dem, fol. 16r.

60. Ib?dem, fol. 15v.

61. Respuesta de Antonio S?nchez, fol. 2r.

62. Respuesta de Sim?n de Mucis, fol. 19v.

63. Ib?dem, fol. 20r.

64. El hermano de Cifuentes era el conde de Portalegre, marido de la prima del infante, D.? Beatriz.

65. Respuesta de D. Hernando de Granada, fol. 13v.


66. Respuesta de Antonio S?nchez, fol. 3r.

67. Respuesta de Antonio Mar?a Vivaldus, fol. 27r. Reproducimos en el ap?ndice documental.

68. Respuesta de D. Hernando de Granada, fol. 17v.

69. Respuesta de Antonio S?nchez, fol. 1 rv.

70. Respuesta de Sim?n de Mucis, fol. 18v.

71. Ib?dem, fol. 19r.

72. Respuesta de Antonio S?nchez, fol. 1v.

73. Respuesta de Sim?n de Mucis, fol. 19r.

74. Respuesta de Pedro Ferrarius, fol. 21r.

75. Respuesta de Antonio S?nchez, fol. 1 v.

76. Respuesta de D. Hernando de Granada, fol. l8r.

77. Sobre ello, vid. Abdeljelil TEMIMI, ?Le Gouvernement Ottoman face au probl?me morisque?, Les Morisques et leur temps, Montpellier Paris,
1983, pp. 299311, y L. CARDAILLAC ?Le turc, supreme espoir

78. Respuesta de L?zaro de Olvia, fol. 25v.

79. Respuesta de Angelo de Vayanis, fol. 24v.

80. Respuesta de Vicente de la Cabaletta, fol. 7r.

81. Ib?dem, fol. 8v.

82. Ib?dem, fol. 10v.

83. Respuesta de L?zaro de Olvia, fol. 26r.

84. Respuesta de Angelo de Vayanis, fol. 24v.

85. Respuesta de Angelus de Penutis, fol. 22r.

86. Ib?dem, fol. 22r.


87. Respuesta de Vicente de la Cabaletta, fol. 7v.

88. Ib?dem, fols. 7v.8r.

89. Ib?dem, fol. 9r.

90. Respuesta de Francisco de Monte, fol. 28v.

91. El manuscrito se encuentra en la Biblioteca Nacional de Par?s, en los "Fondos ?rabes" .

92. A.G.S., Estado, leg. 1398, p. 56. Carta del duque de Alburquerque al embajador Figueroa. Mil?n.

93. A.G.S., Estado. Leg. 1398, p. 55. Carta del embajador Figueroa a Antonio P?rez.G?nova, 28 de agosto

94. M?kel de EPALZA, Los moriscos antes y despu?s de la expulsi?n, Madrid, 1992, pp. 279283.

95. J. GO?I GAZTAMBIDE, Historia de la Bula de Cruzada en Espa?a, Vitoria, 1958, pp. 552553.

96. A.G.S., Estado, leg. 1224, p. 75. El duque de Alburquerque a Felipe II. Mil?n, 12 de septiembre de 1569.

97. A.G.S., Estado, leg. 1398, p. 225. Felipe II al embajador Figueroa. Madrid, 14 deseptiembre de 1569.

98. A.G.S., Estado, leg. 1398, p. 67. Carta del embajador Figueroa a Felipe II.
G?nova, 6 de octubre de 1569.

99. B. BENNASSAR, ?El choque cultural entre cristianos y musulmanes en Espa?a, Italia y Francia.

100. A.G.S., Estado, leg. 1225, p. 87. Felipe II al duque de Alburquerque. Madrid, 22 de noviembre de 1569.

101. A.G.S., Estado, leg. 1224, p. 122. Felipe II al duque de Alburquerque. Madrid, 24 de noviembre de 1569.

102. V. S?NCHEZ RAMOS, ?El mejor cronista de la guerra...?, p. 238.

103. A.G.S., Estado, leg. 910. Carta de Felipe II a D. Luis de Requesens. Madrid, 30 de noviembre de 1569.

104. Vid. E. SORIA MESA, ?Don Alonso de Granada Venegas y la rebeli?n de los moriscos. Correspondencia SPIVAKOVSKY, ?Some notes on the relations between D. Diego Hurtado de Mendoza and D. Alonso deGranada Venegas?, Archivum, XIV, 1964, pp. 212232.

105. L. del M?RMOL CARVAJAL, Historia del Rebeli?n..., p. 50.

106. Sobre la comunidad morisca de Valladolid, n?mero de asentados, tiempos de llegadas, lugares.

107. A. DOM?NGUEZ ORTIZ y B. VINCENT, Historia de los moriscos, Madrid, 1989, p. 46 y p. 67 y nota 35.

108. A.G.S., C?mara de Castilla, leg. 2187.

109. R.F. PEINADO SANTAELLA, ?Los or?genes del marquesado de Campot?jar (15141632). Una contribuci?n.

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Publicado por NASOINAN @ 17:42  | Aben Humeya y Moriscos
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