Domingo, 25 de noviembre de 2007
EL ORIGEN ISL?MICO DE LAS TRADICIONES ANDALUZAS

Fuente: Musulmanes Andaluces

1.-Introducci?n: La mujer andaluza como conservadora de las tradiciones musulmanas; La casa de Bernarda Alba como paradigma de la historia moderna de Andaluc?a.

2.- Tradiciones andaluzas en las que el Islam brilla por su ausencia. Pero brilla.

3.- Conclusi?n: tradiciones que nos remiten al Islam


INTRODUCCI?N:

Cuando me propuse afrontar el tema de las tradiciones andaluzas y su relaci?n con el Islam (que es a la vez revelaci?n y tradici?n), tem? quedarme atrapado en la acostumbrada vor?gine folkl?rico costumbrista (valga la redundancia) made in ?lvarez Quintero, donde tradici?n y tradiciones abarcan toda la vida de un pueblo, desde los aspectos m?s cotidianos a los m?s festivos. La tradici?n tiene, como veremos m?s alante, una marcada vertiente pol?tica en cuanto que ?sta articula tambi?n la vida social. Esto lo supo Sidi Blas Infante y del mismo modo sus verdugos, s?lo que en direcciones opuestas.

Os propongo ahora un peque?o viaje por nuestras tradiciones, no sin antes conocer a cuatro mujeres que a mi juicio nos ayudar?n a entender mejor la realidad de la Andaluc?a contempor?nea y su drama de Islam nunca perdido del todo. Por supuesto no desaprovechar? la ocasi?n para recomendaros su lectura o que ve?is la versi?n cinematogr?fica

CUATRO PERSONAJES DE "LA CASA DE BERNARDA ALBA":

Bernarda Alba: Bernarda es un nombre de procedencia germ?nica y significa "con la fuerza de un oso". Ella es la encarnaci?n de una tradici?n represiva, brutal y castradora. Es el s?mbolo de la Andaluc?a m?s castellanizada o lo que es igual; la de ciertos "valores" que trajeron consigo los conquistadores (inquisici?n, represi?n sexual, misoginia, intolerancia, etc) que se re?nen en este terrible personaje que Lorca sac? de la realidad.

Adela: La hija m?s joven. No se somete a los criterios represivos de la matriarca. Es el perfecto s?mbolo de una Andaluc?a minoritaria, la que quiere romper muros y rejas. Revolucionaria, profundamente entregada a su identidad y a su liberaci?n (personificada en este caso por Pepe el romano). Es la Andaluc?a luchadora, vitalista y tr?gica que tan bellamente encarnaron Mariana Pineda, Sidi Blas Infante y tantos otros.

La Poncia: Es la quintaesencia de la mujer andalus? que tanto nos seduce. Alegre, sensual, degustadora de los placeres de la vida hasta la glotoner?a, pero incapaz de romper con una tirana que le amarga, a ella tambi?n, la vida. La Poncia es la Andaluc?a que divierte, pero lleva clavado un pu?al de resentimiento. Alecciona a las reprimidas hijas en los placeres del amor y del sexo, desatando con ello, sin quererlo, la tragedia.

Mar?a Josefa: La senil madre de Bernarda sabe y dice (grita) demasiado, por eso se la mantiene bajo siete llaves. Grita las verdades del barquero adem?s de sus propias fantas?as y en el fondo se la teme. De la misma manera las reivindicaciones andaluzas ya sean pol?ticas, sociales, econ?micas o culturales (o todo a la vez) se ningunean o se ridiculizan precisamente por el miedo que provocan al sistema.

La condici?n femenina de estos cuatro personajes adem?s nos evoca la vital participaci?n de la mujer andaluza en la conservaci?n de nuestra cultura y modos de vida. Somos un pa?s esencialmente agr?cola que ha dado al mundo, tal como Egipto, India y Grecia, una cultura femenina, basada en la fertilidad, la sensualidad y por tanto en la gracia de la mujer. En un pa?s as?, era muy f?cil que el Islam hallara asiento privilegiado, en tanto que nuestro Din es tambi?n pura sensibilidad y sensualidad a?n en sus ritos m?s m?sticos. Es tambi?n comprensible que el cristianismo te?ido de pesimismo neoplat?nico quedara relegado ante su avance arrollador (y seductor).

Esta sensualidad es la que escandaliz? a la m?stica castellana Teresa de ?vila y fascin? a los viajeros rom?nticos franceses del siglo XIX, a cuya gentileza, por cierto, debemos la ristra de t?picos que nos desfiguran como naci?n.

TRADICIONES ANDALUZAS EN LAS QUE EL ISLAM BRILLA POR SU AUSENCIA, PERO BRILLA:

El Pueblo andaluz, sujeto a partir de la conquista a una brutal represi?n cultural y religiosa ha desarrollado un ingenioso mecanismo de defensa para sustraerse a las imposiciones de sus captores. El genio humano, capaz de expandirse en las circunstancias m?s adversas ha seguido brotando como un manantial de aguas cristalinas en nuestra tierra. El Islam expl?cito fue sistem?ticamente masacrado. Pero el impl?cito ha permanecido arraigado en los estratos m?s profundos de nuestra identidad, porque como sostiene el refranero espa?ol: ?Quien tuvo retuvo y d?nde se apag? el fuego quedaron las brasas?. Esta realidad podemos constatarla a?n en aquellas tradiciones que juzgamos exclusivamente cristianas, Consideremos dos de ellas emblem?ticas para el stablishment pol?tico-social de la actualidad; La semana santa y el Roc?o.

La escenificaci?n escult?rica de la pasi?n de Jes?s en las calles de nuestras ciudades data de la contrarreforma cat?lica modelada por el concilio de Trento, finalizado en 1.565. La respuesta cat?lica a un protestantismo desprovisto de mediaciones consisti? precisamente en reafirmar las suyas. As? el papado y el sacerdocio conocieron nuevo auge, mientras se procedi? a la catequizaci?n masiva de un pueblo en su mayor?a analfabeto e impresionable.

Andaluc?a, bautizada a golpe de cruz y hoguera no fue una excepci?n. Pero distanci?ndose de Castilla, su colonizadora, supo imprimir su propia idiosincrasia a la nueva situaci?n. La sensualidad y el gozo siguen jugando en la semana santa un papel fundamental a?n trat?ndose de la narraci?n de hechos tan escabrosos como la tortura y ejecuci?n de un hombre. Las dolorosas andaluzas se visten con los ropajes de las novias yemen?es y sus tronos exhalan aromas de lirio y azahar; Esta es el sarcasmo que un pueblo humillado y conquistado dedica a la represora clerec?a cat?lica; no seremos so pena de muerte, musulmanes, pero tampoco cat?licos ortodoxos. En la nueva yahiliya impuesta por el poder castellano el pueblo andaluz prefiere paganizar el cristianismo y volver al culto a la madre tierra identificada con la virgen Mar?a. Una vez m?s el pueblo agr?cola y pac?fico vuelve sus ojos llorosos hacia la tierra y la esperanza de una fertilidad que los redima de la muerte, predicada en los p?lpitos y ejecutada en los autos de fe.

Igual ocurre con el Roc?o; Ante la visi?n de su imagen uno de mis compa?eros africanos me pregunt? en la universidad si los andaluces proced?amos de la India. En realidad este hombre hab?a descubierto el sentido de la afirmaci?n infantiana de que los andaluces somos m?s orientales que europeos, y en la actualidad, m?s paganos que cristianos. (habida cuenta de c?mo fue reinstaurada la supremac?a de la iglesia cat?lica tal vez sea esto lo preferible).

Quisiera tambi?n mencionaros alguna otra tradici?n que nos retrae al miedo ante la represi?n inquisitorial: La matanza del cerdo. En algunos pueblos andaluces se hace de forma ruidosa y espectacular e incluso los embutidos se colocan en las ramas de los ?rboles c?mo si fueran frutos; Bien sab?an nuestros ancestros que la inquisici?n era capaz de acabar con aldeas completas (v?ase zugarramurdi). La exageraci?n teatrera nos habr? salvado de la pira, pero ha carbonizado nuestra conciencia de andaluces, al menos de momento.

CONCLUSI?N:
TRADICIONES QUE NOS REMITEN AL ISLAM.


Iron?as del destino, lo que los viajeros rom?nticos del XIX y a?n los hispanistas actuales andaban buscando como se?as de la identidad espa?ola, es en realidad la Andaluc?a "irredenta" por la acci?n de la "reconquista". Esto es; La Andaluc?a morisca contumaz, bandolera, rebelde y un puntito ?crata, plagada de coloridos t?picos que c?mo dec?a antes tanto da?o nos han hecho.

Pero la Andaluc?a que reivindicamos los andaluces de conciencia es la de lo m?s entra?able de nuestras casas. Aquella que acoge al forastero sin reservas, con aut?ntica hospitalidad musulmana. El verdadero tradicionalismo andaluz, es aquel de las manos tendidas, de los jardines y las fuentes, de la amigable tertulia... En suma el que nos anima a volver a ser lo que fuimos. El que nos convierte, cuando recalamos en Tetu?n, Damasco o Fez (por citar algunas ciudades) no ya en invitados de honor, sino en hermanos de esperado reencuentro.

Deseo terminar con algunos rasgos de nuestra cultura que sin dudad nos dejar?n un buen sabor isl?mico en la boca.

La m?sica: Las m?sicas andaluzas presentan una perfecta simbiosis con la m?sica ?rabe e incluso la turca y la persa. Los experimentos de fusi?n siempre han sido ?xitos rotundos. Basta recordar la magn?fica uni?n de Juan Pe?a el Lebrijano con la Orquesta Andalus? de T?nger o a Dolores Montoya cantando por Um Kultum.

Los trajes t?picos: En contraste con la austeridad y decoro de los trajes del norte el traje tradicional de la mujer andaluza la realza como sensual bailarina adornado su cuerpo con mantones y volantes de dataci?n nada menos que p?nica. Varios pueblos entre los que cito Vejer y Moj?car han conservado la tradici?n de las cobij?s, es decir mujeres ataviadas con una prenda igual que el Haik norteafricano.

Aromas y sabores: Aunque por desgracia se va perdiendo, hace a?os nuestras abuelas perfumaban las casas quemando romero y otras hierbas arom?ticas. Ya que los buenos olores placen a los andaluces de la misma forma que a nuestro Profeta (saws). En las pr?ximas fiestas de navidad las mesas de toda la pen?nsula se plagar?n de dulces deliciosos que heredamos de nuestros antepasados musulmanes.

Usos amorosos: En uni?n a nuestros hermanos ?rabes hemos sabido desplegar una cultura galante que para si quisieron las siniestras cortes europeas del medievo. No en vano recal? en Qurtuba el m?sico iraq? Zyriab, aut?ntico ?rbitro de la elegancia. No en vano se escribi? aqu? la exquisita poes?a amorosa de Ibn Hazm y Wallada, tan injustamente obviados por el "espa?oleo".

A?n despu?s de la terrible conquista, nuestra poes?a flamenca est? poblada de mocitos encendidos que pelan la pava con sus novias tras las rejas. El hombre andaluz ha cultivado fama de seductor impenitente y la mujer andaluza de hembra fatal e irresistible. El adusto caballero castellano, en la cultura de sainete, buscaba como esposas a muchachitas de Burgos o Valladolid, pero para gozar del amor, deseaba a las andaluzas como mito er?tico secular.

Urbanismo: Basta pasear por nuestras ciudades hist?ricas para ver en las tortuosas calles, recoletas plazuelas y amables jardines la impronta del Islam. Iglesias alquibladas cuyos campanarios en realidad son alminares, patios poblados de naranjos, surtidores de voz cantarina evocan un arte de vivir que ni siquiera el horrible urbanismo moderno, concebido m?s para garantizar el orden que para hacer feliz a la gente, ha sido capaz de acallar.

Como habr?is observado el tema da para escribir libros. Yo por mi parte os animo a llevar a vuestras vidas el arte y duende que ha hecho de nosotros una de las culturas m?s vibrantes y seductoras del mundo (y por ende que profundic?is en vuestro Islam).

Allah es el que sabe.

Ahmad Jalil Moreno
Profesor de Islam en Andaluc?a
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Tags: Andalucía, Moriscos, Al-Andalus

Publicado por NASOINAN @ 19:20  | Colaboradores
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