Domingo, 25 de noviembre de 2007
El puesto central que ocupa el Islam para la identidad andaluza no puede escapar a la atenci?n de ning?n observador, incluso superficial, de nuestra historia. Semejante a esta realidad presente a Andaluc?a es la de todos los pueblos y tierras que forman parte del hist?rico y actual Dar al-Islam. Temido, envidiado, combatido, denostado, el musulm?n de cualquier parte del mundo, alimenta desde hace m?s de diez siglos leyendas y fantas?as, motiva cantares y poemas, protagoniza relatos y novelas, estimula poderosamente los mecanismos de nuestra imaginaci?n.

Por A. Medina Molera


En el caso de Al-Andalus (actual territorio de Andaluc?a m?s las tierras lim?trofes con el Segura y Guadiana, hoy integradas en Murcia y Badajoz; ya que el, resto del territorio que algunos ge?grafos denominaron tambi?n Al-Andalus, no fueron sino lugares fronterizos o de marcas), el elemento musulm?n es aireado con categor?as inquisitoriales y de colonizaci?n: sarracenos, moros, moriscos, mud?jares y agarenos. Derechas e izquierdas, marxistas, facciosos, mon?rquicos y republicanos, todos contra la identidad colectiva y solidaria de Andaluc?a, del Islam y del hist?rico Al-Andalus.

Para cualquier andaluz, desde los primeros momentos de su existencia, el Islam va a ser siempre el espejo en el que de alg?n modo nos vemos reflejados, la imagen exterior de nuestras calles y monumentos musulmanes que nos interrogan e inquietan. A menudo ser? la imagen rom?ntica y atractiva de un ideal muy lejano. El fen?meno no es, obviamente, una exclusiva de los andaluces ni siquiera de los ?rabes. La construcci?n y el despertar del Islam es un fen?meno universal que var?a seg?n las coordenadas hist?ricas, culturales y sociales de las comunidades donde toma cuerpo. El factor geogr?fico -vecindado o lejan?a- desempe?a l?gicamente un papel primordial. En el caso del Magreb, Ifriquiya y Al-Andalus, la coincidencia de ciertos rasgos, normas, costumbres, suele transformarse entre vecinos en un contraste irreductible de esencias y sentido hist?rico. Es evidente y necesario al menos un cierto consenso de vecindad en torno a un elemento com?n, el m?s fuerte, el m?s definitivo: el Islam.

Son consabidos los clich?s occidentales sobre la esencia y el ser del Islam. Los ejemplos m?s elocuentes de dicha persecuci?n intencionada los encontramos en Europa, y en gran n?mero y significaci?n entre los espa?oles, invasores y dominadores de nuestra tierra de Al-Andalus. Si vamos a decir la verdad, son muchos los autores espa?oles que no nos dispensan de ninguno de los t?picos y clich?s ya mencionados, desde las ineludibles referencias al despotismo de califas y emires y la fan?tica terquedad de los llamados ?moros?, a su menci?n continuada de la horda fiera que, ?como un diluvio, aneg? a Espa?a? doce siglos atr?s. Los insultos y manifestaciones acu?adas por los cronistas y narradores reaparecen a lo largo de los cuadros hist?ricos y relaciones militares de forma sistem?tica y mon?tona. Para uno de estos autores espa?olistas, llamado Alarc?n, la civilizaci?n musulmana est? de forma ?estacionaria, quieta, indiferente a todo progreso, sumida en un sue?o letal de un indolente sensualismo?, est? condenada a desaparecer: ?la morisma duerme su muerte hist?rica?. Todos estos argumentos y el enfrentamiento continuado para encendidas proclamas y evocaciones hist?ricas sobre el ininterrumpido duelo mantenido en la Pen?nsula Ib?rica contra el Islam y los andaluces. El Estado Espa?ol se proclama a s? mismo como ?eterna vanguardia del cristianismo?, vuelve de nuevo a la brecha contra Al-Andalus, manteniendo una visi?n de ?frica absolutamente colonizadora y de cruzada.

Sin pretenderlo los espa?olistas, entroncan con la definici?n que Hegel aporta de ?frica en su obra La Raz?n de la Historia: ??frica guarda en su coraz?n los caracteres del misterio?... Su ?monstruosa constituci?n?, las ?envenenadas m?rgenes de sus lagos? hacen de ella una ?tierra feroz que se presenta tapada por cerradas malezas como una bestia velluda? y donde ?la raza humana se afea y embrutece hasta el extremo de que los irracionales la superen en inteligencia y hermosura... teniendo en una mano el cuerno de la abundancia, como recordando su feraz y opulenta civilizaci?n, y un escorpi?n en la otra, para significar que en ella todos los dones de la naturaleza, lejos de producir la vida, dan la muerte, y que su aire, su tierra, su agua, su sol, y sus habitantes, todo es nocivo, espantable y ponzo?oso?. La fe ciega que manifiesta Hegel en la idea de progreso que tiene Occidente -producci?n, consumo, desarrollismo, etc- le hace confiar que este concepto de la econom?a despertar? al ?moro? de su ?mortal letargo? e introducir? las claves de la civilizaci?n occidental en la ?tenebrosa mente de los africanos?, coincidiendo, si no con sus motivos al menos en sus efectos, con la visi?n de su contempor?neo Carlos Marx.

Todos los europeos que de forma literaria han abordado el mundo isl?mico o de los ?rabes -independientemente de la simpat?a personal de algunos de los autores con el mismo-, su car?cter ajeno, extra?o e irreductible, de simple objeto creado por y para la mirada del hombre occidental o, como manifiesta Said, ?lo incorpora esquem?ticamente a un escenario teatral, cuya asistencia, director y actores son para Europa y s?lo para Europa?. Islam, ?frica y Oriente son de esta forma un mero pretexto en la pluma del escritor, como bien afirma Juan Goytisolo, ll?mese Lope de Vega, Shakespeare, Cervantes, Beckford, Byron, Espronceda, V?ctor Hugo, Lamartine, Gau?tier, Flaubert. Nerval, Loti, Lawrence, Gide o Duvert, para exclusivamente dar satisfacci?n a su particular proyecto creativo, ilustra sus obsesiones, inventar tramas, desarrollar t?picos y forjar fantas?as. En ning?n caso, estas diferentes reflexiones o descubrimientos act?an en funci?n y provecho de un conocimiento del Islam, sus pueblos y sus tierras. Lo que cuenta para el occidental, dig?moslo con toda crudeza, es el puro ego?smo del escritor y su efecto entre el p?blico europeo, en cuanto refuerza los clich?s y prejuicios que ?ste observa respecto al Islam. La antinomia tradicional Europa-Islam mantiene su naturaleza irreductible, al igual que la antinomia tradicional Estado Espa?ol Andaluc?a o Al-Andalus, con una profunda guerra fr?a e interna.

De la obra ingente que los occidentales han gastado a nivel literario sobre el Islam, Oriente Pr?ximo y el Norte de ?frica, emerge una visi?n del mundo musulm?n que implica siempre apreciaciones negativas: barbarie, excentricidad, indiferencia, despotismo, crueldad, h?bito de mentir, etc... Justos y casi id?nticos son el conjunto de t?picos que de igual forma refieren para Al-Andalus. Entre estos rasgos distintivos, los fantasmas o im?genes sexuales desempe?an constantemente un papel primordial. Por un lado, las fantas?as del occidental est?n pobladas de harenes, esclavas, mancebos, princesas, velos, danzas er?ticas, sexualidad desbordante, es decir, un gran conjunto de elementos muy sugestivos y ex?ticos con la promesa de dicha sexual; en realidad, es una mera transposici?n que hace el occidental, respecto a los musulmanes, de un supuesto ?libertinaje? r?gidamente contenido por la dogm?tica y represiva ideolog?a de la cristiandad y la sociedad burguesa.

La manifiesta actitud presente en los argumentos racistas empleados por importantes autores de Occidente, merece que se le dedique unas l?neas. Hegel observa respecto a los africanos que ?el poder del esp?ritu es tan d?bil en ellos que cualquier est?mulo exterior les precipita a la barbarie y al crimen?. Para Hegel, como para su antecesor Montesquieu, el africano ?se ha detenido en el per?odo de la conciencia sensible; de ah?, su imposibilidad absoluta de evolucionar... Su condici?n no admite ning?n desarrollo, ninguna educaci?n..., no hay nada en su car?cter que concuerde con lo humano?.

Dicha argumentaci?n racista, que utilizan los europeos de forma m?s o menos expl?cita a lo largo de los escritos de sus numerosos orientalistas, insiste en los t?picos sobre la inercia, letargo, fatalismo y atraso de los pueblos isl?micos. ?El modelo econ?mico occidental est? en los ant?podas del modelo econ?mico del Islam. Para el occidental, la producci?n y el consumo son fines en s? mismos: producir y consumir cada vez m?s, cada vez m?s aprisa, cualquier cosa ?til, in?til, da?ina o incluso mortal, sin tener en cuenta el sentido de la humanidad. Por el contrario, la econom?a isl?mica, en su principio de Shariah, no se dirige al crecimiento, sino a la armon?a. No puede identificarse con el capitalismo de ning?n tipo, ni con el colectivismo sovi?tico y parecidos. Su caracter?stica fundamental es la de ser una econom?a orientada al desarrollo del hombre, de la armon?a social, sin obedecer a los ciegos mecanismos de una econom?a que lleva sus fines en s? misma; la econom?a en el Islam forma parte de un todo trascendente, ?a Al'lah pertenece lo que hay en los cielos y en la tierra? (Cor?n. 11, 284).

Partiendo del ejemplo de la comunidad de Medina, instituida por el Profeta con aut?ntico sentido de modelo social, vemos c?mo la concepci?n de la propiedad que desarrollan los musulmanes gracias a una aplicaci?n imaginativa y creadora de la Shariah, nos conduce concretamente a las ant?podas de la concepci?n europea y de cristiandad. En el derecho romano, sobre el cual se inspiran casi todas las legislaciones occidentales, la propiedad es el ?derecho al uso y el abuso? (jus utendi et abutendi). Esta orientaci?n constituye parte esencial del c?digo napole?nico y de todo el sistema econ?mico burgu?s. Confiere al propietario un verdadero derecho e impunidad para incluso poder destruir lo que sea de su ?propiedad?, incluso si al hacerlo esta privando a la sociedad de bienes indispensables. La empresa moderna es una proclamaci?n de este derecho sobre la propiedad, pudiendo sus propietarios interrumpir la actividad de la empresa, enajenarla o despedir a los trabajadores por puro capricho sin m?s, no teniendo apenas repercusiones legales.

Est? claro que la concepci?n isl?mica es completamente contraria a este sistema. Al estar relativizada por la integralidad y unidad profunda del Din de Islam, la propiedad no es un derecho de la persona, ni tampoco de alg?n grupo o del Estado, sino que cumple una funci?n social. Cualquiera que sea el tipo de propiedad, individual, colectiva o incluso estatal, hay que rendir cuenta de ella a la comunidad; el propietario no es m?s que su responsable y gerente. Es significativo que el Cor?n no deja de maldecir: ?al que ha reunido una fortuna y la recuenta? (CIV, 1); ?a quien es avaro y despreocupado? (XCI1,5); a quien ?haya reunido y capitalizado riqueza? (LXX, 17) y ?ama la riqueza con amor inmenso? (LXXXIX, 18). Sin embargo, el Islam reconoce el derecho a la propiedad individual adquirida mediante el trabajo, la herencia o la donaci?n. Pero el trabajo representa un papel primordial. Un hadit del Profeta precisa: ?Al'lah dice que no pude ser due?o de la tierra m?s que aquel que la trabaja?. Charles Gide en su Trait? d'?conomie politique (t. II, p. 231) subraya que ?la legislaci?n musulmana no admite la propiedad individual m?s que sobre tierras que hayan sido efectivamente objeto de trabajo?.

Siglo y medio despu?s de Hegel y cien a?os despu?s del doctor Moebius, el despertar y un paulatino crecimiento econ?mico, pol?tico y cultural de los pueblos isl?micos, est? provocando el empleo de los t?picos m?s manidos que, de forma insidiosa y sutil, han organizado los europeos y occidentales en general. La prensa occidental y espa?olista recurre de nuevo al s?mil fat?dico de la ?marea negra musulmana?. La universalidad hegeliana, portadora del imperialismo y la explotaci?n m?s cruel, se contrapone as? al Islam como lectura del sentido armonioso del hombre, cuyos pueblos yacen en situaci?n marginal.

La econom?a isl?mica no es compatible con ninguna concepci?n capitalista, bien sea liberal o monopolista. La econom?a isl?mica no es nunca neutral respecto a las fuerzas en litigio. El mercado se acepta, tiene que satisfacer las necesidades reales, y su funcionamiento ha de respetar las normas del Islam. Ello implica un reparto equitativo de los beneficios y un rechazo total de los monopolios, que impiden que los precios puedan reflejar los costos reales. As? pues, el mercado est?, en una sociedad isl?mica, subordinado en sus fines y medios a un gobierno que orienta hacia un objetivo integral y unitario el mercado y la sociedad dentro de la que funcionan. No se trata, pues, de controlar s?lo la regularidad de las transacciones; en la sociedad musulmana lo m?s importante son los fines. Al'lah es el ?nico propietario, es el ?nico legislador. Este es el principio b?sico del Islam en su experiencia de la unidad (tawhid).

La comunidad isl?mica no se basa en una ?declaraci?n de derechos humanos?, sino en el conocimiento y en la revelaci?n de los deberes de todos. Digamos claramente que es necesario que los musulmanes hoy en d?a hagamos una lectura actualizada de los principios b?sicos y las formas del tawhid. Las disputas entre sectas y escuelas deben pertenecer al pasado, y como bien se?ala Roger Garaudy, cada vez que se ha proclamado la ?abolici?n del ijtihad?, es decir, que se ha denunciado por imp?a cualquier tentativa de interpretaci?n (ijtihad), se ha asistido a un estancamiento e incluso a una regresi?n de la cultura y la pol?tica isl?mica. El integrismo esteriliza el pensamiento y la acci?n de los musulmanes. El integrismo, consistente en confundir el Din del Islam con una cultura o con la forma que pudo tomar en tal o cual momento de su historia y en prohibirle sobrevivir, o sea, continuar creando, es nefasto para nuestra civilizaci?n como musulmanes. Por el contrario, cuando la comunidad isl?mica sirve a las metas hist?ricas unidas a trav?s el tawhid, la doble trascendencia de la comunidad de musulmanes con respecto al hombre y de Allah respecto a la comunidad, no establece jerarqu?a ni una opresi?n del hombre por el hombre. Son pueblos en soberan?a,conocimiento, prosperidad y libertad; son sociedades donde se ha establecido plenamente el Din. La igualdad, lo mismo que la libertad, tiene un sentido profundo y una expresi?n clara en la sociedad isl?mica. No son atributos del individuo aislado, sino expresi?n y consecuencia del nexo entre cada cual, del nexo comunitario en integral unidad con el sentido completo de la vida establecida por la Shariah; de esta presencia de la unidad, surge una distancia infinita respecto a las instituciones y a toda pretensi?n humana de dominaci?n.

Entre tanto, Occidente se entrega, salvo raras excepciones honrosas, al juego de los estereotipos, clich?s y generalizaciones caracterizadoras del Islam y los musulmanes. In?til decir que dichos clich?s son invariablemente negativos y a menudo insultantes, y que nos afectan a todos los pueblos y tierras que hemos sido y somos parte integrantes del Dar al-Islam: los musulmanes no somos vistos jam?s en cuanto seres humanos, sino integrados en un cap?tulo de enemigos carentes de dignidad y formando una especie de masa informe entre musulmanes, andaluces, ?rabes, orientales en general. Si las circunstancias de los pa?ses experimentan una revoluci?n profunda que les hubiera sacudido de su letargo hist?rico, las simplificaciones habr?an sido naturalmente del tipo de las que hoy escuchamos sobre los iran?es y palestinos: fanatismo, crueldad, terror, masas vociferantes y un largo etc?tera. Como es evidente, tales clich?s y generalidades carecen de toda validez objetiva. De lo que no nos informan las fuentes y los medios de comunicaci?n de Occidente, es de los prejuicios etnoc?ntricos y a veces abiertamente racistas de quienes los sustentan. Todos sabemos que la ideolog?a dominante del colonialismo occidental, en su lucha por esclavizar y explotar a los pueblos sometidos a la colonizaci?n, es el racismo. Durante la lucha colonial el racismo es el arma m?s valiosa del invasor contra el pueblo colonizado. Los andaluces sabemos que el racismo, llevado incluso al nivel de las costumbres, ha provocado cientos de miles de cr?menes en el largo y penoso genocidio de Al-Andalus. A trav?s del imperialismo de la triple ?M?, de los misioneros, mercaderes y militares, se inculca la mentalidad de esclavitud, separando el racismo a los trabajadores y explotados de los pa?ses metropolitanos de los de las colonias. Hoy podemos decir que estos trabajadores de las metr?polis colonizadoras participan junto a su burgues?a dominante o al Estado de la ideolog?a del poder, actuando como aut?nticos nazis respecto a los pueblos sometidos a la dependencia. Como se?ala Hosea Jaffe, hoy la transferencia es ya tan grande que, de hecho, la clase obrera occidental ya no produce plusval?a, sino que participa de una plusval?a producida por otros. Al ser esto as?, valdr?a la comparaci?n que ?l mismo establece, una comparaci?n muy evidente: que la clase obrera occidental se encuentra ya en la posici?n de la plebe romana frente a los esclavos productivos.

El colonialismo occidental y de cristiandad es ?nico desde el punto de vista del racismo; hasta que no hace su aparici?n, salvo insignificantes y epis?dicas excepciones, dejando aparte, claro est?, el Imperio Romano, el concepto de la raza era desconocido para los hombres y los pueblos, y hasta las cruzadas contra los pueblos musulmanes, especialmente contra Al-Andalus, nunca se us? la palabra ?raza?.

Los viajeros occidentales, y especialmente los literatos, llegan a Occidente Pr?ximo y al Mogreb con las ideas ya asentadas, sabiendo de antemano lo que van a ver, llegan cargados de t?picos y saben ya previamente que opinar?n. Adem?s, para orientarles y evitar los posibles errores y fallos de la visi?n personal, llegan repletos de gu?as tur?sticas que supondr?n la pauta para estos escritores. Como ejemplo notable y significativo puede servir el de Carlos Marx que, cuando visita Argelia en los ?ltimos a?os de su vida y refiere a Engels y a sus hijas Jenny y Laura la panor?mica de Argel, la fisonom?a de sus habitantes o la vegetaci?n del jard?n d'Essay, sus cartas reproducen l?nea por l?nea pasajes enteros del Itin?raire de l'Alg?rie de una olvidada precursora de la Guide bleu: la Guide-Joanne. Este reciente y curioso descubrimiento, recogido por Pierre Enckell y que Juan Goytisolo destaca en su libro Cr?nicas Sarracinas, refleja c?mo todo un Marx supedit? la visi?n propia de aquella realidad, por pereza o falta de simpat?a, a la ?autoridad occidental de un texto canonizado?.

Es claro que ninguno de los grandes pensadores ni revolucionarios del pasado siglo y principios de ?ste, escapan del todo al etnocentrismo indoeuropeo. El desconocimiento por parte de Marx de las realidades hist?ricas, econ?micas y culturales del mundo ?no europeo?, su falta incluso de contacto directo con el mismo, ha sido sustituido por una informaci?n y perfecci?n puramente libresca, lo cual ayuda a trastocar los criterios de la reflexi?n marxista respecto al mundo de Dar al-Islam. Marx lleva tambi?n arraigada la tendencia occidental judeo-cristiana a proyectar su comportamiento y valores sobre los otros grupos culturales, y a interpretar estos de acuerdo con normas y coordenadas indoeuropeas.

Hasta la creaci?n de la Komintern, el movimiento marxista apenas si se interesa por la situaci?n y problem?tica del que hoy se ha dado en llamar ?Tercer Mundo?. La situaci?n marginal a que es condenado cualquier ?mbito cultural distinto del europeo, les obliga a integrase en una din?mica ?civilizadora?, a trav?s de una sangrienta y despiadada fase imperialista de explotaci?n.

Una vez europeizados y v?ctimas del despojo rapaz y depredador de Occidente, los pueblos de Dar al-Islam podr?an participar, siempre de una forma subordinada, a las conveniencias de una estrategia de los bloques occidentales, y siempre de forma dependiente. La primera reacci?n contra dicha corriente etnoc?ntrica provino del sult?n Galiev. Este gran hombre rechaz? la supeditaci?n de su pueblo al gobierno sovi?tico as? como el papel dirigente, te?ido de parternalismo, que Mosc? aspiraba a ejercer por medio de la Internacional. Escribe Juan Goytisolo que el Sult?n Galiev advirti? l?cidamente, que las revoluciones socialistas de Europa no resolv?an de ninguna forma el problema de la desigualdad de los pueblos. El ?nico remedio contra ella consist?a en asegurar la independencia de los pueblos y pa?ses sometidos por el opresor europeo. Aunque el l?der t?rtaro fue condenado por ?desviaci?n nacionalista? y pereci? en los campos de Stalin, sus ideas influyeron m?s tarde en la g?nesis de la creaci?n del movimiento de ?los no alineados?, opuesto a la tutela y la rivalidad de las superpotencias.

Por triste y lamentable que sea, debemos admitir que la inmensa mayor?a d? los europeos siguen contemplando al mundo isl?mico con un complejo profundo de etnocentrismo, reaccionando de una manera escandalizada y at?nita ante fen?menos como el iran?, que escapa a sus conceptos y coordenadas. Pero incluso lo m?s grave es la defensa que la prensa comunista de Europa hace de la invasi?n sovi?tica de Afganist?n, afirmando que es necesaria para ?preservar las conquistas del socialismo?, olvidando el hecho sagrado de que ninguna doctrina ni ideolog?a, por excelentes que sean, pueden propagarse a trav?s de ocupaciones armadas, despreciando el sentimiento nacional o la identidad que nos imprime el Din del Islam; todo ello es un genocidio nuevamente provocado por los occidentales.

El actual resurgir del Islam est? siendo acompa?ado de ciertas tendencias pol?ticas, tal vez cuestionables, pero denunciadas demasiado precipitadamente por el imperialismo, siempre pronto a no dar cuartel y a condenar en conjunto para conservar su posici?n dominante amenazada. El proyecto econ?mico y expansivo sobre el que vive el mundo occidental, y que se traduce en una ?tica y mentalidad imperialista, parece pr?ximo a fenecer, y en su desaparici?n los musulmanes hemos de jugar un papel definitivo. Occidente no puede proseguir una pol?tica expansionista y de crecimiento en una tierra de recursos limitados. La cultura occidental, que ha creado la sociedad de consumo, el culto al crecimiento y en definitiva la civilizaci?n del aparato digestivo, no tiene salida. Est? creando un mundo inhabitable, ahora ya explosivo y al que todos tenemos que rescatar de esta grave crisis. Roger Garaudy escribe en su Appel aux vivants: ?Las palabras reflejan la desintegraci?n de esta cultura; a partir de ahora se llama a la paz ?equilibrio del terror?, a la traici?n a los pueblos se le denomina ?seguridad nacional?, a la violencia institucionalizada ?orden?, a la competencia selv?tica ?liberalismo? y al conjunto de tales regresiones ?progreso?.

El pueblo andaluz, y todos los pa?ses y pueblos de Dar al-Islam, debemos tener pleno conocimiento de que nuestras carencias culturales son m?s nocivas para nosotros que incluso las dram?ticas carencias alimenticias. La cultura de los pueblos isl?micos fue envilecida por el colonialismo, y tenemos que deshacernos del mimetismo cultural, de las calcoman?as de los modelos extranjeros. Ello significa el fin de la dominaci?n por el occidental, y la reivindicaci?n de una identidad nacional propia y de la pertenencia a determinada ?rea de civilizaci?n. Debemos romper la universalizaci?n bajo la f?rula de las multinacionales y de las econom?as dominantes de Occidente.

El apego a nuestra propia cultura isl?mica es condici?n indispensable para nuestro internacionalismo cultural. Nosotros, los andaluces, entendemos que para abrirse a una civilizaci?n universal hay que poseer primero una cultura nacional, que para poder dar hospitalidad a los dem?s, primero hemos de construir y disfrutar de una casa. Debemos romper cualquier lazo o espejo cultural con el Occidente judeo-cristiano, ya que ?ste, desde una perspectiva de milenios, aparece como el mayor criminal de la historia.

No podemos llegar a una armon?a mundial sin un nuevo orden de cultura, imaginativo, cotidiano y fundamental a partir del desarrollo equilibrado de la energ?a humana. Este nuevo orden cultural es el paso de la hegemon?a occidental al respeto de los pueblos, a la valoraci?n de las diferencias culturales y a una ecol?gica redefinici?n del proyecto humano. Es necesaria la construcci?n de una sociedad prof?tica, basada en la experiencia compartida y en la mutua confianza de todos los musulmanes, cada uno con sus pueblos y tierras, de acuerdo con las necesidades que hoy tenemos los hombres y las mujeres, en el desarrollo imaginativo y unitario del conocimiento para la conquista de la felicidad. El Islam descarta cualquier f?rmula absolutista que sacralice el poder, tambi?n cualquier democracia de tipo occidental, es decir, individualista, desarrollista, estad?stica, delegada y alienada. Pues la libertad no es negaci?n ni soledad, sino armonizaci?n del Im?n.No debemos pretender tampoco idealizar las realizaciones hist?ricas de las sociedades isl?micas; incluso pensamos que cualquier intento por deducir de los textos inspirados una legislaci?n v?lida para todas las ?pocas y todos los pueblos con un sentido de literalidad, es fruto de un integrismo nocivo; lo mismo entendemos que ocurre con las discusiones banales entre las diferentes escuelas jur?dicas. ?Acaso no est? escrito en el Cor?n?: ?cada comunidad tendr? su Enviado? (X, 48), y precisa m?s a?n: ?cada Enviado hablar? el lenguaje de su pueblo para poder dejar claro el mensaje? (XIV, 64).

El Islam no puede ser inmovilizado en la historia pasada, debe, por el contrario, resolver los problemas de nuestro tiempo en el esp?ritu de la comunidad prof?tica de Medina. Jaur?s afirma que permanecer fiel es transmitir no las cenizas del hogar de nuestros antepasados, sino su alma, el propio hogar. El segundo rasgo del Islam, que debemos observar con fidelidad todos los musulmanes, es el aperturismo y la tolerancia. Los musulmanes tenemos la grave responsabilidad de aplicar la ciencia prof?tica en cada pa?s y en cada ?poca, de forma que responda al progreso y armon?a de ese pa?s y ?poca. Es totalmente absurdo deducir directamente del Cor?n y de la Sunna las leyes de una pol?tica universal e intemporal.

A partir de la realidad y la experiencia del Din de Islam, confiamos los musulmanes y musulmanas de Andaluc?a que, con la ayuda de Allah, nuestra comunidad, basada en el Im?n de cada uno de sus miembros, responda en conjunto a su historia y su proyecto de liberaci?n, transformando nuestro pa?s y nuestros corazones: ?Allah no altera lo que hay en las gentes hasta que ?stas alteran lo que hay en sus interiores? (Cor?n XIII, 1 1).

Tags: Al-Andalus, andalusíes, Islam, Andalucía

Publicado por NASOINAN @ 20:46  | Colaboradores
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