Viernes, 30 de noviembre de 2007
Mart?n F. R?os Saloma. (Primera Parte)Departamento de Historia Medieval.
Universidad Complutense de Madrid
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1. INTRODUCCI?N

El presente trabajo tiene como objetivo establecer el momento preciso en que la historiograf?a espa?ola comenz? a utilizar el t?rmino Reconquista para referirse al programa ideol?gico sobre el que se sustent? el movimiento expansivo de las distintas monarqu?as hispano-cristianas sobre las tierras de al-Andalus, abandonando el t?rmino Restauraci?n empleado desde la Edad Media. Al mismo tiempo, pretende analizar el proceso historiogr?fico que gener? dicho cambio y determinar el o los distintos significados que el t?rmino Reconquista adquiri? durante su acu?aci?n.

M?s all? de establecer un dato concreto, queremos contribuir a aclarar los significados de un t?rmino que ha generado no pocos debates y que ha influido de forma directa en la interpretaci?n global de la historia medieval hisp?nica al convertirse en una categor?a conceptual sumamente ambigua.

S?lo en una amplia perspectiva historiogr?fica es posible comprender los significados profundos que encierra la mutaci?n de t?rminos a la que nos referimos, por lo que remontamos nuestro estudio a la Cr?nica general de Espa?a, escrita por Ambrosio de Morales en la segunda mitad del siglo XVII, y lo culminamos con la Historia general de Espa?a, de Modesto Lafuente, publicada en 1850. Nuestro an?lisis est? centrado en la interpretaci?n que los distintos autores estudiados hicieron de la invasi?n musulmana y el inicio de la resistencia cristiana en la batalla de Covadonga. Este enfoque se justifica porque ambos acontecimientos fueron concebidos como el principio y el final de un proceso hist?rico unitario al que se denomin?, siguiendo a los autores medievales, como la "P?rdida y Restauraci?n de Espa?a". Seg?n esta interpretaci?n "que imper? hasta bien entrado el siglo XX, al menos en la historiograf?a dirigida al gran p?blico", tanto la lascivia e impiedad de Witiza y Rodrigo, como la traici?n del conde Juli?n y el obispo Oppas, se contrapon?an con la santidad, la religiosidad, el hero?smo y la lealtad de Pelayo hacia la fe cristiana y hacia su pueblo, al tiempo que la derrota de Guadalete y la victoria de Covadonga se consideraban como los puntos de enlace de una misma historia de destrucci?n y restauraci?n en la que la segunda no pod?a ni ser ni comprenderse sin la primera.

No pretendemos realizar un estudio de la evoluci?n de la historiograf?a hispana [2], sino analizar la forma en que unos acontecimientos hist?ricos fueron reinterpretados a lo largo de los siglos y c?mo, lo que en principio se concibi? como el inicio de la restauraci?n del reino visigodo, fue convertido por la historiograf?a en una empresa de car?cter nacional gracias a la cual se legitim? la instituci?n mon?rquica y sobre la que se construy? la identidad nacional espa?ola [3].


2.LOS MODERNOS OR?GENES DE UN ANTIGUO MITO: LA "PERDIDA Y RESTAURACI?N DE ESPA?A" EN LA HISTORIOGRAF?A DEL SIGLO XVI


La ca?da del reino visigodo y el inicio de la Restauraci?n en la batalla de Covadonga fue un tema recurrente en la historiograf?a de la ?poca moderna. La mayor?a de las veces se estudi? en el contexto de las historia generales de Espa?a que desde mediados del siglo XVI ocuparon las noches de distintos cronistas e historiadores como Flori?n de Ocampo, Ambrosio de Morales y Juan de Mariana [4]. Sin embargo, dichos acontecimientos fueron especialmente resaltados por ser importantes claves explicativas del proceso hist?rico espa?ol y porque daban inicio a una ?poca hist?rica crucial: la ?poca de la Restauraci?n, que no culminar?a sino con la expulsi?n total de los musulmanes en 1492 [5].

Las novedades informativas que ofrecieron los autores de la segunda mitad del siglo XVI fueron mas bien pocas, pues se limitaron a repetir lo dicho por las fuen tes medievales. Quiz? el que realiz? mayores aportaciones al relato que nos ocupa, as? como a la historiograf?a hisp?nica, fue Ambrosio de Morales, quien con erudita e informada pluma hizo una reelaboraci?n y puesta al d?a de los elementos que conformaban el mito de la p?rdida y restauraci?n de Espa?a. Sobre esta versi?n girar?an los trabajos de autores posteriores, o bien para completarla y ensancharla, como en el caso de Mariana, o bien para criticarla y purificarla, caso del Marqu?s de Mond?jar [6] o de Francisco Masdeu (7), dando por resultado una de las m?s eruditas e interesantes pol?micas de la historiograf?a espa?ola.

Seg?n la interpretaci?n hist?rica imperante en el siglo XVI, los reinados de los ?ltimos reyes visigodos "Witiza y Rodrigo" fueron el ep?logo de un glorioso reinado que hab?a comenzado con la derrota del Imperio romano y en el cual se hab?a implantado el cristianismo en Espa?a. La explicaci?n de la ca?da del reino visigodo estuvo marcada por unos rasgos providencialistas y agustinianos que no hicieron sino reproducir el modelo creado por Jim?nez de Rada en cuanto que los pecados de los visigodos fueron la causa primera de su destrucci?n y ruina. As?, el triunfo de los invasores musulmanes, los invasores de Espa?a por antonomasia, no era m?rito suyo, sino que fue fomentado tiempo atr?s por los propios visigodos pues, seg?n Morales, "...los Godos por Godos hab?an de ser vencidos, sin que otra naci?n sola pudiese prevalecer contra ellos" [8].

El relato de la p?rdida de Espa?a que se recre? y refundi? en el siglo XVI est? constituido por tres partes [9]. La primera narra las malas acciones emprendidas por Witiza: la persecuci?n de nobles visigodos "entre los que se encontraba Pelayo", la pr?ctica del concubinato "de donde se desprende que para los autores que estudiamos, todos religiosos, la lascivia era la fuente de todos los males (debilidad del cuerpo, m?cula del alma)", el trato preferencial dado a los jud?os, la destrucci?n de murallas y fortalezas del reino y la fundici?n de las armas y su transformaci?n en instrumentos de labranza, acciones a las que se sumaba un incumplimiento de los deberes sacerdotales por parte de la jerarqu?a cat?lica y la desobediencia a la Santa Sede.

La segunda comprende el reinado de Rodrigo; en ella se cuentan los pecados del ?ltimo rey visigodo, "la venganza contra Witiza y sus hijos, la violaci?n de la hija del conde Juli?n y la apertura del castillo encantado de Toledo para apoderarse de los ricos tesoros" y la traici?n de dicho conde, quien llam? a los musulmanes para vengarse del agravio recibido.

La tercera consiste en la invasi?n musulmana y la conquista del reino visigodo; en ella se da cuenta de las negociaciones del bando de Witiza y Juli?n con Muza, de la ambici?n musulmana por las feraces y ricas tierras de la pen?nsula, del desembarco de Tariq en Gibraltar, de la derrota visigoda en la batalla de Guadalete "recreada siempre con tintes dram?ticos (arengas, descripci?n de los ej?rcitos, etc.) [10]" y de la traici?n del partido witizano, de la conquista de Toledo "s?mbolo tangible de la ca?da del reino visigodo", del desembarco de Muza con tropas de refuerzo y su entrevista con Tariq en Toledo, del viaje de ambos a oriente para rendir cuentas al califa y del matrimonio de Egilona "viuda de Rodrigo" con Abdalazis "hijo de Muza y regente en ausencia de su padre", s?mbolo de la derrota y la humillaci?n total de los godos.

As? pues, para los autores del siglo XVI, la destrucci?n de un ej?rcito hasta entonces invencible y otrora vencedor de romanos pod?a explicarse, comprenderse y justificarse a partir de varios argumentos: los designios de la providencia, contra los cuales el hombre no pod?a hacer nada; el descargo de la ira divina por los pecados cometidos por los godos; la debilidad moral y f?sica del pueblo visigodo generada por la lascivia y los deleites; la falta de buenas defensas; la traici?n y las divisiones internas generadas por la lucha por el poder y, por ?ltimo, las sequ?as, el hambre y la peste que hab?an asolado a Espa?a dos a?os antes de la invasi?n. Dicho de otra forma, las causas que provocaron el fin del reino visigodo fueron "seg?n el relato tradicional" de orden religioso, moral, pol?tico, social y climatol?gico, pero siempre generadas desde dentro.

Si bien la p?rdida del reino visigodo era un hecho lamentable, los cronistas pusieron especial inter?s en dejar claro que el dominio musulm?n era s?lo un castigo temporal y que una vez que los pecados de los ?ltimos visigodos hubiesen sido expiados y purificados por las armas en una guerra de ochocientos a?os, Dios permitir?a que se restaurase la libertad y la gloria del pueblo godo [11]. En este sentido, un episodio de la conquista musulmana que mereci? especial atenci?n de los historiadores, y sobre el cual es necesario apuntar algunas informaciones, fue la conquista de la capital del reino, pues de ello se desprend?a la legitimidad del movimiento de Pelayo.

Los diversos autores, y en particular Morales, se?alan que la noticia de las desgracias acontecidas en Guadalete lleg? r?pidamente a la capital, de tal suerte ...que los de Toledo y otras muchas partes se pasaron a lo postrero de Espa?a en las Asturias y otras sierras por all? vecinas, donde la aspereza de las monta?as y lo fragoso de toda la tierra les promet?a alguna seguridad [12]. Uno de los primeros en huir fue Urbano "arzobispo leg?timo de Toledo" quien, acompa?ado de Pelayo, llev? consigo diversas reliquias y los libros m?s preciados que pose?a la catedral "la Biblia, los textos de los oficios eclesi?sticos y las obras de Isidoro, Ildefonso y Juliano [13]" para evitar que fueran profanados por los infieles.

Al lector no escapar? la significaci?n profunda que encierra este traslado en el relato de la Restauraci?n: es a partir de estas reliquias, libros jur?dicos y obras religiosas que se puede restaurar el cristianismo y la monarqu?a visigoda en tiempos de Pelayo y sus sucesores, pues de otra forma se habr?an perdido para siempre. Por otra parte, Morales afirma que Urbano s?lo traslad? las reliquias que hab?a en Toledo por lo que ...as? quedaron ac? hartos cuerpos de santos, algunos escondidos y otros manifiestos[...]

Como los moros les dejaban a los cristianos su religi?n y sus Iglesias, por la necesidad que ten?an de ellos, para la poblaci?n de la tierra y su labranza y tributos; as? les dejaron tambi?n sus reliquias, como cosa en que a ellos no les iba [14].

No es pues gratuito el hecho de que muchas reliquias de santos o im?genes sagradas reaparecieran de forma milagrosa en las tierras conquistadas por los cristianos en los siglos subsecuentes, ya que ello formaba parte de todo un sistema de pensamiento en el que la conquista de una ciudad era seguida de forma inmediata por la restauraci?n de la religi?n cristiana. Sobre lo acontecido con el resto de los habitantes de Toledo, los autores presentan tres versiones: seg?n Jim?nez de Rada, encontraron la ciudad despoblada porque sus habitantes se hab?an refugiado en Asturias y s?lo permanec?an los jud?os. Seg?n Lucas de Tuy, los cristianos se hab?an fortalecido y defend?an la ciudad, pero como era Semana Santa, en un momento determinado salieron en procesi?n a una iglesia extramuros; en ese instante los jud?os avisaron a los musulmanes y les abrieron las puertas de la ciudad, de tal suerte que juntos, jud?os y musulmanes, persiguieron a los cristianos. Por su parte, el Moro Rasis, apuntaba que los ?rabes expulsaron a los cristianos a Medina Coelli despu?s de haberse apropiado de los grandes tesoros que custodiaba la ciudad.

La diferencia entre las versiones ten?a una importancia significativa, pues de su desarrollo depend?a la coherencia de los hechos posteriores. Si, como quer?a Jim?nez de Rada, todos los cristianos hab?an huido a Asturias, se legitimaba la versi?n tradicional y se legitimaba al mismo tiempo el sentimiento de recuperar la ciudad y el reino perdidos. Sin embargo, no habr?a forma de explicar la presencia de cristianos en Toledo cuando Alfonso VI conquist? la ciudad ni de explicar la actitud cobarde de la nobleza goda de la cual, seg?n la tradici?n, eran descendientes los nobles hispanos, comenzando por el rey. Si se segu?a la versi?n de Lucas de Tuy, resultaba que los cristianos nunca hab?an dejado Toledo y, por lo tanto, s?lo algunas personas habr?an seguido al supuesto obispo Urbano. M?s veracidad podr?a tener la cr?nica del Moro Rasis, pero eso desvirtuaba el hecho de que los visigodos hubieran ido a refugiarse a Asturias, de tal suerte que los que emprendieron la restauraci?n no eran descendientes de los godos.Toc? a Ambrosio de Morales hacer un soberbio esfuerzo de s?ntesis y ofrecer una explicaci?n coherente en la que puso de manifiesto la importancia simb?lica y real de la ciudad del Tajo:Creo yo, lo que nadie que bien considerare podr? dudar, "apunta" que aunque sea verdad, que muchos de los christianos de Toledo hubiesen huido, como el arzobispo escribe: todav?a se puede tener por cierto quedaron muchos m?s en la ciudad. Esto es cosa clara por las iglesias que los Moros dexaron a los christianos con su Dignidades, Sacerdotes y grande uso y libertad en su Religi?n[...] pues siendo los christianos tantos, y teniendo tal fuerza natural como la de Toledo, tal fortificaci?n artificial como la de sus muros, tales personas como las que eran las que en aquella ciudad moraban, siendo la cabeza del Imperio G?tico, y la silla y asiento de su reino y corte, no es cre?ble que no se pusieron en defensa, y resistieron algunos d?as, por lo menos hasta alcanzar los buenos partidos y condiciones con que sabemos quedaron all? los christianos ... [15].

Una cuesti?n que preocup? Mucho a Morales y a Mariana fue la situaci?n de los cristianos tras la invasi?n. Morales asegura que quedaron muchos cristianos en la Espa?a musulmana porque "...los moros no eran bastantes para poblarla, y el labrarse la tierra les era necesario para tener mantenimiento y tributos..." y enseguida compara las circunstancias de los que viv?an en Asturias -territorio libre- con los que viv?an en al-Andalus:Mas la manera de pasar los christianos, fue diferentes en diversas partes, y todo el estado de la tierra fue muy trocado de muchas maneras. Los que se hab?an acogido a las Asturias, con el Infante Pelayo y el Arzobispo Urbano, nunca perdieron su libertad y ellos eligieron presto entre si al Infante por Rey que los gobernase, y en religi?n y en gobierno, y aprovechamiento de la tierra, y su labor y granjer?a, hac?an a su voluntad como antes de la destrucci?n sol?an. Que aunque los moros ten?an all? a Gij?n, como hemos dicho, por ser tan gran fuerza, contentos con esto, no se curaron de conquistar la tierra. Lo mismo era en lo de Galicia que no tomaron los moros, y en las otras partes donde no fueron se?ores. En todo esto teniendo gran cuidado de la religi?n, y conservando en buena manera la forma que hab?a tenido la iglesia de Espa?a, tuvieron sus obispos de las ciudades perdidas que hab?an escapado, y acogi?ndose a las tierras de los christianos[...] Los sujetos a los moros estaban m?s o menos oprimidos, seg?n hab?an hecho sus partidos o asientos con ellos, o seg?n ten?an buenos superiores que se los guardasen, o malos que con quebrant?rselos los afligiesen.

Los seglares labraban la tierra y pagaban su tributo, sirviendo tambi?n en lo que se les mandaba, como gente tan sujeta y medio esclava. Gente principal no debi? quedar mucha, porque de estos se recelar?an m?s los moros que de otros para los levantamientos [16].

Es interesante resaltar el juego de contrastes que utiliza el cronista de Felipe II para describir la situaci?n en Espa?a tras la conquista musulmana. En principio no hay diferencia religiosa porque tanto los que viven en tierras musulmanas como los que viven en Asturias, con m?s o menos penurias, pueden conservar y proseguir con su culto, instituciones y sacerdotes. As? pues, lo verdaderamente fundamental es la condici?n que adquieren los cristianos. Los de Asturias eran libres y hab?an elegido rey, continuando la monarqu?a tras la destrucci?n; los que estaban sometidos a los musulmanes, oprimidos y sujetos, eran "medio esclavos". La diferencia, pues, no estaba en la religi?n, que no pudo ser destruida, sino en la condici?n de libertad que ten?an los de Asturias y los dem?s territorios. Por lo tanto la lucha contra los moros no era una lucha de tipo religioso, al menos en principio, sino una lucha por recuperar la libertad y la soberan?a sobre el territorio.

Esta lucha de restauraci?n del reino estuvo encabezada por Pelayo. Cinco momentos pueden distinguirse en el relato que cuenta los principios de la lucha cristiana.

En primer lugar, la figura de Pelayo, a quien los cronistas ha dotado de una historicidad indiscutible haci?ndole descendiente directo de los reyes visigodos, poni?ndole en el escenario de Guadalete defendiendo un reino que en cierto sentido le pertenece, haci?ndole participar en el traslado de las reliquias de Toledo a Oviedo y concedi?ndole un papel de dirigente dentro de la resistencia asturiana. En segundo lugar, la coincidencia de godos, astures y c?ntabros en la misma regi?n, pues "como ha se?alado Fernando Wulff" los autores tuvieron la precauci?n de llevar cristianos a la zona cant?brico-asturiana y congregar en ella a los godos sobrevivientes y a los ind?genas (c?ntabros y astures), considerados como los viejos espa?oles. El resultado de esta mezcla es que dichos nativos, que antes hab?an resistido con tanto ah?nco a los romanos, se unieron con los godos para renovar esas energ?as vitales propias de los espa?oles y luchar en contra de un nuevo invasor [17].

En esta suma de virtudes, decimos nosotros, los godos pondr?an el linaje y la nobleza y los c?ntabros y astures el valor y la fiereza. Lo importante es resaltar, sin embargo, que aunque hubo uni?n de intereses no hubo fusi?n de pueblos o, si se quiere, de naciones.

En tercero, una serie de acontecimientos, previos a la gran batalla de Covadonga, relacionados con el rapto de la hermana de Pelayo por parte de Munuza, gobernador musulm?n de Gij?n: prisi?n de Pelayo en C?rdoba, su huida hacia Asturias para rescatar a su hermana y su levantamiento en armas contra los musulmanes [18]. Para Morales y Mariana, dichos sucesos indicar?an que la lucha de los godos contra los invasores no comenz? porque les tuvieran sometidos "ya vimos que los de Asturias conservaban su libertad", ni porque les hubieran quitado la tierra, ni porque se hubiesen adue?ado del poder, ni porque hubiesen profanado las iglesias y destruido el cristianismo, sino por la deshonra hecha en la hermana de Pelayo y, por consiguiente, en toda su familia.

Finalmente, el desarrollo de la batalla de Covadonga, cuya narraci?n comienza con la convocatoria de todos los cristianos que rodean al caudillo visigodo y contin?a con la preparaci?n del campo de operaciones, el apercibimiento de la hueste de Pelayo y con la llegada del ej?rcito musulm?n encabezado por Oppas "arzobispo de Sevilla y miembro del grupo witizano" y Alcama "jefe militar de la expedici?n", para culminar con las acciones b?licas y la derrota del enemigo, obtenida gracias una serie de milagros tales como el que las flechas que disparaban los musulmanes se volvieran contra ellos, la aparici?n de una cruz en el cielo "obviamente relacionada con la tradici?n constantiniana" y el derrumbamiento del monte Auseva. La batalla de Covadonga se presta para una recreaci?n teatral y los autores aprovechan la ocasi?n para resaltar el triunfo cristiano y para exponer sus ideas sobre la significaci?n que tiene la batalla. Morales, por ejemplo, pone en boca de Pelayo la siguiente respuesta a Oppas:Ni me juntar? jam?s en amistad con los al?rabes, ni ser? su s?bdito. T? no sabes como la gloria de Dios es comparada en la Sagrada Escritura a la luna, que padeciendo a tiempos mengua y defecto, vuelve despu?s a su perfecci?n entera; pues as? yo conf?o en Dios, que de este peque?o agujeruelo que tu ves, ha de salir la restauraci?n de Espa?a, y de la antigua gloria de los godos, cumpli?ndose en nosotros aqu?l dicho del Rey David: visitar? con azotes sus maldades, mas no quitar? mi misericordia de ellos. Con toda esta divina confianza, tenemos en poca esta muchedumbre de Paganos, sin tener ning?n temor de ellos [19].

Mariana, por su parte, hace decir a Pelayo:Tu m?s que todos, pues olvidado del oficio y dignidad que ten?as, has sido el principal atizador de estos males, y ahora con palabras desvergonzosas te has atrevido a amonestarnos que de nuevo bajemos las cervices al yugo de la servidumbre, m?s duro que la misma muerte. Esto es, como yo lo entiendo, que de nuevo padezcamos los males y las desventuras pasadas, con las cuales hemos sido hasta aqu? trabajados. ?Estos son aquellos premios magn?ficos, estas las honras con que combidas a nuestros soldados? Nos, don Oppas, ni entendemos que las orejas de Dios nos est?n cerradas, ni el coraz?n tan apartado de ayudarnos, que hayamos de confiar en tus promesas. Antes tenemos por cierto que su magestad, sin tardanza, trocar? la grandeza del castigo pasado, en benignidad. Que si no estamos bastantemente castigados, y aunque afligidos y faltos, no nos qusiere socorrer, determinados estamos con la muerte, de poner fin a tantos males, y trocar, como esperamos, esta vida de desgracia, con la eterna felicidad [20]. Insistimos en el pensamiento providencialista que rige la narraci?n y en el hecho de que para nuestros autores la Restauraci?n no es una lucha por la recuperaci?n del territorio, sino una lucha por la recuperaci?n de la libertad [21], en el sentido m?s amplio que pueda tener la palabra, y la honra, mancillada no s?lo por la derrota de Guadalete, sino tambi?n por la uni?n forzada de una cristiana con un musulm?n.

El relato tradicional de los primeros siglos del reino asturiano indaga en una serie de cuestiones que pretenden amarrar todos los hilos de la narraci?n y que no es pertinente analizar en este trabajo. Sin embargo, debemos se?alar, como dato interesante, que tanto Morales como Mariana utilizaron t?rminos comunes para designar al proceso militar que inici? Pelayo. As?, por ejemplo, hablando de Alonso I, Morales dice que "con todo este aparejo del Cielo y de su persona y hermano, y con buen zelo y esfuerzo de los suyos comenz? el cat?lico rey la guerra con los Moros" [22] y que "...lo que el rey conquist? en Galicia, parece que fue por all? su primera entrada..." [23] Los nombres de algunos cap?tulos son muy significativos para nuestro estudio: el XIII de la obra de Morales se titula "El Rey tom? la ciudad de Le?n y otras muchas en Castilla", mientras que el XIV se llama "La manera de las conquistas de este rey y lo dem?s hasta su muerte". Al parecer, el empleo de estos t?rminos responde a la utilizaci?n de sin?nimos para referirse a la conquista militar.

En todo caso, lo verdaderamente trascendental es que nunca emplearon la palabra "reconquista". Tambi?n es importante se?alar que en la narraci?n hist?rica, la fundaci?n o restauraci?n de monasterios e iglesias por los cristianos mereci? una particular atenci?n de los autores, pues ello constitu?a el segundo pilar de la restauraci?n visigoda.

BIBLIOGRAF?A

1) Doctorando. Departamento de Historia Medieval. Universidad Complutense de Madrid. Este trabajo ha sido realizado gracias a una beca predoctoral en el ?rea de Humanidades concedida por la Fundaci?n Caja Madrid para el periodo enero-diciembre del a?o 2003.

2) Remitimos al estudio ya cl?sico de S?NCHEZ ALONSO, B.: Historia de la historiograf?a espa?ola. Ensayo de un examen de conjunto, 3 vols., 2.a ed., Madrid, 1947-1950, as? como al proyecto m?s recientecoordinado por ANDR?S-G?LLEGO, J., Historia de la historiograf?a espa?ola, Madrid, Ediciones Encuentro,1999, 338 p. (Ensayos, 133).

3) Sobre la construcci?n de la identidad nacional espa?ola y el papel desempe?ado por la historiograf?a puede verse el reciente y sugerente estudio de WULFF, F.: Las esencias patrias. Historiograf?a e historia antigua en la construcci?n de la identidad espa?ola (siglos XVI-XX), Barcelona, Cr?tica, 2003, 292 p. Son tambi?n de necesaria consulta los siguientes textos: CIRUJANO, P., ELORRIAGA, T. y P?REZ J. S.: Historiograf?a y nacionalismo espa?ol (1834-1868), Madrid, CSIC, 1985; FORCADELL, C.: (ed.), Nacionalismo e historia, Zaragoza, Instituci?n Fernando el Cat?lico-Diputaci?n de Zaragoza, 1998, 171 p. y J. Varela ?Naci?n, patria y patriotismo en los or?genes del nacionalismo espa?ol? en Studia Historica. Historia Contempor?nea. Estudios sobre nacionalismo espa?ol, No 12, 1994, pp. 31-43. De gran utilidad sigue siendo la tesis de MORENO M.: Historiograf?a rom?ntica espa?ola. Introducci?n al estudio de la historia en el siglo XIX, Sevilla, Universidad de Sevilla-Servicio de Publicaciones, 1979, 594 p. Para los planteamientos te?ricos sobre la construcci?n de las identidades comunitarias pueden consultarse los textos de ANDERSON, B.: Comunidades imaginadas. Reflexiones sobre el origen y difusi?n del nacionalismo, 2.a ed., M?xico, 1997 y HOBSBAWN, E. y RANGER, T. (eds.): La invenci?n de la tradici?n, trad. Omar Rodr?guez, Barcelona, Cr?tica, 2002, 318 p.

4) Para redactar este apartado hemos consultado las siguientes obras del siglo XVI: OCAMPO, Flori?n de: Los cinco primeros libros de la Coronica general de Espa?a que recopilava el maestro Flori?n de Ocampo, coronista del Rey nuestro se?or, por mandado de su Maghestad, en Zamora, Medina del Campo, Guillermo de Millis impresor, 1553, 336 + 9 p.; MORALES, Ambrosio de: Viaje a los reinos de Le?n y Galicia y principado de Asturias, pr?logo de Jos? Mar?a Ortiz, Oviedo, Biblioteca P?blica Asturiana, 1977, 224 p. Edici?n facsimilar de la realizad por Enrique Fl?rez en Madrid, Casa de Antonio Mart?n, 1765; MORALES, Ambrosio de: La Coronica General de Espa?a que continuaba Ambrosio de Morales, natural de C?rdova Coronista del Rey Catholico nuestro se?or don Felipe segundo de este nombre y catedr?tico de Rethorica en la Universidad de Alcal? de Henraes. Prossiguiendo delante de los cinco libros que el Maestro Flori?n de Ocampo Coronista de Emperador Don Carlos V dex? escritos, Alcal? de Henares, 1574. (Por mayor accesibilidad trabajamos con la edici?n que Benito Cano realiz? de los textos de Ocampo y Morales en Madrid en 1791 en 6 vol?menes) y MARIANA, Juan de: Historia general de Espa?a 2 vols., Toledo, Pedro Rodr?guez, 1601.

5) Flori?n de Ocampo, en la introducci?n general a su obra y refiri?ndose al contenido del tercer volumen, lo dijo con las siguientes palabras: El tercero y ?ltimo volumen contiene desde aquella entrada de los Al?rabes y Moros Africanos, que com?nmente se dice la destrucci?n de Espa?a, hasta los tiempos de V.M, donde as? mismo las cosas Espa?olas dieron otro vuelco, y se diferenciaron del estado en que los Godos las hab?an puesto, tomando muy mucho de lo que los Moros traxeron: con los quales se continuaron ochocientos a?os de guerra cruel y porfiada dentro de Espa?a: que fue la mayor contienda que se halla desde que el mundo se cri?, en quantas historias sabemos, de una naci?n contra otra, y la que con m?s enojo se trat?, y donde m?s valent?as y haza?as pasaron, y a la que de nuestra parte con menos aparejos, y con poca m?s gente, y sobre mayor adversidad se comenz?, contra la mayor pujanza y poder?o, que por aquellos d?as hab?a sobre la tierra, que fue la multitud de estos Al?rabes: hasta que finalmente fueron acabados de vencer en tiempos de los Cat?licos reyes Don Fernando y Do?a Isabel, vuestros abuelos, y fueron despojados de quantas tierras ac? nos ocupaban, y puestos embaxo de nuestra sujecci?n. Ocampo, op.cit., vol. I, p. II

6) IB??EZ DE SEGOVIA, PERALTA y MENDOZA, G., Marqu?s de Mond?jar: Examen cr?tico chronol?gico del a?o en que entraron los moros en Espa?a, Madrid, s.i., 1687, 172 p; Advertencias a la historia del Padre Mariana, edici?n y prefacio a cargo de Gregorio May?ns y S?scar, Valencia, Viuda de Antonio Bordazar, 1746, XII + 131 p. Una segunda edici?n de esta obra fue hecha en Madrid, Imprenta Real, 1795, 304 p.

7) MASEDU, Juan Francisco: Historia cr?tica de Espa?a y de la cultura espa?ola. Obra compuesta en las dos lenguas italiana y castellana por D. Juan Francisco Masdeu, natural de Barcelona, Madrid, Imprenta de Sancha, 1791 y siguientes. Los vol?menes que hemos consultado son el Tomo X. Espa?a Goda(1791) y el Tomo XII. Espa?a ?rabe (1793)

8) MORALES, op. cit., vol. II, p. 378.

9) En un trabajo de esta naturaleza es imposible recrear el relato en toda su extensi?n, por lo que remitimos al lector interesado a la obra de los autores arriba citados y nos limitamos a se?alar los elementos m?s importantes. Por otra parte, somos concientes de que la versi?n tradicional de la ?p?rdida y restauraci?n de Espa?a? es de sobra conocida.

10) Fueron aqu?l d?a ?dice Morales, a modo de ejemplo? vencidos y muertos tan miserablemente los Godos, que la tierra qued? como desierta y desamparada, sin ninguna defensa. Ibid., p. 376.

11) El mismo Morales lo explica as? al cerrar la historia de la ca?da del reino visigodo: Que como fue cosa de grand?sima miseria y desventura, caer as? Espa?a de la cumbre de su grandeza y se?or?o a lo profundo de tan hondo abatimiento: mas por otra parte fue misericordia grande de Nuestro Se?or, con que apiadaba a sus fieles el dexarles as? esta luz y consuelo de Iglesias y ministros de ellas, y todo lo dem?s de la religi?n que as? qued? conservada. El quiso por rigurosa ejecusi?n de su divina justicia, y por otros altos secretos de su providencia, pasar as? a esta insigne providencia por el fuego de tan cruel tribulaci?n, para que purg?ndola con el de la escoria de sus vicios, saliese de nuevo como de buena fragua, otra Espa?a limpia y resplandesciente; toda Religiosa, toda Santa y puesta toda en alto celo de christiandad y verdadera virtud, cual por muchos de los siglos siguientes sabemos que persever?, siendo como es cosa de suma grandeza y soberana maravilla en la omnipotencia de Dios, sacar grandes bienes de algunos males. Ibid, p. 417-418.

12) Ibid., p. 385.

13) Ibid.,

14) Ibid., p. 388.

15) Ibid, p. 391. Mariana ofrece todas las versiones pero no se decanta por ninguna, Mariana, op.cit., vol. I, p. 404.

16) MORALES, op.cit., pp. 412-414.

17) WULFF, op.cit., p. 39 y sigs.

18) Pasando por alto la l?gica de su propio discurso y tal vez intentando acordar todas las versiones del asunto, Morales se?ala que Cuando ?l [Pelayo] volvi? de C?rdoba, le pes? gravemente de ver a su hermana con el moro, y sac?ndola de su poder la mejor consideraci?n que pudo, comenz? a tratar de veras, aunque con todo el secreto, el alzarse contra los al?rabes, y dar principio a recobrar Espa?a, para lo cual Dios le ten?a guardado y escogido. Op.cit., vol. III, p. 5.

20) MARIANA, op.cit., p. 421-422.

21) P?ginas antes, Mariana hab?a se?alado en el discurso que proclam? cuando se alz? contra los musulmanes: No habr? alguno que merezca el nombre de cristiano, el cual no se venga luego a nuestro campo. S?lo entretengamos a los enemigos un poco y con corazones atrevidos avivemos la esperanza de recobrar la libertad y la engendremos en los ?nimos de nuestros hermanos. El ej?rcito de los enemigos est? derramado por muchas partes, y la fuerza de su campo est? embarazada en Francia. Acudamos pues con esfuerzo y coraz?n, que esta es buena ocasi?n para pelear por la antigua gloria de la guerra, por los altares y la religi?n, por los hijos, mujeres, parientes y aliados, que est?n puestos en una indigna y grav?sima servidumbre. Pesada cosa es relatar sus ultrajes, nuestras miserias y peligros, y cosa muy vana encarecerlas con palabras, derramar l?grimas, despedir suspiros. Lo que hace al caso es aplicar alg?n remedio a la enfermedad, dar muestras de vuestra nobleza, y acordaros que sois nacidos de la nobil?sima sangre de los godos. La prosperidad y los regalos nos enflaquecieron y hicieron caer en tantos males; las adversidades y trabajos nos aviven y despierten. Dir?is que es cosa pesada acometer los peligros de la guerra: ?pero cu?nto m?s pesado es que los hijos y mujeres hechos esclavos sirvan a la deshonestidad de los enemigos? (Oh grande y entra?able dolor, fortuna trabajosa y ?spera) ?que vosotros mismos se?is despojados de vuestras vidas y haciendas? todo lo cual es forzoso que padezcan los vencidos. Ibid., p. 418.

22) Ibid., p. 53.

23) Ibid.

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Publicado por NASOINAN @ 18:26  | Colaboradores
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