Viernes, 30 de noviembre de 2007
Mart?n F. R?os Saloma. (Segunda Parte)
Departamento de Historia Medieval.
Universidad Complutense de Madrid
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3.UN MITO EN PROCESO DE AFIRMACI?N. LA "RESTAURACI?N DE ESPA?A" EN LA HISTORIOGRAF?A BARROCA (SIGLO XVII)

La historiograf?a del siglo XVII pocas noticias nuevas aport? al relato que hemos analizado, aunque si fue testigo de la aparici?n de un par obras consagradas espec?ficamente al asunto que nos ocupa [24]. La sociedad de la ?poca, con suficientes problemas en el presente pero marcada por una tradici?n y una percepci?n del pasado sancionada por la Iglesia y la Monarqu?a, no ped?a "seg?n el atinado comentario de Fernando Wulff" "una nueva visi?n del pasado" [25]. En efecto, la satisfacci?n que daban las obras de Morales y Mariana "en especial la del segundo" a las inquietudes hist?ricas de los espa?oles es muy significativa y su trascendencia se demuestra en el hecho de que no hubo nuevos intentos de hacer una historia general hasta el siglo XVIII y que los relatos que se publicaron, insertos en su mayor parte en historias generales [26], de forma general complementaron o rectificaron en m?nima medida lo dicho por Juan de Mariana. Lo verdaderamente trascendental, sin embargo, es que estas historias se encargaron de reforzar una y otra vez una tradici?n y una versi?n de los acontecimientos que, a fuerza de considerarse con vehemencia como historias verdaderas, acabaron constituyendo un mito fundacional cuyo n?cleo fue muy dif?cil romper, o al menos criticar, pues aquellos que lo hicieron fueron tenidos por "inventores de f?bulas" y "amigos de las novedades".

Es interesante se?alar que las preocupaciones de los autores estudiados se centraron sobre cuestiones en apariencia sin importancia pero que, analizadas desde un punto de vista simb?lico, era cruciales. La primer cuesti?n que inquiet? a los autores y que hizo correr r?os de tinta fue la identidad de la hija del conde don Juli?n, pues no se conoc?a su nombre y era imperativo desvelar la identidad de la mujer que sufri? los agravios del rey, quien seg?n los conceptos de la ?poca, deb?a guiar a su pueblo por el buen camino, dar un ejemplo de buenas costumbres y ser un c?mulo de virtudes. La "Cava" y "Florinda" fueron los nombres que se acabaron imponiendo.

La segunda cuesti?n que agit? los esp?ritus de los escritores fue establecer una cronolog?a precisa de los acontecimientos, ya que las noticias que daban las fuentes medievales eran contradictorias y las que ofrec?an los autores modernos tambi?n.

As?, era vital conocer el a?o concreto en el que se hab?a iniciado la incursi?n ?rabe y dilucidar si fueron uno, dos o tres desembarcos. Tambi?n interesaba establecer el momento exacto, la duraci?n y el lugar en el que hab?an sido derrotados los visigodos y, por ?ltimo, se?alar con precisi?n el a?o en que Pelayo venci? a los musulmanes en Covadonga; en cualquier caso las fechas m?s com?nmente aceptadas fueron la de 714 y 718 respectivamente, establecidas ya por Morales y Mariana. Los esfuerzos invertidos a lo largo de dos siglos en datar lo m?s exactamente posible los acontecimientos no revelan sino una cosa: la falta total de certezas en un asunto tan crucial. El inter?s es, pues, insertar dentro de la corriente de la historia universal el momento fundacional de la naci?n espa?ola.

La tercera cuesti?n que quita el sue?o a los escritores es averiguar si Pelayo fue coronado rey antes o despu?s de la batalla de Covadonga. En el debate se juega m?s que una fecha concreta, pues lo que se juega es no s?lo la legitimidad y la primac?a de la monarqu?a astur y sus herederas "las monarqu?as leonesa y castellana" sobre el conjunto de reinos peninsulares, sino la posici?n de la monarqu?a espa?ola en el siglo XVII en el ?mbito internacional [27]. Lo que no queda claro, sin embargo, es a cual de los dos momentos se le da mayor peso, pues los autores que esgrimieron una elecci?n de Pelayo como soberano antes de la batalla y su aclamaci?n sobre el escudo, justifican con ello tanto la innegable herencia goda reflejada en el mismo hecho de ser una monarqu?a electiva y de realizarse la proclamaci?n al igual que en tiempos visigodos, como la antig?edad de los ?rganos representativos espa?oles: los concejos y las cortes. Los que apostaron por la coronaci?n tras la batalla, hicieron de la actividad militar el elemento sustentador y legitimador de la monarqu?a, aunque tampoco dejaron de reconocer el car?cter electivo de ?sta, pues Pelayo fue elegido por el pueblo gracias a sus dotes personales y al hecho de ser descendiente de la familia real visigoda.

La ?ltima cuesti?n es la propia batalla de Covadonga. Los autores se muestran muy preocupados por conocer dos cosas: el n?mero m?s fiable de contendientes de ambos ej?rcitos y el grado de participaci?n divina. En cuanto a la primera, el inter?s no es meramente erudito, sino que se juega tanto la verosimilitud de los relatos -y por lo tanto la verosimilitud del mito- como el propio valor intr?nseco de los primeros resistentes, pues si bien se quiere llevar el n?mero de soldados a cantidades razonables, tampoco se quiere dejar de exaltar la osad?a de los cristianos que siendo pocos vencieron a muchos. En cuanto a la segunda, lo que estuvo en juego fueron dos elementos: por un lado, la posici?n y la carrera de los propios autores, pues la participaci?n divina en la batalla estaba sancionada desde tiempos remotos por los poderes establecidos; por el otro, una concepci?n del mundo y de la historia marcada por el providencialismo y en el que los espa?oles "los castellanos" se presentaban como el pueblo elegido por Dios poco menos que para redimir a la humanidad de sus pecados y extender la fe de Cristo por el mundo. Lo m?s interesante es ver como hasta bien entrado el siglo XIX los autores intentaron explicar fen?menos como el derrumbamiento del monte Auseva y el que las flechas lanzadas por los musulmanes se volvieran contra ellos mismos de distintas formas, pero siempre intentando acomodar la explicaci?n al modelo conformado en la etapa anterior.

Un hecho sobre el cual no podemos dejar de llamar la atenci?n es que los aportes de Navarra, Arag?n y Catalu?a a la empresa de Restauraci?n fueron menospreciados por la historiograf?a ya que los autores o bien no les dedicaron un solo cap?tulo o, si lo hicieron, ?ste fue demasiado breve y sirvi? para asentar que los alzamientos en Arag?n se hab?an realizado con posterioridad al alzamiento de Pelayo y a imitaci?n del mismo. El mensaje no pod?a ser m?s claro: el ?nico movimiento leg?timo de Restauraci?n fue el encabezado por el reino de Asturias y sus sucesores, Le?n y Castilla. Por otra parte y en este mismo sentido, los diversos autores menospreciaron en todo momento las incursiones carolingias y, por supuesto, no les consideraron como parte de un movimiento restaurador.

Con base en la revisi?n que hemos podido hacer, y que por falta de espacio no podemos desarrollar aqu?, queremos dejar constancia de que los autores continuaron utilizando el t?rmino "restauraci?n" para referirse al proceso que nos ocupa y que para referirse a la conquista militar emplearon t?rminos como "conquistar, ganar y tomar", pero nunca "reconquistar" [28].

4.LA HISTORIOGRAF?A ILUSTRADA Y EL NACIMIENTO DE UNA NUEVA INTERPRETACI?N HIST?RICA (SIGLO XVIII)

Como es sabido, el proceso de racionalizaci?n y secularizaci?n iniciado en el siglo XVIII abarc? los m?s diversos ?mbitos de la cultura occidental y la historiograf?a no pod?a dejar de participar del mismo. En Espa?a, las aspiraciones del movimiento ilustrado cristalizaron en el perfeccionamiento de la metodolog?a hist?rica, en el desarrollo de un m?todo cr?tico cada vez m?s riguroso, en la b?squeda, ordenaci?n, traducci?n y publicaci?n de fuentes documentales, en la depuraci?n de cr?nicas, en la trascripci?n de inscripciones p?treas, en la formaci?n de enormes bibliotecas particulares, en la elaboraci?n de cronolog?as precisas y, en fin, en la creaci?n de la Real Academia de la Historia en 1738. Bajo estos nuevos presupuestos, la cuesti?n de la invasi?n musulmana y el inicio de la Restauraci?n fue objeto de una revisi?n que tuvo como objetivo ce?ir el relato a la verdad hist?rica y situarlo en sus correctas coordenadas cronol?gicas, dando pie a una nueva interpretaci?n.

Los antecedentes de esta transformaci?n se remontan a finales del siglo XVIII con la publicaci?n del Examen chronologico del a?o en que entraron los moros en Espa?a y la redacci?n de unas Advertencias a la historia del padre Mariana, producto ambas de la pluma de don Gaspar Ib??ez, marqu?s de Mond?jar [29]. La obra de Mond?jar es uno de los primeros intentos de historia cr?tica en Espa?a y uno de los ejemplos m?s tempranos de un pensamiento ilustrado. Su principal objetivo fue escribir una historia ajustada a la verdad con base en documentos fidedignos, por lo que consagr? parte de sus esfuerzos a depurar las fuentes hist?ricas conocidas y a distinguir las ver?dicas de las ap?crifas. El conocimiento de diversas lenguas, el acopio de una gran cantidad de materiales y la lectura cr?tica de las mismas le permitieron redactar dos textos con los que conmovi? los mismos cimientos sobre los que hasta entonces descansaba el mito de la Restauraci?n.

En su Examen cronol?gico, Mond?jar pretendi? establecer una cronolog?a veraz de la invasi?n musulmana [30], la cual, seg?n los distintos autores, hab?a ocurrido en el a?o 714. Tras una erudita disertaci?n en la que cotej? las distintas fechas se?aladas por las fuentes coet?neas "tanto cristianas como musulmanas" [31], Mond?jar lleg? a la conclusi?n de que aquella hab?a ocurrido en el a?o 711 y que hab?a estado precedida por dos desembarcos menores ?ocurridos en 709 y 710 respectivamente. Esta propuesta no s?lo supuso el trastocar la cronolog?a hasta entonces aceptada "haciendo coincidir el primer desembarco con el reinado de Witiza", sino que implic? introducir un nuevo elemento explicativo: la codicia de los musulmanes que aspiraban a las riquezas de Espa?a [32]. Ya Mariana hab?a hecho de la feracidad de Espa?a uno de los argumentos que explicaban las sucesivas oleadas de invasores, pero en el caso de Mond?jar la novedad radica en que la ca?da del imperio godo no se deb?a exclusivamente a sus pecados, sino tambi?n a la conquista realizada por un pueblo en pleno proceso de expansi?n. A pesar su metodolog?a y su revolucionaria aportaci?n cronol?gica, Mond?jar, sin embargo, no dej? de ser un hombre de su tiempo y para justificar la derrota visigoda, recurri? a la explicaci?n providencialista aceptando que dicho pueblo "...irrit? [con] sus vicios la ira de Dios, para que los castigase con el r?gido y severo azote del furor sarraceno".[33]

De mayor trascendencia fueron sus Advertencias a la historia del padre Mariana, en las que Mond?jar fue recogiendo, cap?tulo por cap?tulo, las noticias que, a su juicio, eran falsas o al menos deb?an corregirse y matizarse, aportando para ello pruebas documentales y citas textuales de otros autores. Este m?todo lo llev? a concluir que tanto las noticias sobre el conde don Juli?n y la violaci?n de su hija por Rodrigo, como el matrimonio de Munuza con la hermana de Pelayo, eran falsas e invenciones de los moros, derruyendo con ello, de un plumazo, los tres argumentos sobre los que se hab?a sustentado hasta entonces el mito de la p?rdida y restauraci?n de Espa?a [34] y negando contundentemente que hechos de tal naturaleza, en particular el matrimonio, fueran la causa primera del inicio de la restauraci?n [35].

No conforme con haber hecho estas dos advertencias, Mond?jar asever? tambi?n -bas?ndose en el hecho de que el cronic?n de Isidoro Pacense, finalizado hacia el a?o 753 o 754, no menciona en ning?n momento ni a Pelayo ni su levantamiento que el "...Rey Don Pelayo, no pudo llegar a la corona hasta despu?s de 746 en que empez? el gobierno de Jucef..." [36] y que, por lo tanto, la fecha de la batalla de Covadonga deb?a retrasarse varios a?os. La posici?n de Mond?jar da fe de la coherencia de un pensamiento y un esquema de trabajo que buscaba poner "con base en una cr?tica documental y un criterio racional" por primera vez en su verdadera dimensi?n un hecho hist?rico trascendental para la historia de Espa?a. Esta racionalidad, sin embargo, no le impidi? ver en el movimiento de Pelayo definido como una lucha por sacudirse el yugo musulm?n y "restaurar la monarqu?a visigoda" claras muestras del favor divino [37].

La labor de Mond?jar fue continuada por Juan de Ferreras, quien en su Synopsis hist?rico cronol?gica de Espa?a [38], organiz? cronol?gicamente todo los acontecimientos relevantes de la historia espa?ola, evitando reproducir lo que consideraba f?bulas. Como las Advertencias de Mond?jar no se publicaron hasta 1746, Ferras no incorpor? los aportes de ?ste a su obra y m?s bien acept? de forma general el relato tradicional de los acontecimientos. As?, dio por buena las noticias sobre la Cava, la traici?n de su padre y la fecha de 718 como a?o en el que tuvo lugar la batalla de Covadonga, pero puso en duda las noticias sobre el castillo encantado de Toledo que abri? Rodrigo, la traici?n de los witizanos en Guadalete y la aparici?n de la Virgen a Pelayo antes de la batalla.

Mas interesante que estos datos puntuales es, sin embargo, la identificaci?n del autor con Espa?a, con los cristianos del siglo VIII y con su empresa restauradora en t?rminos "nacionales". El tomo III, que contiene los sucesos que nos ocupan, se abre con una dedicatoria al pr?ncipe de Asturias Luis I de Borb?n, en cuyo primer p?rrafo expresa:Los primeros reyes, que despu?s de inundada nuestra Espa?a y dominada casi del todo de las armas de los califas de Damasco, empezaron a liberarla del pesado yugo Mahometano, m?s armados de la fe que de el valor; m?s de la confianza que de la multitud; m?s de la justicia de la causa que de el arn?s y el escudo, no tuvieron otro t?tulo que el de Asturias; porque el dominio de el primer restaurador de las ruinas del Imperio G?tico don Pelayo, s?lo se ci?? a las asperezas de las Asturias y monta?as que confinan con el oc?ano septentrional de nuestra provincia, dando principio el cielo a este reinado, con la protecci?n de Mar?a Sant?sima, peleando por los cristianos la tierra, el aire y el agua, para que por todos se reconociese cuan estable hab?a de ser la monarqu?a, cuyos cimientos eran tan soberbios prodigios.

A?adi? al t?tulo de Asturias el de Galicia Don Alonso el Cat?lico, que no s?lo restaur? la mayor parte de esta Provincia, sino que bajando con sus tropas las faldas de las monta?as, ech? de ellas a los Mahometanos que las hab?an ocupado y s?lo con estos dos t?tulos se honraron sus sucesores hasta don Ordo?o I, que dejando los t?tulos de Asturias y Galicia, tom? el de Le?n, poniendo en esta ciudad su corte.

[En esta historia] V.A. [ver?] la religi?n, la justicia, el valor y grandeza de ?nimo de sus reales progenitores, como lo dicen tantas fundaciones de iglesias y monasterios, tantas batallas ganadas de los mahometanos y tantas ciudades y territorios recobrados de ellos, cuyas heroicas acciones pueden formar un perfecto modelo de el m?s religioso, justo y valeroso pr?ncipe... [39]

Ferreras menciona en este p?rrafo dos conceptos fundamentales para la g?nesis del concepto de Reconquista: el primero es el de "nuestra Espa?a"; el segundo el de "recobrar territorios". Hasta entonces, los diversos autores se hab?an referido a los cristianos que habitaban en Asturias como "los nuestros", fundando el v?nculo m?s en la identidad religiosa que en la pol?tica. Ahora el autor habla claramente de Espa?a como una entidad pol?tica, considerando al reino visigodo y a "su Espa?a" como una y la misma cosa que pertenece, por supuesto, a los espa?oles [40] y que, en consecuencia, debe ?recobrarse? y no s?lo "restaurarse". Por otra parte, en el contexto de la ?poca "marcada por el cambio din?stico" no deja de ser significativo que la legitimaci?n de la monarqu?a hispana no se construya ya "o no s?lo" sobre la herencia te?rica de la monarqu?a visigoda, sino casi exclusivamente sobre la lucha contra el Islam y la recuperaci?n del territorio.

Prueba tambi?n del inicio de la acu?aci?n de un nuevo concepto es el hecho de que Ferreras utiliza de forma ambigua el t?rmino restauraci?n, pues ya no lo emplea s?lo para referirse al proyecto pol?tico de restaurar el otrora poderoso reino visigodo, ni lo utiliza s?lo para referirse a la lucha por recuperar la libertad, sino que tambi?n lo utiliza para mencionar la restauraci?n de una di?cesis episcopal [41] "a partir de la cual se organizar?a un territorio" o para referirse a la conquista de una ciudad o paraje [42].

Todas estas ideas vinieron a concretarse en un op?sculo publicado en 1780: la Historia verdadera de la p?rdida y restauraci?n de Espa?a por don Pelayo y don Garc?a Jim?nez de Arag?n, escrito por Jospeh Manuel Mart?n [43]. M?s importante que la menci?n de las ideas de Mond?jar sobre la falsedad de algunas noticias, es el hecho de que el texto refleja, a nuestro modo de ver, el surgimiento de una conciencia "nacional" en la que ya no hay ni visigodos, ni astures, ni c?ntabros, sino espa?oles [44].

Tras haber dejado constancia de todas la vejaciones sufridas por los cristianos durante la invasi?n musulmana y de c?mo Pelayo "a quien hace nieto de Chindasvinto" hab?a levantado bandera contra los musulmanes tras el rapto de su hermana, Mart?n asegura que el reci?n proclamado rey convoc? a toda la gente que pudo, de tal suerte que ...lleg?ronse muchos cristianos que todos deseaban lo mismo, a los cuales con santas amonestaciones les puso en los ?nimos nuevo esfuerzo y deseo de libertad, como tambi?n de tomar venganza de los agravios hechos a la Naci?n Espa?ola, Religi?n Cristiana, su cruz y a Dios [45].

Mart?n, como lo refiere el t?tulo, escribe con cierta extensi?n sobre lo que pas? en los Pirineos, dando por primera vez la misma importancia a la participaci?n de los cristianos occidentales en la restauraci?n. Sin embargo, va m?s all? en la construcci?n de la idea de recuperaci?n territorial y dice que la noticia de los triunfos de Pelayo y Garc?a lleg? al pont?fice Gregorio III, quien ... envi? una bula aprobando la elecci?n que los Asturianos hicieron en Don Pelayo y los navarros en Don Garc?a. Merecido blas?n para estos cristian?simos reyes puesto que abrieron el camino a sus sucesores para recuperar todo lo perdido por los Godos.[...] No se recobr? palmo de tierra que no costase una haza?a, no se pod?a adelantar un paso, sin que las manos abriesen camino a los pies [...] en el empe?o de la guerra de Espa?a, com?n a la triunfante milicia del Empireo, porque junt?ndose en los espa?oles los dos motivos del amor y la libertad, y el cielo de la religi?n, cuanto para si ganaban de terreno, tanto aumentaban al cielo de culto [46].

As? pues, en una peque?a obra, aparec?a una nueva idea: la de que la lucha contra los musulmanes hab?a sido una lucha a favor de la libertad y la religi?n "como hasta entonces se planteaba" pero tambi?n una lucha por recobrar y recuperar el territorio perdido.

El siguiente paso importante en la construcci?n de una nueva interpretaci?n lo dio el jesuita Juan Francisco Masdeu con su c?lebre Historia cr?tica de Espa?a y de la cultura espa?ola (47). En los vol?menes consagrados al fin del reino visigodo y al inicio de la dominaci?n musulmana, el docto historiador arremeti? de nuevo contra aquellos elementos del mito de la p?rdida de Espa?a sobre los que Mond?jar hab?a hecho ya algunas advertencias: las malas acciones de Witiza y la violaci?n de la Cava. Sobre el primer personaje le interesa resaltar que s?lo la noticia de su lujuria pod?a ser tenida por cierta, en tanto que todas las dem?s eran f?bulas inventadas con posterioridad; sobre la hija de Juli?n opina que no es sino "...una novela rid?cula, formada en los tiempos de los romances" [48].

En su exilio italiano Masdeu hab?a entrado en contacto con una pl?yade de pensadores y escritores ilustrados que ve?an con escepticismo las interpretaciones de la historia de Espa?a que circulaban hasta el momento. Por lo tanto, su objetivo no era denostar la historia espa?ola tachando de falsedades lo que hasta entonces se ten?a por cierto sino, justo lo contrario, exaltarla a partir de la eliminaci?n de las f?bulas que fueron reelaboradas en el siglo XVI situ?ndola, al mismo tiempo, en una dimensi?n racional. As?, al eliminar la explicaci?n moral y providencialista de la invasi?n musulmana, nuestro autor ?que ped?a no "...ir a buscar razones fabulosas y vanas de la p?rdida de Espa?a..." pon?a el ?nfasis en la ambici?n musulmana que aspiraba a apoderarse de las riquezas de la Pen?nsula y que aprovechaba en su beneficio las luchas pol?ticas en el seno de la oligarqu?a visigoda [49]. Por estas mismas razones, la justa de los espa?oles "que ya no cristianos" se convert?a en una lucha digna de toda exaltaci?n, pues combat?an por recuperar algo de lo que hab?an sido injustamente despojados [50].

La construcci?n historiogr?fica del inicio de la lucha de la Restauraci?n es plenamente coherente con este esquema interpretativo y as? Masdeu nos dice que por ausencia de Athanaildo, a quien considera el leg?timo rey tras la muerte de Rodrigo, los cristianos reunidos en Asturias eligieron a Pelayo por monarca. Cuando las autoridades musulmanas tuvieron noticia de la proclamaci?n enviaron a Asturias un ej?rcito encabezado por Alcama "...para echar de all? a los Espa?oles que no quer?an reconocer el dominio mahometano" [51]. Pelayo, al conocer esta expedici?n se refugi? en Covadonga con sus tropas y les areng? con un discurso en el cual qued? perfectamente establecido que los que resist?an en Asturias ya no eran dos o tres pueblos distintos "godos, astures y c?ntabros" ni solamente cristianos, sino los espa?oles [52]. La batalla de Covadonga fue, por supuesto, favorable a los espa?oles, pero Masdeu se cuida de afirmar que muchas noticias eran dudosas. Al finalizar el relato sobre Pelayo con su muerte, Masdeu no duda en darle el t?tulo de "Restaurador de la libertad de los espa?oles", prueba fehaciente de que una nueva corriente de interpretaci?n estaba en v?as de consolidaci?n. Masdeu, pues renov? el discurso y la interpretaci?n sobre la invasi?n musulmana, la batalla de Covadonga y el inicio de la restauraci?n, imprimi?ndole un car?cter "nacional" variando el fondo del discurso elaborado por Morales y Mariana: para ?stos, la restauraci?n era una lucha de los visigodos y asturianos por recuperar la libertad y el honor; para Masdeu la restauraci?n era la lucha de los espa?oles por reestablecer el orden [53] y recuperar la naci?n de la que hab?an sido despojados por unos invasores codiciosos.

De este punto a la aparici?n de la idea de "reconquista" s?lo hab?a un paso. El paso lo dio el valenciano Jos? Ortiz y Sanz (1739-1822) en su Compendio cronol?gico de la historia de Espa?a [54]. La obra de Ortiz fue un nuevo intento por recomponer los cimientos de la historia espa?ola y por escribir la verdad eliminando las f?bulas que circulaban en la historia. As? pues, su objetivo, al igual que el de Masdeu, era exaltar la historia de Espa?a pero ci??ndose a la verdad. Su interpretaci?n, sin embargo, se alej? poco de la visi?n tradicional y al hablar en su pr?logo de las sucesivas invasiones que sufri? Espa?a, dice que ?sta pas? de los romanos a los godos; y por ?ltimo, de ?stos a los ?rabes; de cuyo poder la recobraron poco a poco sus leg?timos due?os a costa de millones de vidas. Obra por cierto prodigiosa que completaron nuestros abuelos, acaudillados por los Reyes Cat?licos... [55]

Al lector no se le escapar?, empero, el matiz que encierra el p?rrafo con respecto a la postura hasta entonces asumida: la lucha contra los musulmanes ya no es una "restauraci?n", ahora es, de nuevo, una "recuperaci?n".

La novedad del texto de Ortiz para nuestro estudio radica en que en el ?ltimo cap?tulo (XIV) del tomo segundo (editado en 1796), consagrado a los tiempos visigodos, el autor glosa una vez m?s el lamento por Espa?a de Isidoro Pacense y cuenta como se complet? la conquista de la Pen?nsula. En la ?ltima l?nea del ?ltimo folio, aparece, por primera vez, la palabra que ha motivado esta investigaci?n: Muerto Abdalazis[...], vino Gobernador en propiedad por el Califa solim?n, un tal Alhor o Alahor. No quedando en Espa?a cosa de importancia por conquistar, y deseando Alahor se?alase en facciones como Tarik y Muza, llev? sus armas a la Galia G?tia. Apoder?se de ella con poca dificultad, no habiendo quien acaudillase a los Godos que hab?a. Huyeron por varias veredas a las Asturias, estimando m?s la religi?n y la libertad, que los pechados bienes que les podr?an quedar en sus tierras, poco menos que cautivas. Estas y otras muchas gentes que por la misma causa se iban refugiando en las asperezas de Asturias, llegaron a dar aliento para ponerse en defensa del enemigo com?n por si ventura quer?a buscarlos a?n en aqu?l ?ngulo de Espa?a.

Los males, cuando son extremos, suelen hacer valerosos a?n a los m?s avilitados. As? sucedi? entonces; pues la desesperaci?n, la pena de ver la patria perdida, y sobre todo, la Religi?n y los favores del cielo, los anim? a pensar no s?lo en defenderse, sino tambi?n en reconquistar la patria de mano del enemigo, como veremos en el tomo siguiente [56].

El problema que se nos plantea es c?mo interpretar este t?rmino. Con base en todo lo expuesto hasta aqu?, creemos que existen dos opciones posibles: la primera, que se trate simplemente de la utilizaci?n de un sin?nimo del t?rmino "restauraci?n" utilizado desde la Edad Media; la segunda, que se trate de una nueva concepci?n en la que se hace expl?cita no s?lo la noci?n de patria, sino la noci?n de que la identidad espa?ola se construye a partir de una recuperaci?n ya no s?lo de la libertad y el honor perdidos, sino tambi?n y fundamentalmente del territorio.

Creemos que la primera hip?tesis puede ser descartada por el hecho de que el t?rmino restauraci?n, lo hemos visto, hace referencia al reestablecimiento de la monarqu?a, de la libertad, de la religi?n, de la administraci?n civil y religiosa y, en una palabra, del orden g?tico. Seg?n hemos visto, en esta concepci?n la conquista militar queda relegada a un segundo plano como condici?n previa sin la cual no puede realizarse lo verdaderamente trascendental la restauraci?n del reino visigodo. De seguir esta concepci?n, Ortiz hubiera utilizado, creemos, sin ning?n problema un t?rmino ya sancionado por los siglos y perfectamente entendido por todos.

Ahora bien, seg?n hemos visto en las obras de Ferreras, Mart?n y Masdeu, el concepto de naci?n y patria ha ido ganando espacio, lo mismo que la idea de identificar plenamente a los soldados que participan en Covadonga como espa?oles.

Tambi?n hemos visto como se utiliza con mayor frecuencia el t?rmino "recuperar". Por todo ello nos inclinamos a pensar que la utilizaci?n de este t?rmino, que pudo ser m?s o menos consciente, est? relacionada con una nueva forma de interpretar la lucha contra el Islam basada, a su vez, en las nuevas circunstancias hist?ricas, pol?ticas y culturales del momento en el que Ortiz escribe.

Ello no significa, sin embargo, que de un d?a para otro esta concepci?n cambiara, ni que de entrada se desplazaran los componentes religiosos y honor?ficos a un segundo plano sino que, durante mucho tiempo pervivir?a la utilizaci?n del t?rmino "restauraci?n" para referirse a la lucha contra los musulmanes y la reconstrucci?n de la Espa?a cristiana, por lo que el uso del t?rmino reconquista se reserv?, en principio, a la conquista militar de una ciudad.

La prueba m?s evidente de las anteriores observaciones las ofrece el propio Ortiz en las p?ginas que consagra a la batalla de Covadonga, las cuales conforman los primeros cap?tulos del tomo tercero de su Compendio (57). Tras invitar Oppas a Pelayo a que se rindiese, ?ste contest?:Jam?s (o perdido y mal Obispo Don Oppas) har? yo paz con los sarracenos, ni me sujetar? a su imperio. Parece que t? no conoces que la Iglesia del Se?or es comparada a la Luna, la cual aunque padece menguantes, presto vuelve a recobrar su lleno de luz y plenitud primitiva. Quantos aqu? ves estamos bien confiados en la misericordia del Se?or, que de este montecillo que miras ha de salir la reparaci?n de Espa?a y reyno de los godos. Cumplirase en nosotros la sentencia del Profeta que dice: Visitar? con trabajos sus culpas, y sus pecados con el azote: pero no los apartar? de mis piedades y misericordia. As?, aceptando humildemente por nuestros pecados la rigurosa sentencia y castigo, esperamos de su misericordia la restauraci?n de la Iglesia y reyno Godo, animados de la qual, despreciamos y nada tememos esa muchedumbre de paganos [58].

Tras alcanzar la victoria en Covadonga con alguna participaci?n divina, Pelayo derrot? a Munuza en el valle e Olalles, librando a Cantabria y Asturias de los mahometanos.

As?, seg?n Ortiz, concurri? de nuevo tanto n?mero de Cristianos, que comenzaron a fundar lugares, y poblar los que se hallaban desiertos en todos aquellos montes de Cantabria, Asturias, Lugo, Le?n, etc. restaurando las Iglesias y el culto divino, en los que se emplearon los a?os siguientes [59].

El relato hist?rico de Ortiz -interrumpido por una larga disquisici?n en contra de las ideas de Mond?jar y Masdeu- prosigue con el reinado de Favila y de Alfonso I.

Es aqu? donde se hace m?s evidente el juego entre la utilizaci?n de los t?rminos "restaurar, conquistar, ganar y tomar", m?s como sin?nimos que como conceptos diferentes. La ?nica diferencia clara parece ser el t?rmino "restablecer", pues sin lugar a dudas hace alusi?n a la reimplantaci?n del cristianismo. As? pues, hablando de las conquistas de Alfonso I, dice Ortiz:La primera ciudad que ganaron fue Lugo. Dirigi?ronse luego a Tui, a Braga y Porto, gan?ndolas con maravillosa presteza, como igualmente los pueblos menores que mediaban. Siguieron sus victorias en la Lusitania tomando a Viseo, Flavia (hoy Chaves o Aguas Flavias) y otras plazas importantes. Apoder?ronse tambi?n de Astorga como m?s cerca de las Asturias. Los a?os delante continu? Don Alonso sus conquistas [el subrayado es nuestro] contra los Moros con igual felicidad que la primera jornada. Quitoles en ellas las ciudades de Salamanca, Ledesma, Zamora, ?vila, Segovia, Le?n, Salda?a, Amaya, Simancas, Auca, Revenga, Miranda, Ceniceros, Trasmiera, Carbonera, Osma, Clunia, Sep?lveda y otras muchas, adem?s de castillos y lugares menores. Tom? tambi?n los Campos G?ticos, que es lo que llamamos tierra de Campos, que incluyen el Pisuerga, el Carri?n y el Duero. Tan r?pidas y dilatas conquistas hacen ver la poca guarnici?n que los Moros ten?an en aquellas plazas, ocupados en revoluciones Africanas, y que los Espa?oles pecheros que hab?a en las ciudades a donde llegaba el ej?rcito Cristiano, tomaban las armas contra sus opresores, y recobrando la libertad perdida, se iban con el Rey a las plazas fuertes, ya que no pod?an por falta de gente poblar ni mantener las que distaban mucho de Asturias.

Con esto fue el rey poblando todo el territorio de Li?bana, Trasmiera, Suporta, Primorias, Vardulia, las marinas de Galicia, ?lava, Vizcaya, Ordu?a, Pamplona y otras. En todas iba restableciendo el culto divino, construyendo y dotando Iglesias y poniendo obispos en las principales [60].

Veamos ahora las variaciones que hay en el mismo p?rrafo en la edici?n de 1841. ...la primera [ciudad]que tomaron fue Lugo de Augusto, que es la que hoy persevera[...] Desde Lugo marcharon a Tuy por la via de Orense, a Braga y Porto, atravesada toda Galicia, y con una prontitud admirable se apoderaron de ellas y pueblos del camino. Siguieron sus armas victoriosamente en Lusitania, donde tomaron a Viseo, Flavia y otras plazas importantes, y al regreso tambi?n Astorga. En a?os adelante continu? don Alonso sus reconquistas [el subrayado es nuestro] con felicidad en sus jornadas como la primera. Quit? a los moros las ciudades de Salamanca, Ledesma, Zamora, Avila, Segovia, Le?n, Salda?a, Simancas, Amaya, Oca, Revenga, Miranda, Ceniceros, Trasmiera, Carbonera, Clunia, Osma, Sep?lveda y otras muchas adem?s de los castillos y pueblos menores[...] Gan?les por fin los campos godos, que es lo que hoy llamamos Tierra de Campos, inclusa entre el Pisuerga, Carri?n y Duero. Tan r?pidas y dilatadas adquisiciones indican la poca guarnici?n que los moros ten?an en sus plazas, ocupados sus ?nimos en las revoluciones del ?frica que ya notamos. No menos podemos inferir que los cristianos pecheros que en ellas hab?an tomado las armas contra sus opresores, y recobrando sus derechos se iban con el rey a las plazas fuertes, no pudiendo repoblarlas todas por la falta de gente, mayormente las muy apartadas de las Asturias. [As?, con los cristianos liberados] fue don Alonso poblando el territorio de Li?bana, Trasmiera, Suporta, Primorias, lo litoral de Galicia y las provincias Vascongadas; reestableciendo en todos el culto divino, construyendo templos y poniendo obispos donde conven?a [61].

No var?a el fondo pero si la forma. El lector habr? notado la sustituci?n de la palabra "conquista" por "reconquista". Entre la primera y la segunda edici?n median poco m?s de cuarenta a?os que vieron el surgimiento de unas Cortes liberales, la invasi?n napole?nica, la restauraci?n del absolutismo, la independencia de casi todas las colonias americanas y varios golpes de estado. No podemos saber si la sustituci?n la hizo el propio Ortiz o, por el contrario, fue obra de los editores. Y lo que es peor, por el contexto en el que est?n insertas no podemos hacer un juicio sobre el sentido que encierra la sustituci?n, pues no queda claro si s?lo se utiliza como sin?nimo o para evidenciar un significado distinto que se da a la conquista militar. En cualquier caso, lo importante es que a finales del siglo XVIII el t?rmino "reconquista" hizo su aparici?n en la historiograf?a hisp?nica.

Ser?a labor de los escritores rom?nticos y nacionalistas del siglo XIX dotarlo de un nuevo sentido.

BIBLIOGRAF?A

24) MESA, Crist?bal de: La restauraci?n de Espa?a, Madrid, Casa de Juan de la Cuesta, 1607, 186 p.; VILLASE?OR, Fray Juan de: Historia general de la restauraci?n de Espa?a por el santo rey Pelayo, apariciones de cruces bajadas del cielo, varias noticias hist?ricas de im?genes en diferentes reinos, sus or?genes y descubrimientos, aparecimiento de nuestras Se?ora de Atocha, con los singulares favores que ha hecho a todos los reyes de Espa?a hasta el cat?lico monarca Carlos Segundo que Dios Guarde, Madrid, Roque Rico, 1684, 491 p. A pesar de lo sugerente del t?tulo lo cierto es que el autor, dominico, se consagra a estudiar la relaci?n de la Virgen y la Cruz con la orden de Santo Domingo. Dentro de este marco, el autor dedica unas cuarenta p?ginas a contar los milagros hechos por la Virgen y la Cruz para lograr la restauraci?n de Espa?a a lo largo de los siglos, en especial a las apariciones de ambas en la batalla de Covadonga, fs. 115-140. Lo trascendental del asunto es el hacer de Pelayo un santo, sacralizando su imagen y, por tanto, la gesta que encabeza.

25) WULFF, op. cit., p. 62.

26) SANDOVAL, Prudencio de: Historia de los reyes de Castilla y Le?n: Don Fernando el Magno, primero de este nombre, infante de Navarra, Don Sancho, que muri? sobre Zamora, Don Alonso Sexto de este nombre, Do?a Urraca, hija de Alonso Sexto y Don Alonso S?ptimo, emperador de las Espa?as, sacadas de los privilegios, libros antiguos, memorias, diarios, piedras y otras antiguallas, con las diligencias y cuidado que en esto pudo poner D. Fr. Prudencio de Sandoval, Obispo de Pamplona, dirigida al rey Don Felipe Nuestro Se?or, Pamplona, Carlos Labayen, 1615 [Trabajamos con la edici?n de B. Cano publicada en Madrid en 1792]; SAAVEDRA, Diego: Corona g?tica, castellana y austriaca, Amberes, Casa de Jer?nimo y Juan Bap, 1658 17 + 513 p. y N??EZ DE CASTRO, Alonso: Corona g?tica, castellana y austriaca pol?ticamente ilustrada y continuada por don Alonso N??ez de Castro, 3 vols., Madrid, Andr?s Garc?a de la Iglesia, 1658-1677 [Edici?n realizada con base en los manuscritos p?stumos de Saavedra y las propias notas de N??ez de Castro. En 1789 Benito Cano public? en Madrid una nueva edici?n de la obra en un solo volumen].

27) En este sentido, la Corona g?tica, castellana y austriaca del diplom?tico Diego Saavedra Fajardo, plenipotenciario de Felipe IV en el congreso de M?nster que pretend?a sellar la paz entre las naciones europeas, es un claro alegato hist?rico-pol?tico que pretend?a mostrar ...claramente los derechos leg?timos en que se fund? el Reino y Monarqu?a de Espa?a y los que tiene a diversas provincias, los cuales consisten m?s en la verdad de la historia que en la sutileza de las leyes op. cit., p. 3. Muchas p?ginas m?s adelante, logr? cristalizar est?s ideas de forma insuperable en un p?rrafo contundente: Grandes fueron los trabajos y calamidades con que Dios apur? la constancia de la naci?n Espa?ola, primero en el yugo de los Romanos, despu?s en el de los b?rbaros y ?ltimamente en el de los africanos. Pero quien con atenci?n cargare el juicio sobre aquellos sucesos, hallar? que en la misma servidumbre gan? Espa?a mayor fama que las dem?s naciones en la dominaci?n, por que los fragmentos de Numancia, y las cenizas de Sagunto le dieron m?s gloria que a Roma sus triunfos y obeliscos. Vencida fue Espa?a de los alanos, v?ndalos, suevos y godos que la acometieron juntos, pero vencida venci? sus ?nimos feroces y los sujet? al yugo suave de la Iglesia. Pisaron los Africanos la cerviz de Espa?a por la flojedad de los godos, extinguidos ya en el ocio sus esp?ritus marciales, pero despu?s pocos espa?oles retirados en los montes bajaron a las llanuras, y siempre desnuda la espada por el espacio de ocho siglos pelearon constantes en defensa de la libertad y de la religi?n, hasta que retiraron a ?frica a los moros y ocuparon las costas de ella fundando la mayor Monarqu?a que se ha visto en el mundo. Ibid., p. 546.

28) Como m?s representativo reproducimos dos p?rrafos de la obra de Prudencio de Sandoval referidas a Fernando el Magno: En 1077 volvi? el rey, hechas las conquistas de Portugal, por Tuy a Santiago, donde con devoci?n visit? al Ap?stol, y porque los Moros no tuviesen descanso, ni atrevimiento de inquietar las tierras de Portugal, envi? contra ellos parte de la gente de su ej?rcito; y pasando a Duero, corrieron talando y robando las tierras de aquella comarca, que las historias antiguas llaman Extremadura[...] Ganaron y saquearon muchos lugares entre Duero y Tajo, d?celo as? una memoria, aunque breve y confusamente[...] Vuelto el Rey Don Fernando victorioso y rico de la jornada de Portugal, quiso vengarse de la entrada que los Moros de Toledo y otras tierras de aquella comarca hab?an hecho en Extremadura, llam? a sus gentes, y junt? los m?s que pudo de sus reinos de Castilla, de Le?n y otras provincias, y enderez? contra la villa de Gormaz, que era la parte por donde Castilla ordinariamente recibi? mayores da?os de enemigos. El rey combati? a Gormaz, y la entr? y saque?, y puso guarnici?n en ella; pas? adelante y gan? a Vado del Rey, Aguilera, Berlanga y otros pueblos de aquella comarca en la ribera de San Iuste y Santa Mar?a y Guarmeces. Derrib? muchas atalayas que los moros ten?an por all? para descubrir a los cristianos, si les corr?an las tierras. Tom? otras fortalezas en el valle de Bargataras y Caracena hacia la parte de Medina-Coeli, que se hab?an hecho para recoger y guardar los ganados y labradores cuando sent?an enemigos, y desmantel? los muros, ech?ndolos por el suelo hasta los cimientos. Y no par? hasta llegar y correr los campos de Tarazona, poniendo gran espanto con su gente victoriosa a los Moros, en los cuales no hab?a fuerzas para resistirle, porque su poder en estos d?as ya estaba flaco y dividido por los muchos bando y caudillos que en cada reyno y ciudad de toda la Morisma de Espa?a se hab?an levantado. Sandoval, op. cit., p.

29) Ambas citadas, vid.supra.

30) Mond?jar consideraba que ...as? como la historia es maestra de la vida, es la Chronolog?a, u conocimiento y orden de los tiempos, luz de la historia, sin cuyo esplendor, ni se percibe, ni persuade lo que ense?a, y con ella se han hecho cre?bles muchos sucesos, que desordenados por no convenir a la edad que refer?an, peligraban de inciertos, y con su apoyo permanec?an seguros. Examen chronol?gico... Op. cit., p. 1.

31) Para su estudio, Mond?jar confront? las cuentas de la Encarnaci?n, de la Natividad, de la Era, la del reinado de Her?clio y la H?gira.

32) Ibid., p. 134.

33) Ibid., p. 4.

34) MOND?JAR, Advertencias a la historia del padre Mariana, op. cit., Advertencia II, pp. 14-15: ?El segundo reparo que se debe hacer a este cap?tulo -afirma-, se reduce a suponer que en ninguno de los Chronicones antiguos de Isidoro y de Dulcidio, ni en el Emilianense o de Albelda; as? tampoco, como ni en el del rey Don Alonso el Magno, tercero de este nombre, que tantas veces cita Mariana, y son s?lo los materiales seguros que permanecen de los sucesos de la p?rdida de Espa?a, y de los tres siglos primeros subsiguientes a ella, hay memoria, ni del Conde Don Juli?n, ni de la Cava su hija; [...]Y tengo por sin duda esta f?bula fingida y fraguada de los mismos Moros, de quienes recibieron sin reparo su noticia los nuestros, repiti?ndola como verdadero suceso en sus cantares; de donde la copi? como tal el Monge de Santo Domingo de Silos, que escrib?a en el siglo o?nceno, cuya copia tengo, as? como el arzobispo don Rodrigo, Don Lucas de Tuy, la Cr?nica General y cuantos han escrito despu?s.?

35) ?Este cuento de Munuza, y su casamiento con la hermana de Don Pelayo, le tengo por fabuloso, aunque le refiera el Arzobispo don Rodrigo; porque, si fuera cierto, y ?nico motivo del restablecimiento del nuevo Reyno que por ?l se origin? en Pelayo, y del principio de la restauraci?n y libertad de Espa?a, como hab?an de omitir su memoria el rey Don Alonso el Magno en el Chronic?n que escribi? , y de que tuvo copia el Padre Mariana, pues varias veces lo cita, ni Sampiro seg?n asegura Morales, ni los tres cronicones, y el que con el nombre de Dulcidio public? Pellicer, copiado de un c?dice antiguo que yo le di...?Ibid., pp. 42-43.

36) Ibid., p. 46.

37) Apoderados los ?rabes enteramente casi de toda Espa?a ?apunta Mond?jar?, y retiradas las Reliquias de los Cat?licos, naturales suyos, a la aspereza de sus monta?as, luego que perdieron aquel horror que esparc?a la fama de la violenta crueldad de los Infieles, se aplicaron a procurar los medios de sacudir aqu?l injusto e intolerable yugo, que tem?an padecer, antes que con el tiempo, radicado enteramente el Imperio de sus enemigos, quedasen sujetos a ?l, como se hallaban los que no se hab?a acogido al refugio mismo; y resueltos a elegir cabeza a quien fiasen su defensa, pusieron los ojos en Don Pelayo, nieto de la Casa Real de los Godos, a quien con el t?tulo primero de pr?ncipe suyo, y despu?s de Rey, reconocieron como tal quantos fugitivos se hallaban esparcidos, y asegurados pro todas las asperezas, y dilatados espacios de las cumbres de nuestras sierras, el qual con maravillosos y patentes auxilios Divinos, empez? a restablecer aquella Monarqu?a, extinta de los Godos, que poco a poco lleg? con no menos favores celestiales al supremo auge de su grande y poderosa Monarqu?a. Ibid., p. 247.

38) FERRERAS, Juan de: Syn?psis cronol?gica de Espa?a o historia de Espa?a reducida a compendio y a debida cronolog?a, 16 vols., Madrid, Impresor Francisco Villadiego, 1700-1727. Trabajamos con el volumen tercero, publicado en 1726.

39) Ibid., tomo III, pp. I-IV.

40) En alg?n momento de su relato, Ferreras, refiri?ndose a Asturias, se?ala: Ninguna provincia de Espa?a nos puede competir en la gloria de haber sido los primeros, que con la ayuda de Dios, nos opusimos a las formidables armas de los sarracenos y dimos principio a restaurar la monarqu?a de nuestra naci?n[...] Dios, que castig? a Espa?a por sus pecados, quiso por su piedad y su clemencia reservar aquellos espa?oles en aquellas monta?as para su reparaci?n, y as? no permiti? a los mahometanos entrar en ellas con las armas. Ibid., p. 33.

41) Por este tiempo el rey Don Sancho y el infante don Garc?a de Navarra, restauradas N?jera, Viguera y toda aquella comarca que perteneci? al obispado de Calahorra[...] trataron de erigir y restaurar aquella di?cesis, eligiendo obispo para ella, que quisieron residiese en N?jera y fue consagrado por entonces por prelado Teudomiro[...]. Ibid., p. 307.

42) Al invadir Espa?a las fuerzas de Carlomagno ?dice Ferreras? [...]se hallaron los mahometanos embarazados con tan poderosos enemigos[...], con que pudieron los reyes de Asturias sostenerse y empezar a quebrantar el orgullo de sus monarcas [musulmanes], restaurando los reyes cristianos lo que dominaban los mahometanos en lo que ahora llamamos Castilla la Vieja, reino de Le?n, toda Galicia y parte de Portugal hasta Coimbra, continu?ndose despu?s la Divina Providencia en la restauraci?n de lo perdido. Ibid., p. 386.

43) MARTIN, Joseph Manuel: Historia verdadera de la p?rdida y restauraci?n de Espa?a por don Pelayo y don Garc?a Jim?nez de Arag?n, sacada de don Rodrigo, Morales, Pisa, Juliano y varios manuscritos antiguos, Madrid, Impresor Manuel Mart?n, 1780, 24 f.

44) Fernando Wulff dice, a prop?sito del surgimiento de los conceptos de ?naci?n? y ?colectividad? en la historiograf?a hispana del siglo XVIII, que son las nuevas formas ?...en que en este mundo se articulan y redefinen los arcanos sentimientos-relaciones de pertenencia e identidad colectiva?. op. cit., p. 78.

45) MART?N, op. cit., p. 15.

46) Ibid., p. 23.

47) MASEDU, Juan Francisco: Historia cr?tica de Espa?a y de la cultura espa?ola..., op.cit. Vid supra nota 7. Debemos se?alar aqu? el aporte fundamental que para la historiograf?a signific? la labor del padre Fl?rez y los continuadores de su Espa?a Sagrada, especialmente en la depuraci?n y edici?n de las viejas cr?nicas. Con base en este material, el padre Fray Manuel Risco pudo componer unas Antig?edades concernientes a la regi?n de los astures trasmontanos desde los tiempos m?s remotos hasta el siglo X.Establecimiento del reyno de Asturias y memoria de sus reyes. Fundaci?n de la ciudad e iglesia de Oviedo, noticias de sus primeros obispos y examen cr?tico de los concilios ovetenses, Madrid, Oficina de Blas Rom?n, 1789, 367 p. (Espa?a Sagrada, t. XXXVII) A pesar del t?tulo, la visi?n de Risco se apega a la interpretaci?n tradicional de los acontecimientos ?pecados visigodos, castigo divino, lucha por la libertad? por lo que no nos detenemos en ?l.

48) MASDEU, Historia de Espa?a y de la cultura espa?ola, op. cit., tomo X, p. 223.

49) A los ?rabes, que ya ten?an puesta la mira sobre Espa?a, y alguna que otra vez hab?an tentado la suerte [?piensa que hubo tres incursiones?], no pod?a presentarse mejor ocasi?n, y mucho m?s si los parientes y partidarios de Vitiza los llamaron en su ayuda. A?ade, sin embargo, que esta noticia debe tomarse por dudosa por no aparecer en las fuentes contempor?neas; al hacer esta indicaci?n, Masdeu eliminaba el argumento de la traici?n de Juli?n. Masdeu, Historia de Espa?a..., op. cit., tomo XII, p. 9.

50) La Historia de la Espa?a ?rabe que empieza desde el reinado de Vitiza, ?dec?a Masdeu en el pr?logo al volumen XII? en cuyo tiempo formaron los ?rabes el proyecto de conquistar nuestra Pen?nsula,pudiera continuarse bajo el mismo t?tulo hasta la edad de oro de los esclarecidos Reyes Cat?licos, por cuyo valor y piedad, despu?s de largo dominio de setecientos y ochenta a?os y medio, qued? enteramente aniquilado el se?or?o de los Infieles. Ibid., p. 1.

51) Ibid., p. 5.

52) Espa?oles esforzados ?exclama Pelayo en su arenga, seg?n Masdeu?, hijos de padres invencibles, la gloria de Espa?a, y a?n la de Dios est? toda en vuestras manos. Los enemigos del Salvador nos degollaron a hijos y padres, y nos robaron las mugeres, nos destruyeron las ciudades, nos quitaron las haciendas, nos echaron de nuestras casas: derribaron templos y altares, hollaron las im?genes santas, blasfemaron el nombre de Jesuchristo [...] ?Qu? tem?is, Espa?oles, siendo amigos del Cielo y de la Justicia. Nuestras maldades ya se lavaron en la sangre de los que murieron. Claman ahora los m?rtires del cielo por la venganza de sus martirios; [...] Ibid., p. 55.

53) Al hablar de las conquistas de Alfonso I, Masdeu apunta que el rey se dedic? a renovar las ciudades, disponiendo poblaciones nuevas donde ya no las hab?a, renovando ciudades y fortalezas, reestableciendo los templos y altares que el furor de los infieles hab?a destruido y poniendo obispos y pastores donde se necesitaban. En otras palabras, el rey ocup? sus fuerzas en ?restaurar? la organizaci?n del reino. Ibid., p. 62.

54) ORTIZ, Jos?: Compendio cronol?gico de la historia de Espa?a, 7 vols., Madrid, Imprenta Real de Mateo Repull?s, 1795-1803. Una segunda edici?n fue realizada en Madrid bajo el t?tulo Compendio cronol?gico de la historia de Espa?a, desde los tiempos m?s antiguos hasta nuestros d?as, 2.a ed., Madrid, 1841; en ella se incluyeron varios documentos y grabados as? como un volumen consagrado a los reinados de Carlos IV y Fernando VII. Sin lugar a dudas, la obra de Ortiz satisfizo ampliamente al p?blico de la ?poca, por lo que en 1846 se realiz? una tercera edici?n.

55) Ibid., vol. I, p. III.

56) Ibid., p. 192.

57) Publicado en 1797. Por otra parte, ya en su introducci?n afirma que Espa?a en la antig?edad estaba conformada por ...los reynos de Asturias, Le?n y Castilla, hoy reynos de Espa?a, a quienes finalmente quedaron unidos el de Arag?n, Granada y Navarra...., adem?s de Portugal, dando clara muestra de que ?como casi todos los letrados? conceb?a a Espa?a como una unidad territorial que se identificaba con la totalidad de la pen?nsula Ib?rica. Ortiz, Compendio..., t. III, p. 5.

58) Ibid., p. 5 Comp?rese con la edici?n de 1841: Jam?s har? yo paz con los sarracenos, ni me sujetar? a su dominio. Parece que tu no sabes que la iglesia del Se?or es comparada a la luna, la cual, aunque padece menguante, presto recobra el lleno de su luz primitiva. Cuantos aqu? miras estamos bien confiados en la misericordia de Dios que de este montecillo que ves ha de salir la reparaci?n de Espa?a y reino godo, cumpli?ndose en nosotros la palabra del profeta: Visitar? con trabajos sus pecados, y sus culpas con el azote; pero no los privar? de mi piedad y misericordia. Por lo cual, aceptando humildemente por nuestro pecado la divina sentencia y castigo, esperamos de su misericordia la restauraci?n del reino, con la cual animados despreciamos y en nada tememos a esa muchedumbre de paganos. t. III, p. 9.

59) Ibid, p. 9.

60) Ibid, pp 17-19.

61) Ort?z, Compendio... edici?n de 1841, op. cit, vol. III, pp. 74-76

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Publicado por NASOINAN @ 19:02  | Colaboradores
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