Viernes, 30 de noviembre de 2007
Mart?n F. R?os Saloma. (Tercera Parte)Departamento de Historia Medieval.
Universidad Complutense de Madrid
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5."RESTAURACI?N Y RECONQUISTA": DOS PILARES PARA CONSTRUIR UNA HISTORIOGRAF?A ROM?NTICA Y NACIONALISTA (1810-1850)

La serie de transformaciones pol?ticas, econ?micas y sociales que experiment? Espa?a durante la primera mitad del siglo XIX, sumadas al trauma provocado por la invasi?n napole?nica y el surgimiento de los estados nacionales en toda Europa, reclamaron la construcci?n de una identidad colectiva basada en nuevas pilares como los conceptos de "patria, naci?n y Estado-naci?n". La burgues?a que se hizo con el poder pol?tico busc? en la historia el veh?culo para construir estas nuevas identidades, las cuales se basaron en la identificaci?n y exaltaci?n de los rasgos o procesos que diferenciaban a unos grupos de otros [62].

De esta forma, Pelayo, la batalla de Covadonga y la lucha contra los musulmanes se convirtieron, una vez m?s, en los elementos sobre los que se sustent? la creaci?n de la moderna identidad colectiva espa?ola. Por encima de sus diferencias locales o regionales, todas las provincias espa?olas fueron incorporadas bajo una sola naci?n y fueron dotadas de un pasado com?n que las que las diferenciaba de las otras naciones europeas y cuyo aspecto m?s significativo hab?a sido la lucha por reconquistar la patria de los invasores musulmanes. Sin embargo, en la construcci?n de esta identidad colectiva no s?lo participaron historiadores "que en muy pocos casos fueron s?lo historiadores" sino tambi?n literatos de mayor o menor renombre que a trav?s del relato de los episodios nacionales recrearon el pasado, dot?ndolo de vivos colores y de fervores patrios.

Las tres primeras d?cadas del siglo XIX est?n marcadas por la ausencia de trabajos consagrados a estudiar la restauraci?n de Espa?a, por lo menos hasta 1841 en que se public? la segunda edici?n del Compendio cronol?gico de la historia de Espa?a de Jos? Ortiz y Sanz con las modificaciones que ya hemos mencionado.

Este silencio se explica f?cilmente por las circunstancias pol?ticas del momento ya que la producci?n historiogr?fica durante estos a?os estuvo marcada por las circunstancias y los intereses de la ?poca.

La ?nica voz que ha atra?do nuestra atenci?n se alza desde el otro lado del mar. En 1810 se public? en la ciudad de M?xico un op?sculo que hab?a aparecido el a?o anterior en Santiago de Compostela titulado Patriotismo y gloriosas empresas del Excelent?simo Marqu?s de la Romana en la reconquista del reino de Galicia (63). El texto recoge las notas publicadas el 9 de agosto de 1809 en un peri?dico llamado El patriota compostelano y un suplemento de los d?as 7 y 9 de agosto de 1809 acerca de las acciones del Marqu?s de la Romana durante la invasi?n napole?nica.

Seg?n las notas, de la Romana apoy? a las tropas francesas en la conquista de Dinamarca, equivoc?ndose quiz? al apoyar a Napole?n. Estando en Dinamarca recibi? la noticia de que los franceses quer?an conquistar Espa?a y se embarc? junto con sus tropas a Galicia, combati? a los invasores franceses y liber? Santiago de Compostela de sus opresores.

La intenci?n del autor, o del editor, al sacar a la luz este peque?o texto era dar a conocer las acciones de un valeroso general espa?ol. En el pr?logo de la obra se establece claramente el juego entre el viejo t?rmino de restauraci?n y los nuevos significados que comienza a adquirir la palabra reconquista, si bien ?sta no se menciona:Aunque el nombre del Exmo. Sr. Marqu?s de la Romana nos hab?a dado la idea de uno de los restauradores m?s ilustres del decoro y de la libertad espa?ola, y de un personaje que hab?a llenado la Europa de un acontecimiento de los m?s heroicos que presenta la historia del patriotismo, y de la sensibilidad nacional; a pesar de esto, de sus ?ltimos esfuerzos, y la gloria de sus ?ltimas empresas, estaban envueltos en la oscuridad para un p?blico siempre reconocido a los grandes sacrificios y a las prendas sublimes [64].

A lo largo de las doce p?ginas no se emplea tampoco el t?rmino reconquista, pero su utilizaci?n en el t?tulo sobra y basta para ponderar la aceptaci?n que el t?rmino hab?a experimentado y el sentido que se le asign?: los franceses hab?an conquistado un territorio que no les pertenec?a y los espa?oles lo hab?an recuperado, es decir, lo hab?an reconquistado. As? queda claro que el t?rmino "restauraci?n" se refiere a la restauraci?n de la libertad, mientras que el t?rmino "reconquista" hace referencia, en este caso, a la apropiaci?n militar de un territorio que estuvo en manos del invasor y, por lo tanto y prolongando la reflexi?n, la reconquista es una liberaci?n de Espa?a. En este sentido, es muy interesante y revelador que uno de los art?culos traiga a colaci?n el recuerdo de las invasiones v?ndala y musulmana sobre Galicia, asociando a los franceses con estos antiguos invasores:Gloria pues al Marqu?s de la Romana; gloria a sus valerosos generales; su nombre sea grato y eterno en Galicia, en Espa?a, en toda la Europa, mientras dure la memoria de la irrupci?n de los v?ndalos y ?rabes de la Galicia [65].Adem?s, al final de la nota, el autor exalta la figura del marqu?s como un ejemplo a seguir por toda Espa?a recurriendo al repertorio de ideas, conceptos y met?foras acu?adas alrededor de la invasi?n musulmana y la restauraci?n de Espa?a en los siglos anteriores [66].

Hubo que esperar hasta el advenimiento de Isabel II (1843-1868) y la estabilidad que su reinado que otorg? para que la elite pol?tica y econ?mica pudiera aprovechar sus ratos de ocio en leer y escribir historia. Sin duda, la obra que marc? un hito fue la Historia de Espa?a desde los tiempos m?s remotos hasta nuestros d?as de Modesto Lafuente (1806-1866), cuyo primer volumen apareci? en Madrid en 1850 [67]. ?sta se nos presenta como el resultado de importante esfuerzo personal por comprender la totalidad del proceso hist?rico espa?ol desde un punto de vista humano, cr?tico, secular y libre de explicaciones providencialistas.

La obra est? precedida por un interesante pr?logo y por un largo "Discurso preliminar" el que plantea los motivos que le llevaron a escribir esta nueva historia de Espa?a, la filosof?a que rige su obra y el m?todo que sigui?. A pesar del inter?s que tiene este discurso para la historia de la historiograf?a espa?ola, por falta de espacio, debemos ce?irnos al asunto que venimos tratando [68]. Tras hacer un balance sobre el mundo antiguo y afirmar que es una historia que se conoce poco y mal, Lafuente pasa al "estado de la cuesti?n" sobre la historia medieval y en particular sobre los or?genes de la reconquista, ponderando y valorando tanto a los autores medievales como a los modernos. En este balance vemos aparecer por primera vez la concepci?n de la reconquista como una empresa nacional, es decir, como un proceso hist?rico:Otro tanto ten?a que acontecer cuando la irrupci?n sarracena volvi? a reducir lo poco que pudo salvarse de la Espa?a cristiana al estado de infancia de las sociedades.

En los primeros siglos de ese esfuerzo gigantesco a que damos el nombre de reconquista, otros obispos y otros monjes, los que ten?an la fortuna de vivir en alg?n rinc?n un tanto apartado del estruendo de la pelea, anotaban en breves y descarnadas cr?nicas los sucesos de m?s bulto con la rapidez y el desali?o que la rudeza y la inseguridad de los tiempos permit?a. [...] La posteridad sin embargo ha tenido mucho que agradecer a aquellos anotadores de hechos, y ser?n siempre de un precio inestimable los trabajos de Isidoro de Berja, testigo de la gran cat?strofe, de Sebasti?n de Salamanca, de Sampiro de Astorga, de Pelayo de Oviedo, de Lucas de Tuy, y del arzobispo don Rodrigo [69].

La reconquista, un esfuerzo gigantesco. ?C?mo lleg? Lafuente a concebir de esta forma a la Reconquista? ?Se puede trazar una l?nea directa a partir de la t?mida insinuaci?n que hizo Jos? Ortiz en 1796? ?Es posible que s?lo la lectura de la segunda edici?n de Ortiz, que ya conocemos, permita a nuestro autor hablar de la Reconquista de esta forma? O, por el contrario, ?es esta una concepci?n ya generalizada y utilizada por otros autores?

Todas estas son cuestiones dif?ciles de resolver. Es muy probable que haya sido el propio Lafuente, al plantear una nueva visi?n de la historia, quien dotara de mayor contenido a un t?rmino que ya se ven?a utilizando con anterioridad, pues por la forma en que est? redactado el p?rrafo podr?a entenderse como una nueva propuesta de conceptualizaci?n. Sin embargo, no olvidemos que la segunda edici?n del Compendio cronol?gico tuvo tanto ?xito que en 1846 apareci? una tercera, cuatro a?os antes que fuera editada la historia de Lafuente, por lo que el m?rito de la difusi?n tanto del concepto como de su significado primero "conquista militar" corresponder?a a los editores decimon?nicos de Ortiz. Por otra parte, tanto la introducci?n como el "Discurso preliminar" est?n redactados en primera persona y no tendr?a sentido cambiar esta primera persona por la utilizaci?n de un plural "al que llamamos", de tal suerte que lo m?s probable es que para entonces el t?rmino "reconquista" haya sido utilizado de forma regular por un colectivo. S?lo una investigaci?n m?s profunda que pretendemos desarrollar al respecto puede darnos la clave al mostrarnos qu? tan extendido estaba el t?rmino reconquista en la cuarta d?cada del siglo XIX [70].Los problemas que nos plantea la obra de Lafuente no terminan aqu?, sino que contin?an con el uso ambiguo que hace del t?rmino "reconquista". En el propio Discurso preliminar, al plantear sus ideas sobre el devenir hist?rico, expone el problema que exist?a para establecer y definir lo que hoy llamamos Edad Media y los problemas de incomprensi?n hist?rica que ello generaba "y genera" en su ?poca:La historia de Espa?a "apunta" ofrece sin embargo periodos naturales en las invasiones que cuenta. Pero hay uno entre ellos, el de la dominaci?n sarracena, que pienso nadie ha clasificado con exactitud y propiedad, ni es tan poco f?cil hacerlo.

Des?gnase com?nmente con el nombre de Espa?a ?rabe, y no lo es desde que remplaz? al imperio de los ?rabes el de la raza africana y mora. Tampoco es la Espa?a musulmana, ni la Espa?a bajo la dominaci?n de los sarracenos, desde que las armas cristianas se hicieron due?as de la mayor parte del territorio espa?ol para no volverle a perder. Ni puede decirse la Espa?a cristiana desde la ?poca en que se declar? la victoria y la superioridad en favor de los defensores de la cruz, porque cristiana ha sido la Espa?a antes y despu?s de la reconquista. En la dificultad de comprender bajo una misma denominaci?n ese largo y complicado periodo, he hecho de ?l tres divisiones, sirvi?ndome de pauta aquellos acontecimientos notables que alteraron sustancial y ostensiblemente la situaci?n de los reinos, y de base las vicisitudes esenciales de la corona de Castilla en que vinieron a fundirse las dem?s [71].

?A qu? se refiere Lafuente con un "antes y despu?s de la reconquista"? ?Acaso a ese "esfuerzo gigantesco" que fue la lucha contra los musulmanes? ?O acaso s?lo a un momento concreto? ?O, m?s bien, a un periodo?

Las claves pueden encontrarse en los vol?menes que dedic? a la ca?da del reino visigodo y al inicio de la Restauraci?n. En el primer caso [72], la aportaci?n principal de nuestro autor no es tanto la novedad de su interpretaci?n, que contin?a sobre la l?nea trazada por Mond?jar y Masdeu aunque con matices, sino el tono con el que explica la ca?da de los visigodos y el comienzo de la lucha pues es un tono mucho m?s nacionalista, en el que se conjugan los sentimientos de independencia y patriotismo.

As?, la Restauraci?n-Reconquista, ya no es una lucha por el "amor a la libertad", ni para librarse de un "pesado yugo", ni para terminar con esa condici?n de semi-esclavitud de la que hablaban los autores de los siglos XVI y XVII, sino que "en una clara relaci?n con el trauma provocado por la invasi?n napole?nica" la guerra contra los musulmanes se entiende como una guerra de independencia, tal como lo hab?a sido la lucha iniciada en 1808. La relaci?n entre ambas independencias nunca llega a expresarse de forma clara, pero los elementos del relato de Lafuente permiten ver una evoluci?n en esta l?nea de interpretaci?n que vimos aparecer en el panfleto sobre el marqu?s de la Romana.Volviendo al relato de la invasi?n musulmana, Lafuente parte del principio de que "...es un error atribuir la ca?da del reino godo a los vicios y demas?as de Witiza y a los excesos y debilidad de Rodrigo" [73], pero no por ello deja de hacer de los vicios y de la debilidad una de las causas por las que un pueblo, otrora fuerte, resiste tan poco "...al empuje de un pueblo vigoroso y fuerte..." [74] Por otra parte, despu?s de leer todos los argumentos a favor y en contra de la violaci?n de Florinda,

Lafuente se?ala que para la explicaci?n hist?rica de la invasi?n la violaci?n de la hija de Juli?n carece de importancia porque ...con ?l y sin ?l nos sobran causas para explicar el suceso de la invasi?n de los ?rabes, y creemos de todos modos, por las razones que vamos a exponer, se hubiera verificado [75].

Cuatro ser?an estas razones:
a) La ambici?n personal de Muza de expandir sus conquistas personales y franquear el mar
b) lo f?rtil, c?lido y rico de las ciudades peninsulares
c) el odio los jud?os emigrados a ?frica contra los visigodos que por venganza se confabularon con los invasores y conspiraron contra Espa?a
d) la instigaci?n hecha a Muza por los partidarios de Witiza para que invadiera Espa?a y les ayudara a restituir a su bando en el gobierno.

Lafuente recre? la batalla de Guadalete [76], con vivos colores y arengas fervientes seg?n el modelo conocido y llora a su modo el que "... el monarca y la monarqu?a goda [hayan] quedado a un tiempo ahogados en las ensangrentadas aguas del Guadalete" [77] y apunta que "...ya no se vuelve a hablar de reino godo; ya no hay godo-hispanos, ni hispano-romanos; la conquista ha borrado estas distinciones, que una fusi?n nunca completa hab?a conservado por m?s de dos siglos" [78]. Finalmente nuestro autor recurre a la vieja met?fora de la inundaci?n se?alando con amargura que "?rabes y moros" se expandieron por toda la Pen?nsula inund?ndola como r?o sin cauce.

Por su parte, el relato del inicio de la reconquista sigue el curso tradicional pero es aqu? donde la interpretaci?n var?a m?s claramente y donde Lafuente busca una explicaci?n m?s racional. Tambi?n es aqu? donde se muestra la ambig?edad en el uso de los t?rminos "restauraci?n y reconquista", pues el segundo t?rmino s?lo se emplea al final de la primera parte al hacer un balance de la situaci?n de los pueblos del norte tras la batalla de Covadonga, balance que lleva el revelador t?tulo de La Espa?a cristiana en el primer siglo de la Reconquista 718-742 [79]. El t?rmino reconquista no volver?a a aparecer sino hasta los cap?tulos correspondientes a la ?poca de Alfonso VI.

Los aportes interpretativos de Lafuente sobre la batalla de Covadonga son numerosos. Uno de los m?s importantes y que est? estrechamente relacionado con la emergencia de una nueva interpretaci?n es que en su Historia Asturias se convierte en la cuna de una nueva naci?n. La premisa consiste en que los astures se hab?an mantenido siempre independientes de los romanos y de los godos y mantuvieron su independencia con respecto a los nuevos invasores. A este pueblo original y resistente, se sumaron "...los que de otras provincias acudieron a refugiarse al abrigo de sus riscos.." y se mantuvieron all? el tiempo suficiente ...para recobrarse del primer aturdimiento, y concebir el temerario plan de resistir a las huestes agarenas[...] y de fundar all? una nacionalidad. Ofr?cese a guiarlos "contin?a" [...] un hombre de acci?n y consejo, gefe atrevido y prudente, que nunca desesper? de la causa de su religi?n y su patria [80].

Frente al debate sobre la personalidad de Pelayo que suscitaron las cr?nicas musulmanas, las cuales le llamaron "romano", atentando por supuesto contra uno de los postulados fundamentales del mito de la restauraci?n, Lafuente logr? esquivar dicho debate y construir a partir del mismo una nueva interpretaci?n, a saber, que godos e hispano romanos eran todos espa?oles:Poco importa que Pelayo fuese un noble godo, hijo de un duque de Cantabria y deudo de los monarcas destronados, como lo afirman las cr?nicas cristianas, o que fuese Pelayo el Romano, Belay el Rumi, como le apellidan las historias ?rabes; puesto que ya no hab?a diferencia entre godos y romano-hispanos, y todos eran cristianos y espa?oles, y porque la patria y la fe los hab?an congregado all? [81].

As? pues, el hecho es que, seg?n Lafuente, hubo una huida general de la poblaci?n (82) que se congreg? en Asturias y ...en el coraz?n de aquellos riscos y entre un pu?ado de espa?oles y godos, restos de la monarqu?a hispano-goda confundidos ya en el infortunio bajo la sola denominaci?n de espa?oles y cristianos, naci? el pensamiento grande, glorioso, salvador, temerario entonces, de recobrar la nacionalidad perdida, de enarbolar el pend?n de la fe, y a la santa voz de religi?n y de patria sacudir el yugo de las armas sarracenas [83] [...]

?Qui?n podr?a creer que aquella cueva encerrara una religi?n, un sacerdocio, un rey, un pueblo y una monarqu?a? [...] ?Ni que aquella monarqu?a que se albergaba tan humilde con Pelayo en Covadonga se hab?a de levantar tan soberbia con Isabel en Granada? [84].

Terminada la batalla "cuya celebridad"seg?n nuestro autor "durar? tanto como dure la memoria de los hombres", Lafuente resume en una larga nota las pol?micas y debates que existen a prop?sito del a?o y d?a de la batalla (acepta la dataci?n del a?o 718) , del n?mero de los combatientes, de la presencia o no del obispo Oppas, de la aparici?n o no de la cruz y la Virgen a Pelayo antes de la batalla, de la existencia o no del rapto de la hermana de Pelayo, del momento en que se verific? la coronaci?n de ?ste y, en fin, del n?mero de a?os que rein? [85]. Sin embargo y a pesar de que ofrece su propia respuesta a cada una de las cuestiones, nuestro autor tambi?n piensa que ...importa poco que a Pelayo le dieran o no el t?tulo de Rey antes o despu?s de su famosa victoria. La posteridad se le ha adjudicado, y el mundo se le ha reconocido, puesto que ya no se interrumpi? la sucesi?n de los que despu?s de ?l fueron considerados reyes de Asturias, de Le?n, de Castilla, de Espa?a y de los dos mundos [86]

Pelayo, pues "... godo y espa?ol, es el caudillo que une la antigua monarqu?a goda que acab? en Guadalete con la nueva monarqu?a espa?ola que comienza en Covadonga" [87].

Como consecuencia de la derrota musulmana, se sucedi? un largo periodo de paz, en el que Lafuente imagina "a falta de noticias cron?sticas" que muchas personas emigraron a "aqu?l primer asilo de libertad" [88] y que con el tiempo, el aumento de poblaci?n y otras circunstancias propicias, cultivar?an las comarcas, construir?an casas y templos fundar?an pueblos y villas, como la de Cangas de o?n?s. Pelayo, por su parte, se encargar?a de ejercitar a sus soldados en el manejo de las armas y a dar a su pueblo una organizaci?n a la vez militar y civil, como lo es siempre la de los pueblos nacientes que conquistan su existencia por la guerra y tienen que sostenerla con la espada.... [89]

Por otra parte, nos dice que Pelayo se cuid? de no arriesgarse en excursiones peligrosas ...y contento con haber formado el n?cleo de la nueva monarqu?a, dedicado a consolidarla y robustecerla, rein? diez y nueve a?os, al cabo de los cuales muri? pac?ficamente en Cangas (737 de J.C.) Los restos mortales del ilustre restaurador de la independencia espa?ola fueron sepultados en Santa Eulalia de Abamia, a una legua de Covadonga, junto a su mujer Guadiosa [90].

Lafuente cuenta tambi?n que la rebeli?n bereber fue aprovechada sin demora por los dem?s cristianos del norte "a imitaci?n de lo que hab?a pasado en Asturias" y como la lucha contra el Islam se convirti? en un factor de unidad de los distintos pueblos hispanos: ...gallegos, c?ntabros, vascones y euskaros, mal sujetos a la dominaci?n sarracena, apoyados los unos en sus vecinos de Aquitania, alentados los otros con el ejemplo de los asturianos, y animados todos con las discordias en que se destrozaban las razas y bandos del pueblo musl?mico, hac?an esfuerzos o por defender o por rescatar su independencia, y aunque sin concierto todav?a ni combinaci?n, comenzaban a entenderse, porque los impulsaba un mismo pensamiento, los un?a un mismo peligro, un mismo odio al extranjero, una misma fe [91].

Tras relatar los acontecimientos pirenaicos y detenerse en la conquista de Barcelona, Lafuente vuelve sobre Asturias y relata las campa?as de Alfonso I, pero sin emplear en ning?n momento el t?rmino reconquista utiliza en cambio "tomar" y haciendo hincapi? en el hecho de que era una guerra libertaria, en la que los cristianos de las ciudades conquistadas por los cristianos recib?an "... con j?bilo las bandas libertadoras de la fe" [92]. Finalmente concluye afirmando que:En las poblaciones que conservaba, iba Alfonso restableciendo el culto cat?lico, reponiendo obispos, restaurando o erigiendo templos y dotando iglesias, lo cual le vali? el dictado de Cat?lico que siglos adelante hab?a de aplicarse a otro rey de Espa?a para seguir siendo apelativo de honor de los monarcas espa?oles [93].

El uso exclusivo del t?rmino "restauraci?n" se prolonga a lo largo de tres cap?tulos m?s lament?ndose, por ejemplo, de que a la muerte de Alfonso I las discordias intestinas en los reinos cristianos hayan detenido ...los primeros pasos hacia la grande obra de la restauraci?n, cuando era com?n el infortunio, id?ntico el sentimiento religioso, las creencias las mismas, igual el amor a la independencia, la necesidad de la uni?n urgente y reconocida, el inter?s de uno solo, y no distintos los deseos... [94].

Es en el tomo IV de la Historia, donde se utilizan por primera vez de forma conjunta los t?rminos "restauraci?n y reconquista". En el cap?tulo XVIII del libro I el autor realiza de nuevo un balance sobre los progresos de los reinos cristianos en la obra de restauraci?n y en ?l equipara "restauraci?n y reconquista": En la obra laboriosa y lenta de la restauraci?n espa?ola, cada periodo que recorremos, cada respiro que tomamos para descansar de la fatigosa narraci?n de los lances, alternativas y vicisitudes de una lucha viva y perenne, nos proporciona la satisfacci?n de regocijarnos con la aparici?n de alg?n nuevo estado cristiano, fruto del valor y constancia de los guerreros espa?oles y testimonio de la marcha progresiva de Espa?a hacia su regeneraci?n. En el primero vimos el origen y crecimiento, la infancia y juventud de la monarqu?a Asturiana: en el segundo anunciamos el doble nacimiento del reino de Navarra y del condado de Barcelona: ahora hemos visto irse formando otro estado cristiano independiente, la soberan?a de Castilla, con el modesto t?tulo de condado tambi?n. La reconquista avanza de los extremos al centro [95].

Esta asimilaci?n vuelve a ser evidente algunos cap?tulos m?s adelante, cuando al referirse a la entrada de Alfonso VI en Toledo el 25 de mayo de 1085, Lafuente se?ala que ...as? volvi? la gran ciudad de Toledo a poder de los reyes cristianos despu?s de trescientos setenta y cuatro a?os cumplidos que estaba bajo el dominio sarraceno, desde que se apoder? de ella el berberisco Tarik ben Zeyad hasta su reconquista por Alfonso VI [96].

Y agrega que el monarca castellano, "...bien seguro del favor popular...ocup? el alc?zar con toda su corte y desde entonces volvi? a ser Toledo la capital del imperio cristiano como en tiempos de los godos" [97].

Un nuevo ejemplo lo tenemos en el XXV en el que el autor indica que a pesar de las divisiones entre los reinos cristianos la reconquista marchaba con buen ritmo y claramente se refiere a ?sta como, un "ensanchamiento de fronteras", como la conquista y toma de ciudades por los cristianos:Por qu? iba adelantando la reconquista en medio de tanta contrariedades. [Subt?tulo] A vista de tan aflictivo cuadro de miserias y de cr?menes, que hac?an interminable la obra gloriosa de la restauraci?n espa?ola... A pesar de tantas rivalidades y malquerencias de familia, a pesar de tantas discordias interiores y tantas alianzas con los mahometanos, conservabase siempre vivo el sentimiento de la independencia y el principio religioso como el instinto de la propia conservaci?n. Y a la manera que en otro tiempo aunque se aliaran los espa?oles alternativamente con cartagineses y romanos, se manten?a un fondo de esp?ritu nacional y un deseo innato de arrojar a romanos y cartagineses del suelo espa?ol, del mismo modo ahora subsist?a, a vueltas de las flaquezas y aberraciones que hemos lamentado, el esp?ritu religioso y nacional que puesto en acci?n por algunos grandes pr?ncipes como Sancho el Mayor de Navarra, Fernando el Magno de castilla, Sancho Ram?rez de Arag?n, Ram?n Berenguer el viejo de Barcelona, hac?a que fuese marchando siempre la obra de la reconquista. Debiose a esta causa el que aquellas contrariedades no impidieran el acrecimiento y ensanche que recibieron las fronteras cristianas en Le?n y Castilla, en Navarra, Arag?n y Catalu?a, desde la recuperaci?n de Le?n hasta la conquista de Toledo, el acaecimiento m?s importante y glorioso de la Espa?a cristiana desde el levantamiento y triunfo de Pelayo [98].

Despu?s de este largo recorrido por la obra de Modesto Lafuente me parece que estamos en posici?n de dar respuesta a las interrogantes que planteamos m?s arriba. Lo primero que salta a la vista es la utilizaci?n ambigua del t?rmino reconquista. Ya hemos visto que en el cap?tulo dedicado a Covadonga la palabra no aparece por ninguna parte y se habla siempre de restauraci?n de la monarqu?a, de la independencia y de la libertad. Por lo tanto, la "restauraci?n" no es s?lo un proceso militar, sino que conserva sus viejos significados y se entiende como un proceso pol?tico no exento de providencialismo por medio del cual se recupera la libertad y la independencia de los espa?oles frente al dominio de un invasor extranjero.

Es sintom?tico, sin embargo, que una parte del volumen tercero se titule precisamente La Espa?a cristiana en el primer siglo de la Reconquista, dando a entender que la Reconquista, o bien es un marco temporal o bien es un largo proceso hist?rico que dura m?s de un siglo. Por otra parte, hay que resaltar el hecho de que para Lafuente existe un "antes y un despu?s de la Reconquista", por lo que el t?rmino podr?a hacer referencia a un momento preciso que marca la recuperaci?n de la independencia y la libertad y el paso de una ciudad a manos cristianas o, mejor a?n, la conquista de una ciudad musulmana y como consecuencia de ello la recuperaci?n de la libertad y la independencia para los espa?oles.

Tambi?n es significativo el hecho de que en el pr?logo general de la Historia hable de la guerra contra el Islam como "ese esfuerzo gigantesco a que damos el nombre de reconquista". Ello nos induce a pensar que el t?rmino ten?a ya una amplia aceptaci?n dentro de la historiograf?a pero Lafuente parece estar consciente de que es un t?rmino artificial, pues de no ser as?, no utilizar?a el matiz "a que damos" y aceptar?a el t?rmino como se acepta lo establecido. Prueba de que el t?rmino "reconquista" no ha ganado a?n la batalla al de "Restauraci?n" es que Lafuente no deja de utilizar este ?ltimo t?rmino que tan caro fue a la historiograf?a de los siglos anteriores [99].


6.CONCLUSIONES

El an?lisis que hemos realizado de las obras generales m?s significativas as? como de los trabajos particulares -desde la Cr?nica general de Espa?a de Ambrosio de Morales (1572) hasta la Historia general de Espa?a de Modesto Lafuente (1850)- nos ha permitido mostrar la forma en que los acontecimientos del siglo VIII fueron recreados en el siglo XVI como un mito fundacional y la manera en que a lo largo del siglo XVIII los diversos autores estudiados, inmersos dentro del ambiente de la Ilustraci?n, intentaron ce?ir el relato a una explicaci?n racional y en ese proceso generaron una nueva interpretaci?n de la secular lucha entre musulmanes y cristianos.

Por otra parte, en el apartado dedicado a las obras de la primera mitad del siglo XIX, analizamos la manera en que los conceptos de patria, naci?n e independencia se articulan con el relato de los acontecimientos militares del siglo VIII, de tal suerte que la lucha desarrollada a lo largo de la Edad Media ya no se present? como una lucha entre comunidades religiosas (cristianos contra musulmanes), sino como un conflicto entre espa?oles e invasores extranjeros.

Paralelamente, este estudio nos ha permitido establecer que la primera vez que se utiliz? el t?rmino "reconquista" para hacer referencia a la lucha contra los musulmanes fue en la obra de Jos? Ort?z y Sanz titulada Compendio cronol?gico de la historia de Espa?a, publicada a partir de 1795.

La utilizaci?n del t?rmino, empero, no se difundi? sino hasta los a?os cuarenta del siglo XIX gracias a dos nuevas ediciones de la obra de Ortiz y a la publicaci?n de la Historia general de Modesto Lafuente. En este primer momento, el t?rmino "reconquista" s?lo hizo referencia al aspecto militar, pues el t?rmino "restauraci?n" continu? en uso por lo menos hasta la primera mitad del siglo XIX para hacer referencia al proceso de expansi?n sobre las tierras de al-Andalus, dando a entender que lo importante no era la lucha miliar, sino el reestablecimiento de la monarqu?a espa?ola y las instituciones que le eran inherentes, as? como de la libertad y la independencia.

Esta afirmaci?n debe matizarse por el empleo ambiguo que Lafuente hizo del t?rmino, refiri?ndose a ?l en ocasiones como un proceso hist?rico, como una empresa nacional y como un momento preciso en la historia. De esta suerte, podemos afirmar que el t?rmino "reconquista" naci? como un t?rmino polis?mico y adquiri? tres significados distintos:
a) hizo referencia a un proceso hist?rico de lucha entre cristianos y musulmanes.
b) design? a un periodo hist?rico en particular que muchas veces se asimil? a la Edad Media y comprend?a desde la batalla de Covadonga en 718 hasta la conquista de Granada por los Reyes Cat?licos en 1492.
c) design? a un momento preciso en la historia marcado por la conquista de una fortaleza, villa o ciudad por los cristianos y su posterior reorganizaci?n pol?tica, administrativa y religiosa.

Los factores que a nuestro modo de ver permitieron la paulatina consolidaci?n del t?rmino "reconquista" en la historiograf?a est?n estrechamente relacionados con el momento hist?rico en el que se realiz? la segunda edici?n de la obra de Ortiz (1841) y en el que Lafuente escribe (1850), es decir, la cuarta d?cada del siglo XIX: consolidaci?n de la burgues?a liberal, construcci?n de la identidad del Estadonaci?n con base en la historia nacional, necesidad de distinguir hist?ricamente a los espa?oles de las naciones extranjeras -esta distinci?n se hace a trav?s de la victoria sobre los musulmanes, patrimonio exclusivo de los espa?oles- y pervivencia del trauma provocado por la invasi?n napole?nica, sin olvidar las corrientes rom?ntica y nacionalista que impregnaron la historiograf?a de mediados del siglo XIX.


BIBLIOGRAF?A

62) Vid supra, nota 3.

63) ARIZPE, Juan Bautista de: Patriotismo y gloriosas empresas del Excelent?simo Marqu?s de laRomana en la reconquista del reino de Galicia, reimpreso en M?xico, Casa de Arizpe, 1810, 12 p.

64) Ibid., p. 1.

65) Ibid., p. 4.

66) Marcha pues, Marqu?s invicto... a purgar la tierra de esa canalla asquerosa y criminal, ve a derrocar esas robadas, profanadas y mal sentadas coronas ducales e imperiales: que el ejemplo de Galicia inflame a toda la Espa?a; as? como el de esta ha despertado a la Europa de su mortal letargo: que no quede m?s memoria de franceses, que la de las inundaciones, pestes y terremotos con un odio eterno e irreconciliable. Ibid., p. 12.

67) LAFUENTE, Modesto: Historia general de Espa?a desde los tiempos m?s remotos hasta nuestros d?as, Madrid, Imprenta de F. P. Mellado, 1850. Utilizamos la segunda edici?n aparecida en Madrid, Imprenta de Dionisio Chaulie, 1869 y compuesta de 30 vol?menes.

68) En este discurso se dice que escribe la historia porque dice que no hay nada digno de este nombre, como no sea la de Mariana y por que se hac?a necesaria una historia que contemplara todos los aspectos de la civilizaci?n, es decir, una historia que contemplara ...la influencia social que cada acontecimiento ejerci? en la suerte del pa?s, las modificaciones que produjo en el estado como cuerpo pol?tico, c?mo y porqu? medios se fue formando la naci?n espa?ola, las causas y antecedentes que prepararon cada invasi?n, lo quequed? o desapareci? de los diversos pueblos que la dominaron, lo que ocasion? sus periodos de engrandecimiento y de decadencia, las mudanzas y alteraciones que ha sufrido en su religi?n, en sus costumbres, ensu legislaci?n, en su literatura, en su administraci?n, en su industria y en su comercio: su historia en fin moral y filos?fica. Hay hacinados materiales infinitos, pero el edificio est? por construir. Ibid., vol. I, p. VII. La utilizaci?n creciente del t?rmino reconquista debe entenderse en funci?n de la construcci?n de esta historia nacional.

69) Ibid., p. IX.

70) Manuel Moreno ha podido consignar, al menos, cuatro diversas historias generales de Espa?a entre 1840 y 1850 que no hemos podido consultar por haber tenido noticias de ellas en un estado muy avanzado de esta investigaci?n y sobre las cuales debe basarse nuestra futura investigaci?n. Cronol?gicamente son: TAPIA, Eugenio: Historia de la civilizaci?n espa?ola desde la invasi?n de los ?rabes hasta la ?poca presente, 2 vols., Madrid, Imprenta Yenes, 1840; Juan Cortada, Historia de Espa?a, desde los tiempos m?s remotos hasta 1839, 3 vols., Barcelona, Brusi, 1841-1842; CHAO, Eduardo: Historia general de Espa?a, compuesta enmendada y a?adida por el P. Mariana, con la continuaci?n de Mi?ana, continuada con la historia del levantamiento, guerra y revoluci?n y la historia de nuestros d?as, 5 vols., Madrid, Gaspar y Roig, 1841- 1851 y finalmente, ALCAL? GALINDO, Antonio: Historia de Espa?a, desde los tiempos primitivos hasta la mayor?a de la Reina do?a Isabel II, redactada y anotada con arreglo a la que escribi? en ingl?s el Dr. Dunham, con una rese?a de los historiadores espa?oles de m?s nota por Don Juan Donoso Cort?s y un Discurso sobre la historia de nuestra Naci?n por Don Francisco Mart?nez de la Rosa, 5 vols., Madrid, Imprenta de la Sociedad Literaria y Tipogr?fica, 1844-1846. A estas obras habr?a que sumar las realizadas por autores extranjeros: DUNHAM Astley: The history of Spain and Portugal, 5 vols., Philadelphia, 1832; ROMEY. Louis , Histoire d?Espagne depuis les premiers temps jusqu?? nos jours, 9 vols., Paris, 1839-1850; SAINT HILAIRE, Eug?ne: Histoire d?Espagne depuis les premiers temps historiques jusqu?? la mort de Ferndinand VII, Paris, 1844-1873 y DU-HAMEL, Victor: Histoire constitutionelle de la monarchie espagnole depuis l?invasion des hommes du Nord jusqu?au la mort de Ferdinand VII, Par?s, 1845, 2 vols., Moreno, op., cit., p. 316-318.

71) Lafuente, op. cit., p. XXVI.

72) Lafuente, op. cit., vol. I, pp. 457 y siguientes.

73) Ibid., p. 457.

74) Ibid., p. 469.

75) Ibid., p. 473.

76) Ibid., p, 483. Seg?n nuestro autor se verific? el 31 de julio de 711.

77) Ibid., vol. I, p. 60.

78) Ibid., vol. I, p. 61.

79) Ibid., vol. III, p. 223.

80) Ibid., vol. I, p. 62.

81) Ibid., vol. I, p. 62.

82) Obispos, sacerdotes, monjes, labradores, artesanos y guerreros, hombres, mujeres y ni?os. Ibid., vol. III, p. 58.

83) Ibid., p. 59.

84) Ibid., vol. I, p. 63.

85) Ibid., vol. III, pp. 63-66.

86) Ibid., vol. I, p. 65.

87) Ibid., vol. III, p. 68.

88) Ibid., p. 69.

89) Ibid., p. 70.

90) Ibid., p. 70.

91) Ibid., p. 79.

92) Ibid., p. 80.

93) Ibid., p. 81.

94) M?s adelante, al estudiar el reinado de Alfonso III, nuestro autor apunta que el noble godo Ataulfo fue el primer arzobispo de la reci?n erigida iglesia de San Salvador de Oviedo y que fue ?... puesto por el piadoso monarca para regir la primera catedral de la restauraci?n, a la cual dot? el magn?nimo rey con nuevas rentas...? (p. 119) Adem?s, asegura que Alfonso III ...restableci? el orden g?tico en su palacio, que organiz? bajo el pie en que estaba el de Toledo antes de la conquista: promovi? el estudio de los libros g?ticos, restaur? y puso en observancia muchas de sus leyes, y llev? a la iglesia su antigua disciplina can?nica, que fue un gran paso hacia la reorganizaci?n social del reino y del pueblo cristiano.(p. 119) Todas estas acciones contribuyeron a que su memoria perdurara en Asturias ...como la de uno de los m?s celosos restauradores de su nacionalidad (p. 221).

95) Ibid., vol. IV, p. 5.

96) Ibid., p. 238.

97) Ibid., p. 239.

98) Ibid., vol. IV p. 301.

99) Es menester se?alar que tan s?lo dos a?os despu?s de la aparici?n de la obra de Lafuente, se public? en Barcelona el primer libro del que tenemos noticia en cuyo t?tulo aparece la palabra ?Reconquista?: M.A.B, ?En nombre de Dios! Dramas de la Reconquista espa?ola en tiempos de los ?rabes, Barcelona, Imprenta Pons y Cia, 1852, 197 p. (Madrid. Biblioteca Nacional).

Tags: Andalucía, Conquista, reconquista, Al-Andalus

Publicado por NASOINAN @ 19:33  | Colaboradores
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