Lunes, 17 de diciembre de 2007

(Qurtuba 29 de junio de 1.236 - Córdoba 29 de junio de 2.003)

Introducción

Hoy, después de 767 años de la conquista de Córdoba, capital que fue de Al-Andalus, foco esplendoroso de cultura para toda la Humanidad, perla inapreciable de la corona que ciñe al Oriente y enaltece al Occidente, y "luz del mundo"; encuentra Córdoba hijos leales al espíritu que durante tantos años, centurias, fue capaz de alumbrarla, organizarla y honrarla ante todo el orbe conocido. Nadie, ni antes ni después, logro tal "milagro" de magnificencia ni tan cumplido proyecto humano; sólo pudo haber hecho llegar a Córdoba a meta semejante la excelsitud de un sentimiento: el Unitarismo, el concepto sentido y vivido de la trascendencia y sentido del más allá de la vida, común a la civilización de los Pueblos del Estrecho, origen y método de nuestro propio entender y vivir, congruente con la visión semítica del mundo y nexo inapelable de las culturas que desde la Antiguedad fraguaron nuestra idiosincrasia
.



Unitarismo, cuyas creencias heterodoxas en relacion con el cristianismo romano quedarían más tarde absorvidas por el sincretismo musulmán, fe y razon inscritas para una vision global del pensamiento humano que se conoce en la historia de los pueblos como el ISLAM ANDALUSI.

De la sabiduría y ciencia que el Islam andaluz supo generar se ha hablado y escrito tan cumplida y ampliamente, que no hay Academia ni ilustración que reconocer quepa su origen, y establezca para Córdoba, para Andalucía la palma del magisterio universal, haciéndola situar a la cúspide del pensamiento, ordenándola como antecesora insigne del Renacimiento occidental.

Apunte histórico.

Como tantos otros acontecimientos y hechos históricos, la conquista de la ciudad andalusí de Córdoba se inscribió en la aciaga premonición de la miseria humana, y en los raquíticos sentimientos de su propia condición; así, una vez más fue la pérdida de Córdoba, prenda de Al-Andalus, producto de una doble traición:

a) traición de unos descastados y cobardes hermanos andalusíes, cuyo nombre y depravación calla la Historia.
b) traición de un renegado cristiano, desterrado por el rey de Castilla, y entrado a consejero principal de Muhammad Aben Hud, a la razón principe de Al-Andalus.

He aquí lo que dicen las crónicas:

...Y aprovechaba el inquieto rey castellano, Fernando III, las desavenencias de los tres príncipes andalusíes: Muhammad Aben Hud, Gyomar Zayyán Mardánix y Muhammad Aben Yúsuf Al-Ahmar, para recorrer la tierra y quemar alquerías y pueblos. En una de estas excursiones agregó a su corona el adelantamiento de Cazorla, que cedió al arzobispo de Toledo. La conquista se facilitaba por la desunión de los andalusíes, y ésta se veía favorecida con la tiranía y rapacidad de algunos desalmados alcaides y walíes.

Muchos pueblos permanecían aislados, sin apoyar a ninguna de las facciones. Sus vecinos, ignorantes las más de las veces de lo que pasaba a algunas leguas de distancia, vivían engañados con una tranquilidad aparente, hasta que interrumpía su sueño el estruendo del ejército invasor castellano que escalaba el muro, o el tropel de la soldadesca que derribaba las puertas de sus hogares; así sucedió en Bélmez (Córdoba), donde los enemigos castellanos entraron y pasaron a cuchillo a los moradores sin perdonar a mujeres ni a niños.

Mientras tanto el adalid Aben Hud, emir reconocido de Córdoba, se debilitaba constantemente en sus luchas contra su irrenunciable antagonista Al-Ahmar; y lo que era más grave, descuidaba peligrosamente la fortificación y defensa de las ciudades y territorios que le eran afectos, entre ellas nuestra ciudad de Córdoba, ya menos exhuberante y engrandecida.

La conquista de Córdoba no fue, al contrario que la de Sevilla, deliberadamente planeada por Fernando III, sino que fueron un grupo de cordobeses resentidos por odio, venganza o animadversión hacia sus dirigentes, los que la propiciaron. Así pues, los conjurados andalusíes se dirigieron a unos mercenarios cristianos a quienes delataron el estado de abandono de las defensas de la ciudad, prometiéndoles hacerles entrega de Córdoba, y en especial del arrabal llamado Al-Asharquía (Ajarquía).

Los fronteros cristianos se reunieron en Andújar; una vez conocido el estado de Córdoba, sabiendo que en aquel arrabal moraba poca gente, estudian la estrategia a seguir y deciden se acometa la acción de noche y encubiertamente: Entre los organizadores se cuentan Pedro Ruíz Tafur y Martín Ruíz de Argote.
Notifican su plan a Alvar Pérez de Castro, a cuyo cargo como "virrey" estaba la frontera, y a Pedro Ruíz de Castro, su hermano, que se hallaban en Martos, con el fin de que les prestase su ayuda.

Mientras tanto los de Andújar reunieron a sus mesnadas y, según lo previsto, de noche y con escalas llegan a los pies de los muros de Córdoba, notando que los vigilantes se encuentran dormidos. Uno de los jefes del grupo de asaltantes, llamado Domingo Muñoz, dirigió una arenga a los cristianos invocando la protección de "Dios, de Santa María y del apóstol Santiago", y decidió que los primeros que asaltaran fuesen vestidos a la usanza andalusí para que si se vieran obligados a hablar con alguno de los vigilantes lo hicieran en lengua árabe. fueron los primeros Alvar Colodro y Benito Baños, que se hacen dueños de una de las torres, donde se encuentran cuatro vigías andaluces dormidos, uno de los cuales era de los delatores que estaba en connivencia con los cristianos. Matan a los otros tres andaluces y, subiendo los demás a las murallas las ganan desde esta torre (llamada después "Torre de Alvar Colodro", y más popularmente "Puerta de Colodro") hasta la Puerta de Martos. Al alba, la abren y entran por ella Pedro Ruíz Tafur con otros de a caballo. Al ver los andaluces del arrabal lo acontecido huyen, con cuanto pueden llevar, y se refugian en Al-Medina (la antigua ciudad).

La alarma cunde en la ciudad, y cuando los andalusíes conocen el peligro se organizan prestos a la resistencia. Los castellanos se vieron repelidos con un durísimo ataque por parte de los cordobeses, que los fustigaron con saetas, hondas, dardos y piedras. Puestos en tal aprieto y ante el duro ataque de los andaluces, los mercenarios cristianos envían dos mensajeros, uno a Fernando III, que se encontraba en Benavente (Zamora), y otro, a Alvar Pérez de Castro, que estaba en Martos. Estos inmediatamente organizan un ejército y se aprestan a marchar sobre Córdoba.

En tanto, el príncipe andalusí, Aben Hud, señor de Córdoba, que se encontraba en la parte de Murcia, quedó conturbado, pero reuniendo un numeroso ejército se pone en camino a Ecija a toda prisa, y acampa en esta ciudad. Con el emir de los andaluces, y formando parte de su séquito está Lorenzo Suárez, a quien había expulsado de Castilla Fernando III. Aben Hud duda de la noticia que le han dado sobre la escasez de contingentes militares de Fernando III, ya que no era propio de la estrategia seguida hasta entonces por el rey castellano; consulta a Lorenzo Suárez (que había sido caballero principal del reino de Galicia), quien para mejor informar al Emir, pide ir a efectuar un reconocimiento al campamento de los cristianos, acompañado por tres cristianos, renegados como él, y que servían como mercenarios en las fuerzas andalusíes. En realidad, una vez en el campamento solicita ver al rey Fernando III, se arodilla pidiendo su perdón, y a continuación le pone al corriente de la situación, calidad y cantidad de las tropas de Aben Hud; luego le dice que encienda todas las hogueras que pueda, para dar la impresión de que posee un gran ejército.

El traidor, Lorenzo Suárez, de vuelta al campamento de los andaluces advierte a Aben Hud de la enorme capacidad del ejército castellano, logrando convencerlo, y también a sus más allegados y consejeros, y le conmina a dirigirse al reino de Valencia, donde la presión del rey Jaime sobre la capital, en poder andalusí, se hace insostenible, en la certeza de que los castellanos no lograrán rendir la Medina cordobesa. Luego que Aben Hud deja Córdoba, para marchar a Valencia, presuroso, y estando de paso en Almería fue invitado a casa de un poderoso notable del lugar, envidioso de su nombre y fortuna, donde fue asesinado por unos esbirros mientras estaba en el baño. Los cordobeses sintieron gran pesar por su muerte, y, aún a sabiendas de que no van a poder contar con su ayuda, ni esperar otros socorros, se defienden con bravura, y se propusieron luchar hasta la muerte.

Aún así, necesitó Fernando III de Castilla y León allegar milicias de a pie y de a caballo, procedentes de Castilla, León, Galicia, y aún combatientes de las Ordenes Militares. Con anterioridad habían llegado huestes de Salamanca, Toro y Zamora; contando con que en los primeros meses del asedio venían atacando Córdoba fuerzas del obispo de Baeza y del de Cuenca, con sus milicias toledanas; y aún necesitaron los cristianos castellanos muchas semanas para rendir las defensas y resistencia de los andalusíes.

Debilitados por el hambre y la guerra, los cordobeses abandonaron sus casas y la ciudad, dando alaridos y gimiendo angustiados, mientras el príncipe andalusí, Abú-l-Hassan, entregaba al rey castellano las llaves de la ciudad.

Los andalusíes hoy.


Han pasado los años; las heridas ciertamente se han cerrado, mas, como dijo el poeta, el perdón no puede, ni debe, relegar al olvido; si así fuese no habría para nosotros justicia ni recuperación, y, justamente ecos andalusíes reverberan hoy en las calles, plazas y campos de Al-Andalus, en testimonio presente y formal de una actual existencia y compromiso andalusíes.

Hoy, aquí y ahora, aniversario en que tenía lugar tamaña sinrazón en nuestra ciudad de Córdoba, los andalusíes, los militantes de LIBERACION ANDALUZA, herederos de aquéllos que tanta vejación, escarnio e ignominia padecieron, proclamamos:

Que, antes, ahora y siempre, nuestras manos están tendidas hacia todos nuestros hermanos cordobeses, que por andaluces y andalusíes queremos sentir aunadas y predispuestas en un mismo afán y determinación: la recuperación de nuestro legado común.

Que, antes, ahora y siempre, nuestras mentes y nuestros corazones prestos están a la pacificación y entendimiento para con todos los Pueblos; con un único sentimiento: de que esta Córdoba de nuestra sangre vuelva a ser la cuna de las creencias, tolerancia y universalidad que, por vocación, fue a través de los siglos de soberanía andaluza y que fue truncado este camino desde la conquista de Castilla y continúa en los años de dominio del Estado español sobre nuestra Patria, Andalucia.


Córdoba 28 de junio de 2003.

AL-MANSUR CASTILLO MORON
Secretario de la Mesa Nacional de LIBERACION ANDALUZA


Tags: Andalucía, Córdoba, Qurtuba, Al-Andalus, conquista

Publicado por NASOINAN @ 17:48  | Conquista de Andaluc?a
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