Martes, 25 de diciembre de 2007
ORIGEN DE LA IDENTIDAD Y CAUSA MORISCA

Por Abderrahm?n Medina Molera

El sultanato Nasr? o nazar? de Al-Andalus con capital en Granada, se levanta como ?ltimo reducto de soberan?a andalus?, ante la permanente cruzada de conquista cristiana contra las tierras y pueblos de Al-Andalus. La cuesti?n mud?jar y la posterior morisca, tienen su origen en esta permanente cruzada promovida ya en sus or?genes por los Francos y la iglesia trinitaria de Roma, movidos por la intenci?n de ?refundar? el Imperio romano. Esta cruzada le lanza contra la mayor parte de los pueblos de la Pen?nsula Ib?rica, que rechazan en su inmensa mayor?a los principios dogm?ticos del Concilio de Nicea as? como la nueva edici?n del imperialismo romano.

Nuestra historia andalus? y morisca es contemplada todav?a hoy, a finales del siglo XX, como algo colorista y ex?tico, examinada como algo ajeno y extra?o a un supuesto tronco cristianizante que terminar?a por expulsarla. Pero el paulatino estudio y cr?tica de las fuentes que han venido realizando audaces investigadores como Dozy, Am?rico Castro e Ignacio Olag?e, entre otros, est?n revelando s?bitamente la debilidad de las premisas en las que se fundaban los an?lisis tradicionales sobre nuestra historia. Gracias a los estudios de investigadores como los que especialmente hemos se?alado, la vieja tesis que otorgaba ?ley de extranjer?a? al Islam, junto a un supuesto influjo ef?mero en nuestra identidad y cultura resulta hoy imposible de sostener.

Las corrientes unitarias, arrianas, donatistas, priscilianistas, adopcionistas o jud?as; que profesaban la mayor?a de los pueblos peninsulares, van a propagar el Islam como madurez metodol?gica del unitarismo, en consonancia con un proceso de casi trescientos a?os de evoluci?n de ideas. Nada de mutaciones. El Islam era la consecuencia de una largu?sima depuraci?n de tradiciones unitarias en el Oriente y el Occidente, cuyas referencias m?s pr?ximas para nosotros ser?n las comunidades y seguidores unitarios de Jes?s de Nazaret. El Profeta Muhammad no hab?a invadido la Pen?nsula Ar?biga con tropas extranjeras para convencer a sus paisanos. Hab?a suscitado una revoluci?n civil, un cambio de ideas. Ocurr?a lo mismo en la Pen?nsula Ib?rica, tambi?n en el resto del mundo mediterr?neo; donde tras la ca?da y desmembraci?n del Imperio romano, no eran posibles agresiones militares de gran envergadura, propias de imperios poderos?simos. En aquellos per?odos de la historia no eran posibles tama?as empresas expansionistas. Se trataba de una experiencia revolucionaria capaz de vertebrar el universo unitario. Ni m?s ni menos ello ha constituido el triunfo de Islam.

Se sit?a as?, el centro de la controversia, en el momento de la dislocaci?n del Imperio romano.

Desde el siglo cuarto, se asiste en las provincias de la Pen?nsula Ib?rica, dominadas por Roma, especialmente en su parte m?s meridional (la B?tica-Cartaginense), al igual que en las del norte de Africa (Tingitana-Mauritania), a la aparici?n y estallido de hechos pol?ticos, corrientes de pensamiento y espiritualidad unitarios sin parang?n alguno con lo que ocurr?a en el resto de Occidente, pero que eran extraordinariamente parecidos a los que acontec?an en las provincias romanas asi?ticas de Bizancio: movimientos nestorianos, monofisitas, arrianos, gn?sticos, jud?os, paganos, etc.

La antigua B?tica-Cartaginense (Andaluc?a) y el litoral mediterr?neo, los lugares m?s ricos y cultos en aquel tiempo del desmembrado imperio romano de Occidente, manten?an adem?s estrechas relaciones comerciales con Bizancio. Ello explica la ayuda militar que presta Justiniano, emperador de Oriente, a los andaluces para impedir las invasiones godas. No hay que olvidarlo, fue en el siglo VII, unos ochenta a?os antes de la pretendida invasi?n de los ?rabes (711), cuando los visigodos logran durante el gobierno de Sisebuto y Suintila, conquistar los ?ltimos reductos de resistencia de los andaluces y bizantinos. Ello va a permitir la comprensi?n de muchas cosas. En primer lugar, que el cristianismo trinitario era en las provincias andaluzas un fen?meno muy minoritario. Andaluc?a se aproximaba m?s en cuanto a contexto hist?rico, cultural, social y econ?mico, a lo que exist?a en las provincias africanas y asi?ticas administradas por el Imperio bizantino. Las tradiciones prof?ticas en Oriente, en el Norte de Africa y en las tierras meridionales de la Pen?nsula Ib?rica, eran un obst?culo insalvable para la predicaci?n cristiana de los seguidores de Pablo de Tarso, aut?ntico fundador de la iglesia cristiana; un dif?cil obst?culo a su dogma trinitario y sus postulados doctrinales. De otro lado, las ense?anzas de la filosof?a helenista, supervivientes en corrientes de gnosticismo e intelectualidad pagana, sobre todo en el cultivo de la cultura grecolatina, creaban de igual modo, una fuerte defensa de costumbres ancestrales y un obst?culo imponente a la penetraci?n de la pobreza teol?gica del paulinismo.

Por el contrario, el donatismo y sobre todo el arrianismo, encontraron un medio adecuado para desarrollarse en estas provincias cultas. Entroncados estos movimientos en las tradiciones unitarias del universo prof?tico, fueron capaces de transmitir los dos elementos singulares del mensaje de Jes?s de Nazaret. El primero, la referencia insistente, propia de la tradici?n prof?tica, que aboga por la superaci?n social de la ley y el templo. El segundo, un mensaje de universalidad fundamentado en el conocimiento unitario de la existencia y por lo tanto de la trascendencia; capaz de atraer al unitarismo, sin violencia alguna, a las masas de poblaci?n hasta entonces adheridas a los cultos y tradiciones de pensamiento pagano. Gozaba todo ello adem?s de altura metodol?gica y aparato documental que impresionaba a los m?s cultos e intelectuales. De esta forma, las provincias m?s ricas y cultas de la Pen?nsula Ib?rica se adhieren al unitarismo; mientras que las m?s pobres e incultas, presionadas desde el edicto constantiniano de Nicea, terminaron algunas por aceptar en parte el cristianismo paulino. A partir de esta situaci?n se evoluciona del unitarismo arriano al unitarismo prof?tico del Islam, a lo largo de los siguientes siglos.

La transmisi?n prof?tica de Jes?s de Nazaret no tiene car?cter mesi?nico ni mucho menos cristol?gico, de hecho no era una creencia aceptada o propagada por sus disc?pulos o por los que le conocieron. La pr?ctica totalidad de las corrientes prof?ticas enunciadas no participaron del sentimiento mesi?nico paulino, ni mucho menos del concepto cristol?gico helenizante. Eran muy pocos los que manten?an una perspectiva vaga de mesianismo, escatol?gica en todo caso, nada operante en la realidad. El mismo Fil?n de Alejandr?a silencia completamente la expectaci?n mesi?nica. Respecto al propio Jes?s, pr?cticamente desconocemos por completo sus ense?anzas, ya que los diferentes evangelios can?nicos o ap?crifos atribuidos a Jes?s, son una panoplia intelectual muy posterior a Jes?s, como ya todo el mundo sabe; fueron elaborados estos evangelios por colectivos paulinos del entorno de la sinagoga, que se enfrentaban con el desaf?o del universalismo, muy influenciados por el pensamiento de Fil?n y la pobreza teol?gica de Pablo de Tarso. Tambi?n Apolonio de Tiana, Plutarco, Plotino y los Hermetistas ser?n puentes entre el pensamiento jud?o coet?neo y la necesidad de abrirse a los llamados paganos, todo ello en un movimiento m?s envolvente y general..

La tradici?n prof?tica de Jes?s niega la revelaci?n de Jes?s como mes?as o Cristo, as? como la fundaci?n de iglesia alguna. Pablo era el ?nico que reivindicaba una interpretaci?n mesi?nica de la vida y muerte de Jes?s en la Cruz. Pablo de Tarso sab?a, seg?n aparece en sus escritos, que su doctrina acerca de la vida, muerte y resurrecci?n de Jes?s no coincid?a con la comunidad directa de disc?pulos de Jes?s en Jerusal?n. Pero no cede en su intento frente a los disc?pulos directos de Jes?s. Las Esp?stolas de Pablo, son en parte, los ?nicos documentos ?cristianos? de la ?poca, en los que prescinde totalmente de la ense?anza de Jes?s. Pablo no pod?a ignorar que la comunidad de disc?pulos en Jerusal?n y quiz? alguna otra de Palestina, retuvieron de forma oral o por escrito, retazos de la ense?anza de Jes?s. Pero estos no le interesan, hasta el punto que apenas si da a entrever algo en sus cartas. Lo que nos lleva a afirmar con toda evidencia, que hay en ello una toma de posici?n consciente y calculada. La realidad prof?tica de Jes?s es una excusa para el jud?o Pablo, que es el ?nico que proclama la resurrecci?n como el hecho constitutivo de la mesianidad de Jes?s (Romanos I, 2-4; Tesalonicenses I, 10). El acto de proclamaci?n del mes?as, es la divinizaci?n del h?roe muerto en la cruz, como proclama solemnemente en la carta a los filipenses (II, 7-10). Jes?s, por lo tanto, no detentaba calidad mesi?nica alguna a lo largo de su vida. De ah? que Pablo no hable nunca del retorno del mes?as, sino simplemente de su venida. El primero que habl? de una primera y de una segunda parus?as fue muy tard?amente Justino (Di?logo 1-4, 8: 40,4; 118,2).Esta creencia explica definitivamente la indiferencia de Pablo respecto de la ense?anza prof?tica de Jes?s en Palestina, ya que no se trataba de una ense?anza mesi?nica, sino, a lo sumo, de una misi?n prof?tica a un entorno humano limitado, pr?cticamente s?lo a Palestina. Con Pablo se inician tambi?n los primeros escarceos trinitarios, siendo en definitiva Pablo y no Jes?s, el aut?ntico art?fice originario de la iglesia cristiana trinitaria.

Este debate de las ideas implicaba tambi?n posicionamientos pol?ticos. Por ejemplo, el movimiento donatista o el arriano fueron formas de rebeli?n manifestadas por diferentes pueblos contra el imperialismo romano; por el contrario el cristianismo trinitario favorec?a sustancialmente la integraci?n imperial.

CRISTOLOG?A PAULINA


Los andalus?es llamaban a los conquistadores cristianos ?franyi? (francos), ?rum?es? (romanos) o ?cafres? (del ?rabe kafer).

Tras la muerte de Pablo de Tarso, las primitivas comunidades paulinas se organizan mediante la constituci?n de s?nodos y toman acuerdos sobre determinadas normas fijas: las reglas de fe (Regula fidei), el bautismo, el canon de las Escrituras con la aceptaci?n de la Torah o Antiguo Testamento, y la creaci?n de un episcopado mon?rquico (teor?a de la consagraci?n apost?lica y de la sucesi?n), atitul?ndose cat?licos (universales). Se abandona un m?nimo principio m?s participativo y democr?tico para adoptar una constituci?n autoritaria y jer?rquica, proclamando la separaci?n entre el clero (obispos y sacerdotes) y el laicado (simples creyentes) sin ninguna significaci?n real.

Tras el edicto de Mil?n proclamado por Constantino y en el que se promulga la libertad religiosa para todos los pueblos del imperio, surgen diferentes crist?logos que unen las ideas mesi?nicas paulinas con la filosof?a griega del logos (Ireneo, Tertuliano, Hip?lito, Cipriano, Clemente de Alejandr?a y Or?genes). Estos crist?logos rechazar?n, al igual que Pablo, el humanismo de la cultura de su ?poca, buscando en el universo de concepciones populares helen?stas y jud?as, de un car?cter dualista, el trasfondo sobre el que proyectar su nueva teor?a del ?pueblo elegido?, ahora la iglesia. La tesis de estos crist?logos es en lo fundamental la misma que mantuvieron Fil?n en la filosof?a y Pablo de Tarso en la teolog?a: la imagen que tenemos de dios ?seg?n estos autores- condiciona la imagen que tenemos del mundo, pretendiendo fundir dos universos culturales con dos im?genes distintas de la trascendencia: helenistas igual al dios cosmol?gico, principio de necesidad; judaismo igual a Yahveh, hist?rico y personal, principio de emergencia, en uno solo. No hubo di?logo sino fagocitosis: se engulleron mutuamente, la una a la otra, en una larga y pesada indigesti?n que dio como resultado el occidentalismo cristiano y su historia. Algo semejante se ha venido practicando por parte de los Estados e imperios occidentalistas respecto a otras culturas y otros pueblos: engull?ndolo todo para impedir y dificultar hasta lo indecible el normal desarrollo de las civilizaciones humanas.

La institucionalizaci?n de esta fagocitosis se lleva a cabo con el Concilio de Nicea en el a?o 325, convocado y presidido por el propio Emperador Constantino y en el que se presiona manu militari para la formulaci?n de una profesi?n de fe trinitaria (Credo), ateni?ndose a la doctrina de Atanasio: el hijo es igual al padre por homous?a (identidad de sustancia).


EL PUEBLO DE LOS FRANCOS

A mediados del siglo IV las tribus germ?nicas padecen en sus territorios originarios cambios clim?ticos desfavorables junto a un incremento demogr?fico; ambos factores van a provocar hambrunas muy graves. A su vez, el avance de los hunos que destruyen el reino ostrogodo de Ermanerico en el a?o 375, es la causa inmediata de la avalancha de los pueblos germ?nicos sobre las tierras y pueblos que dominaba el imperio romano. La consecuencia ser? la desmembraci?n total de este imperio romano de Occidente que ser? sustituido por un mosaico de reinos germ?nicos. La iglesia cat?lica, detentadora del poder en Roma, pretende un pacto hist?rico con los reinos godos con el prop?sito de sustituir y heredar el ya dislocado imperio romano occidental. Ello no lo consigue, ya que los pueblos godos inmigrados, hab?an aceptado el arrianismo como consecuencia de las predicaciones del obispo godo Ulfila y sus partidarios entre los a?os 310 al 380, traduciendo al g?tico las escrituras b?blicas conocidas como Codex Argenteus de Upsala. Los arrianos godos hab?an sufrido persecuci?n, torturas y matanzas a manos de los cat?licos amparados en los ?ltimos emperadores romanos, por lo que tras diferentes incursiones de pillaje y otros sucesos pol?ticos, marcharon sobre Roma poniendo sitio a la ciudad entre los a?os 401 y 403. Con el pago de un gran tributo, Estilic?n levanta el asedio y se traslada a R?vena donde de nuevo asedia al emperador Honorio, firm?ndose un armisticio que no se cumple. En el a?o 410 los godos toman y saquean la ciudad de Roma con Alarico, que m?s tarde muere en Cosenza. Ataulfo, sucesor y cu?ado de Alarico, se casa con la prisionera romana Gala Placidia, hermanastra del emperador Honorio, fundando m?s tarde su hermano Valia el reino visigodo de Tolosa (Toulouse).

Los francos penetran paulatinamente hacia el sur de Europa desde la frontera del Rhin, dando fin a los restos del dominio romano occidental al vencer Clodoveo al duque galo-romano Siagrio en el a?o 486, conquistando el territorio entre Somme y el Loira. Vencen tambi?n a los Alamanes que abandonan la parte norte del territorio. De nuevo, la iglesia romano-trinitaria (cat?lica) ofrece un pacto de poder a los francos. Por intereses pol?ticos expansionistas Clodoveo acepta esta confabulaci?n, imponi?ndose el catolicismo a todos los francos a partir de la navidad de los a?os 497 o 498, tras ser bautizado Clodoveo en Reims por el obispo Remigio; de esta forma Clodoveo conseguir?a atraerse para su proyecto de expansionismo franco a los partidarios del imperialismo romano m?s caduco. Apoyado ahora por los bargundios y los partidarios cat?licos-romanos, vence en la batalla de Vouill? en el 507, conquistando el reino visigodo-arriano hasta los Pirineos; la intervenci?n de Teodorico le impide llegar al Mediterr?neo. Septimania permanece arriana y visigoda.

A partir del a?o 545 el reino visigodo arriano se transforma territorialmente en un reino ib?rico con una provincia gala (Septimania). M?s tarde, Tediselo es asesinado por los partidarios de Agila, lo que provoca la rebeli?n de las provincias del Sur en el 552. Las tropas del Emperador de Oriente Justiniano acuden en apoyo de la rebeli?n de los andaluces, ocupan la B?tica y la Cartaginense, anexionan ambas provincias al Imperio de Oriente bajo un magister Militum. La Pen?nsula se haya ahora administrada en tres soberan?as: Sueva en Galicia, Bizantina en Andaluc?a y la provincia norteafricana Tingitania-Mauritania, y visigoda en el resto.

Con Leovigildo (573-586) los visigodos persiguen una pol?tica expansionista y centralizadora en la Pen?nsula Ib?rica: fijan su residencia en Toledo, combaten contra los andaluces y bizantinos conquistando las ciudades de M?laga, C?rdoba y Sidonia; luchan contra los vascones en el 581, fundando la ciudad de Victoriaco (Vitoria); contra los suevos, incorporando Galicia a la soberan?a visigoda en el 585; tambi?n se intenta someter a los grupos cat?licos, partidarios de la nueva edici?n que desarrollan los francos del antiguo imperio romano; Hermenegildo se rebela contra su padre por ambiciones de poder, confiando en el apoyo de la minor?a cat?lica y de los francos, persuadido por los astutos obispos trinitarios Isidoro y Leandro, muriendo en el intento.

Proclamado Recaredo rey de los visigodos en el a?o 586, un a?o m?s tarde acepta a instancias de Leandro, obispo de la minor?a romano-trinitaria, participar en una confabulaci?n cat?lica, bajo el compromiso de la defensa de intereses expansionistas. Antes incluso de la apertura del III Concilio de Toledo, las bas?licas arrianas y sus propiedades fueron entregadas a la minoritaria iglesia cat?lica. Queda todav?a una inscripci?n en la Bas?lica de Toledo rebautizada de Santa Mar?a, en la que se dice ?fue consagrado in cat?lico el 12 de abril del primer a?o del reinado de nuestro se?or, el m?s glorioso rey, Flavio Recaredo, en el a?o 625 de la era hisp?nica?, es decir, el 587. La principal bas?lica arriana de la capital del reino visigodo pasa pues a manos de cat?licos, que pretenden instituirse como herederos y refundadores del imperialismo romano, practicando una pol?tica sectaria, represiva y exclusivista: en las actas del III Concilio de Toledo se decreta la obligaci?n de aceptar la doctrina cat?lica para todos los s?bditos del reino. Sisebuto promulga el bautismo cat?lico obligatorio para todos bajo pena de expulsi?n.

Sisebuto organiza una flota contra andaluces y bizantinos, mayoritariamente arrianos y contrarios al exclusivismo cat?lico y la soberan?a goda, siendo arrinconados en el ?rea del Algarve. Pero va a ser Suintila (621-631) el que somete por las armas a los vascos en el norte peninsular y a los andaluces en el sur, estableciendo tambi?n su dominio en la provincia Tingitana-Mauritania en el norte de Africa, incorporada al reino visigodo.

La situaci?n se modifica durante el reinado de Wamba (672-680) que tiene que hacer frente a una invasi?n de los francos dirigidos por Paulo en las provincias de Septimania-Narbonense y la Tarraconense, v?ctima de una contraofensiva cat?lica. La lucha por la corona entre los diferentes partidarios y pretendientes debilitan progresivamente la monarqu?a visigoda. Tambi?n a lo largo de todo el siglo VII, tanto en el norte de Africa como en la Pen?nsula Ib?rica, experimentan una grav?sima pulsaci?n geogr?fica que transforma el territorio central del actual Sahara en desierto. Durante este siglo, las malas cosechas llegaron a ser cada vez m?s frecuentes. Oscilar?a el fen?meno seg?n lugares y a?os alcanzando con prontitud una extraordinaria gravedad entre las diferentes poblaciones peninsulares, dando lugar a disturbios por las hambres e injusticias de la tiran?a cat?lica. A finales de dicho siglo, la situaci?n que iba de mal en peor, se hizo insostenible. La proclamaci?n de Ervigio como rey visigodo de Toledo provoca los primeros enfrentamientos abiertos que no finalizar?n hasta el a?o 687 con su muerte. La crisis contin?a con Egica hasta el 702. Su hijo Vitiza es asociado al trono (702-710) convocando el ?ltimo Concilio de Toledo, el XVIII, del cual fueron destruidas las actas por los cat?licos, porque atentaban contra la ortodoxia del cristianismo trinitario romano. No obstante, es fielmente atestiguado por la Cr?nica Latina an?nima. El golpe de tim?n que significa Vitiza a favor del arrianismo, mayoritario entre la poblaci?n; junto a una pol?tica de libertades y respeto al pluralismo, provoca que algunas cr?nicas cat?licas posteriores, como la del Alfonso III, se escandalicen y se?alen que muchos sacerdotes y obispos trinitarios se pasaran al bando arriano como Don Oppas. Se?ala tambi?n la misma fuente: Episcopis, presbyteris et diaconis uxores habere proecepit (? Exhort? a los obispos, presb?teros y di?conos a que tuvieran mujeres?). El autor de la cr?nica de Alfonso III es concluyente respecto a Vitiza: Censura ecclesiasticos consurgeret. Concilia disolvit..canones obseravit (?se ha opuesto a las reglas eclesi?sticas. Ha disuelto concilios. Ha redactado C?nones.) Vitiza hab?a dado la espalda a la minor?a privilegiada cat?lica y comienzan de nuevo los enfrentamientos por la corona.

Opinan la mayor?a de los autores que Vitiza debi? fallecer por los a?os 708-709. Hab?a asociado el trono a su hijo Achila, pero a la muerte de su padre no pudo mantenerse en el poder por su minor?a de edad y a pesar del apoyo de su tutor, Rechesindo, que deb?a ser arriano. Los partidarios godos y obispos del bando trinitario-cat?lico aprovecharon la ocasi?n para rebelarse, provocando la reacci?n general de las poblaciones que les eran hostiles. La guerra se hizo general tras la proclamaci?n de Roderico en Toledo por una asamblea de obispos y cortesanos cat?licos; duraron los enfrentamientos unos setenta a?os, hasta el 770 aproximadamente, antesala y pr?logo de la revoluci?n isl?mica, formaci?n de Al-Andalus y fin del reino visigodo.

LOS FRANCOS Y LAS CRUZADAS

En el 751 es proclamado Pipino rey de ?todos los francos? en Soissons. Por primera vez un rey franco recibe el ?leo sagrado de la iglesia trinitaria, ungido por el arzobispo Bonifacio, legado del papa romano. Pipino, junto con sus descendientes, recibe del papa el t?tulo de Patricius romanorum (protector de los romanos), iniciando la primera guerra contra los arrianos y otros unitarios de Narbona en el a?o 759. Pero va a ser en el a?o 777 cuando Carlomagno aliado con Roma inicia la primera guerra contra los musulmanes de Al-Andalus y los otros pueblos arrianos o unitarios de la Pen?nsula Ib?rica. Carlomagno conquista Pamplona y pone sitio a Zaragoza. La ayuda de los andaluces que recibe esta ciudad, obliga a Carlomagno a levantar el sitio y regresar a Francia. En la huida sufre el ej?rcito franco una grave derrota, infligida por los andaluces y vascos en el desfiladero de Roncesvalles. Posteriormente los andaluces se dirigen a Narbona para liberarla, lo que induce a Carlomagno a una nueva guerra y sucesivos pactos con los andalus?es para establecer la Marca Hisp?nica, origen del condado franco de Catalu?a. El a?o 800 el papa Le?n III corona emperador a Carlomagno con la f?rmula Romanum gubernans Imperium. Bajo Carlomagno surge la iglesia imperial franca-romana. La actitud religiosa del emperador y el papa est? totalmente condicionada por intereses pol?ticos y expansionistas, apoy?ndose mutuamente en una pol?tica de cristiandad ya que la apuesta por la catolicidad era a su vez una apuesta por el neoimperialismo romano. Con la f?rmula dogm?tica de la trinidad, Carlomagno y el papa pretend?an uniformizar y perpetuar el imperio romano, ahora franco-cat?lico, pretendiendo someter a los diferentes pueblos y culturas: eslavos, alamanes, germanos, ib?ricos, etc. a una misma ley y religi?n del imperio.

La principal oposici?n a este proyecto imperial-expansionista la encontraron en los diferentes pueblos de la Pen?nsula Ib?rica. La civilizaci?n unitaria hab?a sido siempre de gran significaci?n en la historia e identidad de los pueblos ib?ricos. Escribe Men?ndez y Pelayo: ?Es insignificante el n?mero de ?divinidades? que puede decirse ind?gena de los ?beros?. Agust?n de Hipona asigna a los andaluces (turdetanos y antiguos ?beros) la tradici?n unitaria. En su obra ?La ciudad de Dios?, cap?tulo IX del libro s?ptimo, les atribuye la noticia de un dios ?nico, autor de lo creado..., impersonal, inimaginable, incorruptible; en definitiva, toda una epistemolog?a unitaria a cuya noticia hab?an llegado estos pueblos ib?ricos, seg?n Agust?n de Hipona, gracias a las ense?anzas de sus profetas y sabios. Todo ello dar?a lugar a que el arrianismo en Andaluc?a, Valencia y Vasconia, junto al priscilianismo en Galicia, se convirtieron en una expectaci?n favorable a la transmisi?n del Islam como madurez y universalidad prof?tica.

El Islam iba creando un universo, no exclusivista, de pueblos y culturas. Una civilizaci?n plural que hizo emerger a la mujer y al hombre de la mera suficiencia, procur?ndole la armon?a entre la realidad plural y la conciencia unitaria; entre la persona y la comunidad, entre los pueblos, las diversas culturas y la Umma o naci?n universal sin fronteras, en abierto di?logo entre civilizaciones. La Humanidad conoci? una de sus grandes ?pocas de esplendor.

Entre tanto, la concepci?n que Carlomagno y el clero cat?lico tienen del imperium es una mezcla entre la tradici?n ces?rea y la concepci?n germ?nica de la monarqu?a sacerdotal influida por el pensamiento agustiniano de la civitate dei. La dignidad imperial la otorga ahora el papa de Roma en calidad de translator imperii o suma autoridad. Carlomagno reivindica el derecho a dirigir tambi?n los asuntos eclesi?sticos: preside los s?nodos, establece el diezmo eclesi?stico, la creaci?n de circunscripciones metropolitanas (12 arzobispados francos, 5 italianos y 4 alemanes), adem?s de parroquias aut?nomas en las zonas rurales. Podemos observar c?mo todav?a en el a?o 814 la iglesia cat?lica no dispon?a de ninguna circunscripci?n metropolitana en toda la Pen?nsula Ib?rica, es decir, no hab?a una poblaci?n y tradici?n cat?lica significativa.

El emperador cat?lico Carlomagno fomenta la uniformizaci?n de la liturgia de acuerdo con el rito romano; se reserva la potestad de nombrar a laicos de su total confianza como obispos y abades, transform?ndolos en funcionarios encargados de la expansi?n del imperio junto al cristianismo cat?lico. Se inicia pues una pol?tica abierta de cristianizaci?n y guerra de cruzada contra los pueblos ib?ricos.

Los monasterios se convierten en aut?nticos caballos de Troya en las diferentes marcas de la Pen?nsula. Se declara obligatoria la regla benedictina para todos los monasterios dependientes del imperio franco. En los siglos X y XI, frente al proceso de secularizaci?n de la vida mon?stica cat?lica, como consecuencia del enorme poder feudal de esta iglesia, y ante la reivindicaci?n de los se?ores feudales laicos que pretend?an jurisdicci?n sobre los conventos situados en sus dominios, se origina el movimiento cluniacense, que irradia de las abad?as de Cluny ?fundada en el 910- y de Gorze. Propugna la protecci?n exclusiva del papa y no la del obispo o se?or, la implantaci?n de una estricta disciplina y el reforzamiento de la autoridad del abad. Cerca de 200 monasterios pasan a formar una congregaci?n bajo la obediencia del abad franc?s de Cluny. Era la mejor organizada y disciplinada quinta columna al servicio del expansionismo franco-romano.

Desde Pelayo (718-737) y Alfonso (739-757) se repuebla Asturias de francos, fortific?ndose los puntos fronterizos con las avanzadas de los andaluces, que en el 794-95 saquean Asturias. Navarra mantiene su independencia entre andaluces y francos. La provincia gala de la Septimania-Narbonense es administrada por los andaluces, que son rechazados en la batalla de Poitiers (732). La Septimania es incorporada al reino franco por Pipino el Breve, veinticuatro a?os m?s tarde. Carlomagno (768-814), emperador de los francos, conquista los territorios peninsulares al norte del Ebro y los anexiona al imperio franco, fundando y repoblando de francos los condados de Castilla, Arag?n, Sobrarbe, Ribagorza y Pallars; adem?s de los condados catalanes de la llamada marca hisp?nica. Las repoblaciones masivas de francos ?franceses- tienen lugar entre los a?os 801 con la conquista de Barcelona y el 897 que con el franco Wifredo I el Velloso, lleva la conquista hasta la l?nea del Llobregat, forzando a la poblaci?n ib?rica de esta parte de la antigua tarraconense a convertirse al catolicismo. De esta forma los francos conquistan y anexionan a su imperio toda la cornisa c?ntabra junto a los Pirineos, y para mantener este pasillo, a modo de contrafuego contra el Islam y las aspiraciones de libertades e independencia que con la administraci?n andalus? hab?an logrado los diferentes pueblos ib?ricos, se va a urdir el montaje de la tumba de Santiago de Compostela. Es a partir de Alfonso II el Casto con la invenci?n del ?descubrimiento? del cuerpo de Santiago en Compostela, cuando los reyes francos hacen un uso pol?tico de este camino para unir el norte peninsular con el imperio franco, lo mismo que crear?n otro hacia Roma con el mismo fin. El rey Alfonso preocupado por la reestructuraci?n del reino leon?s siguiendo los c?nones del imperio Carolingio y necesitando tambi?n vencer las resistencias con los unitarios de Al-Andalus, va a utilizar el camino de Santiago como una barrera con el centro y sur peninsular, haciendo de este ap?stol el s?mbolo permanente de la lucha contra el Islam. La sociedad leonesa se ha convertido ya en tiempos de Alfonso II en una monarqu?a franco-cat?lica, que empieza a desarrollar el mito de la ?Hispaniam cristiana?, configurando en torno al supuesto sepulcro de Santiago todo su montaje ideol?gico. M?s tarde, la monarqu?a aragonesa har? otro tanto de lo mismo, tomando el otro s?mbolo ?santiaguista?: un supuesto pilar sobre el que una supuesta virgen se apareci? a un supuesto ap?stol. Y, hasta el siglo XVII llegar? el ?ltimo intento de violentar territorios y poblaciones a trav?s de una pol?tica expansionista de cristiandad fundamentada en ?Santiago Matamoros?. Incluso la fracci?n morisca moderada intentar? evitar la marginaci?n de las poblaciones musulmanas sacando a la luz en el Sacromonte granadino las revelaciones de San Cecilio, disc?pulo ?c?mo no! de aquel supuesto Santiago.

El reino leon?s es cristiano trinitario, fundamentalmente porque el camino de Santiago lo une al imperio franco-romano. Sin embargo, existe demasiada evidencia del colonialismo franco para que nazca todav?a la idea de unidad de un pueblo hispano-cristiano y sobre todo, la ideolog?a de reconquista.

En al argumento, f?cilmente se ha introducido una falacia: la de que el enfrentamiento que se produce en la pen?nsula era entre cristianos ind?genas y supuestos ?rabes extranjeros, y la identificar a estos cristianos franceses que han constituido el reino de Castilla en el siglo XI, con los unitarios de la administraci?n visigoda en el siglo VIII. La b?squeda de esta identificaci?n era algo que se persegu?a desde hac?a tiempo, y en este prop?sito es donde su produjo la petici?n forzada al Emir Taifa de Sevilla Al-Mutadid del cuerpo del San Isidoro de Sevilla para que fuera trasladado a Le?n en tiempos de Fernando I, padre de Alfonso VI. Poco despu?s, con el oro que proporcionan las parias que pagan los reinos de Taifas musulmanes, se construyen las Bas?licas de Santiago de Compostela y de San Isidoro de Le?n, convertidas en s?mbolo de una reconquista que oculta un nuevo expansionismo franc?s en la Pen?nsula.

Los franceses que administran Castilla se adue?an del concepto geogr?fico de Hispaniam, en detrimento de Al-Andalus, pero, en realidad, en detrimento de todos los pueblos de la Pen?nsula Ib?rica. De un concepto geogr?fico (la Hispaniam romana) se elabora un concepto pol?tico expansionista con el apoyo de la iglesia romana, que a partir del siglo XII es el principal agente de esta ideolog?a de cristiandad, transformando en concepto de pir?mide imperial franco por otro de pir?mide mon?rquica hisp?nica, usando como apoyo y legitimaci?n ideol?gica las palabras de cruzada de los pont?fices: ?No es contrario a la fe cat?lica exterminar y perseguir a los sarracenos (musulmanes), pues, a ejemplo de lo que se lee en el libro de los Macabeos, los cristianos no pretenden adue?arse de tierras ajenas sino de la herencia de sus padres, que fue injustamente pose?da por los enemigos de la cruz de Cristo durante alg?n tiempo. Adem?s es leg?timo y admitido por el derecho de gente de que en los lugares ocupados por los enemigos que los retienen con injuria de la divina majestad el p?o expulse al imp?o el justo al injusto...?

Entre los a?os 1000 y 1035, Sancho mayor de Navarra se somete al expansionismo franco permitiendo la reforma benedictina, base de la cluniacense, entre los territorios vascones para su catolizaci?n. M?s tarde, el rey franc?s, Felipe III el atrevido casa a Juana, heredera del reino de Navarra, con su hijo Felipe IV; quedando Navarra incorporada a Francia hasta el a?o 1328, logrando el imperialismo franco su objetivo de dominaci?n en todo el norte peninsular. El ?nico basti?n de independencia ib?rica ser?a la administraci?n andalus?. Esta pol?tica neoimperialista franco-romana es solamente frenada por los andaluces, que durante el gobierno de Al-Mansur (Almanzor), llegan en sus aceifas hasta Barcelona en el 985, Le?n en el 988 y Santiago de Compostela en el 997, con la intenci?n de frenar las agresiones expansionista franco-romanas.

El belicismo de la ideolog?a de cristiandad que profesan los cat?licos, el expansionismo sin l?mite de esta iglesia que en aquel momento hist?rico aprovecha el imperialismo franco ascendente junto a peque?as ambiciones locales de poder, van a provocar el estallido de una pol?tica genocida bautizada con el nombre de Cruzadas. La iglesia cat?lica, los nobles terratenientes y los burgueses del los emporios comerciales (G?nova, Venecia, etc.), aprovechan el crecimiento demogr?fico que experimenta Europa central para desatar esta agresi?n sin l?mite: los b?rbaros del norte est?n ya sometidos a la autoridad del papa romano, y lo mismo sucede con los h?ngaros que han formado una monarqu?a cat?lica dependiente de la Santa Sede; Bizancio est? en su momento m?s d?bil, puesto que los normandos han conquistado sus posesiones italianas y los turcos las de Asia Menor. Se escogen de esta forma dos caminos de agresi?n y exterminio de poblaciones civiles: hacia Occidente el Camino de Santiago y hacia Oriente el Camino del Santo Sepulcro; caminos que abr?an a aquellas masas de miserables, nuevas rutas comerciales u oro f?cil a sus obispos y se?ores feudales, que pretend?an la rapi?a de aquellos pueblos y tierras musulmanas. En esta situaci?n y con este bagaje mental, se inaugura un movimiento genocida como ya se?alamos en el que participa la mayor parte de Europa, dirigidos por la iglesia cat?lica.

Al igual que tras la conquista de la ciudad de Jerusal?n en el 1099, los pr?ncipes cruzados francos se reparten los territorios conquistados constituyendo el reino de Jerusal?n, diversos principados, ducados y condados; algo parecido ocurre en la Pen?nsula Ib?rica, donde los franceses (francos) fundan reinos como el de Le?n, condados como el de Castilla y Arag?n; repobl?ndolos y siendo administrados por se?ores feudales franceses al servicio del expansionismo franco-romano. Todav?a en esta ?poca no se hab?a inventado el mito de la Hispania cristiana.

El aparato ideol?gico era administrado por los abades franceses de la orden de Cluny, personajes muy destacados en la historia de Francia y de otros reinos vasallos como Navarra, o nuevas fundaciones francesas como Castilla, Arag?n o Catalu?a. El conocido como san Odil?n era algo as? como el embajador plenipotenciario en le Pen?nsula Ib?rica del imperio franco-romano. Aparte de participar en la colonizaci?n francesa del Norte peninsular es el introductor m?s destacado del monaquismo franco-romano en el resto del mozarabismo peninsular, actuando de caballo de Troya, aprovechando las libertades y la tolerancia de que gozaron las diferentes culturas en Al-Andalus y en las marcas administradas por la soberan?a andalus?. Este monje llamado san Odil?n manten?a relaciones muy estrechas tambi?n con el emperador germ?nico, con el rey Esteban de Hungr?a y Casimiro de Polonia, entre otros; animando de forma muy especial a los cruzados al genocidio contra los andaluces y los otros pueblos ib?ricos libres. Va a ser en esta ?poca cuando la iglesia romana se establece de manera oficial en Castilla y ?sta queda definitivamente incorporada al Occidente franco-romano.

LOS OR?GENES DE CASTILLA

Un breve territorio al Norte del Ebro conquistado por los francos de Carlomagno a los vascos-ib?ricos, territorio antes conocido como Bardulia, seg?n la Cr?nica albeldense: ?Bardulia qui nuc vacitatur Castella?. Territorio de paso y fortificado entre monta?as, que poco m?s o menos coincidir?a con lo que es hoy el partido judicial de Villarcayo y quiz? parte del de Sedano, y que sirvi? como avanzadilla al expansionismo franco-romano. Inmensa fortaleza natural que se abre con la fosa del Ebro por el sur; con el murall?n de los montes Obarenes por el sureste; por los macizos de Pe?agobla, Sierra Salvada y Pe?alva por el Este, donde se abren los accesos naturales al Pa?s Vasco, en zonas donde inmediatamente se pierde la toponimia romance por la vasca. Hasta el mism?simo Claudio S?nchez Albornoz ?qu? ya es decir? tiene que reconocer que Castilla ?no surgi? como prolongaci?n de un viejo pueblo hispano primitivo...?; aunque luego pretenda adornarlo e inventar una especie de solar s?ntesis de antiguas tribus ib?ricas pobladoras de estas tierras (c?ntabros, austrigones, vardulos y turmogos); por no reconocer, en definitiva, que Castilla es un engendro colonial franc?s contra la independencia y libertades de las tribus y pueblos de origen ib?rico peninsular.

El ej?rcito franc?s que se establece en Castilla es fundamentalmente ofensivo. La caballer?a llevaba el peso de las acciones, yendo caballo y caballero cubiertos con lorigas, lo que procuraba costes b?licos de gran envergadura. Es en este concepto militar en el que hace aparici?n el beneficio como compensaci?n a estos gastos. De esta forma comienzan a ocuparse hasta el siglo XII lo que podr?amos llamar como tierras de frontera o de nadie. Una vez conquistadas militarmente las marcas y avanzadillas andalus?es de poca importancia demogr?fica, con la ca?da de Al-Mansur y la desmembraci?n del califato andalus?, la pol?tica de repoblaciones cambia de forma radical, adquiriendo un car?cter contractual, al dotar los reyes cristianos a las poblaciones de fueros de poblaci?n y estatutos de frontera o Extremadura.

La desmembraci?n administrativa de Al-Andalus con el hundimiento del califato, permite una coyuntura favorable para el expansionismo franco-romano en la Pen?nsula, que aunque sin potencial demogr?fico para asentarse en nuevas tierras, s? disponen de potencial militar para emprender correr?a y nuevas devastaciones, cobrando parias que se convierten en una fuente usual de ingresos de extraordinaria importancia.

Antes de que Alfonso VI se decidiera a cortar el nudo vital entre Al-Andalus y sus marcas conquistando Toledo, practica esta pol?tica de razzias: Alfonso se puso en marcha... con un ej?rcito innumerable de cristianos: francos, vascones y gallegos, cruz? Al-Andalus deteni?ndose ante cada una de sus ciudades, devastando, arruinando, matando y cautivando, para ir luego a otra. Acamp? luego en Sevilla y permaneci? all? tres d?as, asol? su regi?n y la deshizo arrasando en el Aljarafe muchas aldeas. Hizo lo mismo en Sidonia y su regi?n, luego lleg? hasta la Isla de Tarifa, meti? las patas de su caballo en el mar y dijo: ESTE ES EL FINAL DEL PAIS DE AL-ANDALUS Y YO LO HE PISADO.

En la etapa que se inicia a ra?z de la conquista de Toledo por el franco Alfonso VI en el a?o 1085, encontramos por primera vez que la numerosa poblaci?n musulmana, jud?a y moz?rabe de la ciudad de Toledo y su entorno, no puede ser sustituida por los conquistadores, bien porque no tienen poblaci?n para hacerlo, bien por la importancia demogr?fica del elemento aut?ctono que podr?a suponer para el futuro un grave rev?s a esta pol?tica expansionista. Por consiguiente se tiene que modificar el r?gimen de dominaci?n y colonizaci?n. Lo que indica tambi?n, de paso, que los asentamientos anteriores de poblaci?n no debieron ser de gran importancia, ya que m?s que la conquista del territorio andalus?, era la destrucci?n de sus barreras defensivas. Es a partir de aqu? cuando los conquistadores franco-romanos necesitan de una asimilaci?n, ideol?gica, que se llevar? a cabo con la elaboraci?n del mito de la Hispania cristiana, articulado por la iglesia cat?lica y su ideolog?a de cristiandad.

La pol?tica de cruzada franco-romana se reanuda con Alfonso VII el Emperador (los andalus?es lo llamaban el sultanillo). El expansionismo castellano de cruzada, plenamente identificado con los prop?sitos mercantiles de las ciudades italianas del mar Tirreno, fundamentalmente Pisa y G?nova, comienzan a mirar hacia Almer?a, ciudad que cerraba por el Este el tri?ngulo expansionista de Castilla en la Pen?nsula. Los cruzados genoveses desembarcaron por su cuenta en las playas de Almer?a en el a?o 1146, saqueando cuanto pudieron y exigiendo el pago de 100.000 morabit?n (la moneda almor?vide que m?s tarde dar?a lugar al maraved? castellano). El papa Eugenio III, un cisterciense franc?s elevado al poder de la Santa Sede por el franc?s Bernardo de Claraval dio car?cter de cruzada a esta empresa haciendo un llamamiento a todos los reinos europeos adem?s de a castellanos y catalano-aragoneses. De esta manera, se forma al a?o siguiente un enorme ej?rcito, engrosado por genoveses, mercenarios pontificios y pisanos que se concentra ante los muros de la ciudad. Los genoveses hab?an armado para la empresa 63 galeras y 163 nav?os de todo tipo, todo ello tambi?n organizado que los andalus?es juzgaron que en los mil a?os anteriores no se hab?a reunido una armada y un ej?rcito tan bien ordenado.

Caffaro, c?nsul genov?s que hab?a participado ya en el primer asalto, nos da para el ej?rcito reunido los siguientes datos: 2.000 jinetes. 10.000 peones para servirles y unos 15.000 infantes; cerca de 25.000 marineros y remeros. De todo este ej?rcito tan s?lo unos cuatrocientos jinetes y mil infantes eran castellanos y navarros, quinientos treinta jinetes m?s y otros dos mil peones eran catalano-aragoneses.

Pero abundando en el origen de Castilla, los datos que nos ofrece la toponimia son de un extraordinario valor si se aplica un criterio adecuado y se juzga convenientemente: a excepci?n de la profusi?n de nombre de santos a consecuencia de la intensa actividad mon?stica previa a la colonizaci?n militar de los franceses, existe numerosa toponimia de origen ib?rico anterior a la conquista y latinizaci?n romana: nombres como Villabezana en Alava, Bezana al sur de Nela, tienen un sufijo adjetival en ana, muy frecuente en diversas zonas de la Pen?nsula, sobre todo en Andaluc?a, Murcia y Badajoz (Totana, Guadiana, Cantillana, Fi?ana, Chiclana, et., etc). En el Norte y Castilla aparecen en el valle de Mena: Lezana, Leci?ana, Maltrana; y meti?ndose en Vizcaya, siempre sobre Cadagua, encontramos Orvijana e incluso Luchana, cerca de Bilbao.

Un foco importante lo tenemos en el extremo sureste de las tierras y poblaciones sobre las que el imperialismo franco organizar?a su condado colonial castellano: Extremiana, Leci?ana, Cormenzana y Lomana. Aguas abajo del Ebro siguen observ?ndose: A?ana, dentro ya de Alava, con sus famosas salinas, tantas veces liberadas por los andaluces y vueltas a conquistar por los francos; y m?s arriba Berberana, en el partido judicial de Villarcayo. A continuaci?n siguen por el valle del Bayas, Luci?ana, Surijana; en el valle del Zadorra y su afluente el Ayuda (del ?rabe aiiada, con el mismo significado), est?n Lacorzana, Escanazana, Ozana, Arana, Luci?ana de la Oca, Antezana, Subijana de Alava, Crispijana, Lopidana, y m?s arriba de Vitoria por toda su llanada, encontramos Durana, Retana, Maturana (que tambi?n est? en Andaluc?a), Audicana, Adana, Ordo?ana... Todos estos nombres debemos considerarlos como recuerdo de villas ib?ricas anteriores y coet?neas a la romanizaci?n, ya que como est? suficientemente probado, no podemos hablar de conquistadores y repobladores bereberes llegados a la Pen?nsula Ib?rica a partir del 711.

Por razones de espacio, no podemos abundar en el presente trabajo, pero resumiendo, queremos se?alar que los ?nicos y verdaderos conquistadores, extranjeros de lo m?s extranjero en la historia peninsular fueron en un principio los romanos, posteriormente los suevos, v?ndalos y godos; y como colof?n final los francos, y cat?licos que apoyados en la ideolog?a romana de cristiandad, conquistaron y agredieron nuestros pueblos y tierras de la Pen?nsula Ib?rica. Fueron esos franyi (francos), rum?es (romanos) o cafres, como le llamaban los andalus?es (musulmanes, jud?os y cristianos), de los que los moriscos fueron los ?ltimos testigos de identidad y soberan?a, baluarte ib?rico de libertades frente al expansionismo agresor franyi y cristiano-romano.

Tags: Moriscos, Aben Humeya, Al-Andalus, Andalucía, Historia

Publicado por NASOINAN @ 16:24  | Aben Humeya y Moriscos
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