Mi?rcoles, 26 de diciembre de 2007
Muhammad ibn ?Abd al-Rahm?n ibn Ibr?h?m b. Yahy? Fut?h b. al-Hak?m, al-Lajm?.

Poeta e historiador.
Naci? en Ronda en el a?o 1261. Fue asesinado en 1308.

Pertenec?a a una familia de los Lajm?es de Sevilla que se hab?an trasladado a Ronda durante el reinado de sus parientes los Ban? ?Abb?d (la familia de Al-Mu?tamid, el rey-poeta de Sevilla).


La mayor?a de sus antepasados hab?an ejercido profesiones liberales hasta que debieron reunir ciertas riquezas e influencia y, ya en el siglo XIII, dos de los hermanos mayores de nuestro personaje, ab? Zakariya y Ab? Ish?k eran los m?s poderosos terratenientes y con suficiente poder para ser los caciques de Ronda.

Como hermano menor, a Ibn al-Hak?m le toc? el camino de la gente de la pluma. Joven de una prodigiosa memoria, lleg? a reunir unos ampl?simos conocimientos que recibi? de maestros de su ciudad natal. Contando 23 a?os decidi? emprender un viaje a La Meca para ampliar su formaci?n, viaje que hizo en compa??a del joven ceut? Muhammad ibn Rusayd, al que hab?a conocido en Almer?a y que ten?a sus mismos prop?sitos: ir a La Meca y aprender junto a los m?s famosos maestros del Oriente.

Recorri?, en compa??a de su amigo, todas las ciudades importantes de Oriente, en donde escuch? a numerosos maestros y adquiri? una gran cantidad de libros, principalmente de poes?a, que era la actividad que m?s le interesaba. Volvi? a Ronda (1286) recorriendo las m?s importantes ciudades del norte de ?frica, mientras que su amigo ceut? continuaba su viaje, que luego relatar?a en un libro.

Los conocimientos y t?tulos que Ibn al-Hak?m hab?a adquirido durante su viaje le dieron gran prestigio entre sus paisanos y le servir?an, como ahora veremos, para acceder a los m?s altos puestos de la administraci?n del reino de Granada.

Durante la estancia en Ronda del sult?n Muhammad II, que hab?a acudido a esta ciudad para sofocar una rebeli?n, Ibn al-Hak?m recit? una Qas?dah laudatoria para con el sult?n y llena de desprecio para con los vencidos:

Un grupo de rebeldes se levantaron contra su poder
y por ello son merecedores del peor castigo.

Les enga?? el largo alejamiento
y ten?an a Sat?n como supremo se?or.

Y con ellos, Ronda o sus gentes
con la misma conducta y proced
er.


Muhammad qued? impresionado por la preparaci?n y la cultura de Ibn al-Hak?m y le invit? a ir a la corte de Granada para que entrara a su servicio, cosa que nuestro biografiado no dudo en aceptar. Fue nombrado secretario del monarca para la correspondencia extranjera, y desarroll? tambi?n una labor mediadora entre el sult?n y sus propios hermanos sublevados en Ronda; sus hermanos Ab? Zakar?ya y Ab? Ish?k se hab?an declarado independientes, reconociendo s?lo la soberan?a del sult?n Mar?n Ab? Ya?k?b, que los nombr? gobernadores del territorio ronde?o. Ante los fallidos intentos por someter a la fuerza a los separatistas, Mwhammad II opt? por enviar a Ibn al-Hak?m a negociar con los insurrectos, logrando ?ste un acuerdo satisfactorio por ambas partes: los Ban?-l-Hak?m reconoc?an la soberan?a del monarca granadino y, a cambio, ?ste les mantuvo en sus cargos de gobernadores con el t?tulo de waz?r (visir). Los Ban?-Hak?m conservar?an esta posici?n durante toda la historia del Reino de Granada pues, seg?n Ladero Quesada, ser?a un alguacil, Abrahem al-Haquime el que entregar?a Ronda a los llamados Reyes Cat?licos.

Domin? a la perfecci?n el arte militar, conociendo como pocos los secretos y ardides de la t?ctica, como lo demostr? cumplidamente en el cerco de Quesada, para el que hab?a sido elegido general en jefe, pues habiendo simulado una fuga nocturna, los cristianos abandonaron sus posiciones para entregarse al pillaje, cayendo entonces sobre ellos y apoder?ndose de la ciudad. Sobre esta victoria escribi? al sult?n Muhammad II una ep?stola que el historiador Ibn al-Jat?b reproduce en su obra.

Sin embargo, una nota sombr?a vendr?a a palidecer moment?neamente la buena estrella de Ibn al-Hak?m. Se le atribuyen unos versos sat?ricos contra la dinast?a nasr?, que llegados a o?dos del pr?ncipe heredero, el futuro Muhammad III, orden? que los castigasen muy duramente, huyendo nuestro personaje para salvar su vida, escondi?ndose en descampados y ruinas, hasta que la c?lera del pr?ncipe se apacigu? y pudo Ibn al-Hak?m volver a ocupar su antiguo puesto.

En el a?o 1302 muere envenenado Muhammad II; todos los indicios apuntan como culpables al pr?ncipe heredero. Los historiadores nos presentan a Muhammad III con una personalidad que raya lo patol?gico. Crueldad, superstici?n, sentido del humor y af?n por la cultura se mezclan parad?jicamente en este soberano.

No sabemos bien de qu? maniobras tuvo que valerse Ibn al-Hak?m, pero el hecho es que el nuevo monarca lo nombr? su visir, cargo al que un?a el de c?t?b, por lo que ?seg?n la ?Ih?ta de Ibn al-Jat?b- recibi? el t?tulo de D? l-Wiz?ratayn.

A causa de la ceguera de Muhammad III, nuestro Ibn al-Hak?m va a convertirse en el personaje m?s importante del reino, llevando todas las riendas del poder. Unas de sus primeras medidas pol?ticas ser? cambiar el sentido de las alianzas que hasta entonces hab?a tenido el reino granadino. La administraci?n nasr? era desde los ?ltimos a?os de Muhammad II, aliada de los marin?es, entonces due?os de las tierras norteafricanas, rompiendo al mismo tiempo su antiguo vasallaje con Castilla, y entrando en buenas relaciones con Arag?n.

Sin embargo, en 1303, Ibn al-Hak?m firma, en nombre del sult?n de Granada, un tratado con el castellano Fernando IV, en el que se restablece el anterior pacto de vasallaje. La situaci?n se vendr?a a complicar m?s, por cuanto que los aragoneses, hasta el momento unidos a los merin?es, conciertan un pacto con Castilla, en la que entra Granada como vasallo de esta ?ltima.

La coalici?n de los tres reinos peninsulares han dejado aislado a los Ban? Mar?n que, ocupados en la interminable guerra de Tremec?n, no van a poder impedir que los granadinos realicen unos de sus mayores deseos: la conquista de la plaza fuerte de Ceuta.

Poco durar?a la alegr?a de los granadinos, pues el sentido de las alianzas pronto se volver?an contra Granada, codiciada por los reinos cristianos. Jaime II de Arag?n ser? quien organice una campa?a contra el reino andalus? en la que particip? Castilla, y en cuyos planes se encontraba el reparto del reino de Granada entre Castilla y Arag?n, seg?n se estipul? secretamente en Alcal? de Henares en 1308.

A pesar del secreto con que se hab?a llevado a cabo el pacto castellanoaragon?s, algunas noticias sobre movimientos de tropas se filtraron antes de la campa?a, y llenaron de inquietud a la corte y al pueblo granadino. No era extra?o, pues, que los enemigos de Ibn al-Hak?m, que no eran pocos, prepararan una conspiraci?n para derribarle del poder. La conjura, promovida por Atik b. al-Mawl y con la participaci?n del propio hermano del sult?n, el pr?ncipe Nasr, aprovechar?a los negros nubarrones que se cern?an sobre el reino granadino para asestar el golpe definitivo; asaltaron el palacio de Ibn al-Hak?m y el mismo Ibn al-Mawl se encarg? de matarle. El cad?ver de nuestro personaje fue ultrajado, pasando de mano en mano hasta que se perdi? y no pudo ser enterrado.

Ibn al-Hak?m fue un personaje de tan pocos escr?pulos pol?ticos, que no le import?, en aras de aumentar su prestigio y poder personal, concertar alianzas con los estados cristianos de la Pen?nsula en perjuicio del poder?o de los fatim?es, aliados naturales de los andaluces, para detener el expansionismo de los cristianos, quienes un siglo antes ya hab?an invadido los reinos andalus?es del Valle del Guadalquivir y que esperaban el momento oportuno para asestar un golpe definitivo al reino de Granada, ?ltimo baluarte soberano de la naci?n andaluza. Parece cuanto menos parad?jico que un sujeto de tales caracter?sticas no abandonara nunca sus aficiones literarias. A lo largo de toda su vida continu? componiendo poes?as con mayor o menor acierto y utiliz? los medios que le proporcionaba su alta posici?n para rodearse de los mejores poetas y literatos de la ?poca, muchos de ellos venidos de las matanzas cristianas, y a quienes acogi? y protegi?. Entre los miembros de la tertulia literaria de Ibn al-Hak?m, destaca un excelente poeta, Ibn Jamis de Tremec?n, quien le dedic? una hermosa Qas?dah a nuestro biografiado, en donde a la alabanza del visir la nostalgia de su patria norteafricana.

De las composiciones po?ticas de Ibn al-Hak?m, en las que se muestra como un mediano poeta, hemos seleccionado ?sta que compuso en el transcurso de su viaje a Oriente, y que envi? a su familia desde T?nez:

?Ven aqu?, ven, oh viento del Nayd
y lleva contigo mi pasi?n y mi amor!

Cuando esparzas entre ellos mis noticias,
les llegar? mi saludo con la fuerza de mi amor.

No les he olvidado. ?Acaso lo han hecho ellos
debido a mi larga ausencia?

Mis ansias no son debidas a la belleza
ni a los habitantes de Nayd.

?Oh viento! Cuando llegues a un lugar
cuya tierra se llena de ajenjo y laurel (rand)
da vueltas sobre ?l y hazles llegar,
de mi parte, albricias.

Diles que he llegado por su amor a un tal estado
que amo todo laurel y espino (zand
).


En opini?n de la traductora de estos versos, M? Jes?s Rubiera Mata, hay un juego de palabras entre Ronda (Runda) y los t?rminos laurel (Rand) y espino (Zand). Siente afecto por el laurel y el espino porque se escriben de forma parecida a su ciudad.
Escribi? igualmente una Historia de Al-Andalus en cuatro vol?menes donde trata exhaustivamente sobre los avatares de la naci?n andaluza, as? como de los pormenores de la vida de los califas y reyes, el origen de las familias distinguidas, y finalmente de los personajes que m?s destacaron, tanto en el cultivo de las ciencias como por sus haza?as b?licas. Se vanagloriaba hasta tal punto de su obra que dec?a que quien leyera este trabajo no necesitar?a leer las dem?s obras de sus contempor?neos.

Tags: Al-Andalus, Andalucía, andalusíes

Publicado por NASOINAN @ 18:16  | Biografias
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