Jueves, 27 de diciembre de 2007
No es un problema de espacio lo que nos induce a escribir de forma conjunta sobre estos dos insignes andaluces. La gran obra y actividad que Alejandro Guichot, hijo, realiz? en defensa de nuestra denodada tierra tiene su ra?z en aquella vida ajetreada y, a la vez, rom?ntica, evocadora del pasado legendario y po?tico de Joaqu?n padre; as? como ?ste, tambi?n encuentra la continuaci?n de su expresi?n vital, investigadora y cultural en su hijo.

Cuando Alejandro Guichot se aparta progresivamente de la ense?anza paralela; cuando pone todo su empe?o en la creaci?n de una universidad popular andaluza o cuando dec?a en el manifiesto de fundaci?n de la Sociedad de folklore andaluz que "hab?a que poner de manifiesto ante el mundo entero el alma de esta privilegiada y original?sima raza andaluza cuyos secretos m?viles informan esa poes?a y ese saber y ?nimo donde los poetas y los sabios tienen que recurrir siempre", ven?a a expresar, de forma m?s concreta y elaborada, lo que ya el pensamiento y actividad de su padre le hab?a ido induciendo desde su juventud.

Es evidente que los llamados andalucistas hist?ricos pose?an una visi?n m?s amplia y compleja de nuestro pueblo andaluz, como para que su pensamiento se constri?era s?lo al aspecto te?rico de la ideolog?a, en su ?nimo de demostrar y defender esa identidad andaluza. Sab?an que Andaluc?a contaba con unas ra?ces m?s profundas, enormemente vitales, legendarias. Hab?a que tocar otros aspectos, pero sin olvidar aquello que Alejandro recoge en sus palabras. "?se ha impuesto a Andaluc?a por la fuerza, por la violencia y por la confabulaci?n de los dos partidos gobernantes un estado de irredenci?n pol?tica y social. Si recorremos Andaluc?a, sus costas, sus campos, sus monta?as, encontrar?is en todas partes el grito de dolor, de ira, de protesta". Evidentemente, una de las motivaciones m?s claras de los andaluces para recobrar su identidad nac?a y, aunque nos duela, en gran medida sigue naciendo, de "ese ambiente social de indiferencia fatalista y desesperaci?n an?rquica".

Una gran sensaci?n de impotencia tendr?a que correr por las venas de Alejandro Guichot, cuando afirma que "el pueblo andaluz est? moribundo, porque s?lo en este estado se concibe que un pueblo se resigne, limit?ndose a encogerse de hombros, sin una protesta en?rgica a tan deprimente modo de pensar y vivir". Quiz?s por esta sensaci?n que en alg?n momento sinti?, pero por la que nunca se dej? abatir, pensaba que hab?a que ahondar m?s en esta lucha. El llegaba a la conclusi?n de que sin tener conocimiento exacto del estado intelectual y moral de un pueblo, al propio tiempo que material, en vano se podr?a comprender su estado, su respuesta, sus aspiraciones: "no se podr?a aprender lo que el pueblo sufre, lo que cree, lo que desea". Alejandro hab?a sentido como el socio-folklorista italiano Gramsci que la distinci?n de una cultura popular en el marco de una naci?n y de su civilizaci?n, no es el hecho art?stico ni el origen hist?rico, sino su modo de concebir el mundo y la vida, en contraste con la sociedad oficial.

Lleva raz?n un andalucista de hoy, Jos? Mar?a Ruiz Lagos, cuando afirma que "ser?a un grave error levantar la reivindicaci?n andaluza sobre la simple depauperaci?n econ?mica, olvidando la etnia y el hecho psicosocial y vivencial de un pa?s que si siempre fue sometido, y mucho, en su capacidad econ?mica, a?n lo fue m?s en la relaci?n de su destino comunitario como colectividad cultural". Alejandro part?a de esta concepci?n, cuando entend?a que en la base de un proyecto de recuperaci?n de identidad, subyace la reivindicaci?n de un concepto de la historia, distinto al usual de entonces; "la historiograf?a oficial, no es capaz de explicar el mecanismo m?s sencillo, sino que se empantana en una empalagosa e indigesta erudici?n".

La fuerte reacci?n absolutista de Fernando VII y sus intransigentes contra aquellos primeros brotes del liberalismo constitucional de las cortes de C?diz, va a ser el marco social donde nace y pasa su primera juventud Joaqu?n Guichot. Nace en Madrid en 1820, hijo de un franc?s de Pau llegado a la Pen?nsula en tiempos de la invasi?n napole?nica, conocido por su car?cter liberal y progresista, e hijo de una malague?a, que ser? la que funde en esta familia el car?cter abierto e imaginativo andaluz, con las ideas progresistas de su marido.

Joaqu?n Guichot se quedar?a hu?rfano de padre desde temprana edad, y su familia, conocida por sus ideas abiertamente liberales, tendr?a que huir de Madrid y refugiarse en Andaluc?a, cuando las tropas de la Santa Alianza destruyen el sistema liberal y representativo. De Abril a Mayo de 1823 residir?a la familia Guichot en Sevilla, para emigrar m?s tarde, por temor a represalias, primero a Gibraltar y despu?s al Mediod?a Franc?s. Joaqu?n ingresa en el colegio de Enrique IV de Burdeos, donde tambi?n recib?an educaci?n por entonces, los hijos de los exiliados liberales de la Pen?nsula. Todos estos avatares de la infancia y juventud de Joaqu?n, van a ser los que impregnen durante el resto de su vida el car?cter progresista y liberal, y a la vez, rom?ntico del que, de forma activa, hizo gala durante toda su existencia.

A los quince a?os regresa a la Pen?nsula. Eran los d?as en que la primera guerra carlista ard?a en el Norte, y la entrada era dif?cil. Todo este ambiente y vicisitudes, propios de una ?poca rom?ntica, despertar?a en el joven Guichot la atenci?n sobre obras que hab?an sobrevivido al impulso de los a?os. Se lanza pues a estudiar viejos monumentos, pinturas, esculturas e historia; reliquias de un pasado evocativo y legendario. Ya por entonces Assa, los Madrazas, Amador de los R?os, Est?vanez y varios m?s levantan un movimiento de investigaci?n y reconstrucci?n de nuestra historia, desempolvando documentos y estudiando nuestras art?sticas. Guichot colabora activamente con este movimiento. En 1846 se instala de forma definitiva en Sevilla de donde no hab?a de salir; lo vemos reproduciendo con l?piz los detalles de antiguos monumentos y visitando todos los lugares donde pod?an existir restos del pasado. A este tiempo pertenecen varios de sus estudios de paisajes y figuras: Castillo de Alcal?, San Juan de los Teatinos, El tajo de Ronda, El molino de la Ace?a, La monta?a de los Angeles, y el Arul de Alcal? de Guadaira.

En 1848, Joaqu?n Guichot comienza a ejercer su profesi?n de periodista, entrando a formar parte de la redacci?n del peri?dico El Porvenir. Durante veinte a?os sin interrupci?n fue autor de diversas publicaciones pol?ticas, literarias, hist?ricas, sat?ricas, etc. Trabaj? en el Diario de Sevilla desde 1850, en El Centinela de Andaluc?a en su segunda ?poca (1852), en Galgo Negro, la Ilustraci?n B?tica, El Eco de Andaluc?a; en El Artista que dirigi? en 1850, en El Teatro que fund? con Asensio en 1851, y en La Andaluc?a y El Tio Clar?n por los a?os 1861-64. Era un periodista sosegado y tranquilo que escrib?a, fundamentalmente, art?culos de fondo bien nutridos de doctrina. Fue eminentemente periodista pol?tico y llen? columnas y columnas en defensa de la pol?tica liberal y en contra de los gobiernos moderados y sus medidas. Manuel Chaves cuenta de ?l que "era de aquellos que escrib?an en la redacci?n con el uniforme de ?miliciano nacional? en ratos que le dejaban libres la obligaciones de servicio, y de aquellos que en los d?as de revueltas, soltaba la pluma para correr al ?cuerpo de guardia? o a las barricadas, teniendo enfrentamientos a cada momento con las autoridades por su concepci?n de la prensa".

Durante este tiempo de periodista, comienza a ejercer lo que era su actividad preferida, los estudios hist?ricos, publicando en la prensa sevillana varios art?culos de este tipo: Rese?a hist?rica de la torre de la catedral, El dos de Mayo, La c?rcel de Sevilla. En 1869 aparece su primer tomo de Historia General de Andaluc?a, donde narra el pasado hist?rico andaluz, desde los tiempos m?s remotos hasta 1870. La obra consta de ocho grandes vol?menes y tuvo una gran acogida a su salida, siendo considerada hoy como una de las fuentes necesarias donde hay que acudir para cualquier estudio relacionado con nuestro pasado. Posteriormente aparec?a la Historia de la Ciudad de Sevilla, considerada como la m?s importante obra de Joaqu?n Guichot, y en la que sobresale su estudio sobre la Sevilla musulmana. Manuel Chaves dir?a que desde los Anales de Z??iga, no se hab?a escrito una historia tan completa, ordenada, extensa e imparcial.

En 1866 deja de pertenecer a la redacci?n del diario El Progreso y dirige la Revista Hispano Ultramarina. M?s adelante en 1874 dirigir? La Asamblea y El Eco de Andaluc?a; colaborar? adem?s en la Revista Sevillana y en la Ilustraci?n B?tica.

Era director de La Asamblea cuando, el 30 de Junio de 1874, el Ayuntamiento de Sevilla le nombra cronista de la ciudad. La Diputaci?n tambi?n le nombrar?a cronista de la provincia el 6 de agosto de este mismo a?o. En 1879 es propuesto para que ocupe una plaza en la academia de Buenas Letras de Sevilla. El 26 de Febrero de 1872 toma posesi?n de una plaza como individuo de n?mero en sesi?n p?blica.

El discurso inaugural trat? sobre el car?cter de Don Pedro I de Castilla. Guichot y Parody tuvo particular predilecci?n por este monarca justiciero. Lo trata en la Historia de Andaluc?a, en la de Sevilla, en este discurso y posteriormente en su libro Don Pedro. Se mostraba decidido partidario de este rey, al que la historiograf?a lo presentaba de forma muy contradictoria. No lo trata como una consecuci?n de las vicisitudes de su reinado, sino que coge los hechos m?s importantes y que m?s pol?micas han levantado, estudi?ndolos y analiz?ndolos con detenimiento y minuciosidad.

Con respecto a su obra hist?rica, el gran cr?tico sevillano Manuel Chaves dir?a: "Pocos, muy pocos de los defensores del hijo de Alfonso XI, han desplegado m?s ingenio, ni han apurado m?s h?bilmente cuantos detalles pudieran prestarse a su objeto como Guichot y Parody lo hizo, al relatarnos la triste historia de la reina Do?a Blanca de Borb?n, la muerte del rey Bermejo de Granada y la del infante Don Fadrique que el Alc?zar sevillano?".

El 16 de Marzo de 1906, a los 86 a?os de edad, el anciano cronista muere en la casa n?mero 5 de la calle Lirio. Hombre conocido y admirado en toda Sevilla, la prensa de la ciudad le dedica a su muerte un amplio homenaje de reconocimiento a su intensa labor.

Toda la obra de Joaqu?n Guichot estuvo animada de una clara intenci?n: el reavivar y rescatar el pasado del pueblo andaluz. Este fue el mayor m?rito e importancia de su extensa obra. Los avatares rom?nticos de su pasado, le hacen, no ya colaborar, sino ser pionero de un "movimiento de protesta general" contra un centralismo que, a ojos vista, se manifestaba totalmente inoperante. En gran medida, su obra recuerda que existi? un pasado floreciente y propio del pueblo andaluz, y esto ser?a una de las bases, junto al problema de la tierra de donde partir?a el nuevo movimiento regionalista andaluz de principios de nuestro siglo.

Hubo un pasado y una conciencia propia del pueblo andaluz, y hab?a que buscar las bases sobre las que se generase de nuevo la conciencia andaluza. Era la respuesta que Andaluc?a daba en ese movimiento de la periferia contra el centralismo borb?nico y la deficiente clase pol?tica que hab?a generado. El siguiente paso ser?a la b?squeda de un Ideal Andaluz que no s?lo revitalizara toda esa corriente socio-pol?tica e ideol?gica, que de forma subterr?nea, intuitiva o clandestina hab?a ido conservando el pueblo andaluz, sino que sentara las bases de una nueva din?mica social propia del pueblo andaluz. Esta ser?a la continuidad que Alejandro Guichot dar?a a la obra de su padre.

Alejandro Guichot y Sierra nace en la Sevilla de 1860. Ser?a como su padre, un gran estudioso y polifac?tico: escritor, dibujante, pol?tico, activista, soci?logo y gran investigador. A los diez a?os ingresa en el Instituto Provincial de Segunda Ense?anza de Sevilla donde su padre era catedr?tico. En 1877 acaba los estudios de Ense?anza Media y se matricula en la Facultad de Filosof?a y Letras de la Universidad de Sevilla, obteniendo la licenciatura en el a?o 1880. Muy pronto se incorporar?a al movimiento cultural sevillano, y lo har? participando en la fundaci?n y desarrollo de la Sociedad del Folklore Andaluz.

El folklore comprend?a para los folkloristas de esta Sociedad no s?lo lo que el pueblo sabe, sino todo lo que el pueblo cree. Distingu?an entre la ciencia y la creencia, pero hab?a que tenerlos en cuenta por igual, "y si el refr?n, en cierto modo, cae bajo la primera esfera, sin otra limitaci?n que la de que los conocimientos que en ?l se expresan no est?n ordenados sistem?ticamente, las supersticiones caen de plano bajo la segunda esfera y son un ramo interesant?simo del Floklore (?) y como uno de los aspectos m?s interesantes del Floklore precisamente es estudiar y penetrar los sentimientos del pueblo, en tal concepto, con igual raz?n, podr?a llamarse nuestra ?sociedad? el ?sentir? del ?saber popular?".

Los folkloristas sevillanos, adem?s de la recolecci?n de materiales y preparaci?n de estudios, realizaron tan activa propaganda de organizaciones folkl?ricas y fomento del cultivo de estas materias, que fue conocida no s?lo en Andaluc?a, sino en los dem?s pueblos de la Pen?nsula y en el extranjero.

El tradicionalista Men?ndez y Pelayo, dir?a en la Real Academia acerca de esta sociedad: "Lo que Fern?n Caballero hab?a realizado por instinto y sentimiento po?tico, lo emprendi? con miras cient?ficas no siempre loables, -de alguna forma tendr?a que manifestar su car?cter neoescol?stico, nacional-cat?lico y tradicionalista-, pero con un ardor y entusiasmo a toda prueba, y en una direcci?n met?dica que es justo agradecer a la Sociedad del Floklore Andaluz".

La experiencia de Alejandro en la Sociedad del Floklore Andaluz, fue decisiva en la formaci?n de su pensamiento acerca de c?mo enfocar un proyecto de Ideal andaluz. A pesar de la escasa vida que tuvo esta sociedad (algo m?s de un a?o), fue suficiente para sembrar y extender la inquietud por lo aut?ctono y popular de nuestra cultura andaluza. Su objetivo estaba en deslindar un proceso como pueblo en realizaci?n. "Con lo dicho basta y sobra ?dir?a Alejandro- para comprender los fines de esta Sociedad, a saber: recoger materiales para la verdadera historia de estas provincias, hasta ahora, no escrita todav?a (?) Por esta obra vamos a ejercer un acto trascendental?simo de justicia; por ella vamos a reconocer el derecho que tiene el pueblo a ser considerado un factor importante en la historia humana?".

El aspecto de la cultura, de las tradiciones populares, de su ciencia, de su sentir los consideraba Alejandro elementos necesarios para la reconstrucci?n del Ideal Andaluz. Hab?a que cohesionar toda la expresi?n vital y a la vez diferenciadora del Pueblo Andaluz como un arma que diera respuesta a su tan deplorable situaci?n. Para esto era necesario llegar a conocer y comprender lo que el pueblo siente o sufre, su din?mica, su mundo interior, su car?cter. Alejandro propone todo un programa de investigaci?n y estudio que permitiera llegar al fondo de estos aspectos. Era la forma de llegar al conocimiento del pueblo desde la cultura. Lo divide del siguiente modo:

- Literatura Popular que recogiera todo lo que hab?a sobre refranes, romances, canciones, cuentos, leyendas, f?bulas, adivinanzas, comedias y tradiciones en general.

- Gram?tica Popular, con locuciones, giros, frases hechas, modismos, y todo lo que se refiera al habla y fon?tica en general.

- Nomenclatura Popular. Nombres y designaciones de sitios y lugares de grupos y poblaciones, de piedras, plantas y animales.

- Mitolog?a Popular, que tratara de las creencias en general: mitos, cultos y ritos, supersticiones, manifestaciones demo-psicol?gicas, etc.

- Ciencia Popular. Se refer?a a todos los conocimientos vulgares de los oficios y de las ciencias.

- Etnograf?a Popular, que trata de las costumbres en general: usos e instituciones, ceremonias y juegos, manifestaciones demobiogr?ficas y etnol?gicas.

- Arte Popular. Estudio de las distintas artes e industrias.

Para la realizaci?n de este programa, y para que su labor fuese productiva, Alejandro era consciente de que necesitaba contar con el concurso, no s?lo de eruditos y literatos, sino tambi?n, y de forma especial, de toda la gente del pueblo, de obreros y representantes de todas sus ciudades y pueblos. A ellos se dirige: "...obra de verdadera trascendencia social, porque nos lleva a reconocer a todos los hombres sin distinci?n de clases, partidos ni opiniones, en ella caben todos y a todos llamamos a llevarla a cabo; todos tienen t?tulo de andaluces o de vivir bajo este hermoso cielo, derecho a ocupar un puesto en la Sociedad del Folklore Andaluz; a todos acudimos porque todos nos son necesarios...". Hab?a que salvar la contradicci?n que ve?a Alejandro en que "una cosa era lo que el pueblo sabe y hace de por s?, y otra cosa lo que nosotros deducimos y sabemos del pueblo".

Alejandro se encarg? fundamentalmente del estudio de las supersticiones populares, apareciendo su primer libro de investigaci?n folkl?rica con el t?tulo de Supersticiones populares andaluzas. M?s tarde, en 1922, escribir?a un verdadero manual para el estudio del folklore, titul?ndolo Noticia hist?rica del Folkore. Trabajar?a activamente en las secciones de Dibujo y Mitolog?a de esta Sociedad, y desarroll? una intensa labor de propaganda, viajando por varios pueblos y ciudades andaluzas, extendiendo esta inquietud y organizando Sociedades provinciales y locales.

El proyecto era ambicioso y se planteaba a largo plazo. Toda esta recopilaci?n de materiales y de tradici?n oral exig?a la formaci?n de un amplio equipo de folkloristas de la cultura andaluza como Machado Alvarez, Cejador, Jos? Gestoso, Sales y Ferr?, Javier Lasso de la Vega, Antonio Garc?a Blanco, Luis Montoto y varios m?s animaron activamente este proyecto desde sus comienzos, pero, imperativos de siempre, la gran aberraci?n con que la dictadura de Primo de Rivera trataba el desarrollo de la cultura y m?s, de las culturas aut?ctonas, impidieron tal realizaci?n. El control gubernamental de esta dictadura pudo frenar y hacer desaparecer estos centros de cultura, m?xime cuando ve?an claro que la existencia de la cultura del pueblo andaluz, llevar?a a plantear problemas pol?tico-auton?micos.

La experiencia que Alejandro tuvo en esta Sociedad, le sirvi? para definir su proyecto de Ideal Andaluz, recogi?ndolo en dos art?culos que public? en los n?meros 1? y 2? de la revista B?tica. Para ?l todo ideal de pensamiento elevado y bien sentido tiende a dos resultados principales: a la mejora de los caracteres que deben ser perpetuados (reforma), y al modelo de los nuevos que deben ser introducidos (renovaci?n). Cuando se re?nen reforma y renovaci?n, el ideal es completo. Pienso, adem?s, que cualquiera que sea su posici?n entre los linderos extremos, opuestos, de la pr?ctica y de la utop?a, con m?s o menos relaciones de presente o m?s o menos tendencias de futuro, siempre el ideal de una luminosa y atrayente direcci?n intelecto-afectiva de perfecci?n. En tanto no llega el proceso de realizaci?n, el ideal es meramente filos?fico; cuando, interviniendo la voluntad, se va realizando, el ideal resulta sucesivamente hist?rico.

Para Alejandro, un ideal total de vida, de alternativa social, hab?a existido en la ?poca andalus?; "hubo ideal potente ?escribe-, de vida total ?rabe-andaluza, que termin? en el siglo XV (?). Despu?s de la conquista de Granada, el ideal ?rabe andaluz deca?do, qued? oculto, como aspiraci?n de represalia y de renacimiento, en el coraz?n de los musulmanes bautizados a la fuerza, moriscos, que vivieron en la sierra granadina en el siglo XVI hasta que fueron destruidos unos y expulsados otros a principios del siglo XVII? Posterior a dicho ideal ?subraya-, hubo ideal cristiano de conquista del suelo andaluz, que termin? con su objeto en el siglo XV." Despu?s no ha habido manifestaci?n alguna de ideal andaluz, exceptuando la situaci?n pol?tico-administrativa de 1873.

En la actualidad no exist?a un ideal sentido de forma externa en el pueblo andaluz, pero subyac?a en el "exilio nost?lgico y emocionante de algunas comunidades andaluzas norteafricanas o ubicados en comunidades sefarditas", pero sobre todo, "en Andaluc?a y en su pueblo hallamos factores psicol?gicos y art?sticos tan importantes cuanto que son productos directos del car?cter andaluz y bases para el ideal. De estos factores, algunos escapan a la funci?n de la llamada conciencia colectiva de masas, conserv?ndose tradicionalmente unos no comprometi?ndose otros por la muchedumbre, quedando solamente para los cerebros de los pensadores; pero todos ellos son susceptibles de crecimiento y de acci?n intensiva sobre otros, y as? constituyen materia a discernir entre lo que se deba retirar y lo que pueda servir de elemento de integraci?n de ideales".
Alejandro ve?a que en la actualidad de su tiempo, no estaban conformados todos los elementos que hicieran del Ideal Andaluz una voluntad de transformaci?n y regeneraci?n, pero ante la pregunta de que si este ideal se pod?a formar, dec?a: "?es indudable que la respuesta debe ser afirmativa. En tanto un pueblo vive es posible la formaci?n de sus ideales de reforma y de renovaci?n, con los elementos b?sicos con que cuente y con los elementos b?sicos con que cuente y con los que cree, en la doble acci?n din?mica de lo existente hist?rico y de lo concebido futuro. El pueblo andaluz vive, trabaja y desea, luego es posible la formaci?n de ideales particulares y de ideal andaluz".

Para la formaci?n de este ideal, Alejandro ve?a la necesidad de profundizar en las especifidades y particularismos del pueblo andaluz; y como consecuencia hab?a que tener en cuenta la influencia del medio natural, social e hist?rico. A este respecto dir?a: "?como compendio de aspiraciones y gu?a de actividades que desean conseguir productos de la din?mica social, e ideal de un pueblo susceptible de las influencias del medio ambiente natural, del territorio habitado, del suelo y del clima y de la naturaleza toda, del espacio, que en conjunto es una unidad com?n y fija; y m?s directamente el ideal experimenta las acciones b?sicas del medio ambiente social, o sea del complejo pol?tico, gobierno, leyes, historia, que es el tiempo, la unidad externa y variable, y del complejo ?tnico, raza, idioma, costumbres, artes, ciencias, el sujeto ?ntimo, la unidad interna y permanente?".

Esta psico-sociolog?a del Ideal Andaluz que para Alejandro se concreta en algo tangible, de acuerdo con las influencias del medio natural, social y del propio individuo andaluz, suponen, tanto para ?l como para los regionalistas de su ?poca, un concepto claro de que las autonom?as o los procesos de los pueblos no se pod?an asentar sobre el uniformismo u homogeneidad que ?curiosamente como ahora- conceb?a el Estado central, sino que deb?an de estar sujetas a la propia voluntad del pueblo andaluz y a su libre autodeterminaci?n.

El sujeto creador de este ideal s?lo pod?a ser el pueblo andaluz, dependiente de su expresi?n hist?rica en el tiempo y de su perfeccionamiento en el futuro; "?ese ideal ?dir?a- tiene que ser sentido y moldeado por los andaluces y desenvuelto en el territorio de Andaluc?a, puesto que sin andaluces ni Andaluc?a el ideal ser?a de otros sujetos o de otras regiones? y no ser?a ideal andaluz. Base necesaria, pues, del ideal andaluz, y de los ideales andaluces que se conciban o se formen, es el car?cter andaluz; importando mucho para el estudio, ver d?nde se haya expresado el car?cter, seg?n antecedentes hist?ricos y manifestaciones reales, y c?mo hemos de confirmarlo?".

Ante la pregunta de c?mo iniciar la formaci?n de este ideal o c?mo convertirlo en una voluntad transformadora, Alejandro refiere: "procurando que hablen y convengan y se re?nan los amantes del ideal y las voluntades se traduzcan en oleadas de propaganda, que lleven el entusiasmo a los lectores y a los oyentes de toda Andaluc?a. H?gase el libro iniciador del ideal andaluz, conteniendo las voces de presencia de Ja?n, Almer?a, Granada, Sevilla, C?diz, Huelva, C?rdoba y M?laga. Re?nanse en acto solidario los representantes andaluces, en congreso nacional? acu?rdese un programa ejecutivo y sea llevado por los representantes a las ocho capitales de Andaluc?a, para que de ellos irradie el ideal a todos los municipios, y comience en la conciencia popular la labor de cerebro y de coraz?n que exigen las grandes transformaciones sociales, cuando hay energ?as suficientes para vencer obst?culos y elevar las obras a la espl?ndida esfera de los brillantes ideales sentidos".

Como muchos de los intelectuales de su ?poca, Alejandro ve?a que una de las mejores armas para enfrentarse a ese estado social de indiferencia o a ese gran atraso cultural a que el centralismo hab?a sometido al pueblo andaluz, era la ense?anza. A ella se dedica con insistencia, no sin encontrar continuos choques con los estamentos oficiales, como ?l mismo refiere en algunas ocasiones.

De 1884 a 1891 estuvo al frente de la escuela de aprendices de la Fundaci?n de artiller?a. All? ense?? Aritm?tica, Geometr?a, Proyecciones y Dibujo Industrial.

Termin? esta ense?anza en 1891 por diferencias de criterios en una disposici?n dada por el coronel director, como el mismo refer?a en una conferencia dada tiempo m?s tarde en esta misma escuela. "No m?s que esto ?dir?a- motiv? la desavenencia: por parte del director, la natural reserva militar en que se mantuvo; por mi parte, un exceso de energ?a y car?cter. Y as? perd? aquella ense?anza".

Posteriormente en 1895, y tras diecisiete a?os de asiduo trabajo, perdi? tambi?n la plaza de auxiliar?a de las clases de dibujo del Instituto de Segunda Ense?anza, "no por exceso de energ?a de car?cter, -dir?a-, sino por una de las reformas de ense?anza, que en aquellos d?as se hac?a a granel por los gobiernos".

A partir de 1900 comenz? a perder la ense?anza que daba en las Academias Preparatorias y en la esfera particular; ?l mismo dir?a, "Comenz? a hacerse el vac?o alrededor de m? por elementos tradicionalistas, la acci?n tan general y tan usada en estas sociedades humanas de desv?o por las diferencias de doctrinas, hasta que se anul? mi trabajo y me vi privado de la ense?anza retribuida?". Esta adversa situaci?n, no debilitar?a su inter?s por la ense?anza. "Pero no se ha podido evitarme ?contin?a- la ense?anza gratuita, la de labor social que hace a?os dedico al pueblo trabajador andaluz; labor social y de instrucci?n de materias de Historia, de Filosof?a popular, de Sociolog?a, de pol?tica social".

Su actividad cultural se extender?a a otras esferas, pero dando siempre prioridad a la labor educativa. Socio fundador del Ateneo, del que fue secretario en la primera Junta Directiva, trabaja intensamente en el desarrollo de este centro al que considera necesario para la promoci?n y extensi?n de la cultura. Aprovecha tambi?n esta instituci?n para continuar su actividad pedag?gica. Miembro del Partido Republicano Federal, utilizar?, tambi?n, los centros republicanos como plataforma de instrucci?n de los obreros.

Su actividad educadora estuvo siempre acompa?ada de una activa participaci?n en la pol?tica. Desde su juventud universitaria empieza a mostrarse como arduo pol?tico, destacando su actuaci?n en las tertulias de El Porvenir, donde se reun?an los elementos m?s progresistas. Persona muy conocida en la vida sevillana, y considerando como uno de los m?s prestigiosos miembros del Partido Republicano, tuvo que ceder a la insistencia para presentar su candidatura a las elecciones municipales por la minor?a republicana.

Elegido concejal, destac? con una actitud de intransigencia contra la corrupci?n administrativa y caciquil que por este tiempo imperaba en los ayuntamientos. "Para el cacique ?dir?a- no hay m?s ley que la orden que recibe de Madrid. Amparado por el gobernador, no repara en la acci?n de toda suerte de fracciones legales y de toda clase de delitos. Se falsifica, se roba, se encarcela. Al terminar unas elecciones, los enviados del poder central, son perfectamente presidiables. Pero ante los delitos electorales, la justicia se cruza de brazos y se da as? al pueblo esta tremenda lecci?n de impunidad?". Desde su concejal?a impulsa, tambi?n la labor social y educativa. Su estancia en el Ayuntamiento ser?a corta; tuvo que presentar su dimisi?n, convencido, quiz?s, de la imposibilidad de una actuaci?n coherente y transformadora en un organismo anulado totalmente por la pr?ctica caciquil del poder central. Un periodista de la ?poca comenta su dimisi?n como un caso de "asfixia moral".

Fuera del Ayuntamiento, el inter?s de Alejandro por la ense?anza no disminuye, al contrario, proyecta uno de sus planes m?s ambiciosos de ense?anza popular: la creaci?n de una Universidad Popular Andaluza. "En Enero de 1905 ?dir?a en una de sus conferencias-, reunidos en comisi?n un doctor en Medicina, tres licenciados en Derecho (uno de ellos director de un popular diario), y un licenciado en Letras, proyectamos constituir una liga de amigos de la ense?anza para organizar una Universidad Popular?". Los comienzos no estaban exentos de un gran entusiasmo y actividad, "?publicamos las bases, celebramos sesiones p?blicas preparatorias y comenzamos los trabajos de organizaci?n?". A pesar de que todos los andalucistas de esta ?poca colaboraron activamente con el proyecto, la gran escasez de medios y los grandes obst?culos oficiales, dieron al traste con ?l.

Equiparable en intensidad a la labor educativa, fu su actividad literaria, publicando gran n?mero de obras, folletos y art?culos diseminados en varias publicaciones: trabajos de folklore dedicados fundamentalmente a Sevilla, C?rdoba y Granada, varias monograf?as hist?ricas, manuales y estudios pedag?gicos, obras de municipalizaci?n con estudios sobre la vivienda, el agua y reformas que necesitaba la ciudad de Sevilla. Entre sus obras publicadas destaquemos la Ciencia de la Mitolog?a, en 1903; la Antroposociolog?a, 1911; Como habla Anci?n, 1913, que es una visi?n cr?tica sobre diversos aspectos de las sociedades civilizadas. Obras dedicadas m?s concretamente a Sevilla: Una pinacoteca sevillana, 1922; y en sucesivos a?os salieron los dos tomos de El Cicerone de Sevilla, compendio del arte sevillano desde las manifestaciones arquitect?nicas hasta la artesan?a de bordados y encajes.

El 16 de Febrero de 1835, el ayuntamiento de Sevilla le otorga el t?tulo de Hijo Ilustre de Sevilla. Ese mismo a?o, con ocasi?n de las fiestas de la Rep?blica el 14 de Abril, el gobierno le conced?a la Banda de la Orden de la Rep?blica. Siendo Presidente de la Confederaci?n Hidrogr?fica del Guadalquivir, muere en 1941 con ochenta y dos a?os.

Su gran capacidad de trabajo, austeridad e integridad est?n animados por un mismo motivo, su amor a la tierra y al pueblo andaluz. Inmerso en el movimiento regeneracionista de su ?poca, lo interpretar? desde la ?ptica que le da su conciencia andaluza: trabajar para sacar a Andaluc?a de su estado de atraso y marginaci?n, para convertir el Ideal Andaluz en una voluntad hist?rica del Pueblo Andaluz. A ello dedica su larga vida, y de la forma radical que ?l entend?a: "?en todas las manifestaciones de la vida social ?dir?a-, lo que aparece hoy revolucionario resulta ma?ana normal y corriente. La marcha sucesiva de la sociedad, de la historia, de la vida, no permite quedar al sol con los brazos cruzados, y obliga a trabajar necesariamente tanto m?s cuanto que se acercan momentos de hondas transformaciones sociales".
De la labor investigadora sobre nuestro pasado que realiz? Joaqu?n Guichot, Alejandro sacar?a sus propias conclusiones: "?as? como cuatro siglos de historia nacional, de historia nacional equivocada, ha hecho de nuestro pueblo (?) un pueblo sumido en el atraso, influenciado por el elemento clerical y la pol?tica de medro, que llevaron como natural consecuencia grandes da?os en todos los ?rdenes de la vida a nuestras provincias?".

Su labor en pro de la cultura popular no se detiene. Colabora en la fundaci?n de la Casa del Pueblo, constituida el 5 de Febrero de 1905 y de la que es nombrado Presidente Honorario. "Parte del plan de conferencias ?dir?a- ideado para la proyectada universidad, fue aplicado, en a?os sucesivos, en la grande cooperativa de consumo obrera denominada Casa del Pueblo, que inici? pens?ndola como escuela de educaci?n popular (?) Contin?e la labor de conferencias educativas, principalmente, en los gremios obreros y los centros populares a instancias de los mismos?". M?s adelante, en 1922 colabor? en la fundaci?n del Ateneo Popular junto con otros andalucistas como Jos? Andr?s V?zquez, Mu?oz San Rom?n, y Blas Infante. Con este ?ltimo le uni? una estrecha amistad por sus afinidades ideol?gicas.

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Publicado por NASOINAN @ 16:49  | Biografias
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