Jueves, 27 de diciembre de 2007
Poeta.
Naci? en Sevilla, entre 1514 y 1517 y muri? en M?xico en 1556
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La corta vida de Gutierre de Cetina se inicia en el barrio de Santa Mar?a la Blanca, dentro de la aljama de Sevilla y en la confluencia de las dos juder?as: la de Santa Cruz y la de San Bartolom?, barrio donde vivir?a algunos a?os su padre, Beltr?n de Cetina cuando, procedente de Alcal? de Henares, hab?a venido a vivir a Sevilla
.


Poco tiempo despu?s contrajo matrimonio con Francisca del Castillo, sevillana que habitaba en esa colaci?n y, que a juzgar tambi?n por el apellido, es probable que fuera de origen morisco. Ya hemos hecho menci?n en otras partes de c?mo era frecuente en la Andaluc?a de entonces el que cristianas nuevas se casaran con cristianos viejos, libr?ndose as? los hijos del estigma de ser andalus?es. El matrimonio, a juicio de Haza?as debi? vivir en una casa de la calle Santa Mar?a la Blanca, en la esquina con la de San Jos?.

La familia del poeta ten?a una posici?n desahogada, m?s que por los bienes del padre ?una casa y algunas tierras de labor en Alan?s, que quiz?s nos indiquen su ascendencia de mesnadero castellano- por los de la madre, lo que nos confirma lo que hemos dicho de los casamientos mixtos. Gracias a esto, el padre pudo entrar en los c?rculos de administraci?n sevillana y tener a su cargo, desde 1536, el cobro del almojarifazgo mayor de la ciudad. Sabemos asimismo, que la familia pose?a esclavos: cuatro enviados desde Am?rica por los hermanos de Francisca del Castillo, y, dos con anterioridad, aunque no podemos saber si lo eran en realidad o si se trataba de una estratagema bastante com?n entre los andalus?es: la de que familias acomodadas acogieran bajo su tutela, pero encubriendo el hecho bajo el de ?compra?, a personas andalus?es que por s? solas no pod?an evitar el ser perseguidos por su origen.

Si traemos a colaci?n todas estas observaciones es, ?nicamente, para intentar que se comprenda mejor la esencia de la poes?a de Gutierre de Cetina, una esencia que parte de ra?ces muy andaluzas a nuestro entender, aunque la literatura oficial haya enclavado siempre a nuestro poeta en la llamada Escuela de Garcilaso. No podemos olvidar que Cetina ser? un basamento important?simo de lo que, a partir del a?o 1580, ser? la Escuela Sevillana o, m?s propiamente, Escuela Andaluza de poes?a.

Es probable que el poeta iniciara su formaci?n en el Colegio de Santa Mar?a de Jes?s, reci?n fundado por Maese Rodrigo Fern?ndez de Santaella, cursando en el mismo Humanidades. Y es tambi?n probable que recibiera una educaci?n esmerada por parte de su madre en todo lo referente a las tradiciones po?ticas y musicales y en la asimilaci?n del alma popular andaluza, que mantendr?a en el ?nimo del poeta, durante toda su vida, un amor por Andaluc?a y una conciencia de la opresi?n y las desigualdades:

?Por qu? hizo Fortuna desiguales
sus leyes ?Por qu? es rico un avariento?.
?Por qu? mendigan tantos liberales?.
...?Para qu? es ocupar la fantas?a
en desear mandar, y en grandes cargos
andar embebidos noche y d?a?
Los a?os de los ricos, ?son m?s largos,
Por aventura, o viven m?s quietos,
O muertos no han de dar de s? descargos?
??Cu?l rico hay que no tenga mil cuidados
m?s que yo, que el temor de caso adverso
no interrumpe mis sue?os reposados?


Despu?s de realizar estos estudios, Cetina comienza a dedicarse a las dos aficiones que cubrir?an su vida, aunque parezcan dif?cilmente compatibles: el amor y la guerra. Pacheco nos dice de ?l, ?diose despu?s de sus estudios el arte militar, en que fue no menos valiente Soldado que extremado Poeta, si?ndole tan agradable la caxa de Marte como la viguela de Apolo?. Sin embargo, hay que constatar que el amor es el protagonista principal?simo de su poes?a, aunque los objetivos de ese deseo cambien.

Ando siempre, se?or, de pena en pena
de llanto en llanto y de no en otro fuego:
ni por andar, ni por tener sosiego
dolor afloja o mi fortuna es buena.


Es por estos a?os cuando se enamora de su primera se?ora, la que nombra en sus composiciones como D?rida, un amor que durar? hasta que el poeta, ya metido en la maquinaria de la administraci?n de Carlos I, marche a la Corte de Valladolid y su amor tornadizo encuentre una nueva mujer a quien amar: Amar?lida.

D?rida, hermos?sima pastora
cort?s, sabia, gentil, blanda y piadosa
?cu?l suerte desigual, fiera, rabiosa,
pone a mi libertad nueva se?ora?
El coraz?n que te ama y que te adora
?qui?n lo puede forzar que ame otra cosa?
?Amar?lida es m?s sabia o hermosa
que t?? No se. Contempla esta alma ahora?


Gutierre se aburre mortalmente en la corte de Valladolid y recuerda constantemente a Andaluc?a, imponi?ndole ?l mismo el nombre po?tico de Vandalio. Con ocasi?n del viaje de su gran amigo, el Duque de Sessa a Sevilla, el poeta escribe:

Selenio, pues que vas do vengo agora,
antes do siempre estoy, do ir quisiera
cuando a ver llegar?s la gran ribera
del Betis que por tanto se honora?


La estancia en Valladolid s?lo dura un a?o y al siguiente lo encontramos en Italia, sirviendo de ayudante a Fernando Gozaga y Francisco Duarte, su paisano. Su viaje a aquellas tierras se deber?a, probablemente, a la creaci?n de la Liga contra los turcos formada por los venecianos, la Santa Sede, y el Imperio espa?ol. En ella, Andrea Doria era el almirante de la escuadra y Fernando Gonzaga el general en jefe de los ej?rcitos en tierra. La Liga comenz? y termin? mal porque el Emperador Carlos no puso mucho ?mpetu en la empresa, consider?ndola, y quiz?s no sin raz?n, una trampa que le tend?a Francisco I a trav?s del papado para que desguarneciera sus posiciones en Centro Europa.
En todo el per?odo, Gutierre de Cetina hace varias veces de correo entre Italia y Valladolid, trabando en estos viajes amistad con distintos c?rculos literarios, especialmente con los de Barcelona, donde, para no variar, se enamora de una dama que hab?a visto asomada a una ventana. Parece como si en Cetina se reviviera la imagen del moro Muza.

?dejando en cada balc?n
mil damas amarteladas
.

En 1543, Cetina cambia el mediterr?neo por el Rhin: el Emperador comenzaba su cuarta guerra contra el rey de Francia, Fernando Gonzaga era nombrado capit?n de los ej?rcitos y nuestro poeta marcha tras ?l en la campa?a que acabar? en la Paz de Crepy, una vez derrotado Francisco I. Su lira deja el amor por una temporada y se dedica a cantar la guerra, aunque a pesar suyo.

Gran tiempo ha procurado
de no contar en verso los loores,
aquel pecho esforzado,
aquellos guerreadores,
que de Alemania triunfan vencedores.


Regresa a Italia dos a?os despu?s, en 1545, y su musa vuelve a ser la de siempre. Entra en relaci?n con los c?rculos po?ticos de Palermo, en Sicilia, que animan los pr?ncipes de Ascoli, Luis de Leiva, al que dedica ocho sonetos y una ep?stola, y lleva adelante una estrecha relaci?n po?tica con Jer?nimo de Urrea a quien llama Iberio en sus composiciones. Como siempre, una nueva dama aparece en su horizonte: Laura.

En grande ociosidad, en gran sosiego
mi vida tal cual es pasar sol?a
envuelta en su suave antiguo fuego,
cuando por ocupar la fantas?a
en ejercicio honesto y virtuoso
y para divertir el alma m?a,
propuse, de atrevido y de curioso,
un lauro cultivar que hab?a plantado,
casi a la par cruel cuanto hermoso?


Es casi seguro que Laura fuera, en realidad, la Condesa Laura Gonzaga, un objetivo demasiado alto para sus posibilidades y despu?s de un viaje ?probablemente su primer viaje a M?xico- encuentra que la dama lo ha olvidado.

Hall? el jard?n do lo dej? plantado,
Solo, est?ril, sin ?l, inculto, extra?o,
?como si all? jam?s hubiera estado!


Para ir a M?xico en este primer viaje, Cetina tuvo que pasar por Sevilla, y aunque su permanencia en la ciudad fuese corta hizo su amistad con Baltasar de Alc?zar y Jorge de Montemayor. Es posible que en esta ocasi?n decidiera volver a su patria cuando se le presentara la primera oportunidad, cosa que hizo despu?s del regreso de Am?rica y de terminar sus asuntos en Italia. ?I llamandole su Divino Ingenio se volvi? a su Patria a
la quietud de las Musas, estuvo retirado gran tiempo en su Aldea fuera de Sevilla, a d?de hizo gran parte de las obras que oi parecen suyas??, dice Pacheco en su libro.

Parece como si nuestro poeta, despu?s de tantos a?os de aventuras y de continua movilidad, necesitara un reencuentro con sus ra?ces, con su tierra. Frecuentemente, en los libros cl?sicos de la literatura, se describe a Cetina como uno de los prototipos del hombre renacentista: poeta, soldado, m?sico?, con un sentido t?pico de la realidad y del arte. Este concepto tiene en Andaluc?a un sentido distinto porque el renacimiento andaluz es un renacimiento distinto, y de este sentido distinto si que pensamos que es Cetina un abanderado.

Es necesario partir de la realidad de una cultura andaluza truncada en los a?os de la conquista y la colonizaci?n de Al-Andalus Nort, Occidental y Nort oriental, con el ?xodo de gran parte de la poblaci?n culta y yugulada definitivamente con la conquista del reino nasr? de Granada y la proscripci?n de toda su civilizaci?n. En el campo de la literatura y de la poes?a ?como en el de la m?sica-, exist?a una profunda contradicci?n entre lo que los andaluces sab?an que hab?an tenido y lo que pod?a hacerse a partir de la situaci?n colonial, puesto que si el pasado hab?a sido grandioso, los medios de la ?poca eran ?nfimos.

Por eso, cuando tiene lugar el resurgir cultural del Renacimiento, se produce, de forma relativamente masiva, el fen?meno de las escuelas andaluzas en todos los terrenos art?sticos. No se trata solamente de que el genio andaluz resplandezca al entrar en contacto en Italia con una cultura floreciente; es que florece de nuevo la vieja cultura andaluza al contacto con los medios que tomados de Al-Andalus siglos antes pone Italia a disposici?n de estos artistas. Creemos que Cetina, por ejemplo, encontr? en Palermo o Mil?n la manera de poner en pie su propia est?tica, m?s que la est?tica italiana. Estas caracter?sticas se notan, incluso m?s, en el terreno de la m?sica, a la que era tambi?n muy aficionado nuestro autor y que practicaba en la academia que se hab?a formado bajo la direcci?n del pintor Pacheco, suegro de Velazquez, y de la que formaban parte adem?s, Baltasar del Alc?zar, Fernando de Herrera, Crist?bal de Mosquera y Figueroa, Crist?bal de Sayas y Alfaro, Manuel Rodr?guez, Antonio de Vera Bustos, el ciego Pedro de Madrid, Luis de Vargas, Bernal, Juan Vasquez, Alonso de Mudarra, Navarro, Ceballos, Jer?nimo Peraxa, Francisco Guerrero?

La m?sica que realizan todos ellos se distingue por su misticismo y a la vez, por su sencillez impregnada de esencias populares, de gracia, luminosidad y dulzura andaluzas, sin dejarse impresionar por las corrientes extranjeras, particularmente por la italiana, aunque eran ampliamente conocidas por todos ellos.

Por otra parte, es evidente que muchos cr?ticos y autores de literatura, han usado y abusado en demas?a de las influencias italianizantes de los poetas andaluces del Renacimiento, olvidando ?o no sabiendo-, que la propia literatura italiana y el mismo dolce stil nouvo estaban impregnados del ritmo y la cadencia de la poes?a andalus?; ignoran ?quiz?s- que por debajo del tronco italiano est?n las ra?ces del zejel y que s?lo la escuela andaluza y Fernado de Herrera tendr?an la osad?a de criticar al intocable Gracilazo, porque fue en Andaluc?a donde naci? el verso endecas?labo, los tercetos, los versos de pi? quebrado? la m?trica aunque muchos andaluces, cuatro siglos despu?s, no lo supieran.
Gutierre de Cetina reencuentra de nuevo a Andaluc?a en su retiro de Castilleja de la Cuesta o Los Molares. Y cuando Baltasar del Alc?zar se queja de lo aburrido que es la vida en el campo.

De alli me vo otro rato, con el peso
de la ballesta al hombro, procurando
porque quede el zorzal herido o preso
Al fin, sin saber nada, voy pisando
el enojoso surco del arado,
que es causa de ir un hombre tropezando


Nuestro poeta le contesta cont?ndole la vida de una Sevilla convertida por el Imperio en centro del mundo y de la corrupci?n.

?Los que gobiernan son los gobernados,
y, si no de sobornos, de interese,
de amigos, de parientes, de privados?
?Qu? dir?, pues, Se?or de los cohechos,
los robos y maldades de escribanos,
sus hurtos, son diab?licos provechos?
Sabios llaman aqu? los cautelosos;
el fraude se bautiza con prudencia;
los que traidores se llaman ma?osos?


En una ciudad que comienza a ser la nueva Babilonia, Gutierre de Cetina no tiene mucho que hacer. Le sobra la Casa de Contrataci?n que es, precisamente, donde su padre trabaja y le sobra, por lo tanto, todo. Para encontrar nueva razones de ser y de vivir marcha por segunda ?y definitiva- vez a M?xico. Debi? seguir escribiendo en Nueva Espa?a porque son muchas las alusiones a una obra dram?tica suya, que, desgraciadamente, se ha perdido, con lo cual nosotros nos perdemos a otro autor dram?tico.

En M?xico encuentra de forma casual la muerte, a manos de un tal Hernando de Nava que quer?a agredir a Francisco de Peraza, acompa?ante de Gutierre y que hiri? al poeta por equivocaci?n. A Navas le cortaron una mano, despu?s de haberle conmutado la pena de muerte, pero Gutierre de Cetina qued? all? en M?xico sin haber podido volver a ver el Guadalquivir y sin posibilidad ninguna de ser envuelto en su seno paterno, como quer?a en una de sus composiciones cuando penaba por un amor no correspondido.

De la incierta salud desconfiado
mirando como va, turbio y furioso
Betis, corriendo al mar, dijo lloroso
Vandalio, del vivir desesperado:
Recibe ?oh caro padre! este cansado
cuerpo de un hijo tuyo, deseoso
de hallar en tus ondas el reposo
que neg? la fortuna a mi cuidado.

Tags: Andalucia, Historia, andaluces

Publicado por NASOINAN @ 17:58  | Biografias
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