Viernes, 28 de diciembre de 2007
Ibn Massarra

Muhammad ibn Massarra es uno de los primeros maestro del pensamiento y la filosof?a en el mundo isl?mico, partiendo de presupuestos del conocimiento del Din del Islam y filos?ficos, de acuerdo con las formas gn?sticas y unitarias. Vivi? en un per?odo de importantes transformaciones a nivel de identidad y cultura en Al-Andalus (883-931), marc?ndole profundamente, tanto en su metodolog?a como en los fundamentos de sus reflexiones.

Ya en su adolescencia supo rodearse de un importante c?rculo de amigos y disc?pulos. La heterodoxia de sus ense?anzas despertaba graves sospechas entre los sabios y pensadores unitarios m?s dogm?ticos, dando lugar a enfrentamientos que terminar?an cuando emprendi? un largo viaje al Oriente.


Con el triunfo de la revoluci?n isl?mica en Al-Andalus, y ya en tiempos de ?Abd al-Rahm?n III, volvi? a su patria andaluza, pasando el resto de su vida en un retiro de la Serran?a de C?rdoba, dedic?ndose a la ense?anza e iniciaci?n de un grupo reducido de disc?pulos.

De acuerdo con el pensamiento de Ibn Massarra, sus fundamentos filos?ficos formar?an escuela a partir de Emp?docles, y sus teor?as acerca del origen de la materia, del origen de la existencia. Se apoyar?a, de igual forma, para su punto de partida e intento de explicaci?n comprensiva de la existencia como problema filos?fico, en Plotino y Arist?teles, a los que sigui? con gran conocimiento. En su teor?a acerca de la existencia, mantiene Ibn Massarra que en todo lo creado (a partir del axioma de la creaci?n) existe algo paciente o receptor que se hallar?a frente al actor creador en s?. Ese algo paciente puede ser comparado, de forma simb?lica, con una materia, a partir de la cual estar?a hecho el mundo. O con otras palabras, y para evitar el grav?simo error teol?gico de pensar la posibilidad de que un dios creara el mundo a partir de algo existente fuera de ?l, afirma que la realidad es el acto puro y la recepci?n pura, inseparables dentro de la esencia divina, enfrent?ndose en la existencia finita. Todo ello caracterizar?a a las criaturas, es decir, a lo finito o creado. Acto y recepci?n, acci?n y pasividad, etc?tera, se diferencian, como polos extremos, entre los cuales se desarrollan las criaturas. De todo ello se deduce que el acto puro estar?a siempre del lado de la unidad. Como una luz que parte de una fuente, mantiene una acci?n el polo receptor comparado a un espejo que refleja dicha luz, o como un medio que la refracta. Todo ello ser?a la ra?z de la pluralidad. A esta materia originaria, o fuente original, se la conoce en griego con el t?rmino hyle y hay?la, en ?rabe, que entre otras cosas viene a significar la conocida distinci?n griega antigua entre forma y materia, que a su vez ser?a pl?sticamente formulada a modo de ejemplo art?stico, donde una forma existente en la mente es posible imprimirla en una materia moldeable (por ejemplo, la estatua). De todas formas, y a partir del pensamiento de Ibn Massarra, entendemos que todo ello no debe inducir a figurarnos la materia original como algo material, tal y como hoy lo comprendemos; ya que en este aspecto sigue de cerca a Arist?teles, el cual manifest? que la materia original en s?, antes de tomar una forma, no es ni visible ni imaginable. Evidentemente, con ello, Arist?teles s?lo har?a referencia a la materia original de la vida, de este mundo; con mayor raz?n, para afirmar este mismo criterio, acerca de Ibn Massarra, dado del car?cter filos?fico de su pensamiento y su concepci?n de Allah y el Universo.

Es su teor?a acerca de los polos activo y receptivo, los cuales en sus diferentes relaciones van creando todo un universo y jerarqu?a de grados de existencia, que resultar?a de la determinaci?n mutua entre estos polos: de las nupcias del polo puramente activo con el puramente receptivo nace, como primer grado, una realidad relativamente activa, frente a la cual se halla, como segundo grado, otra realidad relativamente receptiva (figurativamente podr?amos hablar de una forma materializada y de una materia informada); las nupcias de los polos se van repitiendo de forma gradual hasta llegar a la materia, aunque de una forma relativamente receptiva, que dar?a lugar ?seg?n esta teor?a- a la base del mundo f?sico, y que fue llamada por los fil?sofos latinos materia signata quantitate. Con todo ello, los dos polos primeros, el acto puro y la materia original, permanecer?an siempre iguales a ellos mismos: la materia original, pues, ser?a, hablando en t?rminos esot?ricos, la madre fecunda y siempre virgen del universo.

En su intento de explicar el origen del mundo y las cosas a partir de la materia original, Ibn Massarra har?a uso de la conocida par?bola de los polvitos solares, que se remontan a ?Al?, yerno del profeta, que har?a precipitar en el Isl?m gran parte de las f?rmulas filos?ficas y sufies. Esta par?bola dice que sin la irradiaci?n del Sol, que cae sobre las part?culas de polvo suspendidas en el aire, ?stas no podr?an aparecer visibles, y sin las part?culas de polvo los propios rayos solares no se distinguir?an en el aire; ?stas se corresponden a la materia original que, en s?, sin el reflejo de los rayos del Sol, a imagen de la luz divina, carecer?an de entidad. Gracias a esta par?bola, la doctrina de la materia original recibe un sentido que va mucho m?s all? del horizonte exclusivo de la filosof?a, en cuanto est? se halla ligada al pensamiento deductivo. En ?ltima instancia, la par?bola de las part?culas de polvo iluminadas por el sol se refieren al concepto del conocimiento de la unidad e indivisibilidad de Allah. Importante cuesti?n ideol?gica que conllevar?a las sucesivas transformaciones pol?ticas y culturales que dar?an como logro la revoluci?n de los andalus?es en Al-Andalus. A nivel ideol?gico, era la pugna entre la concepci?n unitaria de Allah y de la divisi?n trinitaria de Dios cristiana. As? pues, en el pensamiento de Ibn Massarra vemos la imagen de un andaluz unitario inserto en la vor?gine de los acontecimientos revolucionarios isl?micos que, por su nombre, ya es un fiel reflejo de la arabizaci?n y la islamizaci?n de la B?tica, y que en su pensamiento deductivo ha traspasado el simple campo del gnosticismo hacia una comprensi?n intelectual del Islam.

Podremos comparar, al hacer referencia a Dante Alighieri, c?mo la doctrina de los grados de existencia y su representaci?n figurativa, ser?an posteriormente utilizadas tambi?n por los cristianos del Renacimiento, siendo fieles seguidores de las ense?anzas del andaluz Ibn Massarra. Como eslab?n espiritual intermedio aparece un escrito latino, de autor cristiano desconocido, cuyo ?nico ejemplar conservado se encuentra hoy en Par?s, pero, seg?n todos los indicios, fue compuesto en Al-Andalus y copiado en Bologna hacia finales del siglo XII. Describe ?ste la ascensi?n del alma a trav?s de las esferas celestes, dando al mismo tiempo un panorama esquem?tico del universo, donde los diferentes elementos de la cosmolog?a ?rabe y andalus? aparecen en su justo lugar. A simple vista, la obra parece describir el viaje del alma a la otra vida, al m?s all?; pero en realidad, de lo que se trata, al igual que en la Divina Comedia de Dante, es de la ascensi?n del esp?ritu contemplativo a trav?s de todos los estados del ser y de la conciencia hasta llegar al origen divino.

Lo que ha confundido a los investigadores modernos del manuscrito es la circunstancia de que la jerarqu?a de los cielos astron?micos, que ?como en los cosm?logos ?rabes- son diez; son interpretados de tres modos distintos, aparentemente contradictorios: primero como grados de la perfecci?n humana o de la virtud contemplativa, la segunda vez como grados del puro conocimiento del Creador y la tercera vez ?con sentido negativo y por un orden invertido- como precipitaci?n gradual del alma en estados de esclavitud y desgarramiento. Esta triple interpretaci?n se explica del modo siguiente: seg?n Avicena, corresponde a cada uno de los cielos astron?micos tanto un grado del alma universal como un modo de conocer el intelecto universal; al mismo tiempo los cielos astron?micos son expresi?n de fuerzas naturales que dominan este mundo terrenal y que tiene para el alma que les es entregada necesariamente un car?cter fatal y tir?nico (Burckhardt, T.: La civilizaci?n hispano-?rabe, pp. 169-173).

Existe un esquema que ilustra el manuscrito, donde los estados del mundo f?sico, ps?quico y espiritual se representan todos de un modo continuo y en un mismo nivel formando c?rculos conc?ntricos. El c?rculo exterior de esta jerarqu?a lleva el t?tulo: El primer efecto, el primer ser creado, el origen de todas las criaturas, en el cual est?n contenidas las criaturas. Ello no significa otra cosa que el esp?ritu universal (r?h al-kull) o la primera facultad cognoscitiva, el intelectus primus latino (al-?ql al-awwal) de los cosm?logos musulmanes. De alguna forma, el criterio cristiano tambi?n quedar?a se?alado aqu?, y se tratar?a del reflejo inmediato del logos en la creaci?n. En el exterior de este c?rculo encontramos dos c?rculos m?s, estando marcado el interior de ?stos con la denominaci?n de forma original (la forma in potentia de los latinos), que se refiere al polo activo o generador del universo. Ello recuerda particularmente la doctrina de Ibn Gabirol y tambi?n el hecho de que por encima de todos los c?rculos se encuentre la leyenda: Voluntad del Creador como se?alando la ?ltima raz?n de la existencia.

Por encima del sistema geom?trico de los grados de existencia, encontramos la imagen del Cristo entronizado, cuyos pies son tocados por los c?rculos m?s altos y las figuras humanas que ascienden hacia ellos. La posici?n sui generis que ocupa la obra, su papel como eslab?n que une al mundo cristiano-unitario y gn?stico, con la revoluci?n andalus? musulmana en Al-Andalus.

Continuando con su biograf?a ser?a su padre, comerciante aficionado al marazilismo, quien le iniciar?a en estos estudios teol?gicos y filos?ficos. Entre otras tantas acusaciones que a sus ense?anzas se le hicieron, especialmente se le atribuye la herej?a motazil, que atribuye la libertad humana, la causalidad de todos los actos y que niega, al mismo tiempo, la existencia del infierno; todo ello, unido a la conflictiva situaci?n por la que atravesaba el emirato de ?Abd All?h, debido a la revuelta de Ibn Hafs?n, que originar?a la condena del emir, lo que motivar?a, como ya se?alamos, su huida de Al-Andalus, so pretexto de una peregrinaci?n (Hayy) oficial a la Meka acompa??ndole en el viaje dos de sus m?s fieles disc?pulos.

Tras su regreso a C?rdoba, de nuevo buscar?a aislarse con sus disc?pulos en un retiro de la Sierra de C?rdoba (en la que construy? una habitaci?n).

De esta suerte, continu? exponiendo su pensamiento a los iniciados que formaban parte de su escuela, a los que revel? grandes secretos. Uno de ellos, Ibn ?Abd al-M?lik, se las ingeniar?a para escribir una copia subrepticia de la obra de su maestro, que m?s tarde publicar?a, originando ?sta una grave denuncia de herej?a por parte de los faqu?es mas ortodoxos, aunque no ha llegado a nosotros noticia alguna de que fuera condenado.

La obra de Ibn Massarra no s?lo ser?a pol?mica en Al-Andalus; transcendi? a todo el mundo ?rabe. Su obra, como tal no ha llegado a nosotros, pero sin embargo, conocemos el t?tulo de dos de sus importantes escritos: Libro de la explicaci?n perspicua y Libro de las letras, en los cuales expone y defiende su sistema, bajo la apariencia musulmana del motazilismo y del sufismo batim?- seg?n As?n Palacios.

Tags: Al-Andalus, Andalucía, Historia, andalusíes

Publicado por NASOINAN @ 16:42  | Biografias
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