Viernes, 28 de diciembre de 2007
?ITIMAD

Por A. MEDINA MOLERA

Caminaban los hombres, descuidados y pensativos, -escribe Hagerty- por la orilla del Guadalquivir a la vista de extensos olivares cerca del campo de la Plata. Les agrad? aqu?l sitio porque pod?an mirar a las j?venes lavando la ropa en el r?o, pues era uno de los lugares acostumbrados para aquellas tareas. Estaban encantados con la vida y con su propia conversaci?n, empapada de graciosos donaires po?ticos que uno empezaba para que el otro terminara. Al sentir un repentino soplo de aire uno de ellos, el m?s bajo, versific?:

?El viento tejiendo loringas en las aguas
?.


Se volvi? a su compa?ero esperando que lo completara. Mas por primera vez esa ma?ana el m?s alto vacil? unos instantes en rematar el verso con alguna genialidad. Los dos fueron sorprendidos por una dulce voz femenina que pronunci? las siguientes palabras sin que vieran qui?n las dec?a:
?Que coraza si se helaran!

Acabando as? perfectamente el hemistiquio. Al verla, reconocieron en ella una muchacha de extraordinaria belleza, sobre todo, por sus hipn?ticos ojos l?nguidos, se maravillaron sobremanera. Descubrieron que se llamaba Rumaykiya, la esclava del arriero Rum. M?s tarde en su casa, Rumaykiya recibe una invitaci?n para acudir a palacio del pr?ncipe heredero, Muhammad Ibn ?Abbad, reci?n llegado de Silves donde gobernaba en nombre de su padre. En la casa real, entre fuentes y jardines, Mohammad revel? a la joven su prop?sito de casarse con ella. Rumaykiya adopt? el nombre de ?Itimad aunque despu?s no la llamar?an m?s que al-Sayyidat-al-Kubra, la Gran Se?ora.

De candorosa conversaci?n, gozaba de salidas felices, r?plicas vivas e ingeniosas, gracia natural, jovialidad y travesuras infantiles. Sus caprichos y ocurrencias llegaron a ser noticias que motivan diversos comentarios y las cr?ticas de los fakies. Se recuerdan como an?cdotas simp?ticas, que en cierta ocasi?n quiso Rumaykiya contemplar la nieve, y, al-Mu?tamid, llen? de almendros las laderas de la sierra de C?rdoba, para que la esperada poes?a de sus blancas flores, impregnara de tranquila lujuria todos los poros de su sensualidad.

En otro momento, y cuando ?Itimad llevaba varios a?os como favorita de al-Mu?tamid, que la amaba con ardiente pasi?n, cuentan que se asom? un d?a por la ventana del palacio y vi? a algunas mujeres pisando barro para preparar ladrillos. Esto le record? sus d?as de mozuela cuando sol?a hacer lo mismo y se quebr? en sollozos nost?lgicos. Pidi? a su marido, con gran demostraci?n de enfado, que quer?a hacer lo mismo. Al-Mu?tamid mand? traer grandes cantidades de almizcle y ?mbar. Luego dio orden que se mezclara todo con agua de rosas, az?car y canela en el patio. En este ?barro? Itimad pis? alegremente en compa??a de sus amigas e hijitas.

Con este comportamiento al-Mu?tamid no hizo m?s que lo que hubieran hecho casi cualquiera de aquellos andalus?es de haber tenido riquezas y poder. Se?ala Hagerty que de esa manera ?encarn? el sentimiento del reino entero con su deliciosa largueza e imaginaci?n?. No obstante, los fakies culpaban a ?Itimad de haber arrastrado al emir sevillano a los placeres y voluptuosidad m?s lujuriosos; e incluso en su fanatismo, culpaban tambi?n a nuestra poetisa de la falta de asistencia los viernes a las mezquitas as? como del desmesurado gusto de los andalus?es por el vino. Ella no echaba cuenta de aquellos jueces que tanto hab?an de influir en la ruina de los ?abbadies y de al-Andalus, y al-Mu?tamid no se preocupaba tampoco sino de tenerla siempre contenta:

I - Invisible a mis ojos, siempre est?s presente
en mi coraz?n.
T - Tu felicidad sea infinita, como mis
cuidados, mis l?grimas y mis insomnios.
I - Impaciente al yugo, si otras mujeres tratan
de impon?rmelo, me someto con docilidad a tus deseos m?s insignificantes.
M - Mi anhelo, en cada momento, es tenerte a mi
Lado: ?Ojal? pueda conseguirlo pronto!.
A - Amiga de mi coraz?n, piensa en m? y no
me olvides aunque mi ausencia se larga.
D - Dulce es tu nombre. Acabo de escribirle, acabo
de trazar estas amadas letras: ITIMAD.
(al-Mu?tamid)

Los almor?vides apoyados por los fakies fueron apoder?ndose de los emiratos andalus?es. La ciudad de Sevilla fue ocupada en el a?o 1091, con gran resistencia por parte del emir y sus hijos. Prisionero al-Mu?tamid con su familia, fue trasladado a T?nger. El pueblo de Sevilla le daba el ?ltimo adi?s en la siguiente escena descrita por Ibn Labbama:

Vencidos tras valiente resistencia, los pr?ncipes fueron empujados hacia el nav?o. La multitud se agolpa a las orillas del r?o; las mujeres se hab?an quitado el velo y se ara?aban el rostro en se?al de dolor. En el momento de la despedida ?cu?ntos gritos!, ?oh extranjero! Recoge tus bagajes, acopia tus provisiones, porque la mansi?n de la generosidad est? ahora desierta ...

En aquella existencia africana triste y dolorosa, Itimad al-Rumaykiya y sus hijas se ganaban la subsistencia hilando, y s?lo conocieron alg?n consuelo con las visitas de poetas amigos agradecidos de al-Andalus, tras la invasi?n del pa?s por los b?rbaros contrarreformadores del desierto norteafricano.

Tags: Al-Andalus, Andalucía, Historia, Al-Mutmid, andalusíes

Publicado por NASOINAN @ 17:20  | Biografias
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