Viernes, 28 de diciembre de 2007
Por A.MEDINA MOLERA

Parece ser que era de origen cordob?s, aunque las referencias m?s interesantes de su vida y ense?anza como suf? las encontramos en Sevilla.

Con residencia en la Sevilla de los ?Abbad?es?, vive el proceso de formaci?n y madurez del emirato sevillano y destaca en el Islam por su conocimiento del Din ?Camino del Islam-. Es uno de los engarces m?s interesantes de la sabidur?a, logrando desarrollar toda una experiencia y una teor?a acerca de la revelaci?n trascendental
.


De una suprema formaci?n en el Din de Islam, fue un gran testimonio que contribuye al ?xito manifiesto de las escuelas gn?sticas andalus?es. Gustaba de acudir a la Mezquita mayor de Sevilla ?situada en aquella ?poca en el lugar que hoy ocupa la iglesia del Salvador- para recitar Cor?n y hacer Salat (postraci?n del musulm?n cinco veces al d?a).

Era la mezquita mayor sevillana objeto de una especial vigilancia y atenci?n administrativamente hablando. Cuenta Ibn ?Abd?n que hab?a un maestro alba?il de plantilla, que se encargaba continuamente de las reparaciones necesarias en la f?brica interior de la mezquita; otro tanto hac?a con las salas de abluciones que visitaba con frecuencia para repararla. Hab?a tambi?n tantos almu?danos como puertas, y, adem?s, otros dos: uno, para que se coloque, en cada oraci?n, al lado del que hace de im?n y vaya transmitiendo a los otros musulmanes en voz alta cu?ndo deben decir ?Allah es grande?, o inclinarse, o prosternarse (se trata del takbir, del ruku y del suchud, los tres pilares del salat en el Islam); y otro, para que se colocara al fin de la nave central y fuera anunciando en voz alta lo que hayan de hacer los que hacen el salat ( en el patio o en las galer?as) y est?n demasiado lejos para o?r la voz del primer almu?dano, que es el que est? cerca del imam. El sahn y las saqa?if, eran galer?as en alto, como una especie de tribunas a lo largo de los muros de la sala de oraciones y del patio de la mezquita.

Este servicio especial lo hac?an por turnos, hasta el viernes, d?a en que situaba un almu?dano en cada una de las puertas de la mezquita mayor, para hacer que los musulmanes que hacen el salat en los atrios pronuncien la invocaci?n ?Allah es grande? a continuaci?n del imam. El n?mero de los imames era de seis, con car?cter permanente, seg?n el n?mero de las inclinaciones de los salat supererogatorias del mes de ramad?n, llamadas al-asfa, de suerte que cada uno dirig?a por turno el salat.

Aquella primera mezquita mayor sevillana contaba con tres hombres fijos para el cuidado de los alrededores, del alumbrado y el acarreo del agua. El agua era transportada a la primitiva mezquita entre el salat del mediod?a y el fin del salat del ?asr.

Pero, volviendo a nuestra biografiada, Ibn al-?Arab? nos la presenta como uno de sus grandes maestros, sintiendo por Nuna F?tima especial reconocimiento; dice de ella:

"Cuando la conoc? ten?a ya m?s de noventa a?os. S?lo se alimentaba de restos de comida que la gente le arrojaba a su puerta; com?a muy poco. Pero cuando estaba sentado a su lado, sent?a reparo de mirarle la cara, tan florecientes eran sus mejillas, tan atractivo era su rostro a pesar de sus noventa a?os? Podr?a haber sido tomada por una joven de catorce a?os, tan delicado y gracioso era su aspecto?

Sol?a decir: ?De todos los hombres que vienen a verme no me agrada ninguno excepto ?ste? ?con ello se refiere a Ibn al-?Arab?-. ?Y por qu? eso?, se lo preguntaba y ella contestaba: ?Todos los dem?s entre vosotros s?lo me visit?is con una parte de vosotros mismos, dejando las partes restantes con sus negocios, su casa, su familia, s?lo este Muhammad Ibn al-?Arab?, mi hijo y mi consuelo, cuando viene hacia m?, est? con todo su ser; si est? sentado aqu?, est? totalmente presente, no deja nada de su alma en ninguna parte, y as? hay que ser en esta v?a espiritual??

En cierta ocasi?n comentaba:
Me asombro de aquel que dice que ama a Allah y al mismo tiempo no est? contento con El, siendo as? que Allah es el ?nico objeto de su mirada, pues en cualquier cosa que miren sus ojos, s?lo le ven a El, sin que El se escondiera un solo momento ante su vista. ?C?mo pueden afirmar esas gentes que aman a Allah y llorar al mismo tiempo??. Despu?s se volvi? hac?a Ibn al-?Arab? y dijo: ?Y tu, hijo m?o, ?qu? dices de lo que acabo de decir??. Le contest? ?Madre, tu dices lo que has de decir?.

De gran conocimiento y de profunda sensibilidad espiritual, lleg? a desconocer la separatidad gracias a su fusi?n con la sabidur?a del Uno, abarcando todas las ciencias que expresan del modo m?s directo la Unidad de la Realidad.

Un d?a cuando est?bamos reunidos -dice Ibn al-?Arab?- entr? de repente una mujer en la vivienda y me dijo: ?Hermano m?o, me han contado que mi esposo se encuentra en Jerez de Sidonia (Jerez de la Frontera), ha tomado mujer all?. ?Qu? te parece??. Yo le conteste: ??Deseas que regrese??. Contest?: ?S?. Acto seguido me volv? hacia la maestra y dije: ?Madre, ?oyes lo que dice esta mujer??. Ella contest?: ??Y qu? es lo que tu deseas hijo m?o?? Yo dije: ?Que tu atiendas su deseo que tambi?n es el m?o, es decir, que regrese su esposo?. Entonces exclam?: ??O?r es obedecer!. Enviar? la Fatiha (la primera azora del Cor?n) hacia ?l y me encargar? que traiga a casa al marido de esta mujer?. Empezando luego a recitar conmigo la primera azora del Cor?n, le dio figura visible. Entonces me di cuenta del alto rango espiritual, pues, mientras recitaba la azora, ?sta tomaba poco a poco una forma material, aunque fuera et?rea. Despu?s de haberla dado forma, o?r decir a la madre: ?Oh Fatiha, vete a Jerez de Sidonia a buscar al marido de esta mujer. No le dejes en paz hasta que venga contigo?. No hab?a pasado todo el tiempo que se requiere para hacer el camino, cuando el marido lleg? adonde estaba la mujer. En seguida la maestra tom? un pandero y empez? a tocarlo en se?al de alegr?a. Yo le pregunt? que por qu? hac?a eso y ella me dijo: ?Por Dios, me siento verdaderamente feliz de que El se preocupe tanto de mi; y ?qui?n soy yo para que tal se?or me haya preferido a todos los hijos de mi especie?. Juro por la gloria de mi se?or y maestro, que El vigila con tanto celo mi amor, que resulta imposible medirlo. En efecto, si jam?s fijo por una distracci?n mis ojos en una cosa creada para buscar apoyo en ella, mi Se?or nunca deja de afligirme con alg?n sufrimiento precisamente por aquella criatura en que hab?a fijado la mirada. M?s tarde me permiti? ver otros milagros del mismo tipo. No dej? de servirle con mis propias manos; levant? una caba?a de juncos justo del tama?o de su cuerpo. Ah? vivi? hasta la muerte. Sol?a decirme: ?Soy tu madre divina y la luz de tu madre terrenal??

Tags: Al-Andalus, Andalucía, Historia, Sufís, Ibn Al-Arabí, Islam

Publicado por NASOINAN @ 17:33  | Biografias
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