Mi?rcoles, 16 de julio de 2008

Los Engarces de la Sabiduría

 

Traducido por primera vez del árabe al castellano por el intelectual musulmán y sevillano, Abderrahmán Mohamed Maanan.

 


Reproducimos el Prólogo.

 

 

Todavía, hoy, se estudia al Doctor Maximus como a un espíritu puro o ente de razón. Sus biografías son, en general, trabajos muy incompletos y escasamente razonables, incluido el más reciente de Claude Addas, no obstante ser de los más seriamente investigados. Los trabajos de sus biógrafos en lengua árabe, son como mal menor, amables laberintos muy ricos en anécdotas y fantasías; todo, menos estudiar de forma fiable a Ibn al-'Arabi: gigante del pensamiento y del espíritu, de profundas raíces históricas, con identidad cultural concreta y universal; no tanto visto de lejos cuanto visitado de cerca. Queremos con esta breve introducción biográfica, senderear las riendas del viaje nocturno sobre Ibn al-`Arabi, alejar algunas nebulosas sobre nuestro autor y su país de origen, su entorno cultural, social y político; aproximarnos, en definitiva a su particular arqueología de saberes y genealogía personal.

 

PAISAJE Y PAISANAJE

 

En la época que ocupa a nuestro autor, Al-Andalus es un país islámico administrado por los Almohades o Unitarios. Dicha administración bereber no logra recuperar la conquistada marca Central con capital en Toledo; no obstante, se logra frenar la presión de los cruzados cristianos, manteniendo la integridad territorial del país con todas las provincias o Koras, según la terminología geográfica en árabe: Murcia, Jaén, Granada (Elvira), Almería, Málaga (Rayya), Ronda (Tacoronna), Calsena, Shidunna (Medina Sidonia), Morón, Sevilla, Carmona, Ecija, Córdoba, Badajoz, Niebla, Ocsonoba (Huelva), Silves y Beja; además de la Marca Oriental por Játiva y con capital en Valencia (Sharq Al-Andalus), que gozaba de plena autonomía administrativa e independencia cultural; siendo la única que sobrevive en esta época, ya que tanto la Marca Occidental, como la Central habían sido conquistadas por los cruzados.

Pero Al-Andalus es indivisible desde su protohistoria del conjunto de los pueblos bereberes del Estrecho de Gibraltar: es decir, de toda la región norteafricana donde a partir de la cantera bereber, se forma una identidad cultural y civilizatoria común: Tartésides, turdetanos, ibéricos, bereberes, andalusíes o andaluces, no designan etnias ni culturas diferentes, sino épocas históricas sucesivas en el seno de una misma civilización e identidad bereber.

Esta unidad e interrelación entre los Pueblos del Estrecho aparece también con protagonismo histórico: Córdoba fue la capital del Califato andalusí y toda berbería hasta la Curva del Níger (Gao) hizo suyo este califato y esta capital.

Todo el Maghreb tenía sus empresas comerciales en Al-Andalus y viceversa. Relaciones análogas existían entre ciudades como Córdoba y Kairwuan, Sevilla, Marraquesh, Granada, Fez, Tlemcem, etc.

 

En los Pueblos del Estrecho maduraron también, lentamente, los temas capitales de la espiritualidad ulterior: Trascendencia y sentido del más allá de la vida, Unidad y Unicidad del Único, El: Profetismo revelando la voluntad de El, el Único: y la Ley, cuyo prototipo originario sería el código de Hammurabi, transmitido a todo el Norte de Africa y a Tartessos gracias a relaciones comerciales y culturales muy intensas con el Creciente Fértil; junto al impulso que daría Akhenaton hacia 1350 antes del cristianismo, en la difusión de la gran visión unitaria del mundo y la Trascendencia, que había penetrado ya en Egipto desde el siglo XVI del actual calendario universal, gracias a los Hyksos.

 

Entre los Pueblos del Estrecho, la gran civilización unitaria no va a ser defendida por ejércitos profesionales, sino por una cultura que permite civilizar incluso a sus vencedores y asimilarlos. Las relaciones entre sedentarios y nómadas, y esta capacidad de apertura e integración se expresan ya en la epopeya de Gilgamesh (el Noé sumerio), también patrimonio común de los Pueblos del Estrecho: no debemos olvidar que según todas las fuentes sumerias, el profeta Noh (Noe), llegó al extremo occidente, las tierras del Estrecho de Gibraltar.

Asimismo, los Pueblos del Estrecho van a ser lugar propicio al florecimiento de la filosofía unitaria y el pensamiento escriturístico: Patria de Tertuliano, de Clemente, de Orígenes, Cirilo, Arrio, Agustín, Isidoro, Leandro, Don Oppas, entre muchos otros. También los Pueblos del Estrecho van a ser gracias al Islam una tierra propicia y fecunda para el encuentro de la filosofía y la Trascendencia, de Oriente y Occidente, en una síntesis y nueva dialéctica prodigiosa, en la figura ejemplar del Shej al-Akbar Muhyi l'din Muhammad ibn 'Ali ibn Muhammad al-Arabi al-Ta'i al-Hatimi Al-Andalusí, que será meta y punto de partida, donde filosofía y sufismo serán fundidos en el pebetero de su genio. En este sentido, y como síntesis previa, merece especial renombre y reconocimiento la figura del gran Shej Abu Median Al-Andalusí, de quien Ibn al-'Arabi dice ser humilde discípulo.       

 

Con la revolución islámica en Al-Andalus, toda la zona de Murcia adquiere un gran nivel de organización y desarrollo, dando claras muestras de estructuras urbanas que administran amplios territorios; manifestación de esta creatividad urbana es la fundación de la propia capital, Murcia, ciudad musulmana por excelencia que junto a Orihuela y Lorca, van a destacar en las proximidades del litoral. La ciudad de Cartagena había perdido importancia durante la dominación romana, recuperando de nuevo su categoría como puerto. En las cuencas intermedias sobresalen Mula y Cieza; en las tierras más interiores Yecla, Jumilla, Hellín y Caravaca; y en el mismo borde de la meseta aparece Alcaraz.

Junto a la mayoría de estas poblaciones, en particular las orientales, el desarrollo de las grandes huertas irá acompañado de núcleos urbanos y de actividades artesanales, industriosas y de un fuerte comercio. Cada núcleo de población aprovecha las aguas posibles para establecer una huerta: Lorca, por ejemplo, con las aguas del Guadalentín; Mula, las del río del mismo nombre; Caravaca, las del Argos y unas cercanas fuentes cársticas. Pero las huertas más importantes se crean junto al curso de mayor caudal, el Segura. Así nacen las huertas de Calasparra, Cieza, las del Valle de Ricote y Molina de Segura; y entre todas destaca la de Murcia, siendo en la época musulmana cuando adquiere su conocida expansión y desarrollo.

 

POBLACION

 

La ausencia total de censos fiables, junto a la indiferencia de los geógrafos de la época en cuestiones demográficas, hacen muy difícil cualquier tentativa seria de cifrar la población de Al-Andalus en estos períodos de su historia. Pero, lo que sí parece estar claro, es el componente particularmente homogéneo de la población andalusí. Ni los árabes se asentaron jamás en la Península Ibérica, ni tampoco fueron sirios ni yemeníes los llegados, ni formaron castas cerradas, ni se organizaron nudos familiares ni tribales, ni escogieron las mejores tierras, ni ocuparon las funciones más destacadas en la administración islámica de Al-Andalus, como suele contarnos la historiografía formal; ni hubo conquista, insisto, ni árabes, ni nada que pudiera parecérseles.

 

Con la llegada a la administración islámica primero de los almoravides y después de los almohades, el intercambio cultural bereber entre los Pueblos del Estrecho alcanza nuevas cotas. Es un tópico la imagen que de los bereberes de Africa del Norte se ha venido dando, como rústicos y groseros personajes, masivamente reclutados como mercenarios por los Califas y Emires; ella es una imagen falsa. Encontraremos a numerosos maestros espirituales de Ibn al-'Arabi entre esos bereberes del Norte de Africa que alcanzaron extraordinarias sabiduría y sensibilidad. La vecindad cultural entre andaluces y norteafricanos nos sitúa en un territorio mutuo de cultura semejante, con bellezas y excelencias comunes, nada despreciables. Respecto a Ibn al-'Arabi, como ejemplo más directo, la mayor parte  sus biógrafos coinciden que su ascendencia por línea materna era bereber del Norte de Africa. Por línea paterna, sin embargo, se comete un gran error siguiendo el sistema de parentesco patrilineal a partir de los apellidos citados en árabe, equívoco que ha provocado la confusión de todos sus biógrafos que vienen considerando a Ibn al-`Arabi como a un andalusí de origen árabe, lo que ha propiciado tan grave error. La leyenda dice tener por ancestro en la línea paterna a un personaje legendario llamado Hatim  al-Ta'i, famoso por sus virtudes caballerescas literarias. Debemos suponer que tomar este nombre en su línea paterna debió ser en sentido metafórico, llevado a reivindicar una ascendencia con nobleza, ya que para los musulmanes en general, los nombres de Hatim y Al-Ta'i se convirtieron en sinónimos de generosidad y de Amor Udri.

En cuanto a la forma correcta de la nisba de nuestro shej al-Akbar, es en realidad Ibn al-`Arabi y no Ibn 'Arabi como generalmente es llamado para distinguirlo del qadí sevillano o Muhaddith. Tampoco el tener la nisba Al-Arabi, significa que fuera árabe o de origen árabe, más bien todo lo contrario; el amor por el Sello de los Profetas, Muhammad (s.a.s.), de origen árabe, permite que se busque una aproximación a esta nobleza y línea profética, es por ello la preferencia por nombres árabes con relación al Profeta Muhammad (s.a.s.), su familia y compañeros. En Marruecos, pe ejemplo, cientos de rifeños y otros bereberes portan los nombres de 'Arabi o al-`Arabi, siendo claramente bereberes. Por el contrario, no se utilizan apenas estos nombres entre los llamados propiamente árabes, ni tampoco en las tradiciones genealógicas orientales. Por ello, debemos concluir, que Ibn al-`Arabi fuera originario de Al-Andalus en su genealogía paterna, siendo por tanto bereber de Al-Andalus, como los bereberes del Rif, Atlas, Kabilia, etc., forman culturas de esta civilización común a los Pueblos de Estrecho.

No existen datos fiables del origen árabe de nuestro autor ni de ningún asentamiento del clan yemenita de los Banú Tayy en los territorios de Al-Andalus. Los apuntes utilizados por arabistas e historiadores como Bosch Vila en su «Sevilla Islámica», pp. 24-43; y Levy-Provencal en su Historia general carecen de total fiabilidad, pues se fundan en las narraciones de Ibn Hazm Al-Andalusí y de Al-Maqqari, que son totalmente legendarias y metafóricas. No se puede aceptar como fuente histórica para los acontecimientos de comienzos del siglo VIII, la Jamhara de Ibn Hazm que es del sigo XII, o las Analectas de Al-Maqqari que son del siglo XVII y carecen ambas de toda fiabilidad.

 

En la ciudad fortaleza de Murcia nace en 1165/560 Ibn al-' Arabi, el mismo año que los almohades cercan la ciudad. ¿Qué función ocupa la familia de nuestro Shej en la administración del emir andalusí Sa'd Ibn Mardanish?. Ninguna fuente, según sabemos, precisa nada al respecto. No obstante, debió ser su padre un alto dignatario en dicha administración, ya que el día 7 de noviembre de 1172 (18 de rabí de 568) llega a Sevilla con su familia junto a los hijos de Ibn Mardanish, sus familiares y los más destacados miembros de la anterior administración en Murcia; Abu Yaqub Yilsuf, emir almohade, establece este séquito en el antiguo palacio del emir de Sevilla y en las casas contiguas. No siendo ello suficiente, al parecer, adquiere casas en la misma capital, pagando un precio justo; son dotados de las condiciones necesarias para que gozaran de bienestar. Sevilla, en aquellos años, se había convertido en la capital de toda la administración almohade. Parece ser que el ambiente familiar que disfruta Ibn al-'Arabi es de gran tolerancia y amor por la sabiduría. Su propio padre, según narra el mismo Ibn al-`Arabi, fue un hombre de cultura que practicó la tolerancia y respetó la pluralidad en el propio ámbito de la familia. Su pubertad y juventud estuvieron rodeadas de toda suerte de permisividad, sintiendo una profunda inclinación y amor por la poesía y la literatura en general, gozando de veladas poéticas y hermosas fiestas. Tras una grave enfermedad y otros acontecimientos familiares -entre ellos, la muerte de su padre-, es alterada su plácida existencia: Ibn al-`Arabi advierte un reencuentro radical con el pensamiento y la trascendencia; se inicia en el camino sutil del sufismo y el desarrollo de la belleza trascendente. «Un día, relata Muhy Din, abatido por una grave enfermedad, en pleno estado de coma del que me creyeron muerto, me encontré rodeado de seres de aspecto horrible que pretendían devorarme. Surgió entonces una persona en mi favor, poderosa, que exhalaba un delicioso perfume, defendiéndome y logrando vencerlos. ¿Quién eres tú? le pregunté. Aquel ser extraordinario me respondió: Soy la sura Ya-sin, yo te protejo. Luego recuperé el conocimiento.

 

La familia de Ibn al-`Arabi tuvo importantes antecedentes en esta tradición unitaria de amor al Dín del Islam y la práctica del sufismo. Conocemos al menos a tres de sus tíos que se distinguieron en este camino de conocimiento: Abu Muhammad Abd-Allah Ibn Muhammad Al-`Arabi Al-Ta´i del lado paterno, Abu Muslím Al-Jawlani y Yahia Ibn Yughan del lado materno. Todo ello muestra que la vida de nuestro Shej al-Akbar, su forma de ser y hasta su manera de vivir más cotidiana, forman parte de una genealogía concreta andalusí, que le vincula con una genealogía de sufismo y sabiduría, incluso como particular tradición familiar. Ibn al-`Arabi participa también, a lo largo de su vida y su obra, del sentido y la conciencia de que la sabiduría y trascendencia no emergen en acrisoladas academias o táriqas, ni surgen espontáneamente de la sensibilidad y disposición de la voluntad de privilegiados actores sociales; sino de la oscura, inquietante e interesada ingerencia de los pioneros del conocimiento entre grandes colectivos y comunidades unitarias. Ibn al-`Arabi no fue ningún converso. Es un gigante del pensamiento y el espíritu rechazado o desconocido en su autoexilio oriental por coetáneos y detractores. Uno de los grandes que apuntan una meridiana orientación unitaria en la emergencia continua del Dín del Islam.

 

 

Desde el punto de vista jurídico de las tradiciones en el Islam, Muhy Din participa de las evidencias y postulados de las grandes corrientes refieren los andalusíes Ibn Hazm Al-Qurtubí e Ibn al-`Arif, lo que le lleva a continuar configurando la genialidad específica del unitarismo musulmán andaluz.

En cuanto a la filosofía, Ibn Ruhsd (Averroes), va a suponer en nuestro joven excepcional, la reproblematización de la filosofía como tal, injertándose en la radicalidad unitaria de la tradición andalusí, que siguiendo una inevitable arqueología de saberes, nos conducirá, sin duda, por el consciente social en el que se gestan estas extraordinarias categorías todos los pueblos del Estrecho; entretejiéndose en autores unitarios clásicos como Arrio, Prisciliano, Don Oppas, etc.

El sufismo de Ibn al-`Arabi tiene su antecedente en el venero o alfaguara de Abu Median al Andalusí, nacido en Cantillana, Sevilla, muerto es Tlemcen, Argelia. De la fontana de Abu Madian van a surtirse gigantes de la humanidad como Francisco de Asís, Maestro Ekhart, Buenaventura„ Shej Abd Al-Kader, la Escuela Shadili, y nuestro Shej al-Akbar Ibn al- `Arabi. la metodología unitaria que hace del hombre una realidad vertebrada consigo mismo, con los otros hombres, con toda la naturaleza, fundidas en la trascendencia con los ritmos del universo; son los lazos que entretejes la obra akbariana, de todos sus autores precedentes y la posteridad, constituyendo una gran genealogía del saber.

De todas formas ¿habrá que decir que Ibn al-`Arabi resulta inclasificable en cualquier reducto de disciplinas establecidas?. Sin duda, en la medida que supone un trabajo y experiencia innovadora que atraviesa la filosofía, la jurisprudencia, la historia y el propio sufismo. Sin duda, puesto que supone una voluntad de transgresión de cualquier discurso y de los mecanismos de poder que el propio saber conlleva. Pero, sería falso deducir de todo ello espiritualismo, relativismo o cualquier otro «ismo» que llevara a situar su historia y reflexión en una tierra de nadie -fuera de la historia y tierra que lo ha hecho posible y en la que resulta inteligible-, o disecarlo como pretenden algunos fuera del Islam, como si se tratara de un exótico y solitario ejemplar occidental que sólo tendría cabida en un apartado de heréticos o heterodoxos.

 

La historia y biografía de Ibn al-`Arabi es la historia afinada de Al-Andalus, que aproxima a una mejor comprensión de la específica dinámica interna del Islam, de la gran civilización unitaria de los pueblos bereberes del Estrecho, partiendo de la investigación adecuada de los acontecimientos y nunca de las teorías legendarias, historicistas o ideologizadas; cuyas características principales consisten en ser suprahistóricas, alejadas completamente de la realidad y los hechos.

 

LA OBRA DE IBN AL-`ARABI

 

Trabajar en la perspectiva de la obra de Ibn al-`Arabi, más que comentar indefinidamente sus textos, exige aplicación metodológica; pero también reinsertar nuestra reflexión en el contexto de aquellas producciones intelectuales y poéticas que la dotan de sentido en la cultura y pueblo de Al-Andalus. El presente trabajo pretende proporcionar materiales que contribuyan a una mejor comprensión de la obra de Ibn al-`Arabi para el lector occidental.

La situación creada por las experiencias y movimientos islámicos en la época histórica de Ibn al-`Arabi, junto a la madurez del pensamiento musulmán y su espiritualidad, coadyuva a crear un marco conceptual y metodológico nuevo y poderoso, permitiendo a través de genios del espíritu como nuestro autor, una mejor comprensión de los problemas existentes en las complejas sociedades que le son contemporáneas. Pero lo que nos interesa señalar aquí, es que la genial aportación de Ibn al-`Arabi hunde sus raíces en la corriente de pensamiento crítico esbozado por tantos autores ya mencionados, en la perfección de una metodología propiamente unitaria, es decir, islámica. Dicha metodología además de unitaria es plural y genealógica. Ello es una crítica al etnocentrismo, la homogeneización, las idealizaciones intelectuales distanciadas o el empirismo y materialismo ingenuo. La metodología unitaria, propia del Islam, nunca ha estado distanciada de la cotidianidad que afecta a los hombres y mujeres concretos, a los ciudadanos como colectivo histórico, a los pueblos que se esfuerzan por rescatar la pluralidad, la libertad; la exigencia de aislar las tramas, definir las mutaciones y cambios de cualquier mecanismo de poder o abordar desde una metodología certera un proyecto intelectual plural.

La metodología unitaria y genealógica propia de la obra de nuestro Shej al-Akbar, es meticulosa y paciente, pero sobre todo es plural. Ibn al-`Arabi sintetiza su proyecto metodológico y de conocimiento en tres grandes dimensiones de la pluralidad:

1)        Una epistemología genealógica de nosotros mismos en relación a la Verdad, su Unidad y Unicidad, a través de la cual nos constituimos en sujetos de conocimiento.

2) Una epistemología genealógica de nosotros mismos en relación al Poder del Uno y el Único, a través del cual nos constituimos en sujetos que actúan con los demás, reconociendo nuestras limitaciones.

3)       Una epistemología genealógica de nosotros mismos en reciprocidad a la Creación y la Belleza como acción de la Unidad y Unicidad de la existencia a través de la cual nos constituimos en agentes morales de la estética.

A la primera crítica se corresponden las obras Formación de los Círculos y los Cuadros, sus Futhuhat al-Makiyah, Uqlat al-mustawfiz y al-Tadbirat al-ilahiyyat, fundamentalmente. Estas producciones se organizan en torno a un concepto que sería, sin duda, el Saber: Sólo Allah (T.A.) sabe, es la Única Realidad, y todas las cosas serían acción de dicha realidad. Único y Muchos son sólo nombres de dos aspectos subjetivos de la Realidad Única.

Correspondería a la segunda crítica el trabajo titulado Política y Trascendencia, en el que arremete contra los mecanismos de poder en que asientan las organizaciones sectarias y dogmáticas, condenando sus desmanes. A lo largo de su obra Ibn al-`Arabi nos pone en contacto de forma regular con el medio político, cultural, social e ideológico del momento histórico en que se desarrolla su existencia. La reflexión fundamental en torno a la que se articulan estos trabajos sería la organización, relaciones y administración de la Comunidad, advirtiendo de los peligros y desmanes los mecanismos de poder, de las estructuras jerárquicas. El Shej al-Akbar manifiesta que sólo Allah (T.A.) es Poderoso.

Por último, en la tercera crítica se situarían los trabajos relativos al Fusus al-Hikam e Intérprete de los Amores, que presentados en una colección de narraciones el primero y un canto de amor el segundo en cuanto a formalidad del lenguaje, se refieren a la comunicación y los deleites entre Creador y la criatura.. Esta narración va a inspirar a Juan de la Cruz, también de origen moro, para la redacción del Cántico Espiritual, de hondas raíces sufis. También pertenecería a esta crítica el libro comentario a las Perlas de la Sabiduría, que es una colección de biografías de los sufis más destacados de Al-Andalus y el Maghreb en general. En esta dimensión aborda de forma amplia la acción creativa de la persona y la Comunidad, la estética y la belleza, la cortesía y la delicadeza de vida, la sensibilidad y el amor, la Acción en el sentido más amplio.

La inspiración creadora que ejerce Ibn al-`Arabi desde su autoexilio es tierras de Oriente, se establece con una metodología radicalmente unitaria, que responde a las tradiciones más enraizadas en la cultura bereber de los Pueblos del Estrecho. Ibn al-`Arabi en cuanto que sufi se sentía muy próximo al gran shej iraní Zohrawardi, pero en cuanto a pensamiento y a la ciencia del Taohid, estaba más próximo a Ibn Rushd, ya que el sentido de la unidad y la Unicidad es mucho más radical y más unitario en la cultura andalusí y bereber que en la cultura persa o del Oriente en general. Haciendo una genealogía de Zohrawardi llegamos inevitablemente a la cultura mazdea y a su sentido de la Trascendencia. Con Ibn al-`Arabi y su genealogía de los saberes, llegamos también a los unitarios arrianos, nestorianos, al priscilianismo, junto a la historia de la filosofía unitaria que va a tener su síntesis más lograda en el genio de Ibn Rushd, como ya señalamos.

 

Su metodología unitaria es referida fundamentalmente a tres grandes apartados: El Saber, el Poder y la Acción de la Unidad y la Unicidad de la Existencia. La unicidad no puede ser entendida como una trivial síntesis teórica, una especie de suma de términos infinitos, sometida a la hipocresía de la entidad matemática del límite. Tampoco es una síntesis teórica que se ofrece como racional y concebible, en cuanto en la práctica es manejable; proclamándose al mismo tiempo como teóricamente inasequible a toda concepción. Para referirnos a la Unidad y Unicidad es preciso mantener la conciencia alejada de la filosofía positiva, saber que el Uno es indescifrable y estamos arrojados al vacío; que sólo es posible aprehender al Uno desde su propia Unidad.

Sea con esta prevención lo que sigue ahora: en la lengua árabe no existe el verbo ser ni su expresión, lo que facilita una mayor aproximación a la ciencia de la Unidad. Así pues, para el pensamiento de Ibn al-`Arabi la tradición unitaria de Al-Andalus refuerza su reflexión gracias al conocimiento y transmisión en dicha lengua de cultura. Si no hubiera mentira, no habría lugar para el asalto negativo a esta ficción del ser; ello es porque en realidad no hay ser en la Unidad, ni en la Acción, ni en la genealogía de la Existencia, ni en la arqueología de los saberes: Sólo el ser tiene toda su esencia en la falsedad formal, dogmática de su existencia.

La ciencia de la Unidad y Unicidad (Taohid) en la obra y vida de Ibn al-`Arabi, es un arrobo coherente que tiene sus cimientos en la pasión por la Sabiduría, por la Verdad; por las posibilidades teóricas y prácticas de los diferentes discursos; por la acción comprometida de pensar lo impensado y de hacer lo indecible en la pluralidad y lo diverso. Un proyecto crítico respecto a las categorías de pensamiento y un proyecto genealógico respecto a la Unidad y la Unicidad.

La reivindicación por Ibn al-`Arabi de la ciencia de la Unidad (Taohid), como en el caso del Fusus al-Hikam, que elabora toda una genealogía de la sabiduría profética, de la ma'arifa de la Unidad, a través de la multiplicidad de enunciados y la diversidad de sucesivos encuentros proféticos en relación directa con su naturaleza de wali. Es acercado a la suprema satisfacción deleitable del Uno y Único, abandonado en su condición humana de wali como realidad satisfactoria, como un trabajo de artista. Embriagado de estremecimiento y sabiduría; es el gran ímpetu vital de la wilaya que succiona todas las figuras y elimina todo lo finito y aislado.

 

El Shej al-Akbar siente en el capítulo dedicado al profeta Muhammad, como una gran aproximación a la wilaya: la creatividad entera, la belleza, los olores, la ciencia o el arte, no son exhibidos en modo alguno para nosotros, aunque seamos los humanos quienes perciban y gocen. Tampoco sería el hombre, realmente, el auténtico creador de la ciencia o el arte de no ser por la wilaya. La genealogía profética del Fusus al-Hikam manifiesta que nuestro saber científico, artístico e incluso trascendente, es en el fondo un saber completamente ilusorio de no estar vertebrado en la pluralidad de la auténtica acción creadora del Uno y el Único, que se procura la Sabiduría y la belleza como goce eterno a Sí mismo. El abismo del Taohid sólo se revela en la acción de la wilaya; el mundo de lentejuelas soñado por la ilusión humanista no deja de ser una ilusión o representación parlanchina y dramática.

 

Los diferentes profetas que aparecen en el Fusus al-Hikam son, para Ibn al-Arabi, el presentimiento genealógico de una Unidad siempre restablecida; el sortilegio contra la individuación, contra la fragmentación, contra la soledad. La existencia se expresa en plural, redescubriendo el Uno, el Único, el Viviente, como la realidad absoluta que se oculta tras la pluralidad; como algo que permanece extrañamente envuelto y velado, engendra todo y todo lo aniquila. El Uno y Único se enseñorea en la noche, donde todo es uno; y en el día, donde todo aparece en plural, en su diferencia.

 

Los Fusus al-Hikam son también una especie de fatwa contra el monolitismo intelectual y cultural que en gran medida se practicaba en el Oriente, aprisionando la conciencia humana en una tupida red determinista. Ibn al-`Arabi, por el contrario, sitúa en la wilaya al artista que siente al crear, la Unidad de la Acción, fuera de cualquier estructura o sistema lenguaje; así como en la bella apariencia del arte se transfigura el incluso en lo feo y en la muerte, así también el Viviente alcanza en la wilaya, en la belleza, en plural, el descanso de la quietud que el Uno y Único encuentra en el día: la Realidad Muhammediana.

 

Con su obra, Ibn al-`Arabi permite correr el velo de lo aprehendido, de las seguridades humanas; recelar como jamás se había recelado, cultivar actitud crítica (el Iytihad) y sacar a la luz algo más que el trasfondo de identidad plural del hombre. Enaltece con la wilaya y la Realidad Muhammediana la conciencia plural humana, en senderos que desarrollan una identidad llena de emoción. Todo se inserta en la amplitud y pluralidad de lo humano, descubriendo la otra cara oculta, donde el saber ya no es secreto y la muerte es Unión.

 

 

ABDERRAMAN MEDINA MOLERA

 

Aportes biográficos:

 

MUHYI L'DIN IBN AL-`ARABI nació el año 1175 (560 de la Hégira) en la ciudad-fortaleza andalusí de Murcia. A los siete años se trasladó a Sevilla, donde vivió una juventud alegre y marcada por su amor a la poesía y a la literatura en general.

La muerte de su padre y otras experiencias le llevaron a un reencuentro radical con el pensamiento y la trascendencia; se inició así en el camino sutil del sufismo y del desarrollo de la belleza trascendente, convirtiéndose en un gigante del pensamiento y del espíritu, que fundió filosofía y sufismo en el pebetero de su genio.

Hundiendo sus raíces en la corriente de pensamiento crítico esbozado por autores que le precedieron, Ibn al-`Arabi alcanzó la perfección de una metodología propiamente unitaria -es decir, islámica-, referida al saber, el poder y la acción de la unidad y la unicidad de la existencia, al tiempo que plural y genealógica.

Todo ello se expresa con claridad en estos Engarces de la sabiduría (Fusus al-Hikam), en que los diferentes profetas que en ellos aparecen son, para Ibn al-`Arabi, el presentimiento genealógico de una Unidad siempre restablecida, el sortilegio contra la individuación, contra la fragmentación, contra la soledad, la expresión plural de la existencia tras la que se oculta el Uno y único, que todo lo engendra y todo lo aniquila.

 

Traducida por primera vez del árabe, esta edición de Los engarces de la sabiduría, aparecida en el 750 aniversario de la muerte de su autor, pretende contribuir al conocimiento y la difusión en su país natal de la obra de quien es considerado un maestro máximo del pensamiento islámico.


 

 

 

FUENTE: Muhyi l´Din Ibn A´-`Arabí

 

LOS ENGARCES DE LA SABIDURIA

Traducción de Abderrahman Mohamed Manan

Prologo de Abderrahman Medina Molera

Pp. VII – XVI

 

Editorial HIPERION

Madrid 1991


Tags: Al-Andalus, Andalucia, Historia, Sabios andalusies, Ibn Al-Arabi, nacionalistas, soberanistas

Publicado por NASOINAN @ 12:28  | Biografias
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