Martes, 24 de febrero de 2009

“Para tener conciencia o visión clara de la personalidad de Andalucía sólo se necesita de soledad para sentirla, de facultades para libertarla. Andalucía no es un pueblo de locos y de imbéciles, ni de incapacitados. Su incapacidad  no es más que el yugo caciquil a que la oligarquía centralista la someten”.  Blas Infante

 

    Un año más, las instituciones andaluzas  y su aparato propagandístico se preparan para “celebrar” 28 de Febrero, como “día” de Andalucía; varia décadas después de que el pueblo más vivaz del mundo contestase con un rotundo SÍ a la pregunta, inhábil, estúpida e ininteligible, de: ¿Da ud. su acuerdo a la ratificación de la iniciativa prevista en el Art. 151 de la Constitución a efectos de su tramitación por el procedimiento establecido en dicho artículo?, y por supuesto, después de haber cambiado la fecha del  cuatro de diciembre del 77, día nacional de Andalucía, pretendiendo borrar de la memoria colectiva aquel 4D del 77, en el que cientos de miles de andaluces y andaluzas reclamábamos dignidad y soberanía, y que fruto de esas movilizaciones, pudimos contestar a esa estúpida pregunta.

 

            Después de  tantas ilusiones y tantas esperanzas depositadas en la autonomía andaluza, nos encontramos, hoy, a las puertas de un nuevo aniversario de aquel 28F, con una situación que no se corresponde en absoluto con las expectativas creadas en aquellos años; con un Estatuto reformado y ya caducado y con grandes lagunas competenciales, que le hacen que se convierta en un “escrito en el agua”, inexistente, y burlado constantemente por los diferentes gobiernos de Madrid, sean cual sean su signo ideológico; La mal llamada deuda histórica, es una gran muestra.

 

Es cierto que el 28 de febrero de 1.980, amplios sectores del Pueblo Andaluz, ávidos de cauces que le permitieran resolver de una vez por toda sus gravísimos problemas, optan por la vía autonómica del artículo constitucional 151, entendiendo todo ello como camino hacia el autogobierno nacional.

 

No se puede negar, que la Andalucía de hoy, es bien distinta a  la de entonces, al menos en lo externo, en lo superficial, pero en la práctica, a nivel político, los problemas existentes entonces, no han encontrado ninguna respuesta, a pesar de los continuos discursos triunfalistas, “Andalucía imparable” del Gobierno Andaluz. La tasa de desempleo continua siendo una de las más escandalosa, no ya del estado español, si no lo que es peor, una de las más denigrantes de la comunidad europea. Situación, hoy,  que se ve agravada, por la grave y profunda crisis económica que la economía capitalista  globalizadora nos tiene sumidos. Las infraestructuras en carreteras del interior, que unen nuestras comarcas y pueblos con las ciudades no han mejorado sustancialmente y seguimos ocupando el humillante primer puesto en el ranking de la, miseria  de la Comunidad Europea.

 

Seria de necios no reconocer que, (pese a los políticos, a los que nos gobiernan y a una oposición centralista, sin credibilidad alguna y con las fuerzas nacionalistas andaluza, cada vez más fragmentada, dividida, sin representación institucional y mirándose continuamente al ombligo)  gracias a las fuertes inversiones de la CE, vía subvenciones, (a punto de finiquitarse)   Andalucía no es lo que era, Pero lo que nadie puede negar, es que Andalucía, pese a todo, no ha avanzado, cuantitativamente, en la proporción, que por nuestra Historia, y por nuestro peso social y político, nos corresponde. Y por supuesto, nuestro avance, pese a lo espectacular que pueda parecer a los nostálgicos, siempre ha sido infinitamente inferior, a otros pueblos, lo que nos siguen situando en el vagón de cola de las regiones europeas.

 

Para poder acabar con toda esta situación, solo cabe una alternativa; profundizar en las competencias y en la capacidad legislativa de nuestro parlamento, de manera que progresivamente se asuma el único status  posible en el que el Parlamento Andaluz y Andalucía en conjunto puedan ostentar una situación de dignidad nacional, ante los constantes abusos de que son objeto, tanto desde dentro, como desde fuera de ella misma. Ese único status posible es la soberanía nacional, referida, tanto con respecto al Parlamento, como con respecto a  nuestra Nación, Andalucía

 

Para ello, el nacionalismo andaluz debe ser la alternativa  capaz de  aglutinar a todos los sectores del bloque dominado andaluz, que posibilite convertir a un conjunto sumamente estratificado y dividido, viviendo intensas contradicciones en un pueblo animado de una voluntad política de liberación, en cuyo seno encontrarán su identidad; sectores sociales, que en tanto que tales, carecen de ella; marginados, parados, jóvenes, mujeres, etc. Igualmente, y dada la débil presencia  de un proletariado industrial y la extremada estratificación de la clase trabajadora y lo difuminado de la “frontera de clase” de estos (desde los jóvenes parados, en su gran mayoría, compartiendo con el “lumpen” ciertos hábitos y modos de vida, hasta la llamada aristocracia obrera o los profesionales liberales, cerrados a la pequeña burguesía). Es impensable y utópico cualquier proyecto de unidad organizativa de la clase obrera al margen de un proyecto necesariamente, nacionalista, capaz de unificar al pueblo andaluz, de asumir como futuro bloque hegemónico la reconstrucción nacional.

 

            La actual conciencia cultural andaluza (heredera y sucesora de la cultura andalusí ), más que oprimida, ha sido explotada, vulgarizada y prostituida para servir de coartada ideológica de lo “español”, esto explica las dificultades de nuestro pueblo para superar la alineación que esa expropiación conlleva, sin negar que los diversos sectores del llamado movimiento nacionalista andaluz, hemos sido incapaces, por muchos y variados motivos,  de alternar la lucha reivindicativas, del día a día, con la urgente necesidad de dar a conocer nuestro milenario pasado, no el que cada cual interprete, que posibilite la toma de  conciencia de esa identidad perdida.

 

Los creadores de opinión, fundamentalmente intelectuales y periodistas, alineados, como no “podría ser de otra forma”, con los partidos centralistas no bombardean a diario en debates televisivos, tertulias o artículos de opinión, sobre los graves problemas de “España”  y del mundo, Pero para ellos, Andalucía solo existe cuando tiene algo que ver con el poder central, ya sea institucional o partidista, que tanto monta, monta tanto. Pero los andaluces seguimos condenados a estar privados de  debates y opiniones sobre cómo sacar a Andalucía de la crisis que padecemos, por lo que nos sobran predicadores y nos falta un esfuerzo nacional que nos permita trabajar, día a día, reivindicando que nuestras universidades sean un continuo foro de debate sobre alternativas socioeconómicas para Andalucía, y que en nuestros colegios e institutos,  las cultura andaluza sea una realidad. Todo lo  demás es lavar la conciencia y cubrir el expediente, que queda muy bien, pero que en nada beneficia la toma de conciencia de los andaluces y que nos dificulta en camino de la reconstrucción nacional.

 

 

Andalucia, febrero de 2009

Antonio L. Calderón Díaz

Presidente de FORO ABEN HUMEYA

 


Tags: Andalucia, Historia, 28 Febrero, autonomía, Soberania, Nacionalistas, Independentistas

Publicado por NASOINAN @ 14:13  | 28 de Febrero
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