S?bado, 09 de mayo de 2009

La expulsión de los moriscos entre 1609-1614 es uno de los episodios más significativos y de mayores repercusiones (tanto demográficas y económicas como ideológicas), de la Edad Moderna peninsular.







Mezquita de Los Andaluces.  Calle La Hoguera,3 Córdoba.
Construida en 1,994 por Yama´a Islámica de Al-Andalus, siendo el Presidente A. Medina, Vicepresidente Ismail Jorquera, Secretario Al-Mansur Castillo, Tesorero Abderrahmam Mohamed y Vocales Hilal Jorquera, Al-Hakam Morilla y Al-Mansur Orellana. Asistieron representantes de la Diáspora andalusí de Argelia, Marruecos, Ahmed Marrakchí de Túnez y de Turquía.



Por Mercedes García Arenal
Desde el punto de vista estricto de movimientos de población, de éxodo de musulmanes de la Península Ibérica hacia otras riberas del Mediterráneo, no es sino el último y más espectacular capítulo de una larga serie que había comenzado en el siglo XIII con las grandes conquistas territoriales cristianas del valle del Guadalquivir y de Valencia, continuado en el XV con la conquista del Reino de Granada, con un goteo continuo todo a lo largo del siglo XVI y sobre todo en torno a la Guerra de las Alpujarras de 1569-71, para terminar en el doloroso episodio de la deportación del siglo XVII. Todos estos emigrados y expulsados, incluidos los moriscos, son conocidos en sus países de acogida con el nombre de «andalusíes».


El resultado de las tremendas medidas adoptadas en 1609-14, fue arrojar a tierras del Islam norte-africano y otomano a la práctica totalidad de los moriscos españoles, que se calcula en torno a las 300.000 personas. De estos,unos 70.000 a 100.000, procedentes de Andalucía y Extremadura, vino a instalarse en Marruecos.

El desembarco se realizó por Ceuta y Tánger, pero también en Tetuán y Alhucemas. En un primer momento, se instalan donde pudieron en las cercanías de estos puntos, procurando evitar el adentrarse en el interior del país, y muchos de ellos tratando de quedarse en las plazas españolas o intentando regresar a la Península.

 

Para comprender la llegada e instalación de estos moriscos en Marruecos, es necesario tener en cuenta algunas circunstancias del país de acogida.

En primer lugar, Marruecos tiene la especificidad respecto al resto del Norte de África, de haber mantenido su independencia respecto al Imperio Otomano. A principios del siglo XVII ocupaba prácticamente el mismo territorio que el actual reino, y que había quedado esbozado ya en la Edad Media. Las distintas dinastías que se ocuparon de su gobierno tuvieron siempre su centro decisor en Fez; los almorávides y almohades, movimientos dinásticos procedentes del Sur del país, crearon una nueva capital, Marrakech. Los últimos almohades, conscientes de que esta capital quedaba demasiado alejada del centro de lo que era un gran imperio, comenzaron la construcción de la tercera capital, Rabat, que no pudieron concluir. Comienzo por esta enumeración de los centros urbanos ya que son ellas, las ciudades, las que significan el poder político musulmán en el país, y además por que los moriscos se establecerán en su mayoría en las ciudades o en cualquier caso, en el espacio socio-político urbano. Cuando fueron expulsados, portugueses y españoles ocupaban las ciudades costeras marroquíes de Ceuta, Melilla, Tánger, Arcila, La Mamora y Larache.

Marruecos, pues, tenía que defenderse de españoles y portugueses por un lado, y por otro, de los Otomanos, instalados en Túnez y Argel.


Políticamente, el país se hallaba dividido, en estos principios del siglo XVII, en luchas civiles encabezadas por los diversos hijos aspirantes al trono dejado vacante por la muerte, en 1603, de Ahmad al-Mansur, perteneciente a la dinastía Sa'dí, el sultán que había derrotado a los portugueses en la batalla de Alcazarquivir en 1578, y había conquistado el Sudan en 1591. Según el sistema tradicional de gobierno, el poder de esta dinastía sa'dí, los detentares del «poder central», gobernaba directamente sobre las capitales y sus aledaños e indirectamente sobre las confederaciones tribales de las zonas rurales. Este dominio indirecto se ejercía por las expediciones regulares del ejército que tiene por lo tanto unas funciones políticas y fiscales muy importantes. Los moriscos se integrarán en el espacio político de las ciudades y también como elementos de ese ejército interior que es instrumento del gobierno de los sultanes, y que en este momento mantiene una guerra civil entre candidatos al trono.

 

Los moriscos formarán cuerpos especiales del ejército marroquí junto a otros elementos de origen foráneo como renegados o abid (en general, negros procedentes del  África sub-sahariana). De la misma manera, la necesidad de defenderse de otomanos y españoles, lleva a insertar a los moriscos en las zonas costeras de primera fila de peligro: Marruecos confiará a los moriscos gran parte de su acción marítima exterior. Su papel es, manifiestamente, de «hombres de frontera».

 

Al llegar los moriscos a Marruecos, se insertaron sobre todo al principio, como una categoría social de origen foráneo, uniéndose principalmente con los europeos islamizados , o «renegados». Estos formaban en el Magreb una clase social muy importante que prácticamente ostentaba el poder político en nombre de los turcos en las regencias de Argel, Túnez y Trípoli. En Marruecos constituían una casta militar extremadamente importante por su presencia en el ejército, en el comercio exterior y en todos los aspectos del corso, incluido captura y venta de cautivos, lo que suponía un control de riquezas muy considerable.

A todo ello se asimilaron los moriscos. Como a los renegados, los vemos en el ejército, en el corso, como embajadores y traductores. También estuvieron estrechamente relacionados con otros grupos foráneos, como extranjeros de paso y judíos. Con los judíos marroquíes los  moriscos tenían en común la inserción urbana, las actividades comerciales y sobre todo el rescate de cautivos, el hecho de ser diferentes y hasta su origen hispánico.

 

Pero así como los judíos se mantuvieron como grupo a parte de la sociedad musulmana por su religión y los renegados se mantienen como grupo específico de origen extranjero y cultura europea, los moriscos se van asimilando cada vez más, ayudados por los precedentes de las emigraciones medievales, perfectamente marroquinizados aunque muy conscientes y orgullosos de su origen.

Como hemos dicho, la inserción de los moriscos en Marruecos se realiza sobre todo a través de las estructuras urbanas del país y en las áreas bajo control del poder central. Pero hay al menos dos casos en los que esta inserción se realiza en ciudades en las que los andalusíes llegan a ser mayoría absoluta y a independizarse virtualmente de las propias estructuras políticas de Marruecos. Son los casos de Tetuán y sus alrededores y del conjunto de Rabat-Salé. Ambos núcleos urbanos son puertos (los más importantes de los que quedaban en manos marroquíes), abocados a la actividad marítima porque estaban aislados del resto del territorio marroquí por su situación geográfica -recuérdese, en el caso de Tetuán, que esta ciudad tiene la barrera del Rif a su espalda- y por las guerras que tenían lugaren su entorno, y , en cualquier caso, lejanas de las dos capitales de Fez y Marrakech.

 

Tetuán era uno de los pocos puertos que había quedado sin ocupar por portugueses o españoles, probablemente porque Enrique III de Castilla la destruyó en 1399. Quedó prácticamente deshabitada durante más de un siglo, hasta principios del siglo XVI en que la reconstruyeron y fortificaron granadinos emigrados a raíz de la Guerra de Granada y de los decretos de conversión de 1502. Bajo el caudillaje de un famoso granadino, ai-Mandan, aliado y protegido de un personaje local, Ibn Rashid, de Xauen, Tetuán se iba a convertir en lugar

de refugio y asentamiento de m o r i s c o s que funcionó de manera práctica m e n t e autárquica, d e d i c a d a sobre todo a la guerra del corso, al comercio y a la venta de cautivos.

Es en Tetuán, primera línea del enfrentamiento entre España y el Islam, donde es más manifiesto el papel de hombres de frontera de los moriscos, y donde las alineaciones religiosas son más enconadas. De este lugar tenemos los testimonios de ataques contra las costas y naves de la Península Ibérica y de moriscos cristianos que son atacados y muertos en Tetuán, generalmente a manos de otros moriscos. El grado de aculturación a la sociedad cristiana y de islamización de los moriscos, es muy variable, y estas diferencias a menudo entran en conflicto en sus lugares de acogida.

 

Completamente autárquico del poder central se mantuvo también el complejo urbano en torno a la desembocadura del Bu-Regreg, en las ciudades de Rabat-Salé, Rabat a la orilla en la orilla izquierda y Tremecén, Cherchel, Mostaganem y Arzew, todos locales costeros donde ocuparon barrios a ellos exclusivamente dedicados.

 

Pero la mayor parte de los moriscos acabó en Argel, la capital, una ciudad rica, cosmopolita y bulliciosa, de extraordinaria importancia en el Mediterráneo del siglo XVII, cuyo perímetro urbano hicieron crecer, y en las zonas agrícolas circundantes de la ciudad. Formaron un grupo social estructurado y distinto, organizado como tal.

El grupo más compacto, y de mejor inclusión en su país de origen, lo constituyen los alrededor de 100.000 moriscos llegados a Túnez, un grupo principalmente de aragoneses, aunque también había valencianos y castellanos . Fueron muy bien acogidos por el dey turco Utman, que vio las ventajas que podían suponerle desde el punto de vista económico pero también político. Las regencias turcas, una casta militar extranjera sobre una población nativa a la que resultaban foráneos, los necesitaba como bisagra o grupo intermedio entre ellos y la población local, así como una manera de dotarse de la legitimidad que les daba el ejercicio de la guerra santa contra el infiel y la protección de los musulmanes frente a éste. Los moriscos fueron instalados en determinados barrios de la capital, Túnez, especialmente asignados a ellos.

 

También se crearon o agrandaron pueblos en zonas agrícolas, donde se establecieron como campesinos y hortelanos. Es el caso de toda la región del cabo Bon y del valle de la M e y e r d a donde ocuparon pueblos que aun hoy se conocen como de andalusíes:

Testur, Qalatal-Andalus, S o l i m á n, Grombalia, Bizerta, etc.

 

En Túnez los moriscos supusieron un auge y un renuevo de la agricultura y de las artesanías urbanas. En Túnez es el país en el que los andalusíes conservaron, hasta fechas recientes, una identidad definida y separada.

 

Para terminar, hay que tener en cuenta que un contingente menor numéricamente se dispersó por todas las regiones otomanas del Mediterráneo, (Siria, Egipto, Yugoslavia), y en particular en su capital, Istanbul. Sin embargo en ninguno de estos lugares tuvieron número como para integrar un grupo cohesionado y diferenciado, por lo cual son mucho menos conocidos y más difíciles de localizar.

 

Fuente: UAM

 

 


Tags: Al-Andalus, Andalucia, Andaluces, Moriscos, Dignidad, Soberania, Independencia

Publicado por NASOINAN @ 17:37
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