Viernes, 12 de febrero de 2010

"Castilla", el pueblo-ocupa (2ª parte)

Las trístemente célebres "Leyes de pureza racial aria", que impusieron los nazis, duraron diez largos años y quién no conoce la pesadilla atroz que causaron al mundo. Los "Estatutos de limpieza de sangre" de Isabel la guarra, sacrosanta reina de Castilla, durarían siglos (¿!). ¿Puede alguien siquiera concebir el terror con el que serían machacadas generaciones anteriores a las de nuestros abuelos? Tener apellidos unidos por preposiciones "de" (como "de Cospedal" o "de la Vega"), "y" griega o apellidos compuestos, sería considerado un aval para acceder a las más altas esferas del Estado, de buenas familias. Limpieza de sangre, atención, "por los cuatro costados", el padre y la madre de los respectivos progenitores debían ser "de sangre hebrea o mora jamás manchados". Semejante estúpida e imposible pretensión en aquellos tiempos llega a nuestros días, donde los "expedientes de hidalguía" -de hidalgo, hijo de algo- de la Real Chancillería de Valladolid y Granada, pueden consultarse en internet, únicamente para asegurarse que el rarito es el que no está en ese demencial directorio del pedigrí peninsular. Si hubiera habido una consanguineidad no ilusoria con un real origen cristiano de los apellidos: ¿qué necesidad habría habido de estos certificados para acomplejados?
 
La tontería suprema, impulsada por jesuítas, sobre todo, dominicos y otros, llegaría a las multiétnicas Américas, estableciéndose taxonomías absurdas que hoy suscitan risa, por ejemplo, "mulato" (de mula), "criollo" (de impoluta ama de cría, seguro), "torna atrás", "no te entiendo", etc. Las combinaciones de indio, negro, morisco, chino, castellano, "mestizo", entre ellas y con otras, y su rígida jerarquía "castellanizante" de castas, llegó incluso entrado el siglo XX, si se le tomaba a un tipo por inferior, a provocar duelos a muerte. Los mismos que en la Península Ibérica hasta el XIX, disputándose a pistoletazos y cuchilladas honores inventados por el "divide y vencerás" clerical, para acto seguido ofrecer consuelo a las almas descarriadas que perdían un marido o un padre. Por ese complejo grotesco el mundo latino utiliza, al contrario que Europa, dos apellidos y varios nombres de pila por el prurito de aparentar prosapia. Fijáos que una familia de más títulos que la Casa real española o inglesa, rancia "nobleza" matamoros, la Casa de Alba, harta tal vez de la mostrenca plebeyez con ínfulas sanchopancescas de Barataria, ostenta apellidos españolísimos: Fitz-James Stuart. No hay duda, para buscarlos de mayor nórdico abolengo hay que rastrear por Laponia.
 
Ya hemos constatado el hecho de que los autodenominados "castellanos", se van articulando en torno a un prejuicio racista, desarrollado hasta nuestros días, apolillada memez de factura hinduísta: "la casta". Con la novedad de que los infrahombres del resto de la humanidad, según ellos, no tendrán siquiera la consideración de parias; hasta que no remeden las costumbres de los bárbaros amos -cerductores y alcoholizados- y se sometan al "apadrinamiento" o bautizo forzoso hispano-vaticano, pueden ser exterminados, con alentadoras bulas papales para animarlos en sus carnicerías.
 
Los que no disponían de medios para pagarse vulgares apellidos castellanos, los terminados en su mayoría en "ez", sin hache, del tipo "Pérez", se ponían en peligro de muerte. Las delaciones en los confesionarios, abusos y arrogancia serían constantes contra los infelices que sin medios de fortuna eran "cristianizados", mediante el terror, con nombres de lugar ("los Aznares"), oficio ("Zapatero"), apodos ("Cabeza de Vaca") o elementos de la naturaleza ("Cuevas"). Al lado de la segregación racista, un repulsivo "clasismo" se instaura frente a los que no podían rapiñar impunemente diezmos, inmuebles, cultivos o ganados porque les tocaba el papel de víctimas. Si se tornaban buenecitos colaboradores les podrían dejar hacer de verdugos, titulándose "repobladores" en otras comarcas. Buena muestra de que ese odioso horror aún no se ha detenido, la tenemos en expresiones de origen vergonzante: estar en "entredicho" o ser alguien sin "tacha", términos de la "jurisprudencia" inquisitorial; o fórmulas más pedestres y no menos terribles: "me huele a chamusquina", "ese está ya quemado". Unas y otras de uso común hasta nuestros días.
 
No obstante habrá algunas meretrices de la pluma que fingirán sanguínea ascendencia de remotísimos antepasados, supuestos blasones y árboles genealógicos de quitaypon. Por eso carecen de argumentos, cuando la Corona comenzó a someterse al clericalismo, para explicar el porqué se traen un rey de importación -Karl V de Alemania-, sin saber una palabra de romance andaluz o "castellano", para inaugurar la Casa de Austria. Ya sabemos que el intento resultaría un fiasco, la Inquisición se convertiría en el poder fáctico de todo el Imperio, a pesar de estrenarse el teutón saqueando Roma para impresionar, sin resultado si miramos a los cerca de un millón de "trabajadores del ramo de las almas" clérigos, monjas, seglares.. que constituyen ahora una de las industrias punta del Estado, ayudando de paso a una demografía envejecida con su castidad. Ni tampoco sabrían qué decir si conocieran la existencia del libro "Tizón de la nobleza castellana o el el Libro Verde de Castilla y Aragón, máculas y sambenitos de sus linajes", llamado después por el vulgo "Tizón de la nobleza de España", escrito por el obispo de Burgos Francisco de Mendoza y Bobadilla, dolido por ver que le deniegan un cargo a su sobrino alegando falta de "limpieza", con acceso a fuentes documentales directas el primero, demuestra que no existe nadie en Castilla y Aragón que pueda no dárselas de "sucio de sangre", acorde con las imbéciles preocupaciones de la época, alentadas por la Inquisición papista.
 
Hay otro documento de mayor antigüedad que hoy nos despierta hilaridad. El 8 septiembre de 1404, la embajada de Enrique III de Castilla, encabezada por Ruy Gómez de Clavijo, tiene ocasión de presentarse ante el Gran Tamerlán, quien pronuncia las siguientes palabras: «Ved aquí estos embajadores que me envía mi hijo, EL REY DE ESPAÑA, QUE ES EL MAYOR REY QUE HAY ENTRE LOS FRANCOS, y son muy gran gente! De verdad que yo le daré mi bendición a mi hijo, el rey». De reciente publicación por el Legado Andalusí, queda dicho todo con respecto a la no procedencia autóctona de los padres fundadores del españolismo militante, gabachos de tapadillo. La presentación de Enrique de Castilla, por si no fuera bastante, intitulándose rey de España en 1404, existiendo todavía los reinos de Aragón, Granada y Navarra en ese año (¿!), muestra a las claras que no sólo conspiraron con los francos o el papado para detentar el poder absoluto, vía exterminio de la disidencia; ¡carecían también de escrúpulo para arrodillarse ante el caudillo de los mongoles! Imagináos el planchazo al darse cuenta los catorce de la comitiva, en la que iba el teólogo fray Alonso Pérez de Santamaría, que las perrunas genuflexiones las efectuaban en una Samarcanda islamizada, haciendo el payaso en la gran capital de la Ruta de la Seda.
 
¿No va siendo hora ya de cantarles la famosa jota: "La Virgen del Pilar dice que no quiere ser francesa, que quiere ser capitana de la tropa aragonesa"...?
 
Si tamaña estulticia servil sigue infectando a los Pueblos peninsulares, un minuto más, terminaremos ensuciándonos todos de su misma inmundicia de piernas para abajo.


“Castilla", el pueblo-ocupa (y III)

No podemos obviar en este breve ensayo crítico, hostil al academicismo españolista, el papel al que quedan relegadas las mujeres en el viejo (des-)orden nacionalcatolicista implantado por la barbarie "castellana". Con la reina Isabel, la de la limpia camisa, quedaron lejos aquellas veladas poéticas andalusíes donde selectas inteligencias femeninas se reunían, solazándose con satíricos o encendidos versos, tratando la sexualidad en todas sus formas sin estrechas mojigaterías (ver p.ej. "Diván de las poetisas andaluzas". Ed. Hiperion) En el encorsetado sistema de "castas" se definen con claridad los correspondientes roles. El supremo machismo del padre impone sus normas: "a tu mujer pégale siempre, ella sabrá porqué", recuerda el refrán popular castellano. El hijo mayor debía heredar los bienes del pater familias y biencasar para engrandecer patrimonio, honra y fama. Al segundo se le preparaba para ejercer la "carrera" de las armas. El tercero iba destinado a tener un cargo eclesiástico de postín. Las mujeres no tuvieron alma, según su iglesia "única y verdadera", hasta el Concilio vaticano I; lo cual no significaba que el ultramontano papismo ibérico, en pie de guerra contra la herejía, aceptase en la base popular esas disposiciones. Brujas, adúlteras, poseídas o infantilizadas han seguido siendo esclavas del marido, [email protected] lo sabemos, hasta el fin del franquismo. Herederas del supuesto pecado de Eva que condenó a la Humanidad, según sus secuaces, pertenecían a una categoría idéntica a los animales. Su máxima aspiración consistía en un matrimonio concertado impuesto, para emparentar con una familia-bien. La rebelde a las disposiciones patriarcales conocía su cruel destino: el confinamiento de por vida en un convento de clausura.
 
En esta brutalidad orquestada por el clerical-totalitarismo, el consuelo prestado a las beatas por curas jóvenes les prometería la redención en su "valle de lágrimas", entre flagelos, cilicios, sórdidas felaciones con algunos confesores -recogen las fuentes- y hasta calenturas mal satisfechas, obligaban a aquellas criaturas confinadas tras los muros a entregarse a priores, madres superioras y a satisfacciones homoeróticas, envueltas por inducidos "complejos de culpa" y recién nacidos asesinados lapidados en lóbregos muros de sótanos monacales. Las historias de este tipo se han convertido en el lugar común de cualquier pueblo o aldea. Reparemos en el hecho de que la persecución inquisitorial ha impedido que no surja en los Pueblos peninsulares una figura de la talla de Giovanni Boccaccio en Italia (ver, "El Decamerón"); del mismo modo, escándalos pedófilos que en Irlanda o los EEUU han salido a la luz, por estos lares de rígido control mediático nacional-católico resultan impensables.

Sentir placer en el tálamo nupcial, se ha enseñado siempre a [email protected] creyentes papistas, tener o siquiera manifestar una nimia emoción, para las artistas del camisón blindado y el orificio a la altura de la vagina (¡¿sic?!), se convierte por tanto en algo perfectamente normal: el sexo como instrumento de "integración" nacional-católica, el hombre cual herramienta de usar y tirar para trabajar como esclavo "ad maiorem dei gloriam" y de paso, sus caprichos. Si no proveía de dinero, abrirse de piernas con el siguiente maromo, se veía con naturalidad y comprensión. Las mujeres no imaginan el inmenso favor que han hecho a los hombres de los pueblos peninsulares, dejándose utilizar de servil carne de cañón en el depredador capitalismo salvaje internacional. Liberados ya del papel de borrico de carga proveedor de las necesidades de las "doñas", los hijos de mineros se transformarían en músicos, los del albañil en poetas, los del burgués en intelectuales... (Las consecuencias de no haber creado ese "espíritu de lucha" en sus hijos, secular ejemplo del padre, al haber decapitado su figura, no tardarán en pagarlo ellas mismas, cuando los NINIs -NI estudian NI trabajan -las devoren).
 
En esa obsesión por la persecución del "pecado de la carne", la misma hija de la gorrina Isabel, heredera legítima de Castilla, se vería apartada del poder y recluída en un convento. Juana la llamada "Loca" de amor por Felipe "el Hermoso", con el objeto de atraer a su hombre y que se alejase de los burdeles, sin maldad una criada morisca -infeliz abrasada viva en la pira por ello- le explicó qué buscaba en ellos. El uso de perfumes, depilaciones completas de todo el cuerpo, baños íntegros frecuentes y uso de artes amatorias se sabe que se mantuvo entre las conversas, prostituídas para poder sacar adelante a sus familias. La infeliz Juana probó y gustó de ese fascinante mundo recién descubierto, el del cuerpo femenino propio satanizado por las perturbadas seseras clericaloides. Las espías que informaban a su madre en su séquito la condenarían a purgar su "culpa" hasta la muerte. Aún hoy, igual que el españolazo radical que se precie debe atripacarse de cochino y darle al garrafón, para distinguirse de las "razas inferiores extranjeras", a muchas que van de "castellanas" españolistas no les sonroja llevar a gala cerdas como escarpias y darse el lavado del gato de un mes a otro. Las que han sufrido la des-educación de ciertas monjas, pueden corroborar el fuerte olor a pescado podrido en congregaciones de domingo: tocarse las partes pudendas a la hora de la higiene personal podía volverse "peligroso" y distraer a las futuras soldados del clero.
 
En nuestros días, a muchas novicias-alféreces provisionales, con más o menos vocación, no les duelen prendas al juzgar a inmigrantes que, orgullosas, se resisten a ser asimiladas por ese "lobbie" de harpías hombrunas, las cuales entienden que la liberación de la mujer consiste en imitar actitudes de macho -convirtiendo a los jovenes en mariposones-, colocando de mascarón de proa a una "boyera" (de conductora de toros castrados o bueyes), la cual quizá rumié su amargura, a costa de otras, por no haberse decidido aún a cambiarse el sexo, odiándose ante el espejo desnudas. Sin pararse a considerar que esas groseras actitudes cerductoras, de agresiva inseguridad de género, fueron ya inspiradas por bestias genocidas del tipo de la nunca mal ponderada suficientemente Isabel de "castella".
 
Debemos deciros ya basta, hasta siempre, antaño nobles compañeras de tantas batallas frente a quienes trataron de arrebatarnos a [email protected] la Libertad. Arrasada por las lágrimas y por las aguas del mar de la Historia, nunca ya jamás podremos volver a la Itaca anhelada de nuestros corazones, junto a vosotras, por tantas humillaciones. Del mismo modo que ellas, a excepción de muy pocas, espíritus heróicos, han escogido su frígida y estéril expresión de "la mujer española" (castellana-papista rojiparda), imitada por algunas acomplejadas y colonizadas sudamericanas o magrebíes; nosotros ahora, con una población inmigrante creciente, mirando con valentía hacia el futuro, en buena lid nos postraremos rendidos a los pies de otras musas. Ha llegado el momento de iniciar escarceos amatorios y caricias con hermosas ninfas de suave piel de ébano, pongo por caso; sí, emocionémonos con las risas de jilguero del Extremo Oriente; vivamos ardientes pasiones con fogosas eslavas que jamás se agotan de gozar; admiremos a las hindo-pakistaníes de ojos capaces de eclipsar el sol; deleitémonos con los sensuales bailes de danzas del vientre vertiginosas...
 
Dicen de otros lares, donde el Amor habita, que si se depositan unas semillas de loto, incluso sobre un ordinario excremento de vaca, nace una bella flor, símbolo de la Vida. No consentiremos que nadie nos robe a los andalusíes libertarios la Primavera soñada.
 
Nuestra renaciente Aurora...

¡VIVA ANDALUSIA LIBRE Y SOBERANA!

Leed: "Castilla", el pueblo-ocupa 1ª Parte, 18 enero 2.010

Andalucía, 11 de febrero de 2.010
AL-HAKAM RODRÍGUEZ
FORO ABEN HUMEYA


Tags: Al-Andalus, Andalucía, Historia, conquista, cultural andalusí, castilla

Publicado por NASOINAN @ 8:17  | Foro Aben Humeya
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