Lunes, 22 de marzo de 2010

(Domingo de resurrección)

Nuestro Pueblo andalusí, en sus ritmos vitales, se ha regido por los ritmos lunares desde el arcano de los tiempos. El predominio de heliolatrías o cultos solares jamás había implicado demonización social alguna de los lunares, hasta la irrupción hegemónica del trinitarismo romano, en especial el catolicismo vaticano.

Cultos de la fecundidad o encuentros amatorios, antes de la "pax romanorum" u ocupación extranjera, se procuraba hacerlos coincidir con la luna nueva y con su primer cuarto creciente para propiciar la descendencia. Muchos milenios de masculinas partidas de caza a la luz de la luna llena, han apuntado algunos antropólogos, provocaron que el óvulo de la mujer, en esas fechas, estuviera condenado a la esterilidad. Por el contrario, la luna nueva y su nocturno mundo de prolíficas caricias, hace que se presenten condiciones para la procreación: el cazador prehistórico debía permanecer en esas noches al amparo de sus abrigos naturales.
 
Tras los ímpetus eróticos se alcanzaba el climax con el primer Cuarto Creciente, recuerdo mensual de que el hombre debería partir pronto para procurar el sustento de su clan, arrostrando peligros de los que quizá no volviese. Por ello esa media luna apuntándose en la noche, "Hilal" islámico, semeja la osamenta de un toro, bóvido sagrado ibérico por excelencia, venerado por su potencia genésica al igual que la luna permanentemente renacida. Evoca este animal la fogosidad irresistible, asociándosele al mugiente trueno y a la lluvia que fertiliza al igual que su semen; de donde procede también la palabra semilla, en relación a la desculturización o descultivación de los Pueblos sometidos por la barbarie imperial (el cuscús de mijo estuvo prohibido por los inquisidores, al igual que el flamenco) Los extremos de las astas o cuernos de la abundancia representan la fuerza viril; pero su base de anchura cambiante, al abultarse representa el estado de gravidez, la tierra que fructifica. Los antiguos antepasados conocían que la luna y el sol no actuaban de modo antagónico sino complementario. Hechos de vital importancia como nacer, el crecimiento, morir, resucitar, el agua, las plantas, el ciclo de la mujer y la fecundidad se asimilaban a los cuernos del toro, a su potencia no sólo solar, sobre todo lunar, de exuberancia periódica, constante renovación y vida inagotable. El cielo era la región donde se decide la feracidad de la tierra.

El toro fue ampliamente venerado y representado, desde el mediodía peninsular hasta las cuevas de Lascaux o Altamira, extendiéndose su culto por todo el Mediterráneo, alcanzando el oriente anatolio, Persia y la India. No debe parecernos casualidad, por tanto, que se excogiese a partir del S. IV el tiempo de la SS (Semana Santa), regida por las antiguas advocaciones paganas a la luna, en fechas en torno al equinoccio de primavera, copiando las fiestas a partir del 25 de marzo, en honor al amante de Cibeles, Atis, muerto y resucitado, de orgiásticos seis días. Sin olvidar que por las mismas fechas anuales, los egipcios habían celebrado con anterioridad a Roma y de modo sincrético, con posterioridad, la conmemoración de la muerte y la resurrección de Osiris. El sol renace después de fecundar a Nut, la vaca del cielo (¡vía láctea!), engendrando el sol cual gran toro salvaje un becerro de oro, símbolo del sol naciente. Además el mismo toro Apis conduce al muerto en su lomo hacia el ultramundo, para que alcance la resurrección. Mas no nos extenderemos aquí en las raíces indudables del judeocristianismo en fenómenos religiosos anteriores, los cuales primero copia, luego integra, después asimila y en un último estadio tratará de destruir o pervertir, de modo brutal, su significado natural original.
 
El ciego machismo xenófobo rabínico, antaño, intentará excluir a las mujeres de estas celebraciones a la fertilidad de la naturaleza. En la Pascua o Pesach judía, en la luna llena más próxima al nacimiento de la primavera, se sacrifican corderos y se impregna con su sangre los dinteles y las jambas de las puertas como medio de espantar a los demonios. Satanizados además los flujos menstruales de la mujer por impuros, era así envilecida y acobardada para que no saliese fuera de su casa y se dejase seducir por el abrazo de la luna y los hechizos de los ojos de sus ardorosos seguidores. Matar o ridiculizar al toro y liquidar la libertad de la mujer, la fuerza primigenia de la Madre Primordial, conforman dos aspectos del mismo genocidio contra los Pueblos. Por suerte, no representaban los hebreos sino una ínfima minoría, constituyendo sus prácticas popularmente una insignificancia, a pesar de sus pretensiones de "pueblo elegido", de un racismo vergonzante ya en sus albores.

Sin embargo, no será hasta que el judaísmo se cristianice, con la irrupción patriarcal imperialista excluyente y las criminales persecuciones de Constantino (llamado por ello "santo") a partir del siglo IV, cuando toda minoría o disidencia se verá paulatinamente exterminada, utilizándose para ello la maquinaria militar de las legiones. La monstruosa simbiosis de gobiernos totalitarios y aparatos clericales bendiciendo genocidios múltiples, tienen por lugar de nacimiento de sus primeras camadas negras en el Concilio de Nicea del 325 de la era actual (trinitarismo decretado doctrina imperial), extendiéndose en fechas contemporáneas, donde podemos ver a las mentalidades más retrógradas, incluso de modo institucional, reivindicar o magnificar la época de las tiranías colonialistas de la antigua Roma, para justificar con excasos resultados procedimientos autoritarios o privilegios ilegítimos. 

Y llega la SS (Semana santa) con el aciago signo de la primera luna post-invernal mosaica, eligiendo el primer domingo siguiente a ella la Pascua de Resurrección para no hacerla coincidir con la festividad de los aborrecidos judíos, que siguen acusando a los cristianos de herejes. Indicamos ya que las monsergas sacerdotales, interpretando torticeramente los flujos del menstruo femenino, tenían por objeto dificultar la fecundación (tanto Diana, diosa lunar, como la Virgen, simbolizan la castidad), impiden la alegría de la orgía colectiva, la igualdad comunitaria de los amantes desahogándose en Primavera. Con una población autóctona cada vez más envejecida, este tipo de cultos no hay duda que representan socialmente un suicidio. Los adoradores de un atroz mundo oscurantista de tinieblas -véase Inquisición o biografía de K. Ratzinger- invaden las calles al ritmo de su intimidatoria música militar, colaborando además armados soldados de uniforme, despreciando los derechos de los demás ciudadanos, de otras creencias y la propia constitución del Estado, supuestamente "aconfesional". Por si no fuese suficiente, presentan a los oficiantes procesionando con el hábito de los 'penitenciados a levi' por la Inquisición, sin que resulten infrecuentes flagelaciones públicas, cilicios o padecimientos varios.

Puede comprobarse con facilidad la matriz nacional-católica de la primera "fiesta nacional", la SS, por delante de la del martirio del toro. Matar el toro y volver estéril o frígida a la mujer, forma parte del mismo proyecto clerical-fascista. Esas mismas manifestaciones casi masoquistas de costaleros deslomados, sufrientes descalzos azotándose o arrastrando cadenas, se practicaron con la Inquisición en vigor, con sus suplicios monárquico-eclesiásticos implantados. El dolor hasta la muerte, el tormento de los grilletes, se fingía que transmutaban en redentores, esos cuerpos macilentos de la imaginería vaticana reflejaban el del Pueblo hambriento, al tiempo que los pudientes, caciques y frailes se cebaban a su costa. Esas obscenas teatralizaciones del sufrimiento ayudaron durante siglos a legitimar la tortura de Estado, amedrentando a todos en tanto instrumento del "orden". Expresan una humillación insultante al Pueblo andaluz y a cualquier otro donde la secular injusticia se enseñoree. Si viviésemos en una democracia real, no este mediocre simulacro, o no se consentirían exhibiciones religiosas en la vía pública o en caso de hacerse, se deberían permitir asímismo para las demás religiones de hondo arraigo o seguidas por importantes minorías, como la evangelista, judía, musulmana, ortodoxa...; sin menoscabar los derechos a manifestarse de laicos y agnósticos anualmente. No obstante, ya sabemos que para el autoritarismo nacionalista español, los Derechos Universales del Hombre y del Ciudadano tienen la misma importancia que para Franco, Hitler o Stalin.

Apartándonos, por higiene moral, de los cultos idólatras de los porteadores ebrios de muñecos sacralizados (que evocan las procesiones eleusinas menores, originarias de Creta, transportando sagrados reyes en procesión) no nos veremos atraídos a un aciago destino, lleno de mala suerte para nosotros y cuantos nos rodean, sirviendo además a los intereses de un estado extranjero (según acuerdos de Letrán con Mussolini), , el Vaticano, al que nos obligan a financiar a todos los ciudadanos, contra nuestra voluntad, sin importarles si comulgamos con sus ruedas de molino o no. Por fortuna, cerca de nuestra casa hay maravillosos bosques, lechos fluviales y playas que nos ayudarán a escapar de la infección de su peste porcina clerical-totalitaria, la cual nos arruina a los andaluces, pueblos peninsulares, mediterráneos, americanos y de otras latitudes desde hace siglos de esclavitud, colonialismo e ignorancia.

Por el contrario, al llegar ese atardecer glorioso del Domingo de Resurrección Andalusí, el plenilunio de las bestias sin dignidad ni entraña pierde su vigor, prefigura la esperanza de la próxima Luna Nueva y su Hilal o Cuarto Creciente invicto, donde toda semilla de la Madre Tierra suspira llena de amor en Primavera.

Aurora roja del Renacimiento de Al-Andalus...

Andalucía 21 de marzo de 2010
AL-HAKAM RODRIGUEZ
FORO ABEN HUMEYA

 

 

 


Tags: Al-Andalus, Andalucía, Historia, Cultura andaluza, Renacimiento andalusi, semana santa

Publicado por NASOINAN @ 9:11  | Foro Aben Humeya
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